ADVERTENCIA: Los personajes de Candy Candy, son propiedad de Misuki e Igarashi, usados en este fic, sin fines de lucro.

Historia ficticia. Todos los personajes nuevos, son exclusiva invención de esta autora.

Capítulo XXXVI

Pasajes a la desesperación

La noche de año nuevo, era para nuestros rebeldes una fecha muy especial, en una noche de fin de año, en medio de una larga travesía hacia Londres ya hace tres años, se habían hecho novios en el Mauritania.

Candy, aún tenía días de descanso y los había dedicado a la organización de una fiesta para despedir en medio de los suyos el año 1914, algo pequeño, solo de alcance familiar. Como Terry pasaba la mayor parte de los días ensayando para el estreno de Romeo y Julieta, su rubia esposa junto a Eleonor y las chicas que vivían con ella, decidieron preparar el festejo de año nuevo en forma conjunta. Organizaron una reunión familiar en la mansión Grandchester, la que habitaba Eleonor con sus hijos y Lorna. La otra alternativa, era recibir el año nuevo en la mansión Andrew, que también contaba con espacio más que suficiente, pero la duquesa de Grandchester en su estado no podría participar como ella hubiese querido, en cambio, en su propio hogar, con la tranquilidad de encontrarse en su casa, sin salir ni tener que regresar temprano para continuar el reposo tan necesario para llevar a buen término su embarazo, tuvieron que descartar esa posibilidad de festejar en la residencia de la familia de Candy.

Candy, compartió con mucho entusiasmo el deseo de que los Andrew también participaran, lo había conversado con su anciana abuela cuando ella llegó a visitarla e invitaron a los chicos, quienes se quedaron en la ciudad de Nueva York toda la semana después del estreno. Además, se añadieron Stear y Cinnia con su pequeño hijo, aprovechando así las vacaciones que la universidad le daba al sobresaliente alumno por las fiestas.

Candy y su buen corazón siempre preocupada por los demás, también hizo extensiva la invitación a sus compañeros en el hospital Rowena y Michael, ellos estaban solos en un país extranjero, y Candy no quería que esa soledad fuera síntoma de tristeza en un día que era de regocijo y fiesta. Rowena, había estado unos días en Chicago, disfrutando de su descanso antes de partir como apoyo en algún hospital militar en medio de la guerra, sus compañeras oriundas de esa ciudad le habían extendido la invitación, pero había decidido regresar a la ciudad de Nueva York para ver el estreno de la obra donde el personaje principal estaba a en las manos del esposo de su amiga, así es que la chica estaba más que disponible cuando Candy la contactó. Con Michael no hubo problema alguno, el joven médico aceptó inmediatamente

-Es una fiesta muy linda Candice

-Gracias abuela, me complace que se sienta a gusto- Candy, como la anfitriona, estaba permanentemente acompañada de su Romeo particular. Desde que se enteraron del embarazo, Terry estaba sufriendo lo indecible cada vez que tenía que separarse de su pecosa, pero él tenía que trabajar noche tras noche en la puesta en escena de la temporada, no tenía opción, así es que aprovechaba al máximo el tiempo que la vida les regalaba para estar juntos

-La noche también nos acompaña con su buen clima

-Tiene mucha razón Terius, se esperaba que nevara, pero no fue así

-Abuela, quiero presentarle a una compañera que estudia conmigo en el hospital- Candy y Elroy, se dirigieron en medio de los invitados hasta un pequeño grupo donde se encontraba la chica, Terry caminó hasta llegar a conversar con Archie- Rowena- la llamó la pecosa- quiero que conozcas a mi abuela la señora Elroy Parks Andrew… abuela ella es Rowena Kyle

-Mucho gusto señora Parks- saludó con su muy marcado acento inglés a la anciana

-Igualmente señorita Kyle… es inglesa supongo, tiene el mismo acento de mi nieto Terius- la anciana observó con diversión mirando a Rowena y Terry que se encontraba unos pasos más allá

-Sí señora Parks, soy inglesa, de la ciudad de Birmingham- aclaró, muy orgullosa de sus orígenes

-Y él es Michael Blanc, médico cirujano- presentó Candy al doctor

-Mucho gusto señor Blanc, Candy me ha hablado mucho de usted y de sus compañeras- la anciana no mentía, Candy de deshacía conversándole a su abuela de sus compañeros en el hospital incluyendo al doctor Wilson

-El gusto es mío, señora Parks- respondió el joven doctor con su muy atractivo acento francés

Tanto Rowena como Michael, eran los únicos invitados que no pertenecían a ninguna de las dos familias, pero se sintieron muy acogidos tanto por los nobles ingleses, como por la familia más acaudalada de Chicago.

La sorpresa de la noche, la dieron Archie y Lorna. Los jóvenes que habían estado muy juntos el día del estreno de Romeo y Julieta, como toda pareja de novios, ahora solo se saludaron y cruzaron palabras como dos buenos conocidos o ex compañeros de colegio. Nadie sabía nada, pero Candy con la duda no se iba a quedar

-¿Pasó algo entre tú y Archie, Lorna?- Candy, había logrado apartarse un poco del resto de los invitados, llevándose con ella a la escocesa

-Ya te habías demorado mucho prima- suspiró la escocesa rindiéndose a la pregunta de Candy- No funcionó, eso es todo lo que puedo decirte. La distancia enfrió lo nuestro y ahora estamos mucho mejor separados…

-Pero…

-No hay peros Candy, solo se terminó- Lorna dio por finalizado el interrogatorio por parte de su prima y caminó hasta salir de la habitación, necesitaba un poco de aire. Candy no hizo intento alguno de seguirla y recibió un saludo a la distancia de Archie, quien levantó la copa que tenía en su mano e inclinó su cabeza hacia su prima, él había entendido perfectamente lo que Candy y Lorna conversaban

-¿Algo te preocupa pecosa?- Terry también había presenciado la conversación junto a Archie

-Al parecer Lorna y Archie, terminaron su relación

-Así es Candy- la chica miró a su esposo esperando aclarara lo que decía- Archie me habló algo de eso… no me mires así pecas, que no es culpa mía el rompimiento de los chicos

-Es que no entiendo Terry, ellos se veían muy bien y ahora

-Nada que entender Candy, quizás ahora están mejor, solo a ellos les pertenecen los motivos de lo que les sucedió- la chica suspiró y entendió las palabras de Terry, ella no era quien para meterse en lo que no la llamaban, entendía a la perfección lo cuidadoso y protector que era su esposo con la intimidad familiar y ella respetaba eso ¿Por qué no hacerlo con sus primos?- ¿bailemos? Ya la medianoche se acerca y yo quiero tenerte en mis brazos, mi bella dama- invitó, Candy aceptó encantada y juntos se dirigieron al centro del salón donde también estaban Stear y Cinnia muy acaramelados, el pequeño Anthony había ido a dormir junto a Sebastián, Archie y Rowena, y mal allá, Albert y la tía abuela.

Pasaron los minutos y a todos la medianoche los encontró con un pensamiento distinto, Terry y Candy disfrutaban de su cercanía junto a Stear y Cinnia que seguían bailando muy abrazados, siempre respetando las leyes de conducta de la época, pero dándose ciertas licencias que correspondían a un matrimonio, Archie conversaba con Rowena junto a Eleonor, Neal a un lado de la chimenea bebiendo champaña en un brindis solitario para su amada Patricia allá en Londres, Albert en medio de un grupo, pero también en soledad, obviamente pensando en Fabienne y que en unos días quizás la volviera a ver a salvo en América

-Tres, dos, uno… ¡Feliz año nuevo 1915 para todos!- Richard Jr. fue el que llamó la atención con su saludo, todos se comenzaron a abrazar y los que estaban en pareja, a besar, aún una escocesa que se encontraba mirando la noche en frente a una ventana en la biblioteca de la gran casa, recibió un zendo beso de quien la había seguido hasta la solitaria habitación

-¿Qué haces?- lo empujó agitada cuando el beso había terminado y ella con gran esfuerzo recuperaba el aliento

-Lo siento… perdón, no, no lo siento- respondió el hombre aún muy cerca de ella- es solo un beso de año nuevo, no lo tomes como un insulto

-Está bien, pero que no se repita- Lorna, después de decir esas palabras salió presurosa de la biblioteca, ella se había mostrado molesta con la actitud del caballero, pero había aceptado el beso , es más lo había correspondido y disfrutado, pero haciéndose la digna regresó sobre sus pisadas hasta el salón donde los demás festejaban, dejando a un muy anhelante Michael viéndola alejarse de él

-¡Feliz año nuevo Lorna!- llegando al salón fue asaltada por Archie

-Feliz año nuevo Archie!- fue un alegre saludo en medio de un recatado abrazo

-¿Te sucede algo? Te noto nerviosa

-¡No… nada! Pero gracias por preocuparte

-No digas eso Lorna, el que ya no estemos de novios, no significa que he dejado de preocuparme por ti- la rubia fijó su mirada agradecida en los ojos miel de Archie y fue abordada por Candy, luego terminó saludando a todos y cada uno de los presentes. Michael, llegó al salón justo para escuchar las palabras de Archie que decían que él y Lorna, ya no eran novios.

El año 1915 comenzó y con él, la preparación del viaje de los médicos y enfermeras que tenían que llegar a Francia a prestar apoyo médico. No solo sería enviado personal de Nueva York, sino de varios hospitales más que habían estado preparando al voluntariado para prestar ayuda con el apoyo médico a la absurda guerra en Europa, en total viajarían 57 personas entre médicos y enfermeras. El barco zarparía sin dilación el domingo 10 de enero. El día cuatro, Candy y sus compañeras se reintegraban a sus funciones.

Terry no había tocado el tema "Francia" con Candy. La plena felicidad de la que disfrutaban desde que descubrieron que serían padres, relegaba cualquier otro tema o problema que se les presentara, pero el día de conversar, había llegado.

La noche anterior al día en que Candy volvía a trabajar, Terry habló

-¿Qué va a pasar ahora con el viaje a Francia pecosa?- la chica estaba frente a su espejo arreglándose para dormir, trenzaba su cabello, pero las palabras de su esposo la detuvieron

-Michael me dijo el día de fin de año, que cuando regresara a mis funciones en el hospital, el doctor Wilson ya me tendría noticias acerca de eso- Candy no quería hablar de algo tan triste como era tener que separarse de Terry por ir a prestar apoyo a la guerra

-Supongo que el estar embarazada en algo tendrá que frenar esta locura- el chico había llegado junto a ella, y sentándose a su lado tomó el cabello de la pecosa en sus manos trenzando con delicadeza lo que faltaba- no quiero que vayas Candy- levantándose los dos del banco frente al espejo, Terry la abrazó por la espalda comenzando a besar su cuello. Los dos ya se encontraban en ropa de dormir, pero eso les duraría poco, Terry la amaba cada noche. Los besos comenzaron a ser húmedos y el tema Francia se olvidó.

En el hogar de Pony, también habían tenido un lindo día de fin de año junto a todos los niños, las novicias y Annie. Por la tarde habían venido los Stevens, Tom y Jeremiah, a dejar algo de mercadería para los niños, cosas que habían reunido gracias a las personas que trabajaban para el padre de Tom. Se habían quedado jugando con los pequeños hasta que se hizo tarde, luego regresaron a sus tierras

-Los muchachos Stevens fueron muy generosos en traernos tantas cosas hermana María- Camelia, la otra novicia que había llegado en apoyo al hogar, era realmente un alma que buscaba a Dios, ella pertenecía a una muy buena familia, pero era muy devota, desde pequeña ella solo quería agradar a Dios y no aceptó ninguna propuesta de parte de sus padres para quedarse en su casa, buscar un buen esposo y hacer una familia, ahora se sentía plena, había dejado el convento donde no hacía nada más que rezar, y se encontraba sirviendo donde Dios la quiso ubicar

-Todos los años Tom se acerca a dejarnos alimentos y regalos para los niños, él conoce muy bien de nuestra necesidad

-Él se crió aquí también- agregó Annie- gracias a que él nos encontró, es que la señorita Pony y la hermana María nos pudieron rescatar de una muerte segura a Candy y a mí.

Irina, la otra novicia, no interrumpió en ningún momento la charla de las mujeres, primero, porque casi no podía darse a entender y segundo, ella solo quería saber más de Tom, el chico la había cautivado y ella quería hacerse notar frente a él.

Irina Dmitryeva, venía de Rusia. Sus padres, que no tenían ni veían un buen futuro en su país natal, una noche cualquiera, colocando en el tapete los pro y los contras de permanecer en Rusia o tomar todo lo que tenían y viajar a América, decidieron arriesgarlo todo por el bien de Irina, juntaron sus ahorros, hicieron más dinero vendiendo sus posesiones y tomando a su hija, sus pocas pertenencias y con las valijas llenas de ilusiones y el presentimiento de que en la nueva nación a la que llegarían existía un mejor futuro para su única hija, se embarcaron al país de las oportunidades en el majestuoso, Titanic.

En medio de la tragedia en la noche del catorce al quince de abril de 1912, contando Irina con quince años, su madre le cedió el último cupo del bote salvavidas que ella iba a ocupar, la mujer al darse cuenta de que solo ella iría en el bote, y tanto Dmytri como Irina se quedarían a bordo, decidió cambiar su puesto con su hija

-No madre, vaya usted yo subiré a otro- lloraba Irina, pero en un mutuo entendimiento entre sus padres, los dos en un último adiós, empujaron a su hija a la salvación que le daba el último bote que ya bajaba del Titanic en tan terrible noche. La muchacha, tuvo que ver como era que el soberbio Titanic, embarcación que según dijeron "ni Dios lo podría hundir", zozobraba irremediablemente en medio del gélido mar, llevándose con él las vidas de las personas que ella más amaba en el mundo. Una vez fueron rescatados por el RMS Carphatia, Irina fue llevada a un albergue de ayuda donde llegaban todos los extranjeros que venían a bordo del desaparecido coloso. Ahora Irina no tenía a nadie para protegerla y todas sus pertenencias desaparecieron junto al gran barco que la traía a ella y a su familia a un futuro mejor.

En el hospicio, había un grupo de religiosas prestando su ayuda al necesitado diariamente, Irina lo pensó un poco y vio que quizás en medio de ellas estaría protegida, que al no conocer el idioma tendría problemas en conseguir un trabajo y estando sola en un país que no conocía podría sufrir serio peligro y volver a Rusia, definitivamente no era una opción. La chica se acercó a las religiosas y en su muy precario inglés, logró hacerse entender e irse con las buenas mujeres hasta el convento a donde pertenecían. Siendo enviada a prestar sus servicios al hogar de Pony, en agosto de 1914. Su inglés había mejorado mucho, pero el acento no ayudaba a que los demás la entendieran como ella hubiese querido, hasta que conoció a Tom, el mismo día en que Annie había llegado al hogar. El vaquero la había entendido, con cierta dificultad, pero pacientemente trató de comunicarse con ella, logrando así la confianza de la chica a la que vería al menos tres veces por semana, que era cuando los Stevens les llevaban leche y queso a los niños.

A diferencia de Camelia, Irina no tenía vocación religiosa. En el convento era por demás sabido que la chica había buscado refugio en ellas por lo inseguro de su situación, entendían que de un día para otro, a la bella rusa le saldrían sus alas y querría volar.

Annie, por otra parte había regresado de Europa con la familia con la que ella trabajaba, por culpa de la guerra los señores decidieron escapar lo más lejos que su situación les permitía y ese lugar fue América, para bien de Annie. La pelinegra tampoco quería permanecer por más tiempo en Francia, primero, por la guerra pero también porque en uno de los días en que paseaba con los niños de los que ella era institutriz, había visto a Ivo muy feliz con una muchacha que ella no conocía. Ivo no la vio, él solo se miraba en los ojos de Isabelle, su prometida. Annie, sin quererlo, añoró esos días en que toda la atención del francés la tenía ella a sus pies, el modo en que él la trataba como lo más hermoso y preciado, como era que esa mirada que ahora le pertenecía a otra, la había visto a ella… esos días los veía tan lejanos

-¡Estúpida de mí!- se dijo la pelinegra al ver lo que ella tan tontamente había despreciado. Desechó el cariño y las atenciones que Ivo le prodigaba y ahora era otra la que disfrutaba de lo que él le había ofrecido a ella tiempo atrás.

Ahora la Annie quería comenzar de nuevo, pero prefirió volver a sus raíces, para mitigar en parte la soledad de la que era presa. Extrañaba a sus padres y no por el dinero como muchos pudieran pensar, sino por el cariño que ellos le prodigaron y que ella no supo cuidar ni apreciar. Annie pensaba que quizás volviendo al hogar de Pony, otra vez sentiría algo del cariño que la hermana María le daba de pequeña, necesitaba sentirse querida, había llegado a envidiar (si es que era posible, sanamente) el cariño y el amor que los padres de los chicos a los que ella educaba les demostraban a diario. Recordaba con dolor el amor que los Britter siempre le habían dado a manos llenas y que ella había perdido de forma tan necia. Sabía muy en su interior, que ese amor que ella tuvo por seis años en el hogar de Pony, Candy lo había tenido por doce, que la religiosa seguramente siempre amaría más a la que fue su hermana que a ella, pero tenía que hacer la prueba y el inicio era estar una vez más en el hogar que la vio crecer.

El primo de Tom se había acercado a Annie en esos días, el joven que era más bien robusto a diferencia de los chicos que ella había conocido, era de buen ver y de muy buen trato. Annie pensó que quizás su futuro estaba ahí, en la tierra que la vio crecer.

Los Leagan, habían llamado con urgencia a los O'Brien y estos tuvieron que viajar con suma urgencia a América, ya que tenían un negocio entre manos que les sería de gran beneficio a la sociedad que pensaban iniciar. Los Leagan, aunque no estaba urgidos por negociar aún, sí pensaron que si la guerra llegaba a Inglaterra, sus futuros socios podrían por así decirlo perder su capital por causa de la situación en Europa, y les hicieron viajar salvaguardando así sus propios intereses.

En el barco en el que viajaban los O'Brien, también venía Fabienne, que viajaba en soledad, sin su familia, ya que la mal llamada suerte o destino había estado con ella al momento de adquirir un pasaje, alcanzado el último de clase alta que había disponible, es más, según les dieron a entender, el barco en su totalidad ya estaba vendido, siendo imposible que alguno de sus hermanos o su padre viajara con ella aunque fuese en otra categoría. Fabienne no había aceptado que el duque avisara a Albert acerca de su viaje, ella quería darle una sorpresa. La familia Kemeny, se había quedado en Inglaterra como huéspedes del duque de Grandchester, esperando poder viajar en un tiempo más

-¿Fabienne?- oyó que la llamaban con extrañeza. La austriaca, estaba en el salón comedor, muy abstraída, sirviéndose sus alimentos a la hora del almuerzo. Como viajaba sin compañía, no había querido salir de su camarote durante los primeros días de la travesía, pero se había dado cuenta que sola también podría disfrutar del viaje y ese día comenzaría su rutina- ¡Fabienne Kemeny!- la chica levantó su cabeza para dirigir su mirada hacia quien la llamaba, y cual fue su sorpresa…

-¡Patty!- levantándose de su silla abrazó a su amiga del colegio- ¡Oh Patty! Que gusto encontrarte aquí

-El gusto es mío también Fabienne- Patricia O'Brien no podía creer que la chica sentada en solitario fuese Fabienne. La había visto desde la mesa que compartía con sus padres y abuela, pero no estaba segura de que fuera ella, y sin compañía, eso no era propio de una joven en la sociedad de ese entonces. Martha le había preguntado- Patricia ¿esa chica que está sentada en esa mesa no es compañera tuya, en el colegio?- mi abuela fue quien te reconoció Fabienne, que grato encontrarme contigo, pero, ¿viajas sola?

-Sí Patricia, mi familia se tuvo que quedar en Inglaterra, el duque de Grandchester los recibió en su casa, es que…- el sentimiento de pérdida estaba tan fresco en la vida de Fabienne, que cualquier referencia hacia su familia hacía que sus emociones se resquebrajaran un poco más

-¿Qué pasa Fabienne… no te sientes bien?

-No es eso Patricia- hablaba con la vista baja- es… largo de contar

-Tenemos muchos días para poder conversar amiga, eso, solo si quieres hablar- ofreció tomando de los hombros a su amiga para que ella sintiera su apoyo y compañía- ahora quisiera presentarte a mis padres- las chicas se dirigieron a la mesa de la familia O'Brien- padre, madre, ella es Fabienne Kemeny, compañera del San Pablo, a mi abuela ya la conoces- Martha no perdió tiempo y abrazó a la muchacha como si de otra nieta se tratara, los padres de Patricia la invitaron a almorzar junto a ellos y el mozo que estaba atendiendo a Fabienne, dispuso otro puesto en la mesa de los ingleses que desde ese día, adoptarían por así decirlo a la austriaca amiga de su hija el tiempo que llevaría llegar a Nueva York.

El duque no había podido viajar, Inglaterra estaba en medio de la guerra. Las potencias europeas se habían dividido en dos bloques militares la Triple alianza y la Entente. La Triple Alianza estaba conformada por Alemania, Austria-Hungría e Italia. La Entente por
Inglaterra, Francia y Rusia.

Inglaterra dando apoyo constante a los aliados, estaba enfrascada en el desarrollo de la gran guerra y necesitaba de todos sus políticos presentes en el país. Sir Richard Grandchester era uno de ellos, no lo dejaban abandonar el país, sintiéndose obligado a esperar otra oportunidad de viaje, rogando que la próxima vez que solicitara el permiso este no le fuera rehusado. El hombre estaba desesperado por ver a su mujer que aún tenía que mantener un reposo relativo y ansiaba estar presente en el nacimiento de su quinto hijo, segundo de la mujer que él amaba. También le hacía mucha ilusión saber que sería abuelo, pero su nieto llegaría en agosto y no creía correr con tanta suerte si es que lo dejaban viajar. Hace unos días había recibido en su hogar a la familia Kemeny con gran alegría de saber que Fabienne, la gran preocupación del patriarca Andrew estaba a salvo. Apenas pudo la embarcó para América, era lo menos que podía hacer, para que Williams estuviera tranquilo.

Candy no quería ni siquiera pensar en volver al hospital. La rubia estaba más que consciente que apenas pusiera un pie en el nosocomio, sería llamada por el doctor Wilson junto a sus compañeras y Michael, dando inicio a los trámites necesarios para ser enviados en apoyo a Francia

-Buenos días pecosa- había saludado Terry a su mujer con voz enronquecida al venir despertando- tienes que levantarte ya

-Lo sé- Candy estaba despierta desde hace mucho, antes que amaneciera ella ya tenía sus ojos muy abiertos y el corazón apretado de la angustia, sabía lo que el día le traería en sus horas y no quería vivir lo que se avecinaba- no quiero levantarme- cerró sus ojos queriendo así escapar a la realidad que tenía en frente

-Yo tampoco pecosa- Terry se acomodó junto a ella, sentándose en el respaldo de la cama y abrazando a su mujer, apoyando la espalda de ella a su pecho- pero los pasos aunque sean amargos hay que saber sortearlos

-Quiero creer que el embarazo traiga buenas noticias, si yo hubiese sabido…- las lágrimas que rodaron por las mejillas de la enfermera eran de dolor y hasta desesperación, sollozó- si hubiese sabido que nos casaríamos tan pronto… no debí firmar

-Ya no hay más que hacer- el futuro padre posaba sus manos sobre las de la pecosa en su vientre- vamos- dijo con seguridad- hoy es el lunes que más hemos temido, si quieres te puedo acompañar hasta el hospital

-Es verdad, sí Terry, me hará bien tu compañía y luego podremos almorzar juntos- se animó un poco la chica, saltando de la cama directo a baño para refrescarse y ponerse el uniforme

Desayunaron como era su costumbre en la habitación, pero a diferencia de los otros días los alimentos no tenían el mejor de los sabores, los dos se encontraban listos para salir. Camino al hospital, en un coche de alquiler, cada uno iba sumido en sus propios pensamientos, nunca habían estado tan callados. Las emociones, lideradas por el nerviosismo al no tener idea de lo que ocurriría, la tenía a ella al borde del llanto y Terry que quería golpear a alguien

-Buen día Candy- saludo Rowena que junto a las demás chicas también llegaban al lugar de trabajo, sus voces fueron las que devolvieron a la realidad a la pequeña rubia, quien no se había enterado a que horas era que había llegado al hospital y se había despedido de Terry

-Buen día chicas- fue todo lo que Candy logró decir, camino al puesto de enfermeras

El trabajo comenzó rutinario y se enfrascaron en él todas las chicas que estaban esperando ir a prestar apoyo en algún hospital de Francia, recibiendo de manos de la jefe de enfermeras el mensaje que les notificaba a la hora que tenían que presentarse con el doctor Wilson

-10:30 AM- pensaba la pecosa mientras trabajaba tomando la temperatura a los hospitalizados en el pabellón a su cargo- Dios, por favor, que exista una solución- oraba

-¡Candy!- entraba a la habitación Flamy- es hora de presentarnos con el doctor Wilson

-Sí Flamy, justo en eso estaba pensando- decía guardando los termómetros que había utilizado

Se reunieron las seis chicas que se habían comprometido en ir a prestar apoyo médico a Francia. Aunque Candy se sentía morir al saber que tendría que prestar servicios en medio de la guerra estando embarazada, dejando así a su esposo en América, meditaba en el problema y los futuros acontecimientos- ¿podré soportar el dolor de la separación? ¿Podré cuidar de mi embarazo en medio de ese infierno?- se preguntaba y al momento se respondía ella misma- no sé si podré, tengo que ser fuerte, por mi bebé y por Terry- las otras chicas, al igual que ella, tampoco lograban dominar su nerviosismo. Vieron llegar al doctor Blanc quien amablemente las hizo pasar a la consulta del doctor Wilson

-Buenos día chicas, veo que sí son muy puntuales- las saludo Wilson- tomen asiento- el hombre que estaba de pie junto a su escritorio, abrió el cajón que estaba justo delante de él, sacando un gran paquete de carpetas - En estas carpetas está toda la información que necesitan para dar inicio a la segunda etapa de su especialización, documentos de identificación, pasajes y el compromiso firmado por ustedes mismos para ir en ayuda médica. Como ya lo saben, el barco que los llevará a Francia, zarpa el día diez- el hombre no estaba muy convencido de enviar a ese grupo de muy buenas enfermeras además del joven doctor a la guerra, pero como no era decisión de él, no tenía más remedio que cumplir las órdenes- durante los días de espera, solo tomarán los turnos de la mañana, inclusive tú Michael, para que tengan tiempo suficiente de preparar lo necesario para la labor que está en sus manos cumplir. Michael- mencionó estirando una de las carpetas al joven doctor, luego, las enfermeras, una a una recibieron una de las carpetas que tenían su nombre inscritos en las tapas- Eso es todo, pueden volver a sus labores.

Todos se pusieron de pie, incluso Candy que se encontraba como viviendo en otra dimensión, nada que hacer, tenía ella que cumplir a cabalidad lo que las instrucciones le dirían en las secas y frías palabras de los documentos en la carpeta que ella había recibido al igual que todas sus compañeras- Terry- pensó

-Candy, Michael, quédense por favor- las cinco chicas restantes se retiraron del lugar y Candy las vio salir una a una sin saber que pensar acerca de que ella no tenía que retirarse, Wilson la sacó de sus cavilaciones y dijo- Candy, tu caso es diferente al de las chicas, sé que cuando en el hospital de Londres te ofrecieron cursar en América, firmaste la carta que te comprometía a cumplir con la labor de asistir como enfermera militar en caso de guerra, lo hiciste de muy buena fe, pero no sabías que una guerra tomaría forma en tan poco tiempo y menos que te casarías tan pronto, además, ahora esperas un hijo y eso hace la diferencia… Candy, tú no irás a Francia- Candy no escuchó más, sus oídos piteaban por una ligera alza de presión que la chica había sentido al momento en que su corazón se puso a bombear su sangre como un desquiciado, las últimas palabras de Wilson la llevaron a un alivio tal que no pudo mantenerse más erguida en la silla en la que estaba, Candy se sintió debilitada y se desmayó, siendo auxiliada por Michael.

Terry después de dejar a Candy en el hospital, decidió caminar. El joven actor no tenía que presentarse en el teatro hasta la tarde, después del almuerzo que compartiría junto a su mujer.

-¡Ay pecosa! ¿Qué sabor tendrán los alimentos esta tarde?- pensaba el chico mientras caminaba con paso cansino, no tenía deseos de nada, si Candy era enviada a Francia él nada podía hacer, sabía que de alguna manera podría pedirle ayuda a su padre, pero él era un noble inglés no francés, era poco lo que la influencia del duque conseguiría hacer por Candy… pero ella se inscribió como voluntaria en un hospital inglés, quizás existiera una esperanza, por mínima que esta fuera

-¿Por qué siempre tiene que ser tan noble?- pensaba el chico con pesar. Sin darse cuenta, llegó hasta Central Park, caminó hasta un lugar donde encontró algo de la soledad que de alguna manera buscaba para pensar, sentándose en una banca que le daba una vista perfecta a la laguna donde unos aficionados daban rienda suelta a su juego con unos pequeños veleros. Estuvo en una misma posición por un buen rato, le dolía la cabeza de tanto cavilar, no quería por ningún motivo que su Candy se fuera de su lado, menos aún ahora que iban a ser padres, si algo le sucedía a ella en medio de la guerra él sabía no podría soportarlo. Sus pensamientos eran tan intensos que hasta algunas lágrimas brotaron de sus lindos ojos. Decidió que era suficiente de lamentar algo que aún no se decidía y puesto de pié salió del parque para dirigirse a casa de su madre, tenía que conversar con alguien y Eleonor era la persona a la que él tenía que ver

-Buen día madre- habló Terry a Eleonor encontrándola en una muy bella y asoleada galería donde la mujer pasaba sus días cuidando de su embarazo y las plantas que tenía en el lugar

-Hijo, que sorpresa, no te esperaba- el chico llegó hasta donde su madre y la saludó cariñoso- ¿Qué te trae tan cabizbajo Terry?

-Hoy se sabe si Candy viaja o no a Francia- dijo Terry sin miramientos y se dejó caer en un sillón con todo el peso de su pena

-¡Oh! Hijo… lo había olvidado, pero ten fe… no creo que la envíen a Francia, sería inhumano ¿no crees?- Eleonor no sabía como animar a su hijo, estaba consciente que las palabras en estos momentos sobraban más que animaban

-Supongo que a la hora del almuerzo ya sabremos cual es la decisión del hospital- Lorna entró al salón junto a Priscilla, ambas llevaban labores en sus manos

-Buenos días hermanito- saludo la pequeña Grandchester interrumpiendo así a Terry

-Buenos días Priscilla, Lorna- Terry de pié saludando a las recién llegadas

-Terry me contaba que hoy se sabría si Candy viaja a Francia

-Hoy… es verdad- Lorna murmuraba- Candy no puede ir, no en su condición

-Lo sabemos, pero solo debemos esperar…

-¿Candy viajaría sola?

-No Priscilla, creo que van otras cinco enfermeras más y el doctor Blanc- Terry nunca supo lo que sus últimas palabras significaban para Lorna

-Sírvete un té con nosotras Terry- ofreció Eleonor cuando la doncella estaba llegando con un servicio de té que Eleonor había solicitado antes que llegara su hijo

-Gracias madre, me hará bien- aceptó el chico y pasó las siguientes dos horas junto a su madre antes de buscar a Candy para almorzar

En Chicago, encontramos a Albert junto a la tía abuela en medio del postre del almuerzo de ese día, Archie y Neal se encontraban dando exámenes para ingresar a la universidad. La anciana Elroy quería encarar a su amado sobrino con una realidad que él se obligaba a ocultar

-Williams…- Elroy llamó la atención de su sobrino

-Sí tía- su respuesta fue acompañada con otro bocado del postre a su boca

-Quiero saber tu historia con Elisa y como es que tienes una hija con ella

-Cof-cof-cof- Albert se atragantó con lo que tenía en su boca, levantaba los brazos y trataba de respirar, la desesperación había hecho mella en la tranquilidad del hombre y no sabía si seguir atorado y morir o darle la cara a la tía abuela- ¡ujum… ujum!

-Mientras te recuperas de tu "atragantamiento", iré a hacer la siesta. A la hora del té, quiero una respuesta- la anciana se levantó de su asiento y se dirigió a las escaleras que la llevarían hasta sus aposentos, la sonrisa en la cara de la anciana revelaba cuan satisfecha se sentía de la reacción de su sobrino querido

-Como usted diga tía- fue lo que pudo decir Albert, no entendiendo como es que la anciana conocía de su más escondido secreto

Cuando Elroy salió de la habitación, el postre ya no tenía el mejor de los sabores para Albert, no se explicaba como es que la anciana se había enterado de que él había tenido una relación con Elisa y que era el padre de Alana. Ya no podría hacerse el loco, por así decirlo, la tía conocía muy bien del tema, ella jamás hablaba sobre alguna situación que no conociera y manejara muy, pero que muy bien. Después del almuerzo, el rubio magnate se fue a encerrar en su despacho, sentándose en el sillón frente al escritorio, sacó de un cajón que mantenía con llave, un sobre con información de su pequeña Alana. Lo primero que observó, fue una hermosa fotografía que él tenía de la pequeña en sus brazos, luego el certificado de nacimiento, en donde Alana llevaba su apellido y una que otra fotografía que Elisa le había regalado de los primeros días de vida de la niña, hasta que él la conoció. Así pasaron las horas y fue llamado por la anciana a compartir con ella una taza de té en el saloncito donde ella acostumbraba a bordar. Cuando Albert se presentó ante la anciana, ésta ya servía el té, quiso hacerlo así, porque no quería que lo que se hablara dentro de esas cuatro paredes, fuera de conocimiento público

-Cierra las puertas Williams- pidió

-Sí tía- Albert se dio la media vuelta y cerró muy bien las puestas de aquel salón, el comprendía lo que iba a suceder y al igual que Elroy, quería que nada saliera de ahí. El rubio había estado meditando en su despacho acerca de la situación y sabía que a la anciana no podría seguir ocultándole lo que sucedía en su vida

-Toma asiento Williams- ofreció la anciana con un gesto de su mano, al instante colocó delante de él una taza de té y Albert dejó el sobre con la información de Alana a un lado

-Puedo saber ¿cómo se enteró tía?

-Fue pura casualidad- la anciana no dejaba de mirarlo con cariño, Albert notó que en su rostro, gestos y actitudes, no había ni rastro de reproche- un día fui de paseo al zoológico- aclaró y vio la rendición inmediata de su sobrino nieto

-Hummm- suspiró el rubio- ahí es donde siempre voy con la niña

-La verdad, es que no lo sospeché en ese mismo momento- Albert la miró queriendo saber más- el día en que te vi con Alana, estabas junto a Elisa y su esposo, nada podría hacerme sospechar. Yo no conocía a la niña y un día determinado recibí una invitación de Elisa a conocer a su pequeña. Era lo menos que podía hacer, yo no había ido nunca a la casa de los Smith y ella quiso que lo hiciera, acepté con gusto la invitación, yo estaba preocupada ¿sabes?, a ella, Sarah la había casado con un hombre mayor y quería constatar con mis propios ojos que tan bien habían hecho los Leagan casando a Elisa con un viudo. Saqué en claro dos cosas, primero, que Elisa tenía un muy buen matrimonio y que estaba enamorada de su esposo, fue un gran alivio para mi y segundo, que la criatura que me presentaron como su hija, no era de Benjamín Smith. Cuando la nana de Alana la trajo hasta mí, era verte a ti con vestido- la anciana sonrió divertida y Albert no pudo evitar que los colores se le subieran al rostro- quizás el color del cabello la hace diferente, pero todo lo demás es herencia tuya. Las visitas a los Smith se comenzaron a hacer más frecuentes y en uno de esos días Alana no estaba en la mansión, Elisa no supo como proteger su secreto, ella me mintió, dijo que la niña estaba con Sarah, pero la suerte ese día estaba de mi lado, Sarah llegó a visitar a Alana cuando se suponía la niña estaba con ella. Al llegar Sarah, vi que Elisa salía presurosa de la habitación, había llegado un auto…

-Era yo ¿verdad?

-Sí, traías a la niña, creo que…

-Nunca voy hasta la casa de los Smith a dejar a la niña, siempre la regreso en un coche de alquiler junto a la nana de mi hija, pero ese día se puso mal…

-Tenía fiebre- afirmó la anciana

-Sí, después supimos que solo era un resfriado común, pero ella tuvo temperatura y yo me desesperé

-Bien… no tienes que ser un genio para saber como es que llegué a la conclusión de que Alana es tu hija ¿verdad?- Albert aceptó las palabras de la anciana con un movimiento de cabeza

-¿Elisa sabe que usted…?

-¡Qué yo sé!- se adelantó la anciana- no, no lo sabe. No sabría decir si el día en cuestión ella notó algo, ya que también se desesperó por la situación. Es por eso que quiero que seas tú quien me explique que sucedió y porque no están juntos criando a su pequeña

-La historia es larga tía- Albert no sabía como comenzar

-Parte por el principio hijo, es lo mejor- lo alentó leyendo su pensamiento

-Todo inició en el festival de mayo en 1912, usted también participó ¿recuerda?- la anciana sin interrumpir afirmó con un gesto de su cabeza, Albert había puesto en sus manos los documentos que decían que Alana era su hija y las fotos que Elisa le había obsequiado, Elroy las analizaba mientras escuchaba la historia que su sobrino le contaba- yo no la reconocí y ella no me conocía a mí. Cuando dieron las cero horas, es tradición besar a la persona que está junto a uno en ese momento yo solo quería besar a la hermosa gitana que tenía en los brazos, luego ella se sacó su antifaz y yo quedé perplejo, a tal grado que huí de la fiesta sin decirle nada a Elisa…- Albert siguió con su relato hasta como llegó a un arreglo con los Smith para ser el padre de Alana pero que el mundo no lo supiera hasta la muerte de Benjamín

-¿Alguien más sabe de esto?

-George como mi mano derecha, también Candy y Fabienne, solo ellos- la anciana abrió mucho los ojos delatando su incomodidad a su sobrino- Candy es como mi hermana tía, ella era quien me alentó cuando recibimos la noticia de que Elisa se casaba, y Fabienne, bueno ella es mi futuro, no puedo tener secretos con mi futura esposa, menos ocultarle que tengo una hija

-Eso lo entiendo… ¿y Sarah?

-Creo que no, Elisa no le ha contado a nadie, es petición de Benjamín- con el tiempo, Albert y Benjamín había llegado a entablar una muy buena amistad, el joven Andrew, había aprendido mucho de la experiencia de un hombre como Smith, y la relación con la pequeña los había acercado mucho, ambos eran los padres de Alana, aunque esto sonara loco

-Si Sarah se llegara a enterar que Alana, su nieta, es tú hija, tendremos muchos problemas Williams

-Lo sé, es mi prima pero…

-Ella es de cuidado Williams, recuerda que yo la crié, conozco de su proceder, no le molestaría pasar a llevar los sentimientos de su yerno por conseguir la herencia que le corresponde a su nieta- la anciana aunque amaba a la que fuera la nieta de su bien amado Burian, conocía del negro corazón de la mujer

-Tendré cuidado tía… gracias por comprenderme- sobrino y tía, se dieron un abrazo cariñoso

-Candice me va a dar un bis nieto pero tú ya me diste un sobrino bis nieto…

Con los días, la anciana se acercaría más a Alana, quería disfrutarla, la pequeña era idéntica a Williams, solo que de cabellos más cobrizos como los de Elisa.

Cuando Terry llegó por Candy al hospital, fue por ella al puesto de enfermeras recibiendo la noticia

-Ella sufrió un desmayo Terry- el doctor Wilson trataba de calmar al ansioso esposo- pero está bien, solo descansa, son cosas del embarazo

-¿Puedo verla?

-Por supuesto, sígueme, te acompaño- Wilson entendía de padres y esposos ansiosos y protectores, pero este espécimen era algo de otro mundo para él. Cuando llegaron a la sala donde se encontraba Candy, el médico los dejó solos. Candy dormía

-Pecosa- susurró Terry pero Candy no despertó. El chico no quiso insistir e interrumpir el sueño de su esposa y se sentó junto a ella en una silla que acercó a la cama. Como Candy no despertaba, Terry comenzó a observar la habitación, encontrando que los hospitales son muy deprimentes, se topó con una carpeta que tenía el nombre de Candy y la abrió, encontrando la documentación del traslado a Francia, con todo y los documentos de identidad, el escrito firmado por Candy y los pasajes a la desesperación

Continuará