Capítulo 37
Las llamas envolvían el helicóptero. Paul estaba semiconscientes y Ted era quien peor estaba. A pesar de los esfuerzos del piloto por reducir al mínimo la fuerza del impacto.
-¡Ted!-lo llamó Paul, tratando de zafarse su cinturón. Como no pudo sacó una navaja y cortó las cuerdas.
Como pudo, se levantó de su silla y fue hacía la parte de atrás entre los fierros retorcidos. Encontró a Ted inconsciente y apretando con fuerza la jaula transportadora del gatito. Con cuidado, retiró la jaula y observó dentro de ella. El gatito miraba asustado de un lado a otro y maullaba levemente.
-Tranquilo, gatito.
Puso la jaula en un lugar seguro y cogió un extintor e intentó apagar los focos de incendio que había dentro del helicóptero y amenazaban con hacerlo explotar. Luego de eso, se acercó a la puerta y haló con todas sus fuerzas hasta que se abrió. El aparato se movió un poco y Paul se asustó. Se asomó con cuidado y vio que no estaban muy lejos del suelo y pero el helicóptero estaba a punto de caer por un profundo precipicio y el piloto no se había percatado de esto. Volvió con Ted y al igual que hizo con las correas de si cinturón, las cortó con la navaja. Movió a Ted con mucha dificultad hacia la puerta, fue a la parte trasera del helicóptero y cogió una especia de colchoneta pequeña inflable y accionando el automático la arrojó para que quedará cerca de ellos y poder lanzarse. Primero, empujó a Ted. El muchacho cayó bien sobre la colchoneta luego saltó él con la jaula en sus manos y con rapidez la puso sobre Ted, para alejarse del helicóptero lo más pronto posible. Con todas sus fuerzas haló la colchoneta y se ocultaron detrás de las rocas.
-¡Mierda!-exclamó enojado-. ¡Olvide el botiquín!
Haciendo acopio de valor, volvió corriendo al helicóptero y se montó sobre este, cogió el botiquín y de un saltó volvió a tierra y corrió a esconderse. El tiempo fue el preciso porque apenas se cubrió tras las rocas que había escogido como refugio, el aparato explotó en pedazos. Paul salió del escondite y se acercó a la zona del desastre. Partes chamuscadas del helicóptero caían por el abismo y se perdían entre la oscuridad. Miró hacía el cielo y vio las estrellas brillando en todo su esplendor. La lluvia había cesado. Paul volvió con Ted para revisarlo. Se dio cuenta de que el muchacho se quejaba levemente y susurraba un nombre en medio de su inconciencia.
-Ted despierta-le pidió mientras lo movía con suavidad-. Despierta.
-¿Dónde estoy?-preguntó abriendo los ojos y mirando a Paul-. ¿Eres tú, Paul?
-Soy yo, Ted-respondió-. ¿Cómo te sientes?
-Me duele un poco la cabeza-respondió Ted, llevándose la mano a la frente-. Es la segunda vez que me golpeó en la misma parte.
-Deja de decir tonterías-replicó Paul sonriendo-. ¿Te duele alguna otra parte del cuerpo?
-Un poco el brazo izquierdo. Creo que lo tengo lastimado.
Con cuidado, Paul apretó el brazo de Ted.
-¿Duele?-preguntó apretando un poco más fuerte.
-No.
-Parece que no tienes fractura pero si debes tener alguna luxación. Era el brazo con el que apretabas la jaula del gatito-le informó Paul.
-Es un regalo para mi hijo-respondió Ted-. No podía dejar que le pasara algo malo.
-¿Tu hijo?-Paul lo miró con el ceño fruncido-. ¿Ya embarazaste a tu novia?
Ted se echó a reír.
-Pues la verdad espero que ella ya esté esperando un hijo mío pero no me refiero a eso-repuso contento-. Sabes cómo era cuando estaba estudiando en Julliard y cometí un error.
-Sabía que esa vida tan libertina te iba a cobrar algún día todo lo que te aprovechaste de esas chicas-dijo Paul sonriendo.
-Fue un día antes de la graduación-relató Ted-. Salimos a beber con todos los compañeros de curso y había una chica llamada Ángela que me hacía cacería desde hacía varios meses. Eso me dijo cuándo me hizo separarme de mis amigos y me llevó a otra mesa disque para conversar mejor. Comenzamos a tomar y hablar y no me di cuenta en que momento, perdí la conciencia y me sacó del bar para llevarme a un hotel-meneó la cabeza-. Desperté a la mañana siguiente con una terrible migraña y con la leve impresión de que había cometido el peor error de mi vida.
-¿Quieres decir que el fruto de ese desliz apareció justo ahora que has conseguido organizar tu vida?-preguntó Paul sin creerlo.
-Se llama Ian-repuso Ted-. Tiene cuatro años, toca el piano y le fascina leer. Además, tiene un increíble parecido a mi papá. Aunque su nariz y su boca son como las mías y tiene muchos gestos que hago yo.
-Ni que lo hubieras negado-comentó Paul riendo.
-Creo que si me hubiera enterado antes de su existencia no lo habría negado-admitió-. Es un niño muy dulce y demasiado inteligente. Encantó a toda mi familia con su tierna personalidad.
-Con razón cuidas tanto de ese gatito-entendió Paul.
Ted se sentó y recostó su cuerpo en la roca. Cogió la jaula y abrió la puerta para sacar al pequeño animalito.
-Vaya aventura la que has tenido, ¿verdad amigo?-dijo Ted al gatito acariciándolo entre las orejas-. Creo que ya tengo un nombre para ti.
-¿Qué nombre le pondrás?-preguntó Paul, sentándose junto a él mientras intentaba buscar señal con su celular.
-Tango-repuso Ted con simpleza.
-¿Tango?-lo miró con incredulidad-. No creo que sea el nombre adecuado para un gato.
-Es un sobreviviente del accidente-explicó Ted-. Tu y yo ya tenemos nombres entonces el gatito llevará parte del nombre del helicóptero para recordar que debo insistirle a mi padre que vuelva a los Eurocopter EC135.
-Son los mejores y más seguros helicópteros que existen-repuso Paul.
-Era el tipo de helicóptero que antes manejaba papá-Ted se puso serio-. ¿Ahora qué hacemos?-preguntó preocupado.
-No lo sé-se encogió de hombros-. Es muy tarde y no logro obtener señal por ninguna parte. ¿Traes tu móvil?
-Sí, pero está descargado-gruñó.
-Estamos mal-dijo Paul resignado.
-No tenía en mente terminar en medio de una montaña, con la noche encima de nosotros, sin comida ni agua y lastimado.
-Comida y agua si tenemos-comentó Paul-. Tu padre es muy previsivo con esas cosas. Desde el accidente que tuvo hace muchos años, hizo que pusieran algo de provisiones y agua en todos los botiquines del barco, el helicóptero y el jet.
-Siempre pensando en todo-comentó Ted-. Deberíamos comer algo y dormir.
-Tienes razón-repuso Paul.
Los tres se alimentaron solo por distraer un poco el hambre. Se acostaron juntos para hacerse calor y se quedaron dormidos.
No se sabía cuál de las dos estaba más desesperada. Christian observaba frustrado a las dos mujeres y no sabía a cuál de las dos consolar. Hizo lo propio avisando a Sergei y a sus hijos lo que había pasado. Sus únicos apoyos en ese momento, eran Phoebe y Nick que estaban muy calmados.
-Consuela a tu madre, Nick-le pidió Christian a su hijo-. No soporto escucharla llorar pero tampoco me deja acercarme a ella. Dice que es mi culpa por enseñarle a Ted a pilotear.
-No es tu culpa, papá-Phoebe lo abrazó-. Ted hizo caso omiso a una advertencia que le dieron por el clima y por eso ocurrió el accidente.
-Vieron caer el helicóptero por el abismo-repuso Christian-. Su hermano y Paul pueden estar muertos.
-¿Por qué no los buscan ahora mismo?-preguntó Nick enojado.
-Porque es de noche y la zona del accidente es demasiado oscura-respondió Christian, cabizbajo-. Comenzarán la búsqueda en unas horas cuando salga el sol.
-Iré con mamá-replicó Nick-. ¿Qué hago con Katrina?
Christian miró su hija.
-¿Y tú papá?-preguntó ella-. Te ves muy mal.
-Estuve veintitrés años solo, aguantando mis propias sombras y luchando contra mis demonios internos-sonrió con tristeza-. Podré sobrevivir unas horas.
-No podrás hacerlo, papá-replicó la chica-. Mírate. Estás callado y no has dado ni una orden.
-No sé dónde está mi hijo y ni siquiera estoy seguro de si está vivo. Ana va a odiarme si Ted no regresa con vida.
-Esto debemos superarlo como familia, señor Grey.
Los tres voltearon a ver hacia la puerta y vieron a Katrina de pie sosteniendo a Ian en sus brazos. El niño también tenía los ojos llorosos y dejaba escapar pequeños hipidos. Christian se levantó y recibió a su nieto e indicó a la chica que lo siguiera y se sentaron juntos en el sofá.
-Ve con Ana, Nick-le ordenó a su hijo.
-Claro, papá-respondió el chico y salió.
-¿Dónde está mi papá, abuelito?-preguntó Ian volvieron al regazo de Katrina.
Christian miró al niño y una lágrima le rodó por la mejilla. Phoebe se sentó sus piernas y lo abrazó.
-No lo sé, pequeño-respondió el hombre mirando al niño-, pero él está bien y va a volver pronto.
-Deberías intentar dormir, Ian-le pidió Katrina, arrullándolo.
-Quiero ver mi papá-replicó llorando.
-Voy a encontrar a tu papá, yo mismo-replicó Christian, levantándose.
Las dos chicas lo observaron coger el móvil y llamar a Taylor.
-Hazme un favor, Taylor-le pidió-. Sé que es muy tarde pero necesito que consigas un helicóptero. No importa que tengas que comprarlo.
-No hay necesidad de comprar uno, señor Grey-repuso Taylor-. Se de alguien que nos puede prestar un helicóptero.
-De acuerdo-dijo el hombre-. Quiero que vengas con Gail. La desaparición de Ted tiene a Ana caminando por el techo y no me habla y tampoco come. Necesito que alguien esté pendiente de ella y Gail es la única que puede convencerla de que coma algo.
-En un rato estaremos allá, señor Grey-informó Taylor.
-Gracias, Taylor.
Christian dejó el teléfono a un lado y salió con Katrina y Phoebe persiguiéndole. Abrió la puerta de entrada de la casa y vio que Sergei se bajaba de su elegante camioneta, Mercedes g65. Junto a él venían sus dos hijos varones.
-¿Los encontraron?-preguntó Sergei saludando a Christian con un apretón de manos.
-La policía dice que los buscarán cuando amanezca pero yo no puedo esperar-replicó Christian-. Hice que alquilaran un helicóptero e iré a buscarlos yo mismo.
-¿Puedo ayudar en algo?-continuó Sergei.
-Quédese en mi casa-le pidió Christian-. Mi esposa está desesperada. Al igual que Katrina. Necesito que alguien las controle mientras voy a buscar a mi hijo y a mi piloto.
-¿Podemos ir?-preguntó Bastián dando un paso al frente-. Andreiv y yo somos médico. Él es cardiólogo y yo ortopedista.
-Serán de mucha ayuda, papá-intervino Phoebe, mirando a Bastián.
-De acuerdo-aceptó y caminó de vuelta a la casa. Sergei, Andreiv, y Katrina lo siguieron.
Bastián se acercó a Phoebe.
-¿Por qué lo hiciste?-preguntó levantándole la cara para que lo mirara.
-Tienes que aprender a llevarte bien con mi papá y mi hermano-replicó la chica.
-Sé que te sorprendió enterarte que soy el hermanito consentido de la novia de tu hermano. A mí también me dejó sorprendido enterarme de esta manera.
-Me advertiste de Erik y te doy las gracias-replicó enfadada-. Ahora quiero que ayudes a mi papá a encontrar a mi hermano.
-¿Quieres que les diga que tú y yo…?
-¡No!-exclamó-. Ha pasado poco tiempo desde que rompí con Erik y no quiero que mi familia piense que soy una chica fácil.
-No lo eres, princesa-replicó el muchacho-. Sabías de mis intenciones desde que nos conocimos. Erik no te merecía.
-Sigamos fingiendo hasta que encontremos un momento apropiado para decirle a nuestros padres lo que está pasando entre los dos-rogó ella-. ¿Lo harías por mí, Bas?
-Lo hago porque te amo-repuso él-. Mañana nos vemos. Espérame en el lugar de siempre.
-Si mi hermano aparece, lo más seguro es que mañana pase la noche en su apartamento.
-Entonces ve a verme al hospital-le sugirió él.
-Mi abuela y la hija del jefe de seguridad trabajan allá-replicó ella-. No quiero que les digan cosas a mis padres.
-Nunca voy a poder salir con mi novia-gruñó enojado-. ¿Por qué tenemos que escondernos?
-Solo quiero ir despacio para no terminar con el corazón roto de nuevo-replicó ella.
-No juego con lo nuestro-repuso él.
-Solo quieres sexo, Bastián-dijo ella
-No es cierto-replicó Bastián alejándose de ella y adentrándose a la casa.
-¿Ana?
Christian entró con cuidado a su habitación. Se sentía como un extraño porque Ana así lo estaba viendo.
-¿Dónde estás, nena?-preguntó entrando al armario y quitándose la pijama para ponerse ropa cómoda para su búsqueda.
No escuchó respuesta y esperó mientras se ponía una camiseta y unos jeans oscuros junto con unas botas de montaña.
-Dije que no te quería ver-la voz de Ana surgió de la oscuridad.
-Vine a decirte que iré por nuestro hijo-repuso el hombre buscándola dentro del armario.
Escuchó la risa amortiguada de Anastasia.
-El señor Grey quiere hacerse el valiente para enmendar su desliz-replicó apareciendo frente a él-. ¿Quieres que me desespere el doble?
-Solo quiero que confíes en mi-le pidió sin acercarse a tocarla.
-Cuando mi hijo entre por la puerta de la casa, pensaré si te perdono o no, señor Grey. Solo cuídate mucho. Sabes lo mucho que te amo.
-Yo también te amo, nena-respondió Christian-. Volveré con Ted.
Ana escuchó la puerta cerrarse y volvió a la luz para buscar algo entre los papeles que tenía en su mesa de noche. Con cuidado sacó una foto preciosa. En ella, estaban Christian y Ted. Era la foto dela graduación del muchacho. Les pidió que se tomaran una foto juntos. Ambos se veían bastante guapos. Christian con un traje negro, camisa blanca y una corbata gris plata que Ana le había regalado en uno de sus aniversarios de boda. Y Ted, con una traje blanco, camisa oscura y corbata negra.
Sus dos hombres favoritos. Cincuenta y Blip.
-Protégelos, Dios mío-rogó acariciando la foto.
