Muy bien gente. ¿Por donde empiezo? Ya se... Fui aceptado en la universidad que queria. :D
Asi es, despues de haber sido expulsado, bueno, regresare. Jejejee... 7u7 Pero bueno, en fin. Eso es solo para que se vayan haciendo a la idea que una vez que empiecen las clases ya no podre subir caps tan seguido. Probablemente solo pueda subir uno por semana. Pero claro, eso ya lo veremos despues.
Como sea, el capitulo de hoy espero que sea de su agrado. Si es asi, ya saben, diganmelo en un comentario. Si no, igual, diganmelo en un comentario. Quiero saber que piensan al respecto de las situaciones que escribo. Si conocen a gente que les guste las historias de este tipo. Pues invitenlos. NO necesariamente el mio. Basta con que incetiven a la gente a leer. :D
En fin, que me lio. Los derechos de autor de Gravity Falls son de propiedad de Alex Hirsch; asi como de su equipo de produccion y de Disney. Esta obra literaria que estan a punto de leer es de un Fan y para Fans con el unico proposito de entretener y sin animos de lucro.
Capitulo 14: Emociones a Flor de Piel
Al llegar a la mansión desactivo la visión nocturna, no había razón para continuar con esta activada cuando ahora se encontraba en casa; y aunque quisiera negarlo, esos lentes le podían servir mucho de ayuda a lo largo de su verano.
Se adentro al inmueble con paso seguro, aun no era media noche; pero poco faltaba para la misma. Había tomado su tiempo al regresar, y aunque sabia que no era demasiado tarde, si quería guardar silencio. Se encamino de forma rápida a su estudio, donde procedió a dejar su mochila en el suelo: no sin antes, sacar su computadora y dejarla en su escritorio. Paso su mano por su rostro; y al sentir sus gafas sobre este, solo se limito a quitárselas y dejarlas encima de su laptop. Se froto los ojos por el cansancio y tras un momento de hacer dicha acción, soltó un sonoro suspiro.
-Jamás me desharé de mis ojeras a este paso.- Susurro por lo bajo al sentir las mismas con las yemas de su dedos. Y era verdad, así como las cicatrices que le adornaban su cuerpo, aquellas bolsas bajo los ojos se las había ganado al no dormir lo suficiente; en parte por las pesadillas, en parte por su propia decisión.
Pesadamente caminó hacia su habitación, si no estaba mal, su hermana ya debería de estar dormida; o al menos, leyendo uno de esos libros que no le deja ni tocar. Sus tíos, deberían de estar ya en cama o si no, uno estaría en su laboratorio mientras que el otro se encontraría viendo la televisión hasta que esta le arrullase para quedar enredado en el sueño que le esperaba. Y por ultimo, aquel amante de las computadoras; que en ese momento era tan alto como el mayor de sus tíos, ya debería de haberse ido a dormir. Él era el único que tenia un horario fijo y no se desvelaba.
Subió sin prisa las escaleras del lugar, apreciando a la par la arquitectura del lugar. A pesar de haberse construido hacia mucho y por nuevos colonos; tenia una pinta que se refería bastante a las tribus indias. Algo que para su gusto personal, le gustaba bastante. No sabia por que, pero no le molestaba la decoración de esa mansión. Aunque su tiempo para contemplar el lugar había terminado, llego por fin al pasillo que daba a su habitación y la de su hermana.
Habitación de la cual salía la luz de la bombilla por una apertura. Eso, y un ruido de cuchicheo entre su gemela y alguien mas. Siendo lo ultimo lo que no encajo para el muchacho, ya que apenas habían tenido una velada con sus amigas, el tener dos seguidas se le hacia fuera de lo común. Por lo que, con cautela, se acerco lentamente hasta la puerta, tratando de ver aun desde en medio del pasillo con quien platicaba su gemela.
-¡Ya veras!- Se escucho gritar en el interior del cuarto. Y él, sin saber de donde ni por que, recibió un golpe con una almohada en su rostro y de la nada.
-Vaya, regresaste.- La chica Pines se asomo por el marco de la puerta, mostrando así su pijama: un blusón morado. Y detrás de ella, una muchacha de cabellos rubios que se tapaba la boca con sorpresa por haber sido su mano la que ataco al joven por accidente.
-Dipper, perdón. La almohada iba para Mabs.- Se disculpo la muchacha mientras se acercaba a ver si se encontraba bien. La chica vestía un short de licra rosa fuerte y demasiado pegado a sus muslos. Una blusa blanca de tirantes y su cabello ahora no era sujeto por nada.
-N-No. Descuida Paz. Entiendo.- Decía él con ligera vergüenza por ver la poca ropa de la chica enfrente suyo. Pero, queriendo evitar que eso se notara, tomo la almohada en sus manos y la lanzo hacia su gemela. Acertando de lleno en su rostro.- Listo, ahora ya recibió el almohadazo.- Se jacto con burla al ver como los cabellos de su hermana se alborotaron por el golpe.
-Muy gracioso, Dipper.- Le recrimino con enojo mientras intentaba devolverle el golpe, pero este fue esquivado a tiempo.
-Fallaste.- Señalo con burla.- ¿Están teniendo otra pijamada?- Pregunto esperando ver a las demás chicas; pero solo pudo ver a cierto cerdo caminado hasta llegar a un lugar en el donde acomodarse para descansar.
-No. Los padres de Paz salieron de nuevo, así que le pregunte si quería pasar la noche aquí. Y dijo que si.- Informó con normalidad la joven muchacha, mostrando a la par una sonrisa plateada por su aparato dental.
-Bueno, cabe mencionar que acepte después de que me insistieras por diez minutos.- Señalo la joven Northwest mientras se cruzaba de brazos y le veía con ánimos.
-Jejeje… Seeee… Detalles.- Desviando ese detalle, se giro nuevamente a su hermano.- ¿Y? ¿Por qué apenas regresas a tu cuarto?- Cuestiono como si de un regaño se tratase.
-Me distraje un momento en el bosque.- Con simpleza, desviaba la interrogante de manera hábil.
-Hummm…- La chica, al recibir tal respuesta, solo inflo las mejillas en señal de puchero mientras ponía una mirada recriminatoria.
-Bueno, en fin. Me voy a preparar para dormir.- Informaba de sus planes mientras se encaminaba a su habitación. Pero, claro, al escuchar que su hermana y su amiga hacían lo mismo, no pudo evitar volteara a ver a la joven rubia con su conjunto para pasar la noche.
Al hacerlo, sus mejillas ardieron con moderada intensidad hasta después de que hubo cerrado la puerta, incluso, aun después de cambiarse por su atuendo para dormir; quedándose solo en sus pantalones de algodón grises a cuadros. La imagen de aquella muchacha rondaba fuertemente su cabeza, no se la podía sacar de sus pensamientos. Le gustaba mucho tenerla ahí. Pero, debía de hacer algo con respecto a eso; sacudió la cabeza con fuerza, queriendo negar las imágenes que poco a poco le abrumaban y traicionaban con vehemencia.
Camino hasta su armario, de donde saco aquel estuche de cuero negro para después llevarlo hasta su escritorio. Se fue a su balcón con silla en mano, y sin mas, la dejo a poca distancia de los rosales que adornaban el barandal y que eran bañados por la luz azulada de la luna a menguante convexa.
Admiro el firmamento por un momento, para después, simplemente caminar hasta su escritorio. Observo su estuche por un momento, para después caer en cuenta de su propia distracción; con lo que consiguió golpear su frente de manera sonora en señal de reprimenda propia. En su pantalón solo tenia su cartera y celular. Había guardado las llaves en su mochila ya que le lastimaban al correr por el bosque.
-Mira que a veces soy…- Refunfuño mientras caminaba con decisión hacia la puerta. Y al abrirla, pudo apreciar como Mabel y Pacifica salían de su cuarto.- ¿Y ahora a donde van?- Cuestiono al ver que llevaban consigo unas bolsas de frituras. Pero de igual manera, apreciando que su gemela poco a poco adornaba su rostro con una sonrisa amplia.
-A la sala a ver películas. ¿Te nos unes?- Cuestionó con animo. Queriendo convertir esa noche en una mas alegre; y ante tal, el joven Pines volteo la mirada al interior de su habitación. Debatiendo mentalmente en el que hacer, pero, al final cedió.
-Si, ¿por que no?- Esa costumbre poco a poco se le pegaba de cierta leñadora.
-Bien.- La chica estaba a poco de pedirle que se pusiera una camisa, pero recordó a cierta muchacha que le acompañaba, así que prefirió dejar las cosas como estaban.
Por lo que, sin mas. El trio de jóvenes se encaminaron con cautela hasta la sala de estar; Dipper se encargo de sintonizar un canal por donde pasaran películas hasta esas horas de la noche, mientras Mabel y Pacifica buscaban la forma de abrir las frituras con cuidado y calma para que no se generara un ruido audible fuera de la habitación.
-Bien. Encontré un canal.- Comento Dipper para después, dejarse caer en la alfombra y recargar su espalda en el cómodo sillón.
-Si, nosotras ya pudimos con esta cosa.- Pacifica, como si fuera la primera vez que hacia eso, se encontraba risueña. Y él lo noto, noto su sonrisa amplia, noto sus ojos azules brillar con intensidad, noto su cabello ligeramente alborotado danzando con cada movimiento de cabeza que daba.
Las chicas se recostaron en el sillón, quedando cerca de la cabeza de Dipper; al mismo que le pusieron de frente suyo la bolsa abierta por la mitad y en la mesa, para que de esa manera los tres pudieran tomar frituras sin molestias. Mabel se quedo del lado cercano a la puerta, dejaba sus pies arriba del descansabrazos, y usaba una almohada para recargar su cabeza. Pacifica por su parte, se encontraba recostada de lado recargando su cabeza en su mano izquierda.
Mantenía su mirada en la poca espalda que podía mirar del joven enfrente suyo; solo podía ver un poco de esta, pero aun así apreciaba ligeramente ese "tatuaje" que tenia. Aquel que tenia que portar para toda su vida, siendo siempre un recordatorio de que estuvieron viviendo el mismo fin del mundo y que fue gracias a que él dijera lo que sentía el que todos se salvaran del fatídico final.
Un ruido le saco de sus pensamientos, en la pantalla y a bajo volumen; se sintonizaba una película de ciencia ficción que no era tan vieja como parecía en si gracias al bajo presupuesto. Volteo la mirada en el muchacho en el suelo, este sonreía mientras degustaba las frituras frente suyo; y por acto reflejo, ella también sonrió. Se estiro para tomar unas pocas botanas: y con ellas en mano, se dispuso a comer mientras se divertía con la película.
Las horas pasaron, poco a poco las risas y conversaciones iban disminuyendo. Mas que nada, por que la mas activa de dichas acciones se estaba quedando cada vez mas dormida, claro que dicho detalle, no era notado por su gemelo y por su amiga. Quienes gozaban del silencio entre ellos y que el único sonido fuera el que salía de la pantalla. La media noche se dejo bastante atrás, y cuando menos se lo esperaron, la película termino casi hasta las tres de la madrugada, dejando así solo infomerciales de productos que en su vida comprarían. Por lo que, ante la aparición de los mismos, el muchacho de cabellos castaños se estiro con la intención de reactivar sus músculos.
Se puso de pie el chico Pines y miro a su alrededor, notando que la joven Northwest hacia lo mismo que él; pero a la vez, que su hermana ya estaba incluso roncando de tan profundo sueño. Un hilo se saliva salía de su boca, adornando la mejilla derecha con gracia para los que seguían despiertos. Muchachos quienes, al ver como se encontraba la castaña, intercambiaron una mirada burlona.
-Bueno, ¿podrías recoger un poco aquí?- pedía Dipper mientras caminaba a la puerta- Yo iré a mi estudio por algo que se me olvido y cuando regrese cargare a Mabel hasta el cuarto.- Informo y con cuidado, salió al pasillo encaminándose a su lugar de trabajo.
Pacifica por su parte solo soltó un ligero respingo al ver que aquel muchacho el había dejado con un poco de trabajo; claro que, eso no le importaba. Se había divertido al pasar de esa manera la noche con ese par de gemelos. Por lo que, con una amplia sonrisa en su rostro, recogió la envoltura de las frituras para tirarla en un bote de basura cercano. Después, apago la televisión de forma manual al no encontrar el control remoto, y al hacerlo, se quedo en la oscuridad absoluta, esperando estática hasta que su visión se adaptara, cosa que sucedió poco antes de que el chico Pines entrara por la puerta con sigilo.
-Bueno. Hora de irnos, Mabs.- Decía en un susurro mientras cargaba a su hermana con cuidado de no jalarle el cabello. Y esta, al sentir que estaba en los brazos de alguien, se acomodo como si fuera nuevamente una niña pequeña.
-Se ve tierna de esa forma.- Comento la rubia por lo bajo al ver a su amiga siendo cargada en los brazos de su gemelo.
-Es lo bueno de cuando duerme.- Se burlo el mismo chico con el tono de voz parecido al de su acompañante. No quería despertarla a altas horas de la noche; ya que de hacerlo, empezaría a hablar disparates hasta quedarse nuevamente inconsciente.
Salieron de la sala con cuidado y cautela, esperando que sus pasos ni sus voces resonaran en el amplio lugar. Poco a poco subían las escaleras, procurando que los movimientos no despertaran a la joven durmiente. Se mantenían en silencio después de pasar por el descanso, él solo se enfocaba en ver a su hermana y el por donde caminaba, ella, solamente le miraba con ternura, le parecía adorable como Dipper trataba tan bien a su hermana a pesar de las muchas cosas que pudieron haber pasado.
Empezó a recordar a los chicos y como eran cuando los conoció, en como no podía soportar a aquella chica alegre y radiante de apariencia demasiado infantil; en como su gemelo lo ponía como un cero a la izquierda, pero después de que este descubriera el secreto de su familia lo vio como una verdadera amenaza. Después, fue salvada por ambos cuando unos liliputienses la querían liquidar, fue rescatada directamente en esa ocasión por la castaña, pero, cuando sucedió el problema del fantasma leñador; fue el castaño quien la salvo, del peligro, y de aquel fatídico destino que ella misma se encontraba creándose.
El Raromagedon llego poco tiempo posterior a esos sucesos. Y una vez mas, ese par de gemelos castaños querían hacer lo correcto; salvar a todos. Sin importarles los peligros, solo querían proteger a la gente de ese pueblo. Incluyéndola a ella y a su familia que en un principio les habían aborrecido con fuerza. Y lo lograron, ambos ayudaron a terminar con aquel mal. Consiguiéndolo cuando provocaron que personas que jamás congeniarían, se uniera en un zodiaco que podía servir para frenar todo. Un zodiaco que veía en la fuerte espalda de aquel muchacho castaño que caminaba enfrente suyo.
Aquel que no dudo en gritarle a sus tíos con ira por que no pudieran dejar una pelea para después, aquel que no dudo en derramar sus lagrimas mostrando su tristeza. Aquel, que en ese momento tenia su corazón cautivo por todas las cosas que acababa de recordar y por muchas mas que aun no recapitulaba; pero ya no podía darse el lujo de hacerlo, habían llegado al pasillo donde estaban sus cuartos. Y ella se adelanto para abrir la puerta del cuarto de la chica Pines; chica que podía considerar su mejor amiga.
Al ver la puerta abierta, él solamente dedico una sonrisa que para la chica le parecía encantadora, no importaba que se encontrara sin camisa, en pijama y cargando a su hermana: así le parecía esa muestra de afecto; y cuando este paso a su lado, no pudo evitar ver de cerca aquellas marcas que decoraban su cuerpo. Cicatrices, varias, demasiadas. Y las que parecían mas resientes eran aquellas tres que recorrían desde su pectoral izquierdo hasta la parte inferior derecha de su abdomen. Tres marcas que parecían que fueron hechas con brusquedad y odio.
Pero un ruido la regreso al mundo real, volteo con rapidez quien había provocado dicho ruido; y al hacerlo, aprecio como la chica Pines se negaba a ser dejaba en la cama. Se encontraba abrazando el cuello de su hermano como si fuera una cría y este, solo ponía una sonrisa torpe al no saber que hacer. Por lo que, decidió intervenir.
-Shhhh… Vamos, Mabs. A dormir.- Le susurraba al oído mientras tomaba sus manos para que zafara el agarre a su gemelo. Quien le veía con ternura; jamás espero que la chica que en un inicio consideraba "La peor" fuera ahora una muy buena amiga de su hermana, y claro, ni mucho menos espero que sus labios se vieran tan tiernos aun en la oscuridad.- ¿Dipper? ¿Todo bien?- Escucho en un susurro aquellas preguntas, sacándolo de su ensimismamiento al instante.
-¿A-Ah? E-Eh, si, claro.- Fue lo único que se le ocurrió articular. Para después, caminar con sigilo hasta la salida. Y estaba por cerrar la puerta tras él, pero no lo hizo, ya que sintió a alguien a sus espaldas. Pacifica le seguía y le miraba con intensidad; una que casi dotaba sus ojos azules con luz propia. Solo se miraron un segundo, solo eso basto, salieron ambos al pasillo para dejar sola a la chica Pines y sus sueños.- ¿Sucede algo?- Pregunto aunque ya sabia la razón por la que estaban los dos ahí.
-¿No quedamos que las mejores conversaciones se tienen a las tres de la mañana?- Cuestiono con burla, para después, simplemente perderse en los grises ojos del muchacho frente a ella.
-Si, quedamos en eso. Vamos a mi cuarto.- Le indico a la par que le tendía la mano para que la tomara; acción que la tomó por sorpresa, ya que no esperaba dicho ofrecimiento, pero claro, no lo negó.
Se tomaron de la mano, y de forma tranquila se adentraron al cuarto del muchacho; el cual, seguía igual que cuando lo había dejado hacia rato. Por alguna razón, a ambos los ataco el insomnio sin previo aviso. Por lo que, al igual que la vez pasada, se verían atrapados por Morfeo cuando su platica se tornara cada vez mas profunda; y claro, no les importaba cuanto tomara eso.
-¿Estabas por hacer algo?- Pregunto suspicaz al ver que la silla de su escritorio estaba en el balcón junto a los rosales.
-Si, pero se me olvido algo fundamental.- Señalo aun sin soltar su mano, haciendo que ambos caminaran hacia aquel estuche rectangular forrado de cuero negro.
-¿Esto es…?- No sabia que era, pero había visto dicho objeto el día que llego Dipper y Ford paso sus cosas a la cajuela. Y él, como única respuesta, solo saco de su pantalón de pijama; sus llaves.
Le enseño una por una a la joven hasta llegar a la que necesitaba. Una pequeña llave dorada y de estética antigua. Con la cual, abrió aquel contenedor; mostrando una guitarra cuidadosamente descansada en un confortable acolchonado forrado de terciopelo rojo.
-Los únicos que me han oído tocar son mis tíos.- Informo con ligero sonrojo.- Por que no saben tocar la puerta.- ante ese comentario, la muchacha no pudo contener una pequeña risa.- P-Pero… Me gustaría que me dijeras que te parece e-el como t-toco…- Se le dificultaba decir eso, mas que nada, por la vergüenza que sentiría al saber que seria escuchado.
-Me encantaría.- Palabras naturales nacieron de sus verdaderos deseos. En verdad quería escucharle a él tocar la guitarra. Y si incluso se podía, también escucharle cantar; solo para ella. Para nadie mas, no para un grupo de personas, no para todo el pueblo. Que le cantara solamente a ella y con los sentimientos a flor de piel.
-B-Bien.- Hablo por fin el muchacho Pines, y sin deshacer el agarre a la muchacha, tomo con su mano libre aquel instrumento acústico. Caminaron con lentitud hasta el balcón. Donde por fin se soltaron; Dipper le miro por un momento a los ojos, pensando en que podía cantarle; decidiendo que seria mejor entonar una canción que había escuchado en México. Ella, hacia lo mismo, pero pensando en donde seria mejor que se quedara para poderle escuchar. Por lo que, sin mas, solo se recargo con cuidado en el barandal, quedando resguardada por las rosas. Él, por su parte, se sentó en la silla, un segundo le basto para acomodarse correctamente en está y sin mayor dilación. Solo soltó un sonoro resoplido, con el cual, esperaba generarse mas valor. Tomó aire, y comenzó.-
Tengo cosas por decir
que no he dicho jamás
pero ya lo decidí
hace tiempo atrás.
Después del tiempo que paso
y lo que sucedió
juro no dejarte atrás
jamás…
Los acordes eran tocados con delicadeza, pero ninguno de los dos le prestaban atención a ese detalle. Simplemente se perdían en la presencia del otro. Pacifica, le miraba hacia abajo, sus ojos grises reflejaban la luz azulada de la luna en el firmamento. Su pecho, cubierto por las cicatrices dejaba relucir los mejores músculos de este gracias a su pose para tocar y claro, esa voz, una voz acorde a su personalidad. Suave cuando lo requiere, y firme como ninguna otra. Y en ese preciso instante, nadie mas la escucharía entonar esas letras. Solo ella. Y sin duda, disfrutaría hasta el ultimo momento de esa canción; canción, que por alguna razón, le gustaba demasiado.
Nada me puede hacer pensar
que nunca volverás
se que aquí siempre estarás
es tu lugar.
Y no eh pensado en vivir
si no estas aquí
no me quedan mas motivos
para seguir.
Forma una necesidad
en mi
de escuchar tu voz
y tu sentir.
Esa necesidad ya la tenia. Por alguna razón, nunca se cansaría de estar a su lado, de escucharla reír; de verla feliz. Le miraba directamente, apreciaba como su cabello dorado era mecido por el suave viento de verano. Su silueta se encontraba marcada por un resplandor plateado. Le provocaba verle hermosa, y mas aun si era acompañada por las rosas que yacían en su espalda y que se asomaban ligeramente sobre sus hombros.
Juro no decir adiós
no me iré sin ti
siempre juntos los dos
hasta que llegue el fin.
La canción termino, ambos se veían con fuerza. No querían dejar pasar ese momento; y de manera sincronizada, Dipper solo dejo su guitarra a un lado mientras ella simplemente extendía los brazos hacia ese muchacho. Un abrazo, con eso querían comenzar todo. Se abrazaron a la luz de la luna y entre unos rosales. Después, voltearon a verse directamente a esos ojos que les provocaba perderse en un mundo desconocido; las manos del chico estaban en la cintura de la joven: y las manos de ella estaban por encima de los hombros de él.
Se miraban con intensidad, sabían que querían y no lo dejarían para después. Simplemente se movieron un poco, solo unos centímetros bastaron para que sus labios se encontraran con ternura, dejaban que sus sentimientos fueran los que guiaran el momento. No sabían por que, pero lo deseaban tanto, o al menos eso pensaba el chico Pines: ya que la joven Northwest sabía perfectamente por que lo deseaba, deseaba aquella unión por que le quería. Por que sin que se diera cuenta de las cosas, él le enamoro cuando le salvo de ella misma; y continuo haciéndolo por mucho tiempo, con cada acto heroico o de solidaridad. Con cada gesto de amabilidad y con cada momento divertido a su lado. Se enamoraba cada vez mas. Y ya no quería guardárselo. Se separaron por la falta de aire, y un ligero sonrojo en sus mejillas indicaba que ambos se sentían extasiados por la emoción de besarse. Le miro, decidida, y después de tomar aire, hablo.
-Dipper.- le llamo de repente sacándole de su ensimismamiento- La verdad, quería decirte algo. Me gustas. Y-Y tengo muy presente que también le gustas a Candy y a Wendy. P-Pero, quiero ayudarte a que descubras que es lo que en verdad sientes. Y juro, que haré con lo que sea que tenga a mi disposición; que eso que descubras, sea hacia mi.- Se declaro, con fuerza y decisión. Le miraba atentamente a su rostro, esperando una reacción, que indicara cualquier cosa: pero lo único que recibió fue una sonrisa. Una tierna.
-Lo se. Y juro que pondré de mi parte, para que no todo recaiga en ti. Quiero descubrir aquella sensación que no pudo nombrar. Pero, será a su tiempo.- Finalizo con amenidad, era lo que pensaba como correcto; y debía de hacerlo con determinación.
Y ella, al recibir esas palabras solo fue capaz de poner una sonrisa amplia. Ahora las tres se habían declarado, y él sabia que debía de tomar una decisión tarde o temprano: por lo que se esforzaría para que fuera temprano. No quería hacerles daño a ninguna de las tres chicas. Y ahora que ella se le declaro también, debía de tratarla igual que a las demás. Se aparto con lentitud, mientras aun mantenía una amplia sonrisa.
-Bueno, ya deberían de ser las tres de la mañana. ¿Hablamos?- Pregunto burlesco. Y ella, le devolvió una sonrisa risueña.
-Si, hablemos. Me toca iniciar conversación.- Camino con cuidado hasta la cama del joven castaño. Donde se dejo caer sin cuidado; golpeándose el codo con alguna cosa desconocida para ella, y al voltear a ver que era aquello. Aprecio claramente un lingote de oro solido.- ¿Duermes con oro? Y pensar que me decías vanidosa.- Se mofo mientras examinaba la pieza del precioso metal.
-Lo conservo por que me da risa la cara que le dibujo, Mabel.- Se defendió a la par que hacia lo mismo que su acompañante y se dejaba caer en la cama. Pero, él con la diferencia de que al menos miro en donde se estaba por recostar.
-Si, claro… ¿Sabes? Eso me recuerda a cuando aun teníamos la mansión los Northwest…- Empezó la narración. Ahora quería que hablaran de sus pasados. De aquella forma de vida antes de que cierto verano se hiciera presente en sus vidas.
Y lo hicieron. Primero fue Pacifica, quien relataba lo acontecido en su infancia. Los viajes a lugares extravagantes, los lujos que se permitían, el como era mimada con cada cosa que ella pedía. Pero a la vez, que no sabia que era malo, solo; ignoraba que fuera así, puesto que no le permitían salir a jugar con niños de su edad y de posición económica menor. Solo le permitían estar con aquellos que sus padres consideraban buenos ejemplos; infantes que poco a poco le transmitían aquella actitud arrogante y prepotente. Y ella, al ser lo único con lo que tenia contacto, creía que era la forma correcta de actuar: cosa que cambio, con su llegada.
La historia de Dipper era casi un polo opuesto. Él no se distanciaba por que se lo pedían sus padres; si no, que lo hacia para defenderse de las burlas por aquella marca de nacimiento que siempre le ha identificado. Hablo de cómo era la escuela, de cómo en un principio y en el kínder; tanto Mabel como él, eran ligeramente molestados, pero, con el pasar del tiempo. Su hermana desarrollo aquella personalidad magnética que hacia que todos siempre voltearan a verla. Mientras que, por su parte, su personalidad reservada se agravaba cada vez mas, no se juntaba con muchos chicos por el temor de que descubrieran su marca y se burlaran de él. Al final, no pudo evitar contar aquel recuerdo de día de San Valentín. En donde al no recibir ninguna carta algunos niños empezaron a burlarse de él, cosa que agravo cuando al querer salir del salón se tropezó con un cesto de basura. Y al final, hablaba de cómo su hermana le había sacado de su abismo de soledad al darle una tarjeta hecha por las mismas que ella recibió.
-Es una linda historia de hermanos.- Señalo con somnolencia.
-Si, por eso se que Mabel siempre estará rodeada de gente que le quiere.- Argumento él con el mismo estado, pero con un ligero tono de orgullo.- Aunque, también cabe mencionar que yo me incluyo en ese circulo. Le quiero demasiado para separarme de ella. Aunque, con el tiempo habrá que hacerlo, pero, será diferente.- Agrego seguro de lo que decía.
-¿Cómo sabes? Aun después de tanto tiempo, siguen pareciendo demasiado unidos.- Pacifica se veía preocupada por ese hecho.
-Lo se, por que cuando llegue ese momento, nuestro lazo será tan fuerte: que soportara la distancia y el tiempo. Por lo que seguiremos siendo unidos.- Determinado, esa era su reacción. Estaba seguro de lo que decía; por que confiaba en que así fueran las cosas.
-Espero que las cosas sean así.- Deseo la muchacha, mientras poco a poco se acomodaba en su lugar. De alguna manera u otra, poco a poco ambos jóvenes se fueron moviendo en la cama, terminando cada uno en un lado de esta con sus cabezas en las almohadas.- Por cierto- le llamo de repente- ¿cuál es esa marca?- cuestiono con intriga, pero con claro deseo a dormir. Y Dipper, al recibir dicha pregunta, solo le sonrió amenamente; alzo la mano derecha a su rostro, y sin dudar, levanto todo el cabello que le cubría la frente.- Big Dipper.- Hablo con sorpresa al ver tan particular conjunto de estrellas marcadas en esa parte de su rostro.- Vaya, bueno, al menos se de donde viene tu apodo.- Burlesca, decía eso mientras poco a poco se dejaba caer en los brazos de Morfeo. Aunque, antes de que eso sucediera y después de que soltara un bostezo, miro al muchacho que yacía recostado a un lado suyo.- Buenas noches, Dipper.- Con burla menciono su apodo, pero a la vez, con cariño.
-Buenas noches, Elise.- Deseo con su mente casi dentro del sueño. Y claro, con un tono dulce en su voz. Poco a poco ambos se quedaban inconscientes; y lo único que miraban al estar por dormir, era al otro. La joven no resistió mas el cansancio, por lo que se rindió de inmediato, él por su parte, sabia que había dejado la puerta de vidrio del balcón abierta por lo que les daría frio en poco rato. Así que, con lo poco que le quedaba de conciencia, logro cubrir con la manta de su cama a ambos, y con aquello hecho, por fin se dejo de resistir a esa necesidad de dormir.
El sueño les golpeo poco antes de las cinco de la mañana, era en serio tarde. Pero, lo disfrutaron. No dirían que no. Poco a poco la madrugada avanzaba y se convertía en mañana. Por curioso que pareciese, tanto Fiddleford y Stanford se levantaron al mismo tiempo. Poco antes de las siete, uno por que quería ayudar a entrenar a su sobrino; y mas aun, ese día mas ya que no lo podían hacer en unos días, y el otro porque había quedado en ver a su hijo a pocas horas antes del medio día. Stan, por su parte, ya estaba vestido para darle su ultimo entrenamiento de la semana a su sobrino, iba con el mismo conjunto de siempre; pero en ese momento se encontraba mucho mas alegre, tenia los guantes de boxeo en sus manos, y caminaba a paso seguro hacia la habitación del mas joven de los Pines. Y para cuando se encontraba al frente de la misma, no dudo en entrar como lo había hecho siempre. Sin permiso.
-¡Vamos muchacho! ¡A entrenar!- Grito con ánimos al adentrarse al cuarto mientras mantenía la mirada en ese balcón donde siempre lo encontraba tocando su guitarra. Pero, solo se encontraba el instrumento recargado en la pared.
-Arg… ¿Qué cosa?- La voz del joven se hizo presente en otra zona del cuarto, por lo que el mayor se giro para verlo. Este, recién se despertaba, y con pesadez se incorporaba sentándose en su lugar de descanso, pero no era eso lo que le sorprendía ni la razón por la que no decía nada. Si no, otra cosa, o mejor dicho, alguien mas.- ¿Stan? ¿Qué sucede?- Pregunto al verle con un rostro que reflejaba sorpresa.
-P-Perdón.- Se disculpo de la nada y salió del cuarto. Dejando a su sobrino con confusión e incógnitas por aquella disculpa repentina. Por lo que, queriendo ver que era aquello que consterno tanto al anciano, se inspecciono de pies a cabeza. Deteniendo la mirada en su torso; lugar de donde le abrazada cierta rubia que yacía con una sonrisa de felicidad a su lado.
La mente del joven procesaba por partes, primero; pensaba en ¿el por que Stan había salió tan repentinamente de su cuarto y disculpándose? Después, pensó en que durmieron juntos Pacifica y él. Y al final, salió el resultado de conectar esas dos cosas. Provocando un rubor potente en sus mejillas y el despojo absoluto de modorra que aun le quedaba. No podía gritarle al anciano que no era lo que creía, ya que de nada serviría, ni tampoco se podía mover bruscamente ya que despertaría a la chica que aun le abrazaba. Por lo que, al final dedujo que, no podía hacer nada mas que hacer las cosas con calma.
Mientras que, afuera de la habitación, Stan se encontraba de pie a la par que mantenía la mirada en el vacío; se encontraba en shock. Y su mente senil no le ayudaba a procesar con velocidad aquello que había visto en la habitación del joven. Mas que nada, por que no era algo para lo que estuviera preparado.
-Stanley. ¿Qué sucede? Debemos de entrenar a Dipper.- Ford apareció de repente. Tanto, que su hermano no reacciono a tiempo para detenerle de abrir la puerta.- Dipper, levanta…te…- Ford había entrado, y aprecio una escena que jamás hubiera creído.
-¿Ya es de día?- Preguntaba una somnolienta chica Northwest mientras intensificaba el abrazo que le daba al muchacho Pines por la cintura; atrayéndolo de esa manera hacia ella. Aun no entraba en conciencia perfectamente, por lo que el joven vio una oportunidad para salvar la situación.
-Si, pero aun es temprano. Duerme un poco mas.- Esas palabras las decía con toda la calma que jamás tendría. Ya que esperaba que ella no abriera los ojos y que mucho menos, volteara a la puerta. Donde aun se encontraba el mayor de la familia con una expresión de sorpresa. Pareciera que nada lo sacaría de ese estado, pero, Dipper; quien aun buscaba como salir de aquel abrazo, le hacia señas para que saliera de la habitación. Y él, al no saber que mas hacer. Simplemente le hizo caso. Quedando de esa manera, ambos gemelos, en el pasillo y mirando de forma fija a la puerta de la habitación.
-M-Me pudiste haber dicho…- Comento de la nada.
-N-No me diste tiempo… A-Aun lo estaba procesando.- Respondió su hermano con una expresión neutra. Ninguno hacia nada, solo se quedaron de pie frente al cuarto. Tratando de conectar las cosas; pero, eso termino por no ser necesario: ya que la puerta se abrió sin previo aviso. Dipper la había abierto, y después de mirar confundido a los mayores, salió al pasillo junto con ellos.
-¿Se puede saber que hacen?- Pregunto indignado, no sabia el por que aun se encontraban ahí.
-No sabemos.- Fue Ford quien contesto, haciendo que el muchacho solo pusiera una expresión confundida.
-Miren, lo que sea que creen que paso. No paso. Solo, pasamos la noche platicando.- Informo con vergüenza. Pero ante tal información, ambos ancianos intercambiaron una mirada de cuestionamiento, detalle que fue capaz de captar su sobrino.- E-En serio. Solo hicimos eso.- Insistía en su versión de la historia.
-Hijo, ¿esperas que creamos que pasaron la noche solamente platicando? Los encontramos a ambos, en la cama, bien tapados y abrazados.- Señalo Stan, ya podía articular palabras con coherencia; por lo que aquella deducción sonaba acertada.
-P-Pero es lo que paso.- la situación comenzaba a fastidiarle- Miren, vayan al gimnasio. En un momento bajare, ahí les explicare las cosas. ¿Si?- Cuestionaba con la intención de que aquel par desistiera de seguir esperando en el pasillo.
-De acuerdo.- Como si fueran maquinas, ambos mayores asintieron a lo dicho mientras se encaminaban a su destino de forma extraña provocando que el joven Pines les mirara consternado y confundido.
-¿Tu le crees?- Pregunto de repente Stan a la par que bajaba las escaleras.
-Bueno, hace poco le dimos la platica. Así que dudo que lo haya hecho; por lo que, le creeré.- Compartiendo su punto de vista, Ford hablaba a la par que mantenía la mirada en el vacío.
-Tienes razón. Hace poco hablamos con él. No creo que hayan hecho algo.- Se trataba de convencer el antiguo señor misterio mientras hacia lo mismo que su gemelo.
Por su parte, Dipper, que aun se encontraba en el pasillo; miraba confundido al camino que habían tomado el par de ancianos, suspiro con pesadez, y decidió darse prisa con lo que tenia en mente. Se regreso a su habitación, y aun con cautela, camino hasta su armario; de donde saco las prendas necesarias para entrenar esa mañana. Y estaba por ir hacia su guitarra para poder guardarla, pero un ruido le llamo la atención. La chica con la que paso la noche poco a poco cobraba conciencia.
-¿Vas a entrenar tan temprano?- Cuestiono aun con el sueño encima.
-Si, tiene que ser una rutina.- Informo con calidez a la par que se sentaba en la orilla de la cama y le veía con ternura.
-¿Por qué no te quedas a dormir un poco mas? No se a que hora nos dormimos anoche, debes de estar aun cansado.- Preocupada por su descanso, tomo la mano del muchacho.
-Debo entrenar. Ya dormiré después, descuida. Aunque, si quieres dormir mas, deberías de ir al cuarto de Mabel. Ya que si despierta y no te ve, pensara algo errado.- Comento con serenidad, esperando que la muchacha captara a que se refería.
-No.- se negó al instante- Me gusta tu cama. Además, ¿qué puede pensar?- Pregunto mientras se acurrucaba mas en su lugar.
-En las mañanas no oyes lo que dices. ¿Verdad?- Se burlo sonoramente, para después, caminar a su escritorio y realizar la acción que quería llevar a cabo antes de ponerse a platicar. Por su parte, la joven de cabellos rubios proceso por un momento aquello que había pronunciado con burla. Y cayendo en cuenta de las cosas y la situación en la que se encontraba; abrió los ojos como platos.
-Bien. Ya entendí a que te refieres. Iré al cuarto de Mabel.- Informo con ligero bochorno, ya que fue ella quien había sugerido esa situación.
-Jejeje… Bien. Trata de dormir un poco mas, en serio no pudimos descansar mucho.- Señalo él confiado en que aquella chica hiciera lo que le pedía.
-Si, y tu… No te sobre esfuerces. ¿Si?- Pidió con inocencia ya enfrente a la puerta. Al otro extremo de la habitación; y con toda esta separándola del joven. Quien le sonrió confiado en las cosas.
-Esta bien.- Fue lo único que dijo antes de que voltearse a su estuche de guitarra y cerrarlo con dicho instrumento dentro. Y esa acción le basto a ella, salió del cuarto con cautela; procurando que nadie estuviera cerca, para así, después de corroborarlo. Cruzo el pasillo hacia la habitación de enfrente, en donde con solo atravesar la puerta, corrió hacia su bolsa de dormir; con la intención de fingir que paso ahí toda la noche.
"La noche" pensó para sus adentros; haciendo que de esa manera las imágenes mas representativas de esta se hicieron presente en su mente. El como él le canto, en como se abrazaron, en aquel beso, en aquella platica profunda de un pasado que ambos les sabia mal. Poco a poco empezaba a sentirse cansada, cayendo nuevamente en un sueño profundo.
Dipper por su parte; ya se había alistado como era debido. E incluso ya estaba desde hacia rato en el gimnasio. El convencer a sus tíos que lo que vieron era solamente un malentendido fue mas sencillo; quizá por que solo debía de darles tiempo de asimilar lo que vieron.
Por lo que, lo demás a partir de ese punto fue sencillo. Las horas pasaron. Tanto Mabel como Pacifica se habían levantado, alistado y bajado a desayunar al comedor; donde se encontraron con el joven castaño comiendo con tranquilidad con los mayores. Eran cerca de las diez de la mañana. Las jóvenes quedaron en ir a la residencia Northwest a hacer las tareas que seguro habían encargado a la menor de dicha familia. Stan y Ford querían adelantar unas cuantas cosas que dejaban pendientes antes de que llegara la tarde, mas preciso; las seis de la misa que era cuando debían de irse. Por su parte, McGucket había quedado de ir con su hijo, por lo que sin mas, debía de salir de la mansión ya. Dejando así como el único que no tenia nada que hacer a Dipper.
El cual, al verse en esa situación, decidió propicio ir a su habitación a descansar. Dormir un rato seria suficiente para que recobrara fuerzas. Por lo que no dudo en dejarse caer en su cama. Aspirando con fuerza aquel perfume que quedo impregnado en ella, y ese perfume le ayudo a quedar profundamente dormido. Consiguiendo despertarse poco antes de las cinco de la tarde.
Se estiro con fuerza. Había descansado perfectamente; por lo que decidió acompañar esa relajación con un merecido baño que aun no se daba incluso cuando esa mañana había entrenado demasiado; sus tíos quizá no se excedieron tanto como veces pasadas, pero si quisieron que mostrara todo su potencial en reprimenda por hacer cosas tan a la ligera y sin pensar bien las consecuencias.
Pero negó con la cabeza divertido, se adentro a su cuarto de baño, y después de que el potente chorro de agua golpeara su cuerpo, empezó a divagar. Estaban pasando muchas cosas, y por alguna razón pensaba que estas solo podían incrementar a medida que pasaran los días. Aunque eso, claro, no le molestaba; hasta le gustaba la idea de que fuera así. La emoción de descubrir nuevas cosas y de afrontar situaciones varias; y la mas próxima era la que llevaría a cabo ese atardecer a las afueras del pueblo.
Y ese pensamiento le recordaba que debía de ponerse en marcha de una vez. Se aseo de manera rápida e insistente. Sentía la sensación de sus músculos; estos se encontraban descansados, listos para pelear con lo que sea que el mundo le mandara. Por lo que, motivado, salió del cuarto de baño. Se vistió como Gideon le había pedido, formal.
Una camisa de vestir blanca con las mangas levantadas hasta los codos, un chaleco rojo de piel, un pantalón de vestir de color negro que hacia juego con un cinturón simple. Y para finalizar, sus zapatos negros. Esperaba que no se viera en la necesidad de hacer Parkour, ya que de ser así, ese calzado le traicionaría. Pero decidiendo dejar de pensar en eso, solamente salió de su habitación para dirigirse a su estudio.
El llegar hasta el fue mas silencioso que de costumbre, no había nadie en los pasillos de la mansión. Cosa que le extrañaba ya que al menos deberían de estar los que trabajan ahí para mantenerla limpia. Aunque, ante esa extrañeza, solo se encogió de hombros en señal de no querer pensar mas en ese asunto.
-A lo mejor los mandaron por algo al pueblo.- Se dijo a si mismo en señal de querer posar su mente en otra cosa.
Llego sin contratiempo a su destino, y sin mas, se dirigió a su escritorio. Tomando de aun lado de este su mochila café. Revisando por ultima vez si tenia todo lo necesario en ella, no quería olvidar nada que fuera necesario como la otra vez. Aunque, solo le hacia falta una cosa, sus lentes. Los cuales aun seguían donde los dejo: encima de su portátil. Por lo que simplemente se los puso; quizá le serian de ayuda mas adelante y prefería evitar la tarea de buscarlos dentro de su morral si la situación se ponía tensa.
Y ya con todo encima suyo, procedió a acomodarse su equipaje como era debido. No dejaría cabos sueltos. Así que debía de estar preparado para cualquier cosa, algo que se le daba bien; o al menos eso consideraba. Los minutos pasaron, ahora daba vueltas por el cuarto con su diario numero cinco flotando en la palma de su mano derecha a la par que la izquierda escribía en este algunos conjuros que consideraba prometedores. Siendo uno de esos, aquel que encontró en aquel bote pesquero en compañía de su tío Stan: un hechizo de honda de choque. Algo que podría venirle bien si se viera acorralado.
Pero antes de que terminara de transcribir el mismo a su diario, un pitido sonoro se escuchaba a través de su reloj nuevo. Recordándole que ya era hora de que se despidiera de sus tíos. Desactivo la alarma, y sin dejar de escribir, camino lentamente a las puertas de la mansión. De donde escuchaba unas voces, varias a decir verdad, y todas le eran familiares.
En la estancia se encontraban los mayores Pines, acompañados de McGucket, de Mabel y sus amigas; así como de igual manera del actual señor misterio y su novia. Todos le deseaban buen viaje al par de ancianos. Y uno que otro, les pedían recuerdos de donde sea que fueren. Pero, se detuvieron de seguir hablando cuando notaron la presencia de cierto muchacho. Uno que, en ese momento se encontraba anotando un ultimo detalle.
-¿Vas a dejar de escribir para despedirte al menos?- Pregunto con molestia una voz que le había acompañado desde que nació. Alzo ligeramente la mirada, viendo como su hermana le dedicaba una pose de reprimenda.
-Solo… un… momento…- pedía a la par que acaba con su escrito- Listo.- Informó, para de esa manera y como si de nada nuevo se tratase, hizo flotar su diario a un lado de él. Como si le acompañara.- Se van con cuidado. Nos mandan mensaje cuando lleguen al hotel.- Les pedía a los mayores a la par que caminaba con serenidad, dándole a entender a su gemela que ignoraba su mal humor.
-Jeje… Si. ¿Sabes que hacer, no?- Preguntaba el mayor mientras veía a su sobrino nieto de frente.
-Si, yo me encargo de que Mabel no se meta en problemas.- Se burlo. Haciendo que la misma le volteara a ver con furia.- Es broma Mabs.- Intentando bajar ese humor, movía las manos en señal de que no se lo tomara tan personal.
-Bueno, en ese caso. Todo listo. Te los encargamos, Fidd.- Pedía Stan al anciano amante de las computadoras; quien solamente asintió con la cabeza. Acto que basto para ambos, y sin mas, salieron de la mansión. El coche de Stan se encontraba estacionado a pocos pasos; se subieron y después de despedirse con la mano, arrancaron. Todos les siguieron la mirada a ese potente auto de antaño que poco a poco se perdía a su vista y mas aun al bajar por la colina.
Dipper miro al cielo, faltaba aun un poco para el atardecer, pero quería llegar temprano. Y después de que se despidieran de Soos y Melody; quienes cerraron la cabaña temprano para despedirse del aquel par, decidió caminar con cuidado y cautela a la salida.
-¿A donde vas?- Pregunto su gemela detrás de él.
-A saldar mi deuda con Gideon.- Contesto sin voltearse a verle.
-¿Qué es lo que quiere?- Esa era otra voz, una mas oriental. Una que le provoco voltear a ver de quien se trataba. Y así, aprecio como su hermana se encontraba acompañada por Wendy, Pacifica, Candy y Grenda. Soltó un largo suspiro, tenia que decir la verdad.
-No lo se. Pero me quiere a mi con todo y diarios.- Informó a la par que volvía a caminar a la salida.
-¿A que hora regresas?- Esa pregunta le causo mas gracia que enojo. Por lo que, después de detenerse en seco, volteo por ultima vez.
-No lo se. Pero… se que voy a pelear.- Informo a aquella chica que le pregunto eso, Mabel, con pose y mirada autoritaria se mostraba insistente.- Te mandare mensaje después. ¿Si?- Pregunto burlesco e irónico. No iba a esperar respuesta.
Estaba ahora a pocos pasos de la puerta, por lo que sin dudarlo; alzo la mano derecha. Miro su reloj por un instante y acto seguido, presiono una sola vez la pantalla del mismo. Accionando el comando para las puertas como se esperaba. No iba a voltear, pero de haberlo hecho, hubiera visto los rostros de sorpresa de todas las jóvenes.
Jóvenes que solo le veían irse. Cada una con un pensamiento distinto.
-Marius se llevara bien con él.- Pensaba la joven Grenda, sintiéndose a gusto con el hecho de que su novio pudiera tener algo de diversión con jóvenes de su edad.
-No te sobre esfuerces.- Deseaba cierta pelinegra dentro de su mente. La idea de que aquel muchacho llegara con nuevas heridas le horrorizaba.
-Ten cuidado.- Pedía la chica Corduroy, aun debatiendo mentalmente en si ir a escondidas para ayudarle si algo se salía de control. Pero sabia que no era correcto, debía de dejarlo hacer esas cosas solo. Ya era demasiado grade y sin duda, mas fuerte que ella.
-Da lo mejor de ti.- Pacifica solo miraba a las puertas principales ya cerradas. La noche que paso platicando con él le había bastado para saber que no tenia que preocuparse: por lo que, solo se dedicaría a pedir por que su fuerza fuera suficiente.
-Por favor. Con cuidado, los dos.- Pedía Mabel. Sabia que Gideon había tenido problemas con aquellos vándalos de los que le había contado, por lo que deducía que para eso pedía la ayuda del muchacho. Pero, por mas que quisiera tranquilizarse pensando en que el joven albino era ahora alguien que podía pelear y aparte un hechicero iniciado; o que su hermano era prácticamente un Ninja gracias a su Parkour que además se agravaba con sus conocimientos de magia y pelea, no. No podía evitar preocuparse por ambos. Ya que era alguien que siempre dejaba que sus emociones se mostraran a flor de piel. Y aunque eso era bueno en su mayoría de las veces, también le generaba bastante preocupación.
