ESTADO: NUEVO


Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Suzanne Collins. Esta historia forma parte del Intercambio "Debajo del árbol" del foro El diente de león. Regalo para Elenear28.


CAPÍTULO 28: BEBÉ

POV KATNISS


Aquí estoy ahora. En mi compartimento frente a una caja pequeña y alargada decidiendo si me haré la prueba casera de embarazo o no. Conseguí dejar a Peeta solo con una excusa. El debe saber que quería irme de su lado por unos minutos, pero no dijo nada al respecto. Solamente me dio un beso y me dejó marchar pidiéndome que me cuidara. No he podido decirle sobre mis sospechas y no fue porque así expondría mi situación y todos se enterarían que yo sabía lo que me ocultaron durante todo este tiempo. Más bien fue por temor y el no querer agregarle más preocupaciones a Peeta. Pero ahora que llegó el momento clave, siento que lo necesito. No puedo hacer esto sola. Llevo mi mano a mi vientre.

-¿Qué haré si tú estás dentro mío, bebé? Llegaste en un mal momento, pero no es tu culpa, es la nuestra. Al menos tu papi está vivo y yo… lo acompañaré como debió ser desde siempre. Y seremos una familia… lamento que vayas a tener dos padres tan rotos. Supongo que ya no puedo postergar más esto ¿no, bebé? No va a cambiar el hecho de que existas o no.

Leo las instrucciones entre lágrimas. No quiero tener un hijo ahora, pero también sé que abortar es asesinato, y que no importa cuántas personas haya matado desde el año pasado, no puedo acabar con la vida de un hijo mío y de Peeta. No soy un monstruo. No tengo derecho a decidir sobre la vida que fue otorgada. Además tengo la esperanza de que Peeta y nos ayudemos a sanar mutuamente en todos los sentidos.

Utilizo mi primer orina del día –mi madre me pidió que la guardara en un recipiente el día que decidiera hacerme la prueba –. La coloco en un recipiente más pequeño, le quito la tapa al test y apoyo la zona absorbente en el líquido como me indican las imágenes ilustrativas.

En el momento casi me arrepiento y pienso que fue mala idea. ¿Dónde quedó la chica que no quería enamorarse, casarse, ni tener hijos por miedo a perder todo la que amaba? Y ahora no sólo estoy casada con el hombre que amo, sino también posiblemente esté esperando un hijo de ese matrimonio. Busco la perla que mi esposo me regaló en la arena, tal vez él no pueda estar físicamente conmigo en este preciso instante, pero si espiritualmente a través de la perla. Empiezo acariciar mis labios con esa suave, redonda y brillante superficie.

"Te amo sin importar nada más, no te dejaré sola en esto."

"Yo siempre estaré para ti, cuando me necesites, aún cuando no me puedas ver. Porque tú, Kat, eres mi vida entera. Te amaré eternamente. Eres mi tormento, pero también mi felicidad. Cada momento que me permites estar a tu lado, cada vez que te veo sonreír todo cobra sentido y se llena de luz. Nunca dudes de mi amor. Te seguiré a donde vayas y velaré por ti cada segundo de mi existencia."

Recordar sus palabras me hace sonreír. No estoy sola. Jamás lo estaré. Él me ayudará a cuidar de nuestro bebé, aunque primero deba curar sus heridas, se pondrá feliz por tener un hijo conmigo y lo amará como me dicen todos, porque así es él.

Espero los minutos correspondientes, en cinco minutos lo sabré, aunque falta el análisis de sangre donde mi madre determinara que no haya ningún problema más

El aparato electrónico hace un pitido suave indicando que el resultado está listo.

"-Quédate conmigo.

-Siempre."

-Siempre, Peeta. –Murmuro mientras cierro los ojos y agarro el test. Tal como en la primer arena cuento tres antes de abrir los ojos y mirar el resultado.

Veo la pantalla sin ninguna expectativa y por suerte no he deseado no estar embarazada porque mi decepción sería mayor al ver que el test digital dice claramente:

EMBARAZADA

OCHO SEMANAS

Peeta y yo vamos a ser padres en medio de una guerra. Me tapo el rostro con mis manos tras guardar la perla en el sobrecito y después en mi bolsillo. Lloró, mientras una parte de mí está agradecida de no haber hecho participe a Peeta. No quiero que sepa lo poco que quería que este bebé existiera, eso le rompería el corazón aún más de lo que está. La Katniss antigua murió por completo. Ahora soy todo aquello que en algún momento desprecié: una chica enamorada, que se convirtió en esposa y madre con tan sólo diecisiete años.

Cuando Prim y mi madre llegan del trabajo horas después yo me hago la dormida, a pesar de haber estado llorando todo el día aquí dentro en mi cama. No quiero hablar con nadie.

-¿Hija? –Pregunta mi madre. No respondo, ni me muevo.

-Está dormida. –Responde Prim.

-Eso parece. Pero ha estado llorando, mírale el rostro.

-¿Se habrá hecho el test de embarazo? No creo que sea por Peeta, él estaba preocupado por ella porque se fue de su habitación en la mañana y no volvió. Tenía miedo de que hubiera pasado algo, o Coin la enviara a algún lado nuevamente. Cada vez que alguien entra a verlo pregunta por ella.

Peeta.

Peeta va a ser padre y no sabe nada aún y yo aquí llorando en mi propio mundo porque nunca quise esto; mientras él está pensando en mí, intranquilo porque cree que me pasó algo malo por el modo extraño en el que me comporté. Pero ¿Cómo podría ir a ver a mi esposo en este estado. Escucho pasos acercándose y alguien que me cubre hasta el cuello, la mano de mi madre borrando rastros de lágrimas que caen por mi mejilla y mi cuello.

-Mira su mano, mamá.

-Ya lo veo. –Mi madre me quita el test de debajo de mi mano y todo se vuelve silencio hasta ella suspira y habla. –Se enteró que está embarazada de dos meses.

-Lo que ella no quería. –Responde Prim.

-Nadie desea tener hijos a los diecisiete años, Prim. Mucho menos Katniss. Pero cuando se acepta logras ser feliz con eso, a algunas personas les toma un minuto, a otras una semana y a otras meses. Tal vez ahora tu hermana no lo acepte, pero cuando Peeta esté bien y la acompañe, ya se le irá ese miedo o cederá un poco. Peeta era como el padre de ustedes de cierta forma, creo que por eso Katniss acabó enamorándose de él. Peeta es la única persona que logra calmarla y por la que no se debe preocupar de proteger exclusivamente, porque el también la cuida a ella de la misma forma y se siente segura a su lado. No subestimes el amor que se tienen. Ella terminará queriendo al bebé aún más de lo que te quiere a ti.

-Eso espero. ¿Qué haremos? ¿Le diremos que lo sabemos?

-Creo que deberíamos darle su tiempo. Cuando ella quiera hablar sobre el tema lo hará. Ya conoces a tu hermana. Y después la apoyaremos. Dejan el test bajo mi mano nuevamente y se alejan o eso creo hasta que escucho a mi madre hablarme

-Sé que cometí errores en el pasado con ustedes, no las cuidé como debí hacerlo y tú sacaste adelante a la familia adelante. Y si pudiste con eso, podrás con este bebé que Peeta y tú tendrán. Te prometo que todo será diferente, estaré para lo que ustedes necesiten y te acompañaré siempre. Espero que puedas perdonarme algún día por hacerte crecer tan pronto y no permitirte vivir tu niñez como debías.

Hace mucho que no me hablaba de esta forma. Siento ganas de llorar nuevamente y temo que descubra de mi aparente sueño es una farsa, por lo que me contengo de hablar e incluso mover los parpados o los labios. Me gustaría decirle que la quiero y que no la culpo de nada porque ahora con lo que sucedió con Peeta la entiendo y si él muriera de verdad, yo me suicidaría. En cambio ella, fue lo suficientemente fuerte para no dejarse vencer de todo y seguir viviendo a pesar de la muerte del único hombre que amó.

No sale ni una palabra de mi boca y mi madre se aleja tras plantar un beso en mi coronilla. Cuando todas luces se apagan sé que se fueron a la otra habitación y me dejaron sola. Prim duerme siempre en la cama libre al lado de la mía y mi madre en la otra habitación. Esta noche Prim decidió dejarme sola y tranquila. Hasta se llevó a Buttercup que estuvo todo el tiempo pegado a mis piernas sobre la cama cuidándome.

Sin embargo, no es eso lo que me quita el sueño ahora ¿Cómo le diré a Peeta que estoy esperando un hijo suyo? ¿Cómo reaccionará? ¿Será una preocupación extra para él en las circunstancias actuales? ¿Debo esperar para decírselo? Necesito hablar con Finnick y Haymitch mañana mismo.



No he podido dormir ni un minuto durante la noche. Por la mañana no tengo tiempo para pedirle a mi familia que busquen a las dos personas en la que mas confío. De hecho cuando "despierto", y salgo de la habitación ellas ya no están.

Me quedo en el comedor, tirada en el sofá sin ánimos de hacer nada más que amargarme por mi situación, llorar y de vez en cuando acariciar a Buttercup y alimentarlo. Hasta que tocan la puerta y voy a abrir. Buttercup me sigue. Apenas ve a Finnick, pasea por sus piernas, pidiéndole que lo alce y él lo hace. Entrando al compartimento junto con Haymitch.

-¿Mal día, Preciosa?

No lo dice en tono burlón, sino paternal y preocupado. Se acerca y me abraza.

-Estábamos preocupados porque desde ayer no fuiste a visitar a Peeta y ni a comer desde el desayuno. –Comenta Finnick.

-Por cierto, el chico no ha dejado de preguntar por ti. Está volviéndose loco porque tú no estás con él y teme que te haya pasado algo. –Dice Haymitch llevándome al sillón y obligándome a sentarme Ellos se sientan a mis costados.

-Algo escuché mientras mi madre y Prim creían que estaba dormida. ¿Es para tanto?

-Lo es. Él te necesita. Está aquí y tú eres lo único que le queda y eres su esposa. Además sigue tan afectado que cree que te puede perder en cualquier momento, que Snow puede lastimarte, o Coin puede enviarte a batalla como lo vio en las propos. Y tú no ayudaste, Preciosa, cuando te despediste de él alterada. Debes entender que la mente de Peeta ahora es muy frágil. Fue torturado por semanas y Snow lo amenazaba constantemente con matarte si no obedecía o intentaba escapar. Él tardará en recuperarse al igual que los demás.

-Lo hemos ido a ver varias veces. –Continua Finnick. –Incluso los médicos. Cada una o dos horas estaba preguntando por ti al que entrara. Lo sedaron en la noche porque estaba alterado y no despertó hasta esta mañana. No había forma de que se durmiera sin medicación. Y yo lo fui a ver y me encontré con Haymitch cuidándolo mientras él dormía. Murmuraba tu nombre en sueños y cuando despertó y no te encontró pareció decepcionado. Le aseguramos que seguías en el Distrito Trece y que posiblemente estabas en tu compartimento descansando y se relajó un poco. Pero quiere verte. No sé qué te pasó, Kat. Es muy extraño que desentiendas de él un día y medio completo.

-Lo sé. –Digo sintiéndome culpable por causarle dolor. –Lo lamento. No pensé que mi ausencia afectaría tanto a Peeta. Es que aún no puedo digerirlo.

-¿Qué no puedes digerir? –Pregunta mi mentor.

-Me hice el test justo después de despedirme de Peeta.

-Supongo que hablas del test de embarazo.

Asiento.

-¿Y qué dio, Kat? –Pregunta Finnick, aunque ya debe imaginar la respuesta.

-Estoy embarazada. Ocho semanas.

Todo se sume en un silencio absoluto. Me alegra que no me feliciten, porque eso me haría sentir peor.

-Falta que esté listo el resultado del análisis de sangre y orina, pero no va a decir nada diferente. Peeta y yo seremos padres.

-Entonces supongo que nuestros hijos van a nacer con poco tiempo de diferencia, Katniss. –Comenta Finnick entre preocupado y feliz.

-¿Qué dices? –Casi grito.

-Antes de la cosecha, Annie y yo no nos cuidamos y actualmente cursa un embarazo de diez semanas. Los doctores dicen que es un milagro que el feto haya sobrevivido a tanta tortura y pobre alimentación durante un prologado tiempo. Annie no lo sabía tampoco. Nos enteramos ayer.

-Felicidades. –Digo abrazándolo. –Sé que es inesperado, pero tú me dijiste que siempre quisiste formar una familia con Annie. ¿Ella como se lo tomó?

-Gracias. –Me dedica una sonrisa de lado típica de él. –Annie no se lo tomó muy bien. Quiero decir, está aterrada. Tiene miedo de perderlo como a nuestro primer hijo. Además los médicos nos dijeron que es un embarazo de riesgo por todo lo que ella vivió en el Capitolio. Que el feto es muy débil y puede perder el embarazo si no se cuida, medica y trata. Tiene que hacer reposo absoluto hasta que el peligro pase.

-Lo lamento, Finnick. –Digo apenada al entender que no está feliz por una razon más que justificable.

-Está bien, son cosas que pasan. Los doctores intentaran un procedimiento dentro de unas horas para salvarlo porque ella tuvo un ligero sangrado… y corre peligro. No sabemos cómo saldrá. Por ahora mantienen sedada casi todo el tiempo a Annie y cuando está despierta no tiene fuerzas para moverse. Los doctores no me dejan estar con ella todo el tiempo, le está haciendo muchos estudios.

-El bebé salió fuerte como su padre. –Dice Haymitch. –Y los médicos tienen métodos muy eficaces para salvar vidas.

-Eso espero. No soportaríamos otra perdida más. –Después me observa y cambia de tema. -¿Cuándo se lo dirás a Peeta?

-No sé…

-Tienes que decírselo pronto. Yo no le oculté la noticia del bebé a Annie, le dije la verdad, es la madre, lo lleva en su vientre. Tiene derecho a saberlo. En tu caso, quieras o no, el bebé de ustedes dos ya existe. Sé que es difícil para ti, y por eso mismo debes saber que es mejor enfrentar estas situaciones como pareja.

Y no puedo decir nada para contradecirlo porque tiene razon y sus brazos son los únicos que me consuelan y hacen sentir a salvo.

-¿Pero cómo se lo digo? No puedo hacerlo mientras nos vigilan.

Mis dos aliados se miran, como ideando planes en sus cabezas individualmente.

-Podríamos llevarlo a un compartimento, a cualquiera. –Propone Finnick.

-Pero debemos engañar a los doctores. –Agrega Haymitch. -¿Qué tal un paseo?

-Ningún vencedor rescatado tiene permitido salir del hospital todavía. –Dice Finnick.

-Pero lo llevaríamos en silla de ruedas aludiendo que está tan alterado que necesita relajarse.

-Podríamos intentarlo. –Murmura Finnick. –Yo duermo solo, no comparto el lugar con nadie. Y tú estás con Beetee, es imposible. No los buscaran en mi compartimento y podrán hablar con tranquilidad.

-Entonces, chico… Llévate a Katniss contigo. Mientras tanto yo veré que puedo hacer. Si tengo suerte en un rato estará Peeta con ustedes. Me encargaré de llevarlo personalmente. Vamos a resolver esto ahora.

Haymitch se levanta y besa mi coronilla.

-Todo saldrá bien, Preciosa. Peeta te apoyará y nosotros también.

Después sale por la puerta y nos deja solos.

-¿No estás molesta?

-Diría que te fueras por ropa nueva, Kat. No te cambias desde ayer.

Miro a Finnick y asiento. Voy a mi habitación. Busco otra muda de ropa interior y el uniforme, mientras pienso como le diré a Peeta que seremos padres, e imagino mil reacciones distintas. Pero Finnick me apura y me insiste en que salga rápido. Seguro sabe que estaré cuestionándome mil cosas y que si pienso mucho o estoy sola puedo arrepentirme y echarme atrás.


Me coloco un suéter gris de Peeta y sigo a Finnick unos pisos más abajo hasta su compartimento.

Finnick vive más cerca del hospital. El abre la puerta y me dice que entre y me ponga cómoda, nos sentamos unas sillas alrededor de una mesa cuadrada y esperamos. Ninguno dos habla mucho, cada uno lidia sus propios demonios y preocupaciones. Solo me sirve y agua y yo bebo desesperada, mientras mi estomago ruge.

-Iré por comida para ti y el bebé. Tal vez podré pedirle algo a Sae, debido a que te conoce tanto. ¿No te importa que te deje sola?

Niego con la cabeza.

-En una esquina a tu izquierda está el baño por si te sientes mal. La puerta que se encuentra a la derecha da a la habitación solamente. No hay nada más. No es tan grande como el compartimento que le otorgaron a tu familia.

-¿Por qué no tienes compañero?

-Yo pedí estar solo, hasta que rescataran a Annie. Después cuando ella se recupere, nos cambiaran a una matrimonial. Deberían pedir lo mismo, Katniss. Tú y Peeta. Con un bebé en camino y casados aunque sea simbólicamente son una familia completa. Bien ¿quieres algo en especial para comer?

-Algo que no me provoque ganas de vomitar. –Digo con sinceridad y provoca carcajadas en mi amigo, porque no hay nada que no me avive las nauseas y lo sabe.

-Eso está difícil, veré que puedo conseguirte. Se supone que está prohibido sacar cualquier alimento del comedor sin haberlo consumido, pero correré el riesgo.

Poco después desaparece y no estoy segura cuanto demorará en volver.

Media hora después la puerta se abre y digo:

-¿Eres tú, Finnick?

-Me hiere que me confundas con otra persona, Kitten. ¿Aunque me pregunto qué haces aquí? ¿Y porque te desapareciste tanto tiempo? Me estaba volviendo loco pensando que te pasó algo malo.

Levanto la mirada. Mis ojos se fijan en su rostro y sus ojos azul cielo, tan preciosos como apacibles y encantadores.

Es Peeta. Se levanta de la silla de ruedas que sostiene mi mentor desde atrás y se acerca a mí, antes de que pueda responder me lanzo a sus brazos y pecho y empiezo a llorar.

-Te necesito, Peeta. –Murmuro. –A mi lado, aquí y ahora.

Peeta se sorprende ante mis palabras, pero rápidamente reacciona y me abraza.

-No te dejaré. –Promete y con mi rostro escondido en su pecho, me permito sonreír.

No me dejará. Y yo tampoco, lo dejaré a él.

Siempre estaremos juntos.

Ahora nos une algo más fuerte que amor.

Nos une un hijo.