Recordatorio: Actualizo cada dos semanas más o menos. Podéis ver comentarios de los avances en la descripción de la historia, donde pone "Tablero de anuncios" con su fecha.


¡Hola a todo el mundo!

Gente, me temo que ya quedan poquitos capítulos. Esto está terminando pero quiero que sepáis que me lo he pasado muy bien escribiendo esta historia para vosotros. Pase lo que pase a partir de ahora, espero que al final os deje un buen sabor de boca a pesar de todo.

Por cierto, preparad los pañuelos de papel porque se acerca una tormenta. Y ésta biene muuuuy cargada (por eso me ha costado tanto escribir el capítulo, ¡leñe!) Llevo meses queriendo llegar a esta parte. Sé que muchos querréis matarme y otros empezaréis a gritar "¡¿POR QUÉ?!", pero no me arrepiento de nada, ¿me oís? ¡De na-da!. *Esther huyó a tierras lejanas hasta el próximo capítulo*


Respuesta a comentarios:

1- Alguien me preguntó quién era Don Bruto (¿va en serio). Bueno, por si hay dudas, Don Bruto es Mr. Big en la versión española. Por cierto, gracias por mencionar el apellido de Finnick! Aunque lo he buscado nuevamente, sí mencionan que es un "fennec fox" pero sigo sin verlo como apellido. No obstante, lo cambiaré en cuanto pueda porque me parece más apropiado que Lister.

2- Sin duda, algunos tenéis muy claro lo que queréis que pase, y más de una opción es absolutamente épica… Sé que lo dije una vez (o más, quizás…) pero a veces tengo miedo de decepcionaros. Para mí, esta historia lleva un hilo bastante personal y aunque no quiero daros expectativas sobre lo que va a suceder porque más de uno no estará sencillamente de acuerdo, no obligo a nadie a que lo esté. De todas formas, os pondré un ejemplo de por qué necesito terminar las historias bien. Si recordáis aquella famosa serie "Cómo conocí a vuestra madre", hubo gente se quedó satisfecha con el final, pero la mayoría sintieron como si los hubieran apuñalado por la espalda. Yo, personalmente, habría preferido terminarla con el penúltimo capítulo. A veces, querer hacer finales apoteósicos o especiales pueden cargarse una historia (en mi humilde opinión, pero ya no lo digo por la serie, que al final los que deciden son sus creadores). Si escribes algo que es gracioso y se vuelve dramático, si lo terminas bien acostumbras a dejar una sensación satisfactoria, porque el público necesita la tranquilidad de comprobar que la justicia existe en ese mundo que creaste para él. Si en vez de eso terminas tu relato con un final horrible a lo Hamlet o en donde los personajes reciben un destino forzosamente dramático, la sensación agridulce termina en pena, en resentimiento y, a la larga, en asco. Eso es lo que he comprobado desde mi punto de vista y es también la razón por la que todas las películas de Disney terminan bien. No tiene nada que ver con el tipo de público, adulto o infantil, sino con ese vicio que tenemos por los finales felices. Y si yo decidiera romper con ello sólo por ser "novedosa" y alejarme de los clichés, no me lo perdonaría. Yo misma necesito esos finales felices. Bastante maldad hay en el mundo como para contribuir con ella. (Siento este dramón psicológico, necesitaba decirlo).

3- Y ya sin más, os dejo con el capítulo. ;) ¡A leer!


Banda sonora:

Música para todo el capítulo (en serio, en este capítulo son obligatorias) :

- Lullaby (Love & Loss) - Mattia Cupelli

- Afire love (In the style of Ed Sheran) [Instrumental version] - The karaoke studio


Capítulo 37: Te quiero

El pelirrojo entró en la habitación muy lentamente, con la cola casi entre las piernas y boqueando como si le faltara el aire. Jamás habría creído posible ver a su amigo en semejante estado y no sabía ni qué decir.

No importaban las palabras; ninguna de ellas podría expresar el desgarro en su corazón ni reparar el daño que ya estaba hecho. Se sentía como si lo hubiera traicionado. Aunque no hubiera sido su intención, había metido a su mejor amigo en una peligrosa experiencia, quizás tan cercana a la muerte que ninguna excusa sería válida saliendo de su boca. Sin embargo, el silencio era mucho peor.

Con valor, tragó saliva y avanzó hasta él para sentarse en la silla que había al lado de la cama antes de que sus propias rodillas lo traicionaran.

Tras un breve silencio, por fin pudo pronunciar la pregunta.

—¿Qué… t-te han... hecho...? —La lengua se le había quedado tan seca que le costaba moverla.

El pequeño cerró un instante el único ojo que no llevaba vendado y suspiró con dificultad.

—Eran tres. —Respondió con voz débil. —Me acorralaron… —Su rostro se tensó ante un pequeño dolor y giró la cabeza para alcanzar la pajita del vaso de agua posado en la mesita. Nick se apresuró a ayudarlo y le dejó beber con cuidado, sosteniéndoselo mientras el pobre aspiraba el líquido en pequeños sorbos, tomándose su tiempo para tragar. —Gracias. —Finnick regresó a su posición con un suspiro e intentó retomar su relato. —Ni siquiera… pude… conseguir... información… s-sobre… —tosió una vez —el co-nejo. —Y volvió a toser varias veces más.

Nick le acercó de nuevo el vaso pero el otro lo rechazó, echando la cabeza hacia atrás y respirando con toda la calma posible. Necesitaba descansar, pero no se habría quedado tranquilo sin transmitirle a su compañero lo sucedido; y éste lo sabía, por eso se mantuvo callado y a la expectativa, respetando sus esfuerzos por continuar.

—No sé… quién es ese… tipo —logró murmurar entre jadeos —, pero… te… aseguro... que... —la tos lo atacó de nuevo mientras el pelirrojo luchaba por mantenerse erguido —no puedes… contra… él. —Finnick cerró nuevamente su ojo, respirando profundamente con una mueca de sufrimiento en los labios. Estaba agotado. —Esos tipos… me dieron… un men… saje… para ti.

Nuestro zorro ya no podía aguantarlo más. Fuera cual fuera no quería oírlo. Sabía que guardaría relación con Glenn y tenía miedo. Mucho miedo. Toda su confianza se había derrumbado y ya no le quedaban opciones para enfrentarlo. ¿Qué más podía hacer? Ese mensaje sería probablemente el punto final a todos sus intentos por salvar su futuro. No quería asimilarlo. Le dolía demasiado saber que, en efecto, no podía hacer nada más. ¿Qué le quedaba? ¿La resignación? No… no así; no ahora que Judy y él comenzaban a ser conscientes de lo que sentían...

—No te preocupes. —Colocó su pata sobre el brazo de Finnick. —Tienes que descansar. Hablaremos cuando te encuentres mej…

—¡No! —El pequeño fennec se tensó y tragó saliva con mucho esfuerzo, gimiendo de dolor. —Nick… tienes que parar… —le suplicó, aguantando el fuerte dolor en el pecho. —Deja… de buscar. —Su voz se volvió mucho más ronca. —Si no… te matarán.

Nick abrió unos ojos como platos aunque, de alguna forma, se lo esperaba. Ese era el cénit al sufrimiento. Glenn le había dado varias advertencias pero ésta era la última. Ya no se limitaría a quitarle todo cuanto tenía; había subido de nivel… Iría directamente a por él. Y si sucedía… si de verdad llegaba a eliminarlo… ¿qué haría Judy? ¿Se lanzaría a buscar al culpable? ¿Acabaría herida también? ¿Sería ese tipo capaz… de hacerle daño hasta ese punto si no podía poseerla? ¿Tan obsesionado estaba con ella… o había algo más?

Desinflado, dejó caer la espalda en el respaldo de la silla y cerró la boca con una clara visión de aquello en lo que se había convertido su vida. Todo ese esfuerzo, todo lo que había hecho para protegerlos a él y a Judy… no había servido para nada. Aunque estuviera dispuesto a echarlo todo por la borda y a contarle la verdad… no quería hacerle daño a nadie más. Aunque su propia vida fuera la que menos importara en ese momento, mirando a Finnick supo que ya había tenido bastante.

Era justo como al principio, cuando su vida no era más que un amasijo de esperanzas y desilusiones, cuando mirara donde mirara no había nadie que quisiera o pudiera ayudarlo; nadie que estuviera dispuesto a confiar en él; por ello se había dado por vencido y se había convertido en un sin techo, un bohemio que vivía a costa de los demás porque ese era el papel que le pertenecía… no el de un héroe… los zorros no podían ser héroes. Daba igual dónde fuera, en Bunny Burrow o en la gran ciudad… siempre sería "el zorro", el que metía en problemas a todo el mundo, aquel al que habían suspendido del trabajo, poniendo al jefe entre la espada y la pared, ganándose la fama que tenía e hiriendo a aquellos que se prestaban a echarle un cable…

Cerró los ojos y dejó caer el rostro en las patas, vencido finalmente por la desesperación. En silencio, dejó que el llanto siguiera su curso sin importarle que Finnick estuviera presente, observándolo con la misma pena y sin añadir nada más.


Unos minutos después, Nick arrastraba ya los pies y la cola por el pasillo del hospital, habiéndose despedido de su amigo y sabiendo que no volvería a verlo en una temporada; al menos hasta que pudiera permitirse mirarlo nuevamente a los ojos sin sentirse una basura.

Lo que sí sabía con certeza era que Finnick no estaba ya en peligro. Aún con todas las heridas y el pésimo estado en el que se encontraba, una vez transmitido el mensaje, su misión había terminado con la promesa de abandonar la investigación.

Sí, se había dado por vencido.

Era lo correcto, ¿no? Un zorro podía ser astuto, podía tener muchos ases en la manga y saber cómo jugar la partida… pero no era un suicida. Nick sabía que había llegado la hora de abandonar porque ya no le quedaba más que una opción. Una sola, y era la de arriesgarse a ir a buscar a Glenn y terminar con su vida, tal y como él lo había amenazado… pero eso era imposible. Nunca más podría acercarse a él. De seguro ya le habrían vetado la entrada hasta en los Burrows, por mucho que Judy se hubiera esforzado en deshacerse de su mala fama. Su vida era ahora peor que la de una cucaracha… sólo que la cucaracha era más afortunada y libre. Podía hasta sobrevivir a desastres nucleares.

Puede que compararse a sí mismo con una cucaracha no fuera lo más amable, pero sí tenían una cosa en común. Ambos eran odiados.

Cuando salió por fin a la calle, se abstuvo de tomar el metro. El aire cálido de primavera le sentaría mejor que el pestilente y vicioso ambiente de los bajos de la metrópoli.

De pronto, su móvil comenzó a vibrar.

Habría podido no contestar, suponiendo quien era, pero al reconocer el número del jefe decidió corresponderlo. Al fin y al cabo, también le debía mucho.

—¿Wilde? —Bogo sonó firme como siempre, pero el vulpino supo apreciar una nota de consternación en ella. Sabía lo que iba a decirle.

—Sí. —Respondió simplemente.

—Soy yo, Bogo. He ido al ayuntamiento esta mañana, tal y como le dije. Lamentablemente… créen que su condición todavía no está clara y que tardarán un poco más de lo previsto en confirmar cierta información.

—Lo entiendo.

—La verdad, esperaba un poco más de justícia en este caso —insistió el búfalo —, pero con esta "burrocracia" no se puede negociar. Seguiré intentándolo. Si consigo algo que pueda probar su inocencia les…

—Jefe. —Nick no pretendió cortarlo tan súbitamente, pero era hora de poner fin también a las preocupaciones de Bogo. No quería arriesgarse a que fuera el siguiente en la lista de víctimas. —No se preocupe. Ya ha hecho suficiente.

—¿Que no me preocupe? Usted forma parte de mi equipo, Wilde, por supuesto que…

—Dimito. —La palabra le salió con naturalidad, tan clara y fría que hasta costaba creer que venía de su boca.

Un incómodo silencio asaltó a Bogo hasta que pudo pronunciar las siguiente pregunta.

—¿Dimite…? ¿Qué quiere decir que dimite…?

—No voy a permitir que esto se agravie más. —Le explicó el zorro. —Lo he pensado mucho, comisario. No quiero que nadie más salga perjudicado. Acabo de salir del hospital…

—¡¿El hospital?! —Se imaginó al pobre policía, levantándose de repente con un golpe seco. —¿Le han hecho…?

—No, yo estoy bien. —Se apresuró a tranquilizarlo. —Pero hay un buen amigo mío... que no ha tenido tanta suerte. —Aunque respondiera con semejante calma, en el fondo se sentía morir por dentro. —Por ello… le pido que abandone la investigación.

Más silencio.

—Wilde… ¿está… está seguro de lo que dice? ¿Sabe lo que…?

—Por favor —nuestro zorro sonrió con amargura —, dígale a la tropa… que es para mejor. No tiene por qué contarles la verdad pero… me gustaría que me recuerden por algo bueno.

—No ha hecho nada malo, Wilde. Lo sabe, ¿verdad?

Su sonrisa se acentuó, pero sus ojos distaban mucho de creer en esas palabras.

Bogo lanzó la pregunta clave.

—¿Y qué quiere que le diga a Hopps? Estoy seguro de que intentará hablar con usted a toda costa cuando se entere.

Sí, sabía que así sería, pero había tomado una decisión.

—Dígale simplemente que soy yo quien se ha ido. No necesitará ninguna explicación más.

El comisario chasqueó la lengua y apretó los labios con cierto resentimiento.

—Se está equivocando, Wilde. Este no es el camino…

—Créame, comisario. —Repitió, dando por finalizada su relación. —Éste… es el único camino. —Sin esperar a que el otro insistiera, se despidió. —Gracias por todo. Adiós.

Bogo mantuvo el auricular del teléfono frente a sus narices, mirándolo como si se tratara de una ecuación matemática de gran nivel. Aunque lograba entender quizás sus razones, le dolía.

"¿No me importa?" Habría podido decir eso… pero ya no tenía ni gracia.


Nick introdujo su tarjeta en la máquina y pasó la barrera del metro para esperar al siguiente mientras se repetía que había hecho lo que tenía que hacer.

Era mejor así. Nadie más saldría herido. Judy quizás acabaría con Glenn… o puede que no, pero esa ya no sería su culpa. Si podía protegerla de ese modo… prefería que así fuera. Habría querido morir antes que dejarla perderlo todo por él. Ya nadie más sufriría a causa de su tozudez y… podría empezar desde cero. Tal vez no con Finnick… ya que sólo pensar en él se le encogía el estómago, pero… lo haría tal y como había empezado: sólo. Siempre lo había estado antes de conocer a su pequeña compañera y había logrado salir adelante. No le quedaba más camino que recorrer.

Al ver llegar el metro, un pequeño pensamiento surgió en su cabeza, pero lo descartó. No; sería demasiado fácil. El conductor no tenía la culpa de su desgracia; ni siquiera los demás pasajeros.

Dejó que la puerta del vagón se abriera y entró para quedarse de pie, dejando que otros ocuparan los asientos libres.

Había muchos animales y todos diferentes.

Sus ojos se posaron inevitablemente en una pequeña e inocente criatura de pelaje beige, con adorables lazos en las orejas, que jugueteaba con su peluche mientras su madre leía tranquilamente una revista a la espera de que anunciaran su parada.

La niña se dio cuenta de que estaba siendo observada y le devolvió el gesto con una tímida sonrisa a la que él correspondió con el mismo gesto.

Qué ternura… esa era la viva imagen de lo que habría querido. Una vida en común… formar una família con Judy… su Judy. Era mucho pedir pero, si volviera a nacer… si tan sólo volviera a encontrarse con ella en otra vida, haría lo posible por no volver a perderla. De verdad lo haría.

El altavoz anunció de pronto su parada y se despidió disimuladamente de la pequeña antes de bajar, sonriendo ante la visión de su diminuta pata agitándose en el aire sin importar lo que otros pudieran pensar.

Inocencia. Una palabra con un precioso significado que, en un mundo como el suyo, había desaparecido hacía mucho.

Suspiró al llegar al portal y volvió a tomar el ascensor. Ya no por las vecinas; le daban igual. Le dolían los músculos, el pecho y la cabeza. Sabía lo que era la depresión, pero jamás habría creído posible que fuera tan dolorosa.

Cuando llegó arriba, abrió la puerta mientras sacaba las llaves de su chaqueta y caminó hacia su puerta… deteniéndose en medio del pasillo.

Sus ojos se toparon con los de Judy, quien había decidido sentarse a esperar en la moqueta. Aunque su jornada no hubiera terminado, estaba seguro de que se habría inventado una excusa para escabullirse.

En cuanto lo vio aparecer se levantó a toda prisa con una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Por fin! —Gritó, acercándose a él. —Ya creía que te habrías mudado sin decirme… —Se detuvo también cuando él dio un paso atrás y se dio cuenta de que algo no iba bien. —¿Nick…?

—¿Qué haces aquí? —Fue una simple pregunta. Se le escapó, pero tenía lógica al fin y al cabo.

—B-bueno… —ella se acarició una oreja caída, algo incómoda de repente, como una niña que crée haber hecho algo malo. —Te he llamado varias veces y no respondías. Bogo nos ha explicado hoy que te habías tomado una excedencia y… me preguntaba por qué. —Le sonrió con los hombros un poco encogidos, con un aire algo tímido que le atacó las entrañas. —Por eso… he venido.

Él le mantuvo la mirada en silencio unos segundos e inspiró aire sin hacerse notar. Avanzó a paso firme e introdujo la llave en la cerradura mientras ella lo observaba en silencio.

—No deberías… escaparte así del curro. —Logró murmurar sin dirigirle la mirada.

Ella dejó escapar una risita avergonzada.

—Sí, bueno… tampoco es como si hubiera mucho que hacer hoy. La comisaría está bastante tranquila. —Nick abrió la puerta y ella continuó hablando. —Aunque la verdad es… que me tenías muy preocupada. Pensaba que te había pasado algo o que te habías metido en algún lío…

Cuando fue a entrar con él, Nick se lo impidió con la pata derecha.

—Márchate.

—¿...Qué? —Judy pestañeó, confusa. —Pero si acabo de…

—Por favor… —Nick hizo acopio de todo su valor para mirarla a los ojos. —vete. —Y volvió a ignorarla, entrando en el apartamento para cerrarle la puerta en las narices, pero ella puso su pata en medio.

—¿Acaso estás enfadado conmigo? ¿He hecho algo que te haya molestado…?

—Vete. —Se limitó a repetir, aguantando la tensión en el pecho.

Judy lo miró un instante, intentando averiguar si la seriedad en rostro ocultaba algo más y se percató, para su sorpresa, que le temblaban los labios.

Con determinación, atrapó el costado de la puerta para forzarla a abrirse pero él se lo impidió.

—¿Qué diablos te pasa, Nick? Si no me lo dices…

—¡Te he dicho que te vayas! —Le espetó él con más fuerza de la que pretendía, empujándola.

Judy resistió.

—¿Por qué no quieres decírmelo? Llevo desde ayer intentando contactar contigo y ni siquiera me has devuelto las llamadas. Bogo no quiere decírmelo tampoco. ¿Qué es lo que ocurre…?

Nick la agarró del hombro y la empujó nuevamente, haciéndola vascular, pero no logró apartarla de la puerta.

—¡Creía que éramos un equipo! —Insistió ella, resistiendo con rabia. —¡Por qué te comportas así! ¡Dime lo que te pasa, por favor…!

—No tengo nada que contarte. Ni siquiera deberías estar aquí. —Su voz temblaba mientras su mente le recordaba una y otra vez lo miserable que era. Judy tenía que irse por su bien. No podía seguir cerca de ella. No podía. —¡Vete ya!

—¡No! —Ella se deshizo de sus garras y le dió un cabezazo en todo el pecho para hacerlo retroceder, haciéndolo caer al suelo dentro de su propio apartamento. Jadeando por el esfuerzo y sin comprender su repentina actitud, entró también. —No lo entiendo. —Musitó. —Hace un par de días estábamos bien... ¿Qué ha pasado? —Se arrodilló frente a él y se abalanzó sobre su cuello.

Nick perdió por un instante la respiración, consciente del roce de sus mejillas y de sus diminutos brazos alrededor de su cuello.

—Llevo días sin estar contigo. —Murmuró Judy con voz triste. —Necesitaba… necesitaba verte de nuevo. Desde el miércoles… he estado pensando en muchas cosas y… tenía que decírtelo. No sé qué es lo que he hecho para que me trates así, pero te juro… —su voz se puso también a temblar —te juro que… lo arreglaré. Sea lo que sea, me encargaré de compensártelo, pero… por favor… no me pidas que me vaya ahora que volvemos a estar juntos… por favor…

Él reprimió un escalofrío y apretó los puños a ambos lados en el suelo, prohibiéndose la tentación de devolverle el abrazo. Esta era la prueba de fuego. No podía tocarla, tenía que ser fuerte y evitar su instinto a toda costa. Aunque el roce de su aterciopelada mejilla lo estuviera volviendo loco, aunque sus cuerpos estuvieran pegados uno al otro, aunque sintiera el contacto de sus cálidas patas en la espalda… no podía… no debía… más todo uso de razón se derrumbó cuando Judy se separó un poco para mirarlo a la cara con los ojos en bañados en lágrimas.

—Sé que he hecho muchas estupideces… pero cuando te fuiste… sentí como si una parte de mi se alejara. Aunque sabía que volvería a verte... no quiero que vuelva a pasar. —Su naricilla se arrugó al respirar ruidosamente. —Yo… te necesito, Nick. Tienes que saber que te… —inspiró profundamente y dejó escapar las dos palabras, tal cuál, sin poder detenerlas —te quiero.

Los ojos del zorro se agrandaron, haciendo estallar su autocontrol.

Como una marioneta, dos manos invisibles le quitaron las cadenas que tanto esfuerzo le había costado armar.

Su cuerpo se movió solo, atrapando el rostro de Judy entre sus patas... y la besó. La besó con desesperación, como si no hubiera un mañana, indagando en su boca con necesidad, con suma locura, dejándose llevar por la calidez de sus sentimientos por primera vez y deseando perder al mundo de vista.

Judy, aunque sorprendida al instante, cerró los ojos para dejarse conducir por aquellos labios mientras sus manos se aferraban a la coronilla de Nick. Sintió sus brazos alrededor de su propio cuerpo, presionado como si quisiera atraerla imposiblemente hacia él, obviando que ya no podían acercarse más de lo que estaban; la caricia en su nuca y el hambre con el que la devoraba, y los electrizantes espasmos en su sistema nervioso.

Estaba sucediendo. Por fin habían logrado alcanzar la cima de aquella montaña rusa en la que se habían convertido sus vidas y deseaba que continuara. Oh sí, lo deseaba con todas sus fuerzas; ya no tenía miedo de admitir su derrota: estaba enamorada de un zorro, de un estúpido y maravilloso pelirrojo que la había hechizado por completo. Sus ojos, su sonrisa, su forma de ser, la suavidad de su cola, el contacto con su piel, la dulzura de sus besos… todo en él la volvían maravillosamente loca y estaba dispuesta a lo que fuera por mantenerlo… más aquellos pensamientos iban camino de ser anulados.

Cuando Nick finalizó el húmedo contacto con su boca, ella quiso besarlo de nuevo, pero la detuvo, abrazándola con fuerza y levantándola del suelo mientras él se ponía en pie.

—¿Nick…?

—Lo siento… —susurró con voz entrecortada, acortando la distancia hacia la puerta y dejándola caer sin darle tiempo a reaccionar.

La puerta se cerró de golpe y Judy se abalanzó sobre ella, golpeándola con los puños.

—¡Nick! ¡Espera! ¿Qué…? ¡¿Qué significa esto?! ¡No puedes…!

—¡No significa nada! —Le oyó decir al otro lado, dejando por fin la madera.

—¿Qué…? —Judy estaba más confusa que antes, pero no desistió. —¡¿Cómo que no signi…?! ¡Acabas de besarme!

—¡Y tú te has dejado! ¡Como la boba coneja que eres!

—¿Boba…? —Por alguna razón, esa palabra acababa de adquirir un nuevo significado para ella.

Nick, apoyando la espalda en la superficie al otro lado de la barrera, apretó los dientes con rabia mientras se preparaba para terminar lo que había empezado. No había vuelta atrás. Tenía que hacerlo.

Dejando que las lágrimas resbalaran por sus peludas mejillas, forzó su voz para sonar lo más clara posible.

—¿Cómo puedes dejarte manipular así? Creía que eras más lista.

—¿Qué estás diciendo…? —Preguntó ella con un hilito de voz. —¿Dejarme manipular…?

—A estas alturas ya deberías haberte dado cuenta. No me interesas hasta ese punto, Judy. —Mintió él. —Que trabajemos juntos no significa que tenga que enrollarme contigo, pero eres tan boba que me has dejado besarte sin ni siquiera preguntarme lo que sentía. Y tienes suerte de que no haya querido aprovecharme de ti. Otro no se habría contentado con eso.

Nuestra policía apoyó la pata en la puerta con una expresión que habría podido derretir al corazón más glacial.

—Nick… —sus labios temblaban. —Tú… esas palabras… no vienen de ti. Tú no eres así…

El zorro apretó las garras con un fuertísimo dolor en el pecho. Por supuesto que no venían de él. Jamás le habría dicho eso y moría por confesarle la verdad, pero se sentía tan atrapado, tan insignificante que no podía. Simplemente no era capaz de saltar al abismo y ponerla nuevamente en peligro.

—¿Y tú qué sabes cómo soy? —Le contestó, desdeñoso.

—Te... conozco. —Insistió ella, con voz entrecortada. —Te conozco y sé… que nunca serías tan cruel como para…

—¿Por qué piensas que me presenté en casa de tus padres aquel día? —Le espetó él, haciendo como si se mofara de ella. —¿Para hacerte un favor? Creía que podrías aportarme algo útil para variar. Unas vacaciones pagadas no están mal, pero toda esta porquería de aparentar ser tan amiguitos me tiene harto. —En realidad no sabía ni lo que decía, porque nada de eso tenía sentido. Lo único que quería era herirla, alejarla, y estaba dispuesto a mentir como un bellaco para conseguirlo, aunque con ello lo odiara eternamente. —Me tuviste haciendo de niñera con tu hermana, participar en todas esas gilipolleces de la competición, tener que ocuparme de ti por tu estúpido entusiasmo a la hora de perseguir a un simple paparazzi; y encima tuve que aguantar a tu maldita familia y todos esos comentarios contra los de mi raza. ¿De verdad crées que me valió la pena? Aguanté porque soy educado, pero cuando me largué fue lo único bueno de toda la semana.

"¡Imbécil!" Se repetía, sabiendo que todo eso no eran más que patrañas. Había adorado completamente todo lo sucedido, desde el momento en que había conocido a su hermana hasta que habían terminado compartiendo la noche a la luz de las estrellas en el jardín. Incluso adoraba las caras sonrientes de todos los pequeños y en especial la de Bonnie cuando le ofrecía ese dudoso plato de toffu. TODO, con mayúsculas. Por una semana había conseguido tener una verdadera familia… y esos recuerdos eran lo único que le quedaba. Aunque los estuviera mancillando, los guardaría como su más preciado tesoro, pero tenía que poner fin a su relación con Judy de una vez por todas y dejarla marchar… incluyendo el delicioso beso que había probado de sus labios y que nunca más volvería a repetir.

—Créeme, es mejor que te olvides de mi y que te pierdas. No pienso regresar a esa apestosa comisaría tampoco, así que deja de perder el tiempo conmigo y búscate un hobby.

Judy sabía que no era cierto; sabía que Nick podía ser muchas cosas… pero no el rastrero bocazas que le estaba hablando desde el otro lado de la puerta; no su compañero, aquel con el que había compartido tanto…

Los recuerdos de aquella maravillosa semana acudieron inevitablemente a su cabeza, repitiéndose a una velocidad vertiginosa, permitiéndole ver con detalle al dicharachero zorro, el que siempre sonreía hasta en los peores momentos, el que había tenido la valentía de dar la cara por ella en todo momento, el que no iba a abandonarla… ¿acaso con compartían los mismos recuerdos? ¿Se había montado una película ella sola sin tener en cuenta lo que él pensaba realmente? Pero.. era tan real, tan… natural. Ni siquiera Karin lo había notado y, sin embargo, ahí estaba la prueba de que todo había sido una pesadilla.

Acercando el rostro a la superficie de madera, apoyó la frente en ella y susurró la pregunta con cierta presión en su naricilla respingona.

—Si tan malo fue… ¿por qué te quedaste? ¿Por qué…? ¿Por qué permaneciste a mi lado… como si fueras realmente… feliz?

Nick sentía inconscientemente el peso de aquella cabeza en su espalda, sabiendo que ya no le quedaban más esperanzas, que Judy se estaba agarrando a un clavo ardiendo y que en cuanto abriera la boca sería el fin. Giró sobre sus talones y se acuclilló para apoyar también su frente en la madera, justo en el lugar donde descansaba la de ella. Sus patas buscaron algún indicio de calor, esperando sentir una conección con los dedos del amor de su vida y le respondió finalmente, sin vacilación y con el helado tono de quien ya no siente nada.

—Había pensado en acostarme contigo… pero me harté de esperar. No vales la pena. —Sus dientes se apretaron con fuerza, reprimiendo un gemido que amenazaba con escapar de lo más profundo de su ser y se quedó pegado a la puerta, esperando irremediablemente escucharla; un sollozo, una maldición, hasta un suspiro habría bastado… pero Judy no le dio ese último privilegio. La oyó correr escaleras abajo y supo que ya no podía ir tras ella.

Sus rodillas flaquearon y se dejó caer, todavía con el morro en la puerta, llorando como aquella vez de niño en la que había comprendido su condición.

—Te quiero… —susurró entre sollozos. —Te quiero...