Cap.36 - Presentaciones

- Mejor ahora, quiero ver si están en forma y estimar que rutina de ejercicios necesitan.

- En ese caso, siganme, los llevaré a al campo de entrenamiento.

Los soldados siguieron Andrómeda, con una alegre Tonks detrás, quien señalaba el uso que se daba a los distintos cuartos que dejaban atrás. Tardaron más de lo que creían posible, teniendo en cuenta el tamaño de la casa por dentro, en llegar al campo de entrenamiento.

Los soldados no pudieron dejar de sorprenderse al ver un campo de entrenamiento militar auténtico, aún conservaba un leve parecido con los típicos de las películas, pero no dejaba de ser muy útil.

Una quincena de chicos se encontraban haciendo distintos ejercicios para ganar fuerza, resistencia flexibilidad; ayudándose unos a otros. Sobre una parcela acolchada una chica oriental instruía a uno de sus compañeros en artes marciales, mientras que en un rin de boxeo, Dudley, el sobrino de Laila, se enfrentaba a un chico de unos 25 años.

De repente, por encima de sus cabezas, pasaron un grupo de chicas en escobas, lanzándose hechizos unas a otras, al tiempo que esquivaban unas enormes bolas voladoras.

- ¡Chicos!, acérquense, ¡vamos! Rápido, rápido… - gritó Tonks. Los muchachos se reunieron en torno a ellos, mirando con ojos entrecerrados a los militares.

De repente, una explosión se oyó dentro de un cobertizo y un chico salió tiznado de hollín - ¡lo conseguí!, lo conseguí! - saltó Seamus. - ¡Sí!, ¡soy la leche!, ¡un genio!... ¿qué digo un genio?, ¡soy Dios! y… - la risa de Seamus se cortó al momento al notar que todos le miraban, entre ellos unas caras desconocidas. - Eh… ¿hola?

Tanto sus compañeros, como los militares, le miraban divertidos; no así Andrómeda, quien le miraba con una mueca de desaprobación y Charlie, quien sonreía algo siniestro.

Hestia se acercó furibunda hacia el joven y le agarró de la oreja - ¿¡qué te dije de experimentar con tus explosiones en esa cabaña del demonio!?, ¡¿quieres matarme del disgusto?! ¿Qué es lo que hiciste ahora, Seamus Finnigan?

- Pero madrina…

- Ni madrina, ni mierdas; ¡es una cabaña de madera, por el amor del cielo! ¿qué le digo a tu madre si te pasa algo?, ¡eh!, ¿has pensado en eso?: "lo siento Maryse, pero tu hijo voló por los aires" - le pegó una colleja. - Cabeza hueca - murmuró - ¿para qué crees que están los laboratorios?

Tanto Hestia como Seamus se sonrojaron al ver al numeroso grupo de espectadores. Joe se acercó al chico y le pasó un brazo por los hombros - creo que no me equivoco al llamarte, Seamus - sonrió socarrón - ¿o sí?

- No, no te equivocas. Seamus Allan Finnigan, sargento encargado de la pólvora y explosivos - hizo una burlesca venia militar, que ante su sorpresa el otro correspondió.

- Joe Whitey, segundo al mando del quinto grupo del SAS.

- ¿SAS?, ¿cómo el Special Air Service?, ¿el cuerpo militar de élite en la lucha contra el terrorismo?

- ¡Qué bien informado, chico! - Dick casi lo derribó con la palmada en la espalda - ¿cómo lo has sabido?

- Mi padre y su familia son muggles, mi primo intentó entrar, no resistió la segunda semana de entrenamiento…

- Bueno chico, ya que estas aquí, haz los honores… - ordenó Albert.

Calabozos de la fortaleza oscura

Ambos se quedaron abrazados, en la oscuridad de sus celda, llorando su dolor. Cuando se despertaron, ya no sabían si era de noche o de día, habían perdido totalmente el sentido del tiempo, y todo su cuerpo estaba abotargado.

Harry se estiró con dificultad, y gimió en disconfort al mover de más las piernas, la chica se removió un poco, y al abrir los ojos, se alejó de él. El mago agradeció que esta vez no gritase.

Se observaron en silencio. Ambos heridos, sucios y rotos por dentro, reconocieron en el otro a un igual. La chica contempló el rostro demacrado del famoso joven frente a ella, el leve rictus de dolor dibujado por sus labios finos, y los ojos cansados, pero cálidos y francos.

Extendió una sucia mano en el aire que ella no dudó en estrechar - Harry Potter, también conocido como "cara-rajada" o "el maldito niño-que-vivió". Gracias por intentar ayudarme a escapar.

La pelirroja sonrió suavemente - Maritza Dolohov, nieta de uno de los bastardos de ahí fuera, también conocida como "la fregona de la fortaleza". Y de nada.

Se sonrieron el uno al otro, sabiendo, que pasase, lo que pasase, ya no estarían solos.

Fortaleza Oscura, salón del trono

Un hombre aún joven, de cabello oscuro y ojos rojos, estaba sentado en su trono con gesto aburrido. Miró a sus mortífagos, quienes se estremecieron antes sus rojos ojos.- Muchachos, me aburro. Traigan a Potter, le haremos gritar un poco.

- Señor, pero apenas le torturamos hace día y medio… - el encapuchado no pudo seguir hablando.

- ¡Crucio! - el hombre se retorció en el suelo. Zislat bajó la varita apenas un minuto después.- ¡Levántate, perro! ¡Y trae al mocoso! ¡Y rápido si no quiere ocupar su lugar!

Los rápidos pero renqueantes pasos del mortífago resonaron en el pasillo vacío, pronto el sonido de los pasos era seguido del arrastre de cadenas.

Explanada/campo de entrenamiento

- Bueno chico, ya que estas aquí, haz los honores… - ordenó Albert.

- Bueno… vamos allá. Veamos, ¿quiénes están por aquí…? - Su cara se iluminó al ver a los bromistas pelirrojos - estos son Fred y George Weasley, los sargentos encargados de desarrollar nuestro armamento, los mejores bromistas de la historia y unos put…-colleja de Hestia- puñeteros genios - ambas copias hicieron una graciosa reverencia.

- ¿Armamento, eh?, ¿qué tenéis chicos?, ¿qué habéis inventado? - Matt se acercó a ellos entusiasmado.

Ambos intercambiaron miradas traviesas - algunas pociones, no son aptas para muggles, pero igual podemos modificarlas, ¿cierto, Feorge?

- Muy cierto, Gred.

- ¿Pociones?, ¿como las de los cuentos de brujas? ¿con arañas, sapos, culebras y ojos...? - Mary se mostró entre asqueada y perpleja.

- Algo de eso tiene, pueden hacer de todo: causan invisibilidad, te confieren la inmaterialidad de un espírito, te duplican la fuerza, te causas pesadillas…

- Sip, ¡pero hay más!: "pisa-paraliza", "electroboom", "canicas petrea", gas lacrimógeno, gas Orfeo, hunt-dreamer y hangfoot, todas de naturaleza ofensiva y tan sencillas de usar como para lanzarlas al aire o dejar que los mortífagos las pisen. Esas las podemos probar contigo encanto -Fred guiñó un ojo a la hora sonrojada soldado- así ya tengo algo de lo que rescatarte.

- Bueno, sí, sí. Dejad paso a los demás - de un empujó apartaron a ambos hermanos que acabaron despatarrados en el suelo ante la risa de todos. - Mi nombre es Cho Chang, encargada de las "relaciones internacionales" y la coordinadora de artes marciales, ¿ustedes las utilizan?

- Habitualmente no las utilizamos - negó Dick - pero todos sabemos los principios, e incluso alguno se maneja bien, Will, por ejemplo - el joven capitán cabeceo en reconocimiento. El brillo de la decepción apareció un momento en los negros ojos de la chica oriental, tenía la esperanza de que entre los soldados hubiese gente experta.

- Yo soy Oliver Wood, a quien ella estaba apaleando. Soy el sargento jefe del "ejército aéreo" de la Armada, Alicia es mi segundo - señaló a la chica que aún sostenía una escoba-, junto con Angelina - esta vez señaló a la negrita que llevaba ropa de jogging - ella además se encarga de coordinar nuestro entrenamiento físico.

Seamus retomó la palabra - este es Ernie, él se encarga de las cuentas de la Armada, y Hannah (su prima y mejor amiga), se encarga de nuestra manutención: ropa, comida, limpieza… ¡es un ángel! - cogió a la rubia por los hombros, miró a los lados y le plantó un sonoro beso muy cerca de la comisura del labio. La chica lo apartó de un empujón divertida - ¿no me digas que viene Neville? ¡Corre, huyamos, salvemos la vida!

Colleja al canto - payaso.

Seamus se estremeció ante la fiera mirada de la joven serpiente - este diablo disfrazado de cordero mirada de muerte al irlandés y sonrisa encantadora hacia el resto - es Astoria, ayudante de los gemelos y también del sargento de experiencia. No os acerquéis demasiado, tiene un mente maquiavélica y podría dañaros.

- ¡Seamus!, si no sabes hacer algo sin parecer idiota, deja que nos presentemos por nosotros mismos. - Lo apartó de un empellón - Lee, comunicaciones.

- Albert, estrategias - el muchacho, serio por naturaleza, apenas movió los labios para hablar y su rostro se mantuvo impertérrito, ganando una mirada de sorpresa de los soldados.

- Nosotros somos Cormar, Ritchie y Geoffrey - fue el rubio gryffindor quien habló - formamos parte del ejército aéreo.

- Orla Whinner, soldado de infantería - un muchacho grandote le pasó el brazo por los hombros, todos reconocieron a Dudley en él. - Y él se encarga de enseñarnos lucha libre, se llama Dudley; aunque aquí prefiere el nombre de Anthony.

- ¿Sois sólo estos? No creo que siendo tan pocos podamos hacer mucho… además, no sois más que unos criajos.

- Somos 79 de normal, sin contar adultos y afiliados que no entrenan - Dudley se mostró enojado - 78 si no contamos a mi primo Harry, creo que tenéis mucho con lo que trabajar. Y me da igual cómo nos entrenéis, ni lo duros que seáis, cuando acabemos, podremos patearon el trasero tanto a vosotros, como a los mortifagos. Además, puede que sea un criajo, pero soy el campeón de boxeo nacional en la liga juvenil y el décimo a nivel mundial, aún te puedo dar una buena pelea, aunque sea sólo con mis puños, Joshyyyy.