Hola! Les dejo el siguiente capítulo, continuemos.
Capítulo 37: La pelea.
Las 11 de la mañana, todos seguían dormidos hasta que...
-¡A ver! ¡Ya levántense bola de flojos! ¡Son las 12 del día! –gritaba el tío Kei.
Adrián volvió a caerse al suelo gritando.
-¡Aaaahhh! ¡No de nuevo por favor!
-¡TÍO! ¡SON LAS 11 NO LAS 12! –le reclamó su sobrina.
-Por si no sabías, ¡ya es tarde! –contestó el hombre.
-¡NOS DORMIMOS CASI A LAS 4 DE LA MAÑANA! ¡¿NO NOS PUDO DEJAR OTRA HORITA MÁS? –volvió a decir la castaña.
-No…
-U.U
-Perdón pues, pero se me hizo mejor despertarlos yo.
-¿Por qué? –preguntaron Cymbeline y Adrián.
-Por eso.
Un gran camión pasó por la cuadra dando a conocer su claxon a todo volumen.
-O.O
-Qué onda… -murmuró el oji-azul.
-Voy a darme un baño –dijo la chica.
-Te sigo –contestó su amigo.
Brago y Arashi estaban muy callados, de hecho no habían dicho nada.
-¿Qué les sucede? –preguntó Cymbeline mirándolos.
-¿Cómo qué…? –respondieron ambos mamodos.
-No lo sé…se ven…diferentes.
-Es cierto, ¿qué pasó? –inquirió también Adrián.
-Nada –contestó la peli-rosa.
Arashi salió de la habitación y Brago fue a bañarse para lavarse el cabello y quitarse el embarrado de gel que traía, ambos andaban de mal humor y no sabían por qué.
-¿Y éstos que traen? –preguntó el oji-azul.
-Ah, pues mira, yo pienso que… ¡Ah por qué rayos te digo esto! ¡No lo sé!-contestó la castaña.
-Sólo fue una preguntita…O.O
-Es que no lo sé…tal vez sólo están cansados.
-Quien sabe…bah, me voy a bañar, hay te vez.
-Sí, yo también voy…
Todos fueron a un baño, cada uno por separado. Pasó un rato y Cymbeline y Adrián ya estaban listos.
Brago salió con una toalla rodeándolo por la cintura. Arashi iba saliendo cuando de pronto se le cayó un jabón que traía en las manos y llegó hasta el pasillo por donde el mamodo oscuro iba caminando.
Brago notó que a Arashi se le había caído algo, pero solo miró de reojo, así que no prestó atención y pisó el jabón que yacía en el suelo, resbalando y azotando de pura espalda.
-¡Aaa! ¡Arashi! ¡¿Por qué nunca te fijas? –le reclamó el mamodo oscuro.
-¡No fue mi culpa! ¡El jabón se cayó!
-¡Se cayó o lo tumbaste!
-¡Está muy resbaloso! –trató de defenderse ella.
-¡¿Y por qué no lo dejas en su lugar?
-¡¿Y tú por qué no te fijas por donde caminas?
-¡Porque yo vengo viendo al frente, no al piso a ver que cosa se encuentra tirada!
-¡Nunca pones atención!
-¡Y tú tumbas todo! ¡Dedos de mantequilla!
Y así empezaron a gritarse, Cymbeline y Adrián los estaban viendo a pocos metros de distancia.
-¿Por qué Brago siempre comienza las peleas? ¿No puede ser tolerante una vez? Tan sólo fue una pequeña caída –comentó el oji-azul.
-Tal vez si Arashi no fuera tan torpe… -contestó la castaña.
-¿Le estás diciendo torpe a Arashi?
-Vaya, hasta que comprendiste algo.
-¡Y si tu mamodo no fuera un insolente con ella!
-¡Y si la tuya no fuera tan encimosa y fastidiosa para molestar a Brago!
-¡A ver espera un momento! ¡Tu diario…!
Y ahora los que empezaron a gritarse fueron Cymbeline y Adrián, pero el tío Kei los interrumpió.
-¡A desayunar! Aunque sean las 12… -murmuró al final.
Todos bajaron y cada quién comió lo que le apeteció, nadie se dirigió la palabra, Adrián se había desesperado.
-¡Aah! ¡¿Por qué están todos tan callados? ¡Ahora ya no se gritan verdad! –exclamó el chico.
Nadie le contestó, todos estaban molestos.
-Gracias por abrirme como birote…U.U ¿Por qué pregunté esa tontería?...de por sí todos estamos enojados.
Pasó otro rato, Cymbeline estaba leyendo una revista, Adrián estaba sentado en un sillón, Brago iba a bajar las escaleras, pero nadie sabía lo que estaba a punto de suceder…
Arashi venía saliendo del cuarto media dormida y no se fijó que Brago estaba delante de ella, se tropezó tumbándolo a él y a ella por las escaleras. Cymbeline y Adrián sólo pudieron mirar cómo caían por cada escalón.
-¡Aaaah!
Llegaron al suelo, Brago se levantó rápidamente.
-¡¿Qué te pasa niña tonta? ¡¿Ni caminar sabes? –le dijo el mamodo.
-¡Ya cállate y no me reclames! ¡Tú eres muy fuerte, no! ¡¿Por qué no te detuviste?
-¡Porque ya estabas encima de mí!
Mientras tanto…
-¿Ves? Brago siempre ocasiona todo –dijo Adrián.
-¡¿Que Brago lo ocasiona? ¡Por si no viste, Arahsi lo tumbó! –reiteró Cymbeline.
-Y como dice ella, si es tan rudo, porque no trató de levantarse.
-¡ERES UN IDIOTA, JUSTO COMO TU MAMODO!
-¡Y TU UNA AMARGADA JUSTO COMO BRAGO!
Y así otra vez volvieron a pelearse, hasta que ocurrió lo inimaginable, Arashi estaba demasiado molesta y lo primero que le vino a la mente fue…
-¡¿Sabes algo Brago? ¡No te soporto! ¡Te odio Brago! ¡Desearía nunca haberte conocido! ¡No sé por que me llegué a enamorar de ti, ahora veo cómo eres en realidad! ¡Un desconsiderado que no se preocupa por nadie más que por sí mismo! ¡Ya no quiero estar contigo!
Brago se quedó callado, Arashi salió de la casa corriendo y llorando.
-¡Arashi! –le gritó el mamodo.
Mientras, Cymbeline seguía gritando y Adrián notó lo que había pasado y que Arashi se había ido y trató de tranquilizar a la castaña.
-¡Espera, espera! ¡CYMBELINE! –exclamó el muchacho.
Pero Cymbeline no reaccionó así que Adrián tomó medidas más "drásticas".
-Ay…¿por qué ahora? Me voy a morir después de esto, pero es la única forma para que me haga caso.
Adrián se acercó a Cymbeline y la pateó duramente en la pierna.
-¡Adrián!
-¡Perdóname pero era la única forma de que te callaras!
-¡¿Y por qué?
Y mientras, Brago interrumpió.
-¡Hey! ¡Arashi se va!
-¡Ya lo sé! –le respondió Adrián.
-¡¿Qué? –exclamó Cymbeline.
-¡Lo que oíste! –contestó el mamodo.
-¡Arashi se fue! –gritó el oji-azul.
-¡¿Y por qué? –repitió la castaña.
-¡Porque se molestó conmigo! Y creo que esto sí no me lo va a perdonar –respondió Brago.
-¡Brago! ¡¿Por qué tienes que ser tan duro con ella? –le reclamó Adrián.
-¡Estoy de malhumor y no soporto nada!
-¡Pero si es tu novia!
-¡Y eso que! ¡Aunque lo sea, me puedo llegar a molestar!
-Ya, ya, ¡YA BASTA! ¡Ya hay que dejar de discutir e ir a buscar a Arashi, o algo malo le puede pasar! –interrumpió Cymbeline.
Los 3 salieron corriendo, Brago la sentía más lejos a cada paso que daba.
-Más rápido –dijo acelerando el paso.
-¡Odio correr! –gritó Adrián.
-¡Pues ponte a hacer más ejercicio! –le sugirió su amiga.
Adrián se estaba quedando atrás, así que Cymbeline lo jaló del brazo llevándolo más rápido.
-¡Aaa! ¡Cymbeline, espera!
-¡Aah eso sí que no! ¡Tú vas a seguir mi paso aunque no te guste!
Adrián se tuvo que resignar y corrió como nunca lo había hecho antes, ni siquiera de cuando era un niño.
Mientras, en un pequeño bosque que estaba a pocos kilómetros de distancia, Arashi iba caminando, llorando, preguntándose tantas cosas…
-¿Por qué….por qué? Brago…¿por qué? No lo entiendo…hay veces en que el parecer que me quiere tanto como yo a él, pero ahora lo veo y es verdad, yo no le intereso…¡¿Por qué él? ¡¿No pude haber querido a alguien mejor que él?
Mientras…
Brago y los demás se detuvieron.
-¿Qué pasa? –preguntó Cymbeline.
-Arashi…está en aquel bosque –respondió el mamodo apuntando con el dedo-. Pero presiento que algo malo está sucediendo.
-A ver, hay que tranquilizarnos todos, Brago, ¿qué es lo que exactamente está pasando? –cuestionó Adrián jadeando.
-No estoy seguro, la presencia de Arashi se combinó al parecer con otra…y no sé en qué punto exacto se encuentra, sólo sé que está en aquel bosque –contestó.
Y así fue como pasó, Arashi estaba deseando el nunca haber existido, no quería sufrir más, estaba borrando su presencia para que no la siguieran, se estaba desvaneciendo, poco a poco se hacía más transparente. El libro que Adrián traía empezó a quemarse un poco.
-¡¿Qué rayos? ¡NO, ARASHI! –Adrián comenzó a asustarse.
-¡RÁPIDO! –exclamó el mamodo oscuro.
-Su libro…se está quemando… -Cymbeline no lo podía creer.
-Eso quiere decir que… -el chico empezaba a sudar frío.
El muchacho comenzó a llorar, Brago sólo estaba con el corazón en la garganta.
Así es, Arashi iba desapareciendo junto con su libro, pero hubo un sentimiento en ella que hizo que volviera a "materializarse" por así decirlo y su libro volvió a la normalidad. Ese sentimiento fue el hecho de que no podía dejar a sus amigos atrás, a Cymbeline…a Adrián…y hasta a Brago…
-El libro… -el oji-azul lo volvió a ver, estaba normal.
-¿Qué pasó? –preguntó Cymbeline confundida.
-Al parecer nada…pero hay que apurarnos de todas maneras –dijo el mamodo.
-Sí –respondieron ambos.
Y en el bosque…
-No…no me puedo ir ahora… -se decía la peli-rosa.
Un ruido se oyó entre los árboles y Arashi estuvo alerta.
-¿Quién está ahí? –preguntó.
Arashi comenzó a sentir la presencia de un mamodo, pensó que sería Brago.
-¿Brago?
-Fallaste –dijo una voz-. No me confundas con un hombre sin cerebro- volvió a decir.
-¡Mitsuko! –gritó la mamodo.
-Hola de nuevo Arashi –habló sonriendo malvadamente.
Mitsuko se acercó a Arashi.
-¿Y tu compañera? –preguntó la peli-rosa.
-¿Y por qué te interesa tanto ella? Veo que de nuevo tu compañero no viene contigo ¿o me equivoco?
-Así es.
Mitsuko vio que Arashi estaba derramando lágrimas.
-Ay, la pequeña Arashi está llorando, ¿ahora que te hizo tu noviecito Brago? –preguntó burlonamente.
-No lo metas a él –respondió la peli-rosa con seriedad.
-¿Y por qué no? ¿Porque sabes que todos en este mundo te defraudaron?
Arashi estaba atónita.
-¿O por qué siempre estás sola? ¿Qué acaso no tiene amigos? –continuó la mamodo.
Mitsuko estaba haciendo sentir muy mal a Arashi y tomó una decisión fatal.
-¿Sabes Mitsuko? –comenzó la peli-rosa-. No entendía por qué siempre me tienes tanto odio, y es por Brago…¿no es así? Él te gusta y no permites que nadie más esté encima de él.
-¡Eso no es cierto! –respondió la aludida muy molesta.
-¿Entonces de qué color es tu diamente? Te aseguro que es negro…igual al mío…
Mitsuko se había enojado.
-Ya me harté de ti.
-Yo también, así que…quiero pedirte un favor…mándame al mundo mamodo ya…atácame hasta que quemes mi libro.
-Con gusto, ¡Ariasu!
La humana salió de entre las sombras con el libro de Mitsuko brillando en sus manos.
-Adiós Arashi –dijo Mitsuko.
-Sólo…otra cosa…no lastimes a Brago… -le pidió la peli-rosa.
-Ya veré si no lo destruyo antes, tengo un nuevo conjuro y creo que será lo mejor utilizarlo en ti.
-¡Gigarado seofuzunen!
Arashi se colocó enfrente del ataque, esperando a recibirlo y regresar al mundo mamodo…
¡Continuará! ¡Ah, ahora los dejo en suspenso! Sayonara!
