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Publico antes de que se me olviden las ideas, gracias por seguir aquí.
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Capítulo 36: Entre la mente y el corazón I
"A veces un rey tiene que hacer cosas terribles
para proteger a aquellos a quienes ha jurado cuidar.
Cuando las apuestas son tan altas, hay que tomar decisiones terribles.
Es la responsabilidad de un Rey asumir esa carga, esa culpa ".
Cómo traicionar a confianza de un dragón - Cressida Cowell
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Astrid se acercó al mapa que habían puesto en el bastidor y dio un golpe en la pared para que le pusiera atención. –En todas las que han atacado. –señaló. –Por lo que veo empezaron por las islas más viejas de Luk Tuk. –indicó la mano en el norte, la isla Svart. –El jefe es el más longevo después de Axel, su hijo es próximo a ser jefe, tiene familia, hijos y hasta nietos. –señaló el número dos después. –Siguió con la isla Vannet como podemos ver, dos semanas después. Aquí es una jefa, lady Kaira con su esposo Reffer. Tiene tres hijos, de 25, 16 y 10 años. –continuó explicando la isla que estaba al sur. En seguida continuó al oeste, señalando más islas según el número, tachando una y otra más hasta que sólo quedaron ocho islas sin tocar. Todos estaban asombrados por la manera tan vil en la que atacaban. –Si pensamos que no era una estrategia estábamos equivocados. Todo está planeado, y lo peor es que no podemos estar seguros de que los herederos, los príncipes y las princesas estén vivos.
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En una isla deshabitada llena de niebla y de olor azufroso había una construcción resguardada por decenas de vikingos. Adentro había un montón de mantas y cajas con poco alimento, además de olores desagradables y lloriqueos percibidos que iban desde bebés hasta mujeres.
Un hombre irrumpió en la rutina, abriendo la única puerta de golpe y arrojando un cajón de madera con algunos alimentos podridos y en mal estado.
Los más pequeños se abalanzaron contra la comida, buscando algo agradable que degustar después de días sin haber comido, sin embargo no lograron encontrar algo agradable a los ojos ni al gusto.
-¿Para qué nos tienen aquí? ¿No se han dado cuenta de quiénes somos? –preguntó un muchacho de aproximadamente dieciocho años, fornido, pelirrojo y de ojos verdes.
El cazador que estaba allí le sonrió.
-Oh, joven príncipe Ulven, heredero legítimo al trono de Ouya, por supuesto que sabemos quiénes son todos ustedes. –respondió cínicamente. –Pero sus papás no tienen idea de quiénes somos.
-¿Qué necesitan para dejarnos ir? Si quieres oro mi isla tiene una gran cantidad de riquezas, mis padres te darían cualquier cosa por mí, por nosotros. –retó una de las jovencitas castañas con ojos azules, a lo mucho de dieciocho años también.
-Gullet, cállate. –masculló su hermano mayor, de aproximadamente veinte años, parecido a ella, salvo por los ojos café. –Te pueden hacer algo.
El mercenario se bufó de ella, la tomó del cuello y la alzó. –No ocupamos oro, princesa, estamos en una isla que el piso prácticamente es de oro y plata. La riqueza la tienes sobrevaluada.
-Mi padre te matará… -masculló el hermano de la heredera. –tratando de zafarse, pero él estaba encadenado, sólo las mujeres y niños, no.
La muchachita pataleó un poco, pegándole en el estómago. El malhechor se dobló de dolor por el golpe y la soltó.
Gullet corrió alejándose de él y fue con su hermano, pero Solver no pudo hacer nada. Porque en el momento en que ella se aferró a él, el mercenario le pegó en la cabeza, dejándola medio inconsciente, cayendo de lleno al piso.
-¡No la vuelvas a tocar! –gritó Solver, el hermano de ella, aterrado tratando de zafarse con desesperación, ya que le parecía indigno el trato que le daban al ser una princesa de una isla próspera y que no causaba problemas a otros vikingos.
El mercenario se bufó, incluso disfrutó del terror que causaba entre los niños y el resto de las mujeres.
-No te aseguro nada. No sé cómo reaccione tu padre, el rey de Zlato cuando le mandemos el cuerpo de la princesa Gullet, profanado, golpeado y desvirgado por cuanto hombre hay en esta isla. –provocó acariciando vulgarmente a la princesa inconsciente mientras la empezaba a arrastrar fuera del recinto.
-¡No te atrevas! –reclamó Ulven, el pelirrojo habitante de la isla vecina, furioso por el maltrato que se le estaba dando a la princesa.
El resto de los presentes se intimidaron, especialmente las mujeres.
-Claro que sí, y así será todos los días. Mañana quizá elijamos a una embarazada y la golpearemos hasta que pierda el bebé, o a una niña de cinco años… lo que el jefe Drago nos diga. –se burló, disfrutando del terror causado.
El cazador se empezaba a retirar cuando escuchó un grito de Solver.
-¿HASTA CUANDO NOS DEJARAN EN PAZ?
El soldado de Drago sonrió satisfecho, sólo miró a todos y explicó con simpleza.
-Hasta que el jefe de la isla Berk decida rendirse, tanto él como el ejercito de dragones que tiene.
No dijo más, arrastró a la muchacha que estaba inconsciente hasta que cerró la puerta con una cerradura nuevamente para evitar que nadie entrara o saliera.
Los niños más pequeños empezaron a llorar, en cuanto los más grandes intentaron mantener las esperanzas de ser rescatados.
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Esa fue la peor noche que Berk vivió.
No había sido comparado con Drago o con los ataques de Dagur, en esta ocasión fue un desaliento total porque varias familias perdieron miembros valiosos de sus vidas y muchos otros seguían convalecientes.
Las cabañas de salud no volverían a ser las mismas hasta que se reconstruyeran o repararan, sin embargo era necesario que primero atendieran a los enfermos, heridos y quemados.
-Falleció. –comentó Gylda, con pesadez, tapando el cuerpo de la princesa Annek. –No quería pelear por su vida en realidad.
Hiccup y Astrid bajaron la cabeza, lamentados por la noticia.
-Nos hizo mucho daño, pero no tenía que acabar así. –comentó Astrid.
Un largo suspiro de los jefes se escuchó en la habitación.
-Iré a la las demás cabañas para ver cómo siguen los demás. –informó Gylda. –Al parecer hay quince vikingos caídos.
Hiccup cerró el puño con desesperación. Salió con su esposa para ayudar en algo más al resto de los enfermos, entre ellos Valka. Entraron a la cabaña donde la madre del jefe estaba y la vieron descansar.
-Mamá ¿cómo te sientes? –preguntó con ternura, agachándose hasta estar a la altura de ella.
-Hijo… -saludó débilmente. –Me siento mejor, aunque con algo de dolor en la pierna, duele al moverla.
Astrid se sentó en la cama para tomarle la mano a su suegra. –Te recuperarás, lo sé.
La convaleciente le sonrió con esperanza. –Eso espero, hija. Quiero conocer al bebé.
La rubia se puso nerviosa, no esperaba que su suegra la delatara.
-¿Bebé? –preguntó Hiccup extrañado, mirando a su mamá y después a su esposa. -¿Qué bebé?
-Supongo que el bebé de Snotlout y Ruffnut. –Astrid se encogió de hombros, tratando de salir del tema.
-No, hijos. Me refiero al… al suyo. A mi nieto. –musitó suavemente.
-¿Suyo? –preguntó Hiccup con una luz de esperanza en su mirar. -¿Nuestro?
La rubia lo notó, pero ese no era el momento para decirle lo que ocurría, no podía decirle que estaba embarazada. No en medio de ese caos y esa incertidumbre, debía ser especial y único.
-Valka, cuando tengamos un hijo te prometo que lo conocerás. Mientras tanto descansa. –la tranquilizó mientras notaba que la castaña volvía a dormir, tratando de salir lo más disimuladamente de eso.
Hiccup le besó la frente con la mayor de las delicadezas para después secar su sudorosa frente. –Descansa ma.
Astrid suspiró de alivio al notar que habían creído sus palabras. Salieron del lugar para empezar con las tareas de ese día a pesar de no haber descansado nada durante las largas y pesadas horas de la noche.
-Creo que estaba delirando un poco por el cansancio. –opinó.
-Sí, eso mismo creí. –simpatizó Hiccup, tomándola de la mano para después besarla delicadamente.
Al salir de las cabañas Astrid miró todo el panorama de Berk. Un ambiente de tristeza e incertidumbre, pero también de colaboración y ayuda desinteresada en el pueblo. Respiró profundamente y con nerviosismo tomó la decisión: le diría lo del embarazo.
-Hiccup hay algo que necesito decirte, algo que me di cuenta ayer.
-Yo también debo decirte algo. –concordó el jefe.
-Tú primero. –cedió la rubia mientras los dos se recargaban en Toothless quién no se había movido de las cabañas en toda la noche vigilando que no hubiera más serpientes.
–Sabes mi lady, no creí que fuera a decir esto, pero doy gracias que a estas alturas no hayamos tenido un hijo, o que estés embarazada. –sinceró de la manera más amable que fuera posible.
Esas palabras fueros frías dagas al corazón de la ex Hoffeson, sobretodo porque estaba a punto de confesarle de su embarazo. Hiccup notó esa desolación en sus ojos, tanto que ella dio un paso atrás.
-¿Qué? ¿Por qué?
-No me malentiendas. –corrigió tomándola de ambas manos. –Pero con lo que está pasando y lo que seguramente está por venir; los secuestros a los hijos de los jefes y reyes o de sus esposas embarazadas… sentiría un miedo mucho más profundo de que tengo ahora. Recuerdo que Drago una vez intentó matarte hace dos años y medio y… no quiero que vuelvas a exponerte así. Por algo no hemos sido bendecidos con un hijo, era para protegernos de esto. –reflexionó sintiéndose relajado. –De esta manera tenemos un paso delante de Drago, ¿no crees?
La vikinga se llevó una mano a su vientre. Le dolió reconocer que Hiccup tenía razón. Drago usaría todas las armas para acabar a Berk, y sin duda una de esas sería la esperanza que su hijo podía ejercer con el simple conocimiento de su próxima llegada al mundo. No quería volver a pasar por el dolor de perder un hijo, no lo soportaría otra vez. Su misión era cuidarlo. No quería engañar a Berk al ocultar el embarazo, pero debía pensar en su bebé, ese ser pequeño que se había formado gracias al amor y la pasión que ellos se tenían mutuamente y la mejor manera de cuidarlo era ocultando su embarazo de todos, incluso de Hiccup; justo como Karena lo estaba haciendo.
Tragó duro y aceptó la realidad que le tocaba vivir.
-Sí, es verdad. Tal vez el cielo sabía que esto pasaría. Por eso… por eso no hemos sido consagrados con un heredero. Tenemos que estar enfocados en esta guerra y sin duda un hijo sería nuestra máxima preocupación. –coincidió con sinceridad, sintiéndose culpable por hablar así, pidiendo perdón a su hijo en su mente.
-Aunque… te prometo que después de esta guerra todo será mejor, trabajaremos día y noche para tener a ese bebé que tanto deseamos y que Berk pide. –aseguró para después darle un beso y sonreírle con complicidad.
Astrid empañó su mirada y sollozó un poco. –Algo me dice que así será, mi chico dragón.
Hiccup sonrió con ella, recordando algo importante. –Por cierto, ¿qué es lo que querías decirme?
-E… era para decirte que… que estoy…
La rubia se congeló, ya no podía decirle del embarazo, en definitiva no lo haría hasta que la guerra pasara. Se sintió un poco mareada pero se apoyó en Toothless, aunque el dragón se percató de eso, mirándola con curiosidad.
-¿Sí? –la animó.
Astrid respiró temerosa, su corazón le gritaba que le dijera a Hiccup pero su mente le insistía en que no.
-En que estoy segura de haber detectado algo en el mapa que vimos ayer. –sinceró, era parte de la verdad, era justo lo que Heather había notado también. -¿Podemos ir a casa para explicarte?
-¡Claro! –se animó Hiccup montando a Toothless.
Astrid iba a hacer lo mismo en Stormfly pero recordó que debía cuidarse, y montar a su Nadder haría que hiciera mucha presión en su vientre.
-Me gustaría que Stomfly se quedara a vigilar a Valka, ¿me ayudas chica? –preguntó acariciando su hocico, ante lo que la dragona asintió.
-Nos avisas cualquier cosa, Storm. –pidió Hiccup, dando la mano a su esposa para que montara al dragón con él. Astrid aceptó y se colocó de lado, acción que le pareció raro al hombre. -¿Y eso?
-No te quería decir, pero la silla es incómoda. –mintió socarronamente.
-Oh, no sabía… yo la siento bien.
-Sí, porque vas adelante, pero atrás, creo que ya le falta algo de espacio. –comentó para salir airosa.
-La arreglaré para ti. Me gusta que viajes conmigo y quiero que vayas cómoda.
La rubia le dio un beso en la mejilla, antes de que el Furia Nocturna alzara vuelo en dirección a la cabaña del matrimonio.
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Al entrar a la casa, Astrid corrió a tomar el mapa del archipiélago que tenían allí. Era diferente al que expusieron en el Gran Salón pero en seguida estuvo en las mismas condiciones por las marcas y señalamientos que hizo.
-Tengo entendido que este fue el orden que siguió Drago al mandar atacar las islas. Si te fijas bien siguen la ruta de corrientes marinas y evitan las zonas con farallones, tal vez es otra de las razones por las que no han atacado Berk y las demás islas.
Hiccup acercó el mapa para inspeccionarlo mejor.
-Tienes razón… no me había fijado. Pero aún así, deben de regresar a otro lugar, deben tener un punto en dónde esconderse, donde se reubiquen y reabastezcan.
-Tienen armadas, Hicc. Tal vez están en altamar para evitar que sean detectados.
-Sí, pero… los ataques llevan varias semanas. Y a penas nos estamos enterando. Noticias como esas corren; la verdad Astrid. Siento que hay algo más de trasfondo. Algo que Drago busca y… y que no he detectado.
Hiccup dio un golpe en la mesa con frustración.
Siguió mirando el mapa, ella había divisado algo más pero no estaba confiada si decirle a Hiccup.
-Babe, las corrientes marinas que te digo las usábamos para viajar rápido. En una ocasión Johan me comentó que no es buena idea tomarlas si llevas mucha carga y hasta donde sé los ataques que ha habido…
-No llevan catapultas. Quizá sólo se trata de raptar para someter. Lo que Fishlegs informó es que entraban a quemar y destruir las casas con fuego… ¿crees que usen dragones?
-Es Drago, es lo que quería desde un principio. Pero si usa dragones, los vamos a liberar, después de todo Toothless es el Alfa. –animó Astrid. –De momento tenemos esta información, déjame preparar la balística como primera línea de defensa en los farallones de Berk. Además, si usan las corrientes es porque llevan barcos ligeros, esos caen fácilmente con catapultas. Preparemos los tiros y crearemos más líneas de defensa para defender la isla, ¿qué opinas?
El castaño besó la frente de Hiccup. –No esperaba menos Mi lady. Gracias.
La rubia sólo le dio un golpecito en una costilla. –De nada, jefe.
Si quieres vamos al Gran Salón, quisiera preparar una reunión para exponer este plan, y que menciones qué es lo que necesitas, general Hofferson. –dijo mientras la rodeaba con sus brazos por su cintura.
La fémina hizo lo mismo alrededor de su cuello para después darle un beso. –Soy Haddock.
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La reunión de improviso se llevó a cabo con los miembros del concejo, muchos estaban nerviosos por la información que los jefes darían, pero al descubrir la posibilidad de victoria ante las observaciones de la jefa, muchos se esperanzaron.
-Ya que el panorama está de esta manera es importante obedecer a las indicaciones que mi esposa dará. –Hiccup finalizó la ponencia, dando la palabra a la rubia.
-Gracias Hiccup. El plan es el siguiente: Gustav, asegúrate que las salidas del hangar estén en funcionamiento correcto, que los dragones estén bien nutridos para que puedan pelear.
-Cuenten con eso. –musitó el adolescente, mirándola enamorado.
-Gobber; la armería completamente utilizable. Quiero dagas, espadas y hachas en perfecto filo, escudos para todos y lleven un cargamento a los refugios, esperemos por Odín que no sean necesarios allí.
-Por supuesto mi señora. –atendió, orgulloso de ella.
-Fishlegs, verifica que los refugios de la isla estén con suministros, dotaciones y mantas para los niños, enfermos y mujeres.
-Dejamos a Gylda Hofferson al mando y coordinación de los refugios. –agregó el jefe.
La mencionada asintió, sintiendo una gran responsabilidad sobre ella. –Cuenten conmigo.
-Gothi, verifica que haya plantas medicinales y botánica suficiente, además de telas y material de curación… en caso de que haya heridos.
La viejita escribió en el piso, dando a entender que obedecería.
-Snotlout, Tuffnut y Heather, regularizarán la preparación de las lanzadoras. Quiero cinco catapultas en cada punto de riesgo. Dos de largo alcance y dos del corto, además de una que dispare flechas. Ya están elaboradas por Hiccup, Gobber y Snot, trabajaron en ellas desde hace un año, sólo falta instalarlas y probar la funcionalidad.
-¡Claro que sí! –bramó el Jorgenson emocionado por la actividad.
Los presentes asintieron las órdenes que daba la jefa, la General de la Defensa de Berk.
-La última amenaza que supimos es que Drago llegarían en cinco días. Desconocemos si es verdad pero estaremos preparados desde este momento. –estableció el jefe.
-Cada quien tiene un área en la cual atender. Lamentablemente no puedo dar respuesta ni solución a todo, si tiene dudas en cómo ayudar diríjanse a los encargados que acabamos de establecer, será más fácil. De momento seguiremos órdenes de Hiccup en todo momento y mías en segunda opción. Defenderemos Berk aunque nos cueste la vida. Somos vikingos y ningún extranjero vendrá a profanar suelo hoolingan.
Todos los presentes dieron un grito de emoción, mostrando orgullo y admiración tanto por Astrid como por su jefe legítimo: Hiccup.
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Poco a poco los miembros de la reunión se marcharon a las tareas que habían sido establecidas, quedaron los jefes de Berk para establecer nuevas estrategias y hablar sobre las acciones que iban a realizar, pero les pareció curioso ver a Karena guardando unas cosas en su bolsa.
-¿Te vas? –preguntó Hiccup enrollando un pergamino con el mapa de Berk donde él y Astrid estaban señalando los lugares para las catapultas, el cual se lo darían a Fishlegs.
La castaña se asustó ligeramente, dejando caer su bolso. –Lo siento, Hiccup. No quiero ser grosera pero tengo que regresar a Berserk. Ha habido un asesinato y debo mediar la situación. –informó la reina con pesadez, mostrando un mensaje de Eret que acababa de llegar.
-¡Qué desgracia! –expresó el jefe leyendo el mensaje. -¿Podemos ayudar en algo?
-Creo que ustedes tienen suficientes problemas aquí, yo también tengo mi isla y me necesita. Creo que nuestra plática de intercambio de estrategias tendrá que esperar.
Los jefes asintieron, entendían las razones de la reina.
-¿Te irás sola? –preguntó Astrid.
-Supongo… le comenté a Sotma, pero ella es una curandera muy buena y le pedí que se quede con ustedes para auxiliar a los que fueron mordidos por las serpientes.
-Muchas gracias por ese gesto. Pero con la situación que se vive en el archipiélago creo que lo mejor será que alguien te escolte.
-Heather y yo podemos ir. –se ofreció Astrid, tramando un plan como segundo objetivo.
La rubia notó la cara de preocupación en su esposo.
-Estaré bien, además nuestras dragonas son las más rápidas. Volveremos en unas horas, ¿sí? Además aprovecho para estudiar el terreno de lo que acabo de contarte. Checaré los farallones e islotes de Berk para distribuir las catapultas y arpones.
-Mejor las acompaño. –opinó Hiccup, intranquilo.
-Amor… Berk necesita a su jefe y debes de resolver las dudas que aparezcan en la diferentes comisiones que acabamos de establecer.
-También ocupan a su jefa.
-Pero te prefieren a ti. Además que tu mamá sigue recuperándose. Debes quedarte, no tardaremos.
El castaño asintió, Astrid definitivamente tenía varios puntos a favor. –Estaré al pendiente, date prisa. Ten mucho cuidado.
La rubia le dio un golpe rápido como despedida. –Vamos Karena.
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El plan era sencillo, ir a Berserk auxiliar a Karena y regresar a Berk antes de que anocheciera. Si se daban apuro incluso alcanzaban a llegar a cenar.
Habían dejado atrás el horizonte berkiano. La reina estaba algo nerviosa por la situación que le esperaba en Berserk y la cantidad de problemas que se avecinaban en el archipiélago, incluso las hooligans lo notaron.
-Kary, tranquila. Se solucionará todo, es un asesinato… aunque lamentable, es parte de la vida vikinga.
-Lo sé, pero ahora es todo. Es la isla, el trono, las rencillas que siguen habiendo. –comentó apurada. –Y la amenaza de Drago… no sé si haga bien en mantener en secreto mi embarazo.
-Haces bien Karena. Estás un paso delante de Drago con eso. No tendrá manera de chantajearte. –apoyó Heather desde su dragón.
-Eso no lo sé, Heather. Es Drago, siempre tiene otro plan, otra manera de salirse con la suya.
Astrid se quedó pensando en las palabras de Karena, hasta el momento sólo había pensando que Drago usaba rehenes para que no lo atacaran, como cierto escudo de protección pero Karena tenía razón, había algo más, algo que no habían detectado pero que esperaba encontrar pronto.
Con esos últimos pensamientos llegaron a Berserk, vislumbrándose los tres dragones.
Eret voló hacia ellas y sonrió enamorado cuando vio a Karena.
-Me da gusto verte.
-Sólo me fui un día. –recordó con simpleza, tachándolo de exagerado.
-Me pareció una eternidad. –le sonrió con amor. -¿Cómo te sientes?
La castaña lo tranquilizó con su mirar.
-Estoy bien. Ahora, dime… ¿qué fue lo que ocurrió?
Eret oscureció su mirada al recordar todo lo que había pasado. –Un par de horas antes de que te fueras Annek escapó, pero previamente a hacerlo intentó matar a la hija de la esclava que le puso el té abortivo a Astrid y Ruff
-¿Qué? –preguntó Astrid, aturdida.
-¡Qué horror! –manifestó Heather aún volando en el dragón, aunque ya estaban cerca de la tierra.
-Claramente Skaoi se interpuso y protegió a su hija, pero al hacerlo Annek la hirió.
Astrid no podía creer que las dos mujeres que le habían hecho daño resultaran con el mismo final.
-Skaoi estuvo luchando un par de horas pero… las heridas de daga fueron más fuertes y murió. En cuanto a Annek… perdimos el rastro de ella.
-Regresó a Berk. –informó molesta la rubia. –Quería venganza y trató de dañar a Ruffnut por su embarazo.
-¿Está bien? –preguntó Eret, terminando de escoltarlas al puerto de arribo en el castillo en Berserk, bajando con cuidado.
-Por suerte, pero Annek no la pasó nada bien. Le picó una víbora y falleció. –finalizó Heather, afectada por recordar lo que había pasado en la isla.
Eret ayudó a su esposa a bajar de Ray, el Skrill de la reina, y de paso a Heather y Astrid.
-¿Víboras? –preocupado por Karena.
-Sí, como lo oyes. Drago envió un aviso, varios miembros murieron. –informó la jefa, apretando los puños por la impotencia.
Eret abrió los ojos desmesuradamente por escuchar de nueva cuenta el nombre de Drago. Inconscientemente se llevó mano a su cicatriz en el pecho, pero optó por mantenerse firme, tenía una isla, una esposa y un bebé en quienes pensar.
-¿Qué dijo?
-Que quiere que Hiccup se rinda. –resopló al entrar al castillo.
-Pero no lo hará, ¿verdad? Astrid, conozco a Drago, siempre tiene algo más para atacar. El único que lo ha enfrentado y vencido es Hiccup. Tomará venganza pero ustedes tienen a Toothless y el resto de los dragones.
-Sí Eret, pero parece que esta vez tiene algo más fuerte y de más amenaza. No eran rumores, ha secuestrado a todos los herederos de las islas. –susurró Heather informando a su hermano adoptivo
Eret pensó detenidamente mientras se sentaba en el trono después de que Karena lo hiciera.
Las chicas también tomaron asiento para descansar un poco por el largo viaje.
-No creo que sólo sean rehenes. Hay algo más, estoy seguro.
El rey golpeó su trono, asustando a su esposa.
-Podremos con esto, Er… lo sé. Lo presiento. Hemos podido con tanto y Drago y su locura no nos van a detener. –prometió esperanzada. –Ahora, debemos hablar del asesinato que se dio, legalmente Skaoi era una sierva con paga, pero después de la traición a Berk y ser cómplice se le castigó con la esclavitud temporal.
-¿Qué pasará con la niña? –la burglar preguntó con voz baja.
-¿Niña? –cuestionó Heather.
-Sí, la hija de Skaoi. Tiene una niña de tres o cuatro años. –Frell…
-Pues… hace un mes iniciamos con el proyecto de "orfanato" para que los niños huérfanos y desamparados puedan crecer hasta que sean mayores y sepan mantenerse por sí solos, supongo que estará allí. –Karena se encogió de hombros.
-Frell… -musitó de nuevo la rubia. –Es la hija de Skaoi.
-Sí, pobre niña, pero, ¿qué más podemos hacer? –se preguntó Eret.
La ex Hofferson se sintió mareada, tanto que Heather lo notó.
-¿Estás bien?
-Sí, estoy bien. –tranquilizó Astrid después de beber un poco de agua que un sirviente le ofreció. –Es sólo que debo decirles algo importante.
Los tres prestaron atención y se sorprendieron al escuchar lo que Haddock tenía que decirles. –Frell, la hija de Skaoi es en realidad hija de Dagur también.
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Hiccup miraba impaciente el horizonte, esperando que Astrid aparecía montada en Stormfly como de costumbre, pero no se lograba apreciar nada.
-Quizá le están ayudando a Karena con eso del asesinato. –opinó Fishlegs, apareciendo a su lado.
-Sí, es probable eso. -coincidió, aunque no muy convencido. Resopló rendido, faltaban un par de horas para que anocheciera pero debía crear un plan. –Si no regresan en tres horas iremos a buscarlas.
-Sabes que iré contigo. Heather me preocupa también. –confesó mientras martillaba la pata de una catapulta en el suelo lodoso, afirmándola.
El jefe le agradeció, aunque vio una pequeña embarcación a lo lejos, entrando en territorio berkiano.
Sacó el catalejo, nervioso de que fuera un ataque aunque por el tamaño y velocidad de los barcos los descartaba como enemigos. Enfocó el lente y notó que era tripulación Kulden.
-Es Fass… -musitó tranquilo, después de todo, aunque no era un aliado en potencia, ahora podía empezar a serlo.
-Habrá que darle la noticia de la muerte de Annek. –opinó Fishlegs limpiándose el sudor de la frente.
-Sí, y espero que no cause una disputa entre las dos islas.
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El vuelo estaba en silencio total. La noticia de tener una sobrina le afectó. Nunca tuvo una buena relación con Dagur, aunque sí la tenía con Karena.
-¿Por qué no dijiste que Frell era mi sobrina? –reprochó Heather, nivelando a Windshear a la altura de Stormfly.
Astrid suspiró molesta. –Ya les dije que Skaoi me lo expresó cuando la enfrenté por haberme puesto el té abortivo. Iba a matarla, Heather. En serio que la iba a matar… pero cuando vi a la niña, de inmediato la relacioné con ustedes, con Dagur. Ella amó a tu hermano, de una manea que no puedo comprender. La obligaron a decirle a él que había abortado, por eso es que Dagur quería tanto un hijo.
-Pero permitiste que mi sobrina pasara necesidad, es decir… aunque sea bastarda tiene sangre Deranged.
-Lo sé. Parte del concejo no quiere a Karena en el trono Berserk. Preferían un descendiente legítimo de Dagur.
-Ya dijiste legítimo, después de todo ella es bastarda.
-Un bastardo puede ser reconocido por el Concejo del gobierno si así lo desea.
-¿Crees que Frell es una amenaza para Karena?
-No en realidad… pero los radicales fieles a Karena pueden ver a Frell como una amenaza para Berserk, así como los que siguen siendo fieles a Dagur quisieran a su linaje en el trono. Skaoi pidió que no mencionara nada. De hecho nadie sabía que era hija de él, yo lo deduje cuando la vi.
Heather suspiró tratando de comprender.
-Lamento haber guardado un secreto así, pero Skaoi me pidió que o dijera nada. –comentó mientras se llevaba una mano a la cabeza, demostrando estar nerviosa.
La castaña le sonrió, empática. –Tranquila Hofferson. Creo que yo habría hecho lo mismo.
La jefa respiró ya más relajada.
-Creo que Eret y Karena la cuidarán bien. –opinó enfocando su mirada hacia el horizonte que empezaba a ser un poco más nubloso.
Deranged notó que la chica se empezaba a desviar del camino que conocía de memoria.
-Amm… Astrid, Berk está por allá. –señaló dudosa.
-Ya lo sé. –defendió molesta. –Pero no vamos a Berk.
La ojiverde se impactó, aunque siguió la ruta que su amiga le imponía.
-¿Entonces?
-Ayer notaste que había descubierto algo en el mapa.
-Sí…
-Descubrí que Drago usa las corrientes marinas para llegar más rápido a las islas. –dicho esto le arrojó un pergamino con el mapa. Heather lo atrapó y vio las anotaciones que había hecho Astrid.
-Tienes razón, pero… ¿qué tiene que ver eso?
-Tras estudiar la geografía del lugar encontré que esas corrientes rodean un lugar en específico. Uno que era brutalmente sitiado en miles de ocasiones por la facilidad de entrar y salir. –reveló apretando los puños.
Alzó más el vuelo, por encima de las nubes. Hasta que comprendió el lugar al que Astrid se refería.
-¡ESTÁN EN BOG BURGLAR!
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Fass y Gala lloraron sobre el cuerpo de Annek.
Pacientemente y con la mayor de las diplomacias explicó la actitud de Annek y las consecuencias de todo.
-Berk lamenta su pérdida. Nos sentimos responsables por el ataque que tuvimos, pues afectó a Escalofrío también.
El jefe consoló a su hermana menor y se apoyó en Janis, su prometida.
-Gracias jefe Haddock. Vinimos en cuanto recibimos su mensaje, pero no fuimos tan veloces como nos hubiera gustado. –confesó con pesadez.
-Puedes hablarme de tú, no es necesaria tanta formalidad. Somos amigos. –Hiccup se encogió de hombros.
-Escalofrío sigue en deuda por traición de mi hermana. –recordó Gala, aturdida por tanta conmoción. –No podemos disponer de su amistad.
El castaño asintió, después de todo eran palabras del tratado que se había finalizado en Escalofrío.
-Ya todo está olvidado. Compartimos su duelo. –dijo Hiccup, colocando una mano en el hombro de Fass.
El Kulden agradeció.
Dirigió su mirada a un par de vikingos que los acompañaron, dando la orden de que se llevaran el cuerpo de su hermana.
-¿Y el bebé? –preguntó Gala poniéndose de pie.
-No sabemos… cuando Annek llegó dijo que había muerto a las pocas horas de nacer. –informó Sotma, quien la atendió en Berserk, entregándole las pertenencias de la princesa occisa.
Los hermanos agradecieron las molestias. Una vez que sacaron el cuerpo de Annek lo llevaron al galeón donde venían.
-Saben que es tradición en Escalofrío enterrar a nuestros difuntos. No que no apreciemos sus costumbres. –se disculpó Fass.
-Claro que los entendemos. –empatizó Gobber, apoyando a Hiccup.
Tras unos momentos dolorosos para Gala y Fass, los jefes se dispusieron a hablar.
-En serio lamento lo de Annek. –repitió Hiccup otorgándole un tarro de Hidromiel, sentados en una de las mesas de su casa.
-No te culpes… fueron los ataques lo que provocó todo. Ya me lo dijiste. –apoyó Fass para después beber de un sorbo todo el contenido. –En cuanto bajen mis presentes nos iremos.
-¿Presentes? –preguntó Hiccup, curioso.
-Sí… creo que es una buena idea para comenzar nuestra intención de restablecer las alianzas, después de todo es lo que nuestros padres quisieron, ¿no?
El castaño sonrió nostálgico. –Sí, creo que tienes razón.
Fass ordenó con la mirada a dos de sus acompañantes, quienes obedecieron y salieron de la casa para llevar ante el jefe de Berk los presentes que le tenían. Al cabo de unos minutos Fass se levantó y pidió que Hiccup lo acompañara.
Al salir el jefe de Berk presenció a lo que el jefe Kulden se refería.
-¿Para nosotros? –preguntó asombrado.
Fass asintió.
-Los caballos son importantes en nuestra isla. Sabemos que tienen dragones y seguramente son más rápidos. Seis caballos para ti y los tuyos, mi estimado jefe además de una yegua para tu esposa, es la más hermosa de la isla.
Gala se acercó a Hiccup con diplomacia.
-Por favor acéptalos, son de los mejores caballos que hay en nuestra isla. Además, tienen algo en el cuello. –comentó Gala, la hermana menor de Fass.
Hiccup bajó la colina donde estaba su choza, se dirigió a los hermosos animales y tomó el pergamino que tenía un cordón de oro sujetando el rollo.
Lo abrió con cuidado y expandió los ojos emocionado, al parecer no todo eran malas noticias.
-¿Ya tienen fecha? –pregunto Hiccup, aunque era más afirmación.
Fass se ruborizó un poco, tomando de la mano a Janis cuando ella se acercó.
–En un mes nos casamos. –dijo la de cabello miel, feliz de contraer nupcias con el amor de su vida.
-Muchas felicidades. –sinceró Haddock. –Claro que aceptamos la invitación. Serán unos grandes jefes.
Los futuros reyes de Escalofrío sonrieron agradecidos al igual que Hiccup, el problema ahora sería crear un establo para caballos, pero ya se le ocurriría algo.
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Heather incrementó la velocidad desde su dragón, tratando de perseguir a Astrid.
-¿Piensas ir a Bog Burglar? –preguntó asustada.
-Sólo voy a sobrevolar. –confirmó alzando vuelo aún más por encima de las nubes.
La castaña resopló, siguiendo a su amiga.
-Astrid, sé que es el lugar donde naciste pero es importante que cuides ahorita de…
-Lo sé, lo sé en serio. Sé que me debo de cuidar a mí misma y a mi bebé. Sólo… sólo quiero…
-Quieres sentir que haces algo. –finalizó la chica por ella.
La rubia se sintió empatizada por ella. Bajó la mirada y notó que era la isla, sin ninguna pista ni rastro de los seguidores de Drago.
-Estaba segura que estaban aquí, que esta era su base. –masculló la chica.
-Al parecer no. Eret me comentó una vez que Drago sabe esconderse bien, Tal vez Drago no está aquí pero sí cerca, ¿te gustaría recorrer el perímetro de Bog Burglar?
Astrid asintió algo mareada, todo el vuelo en Stormfly y sobretodo montar de una manera en la que no estaba acostumbrada la hacía sentirse un poco rara, además que los síntomas del embarazo le empezaban a cobrar resultado.
-¿Astrid? ¿Te sientes bien?
La del Nader empezó a batallar en respirar y sintió un tremendo mareo, aunque se sostuvo de la silla de Stormfly.
-¡As!
-E… estoy bien… es sólo que… estoy muy mareada.
Heather notó que Astrid estaba por caer, en un ágil movimiento se balanceó desde Windshear y saltó hasta el Nadder para sostener a su jefa y amiga.
-Debes descansar un poco. Storm, aterricemos en esa isla. Windshear, ¡alerta máxima!
Las dragonas gruñeron aceptando la orden de la jinete, después de todo estaban en territorio desconocido.
-No… Heather estoy bien… hay que sobrevolar el lugar.
-Astrid… no finjas conmigo. Te conozco, sólo será un momento mientras te restableces. –la regañó maternalmente, permitiendo que se recostara sobre ella.
-En el este de la isla hay una cueva escondida detrás de un muro de lava seca. Hiccup y yo vinimos una vez. –informó Astrid. –Creo… creo que será un buen lugar.
Aterrizaron en un espacio del bosque que la rubia les indicó para pasar desapercibidas.
Heather le consiguió un poco de agua en un pozo que estaba cerca de la cueva, después de que Astrid devolviera lo poco que había comido.
-¡No sé qué me pasó! –exclamó aturdida porque su cabeza seguía dando vueltas.
-Supongo que es parte del embarazo.
-Sí creo que sí. –coincidió la afectada mientras se sentaba en una roca. –Ya me siento mejor, creo que sería mejor irnos.
La castaña apoyó a su amiga, después de todo atardecía y si se tardaban Hiccup mandaría de inmediato una escolta para buscarlas.
Antes de que Astrid subiera a su compañera dragona logró percibir algo que casi no fue detectado.
-¿Escuchaste eso?
-No… no oí nada. –Heather se encogió de hombros, pero notó que las dragonas se movilizaron un poco.
Astrid salió de la cueva con el mayor de los sigilos y fue cuando vio a una muchachita con las ropas rasgadas y múltiples golpes por toda su cara y extremidades arrastrándose en el piso.
-Ayuda…
Por un momento Astrid pensó que podía tratarse de una trampa, pero notó el dolor de la fémina y corrió con ella.
-Heather, está lastimada, hay que ayudar.
La castaña se preocupó de que Astrid fuera a cargarla, la detuvo antes de hacerlo y ella lo hizo hasta llegar a la cueva en donde estaba.
-Drago… lo niños… -susurró débilmente.
Las jinetes de miraron alarmada.
-Astrid, necesita que le atienda las heridas, pueden infectarse. –opinó Heather, conociendo superficialmente el área médica.
La rubia asintió, tocó su frente y tenía poca fiebre además de tener toda la ropa mojada, de la cual se percató hasta ese momento.
-¿Qué le habrá pasado? –preguntó Heather con preocupación.
La muchacha empezó a balbucear algunas cosas, pero al sentir las gentiles palabras de las vikingas se quedó dormida.
-Quizá debamos irnos ya. Tenías razón, están aquí, profanando suelo Burglar.
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En lo que antiguamente había sido el Gran Salón de Bog Burglar estaba Drago sentado en el antiguo trono.
Muchos habían saqueado la isla después de que ésta fuera sitiada, pero seguía manteniendo muchas cosas que aún estaban allí.
-¿Mandaron el cuerpo de la princesa? –preguntó el "amo de dragones".
-Así es señor. Como ordenó, fue mancillada en varias ocasiones, la golpearon y la pusieron en un galeón rumbo a su tribu de origen.
El varón sonrió, hizo un ademán para que el cazador saliera de su presencia.
Una vez que estuvo solo, Drago se levantó del trono y fue hasta la mesa donde reposaba la cabeza de un dragón, uno igual a un Furia Nocturna.
-Oh, querido jefe de Berk. No sabes el juego tan placentero que emplearé entre tu mente y tu estúpido corazón.
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Notas de la autora:
Si seguía escribiendo terminaría la historia jeje
Para este capítulo tuve tantas ideas, porque empieza a tomar forma la parte final de la historia, en el que sigue será muy difícil, no me centraré en la batalla, pero sí habrá otro tipo de problemas personales para todos.
Lo de Frell, la pobrecita quedó huérfana, de momento Eret y Karena la protegerán pero esa escena la pondré en otro fic.
Gracias por leer
Gracias a los que comentan, los que me agregan a autores favoritos y alertas, me hacen muuuuuy feliz.
**Amai do**
-Escribe con el corazón-
Publicado: 12 de marzo de 2017
