Capítulo 32
Ciudad Clefaria
En esa misma tarde, una bandada de Pelipper y Pidgeotto, miembros del gremio de mensajeros, emergió de las nubes por encima de la humilde ciudad de Clefaria trayendo la increíble noticia sobre un pequeño grupo de Bulbasaur que se había escapado de las celdas de detención de Ciudad Hierro...
... Así como, irónicamente, a los Bulbasaur mismos.
Había ocho de ellos en total, incluyendo a los residentes de Ciudad Hierro, habitantes de las praderas en el suroeste, viajeros de ciudades lejanas, y, por supuesto, Saura mismo. Desde que otros Bulbasaur habían sido raros de ver en su tipo de trabajo, Saura expresó el deseo de volar con ellos hasta Clefaria y visitarlos mientras tuviera tiempo de sobra.
Luego de ser dejados en la entrada de una guarida subterránea en donde los prófugos pasarían la noche, Saura aguardó impacientemente a que los efectos de invisibilidad se quitaran completamente y a que los otros Bulbasaur llegaran.
La guarida era un lugar pequeño y acogedor. Tenía un techo muy bajo, perfecto para roedores y otros Pokémon pequeños como Bulbasaur. Un diseño de rocas alisadas incrustadas en el piso y la colocación de diminutas velas en las esquinas daban al lugar una sensación muy hogareña, a pesar de no era la verdad más que una tosca zanja en el suelo. Definitivamente no era un hábitat permanente para ningún poblador, supuso Saura, fue probablemente solo construida como un refugio de emergencia de los Vigilantes.
Mientras respiraba el olor de bienvenida de tierra fresca que llenaba la habitación, anticipando la compañía de los otros Bulbasaur, Saura encontró que sus pensamientos eran llevados de vuelta a un lugar que alguna vez conoció, un lugar al que esta pequeña guarida le recordaba. Antes de que lo supo, encontró que su mente era guiada de vuelta a un distante pensamiento que no había tocado en un muy largo tiempo: su familia.
Había pasado muchas semanas desde que había huido de su casa en el Prado Chico, y había recorrido un largo camino. Pero a través de todo, había tomado la decisión, desde que se había topado con Char y dedicado a la resistencia, de olvidarlo. Tal vez era por pesar; le causaba una punzada de dolor recordar todo lo que había abandonado tan ávidamente cuando él y Char acordaron unirse a la División Dorada. De repente, recordó los días que pasó explorando el prado y el bosque con sus hermanos, que le ayudaron a aprender cómo defenderse en lo salvaje. Recordó la ocasión en la que se confió demasiado e intentó ir a explorar sin ellos, solo para quedar atrapado en una mazmorra misteriosa cercana hasta que lo encontraron. Recordó los días que se pasó caminando con su hermanita yendo y viniendo del Risco Hiedra, solo para que ella pudiera ver a sus amigos. Recordó a su madre y a su padre, ambos perezosos Venusaur viejos, quienes amaban y cuidaban de sus hijos más que otra cosa. Recordó cómo siempre podía contar con ellos por apoyo, si se hubiera raspado la pata en una espina, o hecho que sus cepas se enredaran en un horrible nudo, o simplemente no podía alcanzar las bayas en la rama más alta de un árbol. Sí, podía contar con ellos para cualquier cosa. Cualquier cosa, eso era, hasta que un día cuando algunos Pokémon los visitaron...
No... se dijo Saura. No quiero recordar esa parte. No hay necesidad.
Recordó a sus propios amigos, los Pokémon con quienes le gustaba pasar su tiempo. Recordó al chico Nidoran, quien no tenía nombre, y todas las tardes que pasaron juntos tratando de encontrar el tesoro en el fondo del Estanque Décuplo, absolutamente convencidos de que existía uno. Recordó la vez en que el Nidoran de alguna forma se quedó atrapado entre una roca y un árbol, y Saura tuvo que defenderlo de un vicioso Ekans salvaje mientras él luchaba por liberarse. Recordó la vez en la que encontraron a un Pidgey caído y se pasaron el resto del día poniéndolo de vuelta en su nido, solo para de repente tener a la madre Pidgeotto volviendo a casa y atacándolos implacablemente. Recordó el maravilloso pero torcido sentido del humor del Nidoran, la personalidad más única que había encontrado jamás. Recordó todas las aventuras que tuvieron juntos, y cómo siempre podría solo cruzar el prado y visitarlo cada vez que se sentía aburrido o frustrado con algo... hasta un día, cuando vino a encontrar que el Nidoran y su madre ya no estaban en su casa. Nunca más los vio de nuevo...
Ni siquiera pude decirle adiós, pensó Saura para sí con tristeza. Tú, de todos los Pokémon, merecías una despedida de mí. Espero, en donde sea que estés, te encuentres bien...
Recordó a Clari, la Chikorita que le mostró por primera vez la entrada secreta al Túnel Gravelerroca y lo desafió a atravesar la cueva. Recordó su vehemente, aventurera y temeraria personalidad que siempre los metían en problemas con alguien. Recordó cómo siempre jugaban a las escondidas, pero que nunca ganaba, porque ella siempre espiaba. Recordó estar infinitamente celoso de su habilidad de lanzar hojas afiladas, y cómo él luchó incansablemente mes tras mes para copiar el truco, paladeando el pensamiento de estar a su nivel finalmente. Pero ni siquiera eso llegó a ser, porque un día, ella se despidió y se mudó muy lejos, donde era más seguro estar para su familia...
Todo termina, se recordó Saura. Cada amanecer termina con un atardecer. No debería alterarme por lo que dejé atrás. Tengo una nueva vida ahora, y estoy orgulloso de tenerla. Je... ¡Lo supe, desde el momento en que Clari me mostró el Túnel Gravelerroca, que mi futuro estaba en algún lugar al otro lado! Solo nunca pude conseguir el coraje para entrar... ¡y nunca hubiera adivinado que alguien tendría que perseguirme para hacerlo!
A pesar del significante esfuerzo que Saura estaba haciendo para convencerse de que no tenía que estar avergonzado de nada, un extraño sentimiento de disgusto brotó en su vientre. Todavía había algo de lo que no se sentía cómodo, y no se iba.
¡Tuve que huir!, se dijo Saura con más dureza. ¡Mamá y papá me traicionaron! Bueno, sé que ellos no pensaban que había algo malo en que yo me uniera al Maestro... pensaron que sería un buen futuro para mí... pero ellos... no me escucharon cuando les dije que no quería... No me protegieron... Pero si me protegían, los hubieran castigado... Por eso es que hui...
Pero justo entonces, Saura tuvo que cortar con su dolorosa reflexión cuando el primer Bulbasaur entró a la guarida. Supo que el resto estaría llegando en meros momentos, así que puso su mejor sonrisa y se preparó para saludarlos.
El primero era uno muy joven–solo un pequeño retoño–y se veía muerto de miedo. Solo ver a la pobre cosita hizo que el corazón de Saura se derritiera...
—¡Hola! —dijo Saura, acercándose rápidamente al diminuto Bulbasaur—. ¿Vas a estar bien? Estás seguro ahora. Nadie te va a capturar aquí.
—¿Eres uno de los malos? —replicó el pequeño retoño, alejándose lentamente.
—Ja, no, no lo soy —rio Saura, aunque un poco extrañado—. Soy uno de los más buenos, lo prometo. ¡Te ayudé a escapar!
Viendo a la pequeña cosa tan agitada, Saura simplemente quería darle un gran abrazo y decirle que todo estaría bien. Pero cuando intentó hacerlo, el pequeño retoño aulló y se alejó hasta la esquina, jadeando del susto.
—¡ALÉJATE! —gritó—. ¡Mami dice que NUNCA debo dejar que Pokémon extraños me estrujen!
—Eso... es buen consejo —fue todo lo que Saura pudo pensar para decirle antes de decidir dejar a la cosita sola.
Después, tres Bulbasaur más descendieron de las escaleras e ingresaron al refugio subterráneo. Eran mucho más grandes y mayores que él; eran de florecimiento tardío, determinó Saura, sorprendido de que no fueran Ivysaur todavía. Pero luego recordó que la evolución no estaba disponible actualmente, así que decidió no criticarlo–especialmente desde que él, después de todo, no tenía ningún plan de evolucionar alguna vez.
—Oigan, chicos —le dijo Saura a los Bulbasaur más grandes cuando entraban—. ¿Felices de estar fuera de ese lugar? Sé que yo lo estoy. Esa fue una ley realmente estúpida, solo salió de la nada.
—Sí, ¿y quieres escuchar el remate de todo esto? —uno de ellos respondió—. Bulza aquí estuvo en prisión por una semana antes de que la ley siquiera saliera. ¡Él es un criminal real!
—Nah, silencio, no hice nada realmente horrible —insistió Bulza—. Solo me atraparon robando algo de comida. Nada grande. No cometeré el mismo error de nuevo.
—¿Te refieres a que, cómo, no intentarás robar más, o no cometerás el mismo error y que te capturen de nuevo? —preguntó Saura bromeando.
—Quizá ambos —replicó Bulza—. Probablemente dejaré el hábito por una semana, luego me descompondré y volveré a hacerlo, ¡y seré mejor también! Así es como siempre funciona.
—Oh... —dijo Saura, medio decepcionado, antes de iluminarse otra vez—. Bueno, ¡no puedes ser un criminal más grande que yo! ¡Yo soy el que ayudó para liberarles recién!
—Oh, bueno, supongo que te debemos las gracias —dijo uno de los otros Bulbasaur, asintiendo—. Fue divertido ser invisible por un tiempo. Desearía poder haberme salido y hacer algo con eso, sin embargo. Pero esos estúpidos pájaros nos atajaban...
—Oye —dijo Bulza, su voz rebosando con genuino interés—. ¿Tienes más de esas cosas que te hacen invisibles, por casualidad? ¿Eh?
Fue en eso cuando Saura decidió que en realidad no estaba interesado en continuar la conversación con este grupo de Pokémon, así que cortó la charla cortésmente y aguardó al siguiente recién llegado.
Cuando vio al Bulbasaur siguiente descender las escaleras, su mandíbula golpeó el suelo.
Era de su edad más o menos, si no un poco mayor que él. Había algo verdaderamente increíble sobre él: la semilla que transportaba en su espalda era del profundo y oscuro color las hojas perennes, y su piel tenía un innatural tinte amarillo verdoso. Miraba al suelo mientras ingresaba a la guarida como si intentara no encontrarse con los ojos de Saura, pero le echó un vistazo cuando pasó junto a él.
—¡Vaya, oye! —exclamó Saura, finalmente reponiéndose—. ¡Mírate! ¡Eres–
—¡Sí, sí, lo sé, lo sé, ya lo sé! —explotó en la cara de Saura—. ¡Lo entiendo! ¡¿De acuerdo?! ¡Estoy descolorado! ¡Por Shaymin, lo dices como si fuera algo nuevo para mí! ¡¿Sabes qué tan molesto se vuelve cuando cada Pokémon que alguna vez conoces te saluda señalando tu color?!
—¡L-lo siento! —tartamudeó Saura de vuelta, siguiéndolo mientras intentaba alejarse de él—. ¡E-esa no era mi intención! Solo estaba–
—Solo estabas sorprendido de ver a un fenómeno de la naturaleza como yo —se burló categóricamente—. Lo sé. Ponte en la fila. Por Arceus, ¿por qué yo? La verdad estaba contento de ser invisible por un tiempo hace rato, estoy tan harto de que cada Pokémon que me ve se distraiga por la brillante... Arceus, qué día tan malo ha sido este...
Se enfurruñó en una esquina y no dijo nada más.
Saura empezó a ojear al Bulbasaur amarillo verdoso otra vez para admirar el espectáculo, pero luego decidió que era mejor ser educado y se dio la vuelta. Estaba sorprendido de que alguien pudiera tener algo tan especial y raro, ¡pero pensar que era como una maldición!
Bueno, de cualquier modo, no estoy haciendo un muy buen trabajo haciendo amigos, se dio cuenta Saura. Veamos quién sigue...
—¿Saura?
Cuando la diminuta voz sonó, perforó hasta el fondo el corazón de Saura. Su respiración se detuvo.
Por solo un momento, le pareció a Saura que el tiempo se había detenido, o que había sido sumergido en un sueño. Era una voz que conocía bien, pero no esperaba escuchar, especialmente en un lugar como este...
—¡Saura! ¡Eres tú! ¡Sabía que eras tú!
Se volvió hacia la entrada de la guarida. Tenía que saber si era cierto.
Lo era. Al final de las escaleras, vencida con la misma incredulidad que él, estaba una pequeña Bulbasaur no más grande que la mitad de su tamaño–su hermana menor.
—¿Saurlee...? —articuló él.
Los dos entraron en una corrida y se destinaron uno hacia el otro a través del suelo, prácticamente colisionando de cabeza. Antes de que lo supiera, sus cepas estaban estrujándola con fuerza y su frente estaba tiernamente presionada contra la de ella. No era alivio, o entusiasmo, o siquiera júbilo lo que lo que lo cubría mientras la abrazaba, era algo como amor puro, mezclado con la vergüenza que venía con saber que él había sido el que retrajo ese amor de ella. Por solo aquel momento, no le importó por qué rayos ella había estado en prisión o por qué siquiera estaba en Ciudad Hierro para empezar, solo estaba feliz de verla.
Aunque los Bulbasaur eran difíciles de diferenciar unos de otros, esta era una que nunca olvidaría–era Saurlee, su hermana pequeña, el segundo miembro más joven de su familia. Siendo el hijo del medio y el que siempre tenía que hacer de niñero, Saura se había vuelto el mejor de los amigos con ella, y ella siempre lo había admirado. Esta era la razón por la que se sentía arrepentido de haber huido de su hogar, se dio cuenta: su familia todavía lo amaba, sin importar cuánto intentara convencerse de lo contrario. Sabía en el fondo de su mente que, al dejarlos, les había roto el corazón.
—¡En serio eres tú! —gimió Saurlee, sin atreverse a separarse de él—. Pensé que escuché tu voz, pero no sabía que eras tú porque eras invisible. ¿Estás bien? Estábamos todos tan preocupados cuando desapareciste. ¡No pudimos encontrarte por ningún lado! ¡Casi le diste un infarto a mami! ¡Pensé que nunca más te vería otra vez, Saura!
—¿Qué rayos estás haciendo aquí, Saurlee? —jadeó Saura, intentando eludir responder sus preguntas—. ¡Estás tan lejos de casa! ¿Cómo llegaste aquí?
—Yo y Saurvor fuimos a la Costa —explicó ella—. ¡Cuando volvimos, paramos para descansar en Ciudad Hierro y me metieron en la cárcel! ¡Ni siquiera sé por qué!
—No hiciste nada malo —le aseguró Saura—. Está bien. Es solo una ley estúpida que inventaron ayer. Estás segura ahora. Estás bien.
—Saura, ¿qué te pasó? —demandó Saurlee, mirándolo a los ojos—. ¿Por qué te fuiste? ¡Mami y papi están preocupados porque estás perdido! ¡Te buscamos por semanas! ¡Incluso en las mazmorras! Saura, estábamos tan asustados. Mami hasta lloró...
—Estoy muy bien —le aseguró él—. Tengo una vida muy buena ahora.
—¿Te fuiste a trabajar para el Maestro? —preguntó ella—. ¿Justo como dijo el Flareon?
Era otra memoria que deseaba reprimir lo más pronto posible. Una mañana temprano, su familia se despertó por los llamados de un Flareon, respaldado por un equipo de poderosos soldados, que lo eligió a él del resto de sus hermanos para servir al Maestro. Ese día fue como una pesadilla para él; ya despreciaba al Maestro, y sintió que hubiera preferido morir antes que ceder a sus demandas. Y lo peor fue cómo se pasó el resto de la tarde intentando convencer a sus padres para que lo ayudasen, decirles que no tenía que ir, para que lo escudaran de tal destino... y cómo rechazaron cada una de sus súplicas...
—¡Saaaauraaaa! —gimoteó Saurlee, alargando su nombre justo como siempre haría—. ¿Te uniste al Maestro? ¿Ganan mucho dinero allí?
—No, no, no lo hice —dijo Saura, desprendiéndose de su imagen mental—. Pero está bien. Estoy bien en donde estoy. Gano dinero, tengo amigos... Soy feliz.
—¿Tienes un trabajo ahora? ¿Qué es? —inquirió Saurlee—. ¿Es divertido?
—A veces, sí —replicó Saura—. Mi trabajo es... Ayudo a un montón de Pokémon muy importantes a hacer las cosas que se supone tienen que hacer.
—¿Pero qué hay del Maestro? —exclamó Saurlee—. ¿No está enojado contigo? ¿No te castigará por huir?
—Saurlee, estoy bien —dijo Saura otra vez—. Probablemente solo elegirá a otro Bulbasaur. Creo que estoy liberado.
Mientras que no era completamente la verdad, tenía que decirse.
—Oh, Saura, te extrañé tanto —suspiró Saurlee otra vez, inclinándose de nuevo y descansando su cabeza en su cuello—. ¡Vamos, volvamos con Saurvor, él todavía está en la ciudad! ¡Él estará tan feliz de verte! ¡Cuéntanos todo lo que has hecho!
Saura se mordió el labio. Solo no podía creer esto. Su corazón brincó ante el pensamiento de pasar toda la noche con Saurvor, su hermano mayor Ivysaur, y Saurlee, pero...
—No puedo —suspiró él—. No tengo suficiente tiempo. Tengo que irme pronto. En donde trabajo, ¡vamos a hacer un viaje grande mañana a la mañana! Y me necesitan ahí para tener las cosas listas. Me encantaría quedarme aquí toda la noche, oh, Saurlee, me encantaría. Pero no puedo.
—¡Saura, por favor! ¡No te vayas de nuevo por favor! —suplicó Saurlee, envolviendo sus pequeñas cepas alrededor de su pierna para retenerlo—. ¡Acabo de encontrarte! ¡No te vayas!
—Desearía que nada de esto hubiera ocurrido en primer lugar —gruñó Saura—. Desearía que ese Flareon jamás hubiera venido a nuestra casa. Pero... así es como es la vida. Las cosas nunca quedan iguales. Incluso aunque sean las mejores cosas en el mundo.
—Pero no quiero que te marches de nuevo —dijo Saurlee otra vez, al borde de las lágrimas.
—Escúchame, Saurlee —le rogó Saura, mirándole a los ojos nuevamente—. Por favor, no llores. Escucha. Quiero que descanses aquí por esta noche, e intentes llevarte bien con todos los demás Bulbasaur. Mañana a la mañana, unos Pokémon agradables vendrán para asegurarse de que vuelvas con Saurvor. Quiero que regreses a casa con Saurvor. Y cuando lo hagas, quiero que le digas a mamá y papá todo lo que acabo de contarte, ¿está bien? Diles que encontré un lugar en donde vivir y que deberían estar felices por mí. Diles que estoy sano y salvo y que no hay por lo que preocuparse, ¿está bien? ¿Puedes hacer eso por mí?
—Está bien —susurró Saurlee reacia, empezando a llorar—. ¿Prometes que no te irás para siempre?
—Lo prometo —le dijo Saura.
—Te quiero —susurró Saurlee.
—Te quiero también —susurró Saura de vuelta, secándole las lágrimas gentilmente con su nariz.
Se quedó con ella el mayor tiempo que pudo, hasta que el sol en el cielo empezó a apagarse y la tarde comenzó a convertirse en noche. Luego, profirieron sus últimas lacrimosas despedidas, y Saura fue llevado de vuelta volando por un Pidgeotto al lugar al que estaba obligado estar.
Base de la División
—¡Eso... fue... ASOMBROSO! —vitoreó Ray fuertemente mientras el Equipo Ascuas, liderado por Scythe, Marrow, y Markov, finalmente retornaba de la misión del día—. ¡Esa fue la mejor misión que alguna vez hice! Scythe, ¡¿cómo rayos pensaste en un plan tan brillante tan rápido?!
—Bueno, a decir verdad, no es una estrategia nueva para mí —admitió Scythe—. La verdad ya lo he hecho antes, cuando cometimos un ligero error en nuestros planes y a Raon lo encerraron por fraude en Cresta Peñasco.
—Je, pero déjenme que les diga, esa no resultó demasiado bien —agregó Marrow humorísticamente—. Conseguimos sacar a Raon, pero Scythe se olvidó de pensar una forma de sacarse a sí mismo, ¡así que terminó atascado en la cárcel–con seguridad aumentada, incluso–por dos semanas enteras!
—Bueno, esta vez nos salió bien —les recordó Scythe—. Me imaginé que la forma correcta de llevarlo a cabo era tener a un civil que alertara a la policía, de esa manera su historia no es considerada como sospechosa. Y además, solo me atraparon porque tuve que sugerir que abrieran la puerta de la celda para verificar y ver si Raon todavía estaba ahí, para que él pudiera escabullirse y salir. Pero esta vez, esos papanatas lo hicieron todo por su cuenta. Y creo que tenemos que agradecer a Ray por eso.
—¡No fue nada! —se rio Ray—. Y además, fue increíble sentir toda esa electricidad. Con rayos, solo puedo soportarlos por un segundo antes de tener que descargarlos. ¿Pero ese generador? ¡Tuve que sostener esos cables por veinte segundos enteros! ¡Me sentí como un Electrode a punto de despegar a la luna!
—Caray... —dijo Char—. Volver invisibles a los prisioneros, luego hacer que alguien abriera las celdas para que pudieran escapar. Es como si los dejaran ir al aumentar la seguridad. Eso es tan ridículo, no puedo creer que funcionara. ¡Pero funcionó!
—Ese es a menudo el mejor tipo de complot para revelar —dijo Scythe—. Deja que el oponente sepa exactamente lo que estás haciendo–sin trucos ahí–pero luego, asegúrate que su intento de contraatacarte en realidad te ayude. Si se coloca apropiadamente, terminas con un escenario en donde tendrás éxito si ellos fracasan, o si ellos tienen éxito, igual tú tendrás éxito. Déjenme decirles, ¡no hay victoria más dulce que ver a tu enemigo cruzar la línea de meta por ti!
—Ah, pero todos los meros mortales como yo o ustedes no pueden esperar confeccionar planes lo suficientemente ingeniosos para realizar eso —bromeó Marrow con Char—. Solo el ingenio de los legendarios Pokémon conocidos como Scyther es lo suficientemente grandioso–
—¡MALDITA SEA! —gritó una voz—. ¡Ni una! ¡Ni una más! ¿Dónde está la orden de Ciudad Porcelana? ¡MALDICIÓN!
Estaban pasando frente a la tienda de Kecleon de camino al almacenamiento para dejar su equipaje excesivo cuando una voz sorpresivamente violenta estalló desde dentro, gritando maldiciones que seguramente Dialga podría haber escuchado.
—No hay que preocuparse, no hay que preocuparse —dijo otra voz más calmada—. En dieciséis días, tendremos más esferas. ¡Contacté con ellos hoy y dijeron que estaban atrasados!
—¡AAUGH! —exclamó otra vez la voz.
El hermano Kecleon de color rosado apareció en la puerta, pareciendo un poco falto de aire. Se puso de vuelta su cara de vendedor, sin embargo, tan pronto como atisbó a los paseantes.
—Uh... ¿qué está ocurriendo aquí? —Char no pudo evitar preguntar.
—¡Oh, no es nada, en serio! —aseguró el Kecleon en su cordial conducta usual—. Mi hermano está solo un poquito rojo por el momento, principalmente porque alguien se salió con la suya robándole más temprano hoy, y en Ciudad Hierro, nada menos. ¿Puedo hacer algo por ustedes en esta hermosa noche?
Hubo un ruidoso clack cuando Marrow golpeó su hueso contra su casco de cráneo—. Oh, maravilloso. Casi lo olvido —murmuró casi silenciosamente bajo su cráneo—. Scythe, tal vez necesite tu ayuda aquí. Tal vez necesite refuerzo.
—Oh-oh —dijo Scythe consternado—. ¿Esto va a involucrar una batalla...?
Levantando la bolsa de suministros, Marrow entró a la tienda, seguido de cerca por Scythe. Con su curiosidad ganándole, Char asomó su cabeza a través de la puerta para espiar lo que ocurría.
Marrow se acercó con calma al mostrador frontal en donde el otro hermano Kecleon estaba revolviendo furiosamente cosas como papeles y suministros, dejando cajas y canastas esparcidas por todo el suelo. Char notó que el Kecleon de color rosado no estaba bromeando–realmente estaba rojo, como, el color de sus escamas habían cambiado, haciendo que su apariencia se asemejara a algún tipo de Charmeleon horriblemente mutado.
—Uh, señor Kecleon, si no le importaría —dijo Marrow.
—Lo siento, lo siento, estoy terriblemente ocupado por el momento —replicó el Kecleon en una manera muy agitada—. Lo siento mucho. Mi hermano les atenderá...
¡Plink!
Marrow dejó caer un pequeño saco lleno con monedas Pokémon sobre la encimera. Char lo reconoció como el suministro de Poké que habían sustraído de la tesorería aquella mañana, es decir, el extra que había sobrado luego de poner algo en el pequeño saco que Saura usó para colar las Semillas Invisible en la prisión.
La cabeza del Kecleon se giró. Ojeó el saco de dinero.
—¿Qué es esto? —demandó él—. ¿Qué van a adquirir con esto?
—Nada —dijo Marrow con calma—. Esto es el interés. Y esto...
Alcanzando dentro de la bolsa, Marrow sacó el Lazo Perfora que le había permitido lanzar las Semillas Invisible directo a través de las sólidas paredes de acero de las cámaras de la prisión. Lo colocó al lado del dinero.
Kecleon estaba pasmado. Todavía estaba furioso, pero lo suficientemente conmocionado para escuchar por un minuto.
—Marrow, ¿cómo pudiste? —dijo Scythe en un estupor completamente sarcástico—. Este pobre vendedor te ha servido incondicionalmente por años, ¿y tú tienes la audacia de traicionar su confianza y robar de él?
—Nuestro equipo posee legítimamente dos de ellos —explicó Marrow—, pero olvidé que Daemon llevó ambos a principios de la semana. Y necesitaba uno para nuestro trabajo de hoy, así que... tuve que hacerlo.
Char sostuvo el aliento, y le pareció a él que Scythe y Marrow estaban haciendo lo mismo. El reptil recogió el Lazo Perfora y lo evaluó, como para inspeccionar si tenía rasguños.
—Bueno, entonces —replicó finalmente el Kecleon—. En ese caso, ¡tengan una maravillosa noche, y muchísimas gracias por sus negocios!
Vaya, ¿los está dejando libres de culpa?, se preguntó Char. Me pregunto si Kecleon está fingiendo ser todo educado, ¿o es que en serio tiene una mente tan cerrada?
—Lo siento mucho si es que le causé algún tipo de angustia —dijo Marrow humildemente.
—No, no, el placer es todo mío, en serio —replicó el Kecleon con una pequeña reverencia—. Me alegra el día saber que tengo clientes como ustedes, Equipo Remordimiento. Un ladrón que de buena gana devuelve lo que roba difícilmente puede ser llamado un ladrón en lo absoluto. No puedo agradecerles lo suficiente. ¡Siempre feliz de ser de servicio!
Oh, no me extraña, se dio cuenta Char. Ellos son el Equipo Remordimiento. Pueden salirse de cualquier cosa si mueven algunas palancas. Probablemente han gastado millones y millones de Poké aquí a lo largo de los años, no hay forma de que Kecleon pueda rechazarlos. Pero realmente hace que me pregunte... solo hace unos momentos, Kecleon estaba gritando como algún tipo de enfurecido y rabioso... monstruo. Hace que me pregunte si siempre están escondiendo un temperamento tan horrible bajo aquellas sonrisas que siempre están fijas en sus rostros...
... ... ...
Una vez que los suministros fueron descargados, el Equipo Ascuas se relajó en el piso inferior y tuvo una cena bien grande, contándose uno a otro sobre las experiencias de su día. Char explicó a dónde Scythe lo había llevado, y cómo descubrieron el solapado truco que Adiel estaba intentando realizar. Saura y Ray mostraron la misma reacción que Char hizo al comienzo, preguntándose cómo Scythe supo que era un farol.
—Él piensa que Adiel descubrió de alguna forma cuándo estaba planeando su esfuerzo final en el Cañón Cuenco, y aunque Scythe no caería por el truco, sabía que la mayor parte de Ciudad Hierro lo haría, así que sería realmente algo distractor. Lo llamó una distracción de mendigo.
—Espera, ¿qué? —Ray se quedó boquiabierto—. ¿Adiel sabe la fecha de reubicación? ¡Eso es terrible! Esa es una de las cosas que ha intentado mantener escondida de él. ¡Si Scythe se encuentra con demasiada resistencia, fracasará muy mal! Me pregunto cómo Adiel lo averiguó.
—Si Adiel es casi igual de astuto que Scythe, tal vez no fue demasiado difícil para él —consideró Char—. Pero creo que Scythe lo tiene todo cubierto. Parece saber lo que está haciendo.
—Tienes razón —dijo Ray con un asentimiento—. Tal vez está llevando a cabo uno de esos complots de ganar o ganar que estaba hablando hace un rato. Si ese es el caso, ¡apuesto a que Adiel va a caer!
Luego, Saura contó sobre su encuentro con su hermana pequeña. Char estaba realmente sorprendido. Durante todo el tiempo en que se habían conocido, Saura nunca habló mucho sobre su familia aparte de algunos comentarios breves de vez en cuando. Se imaginó, desde el día en que se conocieron, que Saura mantenía una especie de reprimido resentimiento hacia su familia y simplemente prefería no hablar de ellos. Pero ahora, mientras Saura contaba de su relación con Saurlee, la visión de Char sobre él empezó a cambiar.
—Ella era la última Bulbasaur que esperaba ver en esa habitación —divagaba Saura—. Me contó cuán asustados dejé a mis padres cuando me marché. Casi deseo solo poder...
La expresión de Saura cambió, e interrumpió su oración.
—¿Solo poder qué? —insistió Char—. ¿Quedarte con ella esta noche? ¿Ir a ver a tu familia otra vez? ¿Quieres... hacerlo?
—No puedo —dijo Saura, dando el encogimiento de hombros más falso que Char había visto jamás—. Tengo obligaciones prioritarias. Además, los veré de nuevo algún día.
—No tenía idea de que te sintieras así por tu familia —dijo Char.
—Oye, Char, estoy bien —clamó Saura, llevando una gran sonrisa—. De acuerdo, admitiré, siempre me he sentido un poco avergonzado de mí mismo por dejarlos de la forma en que lo hice, pero pienso que hoy lo hice mucho mejor. Saurlee irá a casa, y hará saber a mamá y a papá que todo está bien. Así que ahora puedo dejar de preocuparme demasiado por ellos, cuando sé que no se están preocupando demasiado por mí. Pero no hay lugar en donde desearía estar sino aquí.
Char decidió dejarlo ahí. Sabía que, a pesar de cuáles conflictos internos Saura mantenía para sí, había hecho sus decisiones y estaba contento de adherirse a ellas... sin mencionar que el pensamiento de ir a la Torre del Tiempo sin él era simplemente espeluznante.
Finalmente, justo cuando Ray estaba contando la historia de cómo saboteó el generador, Scythe se aproximó a su mesa.
—¿Comieron bien? —preguntó.
Ellos asintieron.
—Bien —dijo—, porque es tiempo de venir. Alta Inteligencia nos está llamando ahora. Vayamos.
El Equipo Ascuas prontamente limpió su mesa y siguió a Scythe escaleras abajo.
... ... ...
La siguiente cosa que supieron fue que al Equipo Ascuas se le había otorgado la entrada a la guarida de Inteligencia. Se pusieron firmes cerca de la mesa central de la habitación mientras Alakazam se recomponía, preparándose para dirigirse a ellos. Saura estaba impresionado de la grandeza de la habitación, y Ray estaba hechizado por todo, incapaz de romper contacto visual de las colecciones de libros, instrumentos, y mapas que cubrían las paredes y las mesas de la habitación entera. Char ojeó a Metagross, que todavía yacía silenciosamente en el otro extremo de la habitación observando atentamente la reunión. No se había movido ni un centímetro desde que Char lo había visto por última vez.
—No puedo creer que en realidad estamos aquí —jadeó Ray—. No sé si sentirme honrado o indigno...
—Está arreglado —dijo Alakazam desde el otro lado de la mesa—. Fue un desafío conseguir organizar todo en un plazo tan corto, pero está hecho. Está todo puesto en marcha para mañana a la mañana. Su transporte estará esperándoles justo afuera de la entrada occidental. Estén ahí para el primer indicio del amanecer, y podrán hacer el vuelo a la División Esmeralda en solo dos días si los vientos son cooperativos.
¿Vuelo?, se preguntó Char. ¿Volaremos hasta ahí?
—Scythe, espero que estés preparado para esta misión —habló Alakazam autoritariamente—. La responsabilidad de este Charmander permanece en tus manos. Protégelo con tu vida.
Scythe hizo una reverencia. Ya no hacía falta ser dicho.
—Esto va para ustedes también, Bulbasaur y Raichu, si lo estarán acompañando —dijo Alakazam con gravedad—. Su amigo Charmander representa más de lo que alguna vez sabrán. Deberán estar dispuestos a ponerse en posición de riesgo por él. Él debe alcanzar la cima de la Torre del Tiempo a cualquier costo, incluso si significa que deba ser a costa suya. ¿Entienden?
—Lo sabemos —dijo Saura—. Daremos todo lo que tenemos.
—Que así sea —dijo Alakazam, señalando con su mano hacia la mesa—. Ahora, la noche en que arriben de su vuelo, se presentarán al Equipo Arrepentimiento. Ellos están esperándoles. Desde ahí, se quedarán una sola noche en la protección de su base para continuar sus preparaciones. Han estado trabajando duro para investigar sobre la Torre del Tiempo mientras aguardan su llegada; son capaces de ofrecerles ayuda más específica que yo. El día siguiente, una vez que los Vigilantes hayan bajado del cielo, serán llevados volando al norte hasta el borde de Zerferia. Desde ahí, continuarán a pie por aproximadamente veintisiete kilómetros en dirección nornordeste, localizarán la Torre del Tiempo, e ingresarán a ella.
—¿Por qué no solo volamos todo el camino hasta la Torre del Tiempo? —se preguntó Char en voz alta.
—Las tormentas de Zerferia no lo permitirían —explicó Alakazam—. Zerferia es una tierra de glaciales tormentas de nieve que nunca cesan. No hay Pokémon que pueda navegar en esos vientos, e incluso aquellos que poseen la suficiente habilidad para surcar las corrientes de aire encontrarían que sus alas se paralizan por congelación en meros minutos.
—Espera, espeeeera —gañó Char—. ¿Este Zerferia... es... frío?
—Devastadoramente frío —dijo Alakazam, apuntando hacia la gigantesca masa de tierra de color blanco que yacía al norte de Ambera en el mapa—. Tan frío, de hecho, que muchos Pokémon no pueden sobrevivir allí. Incluso aquellos con alineación al hielo tienen problemas encontrando comida o abrigo suficiente para hacer un hogar allí. Zerferia es estéril.
Char sintió que sus esperanzas caían solo un poco mientras se imaginaba haciendo frente al lugar descrito, caminando penosamente a través de una interminable ventisca a medida que vientos bajo cero azotaban su cuerpo y lo adormecían hasta que solo un dolor punzante restaba. Se imaginó a su flama flaquear en el viento, luchando por mantenerse con vida...
—No temas —dijo Alakazam, dirigiéndose a Char directamente—. Tú, de todos los Pokémon, serás envidiado por tus compañeros de equipo en ese implacable lugar. Tú eres el que tiene el interminable fuego ardiendo en su corazón. Te mantendrá caliente.
—Sí —agregó Xatu, acercándose a la mesa y parándose al lado de Alakazam—. Eres un Charmander más fuerte y grande de lo que eras semanas atrás cuando nos dirigimos a ti por primera vez. Has crecido en tamaño y estatura, y el ascua dentro de ti arde más brillante que nunca. Te sustentará bien a través de este viaje.
Luego, Alakazam colocó una bolsa de viaje muy voluminosa en la mesa. Era más grande que cualquiera que el Equipo Ascuas había usado antes, y Char pudo ver que estaba repleta con objetos útiles.
—Sus suministros —dijo Alakazam—. Hemos recibido la funesta noticia de que la Torre del Tiempo lleva las propiedades de una mazmorra misteriosa. Estos son los mejores objetos de nuestros dominios que pudimos disponer para ustedes. Esperamos que les duren a través de su excursión.
Scythe ojeó la bolsa pensativamente—. Hmm, ¿podría ver lo que hay adentro? —preguntó—. Nos gustaría saber con qué estamos lidiando.
—Muy bien —dijo Alakazam.
Metió la mano en el bolsillo delantero de la bolsa y sacó un abultado saco.
—Diez bayas zidra —anunció—. Úsenlas tan libremente como deban para mantenerse en una pieza. Y si estas han de fallarles...
Metió nuevamente la mano y sacó otro abultado saco, este bordado con relucientes hilos dorados.
—Diez Semillas Revivir —dijo él—. Son sumamente raras, y representan la mayor parte de nuestras reservas. Esperamos que les sirvan en su tarea próxima.
Oooh... articuló Char, mirando la bolsa. Esas son más Semillas Revivir de las que probablemente veré en una vida... Espero que no tengamos que usarlas todas...
Otro saco fue colocado ante ellos, este produciendo un aroma muy atrayente, haciéndole agua a la boca de Char incluso aunque acababa de atracarse con comida solo momentos antes.
—Cuatro Manzanas Oro —dijo Alakazam—. Una para cada uno. Si no las malgastan, será toda la comida que necesitarán.
Parecía que no había final a los maravillosos objetos colocados ante ellos. Vinieron Semillas Cura, Semillas Invisible, esferas que petrificarían a números masivos de enemigos cercanos y los harían inofensivos, reunirían a compañeros perdidos, harían al equipo entero invulnerables por un periodo limitado de tiempo, embrujarían a los Pokémon salvajes para que pelearan de su lado temporalmente, y muchas más. Char perdió la cuenta. Finalmente, sacó de la bolsa unos accesorios extraños.
—Gafas Rayos X —dijo Alakazam—, para permitirles ver enemigos detrás de paredes. Un Lazo Evasión, para incrementar su agilidad en el combate. Una Banda Rapidez, para darles más ventaja. Un Pañuelo Móvil, si se encuentran atrapados e incapaces de escapar.
Char no vio razón para mencionar que ya poseían uno de los últimos objetos. No se iba a quejar por tener dos.
Con todo, la bolsa estaba empacada con cuarenta y ocho objetos, no permitiendo que más cupieran.
—Si desean llevar algún suministro menor adicional que se adapte a sus preferencias, deberán llevar una segunda bolsa —dijo Alakazam—. Pero nos hemos asegurado de que no quedarán con las ganas. Los corazones de toda la resistencia están con ustedes.
—Esto funcionará —dijo Scythe, sonriendo muy extrañamente, de una forma que casi parecía taimada—. Esto funcionará muy bien. Gracias.
—Hay otro asunto que debo sacar a flote —dijo Alakazam—. Debido a la naturaleza de la torre, es difícil decir qué tipos de resistencia Pokémon deberían esperar dentro. Podrían enfrentarse a cualquier cosa. Pero, de los varios recursos que hemos examinado, hemos construido algunas ideas de qué tipos tienen más posibilidad de aparecer allí. Por una parte, un misterioso Pokémon conocido como Solrock ha sido mencionado en los registros. Nunca he visto a un Solrock con mis propios ojos, pero se dice que es un Pokémon roca normalmente dócil con potenciales psíquicos. Por otra parte, como Dialga mismo, podrían encontrarse con verdaderos dragones...
—¿Qué significa eso? —preguntó Char—. ¿Cómo podemos prepararnos para ellos? Soy malo peleando contra Pokémon roca...
—Precisamente —dijo Alakazam—. Aunque tienes a tus compañeros en los que confiar, tú eres la principal preocupación, así que debes aprender a protegerte. Por consiguiente...
Alakazam deslizó un objeto muy extraño a través de la mesa. Era como una roca, pero plana, y con forma circular. Y muy, muy brillante.
—Vaya —dijo Ray—. ¡Es un disco MT!
—Sí —dijo Alakazam—. Y no solo una MT, pero esta, de entre muchas, ha sido personalmente diseñada por mí. Con la ayuda de Kecleon, me he dedicado periódicamente al pasatiempo de grabar discos MT que no han sido previamente creados, ni siquiera por manos humanas.
—Eso es asombroso —dijo Saura—. ¿Cómo funcionan estas máquinas, de todas formas? ¡Siempre he querido saber eso!
—Es un pasatiempo fascinante, si me permiten decir mi opinión —dijo Alakazam—. Solo lamento que no tengo el tiempo para hacer más. Usando el equipamiento de Kecleon, un disco puede ser diseñado por cualquier psíquico lo suficientemente diestro, como yo. Necesito observar atentamente los impulsos mentales de un Pokémon habilidoso mientras desempeñan la técnica, luego repetirlos de vuelta en la máquina de una forma en que lo pueda comprender. Si es exitoso, el disco puede transferir los mismos patrones a la mente de otro, permitiéndole aprender la técnica como si la hubiera practicado su vida entera.
—No tengo idea de lo que acabas de decir, pero suena increíble —dijo Saura—. Siempre he querido intentar usar uno por mi cuenta.
—Espera —dijo Char—. ¿Qué pasa si no es exitoso? ¿Puedes estropear un disco?
—Sí, ocurre muy a menudo, desafortunadamente. No siempre son fáciles de grabar —dijo Alakazam con un asentimiento—. Debo analizar exhaustivamente cada uno que hago, ya que una MT malformada puede tener efectos muy malos en el Pokémon que intenta usarla. En el mejor de los casos, no funcionará. En el peor de los casos, podría dejar en blanco una porción considerable de memoria muscular, transformando a un habilidoso guerrero en un torpe bufón. Pero no te preocupes, confecciono mis discos en los más altos estándares.
Char recogió el disco MT y miró su reflejo en la brillante superficie.
—Ahora, debes llevar este disco a Kecleon para usarlo —instruyó Alakazam—. Él tiene el equipamiento necesario. También tiene una vasta librería de MTs estándares para que busques, si deseas expandir tus capacidades actuales. Ahora, a él se lo conoce por cobrar una tarifa muy grande ante la simple mención de una MT, pero deben dejarle en claro que yo cubriré cualquier costo que infieran en su mercado esta noche. ¡No podemos escatimar ningún gasto para una misión tan vital como esta!
... ... ...
—Hmmmmm... —zumbó el Kecleon de color rosado mientras evaluaba el disco—. Parece otro de los trabajos de Alakazam. ¿Te dijo para qué este es bueno?
—Eh, no —respondió Char—. Creo que se olvidó de hacerlo. Solo me dijo que lo usara.
—Bueno, para que conste, no asumo responsabilidad de lo que el disco pueda hacerte —advirtió Kecleon—. Pero, si te gustaría usarlo, puedo ayudarte con eso. Síganme...
Char sostuvo el aliento mientras él, Saura, y Ray era llevados a algún lugar en donde nunca se habían atrevido explorar: detrás del mostrador de Kecleon. Atentos de no tocar ni una sola cosa, el trío solo pudo quedar boquiabierto ante el museo de repletas y desordenadas habitaciones de almacenamiento por las que pasaban.
Luego de descender una amplia pero corta escalera, unas cuantas antorchas se encendieron con un parpadeo para revelar una habitación alineada con estantes, cada uno conteniendo una larga fila de discos MT. En el fondo de la habitación había una extremadamente grande máquina de metal. Después de una inspección más cuidadosa, Char vio que la máquina era prácticamente uniforme, yaciendo contra la pared como un ladrillo de acero gigante.
—Bueno, Char y compañía, ¡bienvenidos a la legendaria habitación MT! —proclamó Kecleon—. No muchos Pokémon saben que esto existe, y es mejor de esa forma, si me preguntan. ¡Ahora, Char, pongámonos en marcha! Oh, siempre me da escalofríos ver cómo esta maravilla hace su magia. ¡Tecnología, gloriosa tecnología, hecha por humanos, perfeccionada por Pokémon!
Antes de que Char pudiera decir mucho, el Kecleon rosado le arrebató el disco de sus manos, y luego lo llevó hasta...
SLAM.
Char fue encerrado en una habitación muy oscura y estrecha. Complejos circuitos corrían de arriba abajo en cada pared, y el techo estaba alineado con lo que parecía un centenar de diminutas bombillas de luz opacas. Le tomó un momento darse cuenta de que estaba dentro de la máquina MT. De repente entendió que era una cámara, en lugar de una máquina, lo que explicaba su aburrido exterior.
—¿Todo bien por ahí, Char? —escuchó la voz de Saura llamarlo desde el exterior.
—He cargado el disco —anunció Kecleon, interrumpiéndole—. ¡Solo di cuándo, y lo iniciaré! Y hazme saber qué es lo que te enseña, para que pueda categorizarlo.
Char apretó los puños, sin saber qué rayos esperar. Dio a Kecleon la palabra para continuar.
La máquina produjo muchos zumbidos y pitidos mientras rugía a la vida, haciendo que Char sintiera como si estuviera dentro de un crepitante fuego. Chispas volaron de varios cables mientras se llenaban con poder, empezando a brillar en matices de azul y amarillo.
Y luego, todo desapareció.
Char parpadeó. Estaba parado en medio de la nada. Bajando la mirada, pudo ver su propio cuerpo a la perfección, pero no había suelo debajo. Entrecerrando los ojos hacia el gris vacío, pudo ver cientos de pequeñas imágenes caleidoscópicas, pero no pudo decir si eran reales, o solo los efectos de su ojo mental.
—Está encendida —reportó la voz de Kecleon—. Ahora a empezar el programa. Aguarda, soooolo un momento...
Luego vino la muy inquietante sensación de que no estaba solo, seguida por la figura de un Pokémon parado frente a él. Se deslizó desde detrás del velo de la inexistencia, parado en cuatro patas...
El sobresaltado grito de Char llenó la habitación. Parada frente a él, mirándolo con profundos y relucientes ojos, estaba...
¿Eva?
—¿Ves al Espeon? —inquirió Kecleon—. Si lo haces, significa que el programa se está ejecutando sin problemas hasta ahora.
—S-sí —respondió Char.
—¿Te agrada? ¿Hmm? —preguntó Kecleon atolondradamente—. Antes, solo teníamos a una voz incorpórea para darte las instrucciones, ¡así que decidí reemplazarla por una joven y encantadora Espeon! Pensé que haría la experiencia entera más agradable. Ahora, aquí vamos... Prepárate, Char.
—Bienvenido a MT-X 024 AKZ —dijo la Espeon en una afable y reconfortante voz que no se parecía en lo absoluto a la de Eva—. Este programa de entrenamiento procurará transferir el conocimiento de la técnica conocida comúnmente como Garra Metal. ¿Acepta esto?
—Sí —respondió Char, preguntándose qué era una Garra Metal, pero imaginándose que lo averiguaría pronto.
—Antes de empezar, debe ser concienciado sobre los riesgos y advertencias asociadas con las Máquinas Técnicas —dijo la Espeon robóticamente—. Las Máquinas Técnicas deben ser usadas con cuidado. El uso inapropiado del programa de una Máquina Técnica o el uso de programas de Máquina Técnica no aprobados o incompatibles ha sido conocido por causar, o podrá resultar en: pérdida de memoria, ceguera, depresión, pérdida de sanidad, o parálisis. ¿Acepta estos riesgos?
—S-s-sí, supongo —balbuceó Char.
—El programa de una Máquina Técnica opera al liberar impulsos guiados con precisión de energía eléctrica, psíquica, o basada en aura, dependiendo del tipo de técnica a ser enseñada, para imprimir el patrón grabado dentro de la mente. Hay un riesgo inherente de corrupción o borrado de memoria muscular existente cada vez que una Máquina Técnica es utilizada. ¿Acepta este riesgo?
—Sí —dijo Char otra vez.
—Advertencia. Esta Máquina Técnica no fue, de alguna forma, autorizada o aprobada por la Liga de la Federación Pokémon. El autor del programa de esta Máquina Técnica no está de alguna forma licenciado o afiliado por la Liga de la Federación Pokémon. Es más, la técnica contenida aquí dentro, Garra Metal, fue previamente considerada no apta para transmisión a través de una Máquina Técnica, y lanzamientos subsecuentes de programas de Máquina Técnica conteniendo Garra Metal han sido prohibidos y destruidos a pedido de la Liga de la Federación Pokémon. ¿Entiende, y acepta los riesgos implicados?
—Sí —dijo Char una vez más, empezando a sudar.
—Muy bien —dijo el Espeon—. El programa ahora dará inicio.
El corazón de Char ya estaba latiendo con rapidez mientras su entorno se volvió una extraña nube surreal de púrpura y rojo. Intentó mirar a su alrededor, pero a cualquier dirección que veía, la Espeon siempre estaba directamente frente a él, como si estuviera pintada directamente en sus ojos.
—A través del curso natural de la vida de un Pokémon, un Pokémon aprenderá muchas formas de defenderse a sí mismo —empezó a explicar la Espeon—. Las armas físicas de un Pokémon, como ser sus dientes y garras, son usualmente las más naturales e intuitivas fuerzas disponibles para ellos. Después, un Pokémon debe aprender sobre los elementos de los que fueron imbuidos, y cómo aprovecharlos para manipular su entorno dentro y fuera de la batalla. Un Cyndaquil está imbuido de fuego. Un Totodile, de agua. Un Treecko, de flora. Estas fortalezas son esenciales para que un Pokémon aprenda y entienda en su busca de maestría propia.
Tiene sentido hasta ahora, se dijo Char.
—Pero, hay un tercer tipo de poder que reside dentro cada Pokémon —continuó la Espeon—. Este poder es misterioso, y todavía no comprendido por Pokémon o el género humano. Es un poder que podría venir del espíritu, o podría originarse en invisibles instalaciones en el cuerpo del Pokémon. Se comporta mucho como el Aura, y podría ser un subconjunto del Aura. Con suficiente práctica, cualquier Pokémon puede aprender a canalizar este poder, a liberarlo en una variedad de maneras útiles en esfuerzos ofensivos, defensivos, o prácticos. La técnica que estás a punto de aprender–la Garra Metal–implica canalizar esta energía a específicos puntos del cuerpo, fortaleciéndolos físicamente. Con la aplicación correcta, la Garra Metal es capaz de quebrar rocas.
¡Por supuesto!, se dio cuenta Char. Esto es lo que Alakazam quería. Ahora, tendré una ventaja adicional contra Pokémon de roca como Graveler. ¡No puedo esperar! ¡Enséñame esto!
Una gran roca cilíndrica apareció en el vacío ante Char, yaciendo en nada en particular.
—Ahora quebrarás esa roca con tu garra —dijo la Espeon.
De acuerdo... intentemos esto, dijo Char, mirando sus garras. Ahora, ¿cómo se supone que–
Inesperadamente, una racha de energía helada se disparó a la cabeza de Char desde su nuca. No dolió, pero le hizo convulsionar; se sintió como si alguien lo hubiera empalado con un carámbano largo y fino. La glacial sensación quedó, y una energía crepitante y hormigueante empezó a impregnar su cuerpo. Se extendió en su pecho, y a través de sus brazos, en donde pareció acumularse en los extremos de sus individuales dedos y... ¿solidificarse?
Otra insana sensación inundó a Char, y esta vez, se sintió como si toda la carne hubiera sido arrancada de la parte superior de su cabeza y docenas de agujas hubieran sido apuñaladas en su cerebro. Todavía no dolía, pero se sentía realmente raro, y de alguna forma, Char encontró que era capaz de rastrear mentalmente los impulsos que estaba recibiendo–no, no solo capaz, sino que era forzado a hacerlo...
¡Ching! ¡Crunch!
El hueco sonido de metal golpeando roca–y ganando–reverberó a través del extraño vacío. Char encontró que, por un extraño impulso, había saltado hacia la roca y enterrado sus garras profundamente en ella. La áspera textura de la roca, y la forma en que sus uñas habían raspado a través de ella, envió un escalofrío a su columna. Mientras que no cortó como un cuchillo a la mantequilla, hizo un buen daño.
¡Ching!
Otro impulso se disparó dentro de él, y Char balanceó su otra garra, golpeando la roca otra vez. La mella en la roca se volvió más profunda.
¡Crack!
Una tercera vez Char asaltó la roca con las puntiagudas cuchillas en el extremo de sus dedos, cortó hasta el final, causando que la parte superior del pilar se desplomara. Golpeó el invisible suelo insonoramente, y el roto pilar entero parpadeó y desapareció de la existencia. Fue entonces cuando notó sus garras... era luminosas, resplandecientes como clavos plata bañados en rayos solares...
—Está hecho —dijo la Espeon—. Esta es la técnica de la Garra Metal. El método para invocar la técnica debería ser claro ahora en tu mente. Nótese que el efecto no siempre desaparece de inmediato. En ocasiones, puede persistir, permitiendo una fuerza de ataque incrementada por un periodo de tiempo.
-¡Pop!-
Con eso, la Espeon y la extraña dimensión púrpura desaparecieron, reemplazadas por el estrecho interior de la máquina mientras se apagaba. Char sintió que sus piernas hormigueaban–ambas estaban dormidas, ya que en realidad no había movido su cuerpo físicamente por más o menos quince minutos enteros mientras la máquina estaba activa. Fue todo un sueño inducido psíquicamente.
La puerta de la cámara se abrió con Saura, Ray, y Kecleon esperando del otro lado, con preocupadas pero ansiosas expresiones extendidas a través de sus rostros. Char se tambaleó al salir de la máquina.
—¿Bien? ¿Bien? —suplicó Saura—. ¿Qué tal fue? ¿Funcionó?
—Creo que sí —murmuró Char, sentándose en el suelo aturdido—. Me enseñó Garra Metal.
—¿Garra Metal? —repitió Kecleon—. Eso es muy interesante. Esa ha sido una MT declarada ilegal desde el comienzo. Algo sobre... algo sobre, que no podían hacerlas bien sin que te hiciera perder toda la sensación en tus piernas. Desde que algunos Pokémon usan las garras en sus pies en lugar de las de sus manos, no podían descifrar una forma de diferenciarlas. Algo así.
Los ojos de Char se agrandaron. Asió sus hormigueantes piernas, y no sintió nada.
—La verdad, no, ¡no era eso en lo absoluto! —gimoteó Kecleon—. Lo recuerdo ahora. Estaba pensando en Golpes Furia. ¡La MT de Garra Metal era la que te dejaría ciego! Sí, por eso era tan mala. Si Alakazam finalmente hizo una que funcionó correctamente, ¡bien por él! ¡Ese es un logro bastante significativo!
Kecleon sacó el disco MT de la máquina de una pequeña hendidura previamente inadvertida al costado. Puso el disco en una extraña caja, escribió algunos símbolos en ella, y la archivó en el estante.
—Ah, Garra Metal —suspiró orgullosamente—. Otra gran expansión a la librería, y probablemente una primera en el mundo Pokémon conocido...
—Espera... ¿te refieres a que puedes usarla otra vez? —dijo Char—. Pensaba que las MTs solo funcionaban una vez...
—Ja. Bueno, para los humanos, sí —dijo Kecleon con un guiño—. La Federación de Entrenadores las hizo de esa forma a propósito. Grababan los movimientos en estos discos endebles que solo funcionaban con estas máquinas portátiles que los entrenadores tenían que llevar a todos lados. ¡Las hacían tan endebles, que se rasguñaban y se volvían inservibles después de un solo uso!
—¿P-por qué harían eso? —preguntó Saura—. ¿Hacer algo malo a propósito? ¿Cuál es el punto?
—Era así para que lo entrenadores tuvieran que comprar nuevos discos cada vez que querían usarlos más de una vez, ¡y así conseguirían más dinero! —explicó Kecleon excéntricamente—. ¡Eso es lo a lo que yo llamo turbio, si me preguntan! Así que algunos Pokémon realmente listos se reunieron un día y fueron e invirtieron la ingeniería de los discos e hicieron sus propios. Y ahora, funcionan tantas veces como quieras, ¡e incluso podemos grabar pequeñas demostraciones en ellos! ¡Además, es mucho más fácil cobrar por uso de la máquina que por disco! Ahora, ¿quién sigue?
... ... ...
Saura y Ray también tuvieron su turno en la máquina, pero nadie estaba dispuesto a ir más de una vez. Saura aprendió cómo comandar a su semilla para que produjera un poderoso veneno que podía ser inyectado a un oponente, y Ray afirmó que aprendió a conjurar brillantes bolas de energía que no se comportaban en lo absoluto como la electricidad debería. Inseguro de sentirse orgulloso de sus nuevas habilidades o solo asustado, el equipo decidió dirigirse de vuelta escaleras arriba.
—Bueno —dijo Saura—, si queremos algún otro suministro para el gran viaje, ahora es nuestra oportunidad. ¿Hay algo que necesitemos que Alakazam no nos haya conseguido ya?
—Hmm —se preguntó Char, mirando a su alrededor la mercancía—. Probablemente no necesitemos un Pañuelo Meloc esta vez. Probablemente no tengamos que preocuparnos por el veneno en este viaje. ¿Tal vez un Pañuelo Defensa? ¿O... un Pañuelo Perasi? ¿Eso no prevendría el congelamiento? Eso podría ser útil...
—OIGAN —exclamó el Kecleon desde el mostrador—. ¡ESPEREN UN MOMENTO!
Char se apresuró hasta el mostrador, preguntándose qué estaría mal.
—Veo aquí —dijo el Kecleon rosado, sosteniendo una pequeña tarjeta de notas—, que, de acuerdo con mi informe de la mañana, la cuenta bancaria de su equipo está... ¡vacía!
—Espera, ¿eh? —exclamó Char.
—Oh, no, eso es un problema —dijo el Kecleon severamente—. ¡Eso es un problema, en efecto! Podría haber jurado que la última vez que verifiqué, eran bastante adinerados, ciertamente lo suficiente para usar mi máquina. Pero ahora, ¿cómo saldrán con los sesenta y ocho mil Poké que me deben por la tarifa?
La mente de Char empezó a acelerarse. ¿Nuestra cuenta bancaria está... vacía? ¡¿Qué causó esto?! ¡Y... hemos hecho que Kecleon se enoje con nosotros! ¿Qué haremos? ¿Qué ocurrirá?
Char estaba escaneando la habitación por una ruta de escape cuando a Saura se le ocurrió hablar.
—Oh, jeje, sí, tendrás que agradecerme por eso —dijo Saura nerviosamente—. Sí, esta mañana, cuando me dejaron atrás, me imaginé que podría dejar algunas cosas listas. Y desde que iban a venir a casa con mucho dinero de su misión, y desde que estamos a punto de salir en un viaje y todo eso, yo... yo fui e hice un gran pago por la matrícula de Otto.
—¡Oye, tú espera un momento! —le habló Ray al Kecleon—. ¡Se suponía que esas MTs eran gratis! ¡Alta Inteligencia dijo que pagaría por ellas!
—¿Y por qué debería creer eso? —desafió el Kecleon—. Unos cuantos equipos me han engañado con esa antes. 'Oh, sí, estoy comprando esto de parte del Equipo Portador, ¡solo envíales la factura a ellos!' Oh, sí, maravillosa forma de salirse del problema, ¿no lo creen? ¡Yo no retiro de la cuenta de alguien sin una explícita aprobación cara a cara! ¡Eso es simplemente un buen negocio para todos! ¡Especialmente para Alta Inteligencia! Si tuvieran razón para acusar a mi hermano y a mí por estafarlos, ¡¿tienen alguna idea de cuán rápido perderíamos nuestra reputación?!
¡Oh, no, oh, no!, dijo Char, sintiéndose incluso más nervioso. ¡Qué incómodo! ¡No somos el Equipo Remordimiento, no podemos salirnos de esta tan fácilmente como ellos! Eso, y ellos dieron un reembolso... ¡pero nosotros estamos en bancarrota!
—No, es en serio. ¡Lo juro por las pezuñas de Arceus, estoy diciendo la verdad! —insistió Ray—. ¡Las MTs eran cortesía de la casa! ¿De qué otra forma Char te hubiera traído un disco que Alakazam hizo, eh?
Kecleon se detuvo a media frase, su boca quedándose abierta—. Oh, hmm —dijo él—. Bueno, tiene un buen punto ahí, mi buen señor. Hmm...
—Sí, si en serio necesita saberlo, Alakazam nos está preparando para un viaje a la División Esmeralda, ¡y salimos mañana a la mañana! —dijo Saura—. Él fue el que nos envió aquí con el disco. Él dijo que lo pagaría.
—Bueno, entonces —dijo Kecleon, pronto calmándose de vuelta—. Si ese es el caso, supongo que simplemente captaré su atención en la próxima oportunidad para verificar lo que ha dicho, y... eso sería todo. Me disculpo por haberme enojado, mis buenos clientes. Mi hermano y yo podemos ser un tiro al aire cuando algo sale mal, especialmente cuando tenemos razones para pensar que alguien nos está estafando. Por favor entiendan.
Char simplemente se dejó caer en el suelo por el alivio.
Para compensar por el incidente, Kecleon les ofreció el Pañuelo Perasi en el que se había fijado, más unas cuantas otras baratijas, de forma gratuita.
... ... ...
—Bueno —dijo Chansey—, es un poco tarde, pero supongo...
Char, Saura, y Ray estaban abajo en la guardería, listos para decir sus últimas despedidas al algún día cuarto miembro de su equipo. Char esperó que el pequeño pájaro tomara bien la noticia de cuánto tiempo podrían ausentarse... eso es, si es que la mente de Otto se había desarrollado lo suficiente para comprender lo que fuera que dijera. Pero incluso si no lo hacía, Char se sentía obligado a darle un adiós a Otto.
La Chansey que había estado vigilando el vacío vestíbulo desapareció a través de la puerta, y momentos después retornó con el pequeño pajarito marrón saltando a cuestas.
—Se estaba preparando para dormir, ¡pero vino corriendo cuando mencioné tu nombre! —dijo Chansey—. ¡Diviértete, pequeñín!
—¿Qué tal lo hace? —inquirió Saura—. ¿Está aprendiendo mucho?
—Tanto como puede ser esperado —respondió Chansey—. Oh, ¿pero saben qué? ¡Ya tenemos prevista su entrevista con Syr, jefe del Equipo Alaplata, para principios de la próxima semana! ¡Una vez que se una al equipo, aprenderá tanto que su cabecita estallará! Bueno, ¡diviértanse! ¡No se tarden demasiado!
Otto, aunque cansado, estaba radiante con alegría ante la visión de Char. Era casi como si Saura y Ray no estuvieran ahí. Los ojeaba ocasionalmente, pero bailaba y brincaba alrededor de los pies de Char, valorando más su atención.
—Oye, Otto —dijo en una voz aguda propia de un recién nacido—. ¿Cómo estás esta noche? ¿Te sientes bien?
—¡BBB-UUEEEEEN! —chilló Otto.
Char se preguntó si estaba intentando decir "bien" o "bueno", pero capturó la esencia, y le sonrió de vuelta.
—Escucha, Otto —dijo Char mientras tenía la completa atención del ave—. Nos vamos a un gran viaje mañana, ¿de acuerdo? Y no te vamos a ver otra vez por un tiempo.
El pájaro ladeó su cabeza y parpadeó. Char se preguntó si en realidad estaba escuchando.
—Lo sentimos —agregó Saura—. Te queremos, y no nos gusta marcharnos así, pero tenemos que hacerlo. Cuídate, ¿de acuerdo?
—¡Regresaremos lo antes posible! —prometió Ray—. ¡Antes de que lo sepas, estaremos de vuelta! ¡Y tal vez puedas estar en nuestro equipo!
—Bien —dijo Otto.
Char estaba encantado, y sus amigos también estaban muy impresionados. ¡Otto había entendido!
—¡Vaya, puedes hablar! —vitoreó Char—. Puedes hablar ahora, ¿no?
—Sí —respondió Otto.
—Pero apuesto a que no puedes decir muchas cosas todavía, ¿verdad? —supuso Char.
—¡Sí! —respondió Otto otra vez.
—¡Bueno, ja! ¡Eso es simplemente genial! —dijo Char, acariciando con afecto la cabeza del pájaro—. ¡Escúchate, estás creciendo tan rápido!
Char averiguó que el vocabulario de Otto se había expandido a más o menos seis palabras, y si formulaba las preguntas correctas en formas que Otto pudiera entender, podía conversar con el pequeñín. Le dio mariposas en el estómago solo saber que había ayudado a criarlo, y darse cuenta de cuánto quería ver a su personalidad tomar forma...
... Pero, eso sería para otro día. Luego de una corta pero agradable interacción con Otto, tenía que retornar a la cama...
... Y así lo hizo el Equipo Ascuas. Mañana sería el inicio de su más grandiosa misión hasta ahora.
... ... ...
—Ah, hogar dulce hogar —Saura bostezó mientras se retiraban a su salón esa noche—. Siempre es tan agradable ver este lugar luego de un día largo, ¿saben eso?
—Bueno, disfrútalo mientras puedas —murmuró Char un poco tristemente—. Este podría ser el último día por un largo tiempo que vemos este lugar.
—¡Es tan emocionante, no puedo esperar! —dijo Ray—. Aterrador, ¡pero emocionante! Apuesto a que tendré problemas durmiendo esta noche. ¡Tal vez el insomnio de Char atacará de nuevo y me hará compañía!
—Oye, sobre eso —dijo Char, recordando la idea que había tenido—. El almacenamiento sigue abierto. ¿Quieres que vaya a traer algunas Semillas Sueño? Si las comemos ahora, dormiremos toda la noche.
Luego de rechazar varias ofertas de Ray insistiendo que él quería hacer el recado, Char finalmente ganó cuando le recodó a Ray sobre el apretón de manos que habían hecho. Char se volvió y abandonó los cuarteles del equipo, dirigiéndose escaleras abajo hacia el área de almacenamiento que se estaría cerrando en menos de una hora.
... ... ...
Char tomó la ruta escénica para ir al área de almacenamiento esa noche, sin importarle si llegaría antes de que se cerrara. En realidad, solo quería una mirada más a la espaciosa y extensa cueva que había llegado a conocer como su hogar. La base de la División Dorada era su hogar, el único que alguna vez conoció, y si algo trágico había de ocurrir en la misión, esta sería la última vez que tendría para poder verla...
En cuatro patas, se disparó a través de la rocosa escalera en espiral, hacia los amplios pasillos iluminados con antorchas, atravesando la puerta a la cámara principal de la base...
Todos eran caminos que conocía tan bien. Los había memorizado, arraigándolos a su mente. Sabía la distancia más corta a cada último destino, desde la cafetería lejos escaleras abajo, hasta el área de almacenamiento, los cuarteles de los equipos en donde sus viejos y nuevos amigos residían... sabía el camino hasta la habitación del Equipo Remordimiento, en donde Scythe y sus compañeros de equipo siempre lo considerarían bienvenido, y el camino hasta la habitación del registro, en donde Jay y sus asistentes historiarían los eventos del día por él... Sabía cómo llegar al querido salón de reuniones, en donde todavía tenía la intención de escabullirse en la siguiente oportunidad que tuviera, y al banco, en donde transferiría fondos a la cuenta de Kecleon... incluso sabía cómo llegar a la guarida de Alta Inteligencia, quienes siempre eran rápidos para recordarle que el destino del mundo yacía sobre sus hombros...
Finalmente, Char se quedó en la cámara central, mirando de arriba abajo todos sus diferentes pisos, puentes, y pasadizos, todos siendo atravesados por ocupados Pokémon haciendo los últimos recados del día o dirigiéndose a sus cámaras designadas por la noche, la habitación resplandeciendo de rojo intenso por los cientos de antorchas fantasmas incrustadas en las paredes y las barandillas...
Se quedó parado en el mismo lugar en el que había visto por primera vez la base, cuando Scythe lo había guiado hasta entrar. Recordó qué tan pasmado y jadeante la visión lo había dejado, complaciendo a su corazón de Charmander sin fin aparente...
... y se dio cuenta de que aún lo hacía. Todo esto lo hacía. Este era su hogar, el lugar al que pertenecía.
¡Char!
Char se crispó, pensando que había oído algo. Lo ignoró.
Char...
Ocurrió de nuevo. Algo lo estaba llamando.
¿Pero qué? Char se quedó parado como una ardilla y dio una vuelta, buscando el origen de la voz que estaba llamando a su nombre. Fue en eso cuando se dio cuenta de que no sabía particularmente de qué dirección había sonado la llamada... había sido insonora. Telepática.
Oh, sí me escuchas, dijo la insonora voz. Bien. Ahora ven aquí. Estoy un piso más abajo que tú, y en el extremo opuesto de la base. Ven, rápido.
Preguntándose sobre la identidad del invisible llamador, Char siguió sus direcciones bajando las escaleras y por los pasillos.
Hasta el final del pasillo, insistió la voz. Quiero hablar contigo.
Haciendo lo instruido, Char pronto encontró su camino hasta un lugar que no visitaba muy frecuentemente. Hasta el final del pasillo y a la izquierda moraba el Equipo ARK, en el medio vivía el Equipo Pastor, y más a la derecha, vivía...
Espera, se dio cuenta Char. Nadie vive ahí. Ese es otro espacio vacío, justo como lo era el nuestro antes de que nos mudáramos. Me pregunto...
Char continuó su camino a través del pasillo hasta la desocupada morada. Cuando dobló la esquina, la identidad del llamador se volvió de repente clara...
La vio agazapada en las sombras al extremo de la sala, sus aterciopelados ojos brillándole de vuelta...
—Eva... —jadeó Char—. Estás aquí.
Oye, no hay razón para hablar, impuso Eva telepáticamente. Solo envíame tus pensamientos. No queremos que alguien escuche esta conversación. ¿Comprendes?
—¡¿Por qué?! —soltó Char—. La última vez que hice lo que tú–
¡CÁLLATE!, explotó Eva silenciosamente. Escúchame, Char. Gracias a Scythe, si cualquiera me encuentra aquí, y en serio me refiero a cualquiera, me removerán de la base a la fuerza por traición, o peor, me encerrarán en los calabozos abajo.
—¡¿Y por qué no deberían?! —Char casi gritó—. Eres–¡AUGH!
Sin aviso, Eva atacó con un agudo hechizo psíquico, haciendo que Char se arrodillara mientras se sostenía la frente.
Si me escucharas solo por un momento, podría ser capaz de contártelo, dijo con enojo Eva. Sé lo que hice. Cometí un error contigo. Me rehusé a mirar en tu mente porque no pensaba que valía mi tiempo. Estaba muy equivocada. Fue un error de orgullo. Lo siento. Pero quiero que ambos olvidemos ese incidente.
Já. ¡¿Te escondiste todo este tiempo, solo para contarme eso?!, devolvió Char. Oh, por cierto, sí le conté a Scythe lo que hiciste. Así que no, no estás perdonada, hasta que él te perdone.
Sabía que lo harías eventualmente, dijo Eva, asintiendo con la cabeza. Pero sabía que tu conciencia no te dejaría decirlo de inmediato. Todo lo que quería era comprarme algo de tiempo para escaparme. No pretendía una ofensa para ti al final.
De acuerdo, bien, lo que digas, dijo Char con un gruñido, deslizándose más cerca de ella. ¡¿Qué es lo que quieres?! ¿Te escondiste aquí por, qué, un mes? ¡¿Qué estás intentando demostrar?!
Char... hace poco, descubrí algo horrible, dijo Eva. Es algo que pensé que necesitarías saber.
¿Qué es tan horrible?, preguntó Char. No hay mucho que pueda hacer ahora, Eva. Me marcho a la División Esmeralda mañana.
Ese es el problema, dijo Eva. Scythe irá contigo. ¡Y ahora acabo de descubrir lo que él planea hacer cuando llegue ahí! Es el secreto que ha estado guardando de ti y de incluso el resto de su equipo. Quiere a Shander como a un hermano, ¡pero ni siquiera Shander lo sabe!
Char se sentía muy inquieto por la dirección que la conversación estaba tomando. ¿Cómo lo averiguaste?, inquirió él.
Soy psíquica, le recordó Eva, moviendo su cola como un látigo. Puedo leer mentes. Y acabo de atraparlo cuando su guardia estaba baja. Lo vi todo.
¿Y por qué te entrometes en la mente de Scythe?, demandó Char con dureza. Incluso Alakazam tiene la decencia de no hacer eso. ¿No piensas que sus pensamientos deben mantenerse en privado?
Eva parpadeó hacia Char. Estaba sentada en la esquina con una postura muy elegante y regia, y su expresión no delataba otra emoción excepto el deseo de ser discreta y sigilosa. Algo acerca de ella era extraño, y Char no podía lograr dar en el clavo.
Char, quiero que me escuches ahora mismo, dijo ella, su telepatía fuerte y seria. Por ahora, no hay otro Pokémon en esta base a quien apoye más que tú. No Alakazam, ni Scythe, ni Metagross. Tú. Te injurié cuando me rehusé al pedido de Scythe. Tenías la Llamada. Fue una equivocación. Y ahora necesito recompensarte por eso. Char, te estoy ofreciendo mis servicios como psíquica. Leeré la mente de cualquiera que desees. Solo da la orden. Sé que estás preocupado por Scythe. Sé que es algo que te ha estado molestando por un tiempo. Puedo verlo en tu mente. Así que he leído su mente por ti...
¿Qué tanto... de mi mente has visto?, preguntó Char con sospecha.
Lo suficiente para entender, respondió Eva. Sé, por ejemplo, que eres un humano. Esa es otra razón por la que deseo hacer penitencia por ti. Yo soy un Pokémon. Los Pokémon sirven a los humanos. Y yo te he ofendido. Y ahora que sé que eres humano, estoy endeudada a servirte.
Oh, vamos, consigo suficiente de eso de Ray, y de Scythe, dijo Char. ¿Ahora tú también?
Pero, por supuesto, dijo Eva en una gentil voz que sonaba sincera. Para ahora, deberás haber notado que todo Pokémon a quien has ido y revelado tu secreto ha jurado servirte incondicionalmente.
¿Incondicionalmente? No sé sobre eso, dijo Char. Saura, tal vez. Ray... bueno, le dije que no tenía tanta estima a que me tratase de esa forma... Scythe... Eh... bueno, él sí me respeta...
Eso es porque te sirve como su maestro, dijo Eva. Justo como Saura y Ray lo hacen. Y ahora, será mi turno de asumir el papel de tu sirviente. Ahora tú eres mi maestro.
Eva le hizo una reverencia con su cabeza.
¡Pero pronto! Estamos perdiendo tiempo. ¡Debes saber lo que he descubierto! Los planes de Scythe son muy oscuros y terribles. Temo que no sobrevivirás los eventos próximos si no estás preparado.
¿Entonces por qué estás bailando alrededor del problema en lugar de contármelo ya?, demandó Char, cruzando los brazos.
Porque respeto tu decisión, dijo Eva. Scythe te ha dicho que no puede permitirse que otro Pokémon lo sepa. Yo ya soy uno de los que saben. ¿Quieres ser el segundo? Te contaré, solo si es que entiendes la traición que estás haciendo. Si no, permaneceré en silencio. Es tu decisión. ¿Lo escucharás?
Cegado por la situación entera, Char se tomó un momento para pensárselo. Sí, Scythe lo estaba preocupando profundamente, pero ahora, ¿estaba Eva sugiriendo que los problemas de Scythe podrían ponerlo a él en peligro?
Él nunca me ha dado una razón para no confiar en él, pensó Char para sí. Incluso le dije, le prometí que siempre confiaría en él. No planea traicionarme... ¿verdad?
Sé la respuesta a esa pregunta, interpuso Eva, sobresaltando a Char y haciéndole darse cuenta de que no tenía pensamientos privados. No te culpo por confiar tanto en Scythe. Él se ha merecido tu confianza hasta este punto. Pero ahora, tienes que darte cuenta de que Scythe es todo sobre jugar juegos. Esta vez, tú eres parte del juego. Pregúntate: ¿quieres dejarte ser parte de su juego? ¿Confías en él así de bien? ¿O... tomarás las cosas a mano propia?
Char pausó por un momento. Luego, sacudió su cabeza, sin perder su tiempo con más pensamientos que eran como un libro abierto para la psíquica. Quería alejarse de ella.
¿No?, respondió Eva, pareciendo un poco entristecida mientras hacía una inclinación con su cabeza. Muy bien. No te contaré.
Ya he traicionado a Scythe una vez, determinó Char. No voy a hacerlo otra vez. Y esta vez, realmente cuenta. Me preguntó qué sacrificios estaría dispuesto a hacer. Haré este.
Una buena elección, comentó Eva. Pero Char, por favor ten cuidado. Las acciones de Scythe en esta misión te sorprenderán profundamente. Incluso podrían cambiar tu opinión hacia él. Si no escucharás la verdad, eso es todo lo que te puedo decir.
Sintiéndose muy nervioso, Char empezó a alejarse. Los avances de Eva lo habían intimidado, de alguna forma, y no sabía qué más decir.
Si alguna vez me necesitas, estaría justo aquí en este salón, dijo Eva. Todo lo que pido es que no me delates, y te serviré incondicionalmente. Porque, después de todo, no puedo servirte si me echan de la base...
Adiós, Eva, dijo Char, dejándola atrás.
Mantén la guardia, y retorna a salvo, dijo Eva. Te estaré esperando.
... ... ...
Finalmente, el largo día vino a un cierre.
Char consiguió llegar tarde al área de almacenamiento, pero luego de aporrear la puerta por el tiempo suficiente, Morrik cedió y le dio las deseadas semillas.
Pero cuando se asentó en su cama aquella noche, encontró que ni siquiera necesitaba una semilla para ayudarle a descansar. Se había levantado temprano, y dedicado el día entero en su trabajo... estaba listo para colapsar. Entonces, colocó las semillas al lado de la cama de Ray, cuidadoso de no despertarlo, y trepó a la suya.
Disfrutó su cómoda cama, y el glorioso fuego que la rodeaba; era la última cosa de la que tenía que sentirse agradecido. Absorbió la comodidad, sintiendo las cálidas corrientes de aire barriéndolo y arrullándolo hasta una dichosa paz. Sí, las extrañaría tanto cuando se marchara...
Sí...
... ... ...
Estaba ocurriendo de nuevo. Podía sentirlo venir.
Tan poderosamente... tan vívidamente...
La visión vino. Cuando lo hizo, era tan real, tan colorida, que Char no pudo creer que en realidad no se encontraba ahí...
Es como si pudiera verlo todo, se dio cuenta Char. Es como si... la memoria fuera perfecta esta vez... es como si no se estuviera reservando nada...
Dialga estaba ante los ojos de Char.
Vio a Dialga en su completa gloria etérea. Mucho más magnífico que cualquiera que había visto–sus visiones previas, las estatuas en el salón de reuniones, o incluso cuando la Llamada se activó...
Char sintió como si fuera a llorar con solo mirar el visaje del dios del tiempo. Era como una gema viviente, su poderosa aura ondeándose a través de su cuerpo de zafiro, brillando como varios soles. Podía sentir su presencia, cómo el tiempo se distorsionaba alrededor de su cuerpo, sometiéndose a su voluntad. Char se sentía tan pequeño en su presencia, ya que era más grande en tamaño que un edificio entero, con la mirada abajo hacia la diminuta criatura que debía haber sido él. Sus ojos, como llamas rojo oscuro, delataban su emoción–una profunda humildad, o respeto, o quizá... ¿lamento?
Dialga comenzó a hablar. Char prestó atención plena, esperando que esta vez, pudiera ser capaz de entender...
"Esto no es algo que deseamos sobre ti", espiró Dialga, inclinando la cabeza. Hablaba poderosamente, pero tan gentilmente... "Tú traes esto sobre ti, por tus propias acciones".
¿Qué? ¿Qué? ¿Qué es?, suplicó Char desesperadamente, aunque no podía moverse o hablar. ¿Qué he traído sobre mí? ¿Qué he hecho? ¿Por qué he venido aquí? ¿POR QUÉ SOY UN CHARMANDER?
Pero Dialga... quedó en silencio. Sus palabras una vez más se volvieron incomprensibles.
¡NO!, explotó Char con pesadumbre, todavía contenido dentro de su propia mente. ¡No! ¡Por favor! ¡Cuéntame más! ¡Por favor!
Otra vez, su visión cambió. Palkia estaba parado al costado izquierdo de Dialga, igual de majestuoso. Un aura roja llovía de su forma, y cegadora luz blanca resplandecía de su plateada piel. Sus alas estaban extendidas, su cola azotando el aire poderosamente detrás...
Char aguardó la cosa que sabía estaba viniendo...
Y ocurrió. Palkia presentó a Char la diminuta cápsula circular... La Poké Ball...
Flotó en el aire, levitando entre las grandiosas garras del dios espacial...
Espera...
Char notó algo... peculiar.
Esa Poké Ball... hay algo... sobre ella...
Se fijó en el objeto, claro como el día ante sus ojos, pero no podía decir con exactitud lo que la memoria quería que viese...
Esa Poké Ball... es especial. Es muy especial. Es... muy poderosa. No sé por qué, pero... es... peligrosa, de alguna forma... Pero... ¿por qué? ¿Qué tanto tiene de especial? ¡No lo sé! ¡No puedo decirlo! ¡¿Por qué no puedo?!
Fue en eso cuando ocurrió algo en el sueño que antes no había ocurrido.
Los dos míticos dragones retrocedieron un paso, como si hubieran sido sorprendidos. ¿Se veían... asustados?
Su visión se tambaleó. Su campo de percepción se desplazó hacia abajo. Y, para su horror, vio...
Garras. Garras rojas. Garras de Pokémon. Garras de Charmander.
¡No! ¡No puede ser!, exclamó Char para sí. ¡En esta memoria... todavía soy un Charmander! ¡Todavía soy un Pokémon! ¡No soy humano en lo absoluto! ¿Qué significa todo esto? ¿Qué me ocurrió? ¿Acababan Dialga y Palkia de convertirme de humano a un Charmander? ¿Y qué hay de esa Poké Ball? ¡¿Ellos iban a... capturarme con ella?!
La visión de Char se tambaleó otra vez. Estaba asustado. O, su memoria estaba asustada. De cualquier forma, se sintió profundamente en pánico. Intentó moverse. Intentó huir. Pero...
¡Estoy atascado!, se dio cuenta Char. ¡No solo yo, mi memoria también! Quiere moverse, pero... estoy atascado. No puedo moverme a ningún lado. ¡Es como si mis pies estuvieran clavados al suelo!
¡Char!
Luchó, pero fue en vano.
¿Por qué no me puedo mover? ¿Qué es–¡espera! ¡Creo que lo sé! Algo me está atajando, ¿no? ¡Algo me sostiene desde atrás! ¡Algo me está sosteniendo! ¡No me deja ir! ¿Por qué no me deja ir?
Su visión se movió... girándose...
¡Oye, Char!
Y detrás de él, vio...
Una garra.
... ... ...
Los ojos de Char se abrieron lentamente. Era la mitad de la noche... pero estaba oscuro. Tan oscuro. Las antorchas al lado de su cama habían sido apagadas, así como el resto de las antorchas de la habitación.
—Muuh... —gruñó Char, parpadeando.
—Char —susurró la voz de Saura—. Es hora de levantarse.
Char miró a su alrededor. Saura había trepado a su cama y estaba codeándole suavemente con su nariz. Ray estaba en la cabecera. Detrás de él estaba Scythe, portando una abultada bolsa.
—Char —susurró Saura nuevamente—. Es hora de irse.
Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.
Nota del traductor - 25/I/2014
Creo que informarles sobre el número de palabras se ha vuelto como algo tradicional en estas notas. Bueno, para seguir la tradición: este capítulo cuenta con más de 13.000 palabras.
