Nota de Autor: No me gustó demasiado el capítulo anterior *risa nerviosa*. Aquí hay mucho de los pensamientos de Cygnus


Capítulo 5

El Ministro rió palmeándose la barriga mientras miraba a la alta y delgada figura frente a él. Algunas veces se preguntaba cómo hacían hombre como Riddle para perder esos kilos extra que se ganaban después de tantas comidas en el escritorio, cenas políticas y todos esos restaurantes…

Para Cornelius, todo se trataba de la presentación. Aunque le faltaba la apariencia limpia y elegante de Tom, Cornelius tenía un mejor sentido de la moda. Tal vez, cuando dejara de ser Ministro, podía ofrecer a Tom concejos sobre agregar más color a su guardarropa. Un par de botas púrpura con punta mejorarían mucho la apariencia de su Secretario.

Uno nunca podía ser demasiado viejo para disfrutar los aspectos mas finos de la vida.

"Un cierre total," Fudge volvió a reír, negando con la cabeza y jugando con su pelo. "Qué… no hemos hecho algo así en décadas, Tom." Se acomodó lo lentes en la nariz y miró los reportes frente a sí.

Una cosa que no extrañaría al terminar su mandato sería el papeleo. Volvió a negar con la cabeza mientras acariciaba los rollos de pergamino. Se preguntaba si había sido una buena idea utilizar tinta azul para su correspondencia con Francia por el tratado de paz. Aparentemente había habido rumores de un Señor Oscuro en Francia, En Francia. Algo de no creer.

Tomó su vaso de agua y bebió para perder el tiempo. Esta semana no podía ir mas lento. Gran Bretaña votaría para un nuevo Ministro el viernes y él guardaría sus cosas el lunes en cuanto estuvieran los resultados.

Desafortunadamente, no sólo tendría que preocuparse de algunas cajas. Tenía que prepararse para un montón de bailes en los que tenía que presentar al nuevo Ministro.

"En serio, Tom," se humedeció los labios. "¿A qué está llegando el mundo? ¿Señores Oscuros? Por que , en mis días, cuando había un tumulto de separatistas políticos, eran llamados 'terroristas'. Terroristas," bramó. "Señores Oscuros, Señores de la Luz… no existen. Son sólo un grupo de salvajes queriendo hacerse notar. El Ministerio es quien manada y mantiene a la gente unida. No algún… culto que causa terror. Todo lo que tenemos que hacer es sacar algunas leyes más estrictas y estos grupos terroristas se disolverán. Los único que debe hacer Francia es imitarnos. No ha habido nuevos ataques desde que Rufus Scrimgeour se postuló para ser el nuevo Ministro. Cuando él se haga cargo—"

Una mano golpeó contra su escritorio sobre el rollo de pergamino, sorprendiéndolo y derramando la tinta. Cornelius parpadeó y frunció el entrecejo mirando la mano de dedos largos y luego al Secretario.

"Por mucho que me intrigue su tediosamente larga opinión sobre la situación en Gran Bretaña, Ministro, estábamos hablando de un cierre total. Seguramente, presionar un botón le ahorrará la energía que necesita para terminar ese discurso que preparó para mi." Dijo Tom de manera cortante antes de que sus labios volvieran a formar una sonrisa, como si lo hubiese pensado a último momento.

Cornelius parpadeó confundido mirando los dientes blancos antes de repetir. "¡Un cierre total!" negó con la cabeza algo agitado. "No ha habido uno en—"

"Décadas," lo interrumpió Tom, su tono seco y cortante. Sus ojo se ensombrecieron. "Sí, eso ya lo oí, Ministro."

Cornelius bajó la mirada con consternación mientras Tom quitaba la mano de su carta. Casi había terminado su correspondencia para el Ministro de Francia y ahora su esmerada caligrafía estaba estropeada—sin remedio. Alzó la vista para ver a Tom pasar una mano sobre la tapicería de su silla de oficina.

"No veo el punto de cerrar, Tom. No hay necesidad de suspender toda la actividad en el Ministerio. ¿Sabes cuantos asuntos van a quedar—" se detuvo al notar un cambio en la atmósfera.

Sus ojos pálidos se dirigieron a su vaso de agua, a las ondas que bailaban en la superficie. Frunció el seño al sentirse mareado e incómodo. "Hace algo de…calor aquí, ¿no crees Tom?"

"Tal vez," dijo una voz. "Sólo se te acaba el oxígeno por tu parloteo incontrolable."

Cornelius alzó la cabeza abruptamente, gotas de sudor formándose en su frente. "¿Disculpa?" Miró a su Secretario, preguntándose por qué el hombre ahora parecía tan alto. Sombras parecieron envolverlo, destacando sus ojos penetrantes.

Fudge tragó saliva con dificultad, dándose cuenta que el aire parecía más frío y más caliente a la vez. Era una sensación conflictiva, y aun mas por la estática en el ambiente. Casi se sentía como…magia. Pero era imposible, Tom Riddle no poseía ningún poder increíble ¿verdad?

El Secretario colocó las palmas sobre el escritorio una vez más y se acercó aún mas. Una sonrisa que Cornelius consideraría siniestra apareció en el rostro de Riddle. "Creo que un cierre total sería la mejor idea ¿no lo crees?"

Cornelius abrió la boca, listo para recordar a Tom que no era posible, hasta que un dolor lacerante explotó detrás de sus ojos y eliminó su línea de pensamiento.

Por un momento fue solo silencio. Su mente en blanco mientras una invasión atacaba su mente. Con su mandíbula temblando, Cornelius gritó con fuerza por el dolor insoportable que se abría paso por su cráneo.

"Nadie oirá tus gritos, Cornelius," susurró una voz en su mente casi con cariño. "Esto no tomará mucho. Me atrevo a decir que estarás en casa con la Señora Fudge en poco tiempo. Estoy seguro de que curará tu migraña con sus pasteles daneses caseros."

Cayó sobre su escritorio, el dolor era demasiado y pronto dejó de gritar. Sentía como si las cosas estuvieran… moviéndose y reacomodándose dentro de su mente. Regurgitó, provocando que un trozo de frambuesa escapara de su boca y resbalara por su barbilla. Sonrió cuando el hombre frente a él rió y le palmeó la mejilla. Si era gracioso, ¿por qué no hacerlo otra vez?

Esta vez, salió una mas grande. Algo de saliva escapó de sus labios y mojó su túnica. Cornelius soltó una risita cuando algunas gotas mancharon su carta. Le hubiera gustado lanzar esa correspondencia por el inodoro.

"Vamos, vamos, no querrás manchar tu túnica ¿no es así, Ministro?" Cornelius negó con la cabeza gimiendo. "Debemos realizar un simulacro de cerramiento. El Ministerio y sus trabajadores se beneficiarán considerablemente con él. No sólo reconocerán nuestras órdenes cuando se produzca una emergencia verdadera, sino también le recordará a nuestros empleados que el Ministerio tiene el poder de controlar las operaciones. No querrás verte débil ¿verdad? El Ministerio está en todo su derecho de ordenar que se cierre por completo y se suspenda toda actividad. Es hora de que lo practiquemos."

Parpadeó, lo que decía el Secretario Riddle comenzaba a tener sentido. Sería bueno practicar esas cosas. Sólo en caso de que sucediera algo en verdad.

"Ssi," dijo Cornelius con dificultad. "Si, Señor Riddle, en realidad…tiene razón…"

"No recordarás esta invasión ¿verdad? Tuvimos una discusión diplomática en tu oficina. Has tenido migrañas toda la semana producto del estrés de dejar tu cargo de Ministro. Es entendible."

Humedeciendo sus labios, Fudge asintió. "Comprensible…"

Súbitamente, la presión en su mente cedió y frunció el seño. Alzó la cabeza y miró a Tom que estaba sentado con las piernas cruzadas frente a él. El Secretario lo estudiaba preocupado. "¿Se encuentra bien Ministro?" Tom se incorporó mientras buscaba algo en su bolsillo interno. "¡Su nariz! Está sangrando."

Cornelius se ruborizó mientras la sangre caía de su nariz y en sus ropas. "Oh, cielos," rió, agitado. "Me temo que me estado sintiendo como sin aire, Tom. Tu comprendes el estrés ¿verdad?" tomó el pañuelo que le ofrecía Tom y se limpió la nariz. "He estado con estas horribles migrañas. De estrés mayormente, Yo—"

"¿Ministro?" lo interrumpió Tom con suavidad. "¿El cierre?"

Cornelius parpadeó, Tom también parecía algo mas, a juzgar por la sonrisa forzada en su rostro. "Por supuesto, por supuesto." Tomó su varita del escritorio y la agitó hacia el retrato de su csa en el lago.

El marco de oro se abrió, revelando un botón de emergencia y un micrófono. Sonrió a Tom antes de presionar la llave.

Fue bastante extraño que el Secretario ya hubiera estado saliendo por la puerta antes de que sonasen las alarmas. Cornelius quería discutir el tratado de paz con Francia en mayor profundidad antes de volver con la Señora Fudge. Tal vez ella tendría algunos de sus pasteles daneses. Seguramente algunos de sus deliciosos pasteles y un vaso de whiskey de fuego aliviarían su migraña.

Era simplemente inaguantable.

(Death of Today)

En alguna parte del Ministerio, una figura encapuchada pausó en su camino al escuchar una alarma y sentir la atmósfera oscureciéndose. Una sonrisa astuta apareció en su rostro pálido mientras continuaba caminando.

"Les habla su Ministro de Magia," la voz resonó en el Ministerio tan fuerte como las alarmas. "Justo ahora habrá un simulacro de cierre para todos los Departamentos del Ministerio. Pasillos y corredores serán desocupados y se pedirá a los empleados que permanezcan en sus oficinas hasta que termine. Los ascensores de entrada y salida del Ministerio van a ser desactivados, junto con la red Flu.

"Habrá Aurors caminando por los corredores para guiar y acompañar a todos los visitantes a las zonas seguras asignadas. Cualquiera que desobedezca será suspendido. Gracias por su cooperación para hacer de nuestro Ministerio uno más fuerte y seguro."

Cygnus rió y sus ojos brillaron. Estaban cerrando el Ministerio por él, por él.

Por un chico. Un miserable chico.

Eran tontos, todos lo eran.

Debes ser muy querido, mi nieto…murmuró en su mente.

Mentalmente, buscó a su joven nieto, y lo encontró en las profundidades. Por un momento, Cygnus sondeó cerca de la presencia de Izar, tentado de torturarlo y absorber la energía el que chico había reunido desde la última confrontación. Había mas energía alrededor de él, mucho más blanca que la anterior. La última probada de magia que había recibido de su descendiente había sido fuerte y seductoramente oscura, como a suya.

¿Tal vez el chico intentaba enfrentar la oscuridad con la luz? Era una idea tonta que Cygnus encontraba divertida. Dejaría que el chico alzara su última línea de defensa. Cygnus se lo permitiría. De hecho, le había llegado a tomar cariño al chico y extendería sus interacciones todo el tiempo posible.

De no haber sabido, hubiera asumido que Izar Black era una reencarnación de él mismo. Eran increíblemente similares; ambos prodigios, los dos oscuros y poderosos e igual de determinados. A pesar de todo, había una gran diferencia.

Izar era débil y casi lamentable por sus lazos. Cygnus sabía que el chico se consideraba a sí mismo frío e indiferente hacia otra gente, pero él ahora lo sabía. Su descendiente estimaba mucho a su padre e incluso a su tío traidor de la sangre. Los dos Black eran más débiles que el chico—aún así Izar se rodeaba de ellos constantemente.

También había otros que el chico trataba con justicia cuando debió haber actuado de acuerdo al lugar que merecía por su herencia.

Izar era poderoso, pero el chico aún no se había dado cuenta de su potencial.

Te mostraré el verdadero poder antes de que dejes de existir, chico. Te mostraré el poder que no pudiste ver en la punta de tus dedos. Le dijo mentalmente a Izar mientras se deslizaba por los pasillos del Departamento de Misterios.

Sintió una chispa de interés venir de su nieto. Pero mas allá de eso, el chico permaneció en silencio. Cygnus le gruñó antes de abandonar las profundidades de su mente.

Izar habría llegado lejos, pero sus lazos lo habían alcanzado y consumido hasta que quedó atrás—en las sombras. Cuando Cygnus había establecido su vida, su esposa e hijos fueron sólo maneras de continuar a línea de los Black. Sus hijos, especialmente, fueron ratas bastardas, concebidas para sus experimentos. Los necesitaba para la inmoralidad y cuando no mostraron signos de poseer su gen artificial y su ADN, se había desentendido del resto de sus vidas. Sólo tuvieron una memoria de él, sus órdenes de que continuaran la línea de los Black.

No significaban nada para él. Y al no tener esos lastres podía enfocarse en sus invenciones y experimentos. El no tenerlos lo llevó a donde estaba el día de hoy.

Inmortalidad.

Había conseguido la inmortalidad donde otras habían fallado. Y planeaba hacer mucho más esta vez que sólo ser un simple inventor.

Tenía que admitir que había una cosa que se interponía entre él y el resto de su espíritu en el Velo. Era ese…mestizo. Ese sucio mago que se jactaba del título de Señor Oscuro. El mismo hombre que consideraba a un chico de dieciséis años un digno amante.

Aceptaba que sería difícil luchar contra el Señor Oscuro. Pero Cygnus no tenía dudas de que podría pasar por el hombre con facilidad. La magia de Izar era poderosa y su don imparable sería el que causaría la caía del Señor Oscuro. Era simple. Daba risa en realidad.

Podría haber necesitado mas tiempo. No estaba acostumbrado a cambiar su personalidad para parecer un adolescente con estrellitas en sus ojos para su padre. Regulus había sospechado, y de alguna manera, había sabido. ¿Habría hablado su retrato en Grimmauld Place?

A juzgar por el cerramiento del Ministerio, Cygnus creía que el Señor Oscuro tenía algo que ver son su falta de tiempo.

No importaba. Llegaría al Velo y sería él mismo otra vez. Sería sencillo, tan fácil como había sido poseer el cuerpo del chico y controlarlo. Se había introducido en el cuerpo de su descendiente como si fuese manteca. Había habido una leve lucha por parte de Izar, pero Cygnus lo había superado con naturalidad. Lo único que no había planeado era que sobreviviera. Cygnus creía que, aunque no estuviese completo, cuando se uniera con el chico éste moriría.

¿Era determinación pura lo que le daba al chico estas horas extra de pelea? ¿O era algo mas?

Hizo una pausa y apartó esas sospechas. No importaba. Después de fundirse con el resto de su espíritu, abandonaría Gran Bretaña y comenzaría un nuevo camino. Su primer objetivo era quitarles a sus descendientes sus inmerecidas propiedades de lo Black. Su segunda prioridad era asegurarse una perra para que continuara su línea. Después de que el cuerpo de Izar envejeciera, necesitaría otro descendiente que llevara su gen artificial. Con suerte esta vez, su receptor aparecería dentro de la primera o segunda generación.

Se había ido tanto tiempo. Y no le importaban los cambios en el mundo mágico. Era sólo otra lista de prioridades de la que ocuparse.

Cygnus pivoteó entre los corredores en las sombras. Era bastante sencillo. Las luces del Ministerio estaban muy bajas por el cierre.

No necesitaba usar las memorias de Izar para recordar dónde estaba el Velo. De joven había pasado días y días frente al arco de piedra. Le tomó años convencerse de que no podía implantar la inmoralidad en su cuerpo creciente, pero que era posible hacerlo con su ADN—en su esperma—y pasarlo a alguno de sus descendientes.

La inmortalidad debía comenzar en un feto. Su objetivo era mantenerse en la tierra hasta poder morir y permitir que su creador lo posea con facilidad. Su intención no era hacer que su descendiente fuese inmortal. Izar no era inmortal y aun así llevaba el gen de Cygnus que permitía que fuera poseído con facilidad y magia Oscura o bastante exclusiva para que pudiera tocar el Velo son morir.

Cuando Cygnus estaba en su lecho de muerte, lo había devastado el hecho de que ninguno de sus hijos o nietos poseían la 'maldición'. Había temido a la muerte, a permanecer en el Velo por toda la eternidad. Pero eventualmente sus esfuerzos habían valido.

Era una lástima que su receptor tenía que ser su único aliado digno. Podría haber usado la mente prodigiosa de Izar, sus invenciones.

Mientras Cygnus ingresaba en la cámara de la muerte, inmediatamente sintió el Velo sin tener que verlo. Podía sentir el resto de su espíritu detrás de la cortina raída y dentro del arco de piedra.

Allá voy…

Su júbilo lo cegó de sus alrededores. De haber prestado atención hubiera visto al Señor Oscuro oculto en las sombras, sus ojos fijos y enfocados en él.

Pero Cygnus tenía una sola cosa e mente.

La temperatura bajó de manera placentera de una manera que le resultaba familiar. Se le puso la piel de gallina. La atmósfera en la cámara de la muerte era aun mas asombrosa a través de los ojos de alguien tan joven y saludable. Cygnus se aproximó lentamente a la entrada mirando por sobre las gradas hasta el arco de piedra orgulloso en el centro de la tarima. Su velo raído ondeaba con belleza, su apariencia rivalizando la de la seda más fina.

La única cosa que los distraía de su belleza, eran las tres figuras paradas frente a él y discutiendo en voz alta.

Cygnus gruñó con desagrado al identificarlas. Los dos idiotas Black y la Sangresucia. Claro que había sido tonto de su parte tomarse su tiempo para llegar al Ministerio. Había estado tan abrumado por la sensación de vivir otra vez que no había considerado un obstáculo en el camino.

A pesar de que estuvieran en su paso, un sensación de placer se alojó en su estómago.

Esto sería… divertido.

(Death of Today)

Izar saltó de la rana y rápidamente cerró la puerta al prado tras él. Miró a ambos lados en la ilusión del Departamento de Misterios, sabía que Cygnus se encontraba en el verdadero en estos momentos.

Frunció el seño, sentía que se les acababa el tiempo pero no tenía el poder para adelantar las cosas. "¿Qué pasa si se une con el resto de su espíritu? Insistes que no—"

"No morirás," respondió con vehemencia. "He estado pensando en esta situación por años, Izar." Lo miró con sus ojos verdes cansados. "De no haber estado segura de que el Horrocrux funcionaría, nunca lo hubiera creado. Tiene su propia magia, sin importar lo pequeña que sea la cantidad. Tengo el poder de proteger tu escencia y mantenerte dentro de tu mente."

Izar volteó hacia la parte consciente de su mente. A Cygnus no parecía importarle dónde estuviera, no hacía nada para apartarlo. Por un largo rato estudió los pisos y paredes negras.

"Estoy seguro de que la Legemerancia podría ayudarme a expulsar a Cygnus de mi mente," comentó volviéndose hacia Lily. Su vestido se había tonado de un rojo rubí provocando que se perdiera su cabello. "Atravesar el proceso de crear un Horrocrux puede haber sido inútil. Un sacrificio sin sentido de tu parte."

Ella negó con la cabeza. "La Legemerancia no ayudará, hijo. Cygnus creó esta maldición para que tu cuerpo estuviera abierto para su ataque. Tus genes están manipulados por él para que puedas llevar su espíritu. La magia de la mete no podrá contrarrestar su ataque."

Izar juntó las cejas, recordaba la conversación que había tenido con Cygnus antes de ser poseído por él. "Pero dijo que si hubiera aprendido Oclumancia hubiera sido imposible para él fusionarse conmigo," señaló Izar.

"Es verdad. Sin embargo, ése era el proceso de fusión. Esta es la posesión. Ahora que ya ha tomado control dentro de tu cuerpo, dentro de tu mente, algo tan simple como la Legemerancia no ayudará. Si hubieses aprendido Oclumancia antes, si la hubieses dominado, tal vez hubieras podido evitar todo esto," le ofreció una pequeña sonrisa. "Seguramente habrás notado que careces de la habilidad para aprender Oclumancia. Eso es simplemente porque Cygnus así lo quiso cuando creó la maldición. Quería que fueses vulnerable. Que el Señor Oscuro te enseñara Oclumancia suponía una amenaza. Tenía que poseerte antes de que dominaras el arte."

Izar no sabía si sentirse impresionado por la creatividad de su ancestro o aliviado de que no fuese su culpa el no poder proteger su mente.

Todo tenía sentido, encajaba a la perfección. Lo único que no entendía era por qué Lily Potter no empujó hacia el Velo la primera vez. Si no hubiera tocado el Velo en primer lugar, tal vez no tendría este problema.

La miró con los ojos entrecerrados. Acababan de limpiar todo rastro de la presencia de Cygnus en el campo. Según Lily, podían trabajar de adentro hacia afuera. Recordaba habérsela quedado mirando cuando le propuso la idea de expulsar a Cygnus de cada habitación de su mente.

"¿Y cómo vamos a lograr eso?" preguntó Izar. "¿Crees que simplemente podemos limpiar las habitaciones de mi mente y cerrar la puerta detrás?"

Ella había sonreído. "Tienes el poder de hacer lo que sea. Es tu mente después de todo, Izar."

Él había suspirados. Le ocultaba algo. No sería tan sencillo. No podían sólo destruir la presencia de Cygnus en cada cuarto y cerrar la puerta. ¿Qué impedía que Cygnus se diera cuenta de que las puertas de su mente se cerraban? ¿Qué impedía que las volviese a abrir?. Para Izar, éste proceso de limpieza se parecía mucho a la Oclumancia. Y Lily recién le había dicho que tanto la Oclumancia como la Legemerancia no podían ayudarlo a expulsar a Cygus.

"Esto es una pérdida de nuestro tiempo," dijo Izar con crueldad. Volteó hacia ella, esperando ver un plan siniestro en esos ojos esmeralda. No había ninguno. La apuntó con el dedo, sintiendo la furia crecer en su estómago y pecho. "¿Cómo puede esto protegernos de Cygnus? Simplemente volverá a abrir todas las puertas y adentrarse aún mas en la mente, en mente."

La rana que había estado montando croó molesta por el tono de voz de Izar y se fue saltando por una de las puertas abiertas. Izar no le prestó atención y se enfocó en Lily. Ella jugó con un mechón de su pelo mientras miraba por el corredor del Departamento de Misterios.

"No estoy totalmente segura de que esto vaya a funcionar," le confesó después de un momento de silencio. Antes de que él la pudiese interrumpir, ella continuó. "Pero sé, sin ninguna duda, que vas a sobrevivir a esto. Sé que eventualmente podrás luchar contra él con una fuerza mayor. Cerrar tu mente, o estas puertas, nos dará más tiempo."

Izar colocó sus manos en sus rodillas tratando de controlar su ira. Respiró profundamente. "¿Cómo puedes creer que voy a sobrevivir a esto intacto? No tienes credibilidad, rayos, ni siquiera tienes idea de lo que estas haciendo."

Ella volteó hacia él y apoyó su palma contra la puerta que acababan de cerrar. "Tengo el poder para protegerte—"

Él se paró abruptamente y dio un paso hacia adelante. "Eso ya lo dijiste. ¿Qué poder puedes tener en mi mente?"

Lily ya era una bruja pequeña, pero pareció aún mas baja cuando bajó la cabeza y los hombros. "Tengo el poder…tengo el amor de una madre, el sacrificio de una madre."

Izar sintió cómo se le contraía la garganta y luchó para poder respirar. "¿El amor de una madre?" susurró sin poder creerlo y luego alzó la voz considerablemente. "¿Cómo puede eso ser posible cuando n siquiera eres una?" Abrió los brazos y rechinó los dientes cuando la emoción creció hasta el punto que ya no podía permanecer impasible-

Ella volteó con rapidez, su pelo se enredó alrededor de su cuello como una cobra carmesí. "Sé que lo que hice estuvo mal, Izar" dijo en un jadeo. "Paseó dos días acunándote contra mi pecho después de darte a luz, pensando en qué debía hacer. Esos dos días fueron los más felices que he tenido. Nunca sentí un amor tan casto y puro, pero al mismo tiempo, nunca sentí tanto dolor al saber por qué te había concebido. Supe después de dejarte en el orfanato que había sido un error. ¡Lo sé! Lo sé."

No quería ver lágrimas en sus ojos. Izar volteó, obstinado, para nada impresionado por ellas. No tenían sentido para él. Las palabras, por otra parte, hacían eco en sus oídos.

"Era joven y estaba perdida," continuó desesperada. "Y consumida por la culpa de haberte abandonado. Después de crear el Horrocrux, supe que no podría traerte y criarte con media alma, con la mitad de mi humanidad. Permíteme esta última oportunidad de redención, este sacrificio. No subestimes mi amor por mi niño. Puede que no lo haya criado, pero siempre estará esa admiración incontrolable, siempre estarán esos dos días en que te tuve en brazos. El amor de una madre es el combustible que permite que un ser humano normal haga lo imposible."

Era una mujer derrumbada y trastornada, dura y rearmada después de su caída. Fue una vez una bruja joven y brillante, pero permitió que Dumbledore manipulara su mente. Él hizo que viera a la oscuridad como la última enemiga y que tenía que sacrificar todo para evitar que creciera.

Se había escurrido del control de Dumbledore después de tener a Izar. Al recuperar la consciencia debió haberse sentido consumida por la pena y el tormento por lo que había hecho. Había estado perdida hasta que encontró un nuevo propósito.

Protegerlo a él.

Tal vez había creado un Horrocrux por la pura desesperación de redimirse y proteger al niño que nunca podría tener, pero lo había hecho de todos modos. Y una vez que desgarró su alma volvió a ser ignorante de sus sentimientos y emociones. Tal vez estaba tan avergonzada de ese acto tan oscuro que había vuelto a Dumbledore y estaba de nuevo bajo su control.

Negó con la cabeza suavemente, su furia tornándose en lástima por la mujer que lo trajo al mundo. "¿Por qué entonces me pusiste frente al Velo? El año pasado, permitiste que e acercara."

Ella alzó la mano en la puerta transparente y se miró a si misma con ojos apasionados. "No fui yo quien te puso frente al Velo. Fue ella. Ya no somos la misma persona, Izar, sin importar lo mucho que quiera que sea cierto. Nunca volverá a estar completa. Tendrás que preguntarle a ella por sus intenciones."

Antes de que Izar pudiera decir nada sintió un abrumador sentimiento de placer viniendo de Cygnus. Frunciendo el entrecejo se concentró para mirar en el mundo real. Su estómago se convirtió en plomo cuando se dio cuenta de que Cygnus tenía los ojos puestos en Regulus y Sirius. A juzgar por la maliciosa felicidad de su ancestro, Izar especulaba que las cosas no se vían bien para su padre y tío.

Volvió hacia Lily, su rostro frío e inexpresivo. "Tengo que quedarme allí arriba."

Ella dio un paso hacia atrás, adentrándose en el Departamento de Misterios. Su vestido se manchó de negro mientras miraba a Izar. "Pero las puertas. Necesitamos cerrar los pasos para—"

Los ojos verdes brillaron. "Necesito tratar de controlar mi cuerpo si él los hiere…" dijo, recordando sus palabras desesperadas. "Entiendes mi necesidad de protegerlos, Lily ¿Verdad?"

Ella abrió la boca, lista para intentar convencerlo, pero lo pensó mejor. "Si, Izar, entiendo." Le ofreció una sonrisa extraña. Pero al igual que las otras, había un deje dulce en las líneas de su boca. "Me alegra que se hayan encontrado. Ambos merecen algo de felicidad, a pesar de la oscuridad de su pasado."

Era algo muy distinto a lo que la Lily Potter de verdad le había dicho una vez. Quería apartar a Izar de Regulus, declarando que no era apropiado para ser su guardián. Alzó una mano y tomó la de Lily. Una parte de él sentía ´lástima por si mismo por nunca haber conocido a su madre, a su madre completa. Por un segundo se preguntó cómo habría sido su vida si lo hubiera conservado, si lo hubiera criado.

Apartó esas ideas de su mente. Disfrutaba demasiado de su vida para desear que fuera diferente.

Ella asintió y apretó su mano. "Intentaré seguir cerrando las puertas, Izar. Ten cuidado."

Volteó y se fue, dejando a Izar sólo parado sobre la ilusión del Departamento de Misterios. Controlando sus emociones, Izar se dejó llevar por el abrazo de la oscuridad. Estaría observando y esperando por su oportunidad para atacar.

(Death of Today)

"Eso no es lo que estoy preguntando, "siseó Regulus. "Quiero saber si Izar ya ha estado aquí."

Frente a él y envuelta en la pesada túnica de los Inefables, Lily cruzó los brazos sobre su pecho y se lo quedó mirando. Parecía una rata ahogada en esas ropas, su baja estatura recordaba aun cadáver viviente, "Y yo te dije que no ha estado aquí, Regulus. Si hubieses estado escuchando me habría oído decirlo."

Sus oscuros ojos verdes se dirigieron a Sirius que permanecía en segundo plano. Regulus se puso tenso ante su súbito interés.

"A James le gustaría volver a verte, Sirius," comenzó ella con suavidad. "Te necesita."

Regulus se puso frente a ella para redirigir su atención a él. "No pareces muy preocupada por mi interés por el paradero de Izar. Uno creería que una madre, sin importar que tan fría, tendría curiosidad por el bienestar de su hijo." Era la primera vez que usaba esa carta contra ella. Aunque Regulus dudaba que hubiera mucho amor por Izar en el cuerpo de Lily.

La cortina carmesí del pelo de Lily resbaló de su hombro cuando ésta se enderezó. Sus ojos estaban pálidos. "Eso es porque ya sé por que esta pasando."

Regulus entrecerró los ojos y dio un paso hacia adelante. Su altura hacía sombra sobre ella, pero no parecía afectada. "¿A qué te refieres con que sabes por lo que esta pasando?"

Ella rió con amargura negando con la cabeza. "Si no hubieses estado tan cegado y ansioso por poder, hubieses visto que la Maldición de Cygnus no era lo que los rumores relataban. La Necromancia no estaba en lo planes de Cygnus cuando creó la maldición. Sé que debió ser una decepción para ti darte cuenta de que era posesión."

Regulus se hizo hacia atrás, su pecho ensanchado por la furia. "¿Cómo puedes estar…tan indiferente sobre esto? ¿No ves que Cygnus podría tomar a Izar por completo? Puede que mi hijo nunca vuelva."

Lily bajó las manos, sus ojos brillando furiosos. "Y, a diferencia de ti, he hecho algo al respecto."

Apartando un mechón de su frente, Regulus rió con crueldad. "Oh querida, no tienes idea de proteger a alguien. ¿Qué hiciste? ¿Pediste ayuda a Dumbledore? ¿Le explicaste que los Black son sólo—"

Fue interrumpido por un flash de luz resplandeciente. Todo lo que vio fue el rostro familiar de Izar antes de ser expulsado hacia atrás. Regulus luchó por control, pero sabía que era en vano mientras continuaba descendiendo por el aire. A juzgar por el rostro horrorizado de Sirius y el descenso de la temperatura, Regulus sabía que se dirigía al Velo.

No podía morir así. No así.

Aunque era bastante irónico.

"¡Regulus!"


Nota de Traductora: creo que en inglés a un final así le llaman un 'cliff hanger'. Bueno, sé que me he retrasado. No puedo esperar a traducir ciertos capítulos. Ayer Epic publicó el número 50, después me puse con éste y decía…. Ya quiero llegar allá! jeje

Tengo una pregunta para ustedes, lectores. No preveo que esto pase pronto, pero quiero saber si desean que les diga cuándo Epic Solemnity pone fin a su maravillosa historia. Digo, sólo porque puede que no quieran saber cuando se acerca el final (aclaro, en inglés todavía no está ni cerca)

Era una inquietud mía : ) Gracias por los reviews. Nos vemos, espero, en una semana.