Hola! Este es el penultimo capítulo y también, uno de los más largos que he escrito. Tómense su tiempo para leerlo, y espero no aburrirlos :)


Capítulo XXXV: El final de una era...

Nos habíamos reunido en el salón principal del edificio de justicia del Capitolio, y por primera vez en mucho tiempo, sentía que el ambiente era menos tenso a cuando estábamos en la sala de mando del distrito trece.

Ni bien puse un pie en el salón, la presidenta se encargó de decirme cuales serían los planes para Voldemort y sus mortífagos.

No hubo mucha discusión respecto a ello. Todos los que estábamos presentes, incluidos los vencedores anteriores, acordamos con que una muerte en público, era lo mejor para él. Los habitantes de todos los distritos, merecían ver el final del mago oscuro.

¿Pero, quién lo haría?

Longbottom y los demás dignatarios, sabían que esa persona, debía ser yo. La gente, lo pedía.

Nadie objetó nada, y aunque al principio, pensé que la presidenta protestaría, terminó por cumplir con su parte del trato y me prometió que esa sería mi última tarea. Asesinar a Voldemort.

Scorpius, había tenido razón, cuando me dijo que Luna Lovegood, había cambiado. Ya no parecía querer asesinarme con la mirada, y desde que nos habíamos vuelto a ver, me había tratado con mucha empatía.

Esperaba que esto no fuera parte de algún circo o mentira. De todas formas, no me importaba lo que ella hiciera después de mi partida. Podía quedarse con el Capitolio entero si deseaba, yo sólo quería volver a casa.

Luego de cerrar el asunto del mago oscuro, se decretó que desde ese día y para siempre, los juegos del hambre quedaban abolidos y prohibidos en todo el país. Se alzaría una enorme estatua en memoria de todos los tributos que habían perecido en la sangrienta competencia; se añadiría otro monumento conmemorativo en honor a los que habían participado en la última gran guerra, y uno más en honor a Harry Potter y mis padres. Además, se ayudaría económicamente a las familias, que habían quedado afectadas por los bombardeos a los distritos.

No dije nada respecto a eso, y simplemente, me limité a escuchar, sin embargo, antes de terminar con la reunión, la presidenta sugirió algo que causó gran revuelo entre los presentes. La idea, sorprendió a muchos, pero no a todos. De hecho, estuve de acuerdo con ella.

-Haremos unos últimos juegos del hambre con los hijos de los mortífagos y ciudadanos del Capitolio…-fueron sus palabras.

Finnick, Annie, Scorpius, Beetee y Longbottom, protestaron de inmediato. Eso parecía una locura. ¿Cómo podía sugerir algo así, cuando estaba diciendo que los juegos habían quedado prohibidos desde ese día?

La comandante Paylor, tampoco parecía estar de acuerdo con la decisión, pero se mantuvo en silencio y no opinó nada.

Sin embargo, la situación fue diferente para Johanna, James, Louis y yo. Podía sonar cruel, pero nos pareció la idea más justa que habíamos oído en años.

Muchos niños y adolescentes inocentes habían sido asesinados con el único propósito de entretener a los mortífagos y sus familias. Ahora, era turno de que ellos tomaran un poco de su propia medicina.

-Rose, no…-insistió Scorpius, mirándome a los ojos, mientras lo echaban a votación.

Pero nada me haría cambiar de parecer.

-¿Y finalmente, qué es lo que dice nuestro Sinsajo?-preguntó la mujer mirándome como si ya supiera la respuesta.

Asentí afirmativamente.

-Por Fred…-susurré de inmediato.- Voto que sí.

Algunos me miraron con sorpresa, pero los demás, entendieron.

-Bien, entonces… Celebraremos los últimos juegos del hambre en aproximadamente un mes, mientras hacemos los preparativos y decidimos todo lo demás.

Nadie dijo nada después de eso, y cuando acabó la reunión, volví a reencontrarme con mi familia en uno de los edificios que antes habían servido como alojamiento para los tributos.

Fue un reencuentro bastante emotivo. La abuela Molly no dejaba de llorar, mis primas me abrazaban, la pequeña Violet me pedía que la cargara, y Lily, no podía separarse de mí.

-Estoy bien, Lily…-le dije sin dejar de abrazarla.-Todo salió bien… Estamos bien.

-Lo sé, Rose…-respondió mi prima entre lágrimas.-Pensamos lo peor, cuando nos dijeron que la mansión de Voldemort había sido bombardeada con ustedes adentro…

Negué de inmediato, y sentí que un dolor familiar, hacía eco en mi interior.

-Pronto volveremos a casa.-sentencié pensando en que sólo faltaban Fred y el abuelo, para completar esta bienvenida.

Sonreí disimulando mi propia pena, y la consolé hasta que Hugo llegó a mí.

A pesar de todos los esfuerzos e intentos que mi hermano había realizado durante aquellos meses en el distrito trece, ni él o Albus, habían conseguido participar en la última gran batalla.

Eso parecía molestarlos, pero yo estaba feliz de que las cosas hubieran sucedido de ese modo. Ambos estaban a salvo, y habían hecho un gran trabajo protegiendo al distrito trece durante el segundo bombardeo, no necesitábamos más muertes en la familia.

-Fue injusto, Rose…-murmuró mi hermano.-También deseaba ser parte de esto…

-Lo fuiste…-le respondí con seguridad.-Protegiste a nuestra familia, mientras yo no estaba, y tal vez, no hayas sido parte de la última guerra, pero sé que aun así, papá y mamá, estarían orgullosos de ti…

Aquello, pareció reanimarle, y esbozó una pequeña sonrisa.

-Tú eras la indicada para terminar con esto. Creo que de haber estado en tu lugar, jamás lo habría logrado…-me dijo en voz baja. Sólo quería que yo lo escuchara.

-Podrá sonar egoísta, Hugo... Pero estoy feliz de que no hayas luchado en esa horrible guerra...

El asintió comprensivamente.

-Nunca dejarás de protegerme, verdad?-peguntó alzando una ceja.

-Eso es porque siempre serás mi hermanito menor.-le dije divertidamente mientras desordenaba su cabello. Era increíble, saber cómo pasaba el tiempo, y ahora, ambos, ya éramos prácticamente adultos.-Y no hay nada que puedas hacer al respecto.

-Sí, tienes razón, y ahora, cómo tu hermano, debería hablar seriamente con Scorpius?

Oh, por dios, pensé sin poder creerlo.

-¿Ya te lo dijeron?-inquirí alzando una ceja, mientras él asentía. Rodé los ojos resignada.-Felicidades, vas a ser tío…

Para todos, y no sólo para Hugo, fue una gran sorpresa, saber que estaba embarazada. De hecho, mis tías y la abuela, pensaron que estaba bromeando.

¿Rose cómo es posible?, preguntaron casi al unísono.

Sinceramente, sí era posible, pero en ese momento, habían cosas más importantes en que pensar. Sabía que acabarían entendiendo mi arriesgada decisión y se alegrarían de tener a otro miembro en la familia.

Sin embargo, había alguien que no parecía estar contento con la situación, y en esos dos días, sólo nos habíamos dirigido la palabra cuando fue necesario.

La primera vez que intenté acercarme a James, fue luego de la reunión con Lovegood. Había querido conversar con él sobre esa arriesgada idea de realizar los últimos juegos del hambre con los hijos de los mortífagos, pero James, sólo me había respondido con indiferencia.

Sabía que estaba molesto, porque esa era la misma forma en que me había tratado cuando regresé a casa luego de mis primeros juegos.

Después tuvimos un breve encuentro, antes de reunirnos con la familia, pero no nos dirigimos la palabra y sólo intercambiamos miradas, fingiendo que todo estaba bien entre nosotros.

Aunque nuestra relación, no se encontraba en el mejor momento, sabía que debía hablar con él.


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Esa misma noche, se realizó una ceremonia en conmemoración a todos los soldados caídos.

Antes de eso, había tenido una extensa charla con tía Angelina y Roxanne, ambas estaban completamente destrozadas, pero tenían mi apoyo incondicional y entendían que la muerte de Fred no había sido en vano.

Durante la ceremonia, y como parte del programa, me vi en la obligación de decir unas cuantas palabras para alentar a los habitantes de los distritos. Ellos, como muchas otras personas, se encontraban a la deriva, sin saber cual sería el destino de la nación. Dije algo breve, esperanzador y no entré en detalles, porque de eso se encargarían Longbottom y Lovegood.

Finalmente, volví a mi sitio, aliviada de que esto se estuviera terminando, sin embargo, el ambiente no era nada agradable, la tristeza estaba en el aire, y sentía que pronto empezaría a llorar. Los recuerdos de Fred y de todos aquellos que habíamos perdido, golpearon mi mente y cerré los ojos.

Quería estar con mi familia, apoyarlos, pero al mismo tiempo, sentía que no podía seguir ahí.

Scorpius, entrelazó su mano con la mía y pareció darse cuenta de lo que me estaba sucediendo.

El rubio empezaba a conocerme a la perfección, y sabía cuando algo no iba bien.

-Debo tomar algo de aire…-le dije con la voz ronca, mientras sus padres me echaban un vistazo.

Ya los había saludado. Ambos, también me habían felicitado, y aunque en un inicio se sorprendieron con la noticia de que serían abuelos, no dudaron en decirme que tenía todo su apoyo y que podía contar con ellos para lo que fuera. Los señores Malfoy, sabían que tenía a toda mi familia de mi lado, pero a partir de ahora, yo también era parte de la suya y por lo tanto, lo que sea que ocurriera conmigo, también les importaba. Ellos, sólo esperaban que su hijo y yo, fuéramos felices.

-Vuelvo en unos minutos…-agregué algo confundida, mientras veía que todos alzaban sus varitas en señal de luto.

-¿Quieres qué te acompañé?-me preguntó Scorpius seriamente.

-No. Estaré bien. Sólo quiero…-pero no pude continuar.

Él sabía exactamente a lo que me refería, no fue necesario que insistiera, y simplemente, me dejó ir.

Caminé en dirección a un balcón vacío, mientras el viento soplaba con fuerza esa noche. Me abracé a mi misma, con cuidado de no mover el vendaje en mi antebrazo izquierdo y miré las estrellas que iluminaban el firmamento.

Todos me felicitaban y creían que en verdad estaba bien, porque eso era lo que yo me había encargado de decirles, pero lo cierto era que nada estaba bien. Una parte de mí, se sentía vacía y desorientada.

El recuerdo de mis padres, parecía aliviarme por momentos, pero luego, regresaba esa sensación de tormento.

¿A lo mejor, todo fue un sueño?, me dije a mí misma, nuevamente confundida.

Cuando había despertado en el hospital, estaba convencida de que aquel encuentro había sido real, pero ahora, empezaba a tener mis dudas.

Tal vez, todo había sido parte de mi imaginación. Inconscientemente, había recreado ese sueño para tener algo de ellos, aunque no fuera cierto.

-¿Qué haces aquí, niña?-murmuró Haymitch a mis espaldas.

Le eché una mirada, y luego volví a mi posición anterior.

-Sólo, intento escapar de todo eso…-respondí sin mucho ánimo.

Él, se mantuvo en silencio por unos segundos, hasta que se acercó a mi lado.

-No eres la única.-sentenció dándole un pequeño sorbo a la botella que llevaba escondida en los bolsillos.-Escapar será difícil, pero nada como un buen trago de ron, para olvidarse de las penas.

Sonreí brevemente y traté de mantenerme en el lado racional.

-Si eso fuera cierto, entonces ya me habría bebido dos cajas enteras.-respondí sin importancia.- Aunque, a decir verdad, tal vez necesite un poco de eso para mañana…

Aquello también me tenía un tanto ansiosa. La ejecución de Voldemort.

Mañana sería el gran día que todos estaban esperando. No sólo sería el fin de aquel mago; muchos otros mortifagos, agentes de la paz, y personas que habían estado a su servicio durante todos estos años, también perecerían, y a los que quedasen vivos, les esperaba un largo juicio que muy probablemente, perderían y acabarían siendo encerrados en alguna prisión del Capitolio.

-De todas formas, ahora ya no puedo hacerlo.-concluí dirigiendo mi mirada al oscuro paisaje. No podía beber ni una sola gota de alcohol, ni eso, ni nada.

-Lo sé.-murmuró sabiendo a lo que me refería.-Lo que hiciste, fue bastante arriesgado, pero siempre supe que eras diferente a todos los tributos que llevé al capitolio… Y al final, tenía razón... Lograste darnos una nueva oportunidad a todos.

Giré mi cabeza hacía él, y pude ver algo de esperanza en sus ojos.

Nunca le había preguntado, si aún tenía familia o si le quedaba alguien en los distritos. Desde que tenía uso de razón, había visto a Haymitch como el solitario mentor del distrito doce, que siempre andaba con una botella de alcohol entre las manos y no le importaba nada.

-Gracias, Haymitch, por toda tu ayuda…-murmuré sin imaginar que con el tiempo, esa persona acabaría convirtiéndose en uno de mis más grandes amigos.- Me diste consejos que jamás olvidaré… En serio, gracias por todo.

-No es necesario agradecer…-me dijo mientras observaba el cielo nocturno.

-¿Volverás al distrito doce o planeas quedarte en el Capitolio?-le pregunté cambiando de tema. Ya habíamos tenido suficiente sentimentalismo en la ceremonia, no necesitábamos más.

-El distrito doce, ha sido mi hogar por mucho tiempo, y no puedo dejarlo… Además, quien estará ahí para aconsejarte?-me preguntó divertidamente.-No olvides, que fui tu mentor alguna vez…

Asentí en silencio.

Siempre lo serás, pensé.

De pronto, las puertas del balcón se abrieron con un fuerte rechinido e inesperadamente, ingresó James.

-Haymitch, te necesitan adentro… -se apresuró a decirle.-Quieren que digas unas cuantas palabras...

Él se fue de inmediato, y antes de que James, pudiera seguirlo, lo detuve.

No estaba muy segura de lo que estaba haciendo, pero sabía que debía hacerlo ahora, o luego sería demasiado tarde.

-James…-murmuré.

Él, no volteó de pronto, sólo se quedó ahí, dándome la espalda.

-James, tenemos que hablar…-insistí aclarándome la garganta.

Contrólate, me dije a mí misma.

No sé cuantos segundos pasaron, pero finalmente, él se dignó a responderme.

-No tenemos nada de qué hablar, Rose… Todo está bien.-sentenció sin prestarme atención.

-¿Todo está bien?-exclamé.- Eso es lo que yo me encargó de decirles a todos los demás para que crean que en verdad estoy bien, pero tú y yo, sabemos que eso es sólo una mentira.

Él cerró las puertas con lentitud y se acercó a mi lado.

Estuvimos en silencio por unos minutos, simplemente, mirando las estrellas y los edificios del Capitolio. Ya se había empezado a reconstruir la ciudad, y gran parte del lugar donde había ocurrido la batalla, comenzaba a lucir como antes.

-Mañana, me iré…-dijo de pronto.

Desvié mi mirada hacía él.

-No puedes hacerme esto...-murmuré decepcionada.

Pero a James, no parecieron importarle mis palabras.

-Partiré al distrito dos…-continuó mientras se apoyaba en la baranda del balcón.-No planeo regresar al doce…

-James, no...

-Ya lo he decidido.-sentenció con seguridad.

-No puedes dejarnos…-le dije obstinadamente, aunque en verdad, hubiera querido decirle que no podía dejarme a mí.-Fred, ha muerto… El abuelo, ha muerto… No te vayas tú también…

Tragó espeso, y parecía más serio que antes.

-No me pidas eso, Rose. Tú... Tú ya lo sabías… Te lo dije hace meses…-respondió seriamente.-No pienso regresar...

Miré fijamente a sus ojos verdes, y quise pensar que esto no estaba ocurriendo en verdad.

-¿Es por mí?-inquirí bajando la mirada.-¿James, es por mí?-repetí.

Ambos, sabíamos la respuesta a esa pregunta, pero quería oírlo de sus propias palabras.

-No voy a mentirte y decirte que no…-murmuró pensativo.- Como lo dijiste, puedo mentirles a todos, pero no a ti... Nunca a ti...

-Por favor, no lo hagas…-le pedí en un intento porque no se fuera, sabía que era en vano, pero de todas formas lo intentaría.-Quiero que todo vuelva a ser como antes de la guerra…

-Nada volverá a ser igual…

Sí, nada volvería a ser lo mismo. Pero, había perdido a muchas persona, y tampoco quería perderlo a él.

-Entonces, te irás de todas formas… Aunque, yo te lo pida.-continué insistiendo.

-Lo haré, porque ya no me necesitas.

-Siempre voy a necesitarte… Eres mi primo, mi mejor amigo…

-No sigas, Rose.-sentenció alejándose de mí.

Aquello, parecía haberlo enfadado.

Podía ver cierta decepción en su mirada, lo conocía.

-¿Aún, no puedes olvidarlo, verdad?-inquirí con la voz algo quebrada. Ya había olvidado cuantas veces le había hecho la misa pregunta.- ¿Aún no puedes hacerlo?

Él, se giró para verme una vez más. Todo indicaba, que no me gustaría lo que oiría a continuación.

-No, Rose, aún no puedo…-sentenció sin más rodeos.

Me quité un mechón pelirrojo que caía molestosamente por mi frente, y entendí que esto nunca acabaría.

-¿Entonces, así será toda la vida?-le espeté sintiéndome miserable.- ¿Siempre será así entre nosotros?

-Ese no es el punto, Rose…

-Sí, lo es.-le dije perdiendo la paciencia.-Todo esto es por mí, y no quiero que te vayas por esto. No quiero que lo hagas…

Él, tampoco se quedó atrás.

-¿Qué es lo que quieres, Rose?-exclamó fastidiado.- ¿Qué me quede en el distrito doce y vea lo feliz que eres con Scorpius? ¿Qué asista a tu boda? ¿Qué vivamos bajo el mismo techo y finja que no siento nada? ¡No puedes tenerlo todo!

Parpadeé dos veces.

-¿Por qué no puedes olvidarlo?-le dije tan irritada y molesta como él.-Siempre discutimos por esto… Entiéndelo, por favor… No quiero que esto termine así… Sabes que jamás desearía que seas infeliz… Yo te quiero, James, pero ahora, todo es diferente…

Él, se mantuvo en silencio.

En verdad, lo quería, pero no de la forma en que él lo hacía.

En más de una ocasión, me había puesto a pesar en lo qué habría ocurrido si Scorpius, no hubiera sido cosechado, y en su lugar, lo hubiera sido James.

Por supuesto, que todo habría sido diferente, y sólo tal vez, en esa vida alterna, mi primo, habría podido tener una oportunidad conmigo.

Pero, ahora, ya era muy tarde para pensar en eso. Así Scorpius, hubiera muerto en la guerra, nunca habría logrado amar a James de la misma forma en que lo hacía con el rubio.

Habría sido injusto para él, y James, no se merecía un amor incompleto, él se merecía mucho más.

No era necesario que se lo explicara, él lo entendía. Sabía que mi corazón le pertenecía a Scorpius, pero aún así, podía ver la derrota e impotencia en su mirada.

-Por favor, no… no dejes que todo terminé así entre nosotros.-dije con la voz entrecortada. Sabía que James, ya había tomado una decisión y no había vuelta atrás.- Siempre serás especial para mí, lo sabes. Nunca podría olvidar todo lo que hemos vivido…

Mis palabras lo hicieron reflexionar por unos segundos, y nuevamente nos quedamos en silencio.

¿Por qué todo tiene que ser así?, pensé abatida, ¿Por qué no puede ser una relación cómo la que tengo con Louis o cómo la que tenía con Fred?

James, alzó su rostro una vez más, y tomó algo de aire, antes de responder.

-No es necesario que me lo digas. Yo lo sé, Rose…-murmuró con resignación.- Tú también sabes que siempre serás importante para mí, pero en verdad, debo hacer esto…-dijo acercándose y clavando su mirada en mí.- Debo irme… ¿No lo ves? Todo es muy complicado, y si me quedo, será peor… Sé, que será peor. Por el bien de ambos, por mí, por ti... Debo empezar otra vez.

Me quedé en silencio, incapaz de decir algo. No podía negar que tenía razón y que todo esto era lo mejor para él. James, tenía derecho a empezar una vida, lejos de mí, olvidarme y sólo volver cuando estuviera preparado, pero no podía evitar sentirme tan desesperada a la vez.

-Te extrañaré… No me importa, si no me crees… En serio, lo voy a hacer…-le confesé mientras dos lágrimas se resbalaban por mis mejillas.-Nunca olvides que siempre tendrás un hogar en el distrito doce… No olvides, que siempre te estaré esperando...

Me di media vuelta para irme, sentía que ya no había nada más que decir, dejaría que él siguiera su camino y yo continuaría con el mío.

Pero, James no me dejó ir tan pronto, tomó mi mano y jaló de ella.

-Espero que seas feliz, Rose…-sentenció acercando su rostro al mío.

Tragué espeso, sentía que este era el fin.

-Espero que seas feliz, James…-repetí, mientras él me rodeaba con sus brazos y plasmaba un cálido beso en mi mejilla.

Esta era su forma de decir adiós. El final de todo.

Habría deseado que nuestra relación no hubiera sido tan complicada en estos últimos años, pero no podía regresar al pasado. Este era un punto del cual, ya no había retorno.

Nada volvería a ser igual, y sólo esperaba que con los años, él lograra volver a ser el mismo de antes y regresara a casa.

En verdad, me dolía perderlo, pero no podía condenarlo a una vida de infelicidad.

Desde ahora en adelante, cada quien, buscaría liberarse de sus propios demonios donde mejor le conviniera.

-¿Rose?-preguntó una voz un tanto sorprendida desde la puerta.

Lily, pensé automáticamente.

James, se separó de mí y pasó por el lado de su hermana, sin voltear a verme.

Esperaba que algún día, él lograra encontrar el verdadero amor. Alguien, que fuera lo suficientemente bueno, para llenar el vacío que yo había dejado.

-¿Rose, estás bien?-preguntó mi prima, sacándome de mis pensamientos.

-No digas nada, Lily.-le dije sin querer entrar en detalles.-Sólo salgamos de aquí.

Caminé en dirección a la puerta, aún no podía creer que este había sido el final.

-Rose, está bien… Lo sé.-murmuró la pelirroja haciéndome girar.

Aquello me tomó por sorpresa.

-¿Lo sabes?-inquirí confundida.

-Sé lo que él siempre ha sentido por ti…-me explicó con comprensión.- Incluso, mamá, lo sabe…

Y probablemente, Louis también. Tal vez, todo el mundo lo sabía, porque hasta Luna Lovegood, lo había insinuado en alguna ocasión.

Pero eso ya no importaba.

-James no regresará con nosotros...-le dije sintiéndome terrible.-Se va al distrito dos...

Ella, asintió en silencio. Al parecer, ya lo sabía.

-Las decisiones que James haya tomado, le ayudarán a superar todo esto...-me explicó.- No tienes que preocuparte. Él, también será feliz... Sé que lo será.

La abracé y empecé a llorar. En esos momentos, deseaba estar en casa e imaginar que todo esto, sólo era parte de una horrible pesadilla.


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Lily, me acercó cuidadosamente el arco y un carcaj lleno de flechas doradas.

-¿Entonces, está ocurriendo realmente?-me preguntó sonriendo.-Al fin, acabarás con él…

La noche anterior, había pensado en todo esto y empezaba a sentirme algo incómoda por hacerlo en público. De pronto, todo parecía un maldito circo y eso era lo que más me molestaba.

Al principio, no me había parecido una mala idea, pero ahora, tenía mis dudas.

-Sí…-murmuré sin tanta emoción como ella.- Todo está a punto de terminar, y te prometo, que pronto estaremos de vuelta en el distrito doce…

Ella, me sonrió de vuelta, y antes de poder agregar algo, las puertas del pequeño camerino, se abrieron inesperadamente.

Era Johanna y lucía igual de emocionada que Lily.

-Ya es hora, Rose.-sentenció sonriendo.-Hoy es el fin de esa maldita serpiente...-murmuró mientras hacía una pausa.- Pero, pienso, que todo esto es muy injusto...

Lily, alzó una ceja sorprendida. ¿¡Qué?!, parecía que decía su rostro desconcertado.

-No es justo que tú seas la única en acabar con él, todos deberíamos hacerlo...-continuó volviendo a sonreír.

Mi prima, empezó a reír.

-Esa es una buena idea.-le respondió la pelirroja, mientras tomaba una de mi flechas.-También quisiera hacerlo...

-Tú no vas a matar a nadie.-dije quitándosela de inmediato.

Tú no vivirás con eso, hubiera querido agregar, pero de inmediato, esbocé una sonrisa y fingí que todo estaba bien.

Sin embargo, eso no engañó a Johanna, y comprensivamente, acabó con la conversación.

-Bueno, chica en llamas... Será mejor que te des prisa o vendrán por ti.-me aconsejó guiñándome un ojo.

Sonreí de lado, y salimos de ahí.

-¡Rose!-llamó Effie a mitad del camino.-¡Debes llevar esto, querida!

Me enseñó mi broche de sinsajo y rápidamente, lo colocó en mi vestuario.

-Pensé que lo había perdido...-exclamé sorprendida.

-Nunca podrás perderlo, Rose... Es parte de ti.-sentenció.

Sí, siempre lo será...

Le sonreí de vuelta y Scorpius, tomó una de mis manos.

-Si no puedes hacerlo…-dijo mirándome seriamente.-Ya hablé con Longbottom...

-Lo sé…-respondí entendiendo a lo que se refería.-No es necesario...

-Sabes que no estoy de acuerdo con muchas cosas... Confío en ti, pero si esto es lo que quieres...

¿En verdad quiero esto?

Sí, por supuesto, que lo quería, pero no de esta manera.

En ese momento, supe que de haber matado a Voldemort cuando tuve la oportunidad, me habría evitado esta clase de espectáculos.

-Estaré del otro lado...-fueron sus últimas palabras, antes de desaparecer.

Me quedé sola, pensando en eso por unos segundos.

El tiempo, pareció hacerse infinito, hasta que finalmente, los rayos del sol me dieron en la cara y cuando abrí mis ojos, me di cuenta que estaba en el círculo de la ciudad.

A los alrededores, habían cientos de personas. Soldados, rebeldes, los altos mandos del distrito trece, ciudadanos del Capitolio con sus rostros desencajados, familiares de los mortífagos con el semblante aterrado, probablemente obligados a estar ahí.

También, habían habitantes de varios distritos, personas que habían llegado hasta aquí para presenciarlo todo con sus propios ojos.

No conseguí ver a mi familia, ni tampoco a Scorpius, pero todos ellos debían estar en algún lugar, cerca de Longbottom.

Miré hacía el centro de la enorme plaza principal, y ahí estaba aquella persona que me había arrebatado todo.

Había un poste de madera detrás de él, pero Voldemort no parecía estar atado con ninguna cuerda, simplemente estaba quieto, tal vez, bajo el efecto de algún hechizo.

En ese momento, la comandante Paylor empezó a decir unas palabras, pero no escuché ni una sola.

Estaba perdida en mis pensamientos, recordando todo lo que nos había traído hasta aquí. Empezando por la cosecha y esa horrible sensación que se había expandido por todo mi cuerpo cuando escuché que decían el nombre de Lily. Ese fue el inicio de todo, el inicio de este tormento. Ser enviada a esos despiadados juegos en los que me vi obligada a cometer actos despreciables para poder sobrevivir, aquellos juegos en los que vi morir a la pequeña Rue en mis brazos, y en los que Scorpius me declaró su amor. Y cuando creí que la pesadilla, al fin había terminado, me equivoqué una vez más, y fui enviada por segunda vez a la arena.

Creo que ese fue el peor error de Voldemort.

Y todo empeoró cuando secuestraron a Scorpius, esos meses en los que me sumí en una profunda depresión en el distrito trece, luego vendría la preparación para la batalla final, el rescate, y cuando pensé que al fin podríamos terminar con este infierno, la muerte de Fred, acabó por derrumbarme.

No podía sentir pena por el hombre que tenía en mi delante.

Sólo quería acabar con su vida lo más pronto posible. El daño que nos hizo, nunca sería olvidado, pero al menos, una nueva generación de niños, podría disfrutar de sus vidas sin temor a ser cosechados, a excepción de los descendientes de los mortífagos.

-Este es el final de una era...-sentenció Paylor echándome una mirada.-El final de lo que nos divide... Desde ahora en adelante, todos somos iguales...

Luego de eso, la mujer agregó algo más y mediante un redoble de tambores, saqué una flecha de mi espalda.

La gente estaba desesperada, querían que acabara con él. Podía ver la emoción en el rostro de algunos, sedientos de venganza, y la tristeza en el rostro otros, pero no por Voldemort, sino por mí, que siendo tan joven, había tenido que cargar con este peso en mis espaldas.

Voldemort, me miró fijamente a los ojos y pude ver una sonrisa en su rostro. El maldito demente, sonreía.

Aún recordaba sus palabras.

Nunca serás libre, Rose Weasley...

Pero, también recordaba haberle dicho que cuando este momento llegara, sentiría mucha satisfacción y eso era lo que exactamente estaba sintiendo.

Tal vez, él no era el único demente aquí, pero no me importaba. Luego de tantos años bajo su tiranía, hoy, muchas personas serían vengadas, entre ellos, mis padres.

Apunté en dirección al mago, y supe que esta no sería la única flecha que utilizaría. Le lanzaría todas las que fueran necesarias para terminar con su despreciable vida. Ya le había advertido que no sería una muerte piadosa.

Respiré con dificultad, y mientras medía la distancia, sentía que mi pulso se aceleraba. En ese instante, el tiempo pareció transcurrir más lento de lo normal, y antes de disparar, me prometí a mi misma que la vida de Voldemort, sería la última que tomaría.

Jalé de la cuerda hacía atrás, me concentré en mi blanco, y en un abrir y cerrar de ojos, una flecha salió expulsada velozmente de mi arco.

La gente ahogó un grito. Finalmente, lo había hecho.

El final de una era, recordé mientras me disponía a sacar otra flecha.


Próximo capítulo: El final!

Saludos! :)