Secretos

Capítulo 35 – Sexo y torta

Se despertó solo en la cama. Fue al baño y tomó una ducha prolongada. El calor y el vapor lo amodorraron de nuevo así que cuando regresó al dormitorio volvió a tirarse en la cama vacía.

Gruñendo se cubrió la cabeza con la almohada, empezó a barajar la idea de refugiarse todo el día en la cama. Ciertamente no le hubiera costado volver a dormirse. Debía de ser cerca del mediodía, pero cuanto más durmiera tanto mejor.

No quería empezar a ponerles orden a sus emociones y ni hablar de tener que lidiar con las emociones de los otros. Casi deseaba que todos los acontecimientos del día anterior no hubiesen sido sino los de un extraño sueño. Varias partes bien hubiesen podido caer en la categoría de pesadillas.

Dejó simplemente que su mente vagara a su antojo. Siempre hacía bromas respecto de que su vida era lío caótico, pero las cosas que había hecho últimamente, habían logrado embrollarla incluso más. ¿A quién podría ocurrírsele planear una fuga de Azkaban? A muy pocos, que él supiera. Pero había habido…

Soltó otro gruñido y oyó que se abría la puerta pero no se movió. No sabía qué podía llegar a depararle ese día y tampoco estaba seguro de que estuviera en condiciones de enfrentar a nadie. Se relajó un poco cuando Draco se le montó a horcajadas sobre las caderas y se inclinó sobre su espalda, al tiempo que le sacaba la almohada de encima de la cabeza.

—Feliz cumpleaños. —le susurró Draco al oído.

Harry recuperó la almohada y volvió a cubrirse la cabeza, mascullando que otra vez se había olvidado de que era su cumpleaños.

—Humm… qué bien olés. ¿Te bañaste y volviste a acostarte?

—Pse…

Draco rió. Bueno, si Draco se reía las cosas no debían de estar tan mal. Draco se incorporó y empezó a masajearle los hombros.

Humm… era una delicia, sentía como si se le fueran desatando nudos que no sabía que tenía… tan relajante. Y cuanto más se distendía tanta más consciencia tomaba de Draco encima de él, acariciando, pellizcando, sobando. Manos fuertes, firmes, seguras… Lo tenía sentado sobre el culo… lo meneó un poco experimentalmente.

Draco aspiró el aire sonoramente, Harry sonrió con picardía, podía sentirle la verga… creciendo y poniéndosele dura. El masaje era maravilloso, pero estaba ya listo para más. ¿Algo más que estuviera relacionado con el hecho de que tenía a Draco montándole el culo? La respiración fue acelerándosele y a él también se le estaba parando… y la fricción contra la sábana era deliciosa.

Le quitaron abruptamente la almohada que le cubría la cabeza y pudo sentir la lengua cálida de Draco lamiendo y dejando una estela húmeda que le recorría el hombro. Harry se estremeció. La sensación era exquisita. —¿Qué es lo que querés, Harry? —susurró Draco mientras le mordisqueaba la piel en ese punto tan sensible detrás la oreja.

—Mmmm… te quiero a vos. —murmuró.

—¿Y cómo me querés? —la boca de Draco se iba desplazando hasta la nuca y empezaba a bajar por el cuello

Las manos de Harry se cerraron en puños apretando la sábana cuando Draco sopló suavemente el sendero húmedo que acababa de dejar. —Te quiero dentro de mí. —admitió— Quiero sentirte dentro de mí.

Draco gimió y sus dientes se clavaron incisivos mordiéndole un hombro. La respiración se le detuvo por unos instantes y volvió a arrancar luego, pero mucho más acelerada. Los labios de Draco iban dejando ahora a su paso una línea ardiente.

—¿Estás seguro?

—Mmhmmm… —contestó Harry.

La risa de Draco le reverberó en el pabellón de la oreja y le provocó un nuevo estremecimiento. —Me harías sentir mejor si oyera un "sí" más definido. Aunque esos gemidos son encantadores. —admitió Draco.

Harry trató de girar la cabeza para mirarlo, Draco se desplazó un poco para permitírselo, aunque no demasiado. —Sí, estoy seguro. Eso es lo que quiero. —dijo Harry mirándolo directo a los ojos plateados y vidriosos de deseo. Esos ojos se cerraron lentamente al oír las palabras de Harry, volvieron a abrirse cuando Harry continuó.

—Quiero sentirte dentro de mí. Quiero que me reclames y me reivindiques como tuyo. —dijo mordiéndose el labio. Se preguntó si no habría ido demasiado lejos porque al oír sus palabras Draco había quedado estático, con una mirada que no alcanzaba a interpretar.

De repente, Draco se inclinó para capturarle los labios y lo besó profundamente. Estaban en una posición muy incómoda, así que no duró mucho. —Harry, ¿acaso te das una idea de lo que me hacés sentir? susurró con tono ronco.

—Por favor, Draco… ¡te deseo!

—Sos mío. —declaró vehemente y volvió a besarlo— No te muevas. —ordenó y se le bajó de encima.

Harry volvió a agarrar la almohada, pero ahora la puso debajo de la cabeza. De reojo alcanzó a adivinar con ansiosa anticipación a Draco a un lado de la cama desvistiéndose con la mayor prisa posible. Draco volvió a trepar a la cama, le quitó los pantalones piyama y el calzoncillo y una vez más le cabalgó las nalgas, pero ya sin ninguna capa de tela interponiéndose. Los dos gimieron de placer.

Draco le plantó un beso en la nuca y retornó a masajearle los hombros. A Harry jamás se le había pasado por la cabeza que un masaje pudiera llegar a ser tan increíblemente erótico. La tensión sexual era mucho más agradable que la de unos minutos antes… y Draco rasgueándole la espalda… no podía contenerse y las caderas se le sacudieron como si tuvieran voluntad propia.

—Harry, ¡pará con eso! —gimió Draco. Le apretó con firmeza la verga en la raja y el también meneó las caderas.

—Draco, si seguís provocándome así me vas a matar —se quejó jadeante— Ya basta de juegos y cogeme de una buena vez.

—Vos… mi querido Harry… sos demasiado impaciente. —pronunció Draco con cadencia enfática y burlona.

—Merlín, ¡te odio con todas mis fuerzas! —gruñó.

Draco dejó oír una risa grave que conllevaba notas seductoras. Se inclinó y le mordió la oreja, no tan suavemente como antes. —Relajate, Harry. —ronroneó— Te quiero bien relajado para que disfrutes esto al máximo. —y la lengua caracoleó por la oreja y se hundió en el orificio invasiva.

Harry se estremeció. ¿Cómo podía relajarse si le hacía esas cosas? Y ahora Draco había pasado a otro terreno. Le iba recorriendo la columna con la boca bajando desde el cuello demarcando el camino a su paso depositando delicados besos de pluma. Harry sintió unas manos apartándole las nalgas hacia los lados y urgiéndolo a que alzara el culo y a contraer las piernas hasta quedar sostenido por las rodillas. Su asombro fue mayúsculo cuando Draco reinició los besos en su espalda, que había interrumpido momentáneamente durante el reacomodamiento de posición.

—Draco… ¿qué es lo que…? ¡Ay Dios! —¡le estaba lamiendo el agujero! No sabía qué era más potente, si el shock que le causaba que le estuviera haciendo eso o las sensaciones sublimes que arrancando del epicentro se diseminaban ondulantes invadiéndole el cuerpo. —Tu boca… ¡un prodigio! —fue todo lo que pudo articular. Menos mal que se había duchado y se había lavado bien.

Draco se permitió una breve risa. Volvió a apretarle la boca contra la entrada y la lengua circunvaló recorriendo el apretado anillo muscular. Las ondulaciones placenteras se multiplicaban y crecían en intensidad. Gimoteos roncos e incoherentes le llenaron los oídos…tardó un poco en darse cuenta de que se originaban en sus propios labios.

Draco aumentó la apuesta. Estiró una mano, le rodeó la verga y empezó a masturbarlo a buen ritmo y al mismo tiempo la lengua impúdica aumentó la presión sobre su entrada exigiendo ingreso. ¡Tamaña insolencia!

Harry alzó y giró un poco la cabeza, sus ojos recorrieron por el flanco la línea de su cuerpo, registró la mano que lo masturbaba y en un plano más alejado y menos nítido la otra mano de Draco, alrededor de la verga de Draco, sacudiéndose con igual ritmo. Y aunque no podía verla, sí podía sentirla… la boca impiadosa no paraba de comerle el culo. Fue demasiado. Se contrajo espasmódico, soltó un grito y acabó violentamente derramándose en chorros sobre la sábana.

Sepultó la cara en la almohada y se dejó arrastrar cabalgando en las descendentes ondas del orgasmo. Draco se apartó y Harry protestó con un gimoteo decepcionado por la pérdida abrupta de sensaciones.

—¡Harry! —la voz de Draco le llegó estrangulada. Harry giró la cabeza rápidamente a tiempo para ver a la verga de Draco apuntando a su culo y eyectando su éxtasis como un surtidor intermitente. Pudo sentir el impacto húmedo y pegajoso contra su piel.

—¡La puta! —masculló fascinado.

Draco abrió los ojos y también quedó atrapado por la fascinación, se quedó varios segundos contemplando el resultado logrado, sonreía con satisfacción. —Bueno… esto es algo que sin lugar a dudas vamos a tener que repetir. —dijo con voz áspera. Las miradas de uno y otro se encontraron.

Harry se ahogó de risa, pasaron unos momentos antes de que pudiera pronunciar algo inteligible. —Bueno, se suponía que me cogieras… pero debo reconocer que eso estuvo espectacular.

—Oh, no te preocupes… el plan sigue en pie, vas a terminar bien cogido enseguida… ventajas de tener diecisiete años. Y si vos pudieras ver lo que yo estoy viendo no tendrías dudas de que se me pare otra vez. Ahora voy a abocarme a prepararte esmerada y minuciosamente para tu primera vez y luego voy a proceder a cogerte reclamando para mí la virginidad de tu delicioso agujerito.

El discurso de Draco, engolado y sucio a la vez, repercutió directamente sobre su verga que empezó a cobrar renovados bríos… ciertamente no iba tener problemas para que se le parara de nuevo. El cuello le empezaba a doler por la posición forzada, lo enderezó un poco, apoyó la cabeza de costado sobre la almohada y cerró los ojos. El culo quedó parado en el aire expuesto tal como estaba.

Para sí pensó que debería sentirse ridículo así en depravada exhibición, pero se sentía tan bien y distendido… apartó esa idea peregrina de su mente. ¿Para qué arruinar un momento tan extraordinario pensando demasiado? Con Draco se sentía cómodo y desinhibido.

La cama tembló cuando Draco se bajó. Le ordenó que se mantuviera en esa posición mientras iba a buscar el pote de lubricante y le dio un beso en la sien. —¿Seguís seguro de que esto es lo que querés? —le susurró.

—Me parece el momento perfecto.

—¿Te das cuenta de hasta qué punto me calentás así como estás? —preguntó Draco con tono reverencial.

Harry no contestó. Se limitó a sonrojarse de regocijo.

El dedo de Draco tanteando ingreso lo tomó, no obstante, por sorpresa. Respiró hondo. Lo sintió deslizarse sin dificultad hacia su interior y luego moviéndose lentamente saliendo y entrando… no tardó en acomodarse y entró él también en el juego absorbiendo y expulsando. Ya la tenía dura de nuevo y quería más.

—Aaahhh… —suspiró.

—¿Todo bien, Harry? —la mano libre de Draco se posó tierna sobre su espalda a la altura de la cintura.

Harry asintió fervoroso sobre la almohada. —¡Sí! —respondió. Draco había agregado otro dedo y los iba moviendo combinadamente, ida y vuelta y distendiendo hacia los lados. —¡Mierda, sí… así…! —clamó Harry ignorando el leve ardor.

Los ojos se le pusieron en blanco cuando los dedos rozaron un determinado punto mágico dentro de él. Las sensaciones explotaron como chispas.

—Draco… hacé eso de nuevo… —jadeó suplicante.

—¿Esto? —preguntó Draco, rozando el mismo punto en repetida sucesión. Harry no pudo emitir sonido… sacudido por las ondas placenteras pulsátiles que se potenciaban al dispersarse alcanzando todos los límites de su cuerpo. Aceptó el tercer dedo con avidez… y estaba más que preparado para más.

—Por favor… Draco… te quiero ya… dentro de mí… —rogó gimiendo.

Era el momento y las palabras que Draco había estado esperando. Poco después su verga tomó el lugar de los dedos.

—¡Ay Dios! —jadeó Harry apretando los ojos. Claro que quemaba… un ardor delicioso… acompañando a la gloriosa sensación de sentirlo dentro de sí.

—¿Todo bien? —inquirió la vos tensa de Draco.

—¡Increíble!

Draco dejó oír un gruñido y lo empaló hasta el fondo. Bajó la cabeza apoyando la frente sobre la espalda de Harry. —Esto es el paraíso, Harry.

Los jadeos de Harry se aceleraron mientras iba acomodándose a la nueva sensación. No sabía bien cómo se lo había imaginado… pero sin dudas no había así como lo que estaba experimentando. Había declarado antes esa cursilería de que deseaba que Draco lo reclamara… pero lo que sentía ahora… era como si fuera él el que reclamaba a Draco… integrándolo físicamente a su cuerpo.

Pujó para indicarle a Draco que estaba listo para más y que ansiaba más. No tardaron en encontrar un ritmo que les conviniera a ambos. Cada acometida era una nueva delicia que se sumaba y algunas de ellas, las que rozaban ese punto tan sensible originaban como descargas eléctricas que lo hacían estremecer de gozo.

Una de las manos de Draco que hasta el momento aferradas a sus caderas habían provisto el punto de apoyo, se soltó, se estiró y le rodeó la verga. Empezó a masturbarlo con velocidad creciente hasta acompasarla con la de las arremetidas… y a partir de allí empezó a acelerar y a aumentar la potencia del vaivén.

Harry no tardó en acabar con el mismo o incluso con mayor furor que la primera vez. Y una nueva dosis de esencia espesa y pegajosa rebautizó la sábana que ninguno de los dos se había molestado en limpiar antes.

Draco masculló una maldición algo indefinida cuando Harry se estrechó de repente alrededor de su verga, las caderas se le sacudieron en espasmos clónicos y se vació cálido salpicando hondo en su canal.

Harry estaba tratando de recuperar el aliento, excepto por un par de sordos estertores guturales, ningún otro sonido cruzó sus labios.

Draco se retiró con cuidado y se dejó caer recostándose, atrajo a Harry hacia él reubicándolo también recostado frente a sí. —¿Todo bien, Harry? Estás temblando.

—Intenso… —articuló Harry— ¿Vos?

—Indescriptible.

Se quedaron yaciendo juntos durante un largo rato, recuperándose. Finalmente Draco se levantó y lo instó a que hiciera lo mismo para ir a tomar una ducha.

—No me quiero levantar. —se quejó Harry haciendo un puchero— Estoy bien así y me quiero quedar.

—Presumo que esto puede considerarse un muy buen comienzo para un día de cumpleaños. —dijo Draco y lo sacó a los tirones de la cama sin atender a sus protestas.

—Definitivamente. —confirmó Harry y enfatizó asintiendo firmemente con la cabeza— No me siento con ganas de enfrentar al resto de mundo hoy. Y eso incluye a todos los que habitan la casa.

Ya en el baño y al tiempo que ajustaba la temperatura del agua, Draco trató de animarlo. —Todo va a estar bien, Harry. Todo indica que le causaste una excelente impresión a mi padre… y a Severus también.

Harry hizo una mueca mientras trataba de decidir si haberle causado buena impresión a Lucius debía considerarse algo positivo o negativo. Draco lo empujó para que se metiera en la ducha.

—Draco, ¿cómo reaccionó tu padre al saber que tenía una nieta?

—No lo sé con seguridad. —respondió Draco agarrando el jabón.

—¿Cómo que no sabés?

—Bueno… si te referís a su reacción inmediata… casi se cae de espaldas cuando le presenté a Victoria. Un espectáculo digno de verse… quedó boquiabierto.

Harry no dijo nada… Lucius había quedado boquiabierto varias veces el día anterior… Harry no estaba seguro de que tal espectáculo le agradara.

—No recuerdo ninguna ocasión anterior en la que mi padre se quedara falto de palabras. Pero supongo que debe de sentirse por lo menos un poco contento, Victoria es una Malfoy; aunque todavía no pueda definir una reacción a largo plazo ante la situación. Primero va a tener que recuperarse de todo lo que le pasó antes.

Draco siguió contándole. Esa mañana los otros se habían encargado de informarle a Lucius sobre los acontecimientos del último año. Por suerte a Draco no lo habían despertado, había podido dormir hasta media mañana. La impresión general que tenía era que su padre estaba reaccionando positivamente… que no se arrepentía de su decisión de cambiar de lealtades, todo lo contrario… la forma en que Voldemort había tratado a su familia lo había disgustado sobremanera.

Draco no sabía cómo se tomaría su padre la relación de ellos dos. Pero se apresuró a agregar que lo que su padre opinara, fuera lo que fuera, no iba a alterar en lo absoluto sus propias convicciones.

Ya de vuelta de la ducha, Draco le informó que los Weasley no lo esperarían sino hasta después de la seis.

—Así que por ahora basta que te vistas con ropa informal.

Harry se vistió con el vaquero y la remera que tenía previsto ponerse incluso antes de saber que estaba autorizado para vestir informalmente.

—Yo no había establecido ninguna hora en particular para ir a casa de los Weasley. —señaló.

La voz de Draco le llegó desde el armario. —Lo arreglé yo con los mellizos, vas a ir con ellos. Granger sigue muy preocupada porque duda que elijas ropa apropiada para la boda, de eso me ocupé también, la Weaselette se va a encargar de sacártela de las espaldas. No será necesario que vayas de compras con ella hoy.

Harry puso mala cara. ¿Draco le estaba planificando la vida? ¿Y con los Weasleys nada menos? Tenía que admitir, no obstante, que ni se le había pasado por la cabeza el ponerse a considerar detalles como ésos.

Quizá por primera vez dedicó un momento para pensar en el atuendo. Lo que disponía en su guardarropa consistía en los uniformes escolares, las prendas heredadas de Dudley y muy poco más. Incluso en cuarto año, de la compra de las ropas de gala se había encargado la señora Weasley. Para Harry la ropa nunca había sido una prioridad.

—Eh… ¿así que no tengo que salir de compras? No es que me interese particularmente, pero vos siempre estás criticándome por lo que me pongo. No sé bien cómo hay que vestirse para un casamiento, pero dudo mucho que tenga algo apropiado para una ocasión así. —quizá pudiera vestirse con algo de Draco, él sí que tenía ropa en abundancia y para cualquiera fuera la ocasión.

—No te hagas ningún problema, eso también lo tengo resuelto.

Mientras se calzaba las medias y las zapatillas, Harry se preguntó si correspondía que empezara a preocuparse por el comentario que acababa de hacer Draco.

—¿Estás casi listo? —preguntó Draco saliendo del armario ya vestido. Enfiló de vuelta al baño.

—Sí. —respondió Harry. Desde donde estaba sentado podía verlo peinándose. Se tomó varios minutos y así y todo no pareció quedar del todo conforme con los resultados. Harry lo oyó mascullar: —Oh, bueno por ahora tendrá que bastar.

Ya de vuelta en la habitación lo instó: —Vamos ya, que llegamos tarde.

—¿Tarde para qué?

—Para el almuerzo, naturalmente. Deberíamos haber bajado hace diez minutos.

—Por supuesto… ¡qué tonto yo! ¿no?

Remus y Narcissa lo saludaron cálidamente y le desearon feliz cumpleaños cuando entró a la cocina. De Severus y de Lucius recibió sendos gestos respetuosos.

—Gracias. —contestó sonriendo apenas.

Narcissa, Lucius y Severus estaban sentados de un lado de la mesa, Remus del otro. Del lado de Remus había dos sillas libres con la sillita alta de Victoria entre ellas. Harry se sentó al lado de Remus, Draco recibió a Victoria de manos de su madre.

—Tarde como siempre. —apuntó Severus sarcástico.

—Bueno, será… pero a mí no se me había informado que debíamos presentarnos a una determinada hora hasta que prácticamente estuvimos bajando.

—Gracias, Harry. —dijo Draco fusilándolo con la mirada.

Harry abrió la boca para devolverle una réplica ácida pero lo pensó mejor y volvió a cerrarla. Había valido la pena llegar tarde y por nada del mundo hubiera querido perderse nada de lo que habían hecho… incluso de haber sabido que los estaban esperando.

—Y mejor no nos cuenten qué fue lo que los demoró. —se adelantó Snape antes de que Draco dijera algo inconveniente.

La comida ya estaba en la mesa y todos procedieron a servirse. Harry empezó a darle a Victoria trocitos de fruta.

—'na. —dijo Victoria.

—Sí, Victoria, banana… —dijo Harry.

—¿Cómo estás hoy, Harry? —preguntó Remus.

Harry se encogió de hombros. —Bien… supongo que hoy me toca el día libre… ¿qué mejor? —una mirada hacia Severus— Aunque nunca se sabe…

—Hoy estás libre. —confirmó Severus— Sobre mañana… ya no sé, dependerá de lo que el Señor Oscuro decida hacer.

Los ojos de Harry derivaron hacia Lucius y luego retornaron a Severus. —Las consecuencias habrán de pagarse pronto. —dijo.

Severus asintió brevemente.

—¿Cómo es que estás tan seguro de que disponemos de hoy? ¿Y cómo es que sabías que ayer era el día más conveniente?

—Hice arreglos para estos dos días. —admitió Snape a regañadientes. Harry se preguntó por qué no le había dicho nada al respecto el día anterior.

Severus explicó que le había dicho al Señor Oscuro que iba a preparar en el laboratorio de Pociones de la Mansión la poción perfeccionada para contrarrestar el efecto de los dementors. Y que dado que se trataba de un proceso muy minucioso y complejo de 48 horas que podía malograrse debido a una mínima distracción, le había solicitado que se disminuyeran al mínimo los factores perturbadores. El Señor Oscuro había ordenado una mudanza transitoria y había sido por eso que habían encontrado una Mansión desierta.

—¿Y adónde fueron todos los mortífagos? —preguntó Harry.

—A sus hogares probablemente. —contestó Severus.

—¿Y qué de Pettigrew?

Severus titubeó unos segundos pero finalmente se decidió a responder. —Resulta que Pettigrew se alojaba en mi domicilio.

Harry se sorprendió pero no solicitó más detalles. —¿Y qué si Voldemort decidiera ir a controlarte? Vos no estás en la Mansión.

—¿Acaso te parezco un niñito recalcitrante que precisa ser controlado?

Harry ignoró la indirecta. —¿Tanto confía en vos?

—Sí… Harry, de entre sus seguidores, es en mí en el que más confía. Impartió órdenes para que nadie, bajo ninguna circunstancia perturbara mi trabajo. Mandó anoche a un pequeño grupo para un ataque poco importante. Pero todas las acciones de relevancia fueron pospuestas hasta que yo esté nuevamente disponible. Ocupo el primer puesto en sus filas, es una posición que he sabido ganarme.

Harry se concentró en la comida. No quería ponerse a pensar en las cosas que Severus se había visto obligado a hacer para ganarse esa posición. Comió automáticamente y dejó que sus pensamientos derivaran. Se preguntó qué pasaría cuando Voldemort se enterara de la desaparición de Pettigrew. Severus le había dicho que probablemente sería él el que pagaría por eso… ¿hasta qué límites llevaría el castigo?

Primero habían desaparecido Narcissa y Draco… y ahora Pettigrew. Varios de sus seguidores habían sido capturados y se registraban nuevos arrestos todos los días. Voldemort debía de estar de pésimo humor. ¿Estaría preparando un golpe masivo como una forma de desquitarse?

Remus le sacudió ligeramente un hombro. —¿Mmmm…? —gruñó Harry.

—Severus te ha preguntado que cuáles son tus planes. —dijo Remus.

—El ritual diario, Harry… tratamos de que nos digas qué estás tramando, qué acciones tenés previstas para los próximos días. —dijo Draco sarcástico.

Harry ignoró el sarcasmo. —Realmente hice muchas cosas para ponerlo furioso últimamente. Estoy esperando. —dijo serio. Tomó un trago de jugo de calabaza tratando de ordenar las ideas. —Estoy esperando su reacción a lo que le dije el otro día… y su reacción por la desaparición de Pettigrew. —agregó mirando a Severus.

Por el gesto que le dirigió Severus, Harry supo que el contragolpe iba a ser duro.

Draco que había observado el intercambio silencioso, reclamó: —¿Por qué no lo dicen claramente y en voz alta así nos enteramos todos?

Harry suspiró. —Los ataques de Voldemort van a escalar a límites extremos porque está muy fastidiado. —sintetizó.

—¿Y con respecto al relicario? —preguntó Severus. Harry se lo había dado para que lo guardara junto con la Copa de Hufflepuff.

—Tengo que hablar con Hermione antes, para que me informe los progresos de la investigación. Pero nos ocuparemos pronto de eso.

—¿Y cómo podemos ayudar? — preguntó Remus.

—Si logro encontrar algo de tiempo libre… no me vendría mal un poco más de entrenamiento.

—¿Y más pociones para el ala hospitalaria de Hogwarts? —sugirió Narcissa.

—Sería muy recomendable. —contestó Severus— Las cosas se van a poner muy serias.

—Me gustaría encontrar la forma de acelerar un poco todo. —dijo Harry con frustración apuñalando con el tenedor un trozo de carne.

—¿Más aceleración incluso? —exclamó Draco exasperado— A este paso vos te vas a matar antes de que el Señor Oscuro tenga la oportunidad.

—¡No! —intervino Narcissa— No van a empezar con esta discusión otra vez hoy. Es el cumpleaños de Harry y vamos a poner toda nuestra disposición para ayudarlo a celebrarlo lo mejor posible. —dijo con firmeza— Ya ha sido establecido que, por el día de hoy al menos, la urgencia es mínima, por lo tanto no más conversación sobre la guerra. Y ahora pónganse a comer. —ordenó.

—Ningún problema por mi parte. Lo último que quiero es ponerme a discutir con este tarado. —murmuró Harry fijando la vista en su plato.

—Harry… —murmuró Remus en advertencia.

Harry suspiró profundamente y no agregó palabra. Desintonizó a todos y se dejó llevar una vez más por sus pensamientos. Todos querían que refrenara un poco el ritmo… pero no había tiempo para tomarse las cosas con más calma. Les había dicho la verdad, por el momento estaba a la espera… pero esperar no era algo que le gustara, había mucho en riesgo como para esperar indefinidamente.

Había pequeños ataques todos los días. Nuevas víctimas todos los días. No podía permitirse esperar cuando había tantas vidas en riesgo… tenía que vencer a Voldemort lo antes posible.

—Harry, si tuvieras a bien volver con nosotros, hay una torta para vos. —dijo Draco dándole un coscorrón en la nuca.

—¿Hace esto con frecuencia? —preguntó Lucius con curiosidad.

—Sí, —contestó Draco irritado— se va de viaje a los recónditos confines de sus pensamientos con asidua regularidad.

Harry le hizo una mueca desdeñosa, pero antes de que pudiera decir nada, su atención fue atrapada por una torta magníficamente decorada que Winky había levitado y había depositado frente a él. Sorprendido, la observó unos segundos y luego miró a los otros con ojos asombrados. No se lo esperaba.

—¿Te sorprendés siempre tan fácilmente, Harry? —preguntó Draco.

—Mis cumpleaños pasan casi siempre inadvertidos por casi todos. —admitió Harry— Hubo una excepción, sin embargo, cuando cumplí once; Hagrid me regaló una torta esa vez… y después me llevó a Diagon y me informó que era un mago.

Excepto por Remus y Victoria, todos los demás alrededor de la mesa reaccionaron violentamente indignados. Severus empezó a mascullar maldiciones contra magos viejos, desequilibrados y manipuladores. Lucius murmuró insultos contra muggles rastreros e inservibles, Narcissa amenazaba con volver a Privet Drive para decirle unas cuantas cosas a esa despreciable mujer. Draco empezó a despotricar sobre todo el asunto.

Draco y Narcissa ya algo sabían, sabían que la vida de Harry con los Dursley no había sido precisamente placentera, pero igual no podían concebir que no le hubiesen dicho nada de que era un mago hasta que hubo cumplido once años. Para los Malfoy algo así era escandaloso, imperdonable.

—Mejor cortá la torta. —sugirió Remus— Seguro que Victoria va a querer probarla y yo ni te digo… es de chocolate.

Harry se apresuró a cortar e ir sirviendo las porciones. A Victoria le dejó delante un trozo no muy grande para que fuera desgranándolo y mordisqueando a gusto. Gimió de placer cuando le dio el primer mordisco a su porción.

—Mmmm… Winky, ¿la preparaste vos?

—Sí, amo Harry. —dijo ella orgullosa.

—¡Está deliciosa! —le sonrió ampliamente— ¡Gracias!

—El amo Harry no tiene por qué darlas. —respondió ella contenta— Todo es poco para el amo Harry.

Harry volvió su atención a la torta y saboreó otro bocado. Le tomó todavía un momento para darse cuenta de que todos tenían los ojos fijos en él. —¿Pero es que no me van a dejar disfrutar de la torta tranquilo? —se quejó fastidiado.

Snape no mostró contemplación. —Podés explicar mientras comés. —comandó.

—Yo creía que vos ya sabías. —murmuró.

—Al parecer hay muchas cosas de las que nunca fui informado. —dijo Severus con frialdad.

—Severus, quizá éste no sea el mejor momento. —intervino Narcissa.

—Oh, es un momento tan perfecto como podría serlo cualquier otro. —dijo Harry sarcástico— Que esté pasando un buen rato disfrutando de lo que sea es algo que no podemos permitir, ¿verdad? —desvió la mirada hacia Draco— Ahora me explico de quién aprendiste ese hábito.

—Harry, yo no… —empezó a decir Draco con culpa.

Severus lo interrumpió. —Vos trajiste el tema a colación. Ahora explicá.

Harry empujó el plato con la torta y resopló con resignación. —Ya que estás empeñado en que yo reviva hoy humillaciones pasadas…decime, ¿qué es exactamente lo que querés saber? —le espetó con aspereza.

—¿Por qué no supiste que eras un mago hasta que cumpliste once? —preguntó Severus, los ojos negros le destellaban peligrosamente.

—Porque nunca nadie me lo dijo hasta ese momento. Pronunciar la palabra "magia" en casa de los Dursley me hubiera significado un castigo más severo que gritar "¡mierda!" frente a visitas distinguidas. Ellos nunca iban a admitir que yo pudiera hacer magia. Mi tío se empeñó en ocultarme las cartas de Hogwarts y llegaron muchas ese año. Cientos… y cuando les fue imposible contener el aluvión nos llevó a todos a una isla perdida en el medio de ninguna se presentó y me entregó la carta personalmente el día de mi undécimo cumpleaños. Y me regaló mi primera torta de cumpleaños. Me llevó a Diagon para comprar los útiles y la ropa para la escuela. Y ese mismo día también me contó y explicó muchas cosas sobre el mundo mágico. Después me mandó de vuelta con los Dursley y me dijo que esperara allí hasta el 1º de septiembre.

Encogió los hombros.

—Y eso es todo. Mis cumpleaños siempre dieron asco. La mayoría los pasé trabajando en la casa o en el jardín. Después, cuando ya había empezado la escuela, recibía algunas lechuzas de mis amigos a medianoche. Supongo que anoche no llegó ninguna porque Hermione y los Weasley me van a ver esta noche… igual al menos una lechuza de Hagrid habría esperado pero… El año pasado no estuvo tan mal. Lo pasé en casa de los Weasley… y hasta jugamos un partido de quidditch por la tarde… Y este cumpleaños había empezado muy bien… hasta ahora… —cortó otro pedazo de torta con el tenedor y se lo metió con furia en la boca.

Remus le apretó un hombro. —Harry… ellos solamente quieren entender… nadie quiso ofenderte.

Harry no estaba tan seguro de que así fuera. Severus siempre estaba acicateándolo por una cosa o por otra. —Bueno, yo estoy todavía muy estresado por lo de ayer… no sé por qué tengo que mostrarme tan comprensivo y considerado con todos… si nadie parece considerarme a mí. ¡Ni siquiera tenía ganas de bajar hoy! ¡Y mucho menos para que me conminaran a hablar sobre mi infancia de mierda!

—¿No querías bajar? —preguntó Remus sorprendido.

—No, no quería… ¿para qué? Si esta casa está llena de mis ex enemigos… particularmente mi última adquisición… ¡Lucius nada menos!

—¿Mi presencia te perturba a tal punto? —preguntó Lucius con desconcierto.

—Sí… y no… pero es la gota que colma la copa… y desata el caos en el desbarajuste surrealista que es mi vida… y creo que ya estaría encerrado en un manicomio si no fuera por cierta compensación que… que es mejor que no mencione…

Draco soltó una risita… Harry le dirigió una mirada cómplice de soslayo.

oOo