¡Hola!
Gracias a Druida, Wissh y Marice Nieve por sus reviews.
III
Desviar la atención
o—o
Pese a que generalmente a James lo que pasa en el mundo le da más bien igual, hay algo en todo el asunto de los mortífagos exiliados en Francia que hace que se sienta atraído por el tema.
No le resulta difícil identificar el motivo. Se pregunta si el hecho de que justo ahora, dos años después de que Tom desapareciera de su mente, las noticias sobre los mortífagos hayan vuelto a aparecer en los periódicos tras mucho tiempo sin que nadie hablase de ellos –James ha estado investigando, y la última noticia de El Profeta sobre ese colectivo data de cuando él tenía tres años– es una casualidad, y sabe que no.
Con el tiempo, James ha aprendido a ignorar el remordimiento. Sabe, mejor que nadie, que es culpa suya y de nadie más que Tom esté por ahí, pero hacer algo para distraerse suele ser un buen método para olvidarlo.
Y si no, las pociones nunca vienen mal. James, el único de los hijos del Elegido capaz de pasar horas echando ingredientes a un caldero y removiendo sin que los resultados sean desastrosos –de hecho, sabe que es más que bueno; el profesor Slughorn no se cansa de decir que ha heredado el talento de su abuela–, las prepara él mismo, y ha tenido tiempo de sobra para hacer experimentos y comprobar los diferentes efectos que puede tener la poción para dormir. Ha encontrado una variante de la receta que aprendió en Hogwarts que sólo causa una leve somnolencia, pero deja la mente casi completamente en blanco durante unas horas. Ésa es, sin duda, su favorita.
Quizá esté desarrollando algo de dependencia a la poción, piensa una tarde de verano, dos semanas después de que su padre le informara de la desaparición de Baudin. Está observando el caldero en que la está haciendo; le relaja el suave burbujeo del líquido. James frunce el ceño. En el último mes sólo la ha utilizado seis veces. No, no es para tanto.
Sin embargo, duda que a sus padres les haga gracia enterarse de lo mucho que le gusta experimentar con las pociones, de modo que cuando escucha abrirse la puerta de casa apaga el fuego y mete el mechero y el pequeño caldero en su armario, echándoles un hechizo desilusionador por si acaso.
Sale del dormitorio y descubre a Albus subiendo las escaleras. Su hermano parece contento por algo, aunque James no tiene ni idea del motivo. Quizá, piensa, haya estado con su novia.
—Hola, James—lo saluda cuando lo ve, sonriendo—. He convencido a mamá para que deje que Scor venga a pasar las vacaciones aquí.
James no se molesta en contener un resoplido de disgusto. No tiene nada en contra de los Slytherin ni los amigos de su hermano, pero Scorpius Malfoy no termina de caerle bien. No suele estar fastidiándolo, y su relación con él es mucho mejor que la de Louis con Elijah, pero prefiere tenerlo lejos. Y lejos de su hermana, también.
—Genial—no se molesta en fingir entusiasmo—. Oye, ¿sabes si…?
El resto de la pregunta queda ahogada por un estampido en el exterior de la casa. Los dos hermanos dan un respingo, pero antes de que puedan decir nada descubren a su padre abriendo la puerta y entrando a paso rápido. Parece agotado, y por un momento James recuerda lo cansado que parecía cuando estaban buscando la manera de expulsar a Tom de su mente. El símil hace que se estremezca.
—¿Qué pasa, papá?—inquiere Al.
—¿Dónde está vuestra madre?
—En el callejón Diagon, comprando no sé qué que quiere Lily—responde James—. Papá…—empieza.
Harry lo mira, y por un momento James cree ver lástima en sus ojos.
—En Francia las cosas se están saliendo de madre—explica. Al frunce el ceño—. Cada vez la población está más enfadada porque el Ministerio no hace nada con los mortífagos exiliados… y el Ministerio dice que la culpa es nuestra.
James y Albus intercambian una mirada.
—Entonces, los mortífagos siguen campando a sus anchas—comenta el menor—. La política es un asco—sacude la cabeza—. Pero papá, ¿por qué eso es tan grave? Quiero decir, ya lo solucionarán, ¿no?—James asiente, mostrando su apoyo a su hermano. Por una vez y sin que sirva de precedente.
—No son sólo los mortífagos. Ha desaparecido más gente, tanto en Francia como aquí.
James entorna los ojos.
—Eso significa que los franceses ya no pueden echaros las culpas, ¿verdad?
—Eso significa que hay gente en paradero desconocido—replica su padre, cansado—. Además, así es como empieza—agrega en voz baja, como para sí.
—Como empieza, ¿qué?
Su padre suspira.
—Una guerra, James.
