Robando tu corazón
37. ¡Corre!
—¿Qué?
—¿Eh?
—¿Qué fue lo que dijo? —Eros había bajado cuidadosamente del tubo en el que estaba y haciendo uso de toda su experiencia actoral, trató de conservar la calma para no verse afectado.
—¿Lo que dije? —la verdad es que el detective aun no procesaba realmente lo que él mismo había dicho.
Las preguntas y dudas lo invadieron ¿Por qué había relacionado a Eros con Yuuri? ¿Era por culpa del baile? ¿Le recordó al de Yuuri? Si bien ya hace mucho que era consciente de la similitud física entre Eros y Yuuri eso no implicaba que fuesen la misma persona, existían muchas más con las mismas características, pero el baile de hace un momento le recordó enormemente al que su hermoso y ebrio japonés interpretó para él hace un tiempo.
—¿Quién es Yuuri? —preguntó insistente el ladrón.
—¿Yuuri es mi…
—¡¿No me diga que está pensando en otro mientras yo me esforzaba por darle un espectáculo de primera?! ¡Que horrible persona es usted! —decía Eros haciéndose el ofendido— Se supone que cuando este conmigo solo debe pensar en mi
—¿Qué… —Viktor no alcanzó a reaccionar cuando el ladrón junto sus labios robándole un demandante y fogoso beso.
—Un pequeño regalo para que entienda que su único deber es pensar solamente en mi Sr. Detective~ —dijo casi en un susurro una vez que se dignó a interrumpir el contacto de sus bocas.
—No… —decía para si mismos el oficial. Realmente no podían ser la misma persona. Incluso ese beso era totalmente distinto a los que había tenido con Yuuri, definitivamente no eran iguales.
—Hora de irme —anunció el bribón dejando el Huevo Fabergé que recientemente había robado a un lado del detective, quien no parecía reaccionar— Que desaire… espero que para la otra no se repita esto o me veré en la obligación de tomar medias más extremas, hasta la próxima Sr. Detective~
Una vez que Eros se marchó Viktor por fin pudo recuperar la compostura. En esta oportunidad tenía un plan para atrapar al ladrón, pero todo se había ido por el caño en cuanto este comenzó a hacer un baile similar al de Yuuri. Se recriminó mentalmente por lo sucedido, se supone que era un profesional, no debían de afectarle ese tipo de cosas, pero por alguna razón siempre había sido débil ante Eros. Quizás ahora entendía un poco el porqué, y es que el delincuente tenía un enorme parecido físico con su hermoso japonés y esto quedó más que demostrado después de lo anterior sucedido.
Se golpeó la cabeza contra el tubo un par de veces debía alejar esos pensamientos de su mente. Yuuri y Eros eran dos personas distintas, se decía. Lo peor de todo y lo que le provocaba más conmoción era que el beso del ladrón en el fondo le había gustado, se sentía horrible por ello. La culpa lo carcomía, pero no podía dejar de lado una duda que rondaba en su cabeza; si bien ese beso fue totalmente distinto los que ha tenido con Yuuri, muy en el fondo creía que tal vez no era tan así.
Movió furiosamente su cabeza de un lado a otro tratando de despejarse, ya que los golpes al tubo no habían servido de mucho. Debía salir de ahí cuanto antes, existía algo que tenía que comprobar lo más pronto posible. Recordó que guardó una copia de la llave de las esposas en uno de sus zapatos, "Nadie revisa los zapatos de un hombre" es lo que una vez le habían dicho durante un caso. Como pudo se lo quitó encontrando la llave de repuesto y se dispuso a salir.
11: 35 p.m. Alcantarillado de la ciudad de Detroit
—¡Yuuri por favor ya deja de lloriquear! ¡Él no sospecha nada!
—¡Pero Pichit tú lo escuchaste! ¡Viktor me nombró! —decía agitado mientras corría a toda prisa por los oscuros y tenebrosos pasillos del alcantarillado. El pánico que estaba experimentando al verse supuestamente descubierto era mucho más fuerte que el miedo que le ocasionaba el sitio, su principal propósito en estos momentos era llegar lo antes posible a su casa.
—¡Oye maldito cerdo! ¡Debiste pensar eso antes de hacer lo mismo que en el cumpleaños de Pichit! —intervino Yurio.
—¿El cumpleaños de Pichit? ¿Q-qué tiene que ver con todo esto? —preguntó confundido mientras no dejaba de correr.
—¿Yuuri no lo recuerdas? ¿No recuerdas que hiciste Pole Dance?... ¡Pero si tú me dijiste que habías recordado le que paso esa noche con Viktor!
— ¡D-dije que había recordado que besé a Viktor frente a todos! ¡Es lo que vi en el video que me mostraste al otro día! ¡Nunca me dijiste que bailé Pole Dance para Viktor! —entre los gritos y el cansancio por estar corriendo Yuuri se estaba quedando sin aire.
—¡Ah! ¡Yuuri! ¡Yo supuse que también recordabas esa parte!
—¡Par de idiotas! ¡¿De que se quejan?! ¡Aun así ese viejo no lo reconoció y…
Ese silencio no eran un buen presagio.
—¿Q-qué ocurre? —estaba casi en su límite, no podría seguir corriendo por mucho tiempo más.
—¡Será mejor que hagas uso de todas tus fuerzas y traigas tu trasero hasta acá! —le gritó el tailandés dejándole un tanto sorprendido por el tono inusualmente desesperado que usó— ¡Viktor no está yendo al cuartel de policía! ¡Está viniendo hacia acá!
—¡¿Q-que?! ¡¿Cómo saben eso?!
—Yurio puso un rastreador en el auto hace algunos días ¡Pero eso no es lo importante ahora! ¡Date prisa! ¡No te detengas te queda poco para llegar así que no se te ocurra dejar de correr!
El japonés aceleró su paso como pudo, no importándole si caía producto de un infarto en esos momentos, debía llegar antes que Viktor a su hogar o serían definitivamente atrapados esta vez
11: 47 p.m. Casa de Yuuri y Pichit
—¡Pondré todos los semáforos en rojo! ¡Yurio tu ve a recibir a Yuuri y llévalo a que tome un baño!
—¿Para que un baño? ¡No tenemos tiempo para eso! ¡Que se cambie de ropa y ya!
—No, no lo entiendes. Como Eros, Yuuri se acerca mucho a Viktor por lo que su aroma natural lo delataría, por eso antes lo roció con un perfume de Celestino que huele fatal y es muy fuerte. Si Viktor se acerca ahora a Yuuri olerá el mismo perfume de Eros. No sabemos si realmente nos descubrió, pero no podemos arriesgarnos de esa manera.
—No lo había pensado… ¡Voy por el cerdo! —dijo al ver que el japonés ya se encontraba en el patio trasero de la casa. Corrió para alcanzarlo— Pichit dice que te tomes un baño de inmediato
—¿Q-que? Ahg… L-lo había olvidado —dijo jadeante por la carrera.
Rápidamente ambos subieron hasta el baño en el segundo piso, en donde Yuuri sin importarle mucho que el menor lo viera comenzó a desvestirse para entrar en la ducha.
—I-iré por un cambio de ropa —dijo Yurio tomando el traje y al antifaz de Eros para salir de baño hasta el cuarto del tailandés— ¿Qué hago con esto?
—Dámelo, yo lo subo al ático, tu llévale su pijama a Yuuri, está debajo de su almohada.
El menor de los rusos fue por el pijama en donde le habían mencionado que se encontraba y lo llevó hasta el baño. Cuando salió de este Pichit venia bajando del ático y cerró con llave la puerta de su habitación, pues no habían tenido tiempo para esconder los computadores y demás cosas.
—¿Eso es todo?
—Sí, eso es todo. Viktor debería tardar diez minutos más en llegar gracias a todos los semáforos que puse en roj… —el timbre de la casa interrumpió las palabras del moreno— ¡¿Qué?! pero yo…
—El viejo a veces no respeta los semáforos —dijo el Yurio al ver el pánico en la cara del tailandés.
—Vaya policía este. Okey… —decía tratando de calmarse mientras el insistente timbre no dejaba de sonar— Tú saca a Yuuri de la ducha de una vez y envíalo a bajo. Yo intentaré distraer a tu tío lo que más pueda
Yurio corrió hasta el baño a hacer lo que Pichit le mandó, mientras este se dirigía hasta la puerta.
—¡Ya voy! —gritó en un intento por ganar más tiempo, lentamente y con toda la calma del mundo abrió— ¡Viktor! Pero que sorpresa ¿No deberías de estar trabajando?
—Si, bueno... esto ¿Esta Yuuri?
—Claro que Yuuri está. No ha ido a ninguna parte, debe de estar arriba con Yurio ¿Le digo que lo buscas? —decía con calma manteniendo al detective en la entrada.
—Si, por favor, necesito verlo de inmediato —Viktor no esperó ninguna invitación y entró a la casa dejando al moreno en la entrada.
—Adelante…
—Está en el segundo poso ¿Cierto? ¿No hay problema en que suba? —decía el oficial mientras ya tenía un pie puesto en el primer escalón,
—No es necesario yo puedo ir por él…
Yurio al ver que Viktor iba a subir envió al japonés de una sola patada hasta el primer piso, haciendo que cayera en los brazos del detective. El ruso no pudo seguir subiendo pues de un momento a otro tuvo sobre el a la persona que estaba buscando.
—Viktor, p-pensé que tenías trabajo hoy —dijo el japonés al verse atrapado en los bazos del mayor.
