La historia ni los personajes me pertenecen. La historia es de David Levitha y los personajes de Stephenie Meyer.


Día 6029

Al día siguiente, Darryl Drake está muy distraído.

Le guío por el instituto y digo las cosas adecuadas cuando es necesario, pero sus amigos no dejan de decir que está en las nubes. Durante el entrenamiento de atletismo, el profesor le llama la atención en varias ocasiones porque no está concentrado.

—Pero ¿qué te pasa? —le pregunta Sasha, su novia, cuando la lleva a casa.

—Es como si no estuviera aquí —responde—. Pero seguro que, para mañana, se me ha pasado.

Paso la tarde y la noche en el ordenador. Los padres de Darryl están trabajando y su hermano está en la universidad, así que tengo toda la casa para mí.

Mi historia está la primera en la página web de Poole. Es una versión —muy— libre de lo que le conté a Nathan junto con algunos errores que pueden deberse bien a que Nathan le ocultara cosas a Poole bien a que Poole haya decidido pincharme con ellos.

Fuera de la página del reverendo encuentro algunas cosas sobre él, pero no mucho. No parece que estuviera muy interesado en las posesiones demoniacas hasta que surgió la historia de Nathan. Miro fotos de antes y de ahora para ver si encuentro alguna diferencia. En las fotografías parece que esté igual. Los ojos quedan ocultos en las imágenes planas.

Leo todas las historias de su página e intento encontrarme en ellas, encontrar gente como yo.

Nuevamente, veo que hay un par de historias de Montana. Y otras que podrían ser similares si lo que me dijo Poole es cierto: que lo del límite de un día es para novatos. Y que puede sobrepasarse.

Eso es lo que quiero, evidentemente. Permanecer en un mismo cuerpo. Llevar una sola vida.

Pero, al mismo tiempo, no es lo que quiero… porque no puedo dejar de pensar en qué sucede con la persona a la que pertenece el cuerpo en el que me quedo. ¿Desaparece de la existencia, sin más? ¿O es su alma la que empieza a pasar en ese momento de cuerpo en cuerpo —vamos, que los papeles se invierten? No puedo imaginar nada más triste que haber vivido en un mismo cuerpo toda la vida y que, de repente, seas incapaz de quedarte en cada cuerpo más de un día. Al menos, mi vida siempre ha sido así. Sería terrible, me destruiría, dejar algo fijo de lado y empezar esta vida, esta existencia de viajero.

Si no implicara a nadie más, sería sencillo. Pero claro, lo que digo es una perogrullada. ¿Acaso no hay siempre alguien más implicado?

Tengo un mensaje de Nathan en el que me dice que siente muchísimo lo que sucedió ayer. Dice que pensaba que el reverendo Poole podría ayudarme. Ahora ya no está seguro de nada.

Le escribo y le digo que no es culpa suya y que tiene que alejarse del reverendo Poole e intentar volver a su vida normal. También le digo que esta es la última vez que le voy a escribir. Pero no le explico que se debe a que no puedo confiar en él. Imagino que es una conclusión a la que llegará por sí mismo.

Cuando acabo, reenvío esta cadena de correos electrónicos a mi nueva dirección y cancelo la cuenta antigua. Así, sin más, unos cuantos años de mi vida se han terminado. La única cosa que me unía a ellos ha desaparecido. Es estúpido sentirse nostálgico por una dirección de correo electrónico, pero así es como me siento. No guardo muchas cosas del pasado, así que tengo derecho a compadecerme un poco cuando una de ellas desaparece.

Recibo un correo electrónico de Isabella por la noche:

¿Qué tal estás?

I

Y ya está.

Quiero contarle todo lo que ha pasado en estas 48 horas. Quiero explicarle los dos últimos días para ver cómo reacciona, para ver si entiende lo que significa para mí. Quiero su ayuda. Quiero su consejo. Quiero su consuelo.

Pero no creo que sea eso lo que ella quiere. Y no quiero implicarla de esta manera si no es lo que ella quiere. Así que le contesto:

Han sido dos días duros. Por lo visto, no soy la única persona a la que le pasa lo de cambiar de cuerpo. Y se me hace cuesta arriba pensar en ello.

E.

Quedan aún unas cuantas horas para que cambie el día, pero no las usa para responder.