Capítulo 36. Solo mayor.
Sirius suprimió un suspiro cuando el pequeño grupo de miembros de la Orden entraron a la gran mansión. Había seis de ellos; Moody y Kingsley, que estaban con Dumbledore que hablaba en voz baja con Malfoy, mientras que se reunían en el vestíbulo de entrada. Sirius estaba de pie a un lado mirando cautelosamente como Tonks hablaba tranquilamente con Remus.
El lugar era grande, no, era más que grande, Malfoy Manor tenía que ser del doble de tamaño de Hogwarts, que para Sirius eso solo quería decir; más habitaciones y más sitios donde Hermione podría estar, por lo tanto más tiempo que perder antes de tenerla en sus brazos, y para Sirius veinte años ya habían sido suficientes, había pasado realmente mucho tiempo.
Alerta, en caso de cualquier sorpresa, el grupo caminó por la mansión aparentemente desierta, Lucius Malfoy podría estar escapando, pero eso era mas que obvio para cada miembro de la Orden, el edificio tenía muchos sitios para esconderse.
El joven Malfoy empezó a conducir al grupo en dirección del ala oeste, Moody, silenciosamente mascullaba algo como todo el esfuerzo entero para que fuera una trampa, el mago mantuvo su varita mágica apuntada directamente en el rubio delante de él, desafiando al Slytherin para que hiciera un movimiento en falso.
— No le hagas caso Padfoot — susurró Remus que estaba a la izquierda de Sirius. — La encontraremos.
Sirius no podía hacer nada, pero asintió, sus ojos grises de acero estaban en alerta de cualquier actividad y de lo más importante, del retrato de un mago rubio con una nariz muy larga 'probablemente pariente lejano de Snivellus' pensó Sirius, animando un poco su frío estado de ánimo.
A Sirius no le gustaba la sensación de frío que se metía en sus huesos mientras caminaba por los largos pasillos. La casa tenía una sensación de antigüedad, en sus pasillos oscuros seis puntas de varitas mágicas alumbraban las paredes rojo sangre y los retratos enmarcados de oro, dejando ver el rastro de la alguna vez majestuosa calidad del edificio, que se había perdido en la oscuridad.
La calidez que le esperaba al final de todo era lo suficiente como para hacerlo permanecer en la mansión, reprimió una risa cuando Tonks alegremente señalo el retrato de un mago pelirrojo que tenía un asombroso parecido con los miembros de la familia Weasley.
Después de aproximadamente diez minutos de caminar, Malfoy se detuvo delante de una vieja estatua y la estudió durante un momento, después dirigió su fija mirada al pasillo de la izquierda.
Remus y Tonks lo siguieron con Sirius después de ellos, mientras que Moony y Kingsley se retuvieron un poco. El par se detuvo delante de un retrato y cuando Sirius pasó al lado de ellos observo una cara con una nariz uhhh de un mago rubio.
Malfoy ignoró el retrato y se paró delante de la gran puerta de madera, mirándola fijamente, se había convencido a sí mismo, desde hace mucho tiempo, que el incidente con la bruja de cabello tupido había sido un sueño y que él había imaginado todo eso. Extendió su mano cautelosamente y agarró el picaporte, que acertadamente tenia la forma de una serpiente, demostrandose que todo había sido real y no una ilusión de niño de diez años.
Sirius estudió al Slytherin antes de que el rubio tendiera la mano en la puerta, notó una chispa de aprensión en los ojos grises del mago más joven, mientras que aparentemente miraba una pared en blanco.
De pronto una puerta grande apareció ante los ojos de Sirius, despacio dio un paso hasta el adolescente y con cuidado retiró su mano de la manija, sustituyéndola con la suya.
Miró fijamente la puerta durante un momento, veinte años de no saber nada, de búsqueda y por fin la respuesta estaba delante de sus abrumados ojos.
Ligeramente giró la perilla abriendo la puerta y enfocó su mirada en la pequeña habitación frente a él, o más explícitamente, sobre la bruja de mirada marrón que lo observaba fijamente desde el centro del cuchitril de lugar.
El corazón de Sirius dio un vuelco y su interior se sentía como una gelatina mientras observaba a la bruja delante de él.
Los largos rizos de su cabellera maravillosamente salvaje caían justo por debajo de su cintura. Observando su aspecto notó que parecía más grande que cuando la había visto por última vez, pero aun así era de la misma edad que él.
Fue la mirada en sus ojos la que previno al mago de cabello negro de no entrar corriendo en la habitación y tomarla en sus brazos.
Vio en sus ojos el parpadeo de esperanza y de deseo, desaparecer, y ser sustituido por la duda y la sospecha. Poniendo su varita magica en su túnica, levantó las manos como un signo de fiabilidad.
Dio un paso en la habitación, sintiendo el escudo que mantenía presa a Hermione crujiendo a su alrededor. A medida que se acercaba a ella, Hermione retrocedía para mantener la distancia.
— Hermione — Sirius finalmente habló, con voz ronca por la emoción.
La mujer de cabello tupido sacudió la cabeza. — Tú no eres Sirius — lo acusó.
— Sí lo soy, cariño, escúchame, sé que no nos estabas esperando todavía, pero el tiempo funciona de forma diferente aquí — trató de explicar.
— ¿Esperándolos? — preguntó con suspicacia, no podía ver detrás del mago de cabello oscuro.
Sirius sonrió y se apartó, por el momento Remus era la única otra persona presente a la que Hermione podría ver. — Remus y yo — respondió — Hemos estado buscándote durante mucho tiempo.
Hermione quitó su mirada del hombre lobo, que se quedó parado en la puerta, y la regresó a Sirius. — ¿Cuánto tiempo? — preguntó.
— Casi veinte años — le contestó.
Hermione nego con su cabeza, incapaz de llegar a una decisión. Sirius dio otro paso hacia adelante, haciendo que ella diera otro paso hacia atrás.
— Hermione — declaró Sirius levantando las manos. — No estoy aquí para hacerte daño.
Se detuvo cuando vio que la mirada de Hermione se enfocaba en su mano.
— Tú no tienes el anillo — susurró.
Sirius le sonrió. — No, ¿Te acuerdas por qué no? ¿Recuerdas la mañana antes de que te capturaran?
La mirada de Hermione se tornó ausente mientras se perdía en su memoria.
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Sirius le sonrió a la bruja en sus brazos, eran las primeras horas de la mañana, él se había despertado por un sentimiento inusual de algo apretando uno de sus dedos. Alcanzó su dedo con su otra mano y suavemente retiró el anillo que le cortaba despacio la circulación de la sangre. Hermione se movió un poco y se despertó cuando Sirius separó y deslizó la cadena de su cuello, para reunir el medallón con el anillo y volver a abrazarla. Cuando se retiró lo confrontaron dos ojos color chocolate.
— Es sólo para mantenerlos a salvo — murmuró y le besó en la sien, cortejandó a la bruja para que volviera a dormir.
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Hermione miró los ojos grises de Sirius y con su mano derecha alcanzó la cadena que se escondía entre su túnica. Tiró suavemente la cadena de oro y con amor acarició el regalo de San Valentín que se habían dado.
Lo miró de nuevo, con lágrimas en sus ojos. — Sirius — susurró antes de que sus rodillas cedieran. Sirius avanzó rápidamente y la atrapó en sus brazos antes de que cayera al suelo.
— Sirius — sollozó Hermione aferrándose a su túnica con cada onza de su ser, envolvió sus brazos alrededor de su cuello, sosteniéndose fuertemente.
— Esta bien, estoy aquí, no voy a irme a ninguna parte — respondió meciéndola suavemente,
hundiendo su rostro con sus rizos, las lágrimas silenciosas caían por su cara mientras sostenía a la mujer que amaba en sus brazos.
Remus y los demás los miraban sonriendo mientras que Sirius le susurraba palabras de confort al oído de Hermione, calmando a la bruja.
Sirius sintió la mirada de Remus y giró la cabeza para sonreírle a su compañero Merodeador, Hermione sintió el movimiento de Sirius y levantó la vista, le sonrió al hombre lobo que en ese momento se acercaba a la pareja y se inclinaba junto a ellos.
— Hey Hermione — dijo en voz baja.
— Remus — susurró Hermione abrazando a su viejo amigo. Remus sonrió y le devolvió el abrazo, feliz de que algo bueno había sucedido al animago; Sirius había pasado por demasiadas cosas que le impedían la felicidad.
Remus se retiró del abrazo de Hermione y ella regreso a los brazos de Sirius. Cuando lo hizo el mago de ojos grises se levantó y ayudó a Hermione a levantarse.
La bruja vaciló un poco cuando salía de la habitación cruzando la barrera ahora ineficaz, se dio vuelta hacia Remus y le dio una pequeña sonrisa. — Tienes que decirme todo acerca de esta habitación — le comento sabiendo muy bien que el hombre lobo sabía todo sobre ella.
— Con mucho gusto — respondió, devolviéndole la sonrisa.
Hermione se sentía segura en los brazos de Sirius y él la abrazaba con fuerza, temeroso de que algunas manos invisibles la distanciaran de él. Ella miró alrededor y observo a los otros miembros de la Orden antes de reunir sus ojos con los de Malfoy.
Fue entonces cuando supo como la habían encontrado y se tragó un gritillo de sorpresa, su encuentro con Malfoy había sido real y no una ilusión causada por la falta de alimentos y de sueño.
Le sonrió levemente al Slytherin. — Gracias.
Malfoy no contestó, pero asintió ligeramente.
— Él no es el único que se merece las gracias — Sirius le dijo en voz baja mientras el grupo esperaba a que Dumbledore creara un traslador que los llevara directamente a Hogwarts.
Hermione alzó la vista y miró con confusión a Sirius; él le sonrió y colocó sus labios sobre los suyos, por primera vez en casi veinte años. Sirius rompió el beso, haciendo caso omiso de la necesidad de repetir sus acciones y le sonrió. — Un cierto ahijado mío ha estado moviendo su trasero de niño-que-vivió para encontrarte.
Los ojos de Hermione se ampliaron comprendiendo y dejó escapar en un pequeño suspiro:
— Harry.
