Código: Guardianes

Capitulo 37

En la Hermita se respiraba un aire tranquilo. Sus habitantes dormían placidamente pues aún era de noche, y el silencio solo era roto por ls suaves respiraciones de los que allí vivían. Mientras esto pasaba en las habitaciones, en el salón principal de la casa, el libro de Atenea reposaba sobre la mesa cerrado, pero, de repente, una luz negra le envolvió, abriéndose de golpe en una página. En ella había dibujadas varias figuras humanas con los brazos extendidos y un texto escrito en asmariano justo debajo de las figuras. Tan rápido como esto sucedió, el libro se volvió a cerrar, volviendo a su estado original. Pero este suceso no fue el único extraño. Escaleras arriba, Atenea tubo un sueño muy extraño, en el que podía ver varias figuras sin rostro. No hacían nada, solo se quedaban estáticas, y se fueron tan rápido como vinieron, pero lo que si podía asegurar la reina es que nunca había sentido tanto miedo, pero no fue suficiente para despertarla. Y no solo ella tubo esa sensación repentina de miedo, también los guardianes, Waldo, y, en general, todo el mundo. Una sensación de miedo tan enorme que hizo que el mundo se estremeciera de terror. A la mañana siguiente, esa sensación fue la comitiva de todo el mundo, pero nadie era capaz de darle una explicación.

-Es posible que esa sensación sea debida a Zeros, ¿no creéis eso?- comentó Asmeya. Sus padres y Cesar asintieron- Es posible, cada uno estaba soñando una cosa, pero la sensación de miedo es común a todos- dijo Cesar.

Me pregunto que pasó para que todo un mundo sienta lo mismo…- murmuró Waldo- Viniendo de quien viene, nada bueno, desde luego- le respondió Atenea, pensativa.

Nada mas levantarse, la reina había ido a mirar en el libro por si algo le había pasado, pues a lo mejor había nuevas páginas rellenas de información relacionada, de alguna manera, con lo sucedido. Pero por mucho que mirara, no haba absolutamente nada nuevo, todas las páginas que ayer no podían ser leídas seguían sin poder leerse. Por esa razón, todo el grupo estaba aún más preocupado, ya que el no saber nada absolutamente, ni siquiera indicios, de lo que pasó, y eso les agobiaba y mucho. Además, cuando les llamaron vía gema los chicos para saber que fue lo que pasó, les pesó el no poder dar una respuesta. Había pensado en llamar a Shion, el patriarca del santuario de la diosa Atenea, pues a lo mejor él sabía que fue lo que pasó. Pero el patriarca solo pudo acertar a decir que sintió unas energías muy poderosas y oscuras alzarse para, de improvisto, volver a desaparecer. Eso hizo que la reina se estremeciera, no sabía como definirlo, pero algo dentro de ella le decía que aquella batalla no iba a ser precisamente fácil, y no solo por el inmenso poder de Zeros.

-¡Mirad!- el grito de Waldo hizo que Atenea mirara al frente, cortando sus pensamientos. Al ver el libro abierto e iluminado, la mujer se acercó al libro, así como el resto de los presentes.

-"El hacha de los metales se encuentra en la era de las tinieblas"- leyó Waldo.

-¿Qué querrá decir?- comentó la reina. Todos negaron-En fin, llamaré a los chicos para que vengan- les dijo Cesar, a lo que el resto asintió.

Unos minutos más tarde, todos los adolescentes a estaban allí, intentando encontrar la solución al enigma. Percy daba vueltas de aquí para allá, dándole vuelta tras vuelta a las palabras del libro. Mientras iba de lado a lado del cuarto, recordó lo que antes les dijo el profesor de arte sobre la Edad Media, una época muy oscura, casi como…

-¡Lo tengo chicos!- les dijo- ¡El hacha está en la Edad Media!-siguió- ¿Sabrías decir más o menos cuando?-le preguntó Aurora- Por supuesto princesa mirad- les dijo, mientras buscaba en la estantería el libro que le interesaba- Los vikingos también concebían un mundo lleno de misterios e incógnitas, y precisamente fueron luchando por parte de Europa para conquistar ciudades- les explicó- Y fijaos, según parece, en una de sus misiones por el continente fueron en busca de un arma de gran poder…- les dijo, sonriente.

Tras un beso de felicitaciones por parte de Aurora, Marin abrió un portal para dirigirse al emplazamiento de su nueva misión…

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El océano estaba algo picado aquella tarde, las olas del mar golpeaban con violencia las rocas que conformaban los altos acantilados de la costa galaica, y en las pocas áreas de playa, las olas dificultaban el poder moverse dentro del agua a los animales que por allí andaban, en su mayoría gaviotas y algún que otro gato que buscaba restos de pescados muertos varados en la orilla que se habían dejado los pescadores. Lo único que rompía con aquel paraje natural era una embarcación que venía desde el norte y una pequeña aldea costera de pescadores. Embarcación que no pasó desapercibida para los habitantes del pueblo, que huyeron hacia el castillo cercano despavoridos al identificar la nave que se aproximaba: un drakkar (1) vikingo. Tras varios minutos, la embarcación arribó a tierra, y sus ocupantes fueron bajando con sus pertenencias, desde armas a ropa de abrigo, pasando por animales de varios tipos como cerdos, perros y ovejas, además de bastantes víveres. Una vez que todos bajaron, se colocaron en fila dando la espalda al barco y mirando al frente, firmes, como si estuvieran esperando a su líder. Y este no se hizo esperar, a los pocos segundos, un hombre de cerca de metro ochenta, pelo rubio, ojos azules y piel clara bajó a tierra. Junto a él bajó otro hombre algo más bajo pero igualmente alto, de pelo también rubio y de piel clara, pero sus ojos eran de unos tonos más oscuros, aunque igualmente azules. Ambos llevaban pieles como abrigo, con espadas al cinto, solo que el segundo llevaba bajo el brazo un libro bastante gordo y de aspecto realmente antiguo, y, en la cabeza, capuchas de animales salvajes, el primero un lobo y el segundo un oso.

-Ya me estaba cansando de tanta agua…- se desperezó el más alto, mientras estiraba los brazos. Su compañero ni le miró, mientras se acercaba a uno de los hombres de la fila.

-Id a preparar las tiendas de campaña, haremos aquí noche y mañana al alba iremos tierra a dentro, ¿entendido?- le dijo. El hombre asintió, tras lo cual empezó a dar instrucciones a todo el mundo y a organizar a la tripulación para tenerlo todo listo cuanto antes.

Tras eso, uno de los jefes se alejó del grupo varios metros- ¿Me podrías explicar una vez más lo que hemos venido a buscar a un lugar tan lejano, Lukas?- le preguntó una voz. No le hizo falta girarse para saber quien fue el que le habló- Hemos venido a buscar un arma de gran poder, Anko(2), y por favor, no molestes y vete a jugar con alguno de los perros que hemos traído, necesito concentrarme bien- le pidió. Su compañero frunció el ceño algo molesto, pero conociéndole como le conocía, no le extrañaba su comportamiento, por eso se fue sin decirle nada más.

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En una callejuela con el suelo prácticamente en su totalidad lleno de charcos se abrió un portal, del cual, salieron los chicos, aún con sus ropas habituales. Tras activar sus gemas, a los chicos les envolvió una luz de sus respectivos colores, y una vez que esta se fue, sus ropas, como era costumbre, habían cambiado. Llevaban una camisa de manga larga de color marrón de aspecto algo vieja, pero con los símbolos que decoraban sus gemas decorando la camisa en tela bordada con sus respectivos colores, y pantalones largos de color también marrón. Ellos llevaban una capucha y ellas un gorro con orejeras, aunque estas no abrigaban demasiado. Tras salir del callejón llegaron a una calle con algunos puestos de vendedores, y con algunas mujeres con sus hijos comprando baratijas.

-Tengo un ligero deja-vu…- comentó Patrick, recordando la vez a la que fueron a recuperar su cimitarra. (ver capítulos 21 y 22)

-Siempre venimos en pleno mercado, no se como nos las arreglamos…-suspiró Sissi

Entonces, y siguiendo las indicaciones de sus gemas, los chicos empezaron a moverse por la pequeña ciudad. Las calles de la misma eran angostas y con muchos callejones, con el suelo de tierra y casas bajas y con pequeñas ventanas que apenas dejaban entrar la luz al interior. Tras una corta caminata que duró unos veinte metros, y tras girar una esquina, los chicos tuvieron que pararse pues no podían seguir adelante debido al tumulto organizado.

-¿Qué ocurre?- preguntó al aire William. Antes de que nadie pudiera responder, los gritos de la multitud respondieron a la pregunta.

-¡Por allí vienen!- gritó alguien. Entonces, los chicos miraron en la dirección indicada con sorpresa. No por quienes eran, pues no tenían ni la más remota idea, sino por lo que sintieron al mirar en esa dirección. Y no fue otra cosa que una magia muy poderosa, una energía gigantesca, emanara de algunos de los que venían.

-¿Lo podéis notar?- murmuró Nico. Todos asintieron- ¿Será que ellos también tiene poderes mágicos, como nosotros?-comentó Sam.

Jeremy asintió- Es posible, pero no tengo ni idea, ¿sabes tu algo, Aelita?- le preguntó a la chica. Esta negó- No, ni la menor idea- respondió ella, algo triste.

Tras unos pocos minutos, el grupo que venía llegó a su altura y pudieron ver de quienes se trataban. Eran varios hombres a caballo. Dos de ellos rubios y de ojos azules, otro de ellos de cabello marrón y ojos color verde, este último con una armadura metálica de cuerpo completo y color plateada, con una capa roja a la espalda, y una prominente hacha al hombro sostenida por una mano, mientras con la otra agarraba las riendas del caballo. Él no era el único armado, uno de los hombres rubios, el más alto, también tenía una enorme hacha en la mano, mientras el otro sostenía un libro. Al mirar a esos tres concretamente, pudieron notar una inmensa fuerza mágica llegarles. No solo eso, también notaron como sus gemas brillaban al detectar el hacha que pertenecía a Percy por derecho, lo cual les sorprendió más aún.

Y la presencia del los chicos tampoco pasó desapercibida para ellos, pues uno de los rubios, el del libro, les miró a los ojos por unos instantes, para, entonces, revisar en su libro. Ese gesto no pasó desapercibid para su compañero, que le preguntó algo, aunque no le llegaron a escuchar bien, para, acto seguido, proseguir su marcha por las calles. Una vez que se alejaron de allí, los chicos se agruparon.

-Una de las hachas de aquellos hombres es el hacha de Percy- comentó Susan. Sus compañeros asintieron- Si, pero, ¿Cuál?- se preguntó el propio Percy.

Sus compañeros no supieron que responder- En fin, ¿alguno tiene idea de a donde han podio ir esa gente tan extraña?- dijo Herb- Probablemente al castillo, parecía que, al menos uno de ellos, era un personaje importante a juzgar por la reacción de la población- comentó Odd. Asintiendo a las palabras del rubio, los chicos se dispusieron a buscar la fortificación. Para ahorrarse tener que preguntar y dar vueltas y vueltas a la ciudad sin seguir un rumbo fijo, decidieron que Odd le pediría a algún animal de por allí les guiara hasta el sitio. Mientras caminaban guiados por un águila de por allí, se dieron cuenta de que cada vez notaban mayor energía provenir de un punto determinado, señal de que se estaban acercando al lugar correcto. Tras recorrer una veintena de metros más, los chicos llegaron a una pequeña plaza, y, a uno de los extremos de la misma un pequeño sendero que conducía al castillejo de la ciudad. Una vez allí, se pararon para precisar el plan de actuación a seguir.

-Entonces lo hacemos así- concluyó Electra, tras un rato discutiéndolo- Mientras William y Herb entretienen a los de dentro con alguna disputa tipo "me ha robado un a gallina", el resto nos metemos usando los portales de las gemelas, cojemos el hacha que sea, y nos largamos con viento fresco-dijo la chica, mientras usaba gestos con las manos para enfatizar sus palabras. Tras un asentir general, el grupo se puso en marcha.

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Tras despedir a sus compañeros, quienes se metieron en un portal, Herb y William se dirigieron a las puertas de entrada del castillo mientras buscaban una situación lo suficientemente convincente como para que los de dentro del castillo les dejaran pasar, y lo suficientemente compleja como para tirarse un buen rato discutiendo sobre ese tema. La idea de la gallina robada era buena, pero por desgracia también tenía una resolución sencilla: la horca, muy probablemente. Por eso, decidieron que la falta cometida sería la de que William cruzó las tierras de labranza de Herb con su rebaño, y este le destrozó el huerto. Tras acercarse a la puerta, se les acercaron unos guardias. Estos les dejaron pasar una vez supieron por que estaban allí, y les acompañaron hacia la sala principal para que le noble del lugar les recibiera y les pudiera atender (3). Ya en la sala principal, pudieron ver a uno de los hombres de antes, el de pelo marrón, aun vestido con su armadura puesta, mientras hablaba con un tipo bajito, ligeramente calvo y con algo de tripa, ojos oscuros y ropas claramente de la nobleza, pues eran de lo que parecía algodón de color rojo, con algunas costuras de color oro y, sin duda, gran belleza. Al notar su presencia, ambos se colocaron en sus respectivos sitios, el más bajo en el sillón que servia de trono, y el otro detrás suya a la derecha.

-¿Qué se os ofrece, jóvenes?- preguntó el hombre en el trono-¡Señor, le pido que haga justicia, y haga que él me pague las hortalizas que tenia plantadas en mi huerto, y que su rebaño destrozó!- dijo Herb.

-¿Qué culpa tengo de que mis animales se escaparan del redil y fueran a tu campo, eh!?- le espetó William. Herb se hizo el ofendido-¡Pero si ibas con ellas!- le casi gritó.

Entonces empezó una retahíla de "insultos y reprimendas" hacia el otro por parte de ambos adolescentes, quienes estaban muy metidos en su papel. Tanto, que casi llegan a las manos durante aquello. Durante su discusión, ambos mayores se miraron entre ellos, esperando a que acabaran, e intentando entender bien lo que pasaba. Tras un rato así, y después de que el noble pidiera silencio, les preguntó que es lo que pasaba exactamente. Una vez que se explicaron, el noble se lo pensó bien antes de que pidieran que le trajeran un libro. Este era bastante gordo, e incluso entonces tenía pinta de antiguo, con las hojas algo carcomidas y de color marrón, así como la cubierta del mismo, que tenía unas letras, a la vista de ambos chicos, bastante extrañas, y sin separación alguna entre ellas. Tras abrirlo e inspeccionarlo cuidadosamente, el noble les pidió acercarse, para así dictaminar sentencia. Justo cuando iba a pronunciarse, un fuerte estallido sacudió el castillo, haciendo que algo de polvo cayera desde el techo y las paredes al suelo. Tras miarse, ambos hombres salieron de allí corriendo en dirección, muy probablemente, del lugar donde sucedió la explosión. Tras unos segundos, y suponiendo que los causantes de aquello eran sus compañeros, Herb y Nico les siguieron también corriendo, manteniéndose lo suficientemente cerca con para poder seguirles sin perderse y lo suficientemente lejos como para que no les notaran. Tras recorrer un par de pasillos y subir unas escaleras, ambos grupos llegaron hasta la parte más alta del castillo, donde solo había un par de cuartos a los laterales del pequeño pasillo, y, al fondo del mismo, un gran portón que, en ese momento, estaba entreabierto y por el cual salía algo de humo.

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Tras despedirse de sus dos compañeros, el resto del grupo se alejó un poco de la plazoleta en dirección a uno de los callejones que conectaban con ella, para así no ser vistos y poder abrir el portal en dirección al interior del castillo y poder buscar el hacha de Percy. Una vez dentro, Odd se transformó en un perro para poder ir por delante y, en caso de venir alguien, darles una señal para que se ocultaran. El código era muy sencillo, un ladrido significaba camino despejado, dos a esconderse. Tras decidir eso, el chico se transformó y procedió a seguir su plan, adelantándose varios metros hasta llegar a la primera esquina, y, tras mirar a ambos lados, ladró una vez. Tras llegar al cruce, y decidir por donde ir cada vez que se encontraban con uno, fueron repitiendo ese proceso hasta un total de diez veces. En la undécima, como las anteriores, Odd legó al cruce con una distancia de varios metros con respecto a sus compañeros. Al mirar a la izquierda, vio a un hombre acercarse, concretamente, el que portaba el libro en la cabalgata de hace una hora. Ladró dos veces en señal de peligro, y, siguiendo su indicación, los chicos fueron a escabullirse con un portal. Todo hubiera ido bien de no ser por que el portal no podía ser abierto, lo cual puso muy nerviosa a Marin y también a sus compañeros.

-Dile a tus compañeros que les será inútil intentar abrir un portal de nuevo…- dijo, mientras miraba a Odd tras lo cual giró la esquina y se encontró a los chicos. Estos estaban bastante nerviosos, aquello se supone que no debería estar pasando, pero antes de que ninguno de ellos pudiera decirle nada, el individuo habló.

-Decidme, ¿Quiénes sois, y porqué lleváis las sagradas gemas de Asmara en vuestras muñecas?-les preguntó, impávido. Los chicos le miraron extrañados, aunque Patrick fue el primero en recomponerse- ¿Y donde queda Asmara? ¿En la ciudad?- le preguntó, aparentando no tener ni idea. Su interlocutor se mantuvo igual- No os servirá de nada mentir, esas mismas gemas aparecen en mi libro mágico, además, tengo la capacidad de ver a seres mágicos y sentirle flujo de la magia en la naturaleza, y vosotros emanáis una cantidad inmensa. Así que repito la pregunta, ¿Quiénes sois?-les repitió.

Los chicos le miraron extrañados-Nosotros somos los guardianes, hemos venido a buscar algo a estas tierras. ¿Y tu, quien eres, y como es que sabes de nuestras gemas y de Asmara?- respondió y preguntó Sissi. El hombre solo parpadeó- Mi nombre es Lukas Bondevik, soy el representante del reino de Noruega y la representación física del espíritu nacional de sus habitantes- les respondió. (4)

Ante eso los chico se quedaron atónitos, ¿habían escuchado bien? ¿Aquel tipo de verdad había afirmado ser lo que a todas luces era una nación? Habían visto muchas cosas a lo largo de su aventura, y estaban curados para prácticamente cualquier cosa, pero eso era muy difícil de creer. ¿Cómo podía alguien representar el espíritu nacional de todo un pueblo? Aquello era descabellado en la máxima extensión de la palabra. Lukas vio el escepticismo en sus ojos, y decidió intervenir.

-Aunque no me creáis, lo cual me viene importando poco, os diré que, como habéis podido comprobar, poseo poderes mágicos- les dijo, suavemente, casi en un susurro. Los chicos asintieron, debían reconocer que él tenía un gran poder. Entonces, Ulrich le hizo la gran pregunta, la que todos deseaban hacerle.

-¿Qué quieres de nosotros? ¿Por qué nos retienes?- le dijo. Lukas ni siquiera alteró su expresión- Decidme, ¿vosotros también andáis tras un objeto mágico de gran poder?- les preguntó. Los chicos, aunque sorprendidos, asintieron- Yo también he podido notar su energía aún desde mi reino, en el frío norte, por eso decidí viajar desde allí hasta este lugar para buscar esa arma- les dijo.

-¿Para que quieres esa arma?- le preguntó Percy- Para darle a mis hombres un arma con la cual conquistar más tierras y darle a mi gente esas tierras para cultivarlas-les respondió- Supongo que vosotros la querréis para poder luchar contra el demonio que quiere destruir vuestro mundo- les dijo. Los chicos asintieron.

-Pues me temo que solo uno de los grupos se podrá quedar con el arma- dijo Electra, algo amenazante. Lukas ni se inmutó- Os propongo un duelo para decidirlo- les dijo- Uno de vosotros contra mi, en un duelo mágico. El ganador se llevará el arma- les dijo.

Los chicos entonces se colocaron a corro para decidir que harían. La idea era tentadora, pero Lukas parecía saber mucho de magia, y debía ser poderoso si era capaz de inutilizar sus poderes. Pero, ¿Quién cargaría con tal responsabilidad? Esa era la mayor duda. Mientras sus compañeros deliberaban, Percy pensaba en la situación. El hacha que buscaban era la suya, por tanto es su responsabilidad recuperarla, además, su poder era bastante más grande del que, en apariencia, posee. Por ello, se decidió.

-Lo haré yo- dijo de golpe, cotando a Marin, que en ese momento daba su puno de vista de la proposición de que fuera Aelita la que lo hiciera. Sus compañeros le miraron- Pero Percy…- murmuró Aurora.

-Chicos, lo haré yo, y nadie podrá impedírmelo, es hora de que os demuestre lo que valgo- les dijo, con convicción. Sus compañeros le miraron contentos- Percy, si es porque tu crees que pensamos que eres débil no es así- le dijo Jeremy. Percy sonrió de medio lado, mientras alzaba un pulgar, en señal de afirmación. Tras eso, y ya más serio, se encaró a Lukas.

-¿Tu serás mi oponente?- le preguntó. Percy asintió, tras lo cual, Lukas le pidió con un ademán que le siguiera hasta un lugar apropiado. Detrás de ellos iban el resto de los integrantes del grupo, quienes no se fiaban demasiado de la palabra del vikingo, pero no tenían más opción si querían obtener el hacha de Percy. Durante el trayecto, hubo silencio total entre todos, la tensión era tal que se podía cortar el aire con un cuchillo, y los nervios estaban a flor de piel. Tras ascender un par de escaleras llegaron al piso más alto donde, a primera vista, solo había habitaciones a los lados del pasillo, habiendo un portón enorme al final del mismo. Tras recorrer los pocos metros que duraba el pasillo, el grupo llegó hasta la puerta, y, con las dos manos, Lukas movió la pesada puerta a un lado para poder pasar. Nada más entrar vieron que la sala era un dormitorio, pero sabían que lo era porque tenía una cama y a su lado una mesita en la cual había una jarra con una toalla por encima. El resto estaba a rebosar de armas de diferentes clases, desde espadas a escudos, pasando por lanzas y ballestas. Y, en el medio de la pared del fondo, y en un primer plano debido a que entre ella y el resto de armas había una distancia de más o menos la mitad del brazo, reposaba un hacha enorme. Nada más entrar, a los chicos se les iluminó con bastante fuerza las gemas, señal de que aquella era el arma que buscaban.

-Parece que las gemas han detectado el arma que estamos buscando…- murmuró Lukas, serio. Los chicos entonces le miraron con sorpresa- ¿Pretendes realizar aquí el combate?- le preguntó con extrañeza Aurora. Lukas asintió.

-No hay problema de realizar aquí nuestro combate, este es el cuarto del representante de España, el chico que visteis antes con nosotros en la cabalgata. Al ser este el lugar donde vive un ente mágico como lo es él, está especialmente protegido- les explicó.

Los chicos asintieron, tras lo cual, y por un ademán de Lukas, se posicionaron a los lados de la sala, apoyándose algunos en la pared, y otros sentados en el suelo, pero todos ellos expectante y dispuestos a ir a ayudar a Percy de ser necesario. Este se colocó en el lado derecho de la sala, con Lukas enfrente de él. Entre medias, este pintó un círculo con otros tres círculos inscritos en él con runas en la parte exterior del mismo, en el del medio símbolos paganos, y en el interior estrellas de cinco puntas. Una vez dibujado, Lukas dio un paso a su interior, y así hizo también Percy.

-¿Preparado?- le preguntó Lukas. Percy asintió. Entonces, Lukas creó en sus manos dos esferas de energía y se las lanzó a Percy. Este ni se inmuto, alzo un brazo, y lo movió de izquierda a derecha con rapidez, dejando un ligero destello color metálico. Lukas se sorprendió por que las esferas de energía se quedaron quietas en vez de impactar contra el chico, quien, con un gesto, se las devolvió a su dueño, que las recibió en todo el pecho, aunque no se hizo mucho daño. Los chicos lo vieron sorprendidos, no se esperaban eso. Entonces, Percy, con una mano, generó una potente corriente energética que golpeó a Lukas, quien, de no ser por que creó una barrera para defenderse, se hubiera llevado un buen golpe.

-No está mal…- murmuró Lukas, mientras, con una mano, le lanzaba la chico esferas de fuego. Percy no podía moverse a semejante velocidad, por ello, alzó una barrera magnética que impidió que el fuego le golpeara. Tuvo que esforzarse para no recibir de lleno el lanzallamas que le mandó su oponente, quien tuvo que juntar ambas manos para imprimirle más potencia al ataque. Tras un minuto recibiendo el impacto, Lukas terminó su ataque, para, enseguida, crear una esfera de agua y lanzársela con gran potencia, y, junto a ella, una esfera de luz. Percy las esquivo, para usar su brazo recubierto por metal y empezar a dar estocadas contra Lukas. Este esquivo las primeras dos, para, acto seguido, crear él una espada de luz y empezar a atacarle. Las estocadas eran dadas a una velocidad abrumadora, demostrando que ambos eran grandes espadachines, aunque a los diez minutos daban las primeras muestras de cansancio. Durante ese espacio de tiempo, y sin que nadie se fijara, el hacha de los metales se iba iluminando cada vez más y poco a poco de color gris metalizado.

-Es hora de acabar con esto…- murmuró Lukas, mientras Percy colocaba el brazo en posición defensiva, preparándose para lo que pudiera venir. Entonces, Lukas hizo un círculo con los brazos, para, después, juntarlos en un punto, generando en el proceso una gran esfera de energía. Esta, al ser liberada, generó un fuerte rayo de energía que iba directo contra Percy. En ese momento, a Percy le iluminó una fuerte luz de color gris, tan fuerte era, que cegó a todos los presentes, obligándoles a cerrar los ojos. Durante esos pocos segundos de ceguera, pudieron escuchar una fuerte explosión que hizo que oda la sala retumbara, así como el castillo, y que una fuerte humareda lo llenara todo. Aurora, entonces, levantó un poco de viento para que le humo se fuera antes, pero, aún así, la concentración era suficiente para hacerles toser.

-¡¿Qué ocurrió aquí?! ¡Lukas!- oyeron gritar a alguien. Más voces se le unieron- ¡Chicos, ¡ ¿Estáis todos bien?- gritó alguien, que identificaron rápidamente como Herb- Se supone que lo haríais de incógnito- les espetó William.

Unos segundos más tarde, y con el humo ya disperso, todos pudieron ver la situación: Lukas sobándose el brazo derecho y a su lado su compañero, ayudándole un poco a mitigar el dolor, a unos metros, Percy estaba jadeando pero orgulloso de su victoria, y con el hacha en la mano. Esta era de color metalizado, con letras griegas en el tercio superior del mango y en el filo de la hoja, además de algunos detalles en negro en el resto de la hoja. Su armadura también había cambiado, ahora era de cuerpo completo y de color gris, con detalles en negro por la zona del pecho y antebrazos, y con el hacha en la mano derecha. Sujetándose por las hombrearas y cayendo por la espalda colgaba una capa color blanca.

-¡Muy bien cariño!- fue la primera reacción en escucharse, concretamente de Aurora, que fue corriendo a abrazar a su pareja. Este la estrecho entre sus brazos, abrazándola, aunque se separaron rápido pues él estaba algo sudado. Sus compañeros rápidamente se acercaron a felicitar al chico, quien recibía contento sus felicitaciones. En esto tardaron muy poco, pues rápidamente Yumi les recordó la situación.

-Lo prometido es deuda, Lukas, ahora el hacha es nuestra- le dijo Jeremy. Este asintió- Soy un hombre de palabra, aunque me apena haber hecho un viaje tan largo para volver con las manos vacías…- dijo, con voz neutra.

-Toma- le dijo entonces Percy, entregándole unas monedas que llevaba en su bolsillo. Lukas las examinó con la mirada- Estas monedas tiene la capacidad de poder transferir su composición, yo no las necesito porque y a puedo hacerlo por mi mismo- le explicó. Lukas le miró a los ojos- Gracias- dijo simplemente, mientras le asentía en señal de agradecimiento, mientras era ayudado por su amigo en dirección a la salida.

Tras eso, y una vez que pusieron en situación al noble y al representante de España, que resultó llamarse Antonio, los chicos salieron del castillo, no sin antes hacer que Percy desactivara su arma. Una vez que un aura de color grisáceo le envolvió, Percy volvió a sus ropas comunes. La única diferencia es que en su gema había pulida su hacha Una vez fuera del castillo, y tras abrir un portal, los chicos volvieron a casa.

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Virio se encontraba descansando sobre su trono degustando una copa de vino. A su lado, y arrodillados, estaban sus generales, Elijah, Darko, Océano, Loren, Inferno, Erick y Timeo. Entonces, uno de los soldados que hacían guardia en la puerta se acercó, tras lo cual se arrodilló con sumisión, y con la mano derecha en el pecho.

-Ya está todo preparado para el regreso, señor- le dijo. Virio sonrió, mientras se acababa la copa- Estupendo, avisadme cuando este todo preparado, quiero estar presente- le ordenó. El soldado asintió, para, tras pedir permiso, irse a seguir con sus tareas.

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1) Los drakkars son las naves vikingas, y, al contrario de l que mucha gente piensa, no solo hacían la función de naves de guerra, también funcionaban como barcos para comerciar o para enterrar a los jefes.

2) Anko significa hermano mayor en japonés. ¿Cómo un vikingo puede conocer un término japonés? Eso solo puede pasar en un anime…

3) Durante la E.M. y en base al sistema feudal de esa época, la administración de los señoríos corría a cargo del señor feudal de turno.

4) Si, amigas y amigos hetalianos, es ÉL.

Este capítulo está especialmente dedicado a dos personitas muy especiales para mi, y que espero que les guste mucho este capítulo especial con los personajes de su anime favorito, Axis Power Hetalia. Además, a mi también me gusta ese anime ^^

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan que pertenece a Doctor Who. Tampoco los personajes de Antonio, Mathias y Lukas, que pertenecen al creador de Hetalia.