Capitulo XXXVI
Al parecer, se había tomado demasiado tiempo en atenciones al infante. Y como no iba a suceder si el pequeño la embobo e hipnotizo haciéndola olvidar todo. Sus expectantes y brillantes ojos, no le quitaban la vista de encima entretanto soltaba un gorgoteo con saliva, mientras que sin control aun de sus extremidades, las movía inquieto. La adoración mutua entre madre e hijo se prolongo por minutos transformados en dos horas que fue cuando el pequeño de mirada penetrante como su padre se digno dormirse luego de un incesante movimiento de sus regordetas manos.
Y por lo visto si se había excedido en tiempo, ya que apenas regreso a la sala con una sonrisa radiante, Inuyasha -para su sorpresa-, estaba profundamente dormido. O eso creía. Sus ojos, completamente cerrados y los suaves pero aun así ronquidos, dejaba mas que claro que esa era la causa. Se acerco a él a paso cuidadoso para examinarlo mejor.
Bajo la atenta mirada de Rosco, procurado no despertar a Inuyasha observo el escritorio. Él había encontrado los papeles que necesitaba y que tanto había buscado casi toda la tarde, para su sorpresa y -extraño- agrado. Sin embargo, un objeto que golpeo con su pie al acercarse, hizo que bajara la vista para examinar al intruso.
Los ojos entornados de Kagome, era muestra más que clara de lo poco agradada que se encontraba: una botella de whisky -la cual no recordaba haber tenido en la habitación-, era lo que se mantenía firme en la mano colgante de Inuyasha. Con cierta duda y ya no tan segura de que el sueño sea a causa del cansancio, se acerco más a él y olisco su suave respiración. Y un simple gruñido por parte de ella dejo más que claro lo que estaba sintiendo en esos instantes. ¡El muy maldito estaba borracho!
Valla ayuda que le iba a presta, el muy truhan.
— ¡hey! ¡Taisho!
Lo sacudió con delicadeza, pero al ver que nada sucedía, la fuerza aumento; y junto con un par de maldiciones lo sacudió, provocando que la cabeza de él se azotara contra el respaldo sin piedad alguna.
Ya al ver que nada -aparte de cansarse-, lo dejo tal cual. Estaba como cuba, y el que los ronquidos se intensificaran, provoco que un resoplido se le arrancara ante su molestia y frustración.
¿Cómo era posible? si ni siquiera se había demorado tanto como para que el muy idiota se desesperara de aburrimiento y se bebiera casi la botella completa ¡Maldición! Ni que se tratara de refrescos. ¡Dios! y él que se jactaba de su excelente resistencia ¿a qué? ¿Al aire? Hasta ella aguantaba más que eso.
Si el muy considerado se hubiera emborrachado en el sofá, lo habría dejado ahí y habría continuado trabajando. Pero no, tenía que hacerlo en su silla, interponiéndose para continuar con su labor, como si el sueño y cansancio que sentía fuera poco.
Resoplo y al tener la vista pegada en el pequeño sofá ubicado en mitad de la sala, una idea se le cruzo. Tal vez... Si lo llevaba ella misma, podría deshacerse del problema.
Empujo el asiento dejándolo a él de frente a ella y analizo el modo de llevarlo sin quebrarse la espalda de paso.
Inuyasha mantenía la misma fina contextura, aunque las apariencias engañaban. Él era puro musculo y fibra, y tan alto que la sobre llevaba en varios centímetros ¡Rayos! de que pesaría, pesaría. Por un demonio… no se podía dejar amedrentar, mas de una ocasión le toco hacer trabajos forzosos, por tal estaba capacitada para la labor de llevar a un hombre a cuestas.
Ya mas motivada, regreso al análisis del mejor método de traslado, y al comprobar que lo más recomendable era apoyándoselo a su espalda y arrastrarlo así, tomo la botella y lleno el abandonado vaso en un rincón del escritorio y se empino el contenido. Sacudió la cabeza ante el fuerte licor que bajo quemando su garganta, ya ahora mas dispuesta a lograr su cometido, aunque al ver que aun quedaba su poco en la botella, se lo bebió sin remordimiento alguno. Un poco mas no le hacia mal a nadie, y un Whisky de esa calidad, era un desperdicio el dejarlo.
Un leve tambaleo, que lo achaco a la falta de alimento, casi la hizo caer sobre él, por lo que se tomo su tiempo en recuperarse. Respiro profundamente y sintió su cuerpo adquirir temperatura de modo agradable, y ni hablar de la confianza, hasta absurdas ganas de bailar le dieron. Por lo que rio divertida.
Ya lista, lo tomo de uno de sus brazos y con fuerza lo jalo hacia ella al mismo tiempo, en que se giraba para recibir el cuerpo.
— ¡Jesús...! — Exclamo al recibir el peso — Maldito idiota… ¡borracho! — farfullo molesta mientras hacía amago de arrastrarlo. Labor en verdad dolorosa en amplios sentidos, ya que su espalda estaba sufriendo y lo otro, era el exquisito perfume almizclado que le atontaba los sentidos
— no lo puedo creer. Okamanche... debe...ras ¡compensarme!
Prácticamente lo dejo caer contra el sofá sin preocuparse de si estaría o no cómodo, y mucho menos si se habría golpeado con algo en alguna parte, y todo porque su espalda era más importante.
Kagome se dirigió a su cómodo asiento dispuesta a continuar con su trabajo mientras se enderezaba el par de huesos rotos por el traslado. Pero antes de sentarse, su mirada inconscientemente fue a parar donde el susodicho y su maltrecho estado.
El pequeño sofá con suerte y lo podía mantener con medio cuerpo arriba, y el que se estuviera deslizando para terminar al suelo por efecto de la gravedad, hizo que Kagome corriera al rescate.
Lo abrazo e intento regresarlo al asiento, sin embargo al sentir su aroma, de un sopetón lo soltó. Sus hormonas no respondían como ella querían, habían reaccionado ante la cercanía, por lo que reprendió su debilidad y cargándose de voluntad lo tomo y lo dejo en el asiento con rapidez. Pero, al ver que lo mismo seguía ocurriendo una y otra vez, la joven Higurashi opto por llevarlo a su propia cama en la habitación contigua y dejarlo pasar la mona, que estar ella de soporte para que dejara de resbalarse.
Realizo el mismo trabajo para como llevo al sofá, y ya cuando llego a la cama, lo lanzo con ella misma cayendo sobre él para dejarlo bien acomodado.
Lo recostó de estomago, y dejándolo anclado con una mano tocando el suelo en caso de posibles mareos, con una fuente a la alcance por si lo necesitara.
Suspiro y se quedo ahí sentada a su lado. Se veía tan dulce y pacífico y bello, que las ganas de acariciarle el rostro no le faltaron. Su nariz, sus labios, la línea de sus cejas y los cabellos rebeldes que le caían enfrente… como había extrañado aquella intimidad y el poder verlo sin ser molestada, y mucho menos juzgada. Alargo la mano y corrió unos mechones rebeldes que cayeron sobre sus ojos y los coloco detrás de la oreja dejando luego la mano apoyada en la mejilla. Y cuando sus impulsos y deseos le iban a jugar una mala pasada, reacciono y se reprocho por su estupidez y debilidad.
Hizo intento de levantarse, pero una pesada mano cayó sobre su regazo como un costal de papas.
— ¿Kagome…? — Le observo intentar fijar la mirada hacia ella y cuando pareció reconocer algo sonrió — Mi bella y dulce Kagome... — le escucho balbucear la joven —. No sabes cuanto… te adoro.
A pesar de saberlo borracho y que sus palabras podían ser sin sentido, la calidez y el alboroto que provoco en su pecho no se iban a borrar tan rápidamente. Hasta la más minúscula hormona se le alboroto y deseo seguir escuchando cosas así, haciendo que el corazón se le ablandara con rapidez… Intento calmarse y actuar con naturalidad. Le tomo el brazo para quitárselo de encima, pero él le sujeto el faldón, por lo que ella le dijo:
— Duerme. Te hará falta.
Ella intento levantarse, sin embargo la mano de Inuyasha se lo impidió y lo vio apoyarse en la cama con su brazo libre acercándose más a ella.
— No te vayas, min... kara — aprovechando la sorpresa que demostraba la joven, el supuesto borracho se acerco a ella y con suavidad subió su mano hasta la nuca de ella impidiéndole escape. — lo único que me hará falta si te marchas, es esto...
El beso fue con tanta suavidad y dulzura, que la aturdió hasta hacerle perder las fuerzas. Agradeció el estar sentada ya, si no se habría desplomado ante la debilidad que presentaban su piernas. Y el aturdimiento de sus sentidos se vio derrotado cuando lo hizo con tal pasión y conocimiento, que sin molestia alguna había logrado avivar en ella todo recuerdo de amores anteriores junto a él.
Todo estaba fresco, como si tan solo hubiera sido ayer la última vez que se entregaron, sin embargo, la separación de meses se dejo ver al instante, en especial en él.
Ella tal vez tenía intenciones de rechazarlo, ya que en alguna parte de su cerebro, algo o alguien le susurraba que cortara aquello por su maldito bien; pero en el instante en que Inuyasha la dejo bajo él -sin idea de cómo-, permitiéndole sentir cierto miembro tenso y añorado hacer presión en su zona intima… mando al carajo a la ahora molesta vocecita de su conciencia, y se dejo hacer por él como tantas veces antes, ya que el exquisito y delicioso hormigueo provocado en todo su bajo vientre... literalmente, la hizo perder la conciencia. Y ¿que importaba? Si lo más probable es que él con lo borracho ni recuerde aquella noche, dejándola a ella como una abusadora de hombres indefensos. La sola idea la hizo sonreír con picardía.
Bueno, a un borracho no se podría catalogar como indefenso y Inuyasha mucho menos identificarlo como tal, en especial por como sabia que hacer y cómo hacerlo... Casi como si se encontrara tan consiente como lo estaba ella...
No negaba que lo había disfrutado de maravilla, incluso había eliminado todo mal pensamiento durante y luego del acto, y se había dejado hacer, como si nunca hubiera existido distancia alguna.
Eso si los embates de locura en que se dejaron llevar ambos a causa de la separación los hacía actuar fuera de si al casi llegar al climax. Ella culpando siempre a lo bebido que él estaba, y hacia ella misma, lo necesitada y cuanto lo extrañaba…
A Inuyasha la sonrisa de satisfacción no se le quito hasta que cayo rendido, manteniendo entre sus brazos a su dormida y amada joven "esposa".
No negaba que su falsa borrachera le sirvió de maravillas, e incluso ni siquiera lo había planeado.
Cuando ella se retiro de la habitación, él se dedico a vagar por el cuarto. Se imagino todas las veces en que estarían trabajando codo a codo y las oportunidades en que podría rosar su piel y admirarla sin inconvenientes.
Sus ahora marcadas curvas deseando delinearlas; sus labios, queriendo besarlos…. Intentando sacar las ideas que lo llevaran a perder la cabeza, provocando que la llegase arrinconar apenas ella ingresara a la habitación, se dedico a revisar los estantes con documentos, dando en uno de ellos -para su suerte-, con una botella de whisky con dos vasos apilados a su lado.
No estaba nueva, se notaba que ya le llevaban su buen bajo, pero de todos modos serviría para calmar cualquier ansiedad presente, hasta estaba pensando ofrecerle su poco a Kagome para calmarla.
Pero por lo visto, la falta de alimento le había jugado una mala pasada, pero no lo bastante como para terminar botado, sin embargo si se durmió en el sillón por efecto del cansancio y de los constantes mareos presentados. Y bueno, luego al tenerla tan cerca, no pudo menos que fingir seguir dormido, incluso con el golpe en la cabeza luego de caer en el sofá lo dejo pasar, sabiendo que ella al ver su maltrecha posición iría en su salvación.
Y bueno, si las cosas habían cambiado de rumbo y ahora podía disfrutar de ella completa y apasionadamente, sintiéndola de él, ahogando los deseos de devorarla al instante; se sentía de maravillas, y para nada culpable.
El momento lo alargo hasta que el deseo lo hizo soltar meses de abstinencia de ella. Y Kagome se lo agradeció, ya que ella tampoco pudo contenerse…
Ya para la mañana, un rayo de luz se filtro por la cortina y dio en los parpados de ella, y somnolientos, decidieron por abrir uno solo a la vez para testear. Pero ante la molestia producida, se volvió a cerrar no dispuesto a volver abrirse, por tal, fue el turno del otro, el cual se encontraba mejor protegido por un oscuro mechón del negro cabello. Sin poder controlar aun su motricidad fina, con un manotazo lo corrió, y perezosa gruño de satisfacción ante el descanso de su cuerpo mientras se volvía de espalda. Una de sus manos fue a parar a su vientre y al sentir la piel desnuda reacciono ante la falta de tela cubriéndola. Toco sus piernas, su pubis y sus pechos; no, no había nada.
Se tapo el rostro enrojecido a causa de la comprensión de los hechos transcurridos y olvidados, y con cuidado, con la punta de los dedos guio su mano hasta un extremo de la cama y se alivio al comprobar que ese lado, estaba vacio. Imito la acción en el otro sentido, comprobando lo mismo que la anterior, y para estar más segura, quito la cocha de su rostro e hizo una profunda inspección a la oscura habitación. Y para su alivio, se encontraba sola.
Se giro quedando de estomago al colchón y alargo sus desnudos brazos a lo largo de la cama. Por lo menos Inuyasha había tenido consideración de desaparecer de la habitación. No quería miradas de posibles recriminaciones y culpabilidad ante lo ocurrido. Aunque lo dudaba…
La verdad, es que sentía cierto vacio mesclado con placer ante la ausencia de su cómplice...
Suspiro con nostalgia de lo de anoche. Lo cierto, es que iba de mal en peor... y si seguía pensando en ello, y por sobre todo deseando repetirlo, lo mas seguro es que muy mal. Definitivamente, muy mal...
La puerta de su recamara abriéndose, la trajo a la realidad. No tenía intensiones de descubrirse o de levantar el rostro por miedo a ver una cara que la hiciera ver su falta y estupidez, y mucho menos quería ver al responsable de su ahora vergüenza.
— ¿aun dormir, Min kära? — Kagome resoplo confortada al saber que era Erika quien se había dispuesto a llevarle el… ¿desayuno? ¿Cuánto tiempo llevaba dormida?
Con rapidez alzo la cabeza y entre el cielo gris que le permitía ver la fina abertura de la cortina no pudo apreciar nada de tiempo exacto. Erika se acerco a la ventana y las abrió provocando el rechazo de Kagome como si fuera un vampiro, instándola arrellanarse en sus colchas.
— No, pero las ganas de volver hacerlo no me faltan — soltó un quejido gutural y se acomodo en la amplia cama escondiendo el rostro en el almohadón.
— poder ver, que ya no sentir molestias.
— ¿Por qué lo dices? — pregunto sin quitar su rostro de donde estaba.
— hace meses dormir mal. Ni pequeño David provocar cansancio como para despertar antes del mediodía.
— ¿mediodía? — bufo y estiro la mano a la mesa de noche a lado derecho y tomo el reloj de bolsillo que ella tenia muy bien guardado en la cajonera — ¿las 10:45? ¿Qué demonios…? Esto esta malo — dijo incrédula volviéndose acomodar.
— No esta malo — dijo la mujer pasando al sueco —. Inuyasha se levanto muy temprano, y se encargo de pedirme que nadie te molestara. Quería que descansaras, ya que según él: tú le permitiste ayudarte en tus labores. Ahora él esta en el campo registrando, viendo… no recuerdo.
— Inuyasha… — trago saliva incomoda e incrédula. Se sentó en la cama e intento acomodar las ideas poco claras en su cabeza para poder decir algo coherente, cosa que dudaba — él… — volvió a tragar olvidando el sueco —, ¿él está en el campo? — Erika asintió mientras servía el té — ¿trabajando? — Ella volvió a sentir —, y… ¿se levanto temprano? — Erika divertida, acercándose con la taza en mano, asintió de nuevo — ¿en serio?
— Muy en serio — contesto la mujer en su idioma natal acercándole la loza. La señora Svensson se volvió y del cuarto de vestir tomo un camisón de fino encaje y se lo entrego para que se lo colocara —. Inuyasha se veía muy energético. Y ni hablar de su excelente humor ¿las cosas están bien?
— ¿bien? No sé de que hablas — hablo en el idioma de la mujer.
— mmm — se gano a su lado haciéndola sentir tan pequeña e indefensa... Y con cuidado de madre le ayudo a cubrir su desnudes —. Tu cuando duermes, o lo haces vestida ó con camisón. Y la noche no estaba como para dormir… sin nada — Kagome mostro un evidente sonrojo e intento desviar la mirada —. Discúlpame, mi querida. No quería…
— No te preocupes — le dijo la joven intentando recomponerse —. Sería absurdo negar algo, si me has encontrado en este estado… y además, eres la única con la cual me atrevo hablar, a decir verdad. Mis primas al enterarse de que sucedió anoche, estarán al punto de planificar una fiesta y me llenaran de felicitaciones por algo que considero no como para ello. Y mis hermanas… — suspiro con pesar — Tal vez tomen partido por mis primas. Aunque dudo Jade… No lo sé, y no quiero saberlo.
— ¿qué harás?
— no sé. Temo dejarme llevar y no ver las cosas como son realmente. Extrañaba a Inuyasha en amplios sentidos, lo reconozco. Pero, no estoy dispuesta entregarme por menos de lo que exijo.
— y eso… ¿Qué sería?
— amor.
Erika sonrió ampliamente y le tomo la mano. Por un segundo estuvo dispuesta a decirle que no tendría que esperar, ya que el joven, por lo que descubrió, si la amaba y mucho. Pero consideraba que aquello era algo que él debía decirle, ya que Kagome deseaba escuchárselo a él y a nadie más.
— Y aun no lo perdono por haber desaparecido tanto tiempo — agrego con evidente molestia.
Había planeado dedicarse de lleno al trabajo, pero apenas David apareció en la sala de juegos en brazos de su niñera, no pudo más que dejar todo de lado y dedicarse solo a él. Total ¿que era un día sin ver documentos? Estos seguirían ahí, atormentándola luego.
Luego de una larga visita junto a David a la tribu, jugo y disfruto de la compañía de los otros menores de la casa en el jardín. Los hijos de Erika se habían sumado un poco incómodos y temerosos, en especial el mayor, pero este al ver que su hermano menor se pegaba a Kagome con cariño después de que ella lo llamar y al ver como ella lo recibía del mismo modo sentándolo en su regazo, el pequeño se dejo.
Jack y Judy, siempre inseparables, también se sumaron a ellos. Juguetearon con el pequeño embobadas, hasta que este cansado, exigió ser llevado a su recamara.
La paz se respirada alrededor de Tres Caballos, y Kagome rogaba porque así se mantuviera. Suficiente tenía con su lucha interna despertada desde la noche, como para mas remate tener que lidiar con asuntos exteriores.
Estaba cansada emocional y físicamente a pesar de no demostrarlo. Aunque no como para no compartir con los suyos; sí con el tener que arreglar entuertos que se presentaban, y la enfermedad de Vida en el Bosque sumado a la "solicitud" del ejército. De la cual, aun no encontraba una solución astuta como para escapar de aquello.
¿Cómo proteger a los suyos, sin que la conciencia le recuerde a diario una falta a sus principios? No lo sabía, y miedo hacia el futuro era lo único que obtenía como respuesta.
Si antes su apetito había disminuido, con esto, se encontraba peor sin siquiera tocar su plato durante la mesa.
Sus tíos se habían ofrecido en ayudarla colocando a su disposición del dinero de ellos si era necesario, sin embargo, no era una cosa de dinero. Ella tenía en su cuenta y contable en caja lo bastante como para levantar esa finca una y dos veces, era la masacre india que se iba a producir, y justo cuando Vida en el bosque estaba en su proceso de transición hacia el otro mundo.
Y de solo pensar en que él la dejaría…
Manteniéndose en un estado fuera de sí, con la mente totalmente en blanco, ni cuenta se dio de Inuyasha había ingresado a la habitación. Y al parecer él tampoco se había percatado de su presencia. La salita de juegos estaba a oscuras porque ella lo exiguo así, le bastaba con la luz del cuarto del bebé que se filtraba por la abertura de la puerta.
El golpe de carpetas chocando contra el mueble del escritorio la hizo reaccionar, y pudo reconocer a la perfección la silueta que se desplazaba en dirección al cuarto del infante. La puerta se cerró dejando todo en penumbra y en absoluta soledad, y con completa curiosidad, y creyendo que no sería sorprendida –aunque poco le importaba si ocurría-, se dirigió hacia los papeles.
Prendió las velas de un candelabro y lo acerco al escritorio. Eran unas carpetas de contabilidad que…
— Buenas tardes — Kagome se exalto y se corrió asustada del escritorio, sintiéndose inmediatamente estúpida por ello al ser la dueña y señora, y además, estaba en su maldito sector privado.
— Buenas tardes — respondió la joven volviendo acercarse a los papeles luego de una reprimenda mental.
Inuyasha se acerco a su lado apegándose a ella sin alertarla, y manteniendo la mirada en la joven, dejo otros documentos que acababa de sacar sobre el escritorio.
— Te ves mas descansada — le dijo en el oído —. Eso es bueno.
La joven carraspeo la garganta y se alejo de él instalándose en el otro extremo del mueble simulando revisar documentos para pasar el nerviosismo provocado.
— Eh… veo — comenzó a decir con cierta dificultad —, que has estado… ocupado.
— Así es — contesto ocultando su sonrisa —. No niego que el trabajo de campo es bastante interesante, por así decirlo, y me es atractivo — suspiro —; pero lo administrativo es lo mío. Mal de familia se le podría considerar.
— por lo visto, si… Me percate anoche — frunció el ceño e incómoda recordando lo sucedido luego de su… conversación —, que habías encontrado los documentos que necesitaba.
— Si — con rapidez se acerco a los archivos y saco una serie de papeles y carpetas —. Me costó un poco saber que era lo que estabas haciendo, y estabas ocupada como para ir a molestarte con una simple consulta. Así que, revisando por aquí y por allá, vi que estabas tratando de sacar el costo del ganado.
Kagome se mostro sorprendida ante la habilidad demostrada.
— Sí — afirmo ella —. Los Murray revolvieron una serie de facturas y documentos referente a la compra y venta tanto de ganado como de insumos para estos (por si te habrás dado cuenta); lo que me ha complicado la existencia. Sin ellos claros, no sabré cuanto ganado se tiene ahora. A menos de que vaya a contarlo — Inuyasha coloco los ojos en blanco al oír aquello, ya que por lo que había descubierto, tenían más de 25.000 reses esparcidas por diferentes explanadas —. Y necesito saber cuánto hemos gastado por ellos. Lo que no ha sido poco, a causa del duro invierno que nos toco.
— Te agradara saber, que ya lo tengo casi listo — una mirada de incredibilidad basto para que él se corrigiera —. Bueno — ella bufo y volvió su atención a los papeles —, falta todavía inventariar tres bodegas e ir a ver las reses que están enfermas.
Ella alzo la vista y lo penetro con la mirada hasta dejarlo petrificado por la severidad con que lo hacía.
— ¡¿Reses enfermas? — exclamo Kagome.
— calma…
— ¡¿De qué demonios hablas? ¿Por qué nadie me informo?
La tomo de los hombros y la hizo mirarlo, pero ella no entendía de suplicas. Estaba enardecida, se sentía pasada a llevar y para mas remate, la acumulación de emociones que había tenido que trabajar para contenerlas, no mostraban interés en quedarse en su interior ya que estaban dispuestas a salir y todas de una sola vez, convertidas en ira. Y para mas remate, él la había tocado… ¡oh Dios!
— ¿calma? — Le dijo alejándose de él — ¿me pides calma? Una sola res enferma puede ser algo no tan preocupante y lo dejaría pasar si los peones lo solucionan. Pero si me dices "reses" ¿Cómo quieres que no me preocupe? La economía de la finca depende del ganado en gran parte, y si hay una maldita epidemia… ¡¿Cómo demonios quieres que me quede tranquila? Si incluso esto puede afectar a los otros animales.
— John las vio — ella resoplo y se volvió hacia la ventana y se cruzo de brazos sin interés en bajar sus humos, por lo que él se armo de eterna paciencia —. Por lo visto, unas vacas estaban con las ubres afiebradas.
— ¿mastitis? — musito sin salir de su estado imaginándose lo peor de todo. Inuyasha se acerco por detrás y la abrazo con suavidad y luego la apretó más hacia él. Y ella, incomoda a causa de la apremiante necesidad de sentirlo cerca y por sentirse confortada, se separo de él.
— John dijo eso — soltó Inuyasha acompañándose con un suspiro —, pero esperaba no haber llegado tan tarde. Me conto que les limpiaron bien y las ordeñaron para vaciarles las ubres. Tengo entendido que luego les iba aplicar unos emplastos para desinfectarles. Por lo que oí, es algo peligroso.
— Algo que ninguna madre se salva… — musito y, ya mas aliviada y calmada, se volvió a él.
— ¿porque lo dices? — pregunto él.
— no es una enfermedad dada solo en los animales. Muchas mujeres han muerto por lo mismo.
Sintió la mirada tensa y alarmada de Inuyasha sobre ella, provocando que su corazón se sintiera acongojado.
— tú… — musito él con dificultad intentando acercársele.
— tomo las precauciones correspondientes. Ala Blanca me enseño bien.
— aun así…
— Aun así, David se encarga de vaciarme hasta darme vuelta — soltó una suave risita mientras con la puta de los dedos hurgueteaba los papeles sobre la mesa —. No hay de qué preocuparse.
— ¿me lo aseguras? ¿Me prometes que nada te sucederá?
No sabía que sentir en ese momento. La mirada de él era tan intensa y a la vez preocupante, que la hacía sentir pequeña y vulnerable, pero especialmente, quería sentirse protegida por él.
— Lo prometo — se atrevió a musitar.
Él sonrió. Tal vez percibió la tensión que se estaba formando entre ellos efecto de la atracción innegable, ya que su mirada fue tan intensa que prácticamente le corto el aliento a la joven. Sin embargo, Kagome con gran trabajo corrió la vista y se acomodo detrás de su escritorio.
— Si me explicas que llevas hecho — carraspeo la garganta al escuchar su propia voz más ronca —, podremos terminar antes con mi ayuda — él sonrió seductor. Tomo los documentos y los ubico frente de ella.
Luego de acercamientos disimulados por parte de él y de que ella intentara con gran esfuerzo concentrarse en lo que se le explicaba, Kagome suspiro agotada mentalmente.
— No veo conexión alguna — señalo la joven luego de una larga explicación.
Inuyasha con un movimiento rápido le dejo encima otro papel que ella había descartado sin darse cuenta.
La joven lo tomo y observo al detalle, comparando y analizando datos.
— ¿y? ¿Qué opinas? ¿Te cuadran ahora?
— bueno. Si lo expones de este modo… si. Está correcto.
— me place saber que te soy de ayuda.
Y ahí estaba la mirada de nuevo. Se sentía mareada de un momento a otro, y al alcohol ya no podía culpar, tal vez si a la falta de alimento a pesar de saber que el verdadero causante de aquella sensación de vértigo estaba a tan solo unos centímetros de ella ¿en qué momento se había acercado tanto? Poco importaba ya, lo único importante era cuanto tiempo se iba a tomar para besarla. Si es que eso tenía planeado hacer, y como deseaba que si…
Y nunca lo sabría, ya que el momento se había cortado. Jade ingreso sin anunciarse –costumbre que últimamente se le había contagiado de sus primas-, y no mostro intensiones de retirarse sin dejarse notar.
Cruzada de manos contra la puerta abierta, sin mirarlo, esperó que Inuyasha se retirara. Algo que él no hizo de muy buen grado.
Él paso a su lado y con una leve inclinación de cabeza, se retiro.
La mirada confusa y a la vez decepcionada de Kagome no paso inadvertida para Jade, sin embargo no realizo comentario alguno sobre ello, simplemente dijo:
— la cena está servida.
Kagome no tuvo idea de cómo sobrevivió a la cena. Recordaba haber bebido algo que le sirvieron, de lo cual tampoco tenía idea que era o quien fue que se lo coloco enfrente una y otra vez. Sin embargo, ahora se sentía mucho más calmada y… ¡feliz!
¿Podía creerlo? Estaba feliz… se sintió guiar hacia las escaleras como si estuviera en una nube flotando de felicidad, y luego ser llevada a su recamara. No tenía idea de quién era el atento. Recordaría averiguarlo al día siguiente para agradecérselo.
Creyéndose sola en su habitación luego de oír la puerta cerrarse, acompañada de algunos tambaleos, se fue despojando de cada una de sus prendas de vestir; partiendo por sus botines. Los cuales los lanzo a su espalda sin preocuparse de donde callo. El resto, fue fácil.
Gracias a su indumentaria cómoda, así mismo era para deshacerse de ella. Solo quedo con la enagua, de la cual le dio pereza quitarse. De un tropezón cayó sobre la cama y con un leve forcejeo, intento sacar las colchas para meterse entre ellas, pero nada logro. Kagome estaba demasiado aturdida como para coordinar algo, especialmente para ver que tenía que levantarse un poco para lograr lo deseado, así que simplemente tiro su brazo a un extremo y desarmo la cama de ese lado llevando las cubiertas hacia ella.
— bendito paraíso terrenal… — musito con un prolongado suspiro.
Y desde ahí, todo fue placer…
A la madrugada, una leve molestia estomacal la hizo entrar en sí. Con un quejido se acomodo a su lado derecho de mala gana. Unos retortijones se dejaron oír, y para mas remate la cabeza le dolía como nunca, sumándole la sed presentada, como si estuviera con las típicas molestias del exceso de alcohol. Gruño sin creerlo posible, ya que no recodaba haber bebido como para encontrarse en tal estado. Bueno, recordaba haber tomado una o dos copas de oporto durante la cena, pero nada más. A decir verdad, no recordaba nada más luego de eso…
Se volvió acomodar en la amplia cama, y apenas intento alejar la molestia con sus pensamientos, se topo con una sombra oscura a unos cuantos milímetros de ella.
Si otra se hubiera encontrado en sus zapatos, habría gritado como loca, y si lo pensaba mejor, era lo correcto. Sin embargo ella, era Kagome Higurashi y no se caracterizaba por ser alguien que solicitaba ayuda, y menos de manera escandalosa.
De modo automático metió la mano debajo de la cama y saco su revólver que siempre mantenía entre las tablas y el colchón, y todo en caso "dé", y este era definitivamente un "dé".
El simple chasquido del arma lista para disparar a solo una cortísima distancia, alerto al intruso y este solamente se digno abrir los ojos con absoluta calma, permitiéndole a la joven reconocer el intruso-no tan intruso.
Por un demonio… ¿Inuyasha?
Las molestias pasaron a segundo puesto.
— ¿te perdiste de habitación? — dijo la joven en un alarmante susurro.
Él a través de la tela de su camisa sintió el frio metal del cañón.
— ¿tienes planeado dispararme? — pregunto él manteniendo la calma y la vista fija en ella.
— depende.
Este sonrió de medio lado entre las sombras.
— y yo que creía que, sucedido luego lo de hace unas horas no sería de extrañar el estar aquí.
Ella titubeo lo dicho y lo proceso una y otra vez, sin encontrar nada en su revuelta cabeza aparte de un molesto dolor.
— No sé de que hablas — dijo con firmeza.
— ¿no? — soltó con evidente desencanto.
— ¡no! Si lo supiera, no lo preguntaría ¿no crees?
— por Dios. Difícil no recordar una noche como la de hoy ¿estás segura?
Ella palideció de tan solo imaginarse que la situación se había repetido, y que ella no recordaba absolutamente nada, ni siquiera si lo había disfrutado… ¡calla! No podía creerlo, estaba más preocupada de eso que del hecho de que Inuyasha se había aprovechado de su… ¿de su qué? Ni siquiera tenía idea de qué diablos le había ocurrido como para haber quedado esas horas de su vida en el olvido. Pero de que se había aprovechado, lo había hecho.
El tejado de vidrio, lo cubrió con un inmenso bloque de roca pulida.
— si ves, estoy completamente vestido.
Lo observo a través de las sombras y pudo corroborar lo que le decía. Lo único que faltaba, era la chaqueta y las botas, incluso, ahora que lo veía bien, no se había tapado a causa de que ella tenía toda la ropa de cama envolviéndola como un capullo, haciéndola sentir un cierto grado de remordimiento debido a lo fría que estaba la noche...
Y ahí estaba otra vez. Dejándose llevar por los malditos sentimientos.
— eso dice… eso dice nada.
— si quieres creer que me aproveche de ti mientras estabas inconsciente, lamento decepcionarte.
— De todos modos, ¿cómo explicas el que tú estés aquí y yo… así? — señalo su atuendo mientras con un sorpréndete pudor se cubría.
— Bueno… — lo vio dudar y sonreír con picardía mientras observaba la parte cubierta de su cuerpo, y Kagome enancho los ojos al no poder creerlo, pero luego él río divertido —. Todo tiene su debida explicación.
— dilas entonces.
Inuyasha guardo silencio mientras se acomodaba sobre la cama. Se estiro a lo largo, cruzo sus piernas y paso sus brazos por detrás de su nuca mostrando una actitud de completa relajación.
— ¡¿y? — soltó ella en estado ya de exasperación.
— y… anoche bebiste de mas y yo te traje a tu habitación. Y si estas solo con tu ropa interior, yo no tuve nada que ver en ello. Todo lo hiciste tú. Te desvestiste y luego te acostaste. No te toque un solo cabello. Aunque… pude haber mirado un poco.
Él sonrió.
— con que… borracha ¿eh? — Inuyasha asintió divertido —. Y… ¿debo suponer que te quedaste para velar mi sueño?
— lo iba hacer de todos modos desde la comodidad de esa silla, pero tú me exigiste que no me alejara de ti. Por lo que me quede a tu lado. Quieto en el mismo lugar, como el caballero que soy.
Ella enarco una ceja ante las últimas palabras, y estuvo a punto de bufarse.
Él carraspeo la garganta al sentir el arma aun apuntándolo.
— ¿aun piensas dispararme? — pregunto Inuyasha. Pero la pregunta quedo en el aire por varios segundos, ya que Kagome no mostraba intensiones de responder. Sin embargo, que el martillo del revolver volviera a sonar, era respuesta suficiente. Su cuerpo, iba a mantener los agujeros de siempre.
La observo levantarse y quedarse enfrente del mueble de noche, para luego dejar su arma sobre él. Luego la vio ir a su cuarto de ropa perdiéndose por un buen tiempo, hasta que reapareció completamente vestida.
— ¿Qué rayos haces? — Exclamo Inuyasha al tiempo en que se sentaba de un brinco — son por lo menos — realizo una pausa mientras veía su reloj de bolsillo el cual había dejado en la mesita de noche en su lado de la cama —, las cuatro de la madrugada. Aun es temprano.
— dile eso a tu hijo. Debe tener hambre ya — se ajusto la faja y arreglo la blusa.
— hambre podrá tener, pero eso no requiere de que te vistas para ir a verlo.
Lo miro a través del espejo y sonrió divertida ante su exagerada -para ella- preocupación.
— Duerme si quieres. Yo tengo muchas cosas que hacer, y las vacas enfermas es una de mis pocas preocupaciones.
Ella desapareció al instante.
Entre curiosidad y preocupación fue lo que motivo a Inuyasha a mantenerse a la espera de ella en la entrada de la cocina. Y para su sorpresa, no estarían solos. Un grupo de hombres a tales horas se encontraban ahí también, en los cuales, los irlandeses los capitaneaban.
— ¿el novato, temprano? — escucho decir la inconfundible voz de los irlandeses. O mejor dicho, de Trevor, quien más lo fastidiaba a penas encontraba la ocasión.
— por lo visto — le escucho a otro de los trabajadores dirigirse al pelirrojo —, esta logrando quitarte algo ma' que la atención de la dueña.
Varios rieron, incluso el mayor de los Murray en contra de su propio hermano.
Varios comentarios se dejaron oír y los mozos de cuadra aparecieron con los caballos, justo al tiempo en que Kagome se dejo ver.
Cuando paso a un lado de Taisho, solo lo miro unos segundos sin siquiera expresar sorpresa. Por lo visto esperaba encontrárselo ahí, provocando comodidad en él. Luego continúo su rumbo internándose entre los hombres.
Los hombres se dirigieron a sus caballos, dispuestos a seguirla e Inuyasha iba hacer lo mismo, pero Kagome se lo impidió quitándole las riendas del corcel.
— traigan a Roble y regresen al Pura Sangre a su corral.
— Kagome — la llamo Trevor dándole a Inuyasha una mirada de malicia —. El mocito ya está acostumbrado a ese — señalo el pura sangre ingles —. Un caballo de no tan buena clase como lo es Roble, puede que le incomode a su trasero noble
La joven enarco una ceja y lo miro con los ojos entornados.
— Tu último comentario lo dejare de lado, ya que si recuerdas, soy hija de nobles. Lo que me coloca en la misma posición que él, lo mismo que mi hijo — Kagome suspiro intentando calmarse —. Pero si lo consideras no tan apropiado… puede que tengas razón — sonrió con exagerada ironía —. Entrégale la yegua parda — ordeno al jovenzuelo de los caballos.
— ¡¿Caramelo? ¿Mi yegua? — exclamo encolerizado Trevor.
— sí. Tengo entendido de que los irlandeses se caracterizan por ser buenos con los foráneos. Ó ¿me has mentido todo este tiempo? A demás, tengo entendido de que Inuyasha ha hecho durante un mes tu trabajo sin ningún problema, inclusive el mío. Ni siquiera es necesario que vayas; pensándolo bien.
Kagome ensancho su sonrisa al saber que había ganado, y Aidan, no se mostro para nada solidario con su hermano.
— Tú te metiste en las patas de los caballos, Pequeño — Trevor solo gruño y le tiro la rienda a Inuyasha y se dirigió a la espera del otro caballo.
Inuyasha no se veía muy a gusto con lo sucedido; lo había defendido, algo que hería su orgullo masculino y a la vez lo enaltecía, pero de todos modos, no era necesario todo ello, y se lo dejo ver de inmediato a la joven mientras ella daba un par de órdenes.
— debiste haberme dejado montar el caballo de Jack.
Kagome le indico al joven mozo que se alejara y con tranquilidad se volvió a Inuyasha.
— no. Bien Apuesto no conoce el terreno como los otros caballo de la finca, y Caramelo es perfecta para donde vamos.
— ¿Bien… Apuesto? ¿Así se llama el caballo? Por un demonio… — exclamo entre divertido y horrorizado.
— creí que Jack te lo había dicho.
— creo que lo hizo… solamente que…
— lo tomaste como un cumplido hacia ti. ¡Dios! — No sabía si darle la razón o reír ante su exceso de confianza, a pesar de que tenia sentido el que lo sitiera así —. Te informo que el caballo se llama así.
— bueno, ahora lo sé.
Kagome rio y con un suave silbido, se volvió hacia el corcel que a toda velocidad apareció ante el llamado.
— Será mejor irnos — su mirada sonriente cambio al instante, y se volvió hacia los hombres dirigiéndose a Sansón —. En tres horas debo regresar, caballeros. No hay tiempo que perder.
Todos se dispusieron a emprender camino, sin embargo, Kagome se quedo rezagada, por lo visto a la espera de algo o alguien.
Inuyasha se quedo a unos pasos de ella esperándola, y a los minutos después apareció la señora Erika con una alforja, pero al ver la expresión entre sorprendida y divertida de Kagome, él comprendió que no era a la sueca a quien la joven esperaba.
Hablaron un par de segundos, en donde al final vio a la mujer alta reír divertida e ingresar a la entrada. Kagome siguió esperando por un tiempo, hasta que sintieron un suave relincho al otro lado de la casa, por lo que Sansón respondió con uno más fuerte.
La joven acomodo las alforjas en el corcel y a galope, intento dar alcance a los trabajadores.
— ¿a quién esperabas? — pregunto Inuyasha de inmediato apenas le dio alcance.
Kagome solo agito la cabeza indicando hacia atrás y él se volvió, viendo como la yegua Andaluz blanca les seguía de cerca sin dificultad alguna.
— ¡Fase uno, completada! — le dijo la joven sin disminuir la velocidad de Sansón indicando a la yegua, e Inuyasha no pudo evitar sonreír.
Sansón había logrado atraerla, y a Inuyasha se le estaba pasando por la cabeza la loca idea de preguntarle su estrategia. Bufo. Demasiado loca…
Una serie de acantilados bordearon en plena madrugada. Y él que creía que solo la oscuridad debía preocuparle. Pero Kagome tenía razón, la yegua parda era hábil y cuidadosa, se limitaba en seguir a Sansón, el cual seguía las órdenes de Kagome, e Inuyasha, solo se preocupaba en mantenerse sobre la potranca.
Luego de prolongados y eternos minutos, cambiaron de rumbo. A los hombres los habían alcanzado en el segundo recodo entre el bosque y el mar, ya que por algún motivo, no querían seguir su avance sin la joven liderándoles.
Y al llegar a una amplia explanada, comprendió porque.
Tenía más que claro en donde se encontraban, y si no fuera porque había visto dibujos de las viviendas, la indumentaria de la gente que se dejaba ver, era más que suficiente para dejarle claro, que estaban donde los Cherokee amigos de Kagome.
Observo a la joven y la mirada de ella se volvió radiante en alegría.
— ¿son…? — musito Inuyasha sin creerlo.
Varias veces le había solicitado a John llevarlo, pero este siempre encontraba una excusa para oponerse, y ahora, que sin siquiera esperarlo estaba en aquel mundo totalmente ajeno al resto.
— Los Cherokee — agrego con dulzura Kagome.
Todos se detuvieron al otro lado del riachuelo, simplemente esperando.
Kagome se adelanto y se volvió hacia ellos, observando a cada uno deteniéndose finalmente en él. Lo observo unos segundos y luego continuó con su destino.
— Deberías seguirla — le escucho a Aidan decirle.
— no creo…
— No creo que le guste que la hagas esperar — completo este cambiando el sentido de lo que Inuyasha diría.
Taisho se volvió y pudo ver como ella se había detenido apenas había cruzado el cauce, por lo visto a su espera.
Solo dejo que la alcanzara y que le siguiera el ritmo, no le hablo ni mucho menos lo miro, emprendiendo rumbo hasta que alguien a trote calmo les salió al alcance.
Para ser un hombre no tan alto, era apuesto y de fuerte presencia. Su contextura delgada pero fibrosa era engañosa. El que llevara el pecho descubierto, hizo que Inuyasha con el ceño fruncido se volviera hacia Kagome queriendo ver si en ella había despertado algún tipo de reacción.
La joven descendió y se le acerco al hombre de melena suelta y pecho descubierto. E Inuyasha, le siguió con rapidez, queriendo decir a él de ese modo que ella le pertenecía. Algo absurdo, ya que el indio no mostro ningún interés en ella aparte de una posible amistad. Incluso, Kagome ni siquiera se mostraba afectada ante la falta de prendas en el hombre, demostrándole lo acostumbrada que estaba en ver aquello.
Los escucho con atención cada palabra que decían y observo al detalle cada movimiento de manos con el cual realzaban las palabras dichas. Ambos se habían olvidado de su presencia, hasta que el indio se detuvo en él.
Y con un movimiento de cabeza, hizo que Kagome se volviera a Inuyasha, haciéndola caer en su descortesía.
— Inuyasha, él es… — intento presentarlos regresando al ingles.
— Oso Negro — completo Taisho en Cherokee, despertando en ambos sorpresa y a la vez admiración.
— Ver que, Cielo y Mar a la Vez hablar Cherokee — dijo el hombre en su idioma natal.
¿Cielo y Mar a la Vez? Le había escuchado antes a John llamarlo así, sin embargo, este nunca le dijo cual era el motivo de tal nombre, y mucho menos quien se lo había colocado, ya que en un momento se le había salido que toda la tribu lo conocía como tal: Cielo y Mar a la Vez.
El nombre le agradaba, era melodioso al oído, y quizás algo seductor si fuera pronunciado por una voz femenina… Cielo y Mar a la Vez…
La voz de la joven retumbo en sus idos pronunciando aquellas palabras de un modo cautivante y envolvente, trayéndole recuerdos de cuando las cosas entre ellos, en Londres, estaban mejor.
Llevo la vista hacia ella, y como si una flecha electrificada por un rayo le hubiera dado en todo el pecho, reactivo ideas dejadas de lado a causa del comportamiento de ella hacia él.
Podía ser que el amor no la haya dejado. La pasión se mantenía, pero eso no era suficiente para permitirle a ambos la dicha de uno al otro.
Oso Negro se volvió hacia unos indios que se dejaban ver y se dispuso hablar con ellos.
— Tengo entendido, de que John te ha estado enseñando Cherokee — le dijo la joven sin quitar la vista en los hombres que discutían ante la flojera de uno de ellos al levantarse.
— así es. Ya tú saberlo, por lo que ver ¿por eso permitir acompañar?
— Nada mejor para aprender rápido — los interrumpió Oso Negro —, que hablar con otros Cherokee, Cherokee.
La joven sonrió como si recordara algo.
— Oso Negro ser un maestro muy exigente. Golpearme cabeza cada vez que me equivocaba.
El hombre río a carcajada limpia mientras que a Inuyasha se le desfiguraba el rostro de espanto ante ello.
— tú ser buena aprendiz, Ojos de Gato. Aprender rápido. No darte demasiados golpes.
Ambos rieron, e incluso Inuyasha se contagio y termino esbozando una sonrisa.
— yo creer Vida en el Bosque enseñar.
— y hacerlo, también Ave que Patea. Aunque, muy malo para enseñar. Vida en el Bosque pedirle a Oso Negro enseñarme. Él — señalo al indio enfrente de ellos — ser hijo de hermana de mujer de Vida en el Bosque.
— Ser, dos — los señalo a ambos, y al no encontrar la palabra adecuada la dijo en ingles —, primos.
Oso Negro asintió y le dio la palabra en Cherokee que significaba "primos".
— él… ¿sabe hablar en ingles? — pregunto sorprendido volviendo a su idioma. Por lo que Kagome lo forzó a regresar al Cherokee sin dejar de hablarlo, pero este estaba tan ensimismado, y sufriendo ante la falta de palabras que continuo.
— gran mayoría, saber "ingles" — le dijo Kagome —. No hablarlo, por gusto a su propio idioma.
— fue así como supiste lo que ocurría con Erika. Ó ¿me equivoco?
— Hombres soldados — dijo Oso Negro —, no poder detener lengua. Decir todo en cosa de poco tiempo; no costarme entender que suceder.
— tú… — carraspeo garganta y continuo, pero en Cherokee — tú ser Cherokee ayudarla — Este asintió y se dirigió a la joven —. Él escuchar todo, decirte luego y tú poder ayudar.
Kagome solo sonrió como modo de asentimiento y agrego, pero en ingles al Oso Negro ser llamado por otros.
— Trevor hablarme de los Suecos. Por lo que falsificar un contrato no costo tanto. Nos bastaba con el simple apellido, y yo justo ese día estaba revisando documentos de contratación y había dado con uno en blanco, y por algún motivo, el cual no recuerdo, lo deje firmado. Y Oso Negro me dijo que los soldados estaban hablando de que ella (supuestamente), iba a trabajar para mí como cocinera.
Con que esa era la parte que le faltaba de la historia para completarla.
— Mujer alta y de cabello de sol — dijo Oso Negro —, estar muy alterada, y temer nosotros de que ella perder hijo por lo mismo… — la vista del indio se perdió entre el arrebol del horizonte y su ceño se frunció al intentar identificar algo que había atraído su atención —. Perro-Demonio, estar aquí.
Kagome se volvió con urgencia, y con espanto reconoció la enorme bestia obscura que jadeante se acercaba a ellos.
— ¡Rosco! — exclamo la joven apenas el can se lanzo sobre ellos y este intentaba tener tanto la atención de Kagome como de Inuyasha. Luego curioso, mientras ella trataba mantenerlo junto a sí, se dedico a olfatear a Oso Negro, quien con una mirada inescrutable lo observaba al detalle.
— Ahora entender — les dijo el indio luego de un prolongado silencio —, porque Vida en el Bosque temerle. Yo estaría igual de asustado si encontrarme en mi transición al otro mundo con tamaña bestia.
La mirada de Kagome se ensombreció y dejo de prestar atención al resto de la conversación. Incluso, no atendía a las llamadas tirantes del perro.
— él… ¿duerme? — susurro la joven.
— No — contesto el indio —. Muy mala noche. Atormentado. No lograrlo.
Se volvió hacia Inuyasha con una mirada suplicante.
— ve a Rosco, por favor. No le permitas seguirme.
Este asintió y la vio marcharse hacia el interior de la tribu, ingresando luego en la tienda de tamaño mediano aun lado de la más grande.
Inuyasha se dedico a hablar con Oso Negro, pero siempre pendiente de la pronta salida de la joven. Algo de lo que no tuvo que esperar demasiado, ya que entre unos fuertes gritos provenientes de la tienda, Kagome salió al instante quedándose quieta donde mismo. Y las palabras en grito de un hombre — ¡DEJAME MORIR! — hizo que la joven corriera en dirección al bosque perdiéndose entre las sombras de los arboles.
No supo cuanto tiempo se desplazo entre el bosque, y tampoco le importaba. Las palabras de Vida en el Bosque hacia ella le dolieron como nada en mucho tiempo — ¡por tu culpa los espíritus no quieren venir por mí! Tú se los impides, Ojos de Gato. ¡Déjame morir de una vez por todas! ¡DEJAME MORIR!
No había lagrimas, pero el pecho y los ojos le daban la sensación de que si. Apoyo su cabeza contra el amplio tronco del añoso roble y se abrazo a él esperando de algún modo para este absorbiera su dolor.
Las sensaciones calmantes producidas ahí la hicieron suspirar. El dejarse envolver por aquel exquisito mundo, tan antiguo y alejado de toda dimensión, se sentía como si pudiera percibir la sabiduría que ahí se guardaba.
El aroma de los cedros, mesclados con la humedad de la tierra más el proceso de descomposición de las hojas muertas, era relajante y despojante de toda pena. Uno que otro insecto se escuchaba revolotear por los al rededores. Otros ya se dejaban ver iniciando su trabajo de recolección, acompañados por el trinar de algunos pajarillos madrugadores. Aquello era, la perfección.
Otro suspiro se escapo, pero al aspirar el aire faltante, el desagradable olor a excremento animal y a carne en descomposición, le hizo comprender que ya no se encontraba sola. Y que el silencio inundara los alrededores de un instante al otro, era prueba mas que suficiente para serle ver que un depredador se encontraba en las cercanías.
El gutural y profundo ronronear sobre su cabeza era aviso más que suficiente de lo cercano que estaba. Ella, era la presa.
De reojo y con sumo cuidado observo los alrededores. Era un cazador solitario; algo extraño, considerando que ella era mucho más grande que él, como para hacerlo arriesgarse.
Dio un paso hacia tras y aquellos ojos amarillentos no le quitaron la vista de encima. Al cuarto paso, lo vio bajar la cabeza y acomodar los huesos superiores de sus extremidades delanteras. Retrocedio unos pasos más y el felino con infinita lentitud y sin quitarle la vista, descendía de manera vertical por su soporte.
Las garras que firme lo mantenían sujeto al árbol le dejaban ver lo bien que estas le dejarían un par de marcas profundas durante el juego del cazador y la presa, con la que estas criaturas, de modo cruel disfrutaban antes de servirse a la pobre criatura que tuvo la mala suerte de topárselo.
Del grueso pelaje del felino para protegerse del invierno, aun estaba presente, y aun así, se podía ver lo flaco que se encontraba; permitiéndole concluir dos cosas: debía estar muy hambriento (incentivo más que suficiente como para hacerlo arriesgarse), y ella, no tenía intenciones de ser su desayuno.
Retrocedió con lentitud, sin quitarle la vista de encima, y el cuerpo del felino se agazapaba con cada movimiento de ella, disponiéndose al ataque.
No podía creer lo descuidada que había sido. La noche era para depredadores, y el amanecer aun estaba comenzando a dejarse ver, permitiéndole aquellas bestias aun encontrarse en ventaja.
Se detuvo e hizo un inventario mental de su armamento. Cuchillas, que solo le servirían si el animal estuviera sobre ella ó… tenia que ser lo bastante rápida como para lanzárselo. Muy arriesgado ¿Qué mas tenia? ¡Las pistolas! Claro. Ó… no. Rayos. Lo liviano que sentía sus caderas le hizo caer en su falta ¿Cómo pudo olvidarlas?
Claro que sabia. Si Inuyasha andaba cada cinco segundos revoloteando en su mente ¿Cómo iba a coordinar siquiera guardar algo tan importante como las armas de fuego si él la hacia olvidar todo? ¡Dios! Como quería que Inuyasha llegara a salvarla…
Se dispuso a dos planes. El primero correr y gritar; el segundo, enfrentar al maldito bastardo, así este terminara rasgado algunas partes de su piel. Pero de ningún modo, se dejaría morir, así el correr fuera la mejor opción.
Se acomodo, pero no fue lo bastante rápida para el felino. Solo en una fracción de segundos lo vio saltar hacia ella, a la vez que otra sombra se abalanzaba hacia la bestia. Pero no fue suficiente como para impedir que la alcanzara.
Se volvió a mirar, y pudo ver como Sansón, sobre sus dos patas se disponía a pisotear al animal y como un gruñido de otro animal mantenía detenido al felino a la espera del impacto.
Solo basto un pisotón del garañón para que el felino se quedara sin movilidad. Un suave silbido proveniente de la nariz del gato salvaje, la hizo confiarse, haciéndola caer en el sufrimiento del animal a causa de la agonía dolorosa.
Saco su cuchillo e hincándose aun lado del, pronuncio un par de palabras en Cherokee y con precisión, clavo el arma en la yugular, provocándole una muerte instantánea.
Para cuando Inuyasha, montado en Caramelo, dio con ellos gracias a que la yegua Andaluz saliera en siga de Sansón, todo había pasado. La luz pasaba a través de los arboles y Kagome, descalza, se mantenía sentada en una raíz sobresaliente de uno de los arboles.
Suspiro aliviado al ver que todo se encontraba bien. Oso Negro lo había alarmado cuando le dijo que era peligroso salir solo por el bosque a esa hora, especialmente, en el estado en que la joven lo hizo.
Sin embargo, al dar con el felino muerto con un puñal en su cuello, su vista cayó en el aspecto agotado de la joven. Su faldón desgarrado en uno de sus lados y sucio y la blusa abierta del pecho húmeda por la transpiración.
— por el amor de Dios…
La joven alzo la mirada y cayo en la espantada de Inuyasha, por lo que intentando suavizar los aires…
— mi nombre, por lo visto, no me salva de los gatos del monte.
— ¿de que demonios hablas? Te pudo haber matado — a paso veloz se acerco a ella e intento inspeccionarla — ¿te hizo daño?
No respondió, simplemente se dio el gusto de mirarlo entre su examen. Brazos, rostro, torso… nada se salvo de una revisión rápida por parte de él, cayendo al final en las piernas. Y sin autorización previa, tomo el pie descalzo del lado de la tela rajada y la levanto con cuidado. Tres marcas de uñas en la pantorrilla, completamente encarnadas le cortaron el aire.
La miro y ella simplemente le sonrió, como si quisiera decirle que no había nada de que preocuparse.
— el único problema con los felinos — comenzó a decirle —, son las infecciones que transmiten — suspiro y se apoyo contra el amplio tronco.
— ¡debo llevarte a un medico!
— No… — le tomo la mano e hizo que se detuviera en su intento de tomarla en brazos —. No es necesario. Solo, quédate aquí — Inuyasha la observo dudoso. Ya una vez lo había engañado fingiendo estar sana, y estuvo apunto de perderla — Vamos. Siéntate.
Se hizo a un lado y dejo el espacio para que Inuyasha se sentara a su lado, pero este no mostro intensiones de hacerlo.
— Vamos Cielo y Mar a la Vez — le hablo en Cherokee, y este al oírse llamar por ese nombre, se relajo un poco —. Solo un momento. Ala Blanca me proveerá de las hierbas para limpiarme las heridas. Vamos.
Completamente tenso, se sentó sobre la raíz, sin interés en soltar sus músculos. Se veía y se notaba molesto, sin embargo, Kagome lo dejo pasar. A pesar del ardor en la pierna, se sentía tan relajada, que no permitiría que el estado de otros la afectara. Rosco compartió su sentimiento, ya que se acomodo a los pies de ellos y Sansón, se dio el gusto de acariciar a la yegua blanca. Todo estaba en absoluta paz…
— Mi nombre… — la joven se volvió hacia él — ¿tú me lo colocaste?
Ella suspiro. Por lo visto, él no tenía intensiones de disfrutar del momento brindado. Se levanto y se dirigió al felino.
— se podría decir que si — saco el cuchillo y se quedo un tiempo hincada observando el animal —. Fue hace mucho tiempo. Años, a decir verdad — se levanto y con el extremo roto del faldón, limpio el arma al tiempo en que se volvía a él —. Fue luego de que, Ala Blanca me salvara la vida.
— ¿te… salvara la vida?
— Increíble — musito ella en sus pensamientos —. Por lo visto, antes de Henry me había convertido en medio fantasma.
Inuyasha frunció el ceño al no entender el significado de su comentario, a lo que ella continúo.
— eh… ella dijo que desvariaba entre la fiebre, y que… llamaba a alguien. Luego, cuando mejore, con la ayuda de John, ella me pregunto que quien era "Inua-sha" — los ojos de él se cargaron de sorpresa ante la similitud de la palabra con su nombre, pero no realizo comentario alguno, esperaría para luego; ya que no deseaba interrumpirle —. Y como no me sentía capaz de ni siquiera corregirle, solo le dije que: era el modo perfecto de tener el cielo y el mar a la vez en dos esferas. Como mirar el mar y el cielo desde la costa y perderse en la unión producida en el horizonte.
Se volvió a mirarlo y pudo ver la confusión en sus ojos azules, como dos mares profundos y turbulentos.
— Tus ojos — le dijo ella —. Siempre recordé tus ojos. Tan profundos y seductores, que cautivan incluso, a quien no desea serlo. No deseaba pronunciar tu nombre, por lo que dejaba que te llamaran así. El nombre Cherokee, de algún absurdo modo, te hacia sentir mío a pesar de que no fuera así.
El tiempo se detuvo entre ellos, y aquel magnetismo único e invisible les demostró que nunca había desaparecido. Solo le tomo unos pasos alcanzarla. La atrajo hacia él tomándole de la nuca y se dedico a observarle el rostro con infinito deleite; la suavidad de su piel al simple rose de su pulgar en la mejilla… sus ojos, tan maravillosos como únicos. Brillaban con el más dulce sentimiento que la podía motivar a expresarlos a través de ellos, como al mismo tiempo bloquear toda emoción posible…
Cuando sus ojos fueron a dar a sus labios, ya no los pudo quitar de ahí. El momento duro lo que debía durar. La beso con amor y necesidad. Se dio el gusto de saborear ambos labios. Los mordisqueo con suavidad, permitiéndole a ella disfrutar tanto como él en hacerlo. Las lenguas de ambos se encontraron en el momento perfecto, haciéndolos apegarse entre ellos deseando fundirse el uno con el otro.
La tomo desde el torso y la alzo dejándola en el aire impidiéndole cualquier escape, y como único apoyo, él mismo.
La falta de aire los hizo detenerse, sin embargo él no se dispuso a soltarla y ella a que lo hiciera. Se sentía tan bien así, que permitirían al señor tiempo detenerse sin problema alguno.
— Min Kara… — susurro Inuyasha y ella lo abrazo con mayor fuerza.
El que la llamara así, le daba cierta propiedad de sentirse de él…
Un carraspeo la hizo alzar la vista en dirección al disimulado llamado, y Oso Negro, vestido listo para la labor, le indico con una simple señal que debían irse.
La sintió dejar de corresponderle el abrazo, incluso, ya ni siquiera lo hacia. Sintió las palmas de ella contra sus hombros haciendo un poco de presión para que la dejara.
Sus ojos, como muchas veces no expresaron nada, por lo que simplemente la dejo ir al ver que nada lograría…
La joven con una leve cojera se dirigió a tomar sus botines y con ellos en mano se acerco a Sansón.
— te lo obsequio.
El indio guio la vista en dirección a donde se le indico y casi estuvo a punto de reír al ver tamaña sorpresa. Ella era, Ojos de Gato.
Con un dificultoso brinco se monto al garañón y la vio marcharse sin siquiera volverse a verlo.
De nuevo a lo mismo…
Inuyasha busco al indio, encontrándolo hincado observando al animal.
— ¿Quedaras? — señalo al animal y Oso Negro solo sonrió como respuesta.
— tener vieja piel de gato de monté, y esta no estar mal. Poder usar dientes y garras para collar, tal vez los huesos. Aunque padrillo no dejarlo en buen estado, y demonio rasgarle parte de la cola y trasero
— Usar como juguete — comento Inuyasha —. Yo hacerlo en lugar de ellos.
— Ojos de Gato no lo permitiría — dijo casi horrorizado —. Ellos defenderla. Por eso animal en este estado.
— No. Cuchillo de ella ahí — señalo la yugular del animal —. Yo verlo.
— Ella enviarlo a los espíritus. Observa aquí — indico las costillas —. Garañón piso; sangre en nariz demuestra los daños internos. Él, herirlo de muerte, causarle una larga agonía y ella aliviarla.
O sea, si Sansón y Rosco no hubieran llegado, ella ahora… prefería no pensarlo.
— Te comportas como cabello de fuego — Inuyasha lo miro con curiosidad y observo cada uno de sus movimientos. Lo vio tomar el animal, colocarlo sobre sus hombros y sujetarlo de las pastas al tiempo en que se volvía hacia él —. Ese, el que siempre la sigue — a paso rápido emprendieron regreso —. Intentas que ella te vea, siéndole condescendiente. Mal, muy mal. Cambia estrategia. Demuéstrale quien ser el hombre. Demuéstrale, quien ser Cielo y Mar a la Vez. Ella hija de jefe, pero mujer al fin. No le des opción a rechazarte.
Oso Negro se detuvo y se volvió hacia él.
— Entendido — continuo —, que al otro lado del océano mujeres seguirte.
— bueno… — imposible negarlo y su sonrisa de orgullo le dejo mas que claro al indio que era cierto.
— Acá no diferencia. Tú no hacerla, en especial si tienes ventaja.
— ¿De que hablas? — pregunto en ingles. Estaba perdiendo demasiado tiempo buscando las palabras en su cabeza. Pero nunca se imagino que el indio lo imitaría.
— entre los Cherokee existir tradición. Ella ser tu mujer desde día en ella permitirte tocarla, no poder negarlo, con criatura imposible.
— Ella... ¿Mi mujer? — Oso Negro asintió.
— Ella tú mujer — el indio coloco su dedo índice en la sien de Inuyasha y realizo presión ahí —. Recordarlo.
Su mujer. Demostrarle quien era el hombre… debía reconocer, que su idea de ser suave y casi sutil en su trato, no estaba resultando como él esperaba y hasta lo estaba cansando. Debía engañarla para lograr algo, y la verdad, es que no era mucho. Un par de besos solo hacían que se volviera loco, y sentía que ella estaba en la misma disyuntiva, y aquella noche…. Debía cambiar de táctica, estaba decidido. Ser un descarado, como ella le llamaba en antiguas discusiones. Y ahora que recordaba, mal no le había ido actuando así, hasta lo disfrutaban…
Cuando la vio, luego de que Ala Blanca la examinara, dispuesta a emprender marcha hacia la búsqueda del ganado ubicado a unas cuantas millas de la tribu, a pesar de que la mujer le indicara descanso, Inuyasha la cargo a su hombro y la llevo hacia el caballo de Aidan.
El irlandés simplemente se dedico a observar la escena dejando el espacio suficiente para que Kagome quedara acostada en el lomo, y como todo el mundo, tanto indios como los trabajadores; cada uno mostrando sorpresa y diversión. Esta comenzó agitarse y Aidan solo guardo silencio y sujeto las riendas con fuerza al tiempo que la agarraba de la faja para que no se callera.
— ¿Qué planeas que haga, ingles?
— llévala a casa y asegúrate de que no le permitan volver aquí.
Aidan sonrió malicioso y se acomodo en la montura.
— ¡¿Cómo te atreves, Inuyasha? — Grito ella mientras intentaba zafarse golpeando la pierna del irlandés — ¡Aidan! ¡Suéltame!
— cual es el apuro, Higurashi. De todos modos, te quedan unos minutos para regresar.
— ¡maldito mentiroso! — Sabiendo que por lo menos, le quedaba una hora —. Bájame, si no quieres que te castre apenas pueda. ¡Suéltame!
— deja mis futuros hijos en paz, que sabes que de todos modos te llevare.
— ¿te volviste su mozalbete?
— No — se acerco a ella y le susurro —. Pero la vieja me mira con cara de que cumpla con lo que Taisho ha exigido de tan buen grado.
Ella sin intenciones de calmarse, continuo con su griterío, a pesar de que sabia de que él no la soltaría. Pero su pierna, recibiría todo su enojo.
— Yo que tú — le dijo Aidan —, te sujetas.
— vete al demo…
El galope inmediato la hizo parar de despotricar y sujetarse con todas sus fuerzas a la ahora no tan odiada pierna de su indeseable amigo. Como lo odiaba.
Aidan dio órdenes a todos los trabajadores de no entregarle ningún caballo a ella, y que cumpliera si no querían vérselas con él. A los de la casa, lo mismo, aunque las amenazas no fueron necesarias, ya que las tías la forzaron con suplicas calmarse y sus parientes hombres, ellos se encargarían de amarrarla si era necesario. Incluso, estaba hablando de no dejar la salir nunca más.
Inuyasha y los irlandeses llegaron tarde del campo para almorzar. Y luego de esto, solo Taisho se quedo unos minutos mas para dejar a unas criadas unas cuantas órdenes. A lo que Kagome no tuvo idea debido que ahora, se mantenía ocupada de quitarse a sus tías de su pierna.
Pero si escucho cuando Inuyasha le dijo a viva voz, que ya tenía una solución para su problema con el ejército. Sin embargo, ella estaba tan molesta con él, que no quiso preguntar de qué se trataba, y además, esos aires autoritarios que se estaba dando tanto con ella como con el resto, la tenían a punto de explotar.
A causa de que su pierna le dolía como para subir las malditas escaleras, paso todo el resto del día en el primer piso, sentada. La hicieron cambiarse de ropa y lavarse en pleno salón de té, teniendo que lidiar con comentarios sobre su mal humor, y como este podía provocarle que la leche dejara de bajarle.
Gruño exasperada. Y luego de la cena, se dirigió de inmediato a su habitación. Unas criadas salieron de su cuarto de vestir, pero ella no les presto atención.
Se quito la faja de su faldón, saco la blusa de dentro de la falda y mientras se la desabrochaba ingreso a su cuarto de vestir y saco uno de sus tantos camisones.
Se despojo del resto de ropa y con rapidez, se coloco la renda de dormir. Del banquito centrado de la habitación recogió su bata y se dispuso ir acostarse, sin embargo, cuando estaba atravesando hacia la habitación cayo en la prenda masculina que se mantenía colgada en una de las perchas. La observo con detenimiento y no se equivocaba. Recordaba haberla visto antes, sin embargo no recordaba en donde, o mejor dicho, en quien.
— ¿Qué significa todo esto?
Volvió sus ojos al cuarto, topándose con una serie de prendas de uso varonil. A decir verdad ¡la mitad del vestuario era de hombre! ¿Qué demonios? ¿Una mala broma? ¿Alguien intentaba decirle algo con esto? Porque apenas encontrara al reponsable…
— Buenas noches — le escucho decir a Inuyasha desde la puerta.
Se volvió a él y observo cómo se acercaba al cuarto de vestir y sacaba una de las prendas masculinas que ahora había.
— buenas noches serán para ti, ya que yo no le veo nada de bueno.
De brinco en brinco se acerco a la cama y se apoyo a uno de los pilares.
— ¿en serio? — escucho preguntar desde el interior del cuartito —. La noche está muy agradable.
— ¿no me digas? — replico sarcástica —. Bueno. Debido a que estas de tan excelente humor, y que por lo visto la ropa con la que me acabo de topar es tuya, me gustaría saber ¿Qué significa todo esto? — Señalo el ropero en su amplia extensión. — ¿una gotera en el tuyo? Porque si no, no me explico que demonios hace tu ropa aquí, especialmente aquí.
Se dejo ver con cara de inocencia.
— no creo que deba explicar nada, ya que lo hice en la tarde ¿Cómo esta tu pierna?
— Bien — contesto secante — ¿en la tarde? ¿Estás de idiota? Lo único que me dijiste fue que tenías ideado algo para deshacerme de la solicitud del ejército.
Inuyasha simplemente se dedico a sacar cosas de un lado al otro, dejándolas luego en la cama, acompañando cada uno de sus movimientos por un suave silbido de una melodía alegre, lo que comenzaba a fastidiarla. Haciéndola caer en lo que planeaba y en que consistía su plan.
— ¡¿CON QUE ESTE ES TU PLAN? ¡¿Dormir en mi habitación y en mi cama? ¿CONMIGO?
Él con mirada pensante se quedo viendo el techo.
— prácticamente, es nuestra habitación, ya que últimamente la paso más aquí. Y, se supone que para todos lo de este estado estamos casados.
Volvió a ingresar al cuarto de vestir y regreso sin la chaqueta.
— ¿Cómo es eso de, "de este estado"? — pregunto apenas lo vio volver.
— bueno… para que mi plan resulte, tuve que aumentar el radio.
— ¡¿a un estado? No entiendo en que resolvería mi problema el que todo Virginia crea que estamos casados.
— Muy fácil — se acerco a la cama y se sentó en ella para luego subir un pie sobre su rodilla contraria dispuesto a sacarse la bota —. Al tu encontrarte desposada, puedes derivar la responsabilidad de la venta de las reses a tu dichoso marido (o sea, yo). Y bueno, envié una carta al cuartel de Deep Creeck informando que yo, tu marido; ya había prometido las reses a un comprador extranjero.
— y ¿tú crees — escéptica, se acerco a la cama mirándolo con curiosidad —, que se creerán todo eso?
— ¿Por qué no? Y aunque así fuera, no podrán corroborarlo luego de ser el capitán del cuartel invitado de honor a la fiesta de David.
— ¡¿Qué hiciste, qué?
— Lo invite a la fiesta de David — contesto con calma —. Mejorara las relaciones de la finca con ellos. Está todo bien pensado. No tienes de que preocuparte.
Se quito la otra bota y las dejo a un lado de la cama.
— por lo visto, no todo.
— ¿así?
— ajá — con su sarcasmo, agrego —. Supongo que también esta invitado el comprador extranjero. Ó ¿no?
— puedes buscar la falla que quieras, pero lo del comprador esta pensado también. Y sí, esta invitado.
— ¿piensas contratar un actor?
— no, claro que no, algo mucho mejor. Para esto se requiere de alguien de confianza. Ya que no a cualquiera traspasas tamaña cantidad de bienes.
— y ¿Quién es el señor confianza?
— Artie ¿Quién mas?
Ella bufó.
— pero, Artie no esta acá, por si no te has dado cuenta. Le envié una invitación hace meses; ya debería de haber llegado…
Finalizo en un susurro.
— efectivamente. Por lo que enviamos unas misivas a varios puertos hace como un mes, y ayer llego una con buenas noticias.
— ¡¿en serio? — se sentó a su lado con interes y espero la continuación.
— así es. Una tormenta, de esas llamada huracán, dejo al pobre Artie en las costas de Jamaica luego de que descargaran cargamento.
— tu no te topaste con ella — afirmo.
— no, y él tampoco. Simplemente se quedo ayudando a la gente. Ahora debe de venir en camino, si es que no ha llegado.
Bueno, eso la aliviaba lo bastante como por el hecho de haberse olvidado de él. Pero ya lo compensaría… una prenda blanca cayo frente suyo y pasmada se le quedo viendo al comprobar que era una camisa. Se volvió hacia el dueño de la prenda y casi no pudo del asombro al verlo de pie de torso desnudo comenzando desabrocharse los pantalones dispuesto a sacárselo.
— ¡¿Qué demonios haces? — Exclamo mientras se levantaba de un brinco afirmándose en la pierna sana.
— ¿Qué mas? Quitarme la ropa para poder acostarme. Ó ¿crees que me gusta pasearme desnudo? — la miro con interés y ella por instinto se llevo las manos al busto —. Aunque…
— ¡aunque, nada! Vete a tú habitación — chillo.
— de nuevo con lo mismo, Min Kara — se quito el pantalón y ella lo pudo apreciar como Dios lo trajo al mundo, lo que hizo que las replicas se le trabaran en la garganta —. Y no insistas que no lo lograras.
Se metió entre las colchas, acomodo las almohadas y paso sus brazos detrás de su cabeza al tiempo que soltaba un suspiro de comodidad.
Para Kagome era demasiado todo esto. Iba abrir la boca para decirle sus cuantas, cuando el muy bribón la interrumpió.
— no hagas mucho ruido cuando te acueste. Tengo el sueño demasiado liviano y no me agrada que me despierten.
¿Qué no le, qué? estaba aturdida. No, perpleja. El muy idiota se había atrevido a tomar posesión de su dormitorio como si la opinión de ella no valiera nada ¡nada!
Se sentó en la cama de manera escandalosa y resoplo al verlo tan relajado. Maldito idiota…
— no hagas ruido, si no quieres que te haga el amor.
Eso la cayó al instante. Con temor observo la comodidad de su ahora no-tan-cama y cayó en lo lejano en que Taisho se encontraba de su extremo. La cama era tan inmensa que podría meter un batallón en ella y aun quedaría espacio. No, la presencia de Inuyasha ni siquiera la sentiría. Habría reído de gusto al imaginarse la cara del imbécil al ver que su plan (Cualquiera que haya sido), no le estaba resultando ¡Já!
Se metió en la cama con absoluto cuidado, y al instante en que quedo acomodada, el silencio le hizo ver que estaba equivocada. Muy equivocada. Y lo peor de todo, el sueño se había disipado por completo al imaginar, si cumpliría con lo dicho si se agitaba tan solo un poco.
¡Ay, Dios! Que noche más larga…
Continuara…
N/A: POR FIN! si me demore, fue por tiempo y porque no queria subirlo por querer terminarlo donde lo deje jejejeje
¿si o no?. Inu desnudo, toda una vision de los dioses! ah... baba mas baba mas baba
bueno
que mas
Inu por fin se dio a la batalla! ese es mi macho recio!
ah! continuacion: pronto. Cuando, no tengo idea. :/ pero de que me aparesco, lo hago
besos a todas!
NOS LEEMOS...
