Capitulo 36: A todos nos llega la hora…

Unas manos le agarraron fuertemente y le apartaron del cuerpo.

-¡¡NOOOO!! ¡¡NOOOOO!!-gritó histéricamente. Ella NO podía estar muerta-. Nooo… -acabó sollozando -. No… -unas manos intentaban consolarle. Sintió una sensación en su mejilla.

A él le pareció esa sensación con lo que confirmas, que tu ser querido, el ser al que amas por encima de tu vida, está muerto.

Se levantó y subió corriendo a su barbería, sin mirar el cuerpo de su esposa. Quiza prematuramente, pues se perdió lo que aconteció en la habitación después de salir él.

Cuando llegó, se sentó en su sillón, puso sus codos sobre sus piernas y con las manos se sujeto la cabeza por la frente. Tapandose sus llorosos ojos.

¿Qué haría ahora con dos bebés? ¿Qué haría ahora con Toby? ¿Qué pasaría a partir de ahora? No, ella no podía estar muerta…

Empezó a recordar todos esos momentos. Todos esos instantes en los que él la había ignorado. Cuando le subía el desayuno o cuando intentaba decirle que le amaba, disfrazado con palabras para consolarle. No, ¿Cómo había podido ser tan estúpido? ¿Cómo había podido permitir que sus ansias de venganza le cegasen? No se lo perdonaría. Había perdido a la persona que más quería por ser un necio. Un imbécil. Le había pasado dos veces. DOS veces. Se sentía vacío de emoción o sentimiento.

Siguió llorando. Derramando aquella lagrima que no había derramado cuando se había ido a Francia, ni cuando había vuelto de Australia, ni cuando había descubierto lo de Lucy, ni cuando pensaba que Nellie podía estar con un hombre mejor que él… No, no lo había hecho. Y era ahora, ahora, cuando todo había acabado, que él se daba cuenta de todos sus errores y deseaba morirse.

El ruido de la puerta le sacó de sus pensamientos. De repente, pensó que todo podría haber sido un sueño y que ella nunca había estado embarazada, y que él nunca se había ido. Que ese era el momento en el que ella se había teñido el pelo para sorprenderle. Pero al ver a Toby, supo que se equivocaba.

¿Fin? ¿Fin? ¿Fin?

Había visto al Sr. Todd salir de la habitación corriendo y llorando. Entonces supo, que su madre, la persona a la que más quería, la persona que le había cuidado y dado de comer, había muerto. Le dolio el haberle hecho daño. No pudo reprimirse. Por su culpa, ella había muerto. Por no haber estado allí. Por no haber avisado al médico antes. Por hacerla caso, ella estaba muerta, y no había podido decirle cuanto la quería.



Escuchó una tos de alguien desde dentro. A alguien buscando aire. No había muerto. La enfermera empezó a gritar. Hasta que no le llamó por su nombre no reaccionó.

-¡Toby! ¡Vete a avisar al Sr. Todd!

Entonces comprendió. Estaba viva. No había muerto. Subió las escaleras de dos en dos y abrió la puerta. El Sr. Todd estaba en la habitación, levanto la cabeza. Tenía los ojos rojos e hinchados de llorar y auto-inculparse.

-¡Sr. Todd! –le dijo, con cara de ilusión-. ¡Tiene que bajar a ver esto!

-No estoy de humor, chico –estaba deprimido.

-¡Esta viva!

-¿¡Qué!?

-¡Esta viva! ¡Usted la ha salvado! ¡Esta viva! –dijo mientras bajaba corriendo seguido por él.

¿Fin? ¿Fin? ¿Fin?

Bajo detrás del niño. Quería creer lo que le decía. Le adelanto y corrió por la sala. Abrió de golpe la puerta. Allí estaba. Sus ojos avellanos no se habían apagado. Ella no se había ido. Ella seguía allí. Para él.

Se acercó por el otro lado de la cama, donde no estaba el médico examinándola.

-Nell… Oh, dios… ¡Nell! –decía mientras le agarraba la mano y la besaba. Lloraba de la felicidad, esa felicidad que se obtiene, cuando recuperas algo que creías perdido. La felicidad más inmensa –Te quiero, Nell. ¡Te quiero! Nell… Nell…

-Está bien. Gracias a usted –dijo el médico levantándose-. De no ser por usted, hubiese muerto. Nosotros la dabamos por muerta. Tiene usted mucha suerte, Sra. Todd. Está más viva por terca que por milagro.

-¿¡Sra. Todd!? –exclamó el niño desde el umbral de la puerta.

-Si hijo, estoy casada con él –le dijo Nellie, mientras le extendía su mano no ocupada para que se acercase por el otro extremo.

-Oh, madre, lo siento tanto. Yo… yo… Lo siento… -lloraba el niño.

-No pasa nada –intentó sonreir.

-Deberian dejarla descansar. Debe estar agotada. Volvere mañana por la tarde. Buenas noches. Eh… Aquí tienen a los pequeños –la enfermera le tendió a Daniel a Sweeney y el doctor a April a Nellie –Buenas noches.

Aún no se creían lo acontecido aquella noche. Habían pasado tantas cosas. Dos nuevos miembros entraban a formar parte de la familia. Dos nuevos pequeños. Ella había burlado a la muerte. Él se había dado cuenta de cuanto quería a Nellie. Y Toby se sentía profundamente arrepentido.


Bueno, ahora depende de vosotros que siga con el relato. Tengo hecho el siguiente, es una especie de "Bonus" Sobre como se sentía la Sra. Lovett. Si quereía, sigo el fic, si no, lo dejo aquí como final y ya está.

¡Vosotros vereis!