Nunca solo, nunca más
Disclaimer: El mismo blah blah de siempre. Traducción autorizada del fic de Bored Beyond Belief, está en inglés, si les da flojera buscarlo les hice el trabajo más fácil y está en mis favoritos. Uhm... pues eso... El fic no es mío, Harry Potter no es mío... creo que salgo perdiendo en esta ecuación... En fin, he aquí el amor al arte!
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35. ¿Rescate?
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Sirius mantuvo sus ojos cerrados, respirando el aire del océano profundamente.
"¿Estás seguro, Sirius? Hemos estado aquí por más de una hora ya," preguntó Remus, su voz apenas audible por sobre el forzado chirrido del pequeño motor del bote que habían conseguido y las olas que chocaban contra los lados, meciéndolos de lado a lado. Sirius asintió.
"¿Cómo explico esto de manera que tenga sentido? Puedo oler Azkaban, la locura; incluso en mi forma humana... Bueno, la verdad, Moony podría entenderlo". Sirius negó con la cabeza distraídamente. "Estoy seguro. Créeme cuando te digo: estamos cerca," afirmó con la voz rasposa por la emoción reprimida. "Estoy llegando, Harry. Estamos llegando".
"Va a llover luego. Hechiza tu túnica ahora," ordenó Remus. Sirius abrió los ojos para mirar a su amigo. "Se ve cansado". Su rostro, normalmente pálido, estaba grisáceo con la fatiga y preocupación, sus ojos solemnes por la muda preocupación y los miedos que seguían siendo una tangible entidad entre ellos, sin ser dichos pero comprendidos. "¿Está vivo? ¿Estará cuerdo? ¿Estamos a tiempo? ¿Los dementores ya han cambiado de bando? ¿Ya está Voldemort allá?" Sirius hechizó su túnica obedientemente, muy al tanto de las notables habilidades de Remus para sentir los cambios climáticos, así como también podía decir infaliblemente qué hora del día era sin necesidad de usar el sol o ver cuán lejos estaba la luna llena. "¿Me reconocerás, Harry?"
Sirius sabía que Remus lo estaba mirando con preocupación cuando cerró sus ojos nuevamente e inhaló profundamente, levantando su brazo y apuntando ligeramente hacia la derecha. Se afeitó los indicios de barba con un hechizo después de un rápido vistazo a su reflejo en el agua al subirse al bote, iluminado por la luz del muelle, pero sabía que aun así se veía terrible. Remus ajustó el rumbo del bote, familiarizado ya con el inusual modo de navegación. La túnica de Sirius estaba tiesa por el agua salada, seca por los encantamientos que los protegerían ahora de la repentina llovizna.
Por lo menos, el tormentoso mar se calmó un poco cuando el frente de lluvia pasó, asentándose a una densa y brumosa lluvia que reducía la visibilidad (no que tuvieran mucho de todas maneras en el gris de antes del amanecer) y envolvía al bote, amortiguando el chirrido del motor.
Moony era sorprendentemente adepto para manejar el pequeño bote, a gusto con su operación. "Has estado ocupado mientras yo no estaba". Evidentemente, era bastante hábil para moverse dentro del mundo muggle, lo que también fue evidenciado por la facilidad con la que encontró el muelle más cercano y dónde adquirir mapas y cartas marítimas.
Para Sirius el motor sonaba como si fuera a explotar en cualquier momento, pero Remus lo había tranquilizado en repetidas ocasiones afirmándole que eso no iba a suceder. Hasta donde se refería a la maquinaria muggle, Sirius estaba más acostumbrado al ruido sordo de una motocicleta; el profundo gruñido de poder. La frenética y chillona fuente de locomoción que los impulsaba hacia delante lo hacía mover los remos nerviosamente, asegurándolos debajo del asiento con firmeza, confiado de que los estarían usando en cualquier momento.
El más leve, más sutil hormigueo de magia anunció el apagón del motor, el repentino silencio espeluznante con su finalidad. Remus se dio la vuelta y comenzó a tirar del cordel, meciendo el bote al hacerlo, tratando de encender el motor nuevamente, pero Sirius ya estaba sacando los remos.
"No le molestes, Moony. Ya hemos pasado los encantamientos anti-muggles. Ésta es la última barrera. Nada hecho por muggles va a funcionar en este punto. Tendremos que remar rápidamente. Las corrientes aquí son lo suficientemente fuertes como para que los botes varados se desvíen del rango de la isla en cuestión de minutos," explicó Sirius, colocando los remos en los pequeños soportes de metal a cada lado y asegurando sus pies al tirar de ellos con ganas, ignorando el escozor de la sal en sus manos ("patas") a carne viva por el brutal viaje, complacido cuando el bote se impulsó hacia delante.
"Sirius..."
Un recuerdo de las barreras anti-muggles hace tiempo sepultado resurgió a la superficie cuando se acercaron a la isla. Recordó un día en Azkaban cuando un eco de voces alcanzó las ásperas costas y su diminuta celda. No eran gritos o llantos... Era una conversación casual. Muggles extraviados, todavía sin preocuparse por su apremiante situación, bromeando con falso coraje al luchar por volver a encender el motor. Tomó tan poco tiempo para que se deslizaran fuera del alcance, solo el sonido del motor volviendo a la vida fue prueba de que las corrientes los habían llevado más allá de las barreras mágicas.
Sólo lo había escuchado una vez, en su forma animaga... La más breve, más hermosa conexión con el mundo exterior que Azkaban proveería jamás. "No. Eso no es cierto. La fotografía en El Profeta de la familia Weasley lo fue". No podía reírse como Padfoot, pero podía aullar, y por unas pocas preciosas horas su mente fue capaz de alejarse junto con los desventurados muggles, su imaginación siguiéndolos cuando regresaban a la costa, regresaban a sus mundanas vidas, hasta que los dementores se llevaron incluso eso...
"¿Estás escuchándome?..."
Podía olerlo con claridad ahora. "Muerte. Locura. Terror. Dolor. Pérdida. Desesperación. Fracaso. Estamos cerca". Sirius comenzó a divagar, al permitir que sus sentidos una vez más cambiaran la dirección del bote ("Eso es. Un poco más a la derecha"). Comenzó a jadear en busca de aire, su espalda y hombros ardiendo con una fatiga que amenazaba con abrumarlo en cualquier momento. Sabía que había estado andado a base de pura adrenalina por bastante tiempo ya, pero también sabía que lo llevaría más allá. "Tiene que".
"Padfoot, mírame..."
Sirius sintió surgir el pánico cuando la siguiente bocanada de aire le dijo que el olor de la isla había cambiado de la derecha al lado izquierdo del bote. "Merlín, ya lo estamos pasando. Demasiado rápida. La corriente es demasiado rápida," pensó desesperado al tratar de aumentar el ritmo.
"Sirius, deja que yo lo haga," pidió Moony, y puso una mano sobre la suya, cesando con su remar, gentilmente sacando sus acalambrados dedos de los remos, sus ojos ensombrecidos con preocupación. "Por supuesto". Sirius inmediatamente soltó los remos y se movió fuera del camino, colocándose en la parte de atrás del bote donde Remus había estado sentado originalmente, sintiéndose como un tonto. "¿Cuándo se movió hacia adelante desde la parte de atrás del bote? Concéntrate. Debería haber hecho que él remara desde el principio. Tonto, Sirius. Piensa".
El repentino impulso de rapidez lo sorprendió cuando Moony comenzó a remar. Estaba tan acostumbrado a la gentil naturaleza de Remus que a menudo olvidaba la aumentada fuerza de licántropo que el hombre poseía. Dándole un vistazo a sus manos, Sirius notó que sus palmas estaban sangrando nuevamente, los cortes que Moony recién había sanado ahora estaban abiertos, rojos cortes en su sucia piel. "No es una buena señal". Y nada de lo que pudiera darse el lujo. "Al menos no la mano que sostiene mi varita". El siguiente aroma le dijo a Sirius que la isla estaba una vez más al lado derecho del bote, y sintió que el pánico que había amenazado con invadirlo era sofocado. Se limpió sus manos en su túnica, reconfortado por el calor que irradiaba la tela, luego pasó sus dedos por su cabello, alejando los empapados mechones de su rostro. "Mejor".
Se sentía bien ir directamente hacia Harry finalmente. "Debería haber hecho eso desde un principio". Fue ingenuo de Harry pensar que su testimonio ayudaría, y ridículo de parte de Sirius el adjudicarse la travesía de capturar a Peter cuando la propuesta de su ahijado había fallado. "Condenado Dumbledore de todas maneras". Sirius sabía por qué lo había hecho, incluso si era imprudente en retrospectiva. Fue el odio lo que lo había impulsado; la obsesión que había regresado con toda la fuerza cuando Harry fue arrestado. "Pettigrew. Todo esto es obra de Pettigrew". Incluso si daba con la maldita rata y lo mostraba para que el mundo lo viera, Fudge aun habría encontrado una manera para condenarlo... y a Harry.
"Por favor, Harry, que estés vivo. No dejes que llegue demasiado tarde". Era más un mantra que una plegaría. Sirius no tenía mucha fe en Dumbledore ya. "¿Cómo pudiste? ¿Por qué le diste a elegir siquiera?" Porque eso era lo que había hecho. Sirius había tenido un montón de tiempo para reflexionar al respecto, y ciertas cosas no tenían sentido. "Fue esa conversación. Después del cumpleaños de Harry". Dumbledore le había dado a Harry un traslador... y una elección, entonces. Recordaba bien cuán conmocionado había estado Harry después de su conversación privada. "Merlín. ¡Acababa de cumplir quince! Ni siquiera pudiste haberle dejado un día de paz". Sirius sintió que su labio se curvaba por la rabia.
"¿Cuánto más lejos?" Remus interrumpió sus pensamientos. Deliberadamente. "Estás gruñendo de nuevo". "Ah."
"No más de unos pocos minutos," respondió, su tono de voz muy bajo. Las olas se habían vuelto progresivamente pequeñas a medida que el bote se acercaba a la orilla. Un gran cúmulo de rocas en la distancia, traicioneras para barcos más grandes, hacían de barreras para las olas más altas, protegiendo la isla de las tormentas más duras.
"¿Sabes dónde está él?" preguntó Remus en voz baja, entendiendo la indicación de Sirius de hablar en voz baja.
"Sí," respondió el animago. "Está cerca de donde yo estuve". "Tomará más tiempo encontrarlo si lo movieron. Tiempo que difícilmente podemos permitirnos. Deja que aún esté ahí". Remus arqueó una ceja inquisitivamente, pero permaneció en silencio.
"Debimos haber ido por él antes," continuó, su voz sin vida. Los ojos de Remus miraron a Sirius con dureza. Luego, a regañadientes, asintió.
"Creo que tienes razón. Nunca debería haber sido usado como una distracción," declaró Remus, y Sirius abruptamente se dio cuenta que no se estaba refiriendo a las acciones de Fudge contra Harry... se refería a Dumbledore. Moony le había explicado en detalle todo lo que había sido capaz de deducir de los ataques coordinados al ministerio que Arthur Weasley estaba orquestando ahora mismo.
"Si lo sacamos de ahí..." comenzó Sirius.
"Cuando lo saquemos de ahí..." lo interrumpió Remus.
"Nunca lo apartaré de mi vista. No va a acercar ni un pelo a Hogwarts..."
"Eso puede ser un poco extremo. ¿Qué hay de Ron y Hermione? Además, no puedes convertirlo en un ermitaño..."
"Bah. Ellos pueden visitar. A él no le gusta la fama de todas maneras..."
"... sólo porque a ti no..." terminó Remus.
"Además... Eres un profesor. Lo que tú no puedas enseñarle, otros que conocemos podrán," anunció Sirius con certeza, como si el plan ya estuviera puesto en su lugar.
"Sirius... Si él estuviera a nuestro cuidado, incluso en Hogwarts, no estaría en tanto peligro como lo ha estado hasta ahora," respondió Remus, diciendo en voz alta la verdad que ellos dos sabían. Era la verdad que, una vez que Sirius se dio cuenta, lo dejó sin respiración por el shock y la decepción.
Si Harry tuviera guardianes en su vida... Si James y Lily hubieran estado vivos, ellos nunca habrían permitido que estuviera en peligro. "¿Tener que elegir? No habría pasado". Huesos rotos por el Quidditch era una cosa... Voldemort era algo completamente diferente. "Merlín, con sólo el primer año probablemente lo hubieran dejado con tutores privados".
Mientras algunas cosas que lo que Harry había enfrentado en Hogwarts no pudieron haber sido evitadas, otras sí pudieron serlo. Así como son las cosas, con los Dursley como guardianes, por tanto Dumbledore como el encargado primario, la vida de Harry estaba en las manos de un hombre que velaba por los mejores intereses de la comunidad mágica... "No los de Harry".
Sirius se obligó a no pensar en su ahijado esos últimos días en La Madriguera, y lo mucho peor que se debía ver ahora. En vez de eso, se distrajo a sí mismo especulando sobre el conjuro que Remus le había explicado que conectaba a Snape con Harry. "Por otro lado... quizá eso no es mucho mejor".
Remus se detuvo un momento para masajear su nuca cansinamente, obviamente tratando de calmar una jaqueca antes de comenzar a remar nuevamente. "Se ven tan cansado. Se ve viejo. No quiero que él se vea así. Desearía poder rescatar a Harry por mi cuenta".
"Hay un poco de Pepper Up en el bolso a tus pies," dijo Remus. "¿Por qué no sacas un par?" Sirius frunció el ceño, inclinándose hacia adelante y buscando en el bolso, encontrando los frascos fácilmente.
"¿Qué estas insinuando, Moony? ¿Que necesito dos?" gruñó malhumorado. Remus arqueó una ceja irónicamente.
"No... Que ambos necesitamos una. Aunque hay otra en el bolso si crees que necesitas más," respondió. Sirius entornó los ojos, fastidiado, al tragarse el contenido y pasarle un frasco a Moony.
"Es joven y resistente, Sirius. Es mucho más fuerte de lo que nosotros jamás pudimos haber esperado," le dijo tranquilizadoramente con vapor apenas saliendo de sus orejas, dejando de lado el frasco y poniéndose a remar nuevamente. Pero Sirius también podía ver el miedo latente en los ojos de Moony, y sabía que en privado compartían los mismos temores. "Tanto tiempo solo. Demasiado tiempo. Ha estado ahí por semanas..."
"Lo necesito," declaró Sirius, incapaz de expresar apropiadamente el creciente agujero en su corazón que estaba amenazando con consumirlo completamente si no podía salvar a Harry. Ya no podía imaginar a un mundo sin su ahijado en él. Agitó la cabeza y suspiró. Dudaba que pudiera lograrlo sin él. Era así de simple.
"Yo también," respondió Moony, sus ojos ensombrecidos al mirar a Sirius, quizás implicando algo más, luego dio un respingo por el sonido de madera arañando piedras cuando el bote llegó a la costa. Remus negó con la cabeza y sonrió forzadamente, divertido por sus propios nervios.
"De acuerdo entonces," dijo Sirius y desenfundó la varita que Remus le había dado. "Te dije que sabía como llegar aquí," bromeó en voz baja y forzó a sus músculos a no temblar por el recuerdo del frío envolviéndolo. Tuvo que detenerse un momento para recomponerse cuando una completa variedad de emociones corrieron de su corazón a su garganta, casi abrumándolo, hasta que las hizo a un lado forzosamente, una caja de Pandora de memorias que se rehusaban a permanecer desvanecidas por mucho más tiempo. "Después".
"Sirius..." susurró Remus. Sirius frunció el ceño.
"¿Qué pasa?"
"Si... si es demasiado para nosotros, y los dementores nos rodean..." dijo vacilante.
"Moony..." comenzó a decir Sirius. Remus levantó una mano para evitar que siguiese hablando.
"Es sólo... No hagas nada estúpido. Una vez que lo tengas a salvo, no te atrevas a volver por mí. Quiero que él te tenga en su vida," declaró Moony con absoluta seguridad. "Moony, si llega a eso, una vez que él esté a salvo, no hay forma de que te vaya a dejar a ti atrás. Ustedes dos son mi familia. Pero dejaré que tus ilusiones se queden así por ahora". Sirius no dijo nada, en vez dejó que su ceño fruncido fuera su respuesta. El gesto se perdió para Remus, sin embargo, cuando dio un paso afuera del bote.
La isla estaba mortalmente silenciosa, el suave chapoteo de las olas en la rocosa costa era silenciado por la niebla. Sirius se encogió cuando Remus empujó el bote ligeramente más adentro en la rocosa playa, asegurándose de que la corriente no se lo llevaría en caso de que lo necesitaran para escapar, el arañante sonido evidente en el abrumante silencio. Siguieron los pasos a lo largo de la costa sin hablar, Remus siguiendo las indicaciones de Sirius.
"Relájate. Sabes que los dementores no pueden escuchar en el sentido técnico de la palabra. Las barreras y hechizos están en su lugar, por lo que no creo que Voldemort haya llegado". El andar de Sirius era regular y confiado en las desiguales rocas, a pesar del resbaloso musgo. Incluso aunque no estaba en excelente forma, su coordinación había mejorado mucho desde que había salido de aquí.
Sus músculos se habían atrofiado horriblemente en Azkaban, hasta un punto donde Sirius había estado preocupado de nunca poder ser capaz de soportar nada arduo nuevamente. El escape casi lo había matado. Para el tiempo en que la corriente había llevado a su forma animaga lejos del alcance de las barreras mágicas, Sirius ya estaba comenzando a luchar por mantenerse a flote. Sólo un pedazo de madera flotante cercano había salvado su vida.
"Me había dado por vencido, ¿lo ves?," podía admitir Sirius ahora, al moverse fácilmente en el grisáceo crepúsculo del amanecer. Era algo sobre lo que Remus nunca había preguntado, pero últimamente el animago había visto la pregunta en sus ojos. "No me molestaba en tratar de ejercitar. A duras penas comía. Es por eso que mi cuerpo está en un estado tan lamentable. Me senté en mi celda y esperé. Esperé a morir, esperé a ver mis fracasos nuevamente, esperé..."
Cuando Sirius había llegado a Azkaban, estaba tan mal que ni siquiera recordaba que era un animago. Sólo muchos años más tarde en su estadía, agobiado por los escalofríos de una fiebre, se había transformado inadvertidamente. Y fue tanto alivio... El cálido pelaje ayudaba a su cuerpo y alma de cierta manera, y la forma canina amortiguaba lo que los dementores eran capaces de absorber... "Pero yo no quería hacerlo. Me sentía mejor. ¿Cómo podía sentirme mejor cuando James y Lily estaban muertos?"
"Pude haber escapado en cualquier momento después de eso. Ésa es tu muda pregunta, ¿no es así, Moony? Gracias por no preguntar. Pero era mi culpa, y me merecía lo que había recibido". Las noches de terror que tenía se habían vuelto peores. Los dementores sólo habían llevado a la superficie los momentos más emocionalmente dolorosos... Su vida en Azkaban había sido casi tan difusa y muda como su tiempo en Hogwarts. Hasta ahora.
Los recuerdos estaban regresando. Fríos, oscuros días cuando los gritos casi se habían vuelto demasiado. Cuando golpear su cabeza contra las paredes permitían que un momento de paz y mareo lo envolvieran, y cambiaran los gritos por un distante zumbido. "No fue exactamente que hubiera retenido mi cordura ahí. Me doy cuenta de eso ahora, aunque si me hubieras preguntado incluso un par de semanas atrás, aún pensaría que lo había hecho. La recobré, lentamente".
La pérdida y soledad lo habían inundado desde el momento en que recién lo habían traído a la isla, y Sirius había caído a oscuros lugares dentro de su mente, lugares que aún lo hacían despertar gritando. "Desearía no haber recordado". Pero alguna absurdamente determinada parte de él había susurrado palabras en sus sueños de vez en cuando. "Tú no lo hiciste," le recordaría la voz. "No fue tu culpa. Pensaste que era astuto. Ése no es un crimen, ¿o sí?" Sirius se despertaría confundido y desconcertado; algunas veces incluso gritando el nombre de sus amigos, como si todavía estuviera en la torre de Gryffindor y Azkaban fuera solo un horrible sueño.
En retrospectiva, se había llegado a dar cuenta que esa pequeña voz era lo que lo había guiado de vuelta a la cordura. Y tratando de analizar precisamente qué era esa voz, que evitaba que se deslizara a una demencia sin retorno, no podía decirlo con honestidad. ¿Qué voz tenía la inocencia en el derecho de luchar por vivir? ¿De tratar de pensar coherentemente? ¿Cuál era el sentido? "Nunca lo sabrás", susurró la voz conspiratoriamente. "Mejor prepararse ahora," le decía. "¿Prepararse para qué?" Sirius ni siquiera podía alcanzar a comprender qué estaba esperando, pero el hecho de que debería estar preparado para algo lo ayudaba a aclarar su mente y evitar que diera ese último, irrevocable paso hacia rendirse completamente.
Había estado así por años, vacilando débilmente entre la cordura y demencia, esperando por eso. Y eso llegó. Una razón para escapar. La foto de una patética, contenta, sarnosa rata sin un dedo, de vacaciones en Egipto con una familia que también se sabía que tenía un hijo que era el mejor amigo de El-Niño-Que-Vivió.
Los recuerdos de las últimas palabras de Peter antes de desaparecer; la expresión en su rostro de sombría desesperación y nauseabundo horror; estaba tan nítidamente grabada en la mente de Sirius que en el momento que la oportunidad se presentó, la elección era clara. Dejaría Azkaban y le daría caza a Peter o moriría tratando. No más dudas o arrepentimiento. Aunque fuera la última cosa que hiciera, miraría la vida desvanecerse de los ojos de su antiguo mejor amigo cuando le estrangulara el cuello. "Aunque un cuello roto también bastaría".
Sirius había estado tan perdido, consumido por su propio ardiente odio, que ni siquiera se le había ocurrido tratar de probar su inocencia. Si hubiera atrapado a Peter en esos primeros pocos días, probablemente lo habría asesinado al instante y le habría dejado sus restos a los gusanos. "Heh".
Pero el momento nunca se había presentado. Después de un tiempo, desanimado por su falta de éxito, decidió que quería darle un vistazo al muchacho en que se había convertido Harry. Permaneció en las afueras de las barreras que Dumbledore sin duda había colocado alrededor de la casa que recordaba era donde los Dursley se habían mudado, esperando pillar un vistazo de su ahijado en el jardín delantero.
En vez de eso, había visto a un perdido, desesperado, enfadado niño de trece años arrastrando todas sus mundanas pertenencias, obviamente teniendo claro donde no quería estar, pero sin ninguna idea de a dónde ir desde ahí. Sirius casi se le había acercado, ahí mismo. Ciertamente no iba a dejar que Harry vagara por el pueblo por su cuenta, desprotegido. En vez de eso, el muchacho accidentalmente había llamado al Autobús Noctámbulo, y la oportunidad se deslizó fuera de su agarre.
Pero otra oportunidad vino para dejar las cosas claras con Harry. Por mucho que quisiera a Pettigrew muerto, también se dio cuenta que el chico necesitaba saber la verdad. Había observado a Harry por suficiente tiempo para saber que iría en busca de Ron en vez de ir por ayuda. "Gryffindors, todos nosotros. ¿Hay algo malo con eso? Huh. Pregúntale a un Ravenclaw".
Irónicamente, fue el propio amargo dolor de Harry, grabado en su rostro al tratar de reunir el coraje para matar a Sirius, antes cuando pensaba que él fue quien había traicionado a sus padres, que lo trajo de golpe a la realidad. Fue una de las pocas veces que había visto a Harry completamente desprotegido, y el rango de emociones que había cruzado por su rostro lo conectó a Sirius de maneras que nunca había soñado. Se dio cuenta que habría sido precisamente su suerte el ser asesinado justo al estar a punto de revelar a Peter.
Desde esa noche, la mismísima noche que le ofreció a Harry irse a vivir con él, algo en él se calmó. En vez del siempre presente susurro en el fondo de su mente: "Mata a Peter, venga a James y Lily, detén los ecos del llanto de Harry por una madre que nunca vendrá por él de nuevo", había cambiado. "Ése es mi ahijado. Mírenlo, tratando con tantas ganas, tan perdido. Ayúdalo". La necesidad era casi primaria ahora. "Ayúdalo. Por favor no me dejes llegar tarde".
Cuando Sirius se acercó a las rocas que eran la base donde descansaba la prisión misma, pudo sentir a sus dientes castañar. Sus dedos aferrando la varita que Remus le había dado se sentían perturbantemente entumecidos. Una mano descansó brevemente en su hombro diciéndole que Remus lo había notado. Sirius se tensó por el toque, luego asintió una vez, dándole a entender que lo aceptaba. Dio vuelta a la izquierda y comenzó a bajar por los grandes pedruscos al pie de los acantilados que sostenían a Azkaban.
Un breve golpecito en su hombro expresó la confusión de Remus. "¿Por qué estamos yendo por aquí?" estaba preguntando. "Azkaban está en esa dirección". Sirius levantó un dedo. "Espera. Ya lo verás".
El más leve eco reveló una diminuta caverna, una pequeña sombra apenas visible a simple vista unos cuantos metros más abajo. Sirius se dejó caer con un leve chapoteo. Remus lo siguió ágilmente. Era una oxidada tubería de desagüe, corroída por la sal y el tiempo. El enrejado en las barras de metal a la entrada aún estaba en su lugar, pero se salieron con facilidad en las manos de Sirius; el metal estaba corroído y cubierto con afilados moluscos. La expresión en el rostro de Remus le dijo a su amigo que se había dado cuenta que así era como se había escapado antes.
"Nadie puede escucharnos aquí abajo," dijo Sirius con voz normal, sobresaltando a Moony.
"Esto es, ¿no es así?" preguntó Remus, con voz sorprendida. Sirius asintió.
Sirius estaba profundamente agradecido de haber pensado en poner la reja de vuelta cuando había escapado de la isla originalmente. No había estado preocupado en ese momento de que todo el lugar fuera a ser examinado, tratando de determinar cómo había escapado a la hora de almuerzo. "¿Me pregunto qué les habrán dicho los dementores?" Si hubiera dejado la reja circular a un lado, el ministerio podría haberla encontrado y resellado la entrada. Así como fueron las cosas, la olvidada tubería del desagüe era una vía simple y fácil de acceso de la prisión. "De nuevo".
"Es de marea baja," observó Moony cuando Sirius tomó el mando.
"Algo bueno. Es un desagradable nado," observó Sirius. No se dio la vuelta para mirar la expresión de su amigo, aunque sospechaba saber cómo era.
"¿Era éste el único camino?" preguntó Remus, su voz vacilante.
"No podía salir caminando por la puerta frontal, ¿no?" trató de bromear Sirius, aunque casi lo había hecho... "Deslizarse entre las barras como un emancipado animago fue mas bien una habilidad truculenta"... al iluminar su varita y encaminarse más adentro en las tuberías. Su tono de voz no coincidía con sus palabras.
"Nunca había estado aquí antes," dijo Moony en voz baja. "Lo sé". "Casi estaba temeroso de imaginar como sería," dijo, sobresaltando a Sirius. "Realmente no queremos hablar de esto ahora, ¿cierto?"
"Hogar dulce hogar," dijo Sirius para hacer llegar el mensaje a destino. Realmente no quería hablar de eso. Remus se encogió haciendo una mueca de dolor.
"¿Está muy lejos?" preguntó, cambiando de tema. Sirius negó con la cabeza.
"No es algo tan malo. Es un poco de escalada, eso si, para llegar a las cloacas de más arriba. Y no va a oler lindo," prometió. Remus no dijo nada como respuesta.
Viajaron por múltiples niveles de las cañerías de las alcantarillas, eventualmente deslizándose por una estrecha tubería en el piso para llegar a un musgoso almacén. Sirius musitó un encantamiento limpiador para los dos.
"¿No detectarán la magia?" susurró Remus con alarma, aunque suspiró con alivio cuando el hedor de alcantarilla fue removido de su túnica y zapatos.
"No. Estamos abajo, donde están los cuarteles de los elfos domésticos," susurró Sirius en respuesta. No necesitaban preocuparse por una estrecha vigilancia. Se estaba acercando el horario de desayuno, lo que prontamente le explicó a Moony una vez que se dio cuenta de la hora que era.
Azkaban no había cambiado en absoluto. Las paredes de piedra aún brillaban con humedad y algas. Ocasionalmente pasaban por un musgoso riachuelo donde el agua de la lluvia había estado filtrándose por décadas, su sendero grabado en la piedra. El piso de adoquín era disparejo y hacia resonar fuertemente sus pisadas hasta que Remus les lanzó encantamientos silenciadores en sus botas. La fría y opresiva oscuridad, los distantes susurros y lloriqueos, y el prevaleciente olor de carne podrida ("no de pescado") le hacía difícil a Sirius respirar. "Está a tres celdas de tu viejo hogar," había dicho Snape. "Tienes que estar con vida, Harry. Ya casi estamos ahí".
Sirius tenía tanto frío que por poco se pierde las primeras señales de advertencia. Sólo los leves ecos de sus propios llantos en la Casa de los Gritos, cuando se dio cuenta que Harry no iba a ir, lo alertó de que un dementor estaba cerca. Los ojos de Moony se ensancharon cuando Sirius extinguió la luz de su varita, empujándolo bruscamente contra la pared del corredor. No tuvo tiempo para pensar o reaccionar, pero podía sentir que casi habían sido descubiertos. "¿Cuántos? No puedo decirlo. Sólo uno, creo. Deben poder percibir a Remus. Está bien". Sirius colocó su varita en la frente de Remus.
"'Stupefy'," dijo en voz baja, y se transformó en Padfoot, haciendo lo que más pudo para amortiguar el cuerpo de Remus al desplomarse al piso, el leve sonido de un golpe dejándole saber que sólo había sido parcialmente exitoso en hacerlo. "Ouch. Lamento eso". Tembló, esperando al leve sonido de la tela y el sutil regreso de la calidez en el aire anunciara el abandono del dementor. "Está pasando la lista". Había olvidado que pasar la lista tomaba más tiempo que las rondas. Cada mañana los dementores iban de celda en celda, contando a los prisioneros. Era una excusa para acercarse más a cada prisionero. Pasaba justo después que el engrudo del desayuno fuera servido. "No se habían ido aún. Descuidado. Casi hice que atraparan a Moony".
Sólo cuando estuvo seguro de que ningún dementor iba a venir, se atrevió a cambiar a su forma humana. "'Ennervate'", dijo y dio un salto hacia atrás cuando Remus desenfundó su varita y la tenía lista al instante. "'Lumos'," dijo Sirius y trató de parecer sumiso e inofensivo. Ciertamente era fácil verse tímido frente a la furia de Remus. Su rostro estaba tenso y sus ojos destellaban con ira.
"Dame una buena razón por la que hiciste eso," dijo Remus en una calmada y siniestra voz.
"Stupefy es el único hechizo que conozco que se lleva todo de lo que los dementores se alimentan. Bueno, una poción para dormir sin soñar también podría haber funcionado, pero... no importa," expuso Sirius, deteniéndose antes de lanzarse en una larga explicación. Estaba balbuceando un poco. "Te sintieron, Moony, no podía arriesgar que nos detectaran tan pronto. Las emociones de Padfoot son tan vagas e inespecíficas que los dementores típicamente me desprecian. No así contigo," explicó tranquilizándolo. Remus no estaba impresionado.
"¡Me pudiste haber advertido!" gruñó, y Sirius una vez más se dirigió hacia el lugar donde estaba su antigua celda. Se encogió de hombros.
"Has tenido una vida difícil, Remus. No hay duda al respecto. ¿Pero cuán importantes son para ti los recuerdos de Hogwarts, de tus amigos, de las bromas que solíamos hacer como los Merodeadores? Creo que tú más que todos atesoras esos momentos, incluso ahora, porque ser un licántropo ha sido duro para ti. ¿Qué crees que significa la amistad para la mayoría de los prisioneros aquí? La merienda más reciente de los dementores ha sido Harry, y tú sabes cómo fue su niñez. Estoy sorprendido de que pueda conjurar un Patronus, francamente. Ha tenido tan pocas cosas positivas en su vida, y..." Sirius tuvo que detenerse, pasando una mano por su rostro para recomponerse. "Demasiado cerca. Casi estamos ahí, Harry". Estaba tratando de transmitir su punto de vista, no llorar.
"Lo que estoy tratando de decir es que si Harry fue una merienda, tú eres un bufé escandinavo. Nunca he descubierto cómo se comunican los dementores, pero créeme cuando te digo que si uno te percibía, muchos más habrían seguido," explicó, dando la vuelta a una esquina, y comenzar a avanzar rápidamente hacia delante.
Había tratado de calcular el tiempo de su irrupción a la prisión perfectamente. En las horas antes del amanecer era el único momento en el día en que las 'estrellas se alineaban', por decirlo de alguna manera. Los elfos domésticos estaban ocupados, los dementores se retiraban a Merlín sabe donde, y los prisioneros estaban muy conmocionados para estar consciente de sus alrededores.
Sirius aún recordaba la vez que había escapado. Algunos prisioneros lo habían notado cuando caminaba débilmente por los corredores, dando más pasos de los que había dado en años. Algunos gritaban detrás de él, incorporándolo a sus visiones de pesadilla, mientras otros le rogaban que los llevara con él, que los salvara... por poco y había despertado a la prisión a un frenesí, pero la distracción había probado ser útil al final. Toda esa emoción mantuvo a los dementores distraídos durante horas, tiempo que Sirius había necesitado para descifrar como escapar.
Pero había olvidado que el pasar la lista tomaba más tiempo que las rondas normales. "¿Cómo me pude haber olvidado de un detalle como ése?" Cada mañana acostumbraban a entrar a su celda y arrodillarse a su lado, respirando su alegría, acariciando su rostro tiernamente, tratando de llevarlos a la locura... Sus rostros... Sirius se estremeció, bastante. "Ahora no es el momento para eso. No importa que tu tiempo haya estado un poco errado. Nos las arreglamos".
Estaban entrando al nivel miedo de la prisión misma. Por suerte aún era temprano, y la mayoría de los prisioneros estaba o inconciente o aún tratando de recuperarse de la toma de asistencia. Esqueléticos, demacrados cuerpos estaban sepultados bajo delgadas sábanas, desesperadamente tratando de evitar el frío de los dementores, o acurrucados en un rincón, meciéndose, mientras los lloriqueos penetraban la quietud del amanecer.
Azkaban mismo estaba construido en una rocosa isla, cavada tan profundo que sólo las celdas más altas eran visibles siquiera desde la orilla. Cada celda tenía un pequeño agujero cerca del techo que permitía la circulación de aire. La lluvia frecuentemente era soplada hacia adentro con las más crudas tormentas del invierno manteniendo las celdas frías y húmedas.
Era raro ciertamente que el sol saliera lo suficiente para permitir que un diminuto rayo de luz llegara a la vieja celda de Sirius. Sólo pasaba en el atardecer unas pocas veces al año, y sólo duraba unos cuantos minutos antes que el sol se sumergiera en el océano. Sirius había esperado cada día por eso, deseando que las nubes y la niebla se fueran, queriendo sólo un destello de calidez y luz reflejado en sus manos cuando levantaba sus brazos por sobre su cabeza desesperadamente tratando de tocarlo.
Podía escuchar la aguda inspiración de Remus al pasar hombres y mujeres, ojos ciegos a todo excepto sus propios demonios internos. Irónicamente, los gritos no eran ni cercanamente tan malos en estas celdas exteriores. Los prisioneros de Azkaban eran retenidos de acuerdo a su sentencia. Las celdas más altas (y luminosas) contenían a aquellos que sólo tenían un corto periodo que servir. Cada vez que los reporteros venían a la isla, ésos eran los prisioneros a los que se les permitía visitar.
Era imposible comportarse mal con los dementores alrededor. Mientras más protestabas, más podían explorar dentro de ti. Si estabas luchando, significaba que aún tenías esperanzas por algo mejor. Pero eso no quería decir que no fuera a haber un castigo y sistemas de retribución a cambio. Los había. Pero no eran impuestas por los dementores, al menos no a propósito. El castigo era impartido por el ministerio.
Típicamente, esto pasaba cuando los prisioneros se quejaban de las condiciones inhumanas al mundo exterior, o cuando los miembros de la familia de un ser querido que había estado encarcelado trataba de luchar por un mejor ambiente de vida o por más privilegios. Como una regla general, aquellos que reclamaban ("o a los que escuchaban, de cualquier manera") sólo estaban cumpliendo unos cuantos meses o años. Como represalia, el ministerio reasignaba sus celdas al área de los 'Condenados'. Mientras más profundo dentro del acantilado de rocas un hombre viajaba para llegar a su celda, más larga la condena. Los cuarteles de los elfos domésticos, había descubierto Sirius, estaban más arriba que donde los 'Condenados' residían. Donde la celda de Sirius estaba.
La acústica de Azkaban parecía casi diseñada para ser un gigante amplificador de sonido. Todas las superficies de las rocas hacían resonar sus voces con facilidad, juntando la tormenta de notas discordantes y llevándolos hacia abajo, por los corredores, para resonar huecamente en las cámaras más inferiores, donde los 'Condenados' eran retenidos. "Las voces de los condenados". Cuando había tormenta, el viento y las fuertes olas se sumaban a la orquesta. "Algunas veces casi pensé que sonaba bello," recordó Sirius, y lo recorrió un escalofrío. "Me las pude haber arreglado sin recordar eso". La mayor ironía de Azkaban era ésa, si las propias experiencias de un prisionero no lo volvían demente, las de los otros lo harían.
La mayoría de los prisioneros 'reasignados' se quebraba dentro de meses. Sirius había visto a muchos de esos magos y brujas venir e irse. Escuchó como uno tras otro perdían su agarre de la realidad. "Aquí es donde asignaron a Harry".
Remus agradecidamente permaneció en silencio al bajar más profundo, y Sirius resistió el impulso de darse la vuelta y tratar de explicarle que no era tan malo como se veía. Lo era, por supuesto. Era peor. Pero por alguna inexplicable razón, se sentía avergonzado de que Remus viera este lugar y lo que su vida había sido por más de una década.
Por un desesperante momento incluso consideró utilizar un hechizo desmemorizante, aunque por supuesto nunca lo usaría con Moony. Su piel ardía, como si las lesiones y piojos aún estuvieran presentes bajo su túnica. Sus articulaciones le dolían por el frío, y se encontró a si mismo metiendo sus manos bajo sus axilas por calor, a pesar de que su ropa estuviera hechizada.
"Respira, Sirius," susurró Remus, apenas audible, interrumpiendo sus pensamientos y sobresaltándolo. Dio un brinco. "Estoy bien. Estoy calmado. ¿Por qué dijo eso, de todas maneras?" Algunas veces parecía como si Moony pudiera leer sus pensamientos. "Seguramente no puede, ¿cierto? Lo del hechizo desmemorizante no era en serio," agregó, sólo por si acaso.
"¿Qué?" susurró Sirius en voz alta con dificultad. Estaba encontrando un poco difícil tomar respiros profundos.
"Puedo escucharte hiperventilando," respondió Moony, luchando por agregarle ligereza a su voz. Sirius incrementó su paso, su sangre palpitando en sus oídos al precipitarse hacia delante, su preocupación por Harry manteniendo sus propios demonios en silencio en mayor parte. Por ahora. Cada paso parecía tensar su piel, la presión aumentaba hasta ser casi insoportable.
Para el tiempo que entraron a los niveles más inferiores, Sirius estaba temblando. Su corazón se agitaba en su pecho, y se sentía extrañamente mareado. Todavía estaba relativamente pacífico, considerando el tiempo. Lo suficientemente silencioso, al menos, para escuchar el agua caer a charcos en el piso. Las voces dentro de las paredes no llamaban nombres y rogaban por perdón todavía. "Todavía".
Sirius se detuvo en su antigua celda, mirando a la izquierda y a la derecha, dándole sólo una rápida mirada para notar que permanecía exactamente como la recordaba cuando se había escapado, excepto por la puerta de la celda parcialmente abierta. A tres celdas de la suya... "¿Hacia qué lado?"
"¿Harry?" preguntó vacilantemente. "Derecha. Trataré la derecha primero," pensó y rápidamente contó tres celdas, usando su varita para iluminar los rincones y la cama. "Desocupadas". Moony se paralizó en el lugar por un momento al mirar fijamente dentro de la vieja celda de Sirius; a las líneas arañadas en la piedra con las que había contado los días por años, antes de finalmente rendirse de tratar de descifrar cuánto tiempo había pasado. El delgado colchón estaba destrozado, dejando la celda tan impersonal y desolada como cuando había vivido ahí, con sólo la más sutil de las manchas en las rocas donde se había golpeado la cabeza en una ocasión. Mordiendo su labio, Remus alejó la mirada, concientemente no mirando en la dirección de Sirius, algo por lo que el animago estaba agradecido. Se sentía desnudo.
"¿Puedes verlo?" susurró Moony, su voz temblando y densa por la emoción.
"No," respondió Sirius.
"Aquí, idiotas," un susurro llamó desde la oscuridad. Tres celdas a la izquierda de la de Sirius, entonces. Aunque la voz era jadeante y vacía y casi no tenía tono, Sirius sabía que era la voz de Harry. Entró como un rayo a la celda cuando Remus abrió la puerta con su varita.
"¡Harry! Snape, ¿dónde está Harry? ¿Cómo está? ¿Está bien?" preguntó al arrodillarse al lado de su cama, atrayendo el rostro de Harry hacia él. Desenfocados, apagados ojos verdes le pestañearon de vuelta. Su piel estaba grisáceamente pálida y mugrosa. Su normalmente incontrolable cabello caía liso contra su piel, grasoso y enredado. Entre el cabello y la expresión de desprecio, Sirius tuvo que reprimir un escalofrío cuando Snape se manifestó demasiado físicamente dentro de la piel de Harry.
"¿Les importa?" la rasposa voz de Harry dijo molesto, e inmediatamente Remus y Sirius bajaron su varita a un leve resplandor. Harry tosió débilmente, sangre cayendo de la comisura de su boca. Los ojos de Sirius se ensancharon con horror mientras Moony limpiaba la sangre cariñosamente con el borde de su túnica.
La piel de Harry estaba puesta tirantemente sobre el hueso, sus pómulos sobresalían, dejando leves sombras sobre su quijada. Parecía no haber más carne en él, en cualquier parte. Su cabeza parecía demasiado grande para su cuerpo, desproporcionada. Moratones de oscuro púrpura ensombrecían bajo sus ojos y sus labios estaban teñidos de azul. Sus dientes brillaban con rojo de la sangre al luchar por respirar.
Remus saltó a la acción primero, sacando la delgada manta debajo de Harry y envolviéndolo alrededor de él más seguramente.
"Bien, la manta está encantada," murmuró con aprobación, luego se arrodilló a su lado. "Severus, ¿cuál es la condición de Harry?" preguntó. Sirius sólo podía mirar fijamente a su ahijado inmóvil bajo las mantas, su cabeza colgando de lado a lado. Sólo sus ojos, entrecerrándose cuando Snape trataba de seguir los movimientos de Moony y Sirius, le daban una indicación de que Harry aún seguía vivo siquiera.
"Nada bien. ¿Qué les tomó tanto tiempo? ¿Debería haberles dibujado un mapa?" gruñó Snape antes de toser débilmente de nuevo. Remus lo acomodó un poco, lo que pareció tranquilizar su respiración.
"¿Lo lastimaremos si lo movemos?" preguntó Sirius, horrorizado por el estado en el que estaba Harry, aunque había tratado de prepararse para ello. En cuanto al sarcasmo de Snape... El hombre era insoportable, incluso medio muerto. "¡No pienses así!"
Snape negó con la cabeza levemente. Remus asintió en satisfacción y tomó a Harry cuidadosamente en sus brazos.
"Moony..." titubeó Sirius, vacilando un momento. Remus se detuvo. "Déjame llevarlo". Su amigo frunció el ceño.
"No, ya estás exhausto. Tiene sentido que yo lo sostenga," discutió Moony. Sirius aclaró su garganta con incomodidad, ignorando la mortificada expresión en el rostro de Harry por su sugerencia.
"Sí, ¿pero cómo está tu Patronus por estos días?" inquirió Sirius, y extendió sus brazos, sus atormentados ojos diciendo lo que él había dejado sin mencionar. Dudaba que él pudiera hacer uno. Los ojos de Remus se ensancharon, pero no dudó el dar un paso al frente y colocar a Harry cariñosamente en los brazos de Sirius.
"Encantador," dijo Snape con voz ronca y comenzaron a avanzar rápidamente a través de los corredores inferiores por donde habían venido.
"¿Has tenido contacto con Harry?" preguntó Moony levemente dirigiendo el camino, su varita lista en su mano. Los prisioneros estaban comenzando a notar que algo... viviente estaba pasando fuera de sus celdas.
"No," negó la voz de Harry débilmente. Snape aclaró su garganta y lo intentó nuevamente. "No. No por unos cuantos días ya. Las únicas veces que está consciente es cuando está atrapado en una visión, y desafortunadamente no he tenido la fuerza para retener el vínculo". Sirius podía oír a los propios temores de Snape reflejados en su clínica respuesta, y se dio cuenta con un sobresalto que de una manera u otra, Snape era la principal razón por la que Harry seguía vivo.
"¡Esperen! ¡No me abandonen! ¡No me dejen aquí!" se lamentó una voz desde la oscuridad. El agarre de Remus en su varita se apretó al echar un vistazo alrededor con alarma.
"No creo que los dementores escuchen como nosotros lo hacemos, Moony. Además, un poco de emociones los mantendrá distraídos," dijo Sirius tranquilizadoramente.
"Sí, pero los mortifagos sí," jadeó Snape en voz baja. Sirius frunció el ceño. "No me traigas mala suerte".
"Frío... Tengo tanto frío. Por favor vuelvan," lloró otra voz lúgubremente.
"¿Está...?" Sirius comenzó a preguntarle a Snape en voz baja después de un momento de silencio, luego no pudo terminar la frase. "¿Está Harry...?" trató de nuevo.
"¿Loco? ¿Chiflado? No lo creo. Solamente... no tiene nada más para dar," Snape respondió pensativamente, el sarcasmo perdido de su voz, haciéndolo sonar más como Harry de lo que normalmente lo hacía. Dolía. Sirius quería con tantas ganas asegurarse que Harry estuviera bien, pero no podía. Los mismos miedos permanecían. Ver a Harry no había hecho nada para tranquilizarlo.
Que tuviera que ser Snape el que ayudara a Harry, con quien Sirius tenía que interactuar, lo hacia aun más difícil. El rostro de Harry no estaba hecho para contener tanta amargura... "¿No lo está?" una voz en el fondo de su mente le preguntó. "¿No tiene el derecho de estar amargado? ¿Enojado? Encarcelado injustamente, acusado falsamente..."
Sirius casi lo soltó en sorpresa cuando Snape jadeó en dolor, su mano abruptamente presionando su frente ("la frente de Harry"). Snape se estremeció, su respiración viniendo en superficiales jadeos cuando sus ojos se pudieron en blanco.
"Eso no es bueno," dijo Moony con gravedad, sus ojos ensanchados, y Sirius asintió en mudo acuerdo al comenzar a correr. "Gracias a Merlín que Snape está inconciente," pensó Sirius al acercar el cuerpo de Harry y correr con toda su voluntad.
Estaban trotando por resbalosos pasadizos con solo la leve luz de la varita para guiarlos. Estaba claro por el dolor en la cicatriz de Harry que Voldemort había llegado. Remus guiaba el camino, su natural trote a grandes zancadas llevándolo más y más a la delantera. Sirius odiaba perder de vista a Moony, pero a pesar de que Harry era notablemente ligero, él no estaba en la mejor forma. "Además," trató de asegurarse a sí mismo, "los problemas va a estar en frente o detrás de nosotros". No había más corredores interconectados hasta que estuvieran muy adentro en el área de los elfos domésticos.
El abrumante frío que comenzó en su nuca y abruptamente lo atravesó era mucho más fuerte de lo que había sido antes. "Más de uno... Viniendo desde atrás..."
"¡Devuélvete, Sirius! ¡Estamos bloqueados!" gritó Remus desde adelante, y repentinamente Sirius pudo ver que la oscuridad que la varita de Moony iluminaba pareció atacar y pulsar con las sombras de las capas de los dementores. "Están justo frente a él". La luz de Remus tembló y el leve resplandor de blanco indicó que Remus estaba conjurando su Patronus.
"¡No te acerques demasiado, Moony!" gritó Sirius al tratar de repensar sus opciones. "¡¿Qué opciones?! Estamos atrapados". Irónicamente, ninguna voz resonó en su cabeza al seguir hacia delante para unirse a Remus, "mejor dos que uno," pero la consciencia de que tenía a la temblorosa forma de Harry en sus brazos incrementaba al aproximarse a la pelea de sombras y luz. Remus fue capaz de distraer a los dementores, pero su Patronus no era lo suficientemente fuerte para desvanecer a tantos.
Remus arriesgo una breve mirada a Sirius, luego miró por sobre su hombro, sus ojos ensanchándose por los dementotes detrás de él.
"Ahora es un buen momento para ver si puedes hacer un Patronus," dijo Moony al luchar por conjurar otro él mismo.
"Son demasiados," pensó Sirius con desesperación, sosteniendo a Harry cerca al comenzar a considerar lanzarse contra ellos, forzar físicamente su salida, pero ahora los acumulativos efectos de los dementores en frente y detrás estaban comenzando a hacer mella. Los jadeantes respiros de Harry llenaban sus oídos, y las esqueléticas manos podridas trataban de agarrar su túnica. "Me conocen," pensó frenéticamente. Estaban tratando de agarrar sus brazos y el cuerpo de Harry. "Piensa en la sonrisa de Harry. ¿Recuerdas cómo solía reír? Sólo lo escuché un par de veces, pero... ¿Qué tal de cómo te sentiste cuando dijo 'sí' al invitarlo a vivir contigo?"
"'Expecto Patronum'... 'Expecto Patronum'..." dijo Sirius débilmente, aún sosteniendo a Harry cerca al ver a Remus caer de rodillas, el propio brillo de su Patronus disminuyendo con cada momento que pasaba.
"¡No!" gritó, desesperado por mantener Moony en su rango de visión cuando la abundante masa de dementores comenzó a rodearlo. Se lanzó hacia delante, tratando físicamente de forzar su camino, de llegar a Moony, alejarlos... Pero cada empujón era más débil que el anterior, y pronto su musitado, "'Expecto Patronum'", era poco más que un susurro. Él también cayó de rodillas.
Cuando el último rastro del Patronus de Moony se desvaneció en oscuridad, y todo lo que quedó eran descompuestos, jadeantes respiros y manos muertas que intentaban agarrarlo, Sirius se dejó caer de manera que bloqueaba a Harry físicamente de la vista, tratando de protegerlo con su cuerpo si no podía hacer nada más.
"No," sollozó al tratar de cubrir a Harry con su túnica. "Déjenlo en paz. No lo toquen..." Y entonces no quedó nada más.
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Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!
Apuesto que así es como se sienten ahora, no? XD Qué? Realmente pensaban que iban a sacar a Harry de Azkaban como si nada?? Uff, este fic no es angst por nada :P
Y?? Felices de que haya llegado el chapi de Azkaban por fin :risa malvada: Apuesto a que pocos consideraron en como se iba a sentir Remus al ver Azkaban, ah? Hay miles de razones por las que me gusta este fic, pero este capítulo abarca gran parte de ellas.
Recibo Howlers y amenazas de muerte, pero solo si me las mandan con cariño :3
Vale, me demoré siglos, lo sé. Es que mi beta está agobiadisima con sus cosas y me daba no sé qué postearlo sin corrección... pero creo que me comerán viva si no me apuro... Cuando tenga el chapi beteado lo actualizo.
(EDIT: Uff, ya está beteado, por suerte T.T Qué vergonzosos errores XD Ven que queda mucho mejor gracias a la adorable Iserith :3 Qué haría yo sin ti kiss kiss?? Aprovecho de hacer propaganda de su fic A New Life In San Francisco, que a mi me encanta hasta ahora, asi que aprovechen de darse una vuelta por ahi :3)
Bien, sé que la espera los va a matar. La buena noticia es que el siguiente chapi está casi terminado... La mala es que la proxima semana tengo examenes Y mi cumpleaños, asi que voy a estar un tanto ocupada atiborrandome de comida... No les prometo nada, pero no los tendré esperando tres semanas :cof cof:
Quería que opinaran para saber si seria buena idea poner una encuesta por ahí para decidir mas o menos qué fic traduciré después de este (EDIT: ahm, no, ya sé cual traduciré :D!! Pero me gustaría ver sus gustos igual), a ver qué prefieren ustedes, ya saben, respecto a parejas, personajes, si les gusta mas el humor o el romance, ese tipo de cosas :) Si no les parece la idea, ya veré lo que me gusta más a mí, pero sería mejor tener sus opiniones :D
Ya, me voy para que puedan leer, detengan los rituales vudu! Ya subo el chapi, ya subo el chapi...
