Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen.

Capítulo 35

"Las despedidas son difíciles, pero no hay porqué entristecerse"–el nieto de Ox Satán meditó al continuar su andar–"esto es lo mejor para ellos, no puedo protegerlos eternamente…tienen que aprender a cuidarse por sí mismos".

El recién remozado parque de la ciudad lucía rebosante de vitalidad, poco a poco iba colmándose de más citadinos que se congregaban para honrar a uno de sus mayores ídolos. Reconstruida, la estatua de Videl dejaría de sentirse sola en unos minutos. Siendo ella un emblema de rectitud, era lógico pensar que a su costado debía erguirse otro símbolo de moralidad para acompañarla.

Las súplicas por un autógrafo o una fotografía inundaron sus tímpanos, Son Gohan vestido con su uniforme de superhéroe, atravesaba la enorme aglomeración de niños y adultos que deseaban compartir un apretón de manos con el icónico Gran Saiyaman. Y cada uno ellos añorarán ese momento por muchísimos años, ya que después de ese día no lo volverán a ver.

– ¡Yo jamás perdonaré a los que trabajan para el mal! –Empleando su voz heroica realizó su característica presentación– ¡lucho por la justicia, soy el Gran Saiyaman!

Mr. Satán aplaudió al héroe no sin antes sentir una gota de sudor rodando por su nuca, quizás era un chico con unas habilidades sobrehumanas pero definitivamente no tenía ni la más remota noción de cómo se comporta alguien de su edad. El alcalde, pese a conocerlo muy escasamente, intuía que tal vez su excéntrica conducta era una especie de desahogo por su niñez nada ordinaria.

– ¡Acércate, Gran Saiyaman! –aclarando su garganta, Mr. Satán le llamó.

Una innumerable cantidad de destellos los bombardeó al posar juntos para las cámaras, todos los ahí amontonados deseaban inmortalizar tan solemne encuentro. Con elocuencia, el campeón mundial le dedicó un extenso monólogo enumerando sus valerosas acciones. Al cabo de una hora, Mr. Satán se aproximó a la enorme manta oscura que se situaba a espaldas de los dos.

– Gracias por defendernos, por arriesgar tu vida al proteger la de los demás, por llevar orden donde sólo había caos…tenemos una gigantesca deuda contigo–Mr. Satán alegaba simultáneamente a que se aferraba a la lona–te prometemos que no te olvidaremos, siempre vivirás en nuestras memorias, nuestros hijos y nietos sabrán quién fuiste…

Debajo de su visera, las retinas del heredero al trono se posaron en la carpa que su suegro empezaba a jalar.

– Y para mantener esa promesa vida en los ciudadanos de Ciudad Satán, este monumento nos hará honrarte al recordarte–con un tirón, la frazada cayó dejando al descubierto la efigie con la forma del vistoso paladín de la ley.

La escultura se levantaba victoriosa hacia el cielo bañándose con la luz del sol, con una postura firme ese Gran Saiyaman rocoso enfocaba su vigilante mirada hacia la metrópoli que se levantaba delante a él. Gohan se acercó para tocar a su gemelo de piedra, sonriente se volteó al público regalándoles una boba y genuina expresión de gratitud.

– Se los agradezco, me halagan con su estima hacia mí–Gohan cerró sus párpados por un instante, esta era su oportunidad para despedirse de ellos, debía decirles que partiría–no es mi intención oscurecer esta cálida festividad empañándola con tristeza, pero debo ser honesto con ustedes.

Mr. Satán comprendiendo lo que decía, guardó silencio dándole su espacio para explicarse. Las videocámaras pertenecientes a las estaciones de televisión, enfocaron su completo interés en él haciendo que su faz se proyectara en los cientos de aparatos televisivos que seguían la transmisión.

– Me encantaría poder hablarles sin usar este disfraz, desearía ser capaz de mirarlos directos a sus ojos sin este casco escondiendo mi cara, me gustaría decirles lo que les voy a decir usando mi verdadera voz…pero no puedo, mi identidad permanecerá sumergida en el anonimato por toda la eternidad…

Algunos de sus fanáticos se volteaban a verse claramente confundidos.

– Mi tiempo en Ciudad Satán se ha acabado, me voy…tengo que irme–fue espontáneo y franco, los rostros pálidos e incrédulos se multiplicaron en los espectadores–desde hacía unos meses tomé la decisión, aún así no podía marcharme sabiendo que la ciudad estaba en ruinas, por eso juré que no me iría hasta no ver cada edificio y carretera de vuelta en su lugar…

Humedeció sus labios al proseguir.

– Quisiera decirles una cosa más, no necesitan de ningún superhéroe para vivir tranquilos, tampoco deben depender de las faenas de un enmascarado que salve el día, ustedes por sí mismos, poseen la obligación de construir una sociedad mejor e imparcial, respeten las leyes y detengan a cualquiera que pretenda romperlas, no le tengan miedo al mal…el temor lo fortalece haciéndolos sentir insignificantes contra él.

Gohan flotó suavemente preparándose para retirarse.

– Nunca olvidaré ni a Ciudad Satán ni a sus pobladores, lamento que mi partida sea tan apresurada pero así tiene que ser…al menos quería decir adiós antes de esfumarme.

Elevándose con lentitud, el Gran Saiyaman levitó por arriba de sus cabezas.

– Les deseo buena suerte, sé que cuidarán su hogar, que lo defenderán de las injusticias–paulatinamente se fue dando la vuelta en el aire– ¡adiós a todos!

Acelerando como un cohete, surcó el firmamento dibujando una larguísima estela entre las nubes. Sobrevoló por encima de los rascacielos y las avenidas de la urbe, provocando que un centenar de personas lo señalaran al pasar sobre éstos. Pronto vio una edificación en particular en la distancia, ya más tranquilo, descendió en un callejón solitario despojándose de su atuendo heroico.

– ¡Está hecho! –se dijo murmurando–sólo falta una última cosa por hacer.

Caminando con normalidad, se introdujo en el edificio que avistó previamente. Aquel sitio se trataba del nuevo domicilio de Mr. Satán, en contraste con el pasado, el padre de la justiciera no deseó reconstruir su mansión optando por mudarse al centro de Ciudad Satán. Queriendo dejar en el olvido sus excesos, se propuso convertirse en un hombre más simple.

No era el inmueble más lujoso ni el de mayor altura, tales vanidades ya no eran apetecidas por él. Las hordas de mayordomos que solían mimarlo también se desvanecieron, únicamente unos cuantos lacayos le servían, quedando éstos estupefactos, al ver a su famoso jefe haciéndose cargo de sí mismo en reiteradas ocasiones. El alcalde egocéntrico que conocían ya no existía más.

Subiendo por el elevador, Gohan arribó al piso en el cual ella se hospedaba. Al hallarse frente la puerta de su alcoba, la golpeó dócilmente sin recibir respuesta. Intrigado la abrió dando un paso en el interior, el televisor continuaba encendido mostrando repetidamente las imágenes del Gran Saiyaman desapareciendo en el horizonte. Silente, se sentó en la cama para mirarlas.

– No estuvo mal, se nota que ya lo tenías ensayado–una vocalización inesperada lo pasmó–te confieso que extrañaré al Gran Saiyaman, era ridículo pero lo estimaba mucho.

– ¡Videl!–Gohan giró a su derecha viéndola salir de la ducha, alarmado se puso de pie volteándose–discúlpame, no sabía que estabas…

– Tranquilízate, no actúes como si estuviera desnuda–bromeó al colocarse ante a su espejo, efectivamente su figura femenina se encontraba arropada luego de darse un tibio baño– ¿por qué esa cara tan decaída?

– Es curioso, yo también extrañaré al Gran Saiyaman.

– Te comprendo, pero recuerda lo que me dijiste hace unos días–Videl le puntualizó recitando su frase con exactitud–deseo volver a ser yo mismo…

Gohan asintió al recordar aquella caminata. Él, Videl e Ireza pasearon sin rumbo fijo por los rincones de Ciudad Satán gozando de una tarde tranquila y llena de conversaciones. No podían faltar las exaltantes ocurrencias de Ireza con respecto a su boda, la imaginación de la rubia se desbordó al visualizar cada detalle de su fantasía.

A sus pies se enaltecía un majestuoso castillo, sintiéndose como en los cuentos de hadas para niñas pequeñas, la blonda se perdió en esa bella alucinación. Un interminable jardín se localizaba a ambos lados del palacio, y en medio de éste, los elegantes carruajes tirados por caballos se desplazaban a la zona donde la ceremonia daría inicio en un santiamén.

Con sus dedos entrelazados, los sucesores de los actuales monarcas se pararon encarándose reflejando la felicidad que los poseía. Príncipe y plebeya; Rey y Reina, jurándose amor eterno quedando éste sellado con un auténtico beso. Gohan y Videl se miraron, no tenía caso tratar de detenerla, la jovencita de dorados rizos era imparable al enamorarse de un ideal.

Mira una cafetería–Videl interrumpiendo la narración de su camarada, les indicó lo que sus globos oculares percibían en la lejanía–vayamos, comamos algo.

¡Fantástica idea, vamos! –afirmó Gohan, prolongando la obstrucción que Videl le dio a Ireza.

Reunidos en una mesa, el par de damiselas reinició su plática. Ireza especulaba sobre la vestimenta blanca y pulcra que Videl usaría en su casamiento, sabiendo que ella no era adepta a ese tipo de ropajes, sus retinas brillaban ansiosa por verla arreglada para la gala. Por su parte, Videl se inquietó al advertir la prolongada mudez que apresaba la boca de Gohan.

¿Sucede algo malo, por qué estás tan callado? –Videl le consultó, Ireza inmediatamente le miró.

Despreocúpate, no es nada…

Gohan–pronunció su nombre con seriedad–te conozco, eres un pésimo mentiroso, habla o te obligaré–ironizó.

De acuerdo–suspiró–solamente estaba pensando en cómo desprenderme del Gran Saiyaman, su misión ya se completó, su existencia ya no posee ninguna razón de ser.

¿Quieres deshacerte de él? –Ireza le cuestionó.

Debo hacerlo Ireza, en poco tiempo regresaré a casa, y él de todos modos, dejará de hacer acto de presencia en Ciudad Satán–argumentó apoyando su barbilla en sus puños unidos–su desaparición traerá consigo muchas interrogaciones, la gente se preguntará qué pasó con él…además, la policía tiene que hacerse cargo de mantener el orden, después de todo, esa es su función, por años se quedaron cruzados de brazos plácidamente mientras Videl les pateaba el trasero a los delincuentes, no obstante ya es hora de que hagan su trabajo por sí mismos…

Ya veo, y estás en lo cierto–Videl con elegancia jugueteó con su melena, acomodando sutilmente un mechón en su oreja izquierda–aún recuerdo cuando apareció, no lo soportaba, sentía tanta envidia por sus poderes, quería saber quién era y sus ridículas poses me sacaban de quicio…

¿Ridículas? –Gohan objetó fingiendo estar ofendido– ¡eran geniales, no existe ni existirá otro superhéroe tan sobresaliente como él!

Si tú lo dices–Videl rió, aunque ésta se silenció rápidamente–pero tienes razón, al Gran Saiyaman le llegó la hora de jubilarse.

Y no sólo es eso, yo también quiero dejar de aparentar ser alguien que no soy–Gohan con sinceridad alegó–se siente bien hablar con ustedes porque ya saben la verdad sobre mí, sencillamente deseo…deseo volver a ser yo mismo.

Al terminar y habiendo pagado la cuenta, los tres reanudaron su andanza viendo aún impresionados como la metrópoli se había recuperado tan velozmente como lo hizo. Únicamente quedaban algunos fragmentos por finalizar, no obstante, Ciudad Satán a pasos agigantados volvía a la calma y a la cotidianidad.

¿Escuchan eso? –Videl les interrogó.

No oigo nada.

Yo tampoco.

A eso me refiero–Videl les dio un guiño–antes las sirenas de la policía sonaban todo el tiempo, ahora ya no se escuchan…aún así, no voy a cegarme, ya aparecerán otra vez, los criminales volverán, pero confío que la policía cumpla con su trabajo–Videl observó a Gohan con una expresión pensativa–ya comprendo mejor lo que dijiste, yo tampoco puedo dedicarme de por vida a limpiar las calles…

La justicia era su vocación, tanto para ella como para él, pese a eso, su etapa como guardianes de Ciudad Satán no sería eterna.

Gohan la veía atentamente cuando vio detrás de sus acompañantes femeninas, un letrero que le robó en su totalidad su atención, trayéndole reminiscencias de sus primeras experiencias al ser un adolescente común. Disculpándose con las señoritas, se separó de ellas dirigiéndose al sitio que se ganó su interés prometiéndoles que no se demoraría en retornar.

Si continuamos así, reabriremos el restaurante muy pronto–acotó un caballero al ver la renovación de dicho establecimiento de alimentos.

Michael.

¿Gohan, eres tú chico?

Sí, qué bueno verte.

Digo lo mismo, santo cielo, cuando no volví a saber nada de ti pensé que el loco de Diecisiete te había asesinado…–impugnó abatido.

No te mentiré, casi lo hace pero gracias al heroísmo de Mr. Satán pude salvarme–se excusó escudándose con la supuesta intervención salvadora del campeón–el restaurante sufrió muchos daños, es una pena.

No te preocupes, en unos días regresaremos al negocio aunque necesitaremos mucha ayuda–Michael sonriente chasqueó sus nudillos– ¿te gustaría volver?...serás el dueño de la cocina.

Gracias por la oferta, pero venía a decirte que renuncio–Gohan le comunicó–con todo lo que sucedió por culpa de Diecisiete, mis padres quieren que vuelva a casa, así que no tengo más remedio que irme, me voy de Ciudad Satán.

Ahh comprendo, es una lástima…

Discúlpame, pero estoy algo apurado

No hay cuidado, cuídate chico…adiós.

Adiós…

Estrechando sus manos con su antiguo jefe, Gohan se alejó no sin antes darle un último vistazo al restaurante. Siendo miembro de la burguesía, cuidar su reputación era un deber más que obligatorio. Sin embargo, Gohan ni remotamente era alguien que le importase en demasía su estatus social, quedando esto demostrado al aceptar el empleo que ese sitio le brindó.

¿Adónde fuiste? –Videl curiosa le consultó al verlo volver.

Me despedía de un amigo, ya te lo había dicho, quiero marcharme sin tener ninguna deuda con nadie.

Deuda…–la ojiazul declamó ese vocablo entrecerrando sus pestañas.

¿En qué estás pensando Videl? –conociéndola, Ireza intuyó que algo fraguaba en su mente.

Creo que encontré la forma correcta para que te desasgas definitivamente del Gran Saiyaman, sé que sonará apresurado pero asumo que funcionará.

Vamos dilo, te escucho–Gohan intrigado quiso oírla.

Era un plan simple y directo, Videl hablaría con su padre para que éste efectuara un homenaje al superhéroe, aglomerando de este modo, a casi toda la población de la ciudad en dicho evento. Una vez presentada la oportunidad para hablar, Gohan se despediría de Ciudad Satán retirándose en paz tanto con ellos como consigo mismo. Cerrando su ciclo como héroe enmascarado.

– ¿Qué estás esperando?... ¡ve a vestirte, la graduación inicia en una hora! –Videl sacándolo de sus recuerdos, lo trajo al presente con una potente vociferación.

– Sí, es cierto…

Dispuesto a abandonar el dormitorio de Videl, Gohan posó su mano en el pomo de la entrada quedándose allí congelado sin dejar de observarla. La pelinegra peinaba con cuidado su larga cabellera azabache, sin percatarse que estaba siendo admirada. Hipnotizado por su aún húmeda piel, viró sus pupilas a las maletas que se ubicaban preparadas a un lado de su guardarropa.

Eran valijas pequeñas, se notaba que en ellas no había muchas pertenencias empacadas. Él conocía perfectamente los gustos sencillos de la heroína, si bien era la descendiente de una personalidad de importancia mundial, Videl jamás fue una mujer que se dejara embriagar por las riquezas, por el contrario, ella constantemente las ignoraba llegando al punto de aborrecerlas.

Devolviéndole su privacidad, Gohan se encaminó a la recámara que su suegro le proporcionó. Al entrar en el aposento, se apresuró a darse un baño y a cambiarse de vestuario. Mirando su reflejo, el jovencito terminó de colocarse su corbata con delicadeza. Esa era su última noche allí, y ante al pensamiento, se prometió que nunca olvidaría los buenos y malos momentos que ahí vivió.

Ciudad Satán lo acogió sin importarle su origen.

Ciudad Satán lo trató como una persona más.

Ciudad Satán lo hizo sentirse normal.

Ciudad Satán lo renovó.


El eco de la música resonaba en los muros de la biblioteca, al caminar las puntas de sus dedos se deslizaban entre las numerosas cubiertas de aquellos libros dotados de conocimiento y saber. Paseándose mudo entre los estantes, Gohan se perdió en las remembranzas que tal sitio le obsequiaba al acompañarlo silentemente.

Paulatinamente llevó su mirada a su otra mano, sonriente vislumbró el diploma que sostenía. Se graduó de preparatoria, sin duda su madre estaría orgullosa de ello, aunque en el fondo Gohan reconocía que dicho documento no formaba parte de sus prioridades. No obstante, la sensación de pertenencia que experimentaba con sus demás compañeros de clase le era gratificante.

Continuó divagando al sentirse nostálgico, hacía más de seis meses atrás, cuando se embarcó en el viaje que lo atrajo hasta aquí, no imaginó que terminaría apreciando tanto ese sitio en específico. Podría revivir ese día con sumo detalle, los estudiantes se preparaban para la próxima ronda de examines, otros buscaban información para redactar un extenso ensayo ordenado por su maestro.

Y ella, ella, sostenía una batalla que para su frustración iba perdiendo. Sus oponentes eran los números, las ecuaciones armadas con tediosos enigmas matemáticos que trituraban el intelecto de la chica peinada con coletas. Impulsivamente se le acercó, le ofreció su ayuda, habiendo estudiado tales dilemas aritméticos bajo la supervisión de sus estrictos tutores, le eran fáciles.

Un grito aterrador les obligó a ignorar su conversación académica, una espesa cortina de humo inundaba la sala de estudio mientras las llamas devoraban cada centímetro que tocaban. Sus dotes extraordinarios le impulsaban a reaccionar, sin embargo, fue ella la primera en hacerlo. Era natural, ella era una justiciera, siempre olvidando su seguridad para velar por la de los demás.

Valiente, sin miedo, guió a los aterrados adolescentes en dirección de la salida más cercana. Hallándose centrada en su labor, se percató tardíamente de como un pesado anaquel de madera ardiente se inclinaba peligrosamente en su contra. Por reflejo, sin pensarlo, él se lanzó cubriéndola sintiendo como la robusta repisa se fragmentaba en su espalda.

A pesar de eso, fueron sus labios los que demandaron su total concentración. Ese primer húmedo contacto fue por accidente, más no los siguientes que vendrían con mayor frecuencia. Lentamente se apartó, el pánico asomó su cruel cabeza al darse cuenta de lo sucedido, pero éste se evaporó al reemplazarlo por la maravillosa emoción que percibía al tener a esa criatura en sus brazos.

– ¿Qué haces aquí? –Y precisamente, la voz de esa belleza esculpida le llamó–la fiesta se acabará pronto, Ireza está buscándote como una loca, en cualquier instante tomarán la fotografía grupal y no puedes faltar.

– Por supuesto Videl, iré enseguida–respondió el álter ego del retirado Gran Saiyaman–pero primero ven, acércate.

– ¿Qué rayos te pasa, por qué esa sonrisa? –le cuestionó arqueando una ceja.

Gohan no contestó, únicamente abrió sus extremidades invitándola a unírsele. La poca luz que los bañaba no fue impedimento alguno para disfrutar de su silueta, se aproximó con cautela y recelo, ella después de todo era muy suspicaz. Embrujado, admiró su figura femenina engalanada con la delgadez del vestido púrpura que resaltaba sus retinas azuladas.

El piso rechinó con el golpeteo de sus zapatillas, al ser una mujer de baja estatura, aquel par de pequeños tacones se confabulaban con sus tersas piernas para dotarla de un esplendor inigualable. Al rodear su cintura, la pegó a su cuerpo, provocando que sus pieles volvieran a embriagarse por el mero hecho de rozarse.

– Nunca te había visto maquillada, me encanta tu naturalidad pero verte así…no hay palabras–le susurró admirando su rostro adornado.

– La culpable de esto es Ireza, ella y su terca obstinación por los cosméticos–alegó la hija de Mr. Satán–rápido, volvamos, deben estarse preguntando dónde estamos…

– ¡Qué esperen, quiero quedarme contigo a solas!

– ¿Y qué tienes en mente, nerd? –rebuscando en el baúl de los recuerdos, reutilizó el viejo apodo que acompañó a Gohan en sus inicios en la preparatoria.

– ¿No es obvio? –Razonó cerrando la brecha que los separaba–quiero besarte en el mismo lugar donde lo hice por primera vez.

– ¿Quién eres tú? –Le interrogó con cierta desconfianza– ¿en dónde está el verdadero Gohan, el torpe y tímido Gohan, acaso eres su gemelo malvado?

– ¿Pero qué dices, Videl? –divertido rió–soy yo, deseando solamente darte un beso.

– ¿Qué pretendes Son Gohan?

– Sabes, antes de venir a Ciudad Satán ya conocía lo que era sentir amor por mi madre, por mi padre, por mi abuelo, por mi hermano y por mis amigos–enunció con pausa al juguetear con su suelta cabellera azabache–pero, al conocerte descubrí el significado de amor que me hacía falta conocer, el de sentirse enamorado, si yo fui tu profesor al enseñarte a volar, tú fuiste mi maestra al mostrarme ese sentimiento…

– Ahora todo tiene sentido para mí–Videl le interrumpió–acabé enamorada de un auténtico loco…

– Sé que lo recuerdas–le dijo con vehemencia–el incendio de la biblioteca, sé que no lo has olvidado…

– ¿Y por qué lo recuerdas hoy precisamente, a qué viene esto?

– Mañana nos iremos, y antes de marcharnos sólo quería conmemorar ese día…el día en que hallé a la prometida que me propuse encontrar.

Invadido por el pasado y el presente, la besó impulsivo haciendo que esa caricia ardiera más que el fuego que destruyó esa librería tiempo atrás. Si bien la unión fue apasionada, duró menos de un minuto. De proseguir, las acciones se tornarían ruidosas llevándolos a enfrascarse en una pelea en la cual, no se necesitan ni los puños ni las patadas, aunque sí de la intensidad y el ahínco.

Tranquilizando sus respiraciones, volvieron a encadenar al deseo. Aún sonrojados, sus pasos los llevaron a la salida. Gohan dándole un vistazo de soslayo a esa habitación, le agradeció reiteradamente en su interior. Las melodías de la fiesta se intensificaron, al cruzar la puerta ambos fueron recibidos por el colorido y las tonadas que mecían conjuntamente a los bailarines.

– ¿En dónde demonios estaban? –Ireza les gritó con enfado– ¡los he estado buscando por todas partes!

– ¡Shhh baja la voz! –le pidió Videl–no hace falta gritar.

– Sólo fuimos a caminar, pero ya estamos de regreso–Gohan intercedió.

Imprevistamente, una canción suave y la disminución de la iluminación crearon un ambiente más personal, atrayendo como el metal a un imán, a los jóvenes que se dejaban llevar por su ritmo. Sus ojos se conectaron en un santiamén, conversándose sin emplear ni una sola sílaba, la heredera de Mr. Satán se negó cuánto pudo a la solicitud tácita del primogénito de Son Goku.

– ¡Ohh vamos, nos divertiremos! –queriendo tener una anécdota más para relatar en el futuro, Gohan demostró su afán por pisar la pista de baile junto a ella.

– ¡No!

– No seas cobarde, sólo es una canción.

– ¿Me acabas de decir cobarde?

– Sí, eso dije.

– ¡Jamás, jamás me vuelvas a llamar cobarde! –exasperada le demandó.

Conociendo a la perfección su temperamento volátil, Gohan recurrió a éste para lograr su meta. Una sonrisa se formó en su semblante, provocando que la irritación se incrementara en Videl. Sin suprimir esa expresión de su cara, se inclinó hacia ella preparado para avivar aún más ese arrebato de impulsividad que circulaba por sus venas.

– Cobarde–repitió jovial–Videl Satán se intimida por una burda canción, y yo creía que nada le daba miedo.

– ¡Cierra la boca! –impetuosa, lo haló uniéndose a los restantes adolescentes que bailaban.

Victorioso, Gohan se dejó arrastrar por ella sin resistirse. Los demás graduados al notarlos, no pudieron evitar observarlos con cierto asombro. Videl bailando, ella, eso tenía que ser un sueño. La Videl que recordaban bajo ninguna circunstancia haría tal cosa, ni en un millón de años. Y para aumentar su sorpresa, el chico que la acompañaba en su danza era el genio de la escuela: Gohan.

Cuándo fue que sucedió esto, en qué momento el cerebrito de toda la secundaria se acercó tanto a la implacable heroína de la ciudad. Cientos de atrevidos galanes fracasaron al tratar de persuadirla para tener una cita con ella, llevándolos a una nueva cuestión, qué hizo que cambiara al mediático Shapner por el timorato Gohan.

Por otro lado, ignorando las miradas de confusión que su acercamiento desataba, a Gohan le costaba algo de trabajo apegarse al compás de la música, permitiéndole a Videl ser la que lo guiara al marcar la simetría a seguir. Apoyando su cabeza en su pecho, la pelinegra no tardó en puntualizar el repentino cambio de actitud de su prometido.

– ¿Qué le pasó al Gohan atrevido que me besó hace poco?

– Se marchó, porque se dio cuenta de la verdad–respondió con un murmullo.

– ¿Qué verdad?

– Que le gusta dejarse dominar por ti.

– ¡Tonto! –sonrió al desviar su rostro.

– ¿Por cierto, dónde aprendiste a bailar así? –cuestionó aferrándose a su anatomía femenil.

– En mi casa–bufó al recordar–unos meses antes de conocerte, papá me impulso un instructor de baile ya que solía hacer muchas fiestas, y quería que yo diera una buena imagen de la familia ante los invitados…

– ¿Y qué pasó?

– ¿Tú qué crees? –Replicó con otra interrogante–me harté de las estúpidas lecciones y mandé al demonio al profesor, claro que papá se enfadó pero de todas maneras en esa época ya discutíamos por cualquier tontería.

– Pues no lo haces nada mal, incluso mejor que yo.

– ¡Deja de decir estupideces…y bailemos! –incómoda le reprendió, era obvio que él se divertía a costa de su carácter.

Imitando con mayor confianza los movimientos de ella, Gohan bailó con más garbo acabando de escribir de éste modo, la página restante en su aventura en Ciudad Satán. De un príncipe a un don nadie, de un don nadie a un superhéroe y de un superhéroe a su verdadero yo. Un yo que nunca antes tuvo la oportunidad de salir, un yo que no volvería a sepultar en lo profundo de su alma.

– ¡Cómo voy a extrañar a esos dos! –Ireza embobada al verlos no escondió su sentir, la rubia atesorará esta noche infinitamente.

– Mira sus caras Ángela, míralas con atención–lejos de los otros púberes, un determinado Shapner le afirmaba a su amada pelirroja–algún día, sus rostros no ocultarán su admiración al ver lo que hemos logrado.

– Sí…

– Despídete del ayer, a partir de mañana comienza nuestra era dorada…

Con sus brazos entretejidos, abandonaron el edificio dispuestos a no volver por ningún motivo. Eran un par de locos, unos dementes que disfrutaban de su delirio. Libres de la enviada y el odio que les profesaban, ambos se mentalizaron en ser felices a su estilo. Retorcido y bizarro; singular y excéntrico, pero geniudo a la vez. Incluso él y ella, tenían derecho a soñar en grande.

Las horas no detuvieron su marcha, la oscuridad había alcanzado su adultez alertando mudamente de su inminente partida. Las notas musicales igualmente acabaron apagándose, las últimas fotografías fueron tomadas, los anuarios se decoraron con cientos de firmas y buenos deseos, era tiempo de decirle adiós a la adolescencia.

Era tiempo de decirle adiós a Ciudad Satán.

Percibiendo la radiante presencia del sol por arriba de sus cabezas, caminaron sin prisa acercándose a la salida de la metrópoli que les dio el regalo más esplendido que podía darles: conocerse. Su equipaje era escaso, aún así eso era lo único que necesitaban para emprender la odisea que los marcará de por vida.

Sus botas se plantaron sólidamente en el pavimento, Videl observó desde la distancia los rascacielos que no se detendrían hasta conquistar el firmamento. Vislumbró el paisaje urbano experimentando una inaudita mezcla de sentimientos: melancolía, felicidad, esperanza, miedo, ansiedad y gallardía.

El viento agitó su cabellera haciéndola reaccionar, el golpe de realidad le hizo evocar a su padre y a Ireza. Quienes con lágrimas le desearon toda la alegría del mundo, suplicándole también que los visitara cada vez que le sea posible. Mr. Satán la abrazó resistiéndose a la idea de verla marchar, no obstante, Videl poseía unas alas demasiado hermosas para no mirarla volar hacia su destino.

Te lo vuelvo a advertir chico, no me importa si eres un príncipe, o un rey, o un emperador o lo que sea–Gohan recordó la frase final de su suegro a instantes de irse–si una sola vez, si una sola vez lastimas o hieres el corazón de mi Videl…juró que te buscaré hasta el fin del mundo y te daré la golpiza más colosal que alguna vez hayas recibido… ¿te quedó claro?

Por supuesto, le prometo que la cuidaré…

Rasgando la tela del pretérito, una mano se posó en su hombro haciéndola voltearse.

– ¿Quieres ver de dónde provengo, visitar lugares que jamás escuchaste mencionar, conocer personas con historias fantásticas y aprender técnicas que sólo unos cuantos dominan?

– Sí.

– Entonces, ven conmigo.

Regresando a ser la que siempre ha sido, la justiciera se quitó los grilletes con los que la aflicción la ataba. La pena no estaba justificada, se había imaginado tantas veces viajando por los rincones de la Tierra y ahora se hallaba a centímetros de iniciar ese viaje. Y previamente de dar media vuelta para reanudar su travesía, contemplando la extensión de su hogar le musitó sonriente:

– Este no es un adiós, es sólo un hasta luego…yo volveré algún día, doy mi palabra, yo volveré.

Habiéndose despojado de las cadenas mentales que la detenían, Videl se giró viendo hacia delante preparada para lo que sea que encuentre en su sendero. Gohan con lentitud empezó a levitar despegando sus pies del suelo, imitándole, la sustituta de Milk se separó del asfalto elevándose gradualmente en el aire.

Una risa casi infantil resonó en los tímpanos de Gohan, al verla de soslayo no pudo evitar sonreír al notar el júbilo que emana de ella al sencillamente volar. Para el hijo de Son Goku, tal cosa era de lo más cotidiano y no estimulaba en su interior ninguna emoción desmedida. Por el contrario, a Videl esa habilidad sobrehumana la llenaba de adrenalina empujándola a encumbrarse más y más alto.

Sintiéndose completamente libre, la damisela únicamente se concentraba en continuar acelerando, olvidándose por un santiamén en la dirección en la cual se enrumbaba. Silencioso, Gohan se limitó a seguirla despreocupado por su actual trayectoria. Al fin y al cabo, esa era la intención de su peregrinaje: hacer que Videl hiciera todo aquello que normalmente no hacía.

– No es mi intención arruinar tu regocijo pero…–Gohan le habló al flotar junto a ella– ¿tienes alguna idea de hacia dónde vas?

A veces, Gohan podía llegar a ser un aguafiestas.

– ¡Discúlpeme su majestad, me olvidé de eso! –Bromeó al darle una reverencia– ¿podría indicarme qué ruta debo tomar?

– ¡Claro que sí, su alteza! –le respondió con tono jocoso–el reino está por allí…

– Pues vamos, te sigo–Videl se preparaba para proseguir, cuando sus intenciones fueron frenadas por Gohan al colocarse ante ella– ¿qué te ocurre?

– Aún no Videl, aún no iremos allá–Gohan le contestó.

– ¿Pero pensé que…?

– Sé que quieres ayudarme a volver, pero antes de hacerlo quisiera que pasáramos un tiempo a solas–sereno, Gohan le expuso sus aspiraciones– ¿recuerdas lo que me dijiste cuándo te estaba enseñando a utilizar el ki?

– Yo no…–balbuceó.

– Yo sí lo recuerdo…

¿Y tú Videl, qué harás con tu vida en el futuro? –revivió la pregunta que él le hizo al darse un descanso de su entrenamiento, en aquella época él aún permanecía disfrazado como el Gran Saiyaman.

Como ya te había dicho me gustaría viajar por algún tiempo, después aunque te suene increíble quisiera casarme y tener hijos.

¿Hijos? –él se carcajeó levemente.

Sabía que no me creerías, pero aunque lo dudes eso quiero…

Videl tardíamente escuchó sus propias palabras en su memoria.

– Todavía somos jóvenes Videl, y me gustaría tomar las cosas a la ligera aunque fuera una sola vez en mi vida…además, querías conocer el mundo, así que vamos, esta es tu oportunidad.

– ¿Hablas en serio?

– ¡Claro que sí! –Exclamó– ¿qué dices, aceptas?

– Pero, qué pasará con…

– Todo tiene su momento Videl, previamente a reemplazar a mi abuelo quisiera disfrutar de tu compañía, no deseo envejecer sabiendo que desperdicié una ocasión tan especial como ésta.

Amaba enfrentarse a cualquier cosa, no solamente a un oponente en una batalla, sino asimismo, a las situaciones inesperadas. La impulsividad que la caracterizaba no demoró en encender su espíritu, asintiendo con la cabeza observó al horizonte desconociendo que senda elegir. Aún así, salió disparada a su máxima velocidad ignorando qué encontraría en esa ruta.

– ¡Hey espérame! –Gohan le gritó al quedarse rezagado.

– ¡Alcánzame! –con más de veinte metros de ventaja, Videl le vociferó juguetona.

Fácilmente podría sobrepasarla sin esfuerzo, sin embargo tal cosa sólo arruinaría la diversión. Persiguiendo la estela que Videl creaba al moverse, el heredero a la corona real no borró el optimismo de sus facciones al saber que ya no había remordimiento alguno en su conciencia. Dejando a sus espaldas una renacida Ciudad Satán, ambos fueron a buscarse a ellos mismos.


Una ráfaga de viento empujó las hojas sobre la hierba, ella, pese a sentir lo gélido del clima, no se movió ni un milímetro de allí. Sus rubios cabellos se agitaban tremendamente, aquel peinado que tan laboriosamente cuidaba ahora carecía de cualquier importancia. Lejos, callado e indeciso, un nervioso Krilin la miraba hipnotizado por la empatía que esa mujer le causaba.

Oculto a plena vista, Picorro también la observaba aunque no con la misma compasión con que la hacía el hombrecillo sin nariz. Dieciocho por fuera era una señorita dotada de una gran belleza, una belleza que escondía el tremendo y devastador poder que era capaz de liberar. Rodeándola, se encontraba un pelotón de más de una treintena de guardias atentos a sus movimientos.

Si bien eran soldados entrenados en el manejo de lanzas y espadas, eran relativamente inútiles si fuera necesaria su intervención para detener cualquier acción ejecutada por la cazarrecompensas. Tal hecho mantenía inquieto a Picorro, ella sin el más mínimo inconveniente derrotaría a toda esa división armada recuperando su libertad. Aún así, ella ni remotamente lo intentaba.

– Bien, se acabó el tiempo–Picorro y su gruesa voz llenaron la silenciosa atmósfera– ¡guardias, escóltenla de regreso a su celda!

– ¡Sí, señor!

El sonido de sus pesadas armaduras hizo que ella los mirara con el rabillo de su ojo, totalmente inmóvil y aburrida no trató de alejarlos. Picorro se aproximó cauteloso sin confiarse, el comportamiento apático de Dieciocho no disminuía el recelo que poseía, en contraste, éste lo incrementaba volviéndolo más cuidadoso con la hermana de Diecisiete.

– ¿Qué estás esperando? –Le cuestionó al colocarse a su derecha– ¡muévete, camina!

Dieciocho no despegaba su atención de la lápida plantada frente a ella, su mirada fría e inexpresiva, se clavaba firmemente en la losa rocosa que señalaba el punto donde su único pariente yacía enterrado. Picorro continuó gritándole que se moviera, no obstante, la mortífera cazadora de fugitivos ignoraba sus demandas, produciendo que Picorro se irritara notoriamente.

– ¡Te dije que te movieras! –encolerizado, el peleador de piel verdosa la sujetó de su brazo.

Una vez más, Dieciocho no reaccionó quedándose petrificada allí.

– ¡Ahhhh! –con la paciencia agotada, Picorro iba a halarla.

– ¡Alto, espera! –cuando fue interrumpido por Krilin.

– ¿Qué?

– Déjame a mí, yo me encargaré de llevarla a su calabozo–tragándose sus dudas, desasió la sujeción de Picorro sobre Dieciocho.

– ¿Estás loco o qué? –incrédulo le discutió.

– Anda Picorro, no seas obstinado–Krilin se paró entre ella y él distanciándolos– ¿acaso no te das cuenta que ella está…?

Su alegato se cortó al percatarse que Dieciocho le miraba, maldiciendo mentalmente por haber abierto la boca, Krilin enmudeció en el acto. Picorro se cruzó de brazos renuente a su solicitud, aún así Krilin no borraba esa expresión suplicante de su semblante. Para sorpresa de Krilin, Picorro se corrió a un lado aprobando silentemente su absurda petición. Captando el mensaje, actuó.

– Dieciocho–timorato pronunció su nombre–comprendo que te duela la muerte de Diecisiete, estoy seguro que pese a sus acciones tú le querías muchísimo, trataré de convencer a la reina para que te permita visitarlo más seguido–se detuvo tomando fuerza para proseguir–pero, por ahora se acabó la visita y debes regresar a tu celda… ¿podrías por favor caminar?

Inesperadamente la rubia puso en marcha sus pantorrillas, los centinelas reaccionaron tardíamente escoltándola en su andar. Picorro pasmado le siguió muy de cerca, sin quitarle sus agudas retinas de encima. Krilin se apresuró a colocarse a su costado, no era necesario mostrarle el camino. Luego de más de dos meses allí, Dieciocho memorizó el trayecto a su mazmorra.

– Ni creas que lo hago por ti, enano–Dieciocho mordazmente afirmó de improviso–si regreso a ese repugnante calabozo es porque yo lo decidí…

– Sí, claro…lo que digas–Krilin respondió alejando sus ojos de ella.

Atrás quedó la leve colina que fungía como última morada para Diecisiete, aquel hombre que deseó tomar todo lo que el mundo podía ofrecer para sí mismo, acabó sepultado en una sencilla tumba apenas decorada con una simple inscripción en piedra. El conquistador de Ciudad Satán aprendió la ley de la vida de forma trágica: llegaste con las manos vacías y así te irás.

La puerta de la prisión se cerró sonoramente al ingresar, Dieciocho se refugió en la oscuridad de la habitación regresando al desinterés que la ha acompañado desde su llegada a esas tierras monárquicas. Como ya era su costumbre, y más al ser el Comisionado de Seguridad designado por la esposa de Goku en ese cargo, Picorro se reclinó en una pared contigua permaneciendo alerta.

– Yo me ocupo de todo a partir de aquí, ya puedes irte–el peleador de color verde le aseveró.

– ¿No quieres que te ayude? –Sugirió esperanzado– ¿podríamos tomar turnos para vigilarla…?

– ¡No! –Secamente le manifestó–me parece que estás olvidando lo peligrosa que es esta mujer, si piensas vigilarla tienes que estar dispuesto a hacer lo que sea por detenerla, y honestamente, no creo que puedas actuar así…

– Tienes razón–reconoció derrotado, sin embargo un destello de sus pensamientos salieron a relucir–pero Picorro, tú tampoco debes olvidar que Dieciocho no ha hecho nada malo desde que llegó aquí, ella no es el monstruo que muchos piensan.

Sin esperar contestación de su parte, Krilin giró sobre sus talones caminando por el sombrío pasillo, deteniéndose instantes más adelante, volteó sus globos oculares a la recámara que la aprisionaba. La escueta luz de las escasas antorchas, apenas si lograba escurrirse por medio de los gruesos barrotes. Con pausa reanudó su avance, formulándose una incógnita en su mente:

¿Una chica otorgada con tanta hermosura sería capaz de poseer una inmensa maldad?

Rechazando dicha posibilidad, Krilin escuchó una voz en lo recóndito de su subconsciente contestando negativamente y con vehemencia.

– ¿Qué sucede conmigo? –se interrogó al avistar en la lejanía el gigantesco castillo.

Siempre había sido un hombre noble, fiel a sus amistades y a los ideales que con ellos compartía. Aún así, durante casi toda su existencia le fue desleal a alguien: a él mismo. Al vivir en la Tierra del Fuego, reconoció a Milk como su soberana aunque él no era oriundo de allí. Le sirvió a la corte real con entereza, ignorando la circunstancia de que no podía marcharse ni forjar su destino.

Era un individuo solitario, le agradecía al cielo por tan auténticos amigos, no obstante, continuaba sintiendo esa sensación de estar vacío. Tal melancolía le recordaba a Gohan, el joven príncipe debió salir más allá de las fronteras del reino para hallar aquella persona que completaba su ser. Y quizás, él para llenar ese hoyo a lo mejor debía imitar su búsqueda.

Pero tal vez, no era necesario que viajara a una ciudad lejana. Su complemento, se encontraba más próximo de lo que imaginaba. Sí, qué remedio tenía ocultárselo. Los constantes vistazos que depositaba en ella, esa persistente afinidad que lo llevaba a pensar que debajo de esa gélida armadura de agresividad, existía una damisela ahogada en un amargo abandono. Sí, ella le atraía.

Él, sumergido en esa soledad que florecía en su interior, pudo percibir el sentimiento homónimo que se arraigaba en Dieciocho. Desconocía su pasado, entendía su presente y temía por su futuro. Krilin presentía que la mercenaria estaba reprimiendo un punzante dolor emocional, y tal como una represa, éste se acumulará desmedidamente hasta llegar a una inevitable ruptura.

– ¿A quién pretendo engañar? –Farfulló melancólico–estoy tan desesperado por tener a alguien, que ya empecé a ver cosas donde no las hay.

Casarse y construir una familia eran sus eternas fantasías, meras ambiciones que ahora se veían más lejanas que nunca. Goku y Milk; Bulma y Vegeta, y más recientemente: Gohan y Videl. Por qué los demás parecían triunfar dónde él constantemente fracasaba, se cuestionó. Entrecerró sus párpados ordenándose no derramar ni una sola lágrima, probablemente ese era su propósito.

Posiblemente, envejecería convirtiéndose en un habilidoso ermitaño, que únicamente le transmitiría sus conocimientos a un alumno que primeramente haya demostrado que es digno. Dicha visión lo trasladó al sentido opuesto del llanto, una leve risa se escapó de sus labios al imaginarse actuando como el maestro Roshi.

– ¿De qué te ríes Krilin? –Goku apareciendo detrás de unos arbustos le indagó.

– Goku, eres tú–Krilin se volteó a mirarlo recuperando la compostura–de nada, no me reía de nada, olvídalo.

– ¿Sabes dónde está Picorro? –Le lanzó una segunda interrogante–lo buscaba para entrenar, quiero estar preparado cuando pelee contra Vegeta.

– Está en las mazmorras–contestó rápidamente.

– Entiendo, sigue desconfiando de Dieciocho.

– Sí.

– Sé que no debemos bajar la guardia, pero no pienso que ella intente atacarnos–comentó Goku, y sin sospecharlo, reactivó aquella percepción que Krilin tenía por la rubia.

– Yo tampoco creo que Dieciocho sea una malvada.

– Sabes, al verla no me parece que sea un peligro–Goku agregó–además, su ki no emite ningún rastro de maldad, en realidad he llegado a pensar que sólo es un poco malhumorada…

– ¿Qué pasará con ella cuando la enjuicien?

– Pues siendo honesto, no tengo ni la menor idea–acotó rascándose la nuca–recuerda que Gohan pidió que el juicio se realizara estando él presente, y conociendo a Gohan, indudablemente la encerrará por unos años y luego la liberará para que se vaya.

– Estoy de acuerdo contigo, Gohan no se atrevería a condenarla a muerte…es algo temperamental pero no rencoroso–Krilin exclamó–y lo repito, ella podrá haber cometidos errores dejándose influenciar por su hermano, pero Dieciocho no es una bestia asesina como algunos piensan, ella tiene derecho a una segunda oportunidad…

– Se nota que te preocupas mucho por ella, Krilin–ingenuamente y sin tener la intención de hacerlo, Goku desnudó la impresión que Dieciocho provocaba en su camarada de la infancia.

– ¿Qué dices Goku? –sonrojado se puso a la defensiva–únicamente creo que no sea lo que dicen que es, simplemente es eso…–rió con nerviosismo.

– Si tú lo dices–el padre del alegre Goten no insistió más con el tema–con Picorro ocupado, no me queda más remedio que seguir entrenando yo solo… ¡en fin, nos vemos luego Krilin!

– Adiós Goku–tan rápido como se materializó así se evaporó, Goku no solía dejarse abrumar por cuestiones complicadas, y en más de una vez tal forma de ser, le ayudó a encontrar la solución para una situación difícil– ¡cómo me gustaría hacer lo que quiero sin sabotearme yo mismo!

Al encaminarse hacia el palacio, pasó justo al lado de la tumba de Diecisiete quedándose de pie ahí por unos segundos. En su cabeza se dibujó la silueta del cazafortunas, tal aparición originó un ardiente enojó en su contra.

– ¿Qué clase de hermano fuiste? –Le gruñó encarando al Diecisiete imaginario que observaba– ¡tú y tu estúpida ambición la dejaron totalmente sola, y por tu culpa mis amigos creen que ella es igual a ti…y yo sé que no es así!

Apretó sus puños con fuerza.

– ¡No me importa si yo no valgo nada para Dieciocho, pero te prometo que la cuidaré mejor de lo que tú lo hiciste!... ¡seré su único aliado en el mundo!

La ilusión fantasmal y muda del mercenario se volvió traslúcida en un santiamén, dejándolo solo nuevamente frente el sepulcro de Diecisiete. Mientras Krilin retomaba sus obligaciones, una callada Dieciocho abría sus pestañas enfocando su interés en el grisáceo techo de su galera. Sin el más mínimo esfuerzo, destruiría las pedregosas paredes que la rodeaban recuperando su libertad.

Una libertad que ya no poseía significado.

– Enano idiota–murmuró la fémina con apelativo numérico, en su tono vocal se distinguía el rencor que ostentaba– ¿qué pretende ese enano siendo tan amable conmigo?... ¡debí haberlos hecho pedazos cuando pude!

¿Qué están esperando? –Dieciocho resucitó aquel momento al ser acorralada por ellos, su ropa aún brillaba empapada con la sangre fresca de su pariente fallecido– ¡vamos liquídenme…mátenme, si eso los deleita!

No hay necesidad de derramar más sangre, yo desearía que esto termine de una vez–Milk le dijo queriendo dar por acabada la demoledora y angustiante pelea.

¿Se están burlando de mí, qué clase de sujetos son ustedes? –la cortesía de ese grupo sacaba de sus cabales a Dieciocho.

¡Por favor no te alteres, ya no continúes con esto! –Krilin hablándole con suavidad le rogó.

Ten cuidado Krilin, no te fíes de ella–Yamcha con recelo le advirtió.

Sé que es difícil, pero te lo suplico…tranquilízate, no pierdas la cordura como Diecisiete–exponiéndose a un embate de la rubia, Krilin se plantó ante ella–confía en mí, por favor.

"¡Confiar en él!"–Ironizó meditando–"¿por qué diablos no le volé la cabeza?... ¡es un renacuajo, su poder es insignificante!".

Y ciertamente, ese fue el motivo que le impidió abrir fuego. Desde que Gero le enseñó a controlar y manipular su ki, su poderío ocasionaba que sus presas la miraban con temor, asimismo, le suplicaban aterrorizados que no los exterminara. Ese escenario era recurrente, aún así eso no sucedió con él. Si bien su poder era inferior, ese caballero sin nariz la enfrentó sin intimidarse.

Inclusive, tuvo la osadía de sentir lástima por ella. Una vez de regreso en la Tierra del Fuego, se empezó a especular qué hacer con el cadáver de Diecisiete. Picorro recordando el frenesí que generó, sugirió indiferente desintegrarlo borrándolo del mapa convirtiéndolo en sólo un mal recuerdo. Krilin, pensando en la mercenaria, quiso darle una despedida más piadosa.

No entiendo por qué actúas así, podrá haber sido un demente pero merece una sepultara digna al menos…

¿Y para qué? –Picorro debatió–nadie llorará por él ni le llevará flores a su tumba, a nadie le importa.

Te equivocas Picorro, a Dieciocho sí le importa–con ese argumento sorprendió a sus acompañantes–es su hermano, ella sí visitaría su tumba.

¡Piensas convertir a un loco en un mártir!

¡Simplemente pienso en el dolor que ella debe estar sintiendo!

Desperdicias tu tiempo, ella es una amenaza…no es una mujer normal.

¡Dieciocho no es una amenaza!

¿Cómo lo sabes, apenas si la conoces?

¡Basta, ya fue suficiente! –Milk enfrió los ánimos–esta discusión no tiene sentido, de todas formas hay que enterrar su cuerpo–razonó la monarca–Picorro, lleva a Dieciocho a los calabozos, cuando Gohan vuelta él presidirá su juicio…Krilin encárgate del funeral de Diecisiete… ¡y les ruego que no discutan por tonterías!

¡Sí su majestad, como usted ordene! –respondieron ambos al unísono.

Y desde entonces, gracias a él, visita esporádicamente la sepultura de Diecisiete.

– Enano idiota–repitió, aunque esta vez, sin desprecio ni repudio en su voz–te lo agradezco…

Krilin, a partir de ese preciso instante, ese nombre se quedará grabado en sus cavilaciones hasta dar su aliento final. Le agrade o no, ese sujeto de baja estatura, sin cabello, extrañamente sin fosas nasales y con una fuerza menor a la suya, era el único individuo que no la veía con desdeño ni horror. Él la hacía sentir como una persona más, quizás su vida no carecía de una razón de ser.

Solamente tenía que hallarla, y tácitamente, confiaba que él le ayudaría a encontrarla.


– ¡Ahhhhhhhhhh!

El saco de boxeo se sacudía violentamente al recibir los continuos impactos de su agresor, éste no se detenía pese al cansancio, decidido a recuperar el ritmo que hacía tantísimo tiempo perdió. Dos semanas, dos semanas han pasado desde que su hija se marchó. Cada segundo se tornaba eterno, parecía como si las manecillas del reloj se negaban a moverse torturándolo silentemente.

Desde el fallecimiento de su esposa, nunca antes se había sentido más vacío e infeliz. Sabía que la extrañaría, que la echaría de menos, y a pesar de saberlo, eso no aminoró el dolor de su ausencia. Desanimado, caminó sin rumbo por los pasillos de su nuevo hogar. Aquel edificio en el centro de la ciudad, se convirtió en su refugio para lamentarse sin ser molestado.

Sin planearlo, al proseguir con su entristecido andar, llegó a un piso inexplorado por él. Allí, encontró un modesto gimnasio equipado por unas cuantas máquinas, en un principio no le tomó importancia, aunque gradualmente, un sentimiento que creía extinguido revivió al pararse en medio de esa habitación.

Se miró en un espejo, la edad empezaba a devorarlo, dejando en el olvido, la imagen de ese hombre vigoroso que logró ganar el campeonato mundial. En su cabeza recordó sus viejas glorias, gracias a su habilidad derrotó a quien se le pusiera enfrente, ganándose la aclamación y respeto del público, el cual, no dejaba de corear su nombre.

No obstante, ahora no era más que una sombra, una patética versión de sí mismo. Enfurecido por haber desperdiciado tantos años ahogándose en alcohol y en la fama, observó por reflejo el costal relleno de arena colgado en una esquina de la recámara. Para cuando se dio cuenta, ya lo estaba golpeando expulsando toda la frustración que lo invadía.

Al cabo de una treintena de puñetazos, el agotamiento se evidenció en el alcalde al respirar con dificultad. Cuándo fue que el gran Mr. Satán se volvió tan vulnerable, se preguntó mentalmente. Llenando sus pulmones con valioso aire, se dispuso a reanudar sus embestidas ignorando absolutamente a la fatiga.

– Ya entiendo Videl, ahora entiendo por qué continuaste a pesar de mis objeciones–habló deseando que la pelinegra estuviera allí para escucharlo–quiero ser el de antes, ser como tú, hija…deseo sentirme orgulloso de mí, me has superado y te felicito, tú eres mi inspiración.

Dando un potente derechazo, hundió su puño en las entrañas de la bolsa, haciendo que la arenisca ahí contenida se derramara a sus pies. Su risa estruendosa rebotó en la paredes, esa pequeña victoria era sólo el comienzo de un renacer. Tanto Ciudad Satán como el resto del planeta Tierra, verían atónitos el resurgir del más grande peleador que existe.

– ¡No perderé más el tiempo, entrenaré como hace mucho no lo hago! –Motivado, disparó numerosos golpes al aire luchando con un enemigo invisible– ¡Ciudad Satán no necesita a un alcalde escuálido, necesita a un verdadero líder!

Sus brazos y piernas se quejaban en silencio, su anatomía gritaba al resentir tal actividad luego de una larga pausa. Sin embargo, ni siquiera consideró dar marcha atrás. Mientras continuaba ejercitándose una idea cruzó su mente, no se limitaría a exclusivamente a ponerse en forma, no, Mr. Satán deseaba más…muchísimo más.

– ¿Por qué no se me ocurrió antes? –Se dijo con voz interrogante– ¡lucharé no por ser ovacionado, pelearé por superarme!

Un torneo, sonaba descabellado en un inicio, excitante al imaginarlo. En tal competición, se hallaría rodeado de cientos de retadores que pretenderían arrebatarle su título. Gustoso, aceptaría el desafío de defender su corona sin intimidarse. Incluso, no le molestaba si llegase a ser derrotado, prefería caer con honor que continuar siendo el farsante inútil que era.

– ¡Sí, es una idea magnífica! –Exclamó al tomar un par de pesas con sus manos– ¡te lo prometo Videl, cuando nos volvamos a ver verás a tu padre mejor que nunca!

Riéndose como un lunático, endureció sus nudillos al no detener su ejercicio. Si la metrópoli que llevaba su apellido cambió para mejorar, entonces él también lo haría. Sin sospecharlo, él no era el único que perseguía su redención. Un dúo de adolescentes transitaba por las avenidas de la resucitada urbe, buscando la manera perfecta de conseguir ese objetivo.

Sentados en una cafetería, Shapner junto a Ángela, continuaban pensando en cómo tocar la exaltación. Ya poseían la energía y la pasión requerida, sólo les faltaba canalizarla adecuadamente para lograrlo. Creyéndose perdidos, el destino apareció para darles un diminuto y gigantesco empujón. Sus vidas no volverían a ser las mismas después de esa mañana.

– ¿Escuchaste los rumores?

– Sí, dicen que un exitoso productor de cine de la Capital del Oeste está de visita en la ciudad–respondió sacando de uno de sus bolsillos un trozo de papel.

Los atentos oídos de Shapner, no tardaron en captar la conversación del par de desconocidos en una mesa cercana. La pelirroja asimismo se intrigó por su coloquio, intercambiando miradas, tanto Ángela como Shapner, prestaron completo cuidado al interesante contenido de dicha plática.

– También escuché que tiene planes de grabar una película sobre el Gran Saiyaman–le dijo a su acompañante, simultáneamente a que leía el documento que éste le entregó– ¿te lo puedes imaginar?...harán una película frente a nuestras narices.

– ¿No sería fabuloso conseguir el papel principal? –ilusionado le comentó a su interlocutor– ¡desearía volver a ser joven para ir a las audiciones!

– Tienes razón, es una pena que ya no tengamos la edad para convertirnos en actores–apagando su entusiasmo suspiró.

Ambos caballeros le pidieron la cuenta al camarero, una vez saldada su deuda se retiraron dejando olvidado el panfleto que los hizo añorar su ya lejana juventud. Levantándose como un resorte, la pareja de atolondrados se lanzó hacia ese folleto capturándolo en un parpadeo. Hechizados, leyeron palabra por palabra lo allí escrito:

El prestigioso cineasta, el Comandante Red, invita a todos aquellos que creen tener lo necesario para brillar en la industria del celuloide, a presentarse a las audiciones que se realizarán en el parque de la ciudad esta tarde.

Shapner y Ángela se vieron incrédulos, rápidamente prosiguieron con la lectura.

Red, iniciará en unos días el rodaje de su próximo largometraje titulado: El Gran Saiyaman, el surgimiento de un héroe. Pero no piensen que se ha olvidado de las jóvenes, Red también le tiene un papel protagónico a una bella señorita con el cual encarnará a la valerosa Videl Satán.

– ¿El Gran Saiyaman…Videl? –murmuraron con un leve disgusto.

¡Dense prisa, esta puede ser la oportunidad de sus vidas!

Al terminar de leer fueron capaces de escuchar la silente risa de la providencia, haciendo que un sabor agridulce les recorriera el paladar. Ahí estaba, esa era la respuesta a sus plegarias. No obstante, ésta igualmente significaría tener que volver a relacionarse con aquellos a los cuales juraron olvidar.

Resultaba irónico, tendrían que imitar a los que alguna vez intentaron vencer. Shapner notó el desagrado en Ángela ante la posibilidad de encarnar a la justiciera, y él no se quedaba atrás, imaginarse a sí mismo comportándose como el ridículo y payaso del ahora retirado superhéroe, acababa siendo una visión humillante para el presuntuoso galán rubio.

– ¿Debe haber otra forma? –Ángela desestimó esa opción.

– No la hay, y lo sabes.

– ¡Pero Shapner, yo no quiero hacerme pasar por ella!

– ¿Qué prefieres, dime? –Planteó con tono interrogante– ¿quieres quedarte aquí sentada sin saber qué hacer o escoges asumir el reto y ver a dónde te lleva?

– ¡Pero…!

– Lo sé, lo sé, a mí tampoco me gusta pero quizás esta es la puerta ganadora que siempre quisimos atravesar.

– Bien, vamos…

– Sí.

No demoraron demasiado en llegar, al cruzar unas cuantas cuadras se hallaron en el parque de la ciudad. Una colosal cantidad de curiosos se hicieron presentes para presenciar las audiciones, paralelamente, una copiosa fila de aspirantes a convertirse en estrellas de cine se extendía hasta más allá de la vista.

Tomando un lugar, Shapner y Ángela fueron avanzando lentamente. Entretanto, uno por uno, los demás aspirantes trataban de convencer a Red con sus actuaciones. Para su fortuna, éstos fracasaban miserablemente al ser duramente rechazados por el director del filme. Con esto, quedaba demostrado por qué le llamaban el Comandante Red.

Sus éxitos no se debían a su amabilidad, al contrario, Red se construyó un nombre en la parafernalia del séptimo arte por su obsesión con la perfección. Para alcanzarla, presionaba brutalmente a sus actores tal como lo haría un militar a sus soldados. Y dicha actitud tan tosca, le otorgó el seudónimo de Comandante, cosa que en el fondo le gustó adoptándolo de inmediato.

– ¡Corte, maldita sea niña! –Con un megáfono, Red le vociferó a la damisela que interpretaba a Videl– ¡ya te lo dije un millón de veces, el personaje es una mujer ruda no una chiquilla asustadiza!

– ¡Pero yo no sé pelear!

– ¿Entonces por qué diablos me haces perder mi tiempo? –Red le gritó furioso– ¡Black, ven aquí, Black!

– ¿Sí?

– ¡Saca a esta inútil del escenario! –Le ordenó señalando a la destrozada adolescente– ¡me rindo, tendré que cancelar el proyecto...!

– Pero aún quedan aspirantes afuera.

– No tiene caso, ninguno posee ni un ápice de talento…son sólo un montón de mocosos buenos para nada.

– Al menos inténtelo con los siguientes, sino dan la talla, nos marchamos hoy mismo de Ciudad Satán–su asistente de piel negra y de mayor altura le sugirió.

– ¡Bien, tú ganas! –Red volvió a sentarse en su silla plegable–trae a los próximos, pero estos serán los últimos.

Con la aprobación de su jefe, Black se dirigió a la infinita hilera de candidatos a caracterizar al equipo de héroes juveniles. Habiendo un sinnúmero de ellos, con lentitud apuntó con un dedo a los dos primeros que avistó en aquel mar de rostros.

– ¡Ustedes, pasen! –Shapner y Ángela fueron los aludidos.

– ¿Nosotros? –incrédula la pelirroja le cuestionó.

– ¡Sí, muévanse o elegiré a otros!

– ¡Ven, apúrate! –Shapner la tomó de un brazo y la haló acelerado.

La porrista y su enamorado se introdujeron en el meticuloso plató, al ser guiados por Black caminaron por medio de las escenografías llegando a la postre, frente al malhumorado productor cinematógrafo.

– Seré breve así que presten atención–groseramente les platicó–en esta escena, Videl, es decir tú, ha caído en una trampa de sus enemigos, aún así consigue derrotar a algunos de ellos, sin embargo, el líder de la banda la toma desprevenida y la intimida con un arma.

Red le entregó a Ángela el libreto con los diálogos de Videl, y seguidamente se volcó a Shapner.

– Cuando todo parecía perdido, el Gran Saiyaman aparece para retar al mafioso, rescata a Videl y le salva la vida, al final los dos defensores del bien se declaran su amor sellándolo con un beso…¿han entendido?

– Sí–a la vez le respondieron.

– Eso lo veremos pronto, tomen sus lugares y empiecen.

Los extras se colocaron por millonésima ocasión en sus puestos, nerviosa Ángela se paró en el centro del escenario sosteniendo el guión con fuerza. Al alzar su mirada, se vio rodeada por los ojos de los miembros del equipo de filmación, y tal vigilancia la sedujo. Le fascinaba que la vieran, que la observaran, llenándose de una confianza abismal se dispuso a personificar a la ojiazul.

– ¡Acción!

– ¡Se acabó Videl, estás derrotada! –un supuesto pistolero le aseveró.

– ¿En verdad piensas eso, sabandija? –Leyendo sus líneas, la chica de melena rojiza le contestó– ¡he peleado con rivales más fuertes en el pasado, y siempre terminan mordiendo el polvo!

– ¡Cállate presumida, ahora mismo te mandaré al otro mundo!

El aparente criminal desenfundó su revólver de utilería corriendo hacia ella, improvisando Ángela se ladeó ligeramente esquivándolo. Sorprendiéndolo con una patada a la mejilla lo tumbó al suelo, provocando que los restantes pandilleros la atacaran. Si bien esa circunstancia era fingida, la fémina empleó los conocimientos básicos de combate que Shapner le inculcó meses antes.

Las habilidades que aprendió para vencerla, le estaban ayudando a hacerse pasar por ella con una exactitud casi perfecta. Con los villanos vencidos, el cabecilla del grupo presionó el cañón de su pistola en la sien de la falsa Videl.

– ¡Nada mal estúpida, nada mal! –le dijo a la oreja– ¡pero no fue suficiente, ya no hay manera en que te salves de esta!

– ¡Estás equivocado!

Utilizando la potencia de sus pulmones, Shapner, fingiendo ser el Gran Saiyaman, intervino deteniendo al delincuente que le miró expectante. Mientras Ángela hacía lo suyo, él memorizó sus respectivas frases deseando impresionar a Red, enfocándose en su modo de interpretar al emblemático paladín de la justicia.

– ¡Peleo por los inocentes, protejo a los débiles y lucho por el amor! –Tragándose su orgullo, Shapner reprodujo las poses ridículas que el auténtico álter ego de Gohan realizaba, por dentro se moría de la vergüenza, aún así continuó– ¡yo te enseñaré a ser amable con las mujeres, y a respetar las leyes…prepárate ruin esbirro del mal!

– ¡No me asustas idiota! –Avanzando con la escena, el actor prosiguió con su labor– ¡mírala con detenimiento, mírala bien, ya que esta será la última vez que la veas!

– ¡No te atrevas a lastimarla! –corrió poniéndose a pocos metros de ambos.

– ¡Demasiado tarde niño, perdiste…dile adiós a tu amada Videl!

Inventando sobre la marcha, Shapner se abalanzó contra el bellaco apartando el arma de fuego de la piel de la imitadora de Videl. Con un moderado puñetazo al mentón, la mandó a morder el polvo salvando a la justiciera de su aniquilación.

– ¡Gracias Gran Saiyaman, me salvaste! –Videl, bajo el aspecto de Ángela, se colocó delante del vigilante enmascarado– ¿cómo puedo pagarte por tu heroísmo?

– Eso no es necesario, señorita Videl–le manifestó–hago mi trabajo por el bienestar de Ciudad Satán, y porque deseo verla todos los días…

– ¡No puedo seguir negando mis sentimientos, estoy enamorada de ti Gran Saiyaman, te amo! –Exclamó Ángela, la pelirroja sabía que la genuina Videl no era muy dada a expresar sus emociones, así que no perdió la oportunidad de mofarse levemente de ella.

– ¡Y también te amo Videl! –La abrazó apretándola, no obstante tal contacto fue efímero ya que él se distanció de ella–pero lo nuestro no puede ser, lo lamento…

– ¡Te lo ruego, no me abandones! –Cayó arrodillada liberando cuantiosas lágrimas–jamás me había enamorado, por primera vez en mi vida siento amor por alguien, no me rechaces…

– ¡Videl, no llores, me destroza verte así! –Inclinándose a su costado, la tomó tiernamente por sus mejillas– ¡jamás te abandonaré Videl, jamás…te amo muchísimo como para hacerlo!

– Bésame Gran Saiyaman, bésame…

La brecha que separaba sus labios fue reduciéndose progresivamente, la calidez de sus bocas se fusionó con total veracidad. No fue un beso simulado, fue real de principio a fin. En ese momento, se les olvidó que estaban siendo observados por una considerable suma de personas. Sencillamente fueron ellos dos, dándose una muestra de la pasión que los unía.

– ¡Corte, corte! –Red bramó por su altavoz.

El hombre de minúsculas dimensiones, se encaminó al dúo de jóvenes interrumpido su caricia que aparentaba no acabar. Shapner y Ángela se apartaron mirándolo, Red les veía con una expresión seria y ecuánime haciéndolos creer que su actuación no le agradó. Volteándose parcialmente, hizo un ademán a Black quién sin complicaciones entendió su significado.

– Caminen y vengan conmigo–el caballero de pelo rojo les ordenó.

– ¿Adónde vamos? –Shapner intrigado le preguntó.

– A mí oficina, necesito que empecemos a negociar su contrato–sin detenerse les dijo.

– ¿Contrato, qué contrato? –Ángela también formuló un cuestionamiento.

– Pues su contrato para actuar en la película, los dos se quedarán con los papeles protagónicos.

Sus pies se solidificaron al asimilar esa afirmación, con pausa se voltearon a verse sin saber cómo reaccionar. Red, les llamó en reiteradas ocasiones hasta que la paciencia se la acabó. Ese día fue el primero de muchos con él, los presionaría, los haría trabajar por horas realizando la misma escena cuántas veces sean necesarias para satisfacer las exigencias el excéntrico director de cine.

Una semana más pasó, y aún teniendo fresca en la memoria el recuerdo de la pareja de justicieros, la floreciente población de Ciudad Satán se mantenía a la expectativa del metraje que los haría regresar a sus vidas. El respeto y admiración que incansablemente anhelaron, y al fin se manifestó ante los ambiciosos jovenzuelos. Aunque debieron desechar su jactancia, el triunfo valía la pena.

– ¿Tienen que estar bromeando? –Ángela disgustada, expresó al verse arropada con su vestuario–no me importa fingir ser ella, pero Videl tiene un pésimo sentido de la moda.

– Dímelo a mí–Shapner le comentó al verse en un espejo– ¿acaso ese bufón no podía haber usado un traje menos risible?

Ángela le echó una ojeada al ropaje de su novio, al examinarlo su ruidosa risa se fue agrandando. Una cosa era hablar como él, y una muy distinta es vestirse igual a él. Acercándose, Ángela deslizó la punta de un dedo por la superficie de la tela. El rubio le sonrió, sí, el personaje era un completo idiota, pero él lo llevaría a un nivel al cual, el original no fue capaz de alcanzar ni en sus sueños.

– Mira el lado amable, a ti te queda mejor el traje que a él–Ángela le masculló.

– Y a ti te lucen más las coletas–bromeó al acariciar la peluca que ella traía puesta.

– ¡Ni de chiste! –Simulando estar ofendida, Ángela le replicó–con este peinado parezco una niña de primaria, definitivamente Videl no posee ni la más mínima noción de cómo debe arreglarse una chica.

– ¡Shapner, Ángela…cinco minutos! –uno de los muchísimos ayudantes de Red, entró en su camerino anunciándoles el inminente arranque del rodaje.

– Ten–ella le entregó el icónico casco con antenas–nos hemos repetimos hasta el cansancio que seríamos exitosos, ya no quiero hablar más, ven y hagámoslo realidad.

– Guíame, te sigo.

Envueltos en sus correspondientes vestimentas salieron al unísono, ansiosos de emprender la travesía que los llevaría décadas más adelante a ver sus nombres grabados en oro. Él como un héroe de historieta, ella como una rebelde amante las leyes. Intercambiaron una fugaz sonrisa al colocarse en sus lugares, Red con su típica seriedad se dispuso a señalar el inicio de la jornada.

– ¡Bien, quiero que lo hagan a la perfección! –Les demandó– ¡listos, cámaras…acción!

Los reflectores se encendieron, las filmadoras captaron segundo a segundo sus movimientos, los micrófonos inmortalizaron sus voces. Allí estaban, haciendo tangibles sus fantasías. Ya no eran una simple porrista ni un olvidado atleta de la secundaria, no, ya no, ahora a partir de ese instante, serán para el mundo entero la imagen juvenil de la gloria.


La corriente de un río cercano fluía con normalidad, el viento sacudía las ramas de los árboles meciéndolas armoniosamente, la resplandeciente luz del sol se filtraba con dificultad entre la espesa capa selvática. Se trataba de una zona inhóspita, a kilómetros del más recóndito rastro de civilización. Virgen, inexplorada y olvidada por la humanidad. Era el territorio ideal para entrenar.

– ¡Ahhhh!

Una ruidosa detonación estremeció la superficie terrestre robándole su silencio al bosque, la cortina de humo que la envolvió fue disipándose de a poco revelando a un gigantesco agujero en una pared rocosa. Un par de botas se plantó el suelo, la dueña de dicho calzado respiró agitadamente haciendo que su tórax subiera y bajara con rapidez.

– ¡Maldición, aún es mucho más rápido que yo!

Videl miró de derecha a izquierda buscándolo, pronto fue obvio para ella que sus globos oculares no serían útiles en hallarlo. Cerró sus párpados y se relajó, dejó que su cuerpo se convirtiera en una especie de antena receptora de energía, con pausa escaneó sus alrededores siguiendo la más insignificante firma de ki que detectaba.

Sutil al comienzo, más concreta después. La justiciera retirada de Ciudad Satán, percibió un constante pulso energético que se deslizaba veloz de un sitio a otro. Esa presencia se movía trazando un círculo al rodearla, sabiendo que él solamente estaba jugando–cosa que le molestó–Videl intentó vaticinar su próximo desplazamiento para interceptarlo.

– ¡Te tengo! –Abriendo sus pestañas de repente, su característica expresión de emoción se dibujó en su semblante antes de gritar al disparar una ráfaga de poder– ¡ahhhh!

La Videl que desconocía todo lo relacionado con el ki dejó de existir hacía ya varios meses, si bien aprendió a volar y a realizar leves ataques, esto apenas era la punta del iceberg. Una vez iniciado su viaje lejos de su ciudad natal, ella deseosa de aprender más, le imploró a Gohan que continuara con su entrenamiento revelándole más usos y técnicas que ni soñaba. Él no se negó.

En un principio, parecía que el relámpago multicolor salido de sus manos volaba sin un objetivo al cual impactar. Sin embargo, un Gohan sonriente se materializó frente a éste esperándolo sin inquietarse. Su rostro se iluminó por la agresión que se le aproximaba, a ínfimos centímetros de tocarlo el chico lo rechazó fácilmente con un manotazo que lo mandó al cielo.

– Bien hecho Videl, se nota que has progresado muchísimo al controlar tu ki–el ex Gran Saiyaman flotó por arriba de su bella prometida.

– Pero sigue sin ser suficiente, reconozco que no soy capaz de vencerte si peleas con todas tus fuerzas–algo desanimada le aseguró.

– ¡Vamos, no digas eso, has aprendido tanto en tan poco tiempo! –Aterrizando ante la pelinegra, Son Gohan se le acercó–es normal que esté más avanzado que tú porque llevo más años haciendo esto.

– Puede ser–la simulada tristeza que la impregnaba se esfumó, su cara confiada renació en un santiamén–aunque todavía eres muy descuidado…

– ¿Qué?

Aprovechando su cercanía, Videl le arrojó un puñetazo a la barbilla que Gohan esquivó por un estrecho margen. Dando un salto acrobático, la hija del campeón se propulsó lo suficiente como para patearlo en el pecho tirándolo al fangoso piso. El lodo lo salpicó cubriéndolo casi en su totalidad, el barro líquido se escurría por su puntiagudo cabello hasta resbalarse por su faz.

Riéndose divertida por su pequeña victoria, la heroína ojiazul se quedó parada delante de él observándolo entretenida. Una mueca se apoderó de los labios del príncipe, quien contagiándose del buen humor de la señorita, la sorprendió con un puntapié al ras del terreno. Su pie chocó con los tobillos de ella quitándole el equilibrio, y sin remedio Videl cayó de espaldas al limo.

– ¡Gohan! –gruñó tremendamente enojada.

– ¿Qué pasa Videl? –Hablándole entre risas, el heredero al trono le cuestionó– ¿no puedes soportar una ligera broma?

– ¡Ya veremos quién ríe al último!

Demostrando una envidiable elasticidad, con una pirueta consiguió ponerse erguida ansiosa por contraatacar. Elevando su ki, se disparó como una bala hacia él quien tranquilamente yacía ya en su postura de combate. A diferencia de su pelea en el torneo escolar de artes marciales, al no haber ni un sólo espectador, ambos por igual, pudieron realizar sus maniobras sobrehumanas.

"Sabía que no era una chica común, todavía le falta por aprender pero va por buen camino"–pensó Gohan al bloquear sus embestidas.

– ¡Vamos atácame Gohan, solamente esquivas mis golpes! –ella comprendía que el nivel de Gohan era superior al suyo, aún así, Videl no veía tal cosa como una excusa para no luchar a su máximo esfuerzo.

Cumpliendo con su petición, el nieto del Rey aceleró su ofensiva llegando a opacar momentáneamente las arremetidas de Videl. Conjuntamente fueron flotando más y más alto, en un segundo superaron la altura de la vegetación sin dejar de ascender. Gohan no escondía su entusiasmo, acertadamente tomó la decisión correcta al viajar con Videl.

Aquella noche, mientras Videl dormía luego de proponerle matrimonio, él se imaginó a sí mismo y a ella en el futuro. Se vio gobernando el reino tal y cómo su madre le preparó desde niño, firmando decretos y dando instrucciones a sus subordinados. Y a Videl, la vio sentada en su carruaje dando incontables paseos por la Tierra del Fuego, opaca y sin sonreír.

Al juguetear con su melena azabache, entendió que Videl no era como su madre, una mujer habituada a estar sentada en un trono girando órdenes. Al contrario, la Videl que lo enamoró era rebelde, peleadora, entrometida, persistente y obstinada. Gohan temió que al tratar de adaptarse a la monarquía, la Videl que conoció en Ciudad Satán desapareciera para nunca más volver.

¡No, eso no podía suceder!

¡Él no lo permitiría!

¡Videl siempre será Videl, y él hará lo que sea para que ella no cambie!

Las artes marciales y la justicia formaban parte de su esencia, y para evitar que esas dos llamas se extingan, él las fortalecerá, las avivará manteniendo viva a la Videl que le hizo amarla. Rompiendo sus pensamientos, un puño se estrelló en su mentón haciéndolo pestañear liberándolo de su momentáneo letargo.

– ¿Qué te sucede? –Videl, confundida por su repentina mudez le indagó– ¿ahora en qué piensas?

– Yo, pensaba en…–luchando por materializar su sentir, Gohan falló al intentarlo.

– ¡No sé qué diablos te ocurre, pero esto de seguro te hará reaccionar! –Videl aterrizó por debajo de él, y colocó sus palmas cruzadas en su frente recolectando su ki en ellas– ¡Masenko!

– ¿Qué…?

Consiguiendo hacerla con éxito, Videl lo atacó con una de las varias estratagemas que Gohan le enseñó. Por otro lado, Gohan recuperó su concentración y se quedó ahí estático sin moverse ni un ápice. A Videl tal actitud le incrementó su ahínco, él la estaba provocando, la retaba calladamente enviándole un mensaje con su mirada: ¡acátame con lo mejor que tengas, yo lo resistiré!

El Masenko no se demoró en alcanzarlo, la explosión tiñó el cielo de un color naranja intenso, generando una onda expansiva que agitó los troncos de los árboles desmedidamente. Videl dio un gruñido al distinguir la silueta masculina en el hollín, relajándose como él le instruyó, usó esa rabia para maximizar sus embates al arrojarse hacia él.

Sus nudillos apretados se preparaban para conectarlo, no obstante para su consternación, al atravesar el denso tizne se encontró con la borrosa imagen de su prometido. Una inesperada ventisca la golpeó empujándola de regreso al suelo en caída libre, hallándose a muy poco de chocar, Videl se reacomodó amortiguando el duro descenso con sus pies.

Percibiendo una presencia energética adelante de ella, intersectó con su antebrazo un derechazo de Gohan quien empezó a contraatacar con mayor velocidad. Eso era lo que justamente ella deseaba, que él la tomara en serio y peleara sin contenerse. Gohan olvidó temporalmente sus modales, sabiendo que ella amaba los combates, se propuso a darle uno que la entretuviera.

Desatando una lluvia de reveses, tanto ella como él, se enfrascaron en una disputa más cercana. Si bien era una chica hermosa, la fragilidad no compaginaba con su manera de ser. Su resistencia y terquedad quedaron claramente demostradas al recibir sus acometidas, aunque la justiciera era lanzada al fango constantemente, ella se levantaba dispuesta a no rendirse.

– No está mal, pero sé que lo puedes hacer mucho mejor–Videl le sonrió al limpiar el lodo de su rostro– ¡vamos, lucha con toda confianza!

Gohan sólo la miró con una expresión de alegría.

– ¿De qué te ríes? –Cuestionó la pelinegra al adoptar su postura– ¿acaso no me dirás lo que estabas pensando?

– Videl, antes de continuar quiero que me prometas algo–él le susurró–sin importar quién sea yo ni en quién te conviertas, nunca…nunca dejes de ser tú misma.

– ¿Qué?

– ¡Prométemelo!

– Creo que te golpeé demasiado fuerte, escúchate, estás diciendo disparates.

– No Videl, hablo con sensatez… ¡prométeme que siempre serás tú!

– ¿Eso era lo que pensabas?

– Sí–contestó con voz pesarosa–sé que cuando asuma el trono una tormenta de obligaciones me ahogará, ésta será muy exigente demandándome todo el tiempo y no deseo que pienses que me olvidé de ti–la vio directo a sus pupilas azuladas–igualmente me preocupa que por querer habituarte a tu nueva vida te aprisiones a ti misma, y temo que algún día te arrepientas de estar conmigo…

– Gohan…–ella no esperaba esa afirmación.

– Videl, al pasar contigo las últimas semanas me di cuenta de que encanta tu personalidad tal y cómo es–él acotó con honestidad–recuerdo que una vez me platicaste que te gustaría ser una persona ordinaria, sin fama ni popularidad, y al convertirte en mi esposa ese anhelo no podrá cumplirse…al ser mi Reina todo el mundo en el reino te conocerá, negándote la privacidad que deseabas…

Videl no lo interrumpió, solamente lo escuchó notando la desazón que lo impregnaba.

– Te amo Videl, te amo muchísimo pero no puedo ni quiero que dejes de ser tú misma sólo por mí–le asustaba, le aterraba la idea de que en diez o quince años, ella se aleje de él al no sentirse a gusto con su estadía en la Tierra del Fuego–si deseas dar marcha atrás lo entenderé, no quiero presionarte a…

– ¡Cállate! –Videl gritó cortando su diálogo– ¡cierra la boca y deja de decir tantas estupideces!

– Videl…

– ¡Ya dijiste suficientes tonterías! –Bramó reluciendo su característico malhumor– ¿cómo puedes decirme tal cosa Gohan, cómo osas hacerlo?

Son Gohan iba a hablar, pero la ojiazul se le adelantó:

– Me parece increíble que pienses así luego de todo lo que pasamos, me decepcionas Gohan, y mucho–ella desvió su atención a un costado, se veía enojada por fuera pero por dentro la situación le dolía–recuerdo haberte dicho eso, en aquel momento no tenía ni idea de la verdad que me escondías, y sí, lo reconozco, me gustaría ser una don nadie…

Videl dio un largo suspiro previamente a continuar.

– Pero eso no significa que no te quiera Gohan, ni que tampoco desee casarme contigo–la hija del alcalde le detalló–entiendo las responsabilidades que tendrás, no soy tonta, puedo imaginarme la vida de un Rey y una Reina, aún así confío que entre tantos deberes siempre tengamos tiempo para nosotros dos…

Gohan se le acercó con pausa, ella lo vio calmando su ímpetu al hablar.

– ¿Además, no te parece que sí yo hubiera considerado equivocado comprometerme contigo, no estaría aquí acompañándote en este preciso momento en medio de la nada? –Le formuló una interrogante, Gohan no se atrevió a responderla–te lo vuelvo a repetir Gohan, sí me encantaría ser una persona común pero también me gustan las aventuras y los desafíos, y ser tu esposa es uno que quiero afrontar…tenía miedo, no lo niego, aunque ya lo voy superando…ten más fe en mí.

Videl esperaba una contestación verbal, sin embargo el jovencito de cabellos puntiagudos sólo atinó a abrazarla. La heroína de Ciudad Satán se volteó a verlo, él en ocasiones se tornaba impredecible para ella. En un pestañeo era capaz de expulsar repentinamente una furia sobrehumana, y al siguiente, se comportaba con una timidez casi infantil.

De una cosa estaba segura, ese hombre no dejaba de asombrarla.

– Discúlpame Videl, no es que no confíe en ti–le dijo mascullando, Videl sentía sus labios moverse contra su cuello–es sólo que temí que te arrepintieras de estar conmigo, y que incluso, pensarás en dejarme…

La adolescente pestañeó, cuándo fue que pasaron de estar entrenando a preocuparse por la vida que les esperaba. Ambos sabían que el matrimonio no sería un lecho de rosas, su inexperiencia se convertiría en un obstáculo que deberán superar con calma y juntos. Su juventud los convencía de que eran capaces de hacer lo que sea, pero a la vez sus dudas les aconsejaban ser precavidos.

Ser ella misma, eso era lo que él más deseaba que fuera. Y complaciéndolo, lo apartó de sí rompiendo el cálido contacto que compartían reanudando su posición de pelea. Endureció sus facciones, y ganándose la atención del hijo de Milk, ella fue encendiendo gradualmente su poder manifestando sus intenciones.

– ¡Ya fue mucha cursilería! –Le habló con disgusto fingiendo estar enfadada– ¿qué le ocurre su alteza real?... ¡arriba esos ánimos, pelee!

– Videl…–esbozó una gran sonrisa, definitivamente esa era la Videl que conocía…la testaruda y rebosante de una sana rebeldía.

No fue necesario decírselo una segunda vez, él de inmediato se lanzó hacia ella no con el afán de ganar esa confrontación, sino, con la aspiración de sencillamente disfrutar de su compañía. Demostrándole que creía en ella y en sus capacidades, Gohan no frenó sus ataques haciendo que la descendiente de Mr. Satán, gozara de la batalla sin importarle el resultado de ésta.

El agotamiento la iba encadenando, pero por ningún motivo tiraría la toalla sin dar el último gramo de fuerza que poseía. Gohan al detectar el declive de su ki, asimismo fue bajando su intensidad sin detener su ofensiva. Notando la dificultad con la cual la pelinegra respiraba, el príncipe decidió dar por finalizada las hostilidades.

– Creo que no hay alternativa.

Adivinando que Videl no aceptaría acabar con su lucha, Gohan ubicándose a unos metros de distancia, abanicó un puñetazo en el aire que generó una ráfaga de viento que impactó contra la doncella. Sin que ella consiguiera eludirla, la potencia del choque la impulsó en un desplome irremediable. Videl trató de detener su avance sin lograrlo.

Un pantanoso y pegajoso charco la acogió al tocar el suelo, a pesar de eso no le desagradó en lo absoluto. Recuperando el aliento progresivamente permaneció tendida en el lodo, aquel leve dolor que se extendía por sus músculos era causa de felicidad. Con orgullo podía decir que era una de las mujeres más poderosas del planeta, aún así no se cegaba, todavía tenía que entrenar más.

– ¿Te diviertes? –ahogando su risa Gohan le indagó, parecía una chiquilla de jardín de niños jugando en el fango.

Saliendo de ese estado de infinita satisfacción personal, observó a Gohan parado delante de ella viéndola con gran interés. Sin romper el contacto visual, Videl hizo que sus retinas siempre estuvieran sobre ella olvidándose del ambiente circundante. Habiendo alcanzado su objetivo, Videl tomó un puñado de barro y se lo arrojó sorpresivamente cubriendo todos sus rasgos faciales.

– Sí–afirmó–me estoy divirtiendo… ¿tú no?

Su silencio actuó como respuesta.

– Hay algo más que quiero decirte Videl–pese a estar cubierto de limo, su seriedad sobresalía apagando la jovialidad de la ojiazul–ya es hora de que vuelva a casa, tenemos que irnos…

– ¡Ohh…!

Sentándose en ese acuoso cráter, Videl inclinó su vista al piso desmenuzando lentamente esa aseveración. La sucesora de Milk durante los días que perduró de su viaje, se recordaba frecuentemente, que tarde o temprano llegaría el momento de enfrentar el reto que aceptó al comprometerse con él.

Una estela de nerviosismo recorrió su espina dorsal, aquella mañana cuando se toparon por primera vez en las afueras de la preparatoria, jamás…jamás imaginó que meses después acabarían de este modo. Proyectándose en su mente, vio los recuerdos de las más recientes semanas desde su partida de Ciudad Satán, cumpliendo finalmente con su deseo pendiente de recorrer el mundo.

Al emprender la marcha, volaron sin rumbo ignorando qué encontrarían al continuar en esa dirección. A medida que proseguían más al norte, notaron como la temperatura se desplomaba drásticamente alcanzando los niveles de congelación. La blanca y fría nieve cubría el paisaje completamente, al ser una citadina, Videl tuvo serios problemas para tolerar tal clima extremo.

Luego de sortear una feroz nevada, avistaron un diminuto poblado llamado Villa Jingle. Se detuvieron transitoriamente allí esperando el final de la ventisca, entretanto, Gohan le mostró a Videl otros usos menos violentos para el ki: cómo usar su energía para producir calor y así soportar la escasez de calidez, además a detectar presencias con un grado superior de precisión.

Durante su estancia en ese pueblo, Videl se asombró gratamente de que nadie la reconocía. Por fin podía caminar entre una multitud, sin que nadie la señalara como la primogénita del campeón mundial. Al ceder la tormenta, reanudaron su recorrido sin pensar a dónde ir, solamente querían viajar y explorar nuevos lugares mientras el adiestramiento de la justiciera se desarrollaba.

Al dirigirse al noreste, divisaron una gigantesca masa continental desprovista de cualquier rastro de civilización. Gracias a las clases de geografía tomadas en su niñez, Gohan sin equivocación la identificó como la meseta de Yunzabit. Beneficiándose de que únicamente se hallaban ellos dos ahí, él consideró apropiado enseñarle técnicas energéticas de una categoría más demoledora.

Tales conocimientos, la elevaron a un plano que ni en sueños podía imaginar. La deshabitada y alejada llanura de Yunzabit, fue testigo de cómo una jovencita dotada de un enorme talento y de una testarudez colosal, practicaba una y otra vez sin rendirse hasta realizar efectivamente las maniobras que su tutor le instruía.

Gohan se maravillaba al ver la rapidez con la cual progresaba, al verla ensayar el Masenko por millonésima ocasión evocó cuando aprendió a volar. Videl ostentaba una destreza innata para las artes marciales, en cierto punto su tenacidad al combatir le recordaba a su padre y su carácter tozudo resultaba idéntico al de su madre. Ella en definitiva, encajaría perfectamente en su familia.

Videl se veía con incredulidad, su poderío físico sobrepasó cualquier estimación calculada por la lógica. Una juguetona carcajada se fugó de ella, la Videl de hace un año atrás no creería lo que su actual versión puede plasmar. No sólo desafiaba a la gravedad al quitarse sus grilletes, sino también, que ahora podía romper rocas volviéndolas polvo con un mero derechazo.

Entendía que su poder aún se colocaba lejos de la talla de Gohan y sus amigos, pero su progreso sin duda era un aliciente para no detenerse ni conformarse: era una luchadora y ansiaba mejorar más. El dúo de pelinegros perdió la noción del tiempo al ejercitarse, y no queriendo quedarse estancados en un sólo sitio dejaron a sus espaldas a Yunzabit volando presurosos más al sur.

Para fortuna de Videl, el trópico los recibió con un caluroso abrazo–la prometida de Gohan detestaba cuantiosamente los ambientes congelados–y al sentir la tibieza del sol, tanto ella como él, descendieron en una amplia isla en medio del mar. En contraste con el resto de su odisea, esta vez se dispusieron a sencillamente aventurarse en aquel paradisiaco territorio.

No obstante, no se trataba de ninguna región insignificante y Videl no se tardó en notarlo. En ese islote se efectuaba el célebre Torneo Mundial de Artes Marciales, un área que los vinculaba más al compartir anécdotas sobre sus legados familiares. Sentados en las tribunas del vacío estadio, miraban la plataforma como si en ésta se estuviera desarrollando una vigorosa escaramuza.

Fue allí, en ese mismo cuadrilátero que sus padres se comprometieron sin sospechar el porvenir que la providencia les ofrecería. Igualmente una década más adelante en ese puntual ring, Mr. Satán se coronaría como el número uno al ganar el cinturón que así lo acreditaba. A la postre de estos acontecimientos, sus respectivos progenitores dejarían de ser los que eran.

Ese escenario, los moldeó inclusive antes de su nacimiento marcándolos eternamente. Sus parientes escribieron sus propias historias adornadas con equivocaciones y virtudes, era su turno para escribir la suya al voltear la página de la pubertad, relatando el siguiente capítulo de sus vidas, un volumen que llevaría por título: la adultez.

Haber visitado las instalaciones de esa mítica competición, encendió la antorcha que ardía en Videl. Impetuosa, convenció a Gohan de reanudar sus lecciones. Moverse a súper velocidad y arrojar descargas de ki eran el principio de su lista, su espíritu combativo exigía más y Gohan no se negó a consentirla, y nuevamente emprendieron el vuelo arribando a ese bosque que los acogía.

– ¿Por qué tan callada? –Gohan le cuestionó al ver su súbita alteración de humor–hace un segundo te reías ruidosamente y ahora estás más silenciosa que una estatua.

– Nada, no me pasa nada–Videl respondió, en un santiamén se levantó saliendo del fangoso hoyo donde se hallaba–sólo recordaba nuestro viaje, fueron varias semanas pero el tiempo pasó tan rápido que ni lo sentí.

– Deberíamos tomar un baño–acotó Gohan al distinguir la cuantiosa suciedad que los arropaba– ¡somos un desastre!

– ¿Cuánto tardaremos en llegar? –le consultó, simultáneamente retiraba el exceso de lodo de su larga melena azabache, quieran o no, necesitaban una ducha urgentemente.

– Tal vez un par de horas, tu técnica de vuelo ha mejorado bastante, así que, podremos acelerar sin problemas.

– Bien, entonces vamos…

Decirlo era fácil, hacerlo era otra cosa muy distinta. Se quedaron ahí de pie sin moverse, no lo expresaban abiertamente pero al unir el eslabón faltante en su cadena, la existencia de ambos transmutó para nunca más volver a ser la que alguna vez fue. Una bomba detonó en la conciencia de Videl: ¿acaso estaba asustada, acaso el temor la paralizaba, acaso tenía miedo de continuar?

¡Eso jamás!

Ella se enfrentó a criminales armados sola y sin ayuda de nadie por años, incluso sobrevivió a las garras de un demente que quiso confirmar su autoridad con su muerte. Diablos, maldijo mentalmente. Gohan con su influencia la cambió, sacando de lo más íntimo de su alma, una pizca de amabilidad y sensibilidad que ignoraba poseer.

Y era ese sentir, el que la petrificaba al imaginarse vestida de blanco y recitando sus votos nupciales. Si bien no es ni será una damisela en apuros, su antiguo yo, la Videl que existía previamente a conocer a Gohan, la auxilió al darle el empujón que requería para inyectarla de confianza y valentía.

Sin aguardar por él, Videl caminó internándose entre la vegetación escuchando los llamados del chico detrás de ella. Hace un instante, le aseguró que le gustaban los retos y el peligro, así pues, quedarse estática como una liebre asustada no era una opción a considerar. Quizás ya no sea exactamente la misma, aún así, seguía siendo la chica que comía delincuentes al desayunar.

Se detuvo al ver su reflejo en la cristalina superficie de un riachuelo, usando el líquido como un espejo constató su mugrosa apariencia y sin tan siquiera dudarlo, se fue despojando una por una de sus prendas de vestir, descubriendo casi en su totalidad su humanidad. Milímetro a milímetro, la pasiva fluidez del río la absorbió escondiéndola en su húmedo regazo.

– ¡Videl, oye Videl! –Tardíamente, Gohan se posó en la orilla del arroyo– ¿dónde se metió…?

Boquiabierto, se percató de la inconfundible vestimenta que encontraba esparcida por el suelo. Sus características botas verdosas yacían abandonas por su dueña, a su lado, dos calcetines púrpuras les acompañaban y no lejos de éstos, las restantes piezas de su vestuario de igual forma compartían dicho destino.

Sosteniendo su blusa empantanada, el álter ego del retirado Gran Saiyaman detectó una sombra delineada bajo el agua. No le fue difícil adivinar de quién se trataba, apenado sacudió su cabeza en un fallido intento por desdibujar la pintura que su fantasía creó. Incrementado su tribulación, notó como una extensa cascada de cabello oscuro surgía del fondo del afluente.

Videl frotaba arduamente sus rizos enmarañados liberándolos del limo que los retenía, ladeándose parcialmente enfocó sus pupilas en él. Apretó sus dientes resistiéndose a sus ganas de reírse de Gohan, el principesco caballero palideció al corroborar que esa figura semidesnuda le pertenecía a la justiciera de Ciudad Satán.

– ¿Videl…qué haces? –perplejo, le preguntó sin dejar de mirarla.

Aunque conocía y amaba su impulsividad, aún se le dificultaba acostumbrarse a ésta. Videl podía dar un giro y hacer justo lo contrario a lo que conjeturaba, su naturaleza atrevida ocasionaba que tomara riesgos sin detenerse a meditar las consecuencias que se originaran. Y allí se situaba ella, sin una pizca de vergüenza o cobardía, dejando parcialmente al descubierto su silueta femenina.

– ¿Qué hago? –Replicó al frotar su torso en la rivera– ¡pues lo que dijiste, estoy tomando un baño, qué no es obvio!

– ¿Pero no deberías hacer eso en un lugar más...privado? –el viejo Gohan, el cobarde con las damas, revivió temporalmente al contemplarla.

– ¡Yo vine aquí primero, el que está de fisgón eres tú…no yo! –Destacando lo evidente, Gohan asintió al darle la razón– ¿además, conoces de otro río cercano donde ducharme?

¡Cuánto le encantaba ese sarcasmo ácido y directo, esa es Videl!

– ¿Qué diablos esperas? –Ella continuó hablándole– ¿te lavarás o te quedarás allí parado como un bobo cubierto de fango?

Gohan se miró viendo su ropa y a él mismo recubierto de mugre, lento al principio pero determinado al proseguir, el hermano de Goten fue desprendiéndose de su atuendo. El Gohan audaz que lo reemplazó aquella noche en la biblioteca de la escuela, regresó para sacarlo del embrollo que le indujo su yo más timorato.

Si ella llegaba a ser impredecible, él también podría serlo si se lo proponía. Entre tanto, Videl nadaba libremente en la corriente sin experimentar pena o pudor. Ningún hombre la intimidaría, y Gohan, por mucho que le ame, no lo logrará. Inesperadamente escuchó un ruidoso chapuzón a su costado, sabiendo de quién se trataba no se inmutó.

Habiéndose retirado el lodo de encima, Videl se acercó al margen del río tomando sus ropas. Las sumergió en el arroyo limpiándolas afanosamente, y sin detenerse, pausadamente fue desviando su visión a su izquierda viendo de soslayo la musculatura desvestida de Gohan. Quién hubiera imaginado que debajo de esa apariencia retraída, se escondía la armadura de un gladiador.

¡Si tan sólo Shapner lo viera, el rubio resucitaría su envidia hacia el mal llamado nerd del salón!

Son Gohan era un individuo lleno de misterios, y fueron esos misterios, los que la atrajeron a él como un imán, hambrienta por revelar los enigmas sepultados en su hermetismo. Al dilucidar sus secretos, creyó que ya lo sabía todo de él. Qué equivocada estaba, todavía le faltaba desenterrar una incógnita más. Videl sonrió, los mejores acertijos son los que se ocultan a plena vista.

Una tonalidad rojiza inundó sus mejillas, su distintiva rudeza aún luchaba por no demostrar sus emociones públicamente. Enderezó sus ojos, resignada se encogió de hombros, por más que se empeñara en mantener sólida su fachada de indiferencia, Gohan sin el más mínimo esfuerzo la derrumbaba haciéndola comportarse como una niña enamorada.

– ¿Terminaste? –Videl le cuestionó, pero su pregunta no recibió contestación– ¿Gohan, ya estás listo?

Al ser la afonía su única contestación, se volteó averiguando que él se había desaparecido sin notarlo. Escaneó sus alrededores sin dar con él, la calma que se percibía en esa frondosa vegetación la hacía sentir como si fuera el único ser humano en el planeta. Nadó al extremo opuesto del riachuelo, al ver los ropajes de Gohan en su sitio dedujo que no debía estar lejos.

Sintiéndose como una tonta cerró sus pestañas y recordó sus lecciones, pensativa guardó silencio al proceder con su búsqueda rastreándolo por medio de su ki. Su impaciencia se fortaleció al ser incapaz de ubicarlo rápidamente, pasaron varios minutos más y no detectó su presencia: ¿acaso jugaba con ella, qué pretendía, adónde demonios se fue?

– Videl–la heroína saltó al ser tomada por sorpresa, su concentración era tal, que no se dio cuenta cuando Gohan emergió atrás de ella.

– ¡Gohan! –Tranquilizando su agitado corazón, se viró a encararlo– ¿dónde diablos estabas?… ¡casi me matas del susto!

– Dispútame Videl, no quería asustarte–se excusó Gohan rascando su nuca, imitando el peculiar gesto de su padre.

– ¿Dónde andabas? –Reiteró su interrogante–te busqué pero no te…

– Fui al fondo del río–la interrumpió–vi un destello en lo profundo y fui a ver qué era.

– ¿Un destello?

– Así es, al investigar encontré esto–extendió su brazo y le mostró unas rocas dotadas de un bello brillo carmesí–hay cientos de miles de ellas ahí abajo, tomé un par para conservarlas, nos servirán de recuerdo para jamás olvidar este día… ¿te gustan?

– Sí, son muy bonitas–la pelinegra se apoderó de una, la elevó al cielo propiciando que la luminosidad del sol se refractara en ésta igual que un prisma–qué curioso, sino fuera un bosque deshabitado ya hubieran extraído estas gemas…

– Es verdad…

Pero más extraordinario aún, era un minúsculo hecho que los envolvía a los dos sin inquietarlos. Tanto él como ella, estaban uno delante del otro, exhibiendo sus cuerpos desprovistos de tela que los cubra. Videl orientó su mirada hacia él, percatándose de la peligrosa proximidad que los envolvía y al avistar la repentina conmoción en sus facciones, Gohan asimismo lo notó.

Si bien su desnudez no era total, era muy considerable la cantidad de piel empapada que reflejaba la luz del atardecer. Gohan mantuvo su atención clavada en ella, despertando una sensación inusitada en la defensora de la justicia que nunca antes sintió. Él en reiteradas ocasiones en el pasado la llamó hermosa, sin embargo, Gohan con sólo admirarla la hizo sentirse así: bella.

La distancia se redujo aún más, los alientos se mezclaron, las bocas se buscaron, los labios se acariciaron. Ya fuese por impulso o por deseo; por necesidad o por capricho, el motivo carecía de relevancia. Sencillamente apetecían entablar un nuevo combate, una pelea donde el ganador no necesitaba tener el ki más alto, sino, la delicadeza más pasional.

Era una contienda que ninguno quería ganar; era más delicioso dejarse derrotar.

Aquellas delgadas uñas rasguñaron su pecho masculino, mientras que él y sus homónimas de mayor tamaño trazaban celestialmente la línea de esa espalda sensible. Un quejido se filtró entre beso y beso, un gemido que abrió una puerta que fácilmente no se cerraría. A pesar de estar sumergidos, el calor de esos roces desató a la férrea guerrera que habitaba en ella.

– Abre más la boca…–apenas audible, ella le masculló.

Él la tenía acorrala con sus interminables toques, y aunque eran de su disfrute evidente, ella no deseaba quedarse atrás. Gohan, agitadamente emocionado a la vez que nervioso le obedeció, sus tibias cavidades se unieron por segunda oportunidad devorándose con más pujanza. El mundo pareció derretirse, simplemente existían ellos dos, eran jóvenes actuando como jóvenes.

Ansiosa, Videl le dio la bienvenida a un húmedo invitado, un gimoteo se produjo al rozar sus lenguas. Pero no, no es ella la que manifiesta su deleite con tal sonoro gesto, es él, él. Videl ríe internamente por su victoria, los papeles se han invertido, ahora es él quien se desmorona trozo a trozo al ser bombardeado por las faenas ardorosas que esa señorita perpetraba.

Rompiendo aquel duelo labial, él se liberó de su dominio intrínseco, apartándose levemente para observarla. Su extensa cabellera negra se deslizaba fresca y suelta por su anatomía, esos mojados hilos azabaches resplandecían con una gloria mítica. Él la mira enmudecido, la estudia curioso, la dibuja inspirado, la explora amoroso.

La ve tal cual un espectador aprecia una pintura, teme que al posar un dedo en ella pueda desquebrajarse como un jarrón de porcelana. Ella se deja embriagar por su penetrante contemplación, deseosa lo rodea con sus finas extremidades, volviéndolo a poner ante ella. Ya basta de sólo mirar, ella quiere tocar y ser tocada, ella quiere sentir, ella quiere sentirlo suyo.

Son principiantes, sí, faltos de madurez, sí, pero su amor compensa la balanza, los hace sobrepasar los límites. Una frontera prohibida aún, una restricción que se hacía tentadora rasgar.

Gohan ya no recuerda cuándo ni cómo llegaron a esto, fue tan repentino que ni sus mentes racionales lograron construir un ínfimo pensamiento lógico. Era demasiado magnífico para ser real, debía ser un sueño, no había presiones ni enemigos por vencer, únicamente se trataban de dos personas que congeniaban más allá de meramente estimarse.

Era una confrontación de ida y vuelta, él la estremecía; ella contraatacaba. Videl jadeó al apretar sus párpados, ella era una mujer acostumbrada a soportar el dolor de los golpes y las heridas que su faceta heroica acarreaba, y éstas, pese a su intensa agudeza, ni remotamente la hicieron tambalearse tal y como el placer que él le obsequiaba lo estaba haciendo:

Descontrolándola.

Robándole su tan apreciada lucidez.

Sintiéndose poderosamente femenina.

¿Si con sólo eso había perdido la cabeza, qué pasaría si llegan a más?

Amante de los desafíos, se preparaba para responderse a sí misma.

Son Gohan con mimos palpitantes, saboreó la dermis blanquecina de su faz. Eran cariños inexpertos, aún así, enérgicos y verdaderos. Desde el momento en que se conocieron, ella le hizo probar perspectivas que él de ningún modo creyó degustar. Rebeldía y riesgo, eran elementos contrarios a él, los que en ese instante lo empujaban a seguir mordisqueándola y lamiéndola.

La ojiazul sin saberlo creó a un monstruo, un monstruo que solamente la atacaba al hallarla sola.

Y cómo cualquier otra bestia, ésta se podía domar.

A las fieras se les amansa con música, y Videl lo haría a su manera, con las dulces melodías que su boca entonaría.

– Videl…

– Shhh, no hables…

Viéndola trémula y respirando con fuerza, Gohan la tomó de sus caderas y sin dificultad la sacó del arroyo sentándola en la orilla, miles de gotas de agua lubricaron la incontenible fricción de sus movimientos. Besó la curvatura de su cuello, besó la suavidad de su vientre tembloroso, besó la penumbra de su ombligo…y de continuar así, besaría cada centímetro de ella.

– ¿Qué estamos haciendo? –repentinamente un chispazo de juicio centelleó en él, veloz alzó sus globos oculares para vislumbrarla.

– No lo sé, pero me gusta…no te detengas–la justiciera objetó, su voz se escuchaba demandante y suplicante.

La hija del campeón se sujetó a uno de sus fornidos antebrazos, y sin soltarlo lo haló sacándolo del caudal del río. Con torpeza consiguió levantarse, provocando que sus pies descalzos se hundieran el endeble suelo. Sin embargo, al estar parados cara a cara, una clara diferencia se marcó en ellos para disgusto de la doncella.

Reclinada contra el tronco de un árbol, Videl se puso de puntillas en un intento por equiparar el amplio margen de alturas. No obstante, para su desgano, si apenas alcanzaba a palpar su barbilla con sus mechones oscuros. Gohan se rió divertido, el semblante enfurecido de ella por su corto tamaño le generó un matiz de dulzura.

– ¿Por qué eres tan endemoniadamente alto? –preguntó apretando su boca en su tórax descubierto.

– ¿Por qué eres tan endemoniadamente bella? –impugnó al abrazarla.

Incluso cuando ella esperaba un poco de seriedad, él la embelesaba con su ternura infantil. Gohan tomó su rostro con sus manos inclinándose hacia abajo, con sus pulgares esbozó interminables círculos en sus mejillas. Cayendo una vez más en su embrujo, él posó sus labios sobre los de ella fugazmente, sin renunciar a su cutis Videl le susurró apegada a su oído:

– ¿Qué tanto miras?

– A ti, mí me gustas como eres y me encanta tu estatura.

– No te burles, en ocasiones me siento tan insignificante al estar junto a ti–afirmó aún molesta por ese detalle–no es justo, ni siquiera puedo colocarme a la altura de tu cara para besarte.

– Me gustas así–reiteró–además, tu pequeña nariz y tu boca diminuta me fascinan…

– ¡Ya cállate! –Sonrió retomando sus ánimos, deseaba ser besada nuevamente–bésame, igual que hace un momento, bésame así.

– ¿Cómo, así? –le dio un beso tierno y casto, uno al estilo del Gohan tímido.

– ¡No, así no! –negó arrugando el entrecejo.

– No logro recordar cómo–Gohan mintió–muéstrame, muéstrame cómo.

Sin esperar ni una fracción de segundo, se aferró a sus cortos cabellos trayéndolo a su nivel, mientras se besaban, ella sin necesidad de mirarlo se percató de su renaciente entusiasmo. Tal cual un hombre lobo sale al ver la luna llena, el Gohan intrépido se liberaba de su jaula al captar su fragancia: esa mezcla de su sudor salado con el aroma de sus rizos, el olor a Videl lo enloquecía.

Para de su frustración o agrado, la sinfonía que sus cuerdas vocales emitían no lo apaciguaban…por el contrario, lo encendían todavía más. Sus retinas oscurecidas pronto se enfocaron en aquellas cumbres dotadas de elegancia y belleza, cómo pudo haberlas olvidado, se acercaba y se alejaba; se aproximaba y se replegaba; se acobardaba y se envalentonaba.

Recuperando la compostura escasamente, Videl asió una de sus gruesas palmas colocándola dulcemente en uno de sus senos. Notando la inseguridad en él, ella le regaló una sonrisa tranquilizadora, y allí, Videl le platicó sin gesticular ni una sola frase. Ese intercambio visual, era más que suficiente para transmitirle esa petición que tanto ansiaba darle.

Tócame…

Gohan oyó su ruego en su conciencia.

Quiero que me toques…

Él se tensó al escucharla.

Eres mío y yo soy tuya, tócame…

Sosteniendo con cuidado esa zona erógena de su feminidad, la miró en toda su extensión: su tez sonrojada, su respiración acelerada, su vello erizado, sus ojos deseosos, sus piernas temblorosas. Ella anhelaba esto, aquel sueño se tornaba más y más sensorial. Apretó con lentitud su redondeado pecho, disfrutando orgulloso de su expresión difusa y de regocijo.

Motivado por su renacido valor, ojeó un precioso obstáculo que le impedía acariciarla más directamente. Con elegancia, apartó las incontables hebras azabaches que se escurrían por su torso, escondiendo detrás de sí, ese par de delicadas y atrayentes colinas. Haciéndolas a un lado, fue detenido sutilmente por la delgada tela de su sostén, aunque éste no ocultaba su hermosura.

Se acercó a su escote saboreándolo, dejando en su superficie claramente delineado un brillante hilo de saliva como secuela de sus lamidas obligándola a jadear. Videl abrió sus pestañas de golpe al sentir esa explosiva mordedura, él sostenía con sus dientes la minúscula corona de su seno. Sin renunciar a ella, su boca se prestó a absorberla en una demandante mordida.

– Gohan…

En ese momento, él se lamentó por haberla entrenado tan arduamente. Videl se apoderó de su pelo, estrujándolo con un poderío superior a las fronteras humanas. Hubiera gritado de dolor, sino fuera porque su lengua se hallaba tremendamente atareada. Declinando su peso en ella la tumbó en la hierba, libre de sus frenos ya no conseguía razonar, sólo actuaba sin pensar.

Entretanto, una mano descendió con la misión de navegar por el mar de su cuerpo, sorteó su convulsionante estómago deteniéndose en sus tonificadas pantorrillas. Su palma derecha advirtió el fuego de sus muslos internos, y sin demora, elevó ambas extremidades colgándolas en sus anchos hombros.

– Videl yo, quiero verte…–ruborizado le murmuró.

– Lo sé…

No hacía falta decirlo, las palabras eran inútiles, estorbaban, como el resto de la poca ropa que los dos llevaban puesta. Aprovechando que su interés se concentraba en ella, lo forzó a presenciar cómo sus delgados dedos de mujer se acercaron las correas de su sujetador. Sus yemas las fueron moviendo por su piel dejándola al descubierto, su ritmo cardíaco se disparó al firmamento...

Temor y emoción fusionados.

Él arriba de ella.

Ella debajo de él.

Deseo e inexperiencia combinados.

Videl ocultó su cara apenada con su vasta melena, Gohan no farfulló ni media frase, sus ávidas pupilas miraban la redondez de sus pechos hipnotizado y petrificado. Su viaje inició con una osadía, desafiando las órdenes de su madre buscando entender qué se siente estar enamorado genuinamente. No era ciego, hasta un torpe retraído como él apreciaba la divinidad femenil.

Pero jamás imaginó cuán atractiva ésta podía ser.

¡Tanta lindura no digna de un lugar así!

Pasaron varios minutos, y experimentando la congelante estela del viento en su figura desvestida, Videl volteó su vista al inmóvil joven encima de ella. Gohan mantenía su expectación en su silueta, esa silente admiración le gustaba, aún así esperaba más de él. Sacándolo de esa parálisis, se inclinó ligeramente hacia él notando la dureza de su hombría contra su blanda entrepierna.

– ¿Qué pasa Gohan?

Él finalmente despertó, despertó de esa ilusión.

– Háblame, no tengas miedo.

– Perdóname, pero no puedo…no puedo hacer esto.

Un tenue tono de decepción se plasmó en ella.

– No me malinterpretes Videl, te amo y te deseo–admitió sincero, con eso el trataba de tranquilizar su agitación–quiero estar así contigo, pero no aquí, no ahora, no de este modo.

– ¿A qué te refieres?

– Sé que sonará patético o ridículo, pero cuando te miraba…–con un vistazo fugaz vislumbró su anatomía descubierta, ella se dio cuenta incitándola a reír con sigilo–recordé la razón que me hizo ir a Ciudad Satán, reconozco que en un principio ni yo mismo comprendía lo que era tener una esposa, solamente quería tener la compañía de una mujer que me amara de verdad, no por imposición o por ambición…

Gohan se detuvo momentáneamente al ver el frío haciendo mella en ella, protegiéndola de la gélida brisa la arropó con su ser al acostarla en el césped.

– De dónde provengo, el honor en todas sus formas es una virtud muy respetada–disfrutando de su calidez corporal, Videl lo abrazó con vehemencia a su vez que él le hablaba–y no me refiero únicamente al título de un individuo o a la reputación de una familia, sino también, a la importancia de una persona.

Como si fueran piezas de un rompecabezas, embonaban a la perfección al estar uno junto al otro.

– Te besé y te toqué de una manera que ni en una fantasía creía que lo haría, estás frente a mí, desnuda, en medio de la nada, sin nadie en kilómetros en la redonda que pueda interrumpirnos pero…–las cimas de sus narices se acariciaron–no quisiera que esto sólo sea un subidón de delirio sin control.

En la mente de Videl, su raciocinio titiló dominando el ardor que se adueñó de su sistema nervioso.

– Me encantaría que descubriéramos lo que se siente hacer el amor en nuestra habitación, en nuestra cama y siendo mi esposa–Gohan puntualizó, al hundir su faz en la garganta de la pelinegra.

Videl jugueteó con sus mechones puntiagudos al entender su discurso, pese a eso, ella se mordió su labio inferior al recordar la locura que la recorrió desde la punta de sus pies hasta el último de sus cabellos con el roce íntimo de sus pieles. Calmándose, Videl se dejó cautivar por esa estampa: Ellos, luciendo sus anillos de boda, solos en su recámara, desnudándose lentamente, entregándose sin barrera alguna que los limitara.

Sería una ocasión inolvidable.

Una velada que evocaría al envejecer.

¡Sí!

Valía la pena esperar.

– Creo que tendremos que tomar otra ducha–bromeando, ella le comentó.

– ¿Umm?

– Míranos, estamos cubiertos de lodo otra vez.

– Y tu cabello está lleno de insectos…

– ¿Qué? –exaltada inspeccionó sus hilos negros, Gohan divertido contuvo su risa.

– Tranquila, sólo fue un chiste.

– ¡Qué gracioso!

– Anda, no te enfades.

– Hazte a un lado, iré a darme un baño–fingiendo enojo lo alejó de ella.

– ¿Puedo acompañarte? –le cuestionó con una expresión pícara no propia de él.

Definitivamente le tomaría tiempo habituarse a su peculiar temperamento, pasaba de tímido a valiente en un santiamén sin que pudiera prepararse de antemano.

– Prometo que no te veré.

– ¡No!

– ¿Pero por qué no?

– Porque quiero que me veas...

Videl ahogó su voz al escucharse, respondió tan rápido que ni siquiera se detuvo a meditar claramente. Gohan la veía sin hablar, sosteniendo su mirada en ella. Videl bufó al ver lo inútil que era recriminarse, esa era la verdad, ella deseaba que él la viera y que en su cabeza sólo existiera ella. Sin negar, que le agrada la sensación que percibía al ser escudriñada por esas retinas negras.

Si bien en el pasado numerosos chicos de la preparatoria la observaban tentadoramente, Videl ignoraba tal cosa al leer sus verdaderas intenciones en sus babeantes rostros. La contemplaban como un trofeo, como una bellísima joya a la cual exhibir en público para ganar popularidad. Ninguno la apreciaba por ser quién es, simplemente la codiciaban por ser hija de su padre.

Pero ella, ni en un millón de años, previó que un ratón de biblioteca conseguiría hacerla temblar tanto física como sentimentalmente por primera vez en su vida. Él vio más allá de su fama y su apellido, Videl renunció a toda excusa que se imponía al considerar tal idea. Y dejando salir su yo más humano, permitió que ese jovencito que solía ser tonto a veces le entregara su corazón.

– ¡Vamos, qué esperas! –Ella lo increpó de inmediato– ¡muévete de una vez!

Gohan se apartó dándole espacio para levantarse, Videl caminó al río sin molestarse en cubrirse, invitándolo silentemente a que la acompañara. Y sin que el príncipe lo notase, en sus facciones una sonrisa orgullosamente feliz se formó en sus labios. Ahora entendía por qué Ireza siempre hablaba de lo que era estar enamorado, sin duda, tenía que experimentarlo para comprenderlo.

– ¿Vas a quedarte ahí parado o piensas venir? –Videl ya sumergida en la corriente le gritó.

– ¡Qué, ahh ya voy…ya voy!

Lo reiteraba, en ocasiones actuaba igual que un bobo.

El cielo empezó a tornarse anaranjado, el ocaso no tardaría en manifestarse en aquella zona boscosa olvidada por la civilización. Mientras se frotaba bajo la corriente de una débil cascada, Gohan no dejaba de reflexionar en lo agradable y pacífico que era ese sitio. Quizás, en otras circunstancias, él y su familia vivirían en un área similar a ésta. Lejos de todo, cerca de nada.

Secos y vestidos, el dúo de paladines de la justicia se reclinó en la rama de un enorme árbol, mirando el centenar de puntos luminosos en la atmósfera. Antes de dirigirse directamente a la Tierra del Fuego, apetecieron quedarse una última noche en ese bosque que les ofrecía silencio y anonimato. Una parte de su travesía acababa frente a ellos, y al amanecer, una nueva iniciaría.

Apretándola con placidez entre sus brazos, Gohan le deseó un dulce descanso al acariciar su boca con la suya una vez más. Al terminar con ese breve y gentil gesto, los dos se miraron prometiéndose mutuamente que no volverían a besarse, hasta que no estuvieran tomados de las manos en el altar donde consagrarían su unión delante de sus amigos y parientes.

Videl hundió su cara en su cuello, cuánta euforia y nerviosismo la estaban embargando en ese instante. Tantos recuerdos que se proyectaron en sus ojos cerrados, y cada uno de esas remembranzas poseían un elemento en común que los vinculaba: Gohan. Sí, lo amaba y él a ella, aunque sonara cursi, a Videl no le importaba.

¿Si tan sólo en unos cuantos meses ella vivió el frenesí más grande en su historia, qué le aguardaría al estar a su lado hasta el final de su días?

Sea lo que sea lo que les repare el futuro, estarían allí juntos para enfrentarlo sin miedo. Él con su intelecto, ella con su determinación. Lógica y terquedad; mesura y pasión. Y con tal razonamiento, la Videl adolescente se despedía dándole su espacio a la Videl adulta. Su adolescencia terminó de esfumarse, sin embargo, el espíritu de la jovencita con coletas arderá eternamente en su interior.

Con esperanza cayó en un profundo sueño; no se arrepentía de su decisión: él era el indicado.

Sus destinos nunca se separarían.

Ella no lo permitiría, ni él tampoco.

Fin Capítulo Treinta y cinco

Quiero agradecerle a cada uno de ustedes, por haberse tomado la molestia de leer cada párrafo que mi delirante mente me obligó a escribir. Confío al menos, haberlos entretenido por un par de minutos con la lectura, espero que su amplio tamaño no haya sido de su desagrado, pero reitero mi gusto por los capítulos largos. Aunque debo admitir que suelo exagerar.

Antes de terminar, quisiera darle las gracias por sus comentarios en el capítulo anterior a los siguientes lectores: Getsukei, Kiome17, Oyuky Chan, Val1406, BiancaSsj2, Val5621900, Yuko, Paola, Daniela y a Pau5. Nuevamente, les expreso mi gratitud por sus opiniones para la historia.

Gracias por leer y hasta la próxima.