Los días habían pasado y, como había predicho, fueron de lo más tranquilos. La rutina era simple: Alfred iba a al trabajo desde temprano mientras que Ana e Isabel se quedaban en casa, la mayor había continuado con la educación de la pequeña aunque solo era lo básico, dentro de poco iban a contratar a un instructor privado quien, no solo le instruiría en los diversos campos del conocimiento sino también en los modales y forma de comportarse.

Y así pasó el tiempo, los días se convirtieron en semanas, meses y luego años. Esa pequeña de apariencia de 4 años crecía cada vez más pero nunca dejaba de mostrar la misma timidez ni fragilidad, eso la caracterizaba mucho. Por otro parte Ana estaba feliz de ver como crecía, como es que se convertía poco a poco en una pequeña dama. Cada que había reuniones de la realeza ella era el centro de atención debido a su excepcional manera de comportarse, algunos invitados comentaban que poseía más clase que la heredera al otro, lo cual le molestaba a Amelia.

Isabel crecía muy rápido y comenzaba a cambiar las muñecas y fiestas del té por periodos de horas escuchando música y leyendo. Era cierto que Ana estaba contenta por la actitud de ella pero no le parecía que la reina la llenara de clases durante el día, pues ella misma había reducido poco a poco el tiempo que la menor le dedicaba a los juegos.

Los fines de semana eran los favoritos en casa de Jones, pues salían a diferentes lugares y realizaban diversas actividades. Eran los únicos días en que todos se olvidaban del trabajo.

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- Ay…- Suspiró Ana.- lentamente me estoy convirtiendo en la ama de llaves.- Comentó mientras juntaba y acomodaba ropa.

- Así lo quisiste tu. Te dije que puedo contratar a una ama de llaves pero simplemente no quieres.-

- No me molesta hacer este trabajo, después de todo es una buena distracción. En los últimos meses María no ha necesitado mucho de mí.-

- Es porque casi siempre está ocupada. Sino es con el instructor está leyendo sus historias favoritas en la biblioteca. ¿Le has preguntado porque pone seguro a la puerta?-

- No te alteres ni te enojes. Efectivamente le pregunté porqué lo hace y dice que así evita que la interrumpan.-

- Bueno eso dice ella.- Jones dejó la taza de café en la mesa del centro e hizo una mueca. La nana se había percatado de eso por lo que torció la boca para acabar en una sonrisa.- Mira… no es que desconfíe pero…-

- Ya la he espiado por el balcón.- Lo interrumpió la chica. Alfred se quedó en silencio y dejó que ella continuara.- No tienes que preocuparte. Ya la he visto y lo único que hace es leer y escuchar música. A veces se acuesta en el piso y se pone a hablar sola, supongo que tiene una gran imaginación.-

- Tantos libros la han cambiado con el tiempo.-

- El tiempo nos cambia querido amigo, eso sí nos gusta y dejamos que suceda. No es obligatorio el cambio, no completamente.-

- Pues aunque no sea obligatorio no me gusta que se mantenga aislada del resto. Sino es porque vamos de día de campo los fines de semana ella se la pasaría metida en esa habitación.-

- No es aislada. De vez en cuando va a jugar con los italianos. Se lleva muy bien con ellos.-

- Pero no le habla a los demás, no le pido que converse con Ludwing porque es callado igual que ella; tampoco que lo haga con Michell, ya sabes, la hermana del escocés; lo mismo aplica para Natalia e Iván, ¡y los asiáticos! Prácticamente se lleva con nadie.-

- NO te alteres, a ellos los frecuenta muy poco y al par de italianos los ve seguido, podríamos considerarlo ganancia, ¿no crees?- Alfred musitó e hizo un gesto infantil, a lo que Ana contestó rodando la mirada.- Mantén la calma. Es una niña, con el tiempo aprenderá a socializar más.-

- Ojalá el instructor le enseñase eso…- Susurró Jones. Ana cansada de su protesta le lanzó una almohada a la cara.

- ¡Relájate! Aprenderá.-

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A las ocho de la mañana comenzaban las clases. Antes de la hora marcada ayudaba a Ana a preparar el estudio: limpiaba, recogía cosas, preparaba un poco de café para el profesor y finalmente se sentaba a esperar a que él llegara.

- Buenos días niña Isabel.- Saludó el hombre con una gran sonrisa en el rostro.

- Good morning Mr. Wilson. How are you today?-

- Fine, very happy because we're going to check your History.- Ante eso la pequeña brincó de emoción.- Hoy no hablaremos otro idioma como ha sucedido anteriormente, quiero que practiquemos tu lengua madre: el español.- Sí, cada clase la daba en distintos idiomas, eso para practicarlos. El instructor estaba feliz con su trabajo lo que no le parecía era que la reina exigía demasiado conocimiento para la menor. Entendía que alguien de su estatus debía aprender un sinfín de cosas pero pensaba que era mejor dejar algunas para cierto tiempo.- Muy bien. Hoy veremos acerca de la geografía de México. Sé que te encanta porque eres tú, la representación de ello.-

El tiempo corrió y la clase estuvo cerca de su final. El profesor ocupó los minutos restantes para acomodar libros, María no dejaba de ver el mapa del país, se levantó de su asiento y caminó hasta él, suavemente posó una de sus manos sobre el papel, lentamente recorrió todo el territorio.

- México… Messico- Comenzó a susurrar.- Mexico… Mexiko, Mexique… tantas maneras de pronunciarlo y simplemente es lo mismo… - El profesor se acercó sigilosamente a ella.- Es curioso que yo soy ese país y ni siquiera conozco la cultura de las personas que me habitan, su gastronomía, los sitios arqueológicos más importantes. Es curioso ¿no? Ser la representación de algo y no conocer acerca de ello…-

- ¿Señorita?- La voz del profesor la sacó de sus pensamientos, ella le contestó con una sonrisa.-

- Sé pocas sobre mí, y eso es gracias a los libros, pero no es suficiente… nunca lo ha sido… No es lo mismo haberlo vivido y sentido a leerlo. ¿Sabe? No recuerdo la hacienda en donde vivía, mucho menos la ciudad. Solía salir a caminar con mi hermano de vez en cuando pero no era seguido. Él prefería pasar el día recorriendo los grandes campos que rodeaban nuestro hogar. A veces me enseñaba la comida típica de la región, otras los festivales que nuestros ancestros solían hacer. El día de muertos es uno, según lo que leí es un gran evento: las calles y los panteones se llenan de colores, hay flores de cempasúchil por todos lados; puestos de comida; gente vestida de catrinas y catrines...- Isabel se quedó un momento muda, tomó aire y suavemente exhalo.- Quisiera conocerme más… ya no puedo esperar… profesor ¿cree usted que algún podré ir?- El hombre sonrió y posó sus manos en los hombros de la chica.

- Definitivamente, no vas a estar toda la vida aquí, ya llegará el momento en que vayas y descubras por ti misma tu cultura. Ten fe en que pronto será.-

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Mr. Wilson se dio a la tarea de contarle lo sucedido a Alfred, quién no tardó en correr a solicitarle a Amelia que dejara ir a la niña por un tiempo a México, sin embargo, la mujer se negaba a hablar acerca de dicho tema excusándose en que estaba ocupada. Un día rompió lo poco de paciencia que le quedaba al rubio y mientras ambos se encontraban en la biblioteca del palacio cerró la puerta principal.

- ¿Por qué eres necia?- Ella no contestó, pues estaba sorprendida.- ¿Qué es lo que te molesta?- Siguió sin hablar. Alfred lanzó la carpeta que tenía en sus manos a una mesa, el sonido resonó por varios segundos en la gran sala.- ¿Acaso te gusta llevarle la contraria a todos? ¡Contesta!-

- Alfred…- Comenzó a hablar con un tono calmado.- Es que no confío en enviarla, es solo una niña. ¿Has pensado en lo que sentirá al encontrarse en un país nuevo sola?- El tono de voz, el maldito tono característico de voz. Cada que hablaba así Alfred la sentía retadora y, a la vez, que iba a lograr sus fechorías.

- Ana irá con ella. Es la más indicada.- Contestó con mucha seriedad. Esta vez no iba a dejarse vencer.

- No confío en esa tal Ana. No sabemos nada acerca de ella, ¿o si?-

- No… nunca me ha contado acerca de su vida… pero confío plenamente en ella. ¿Has pensado que no ha de querer recordar su pasado?-

- ¿Y tu has pensado en que oculta algo grave? No seas ingenuo Alfred, todos escondemos algo, la diferencia es que algunas cosas pueden ser malas.- La reina tomó un libro y con la frente en alto se dirigió a la salida. Conocía a su nación y sabía que acataría sus órdenes, o al menos eso creía.

- Nunca vas a dejar de hacerle la vida complicada, ¿verdad?- Un escalofrío recorrió su cuerpo, no contaba con aquella reacción, no contaba con que se encariñara tanto con la niña. Después de todo tienen razón: hasta a la persona más fría le ablandan su corazón. Y es que haber visto a tantas personas vivir sus vidas hasta el final lo había hecho deshacerse de sus sentimientos ya que no soportaba las pérdidas, pero aquí era diferente porque Isabel era una nación como él, y sabía que ella viviría para siempre o al menos hasta que su gente se lo permitiese.

- ¿Disculpa? No entiendo a qué te refieres.-

- Isabel no ha tenido una infancia normal como el resto de las naciones y me arrepiento de haberte dejado hacer lo que quisieras, siempre la has mantenido ocupada con lecciones de modales y más, y ahora veo que no piensas dejarla visitar su país, ¿acaso crees que se va a quedar encerrada por siempre aquí?-

- ¡Ya te dije que no confío en Ana!-

- Eso no te lo creo, y para que veas que no eres la única que tiene autoridad la mandaré yo a México.- Alfred no dejaba de mirarla con resentimiento, Amelia solo se limitaba a respirar, no sabía que contestar, era obvio que el rubio cumpliría con su amenaza.

- Envía a alguien a evaluar la hacienda en la que antes vivía con el español, que se hagan todas las adecuaciones necesarias; anuncia al instructor sobre ésta decisión y que te diga si está dispuesto a ir o no para buscar un sustituto o arreglar papeles; contrata mayor seguridad, no estoy dispuesta a que algo malo le pase por allá; contrata a más personal para trabajar en el interior de la hacienda. Te doy 6 meses para que la envíes; tienes que ir a verla al menos dos veces al año. Me informas después sobre el avance.- Sin más Amelia se retiró dejando a Alfred suspirando y con una gran sonrisa. Ya deseaba ir a casa para contarles sobre la noticia, estaba seguro de que ambas estarían muy felices.

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El desayuno estaba servido, en la mesa se encontraban compartiendo los alimentos tres seres. Era un desayuno silencio, algo incómodo, pero a la vez era agradable comer sin interrupciones.

- Gracias por la comida.- Dijo Isabel y se levantó de su asiento para llevar sus trastes a la cocina.

- Espera Isa, tengo algo que decirte.- La menor miró con extrañez al mayor y de nuevo se sentó.

- ¿Qué sucede?- Preguntó y le lanzó una mirada de duda al igual que Ana.

- Espero que esto te guste… ¿Adivinas que podría ser?-

- Solo dime Alf, no me gustan los acertijos.- Contestó lanzándole una mirada de suplica.

- Bueno… no puedo hacerlo de emoción.. bien, irás a México.-

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¡Y aquí está el siguiente cap!

Espero que les guste:D Como les dije ya va a tomar otro camino.

Estaré actualizando lo más pronto posible.