Disclaimer: los personajes principales pertenecen a la gran Stephenie Meyer.
Chapter 37
Estaba transpirando el nerviosismo que sentía era válido porque si no me aceptaba hoy, no lo haría nunca. La conocía demasiado para poder deducir que era una mujer firme.
Cerré mis ojos intranquilo esperando por su respuesta, no sé si pasaron horas o quizás minutos sin embargo ella no reaccionó, abrí mis ojos lentamente para observar a Bella desarmada en lágrimas, su cuerpo se estremecía a causa del llanto mientras con sus manos cubría su boca. Sentí un miedo recorrer cada terminación nerviosa de mi cuerpo, al tiempo que una vocecita en mi cabeza gritaba "no te aceptó", mi vista recorrió el lugar y los invitados estaban en las mismas condiciones que yo, con la diferencia que a mi me dolía el alma por su rechazo, baje mis brazos lentamente sin dejar de ver su exquisito rostro entristecido por sus lágrimas.
—Tengo mucho miedo… —la escuche murmurar— a volver ilusionarme.
¿miedo? No era una negativa era... miedo.
—Solo dame una oportunidad, mi amor —di un paso hacia ella— te prometo ir despacio, tan lento como quieras... empecemos de nuevo —sus orbes chocolate se posaron en los míos— Por el momento me conformo que seas mi novia ¿Te parece? —extendí mi mano hacia ella— ¿Quieres ser mi novia?
Ella sonrió aceptando mi mano al tiempo que se dejaba envolver en mis brazos, gustoso la estreché lo más que su vientre lo permitía, que podía asegurar que era bastante, bese su frente haciéndola sentir todo mi amor.
—Tal vez no te guste tener una novia embarazada —mordió su labio inferior a la vez que se removía incómoda, junto sus cejas y sus mejillas se tiñeron de ese adorable rosado— empezamos mal, esta novia embarazada necesita usar el sanitario, mi vejiga está apunto de explotar.
Solté una carcajada la cual no duró cuando sentí un líquido caliente por mi espalda, grité molesto por la sensación de escozor en mi piel, me voltee de inmediato para saber que había sido, lo que no espere fue ver a Lauren riendo de lo más divertida sosteniendo un vaso de unicel en su mano.
—¡Lauren! —chilló Bella al tiempo que me ayudaba a quitarme el saco— ¿Por qué hiciste eso?
—¡Estás loca! —masculle entre dientes aguantandome el ardor que me provocó el café caliente.
—¡¿Qué?! Les faltó el café encima del traje —dijo sarcástica— todo debe salir como aquella vez —miró a Bella y rodó los ojos— Anda gorda ve al sanitario antes de que hagas pipí aquí mismo —le puso un brazo por los hombros para encaminarla al tiempo que quitaba mi saco de sus manos— por cierto... —gritó a espaldas de Bella— David te manda saludos, dice que haber cuando nos juntamos… los tres… como en los buenos tiempos ¿te acuerdas?
—Eres bipolar. —afirme arrebatando mi saco de sus manos— Primero me ayudas a organizar todo esto y después me tiras un café encima. ¿De qué lado estás, de tu amiguito o del mío? —puso los ojos en blanco.
—El café es por todo lo que has hecho sufrir a la gorda, por tu culpa tuve que comer botes y botes de helado para acompañar sus lágrimas y ni siquiera tienes una idea de cuántas calorías estamos hablando, aparte del sodio, azúcar, ¡oh Dios mio! —llevó sus manos a su vientre plano— ¿No crees que necesito una liposucción?
—Definitivamente estás loca —Lauren seguía siendo una chiquilla inmadura, siempre pendiente de su apariencia, pero al menos tenía que reconocer la sincera y fiel amistad que le guardaba a Bella.
—Pues me estoy pensando de qué lado estoy —entrecerró los ojos y me miró de pies a cabeza— David fue el gran amor de la gorda, aunque me veas con esos ojotes.
—No le llames así. —regañe por decirle gorda a mi Bella— además Bella aceptó ser mi novia —respondí con presunción casi en el mismo lenguaje infantil de Lauren.
—¿Novia? —sus ojos azules me miraron sin comprender— Me dijiste que le pedirías matrimonio, ¿Por qué no lo hiciste?
—Llevaré nuestra relación lo más despacio que se pueda, necesito volver a conquistarla —encogí mis hombros con mi vista perdida en el piso— Quiero demostrarle con hechos todo lo que siento por ella, necesito que vuelva a confiar en mí… solo en mi.
—Tienes a tu favor que está enamorada y muy embarazada de ti —me sonrió cómplice— No me queda más que ayudarte, cuenta conmigo para la próxima locura.
Le di un fuerte abrazo en agradecimiento por todas las ocurrencias que me decía como consejos y que agradecí no seguir. No creo a Charlie le hubiera hecho mucha gracia si me robaba a su hija y la llevaba a una isla desierta.
—Entonces la gorda tiene permiso para ir al cine, ¿Sí?
—¿David estará ahí? —Lauren apretó los labios conteniendo la risa— Olvídalo, no quiero que lo vea.
—¿Celos? —iba a rodar los ojos mas no lo hice porque en realidad sí le tenía celos, detestaba saber que él había sido su primer amor, y si no hubiera sufrido ese aborto ambos tuvieran un hijo producto de ese amor adolescente.
—Gracias por la sorpresa —escuché decir a Bella— Solo que deberíamos irnos, no se si mi abuela en sus condiciones pueda cuidar de los niños.
La estreche nuevamente en mis brazos acomodandola delante de mí, me gustaba la manera en que su cuerpo se amoldaba completamente al mío, además así podía abrazarlos a los dos sin necesidad de aplastar su vientre, empecé a dejar besos en su coronilla.
—Marie es cómplice de esto —susurre en su oreja— en estos momentos va rumbo a Forks, porque sabe que esta noche eres sólo mía.
Se giró hacia mí para quedar de frente arrugó un poco el entrecejo e hizo un tierno puchero.
—Es claro que eres el consentido de mi abuela.
—Lo sé —dije con cierta presunción— Sin embargo prefiero ser tú consentido.
—Ya lo eres —se abrazó a mi cintura— Desde el momento que derrame su café se convirtió en mi favorito por siempre.
—Te amo, Isabella —sujeté su rostro entre mis palmas y deposité un tierno beso en su frente. Se dibujó una sonrisa en mi cara cuando vi su decepción— Vamos, te tengo otra sorpresa.
Entrelace nuestros dedos y salimos del lugar, no sin antes despedirnos de sus amigos.
—¿Edward, qué hacemos aquí? —fue lo primero que salió de su boca cuando vio el auto aparcar frente al pub donde fue nuestra primera cita, solo le dedique una sonrisa mientras le ayudaba a bajar del coche.
—Quiero que recuerdes esa primera cita —llevé mi mano a su cintura y di un suave apretón, al llegar su mentón casi se cae o al menos eso parecía cuando miro que ocupamos la misma mesa. Me senté junto a ella no podía ni quería estar alejado de ella ni un instante.
—Esta vez no puedo consumir bebidas alcohólicas —respondió mirando su pequeño vientre. Yo solo asentí.
Sin pensarlo me acerque para dar un fugaz beso sobre su nariz, puse mi palma sobre su vientre y mi brazo libre lo pase por sus hombros desnudos, adoraba su forma de vestir.
—Eres la embarazada más hermosa, mi amor. —la atraje hacia mí— Y eres sólo mía.
Hablamos de todo y nada, reímos, lloramos y también nos pusimos nostálgicos cuando llegamos al tema de nuestro hijo note el miedo que tenía por ser madre, por no poder cumplir con las peticiones del bebé, de no saber qué hacer si llora, y que tal si se le caía o se quedaba dormida y no escuchaba su llanto, era tanto su pánico que no veía en ella lo buena madre que ya era, sin necesidad de haber dado a luz.
—Ya es tarde, vámonos tengo sueño —dijo en un bostezo, mi mente automáticamente se perdió años atrás porque fueron las mismas palabras que había mencionado y que yo aproveche para llevarla a mi departamento.
¿Y qué, si la vuelvo a llevar? No me estaría aprovechando de ella… como la primera vez. No, no debo hacerlo, debo hacer las cosas bien. Además Bella tiene que descansar por el bien de mi bebé. En mi mente se realizaba un debate entre el querer y el deber.
—Bella, ya llegamos —susurre muy cerca de sus labios entreabiertos, se había quedado dormida en cuanto iniciamos el camino de regreso. Pestañeo varias veces y en su rostro vi desilusión cuando miro la verja de su casa.
—Estamos en mi casa —murmuró con enfado sin dejar de ver su estómago hinchado.
—¿A dónde querías que te llevará a las 1am? —mencioné por lo bajo ocultando mi sonrisa.
—Olvídalo. —respondió sin mirarme e intentando abrir la puerta. Quise reírme por el berrinche que estaba haciendo pero no lo hice porque no quería arruinar nuestro día.
Me baje con rapidez hasta llegar a su lado abrí la puerta mientras ella seguía mirándome enfurruñada como a la niña que no se le compra su juguete favorito.
—¿Cuándo regresas a Texas? —cuestionó todavía malhumorada.
—En unas horas sale mi vuelo —la arrincone entre mis brazos y la puerta del coche, esto se me estaba haciendo costumbre y el que ella mantuviera su cabeza inclinada también— regresó en tres semanas.
—Es mucho —dijo levantando su rostro— No te vayas —se acurruco en mi pecho donde rápidamente la estreché con mis brazos.
—Tengo que hacerlo —hable sobre su cabello al tiempo que me llenaba de su olor— Después de estas semanas no volveré a dejarte sola, lo prometo. —estuvimos abrazados por bastante tiempo, no hizo falta decir palabra alguna, solo estábamos disfrutando de nuestro momento mientras nuestro bebé parecía estar incómodo por el arrumaco de sus padres y lo hacía manifestándose con pataditas que nos hicieron separar— Deberías entrar ya, debes dormir.
—No quiero... —volvió a abrazarme escondiendo su rostro en mi torso— ir sola.
—Entonces te acompaño —sugerí tomando su mano hasta entrar a la casa que se mantenía en penumbra y en completo silencio.
No nos tomó ni cinco minutos hasta llegar a su recámara, donde corrió hacia el baño para minutos después aparecer vestida en un exquisito camisón de seda color marfil, caminó descalza y sin una gota de maquillaje, era una tentación verla de ese modo. La prenda apenas cubría sus encantos por su abultado vientre y me costó deberás que me costó quitarle los ojos de encima, cuando se inclinó para mover las mantas y me dejo ver el fino encaje que se escondía entre sus nalgas me estaba seduciendo, se estaba desquitando lo que le había hecho de traerla a su casa. Desilusionada se metió a la cama cuando vio que no me moví de mi lugar, es que ella no se imaginaba ni un poco las mil y un maneras que fantaseaba con hacerlo en su cama en estos momentos.
—Abrázame hasta que me duerma —pidió apagando la lamparilla, resignado me acerque para cumplir con su petición, no pasó mucho cuando su respiración se hizo acompasada, se había quedado dormida entre mis brazos y al parecer mi hijo también porque ya no se movió dentro de ella.
Eres una tentación andando, te amo y te deseo tanto que no creo poder contenerme una próxima vez, susurre quitando unos cuantos cabellos de su rostro. No podré llevar la situación despacio como quiero que sea. Le repetía mientras dejaba besos en su rostro.
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—¿Estás nerviosa? —quise saber cuando llegamos a la clínica, Brigitte se había mantenido callada durante todo el tiempo que duró el vuelo y al llegar aquí se miraba inquieta.
—Un poco —aceptó— Has estado en el celular desde que bajamos del avión, ¿texteas con Bella?
Me sorprendió que la mencionara, era la primera vez que pronunciaba su nombre.
—Sí. Necesito saber si esta bien, el bebé se ha vuelto un poco inquieto y por las noches no la deja dormir —levanté mi vista del celular para ver su reacción. No es que quisiera hacerla sentir mal, simplemente respondí sin pensar.
—¡Oh! —pronunció por lo bajo. Estábamos en una pequeña sala esperando por Jasper quien tenía una conferencia telefónica— ¿Que es, niño o niña?
—Niño. —No pude evitar mi sonrisa cuando respondí.
—Te ves muy contento, tus ojos brillan cuando mencionas al bebé y a su madre. —mire su rostro y sonrió avergonzada— En serio te deseo que seas muy feliz con tu familia.
Sabía que sus palabras eran sinceras, aun así me sentía incómodo hablar con ella de Bella y mi hijo, no era por vergüenza por supuesto que no, era respeto hacia su persona.
—Gracias, Brigitte. —guarde mi celular mientras me recargaba en el respaldo del sofá, ella estaba sentada en el sillón frente a mí— Te deseo pronta recuperación, de verdad que quiero verte cuidar de los niños.
—De eso quiero hablar —sus ojos se empañaron mientras se aclaraba la garganta— He pensado, cuando salga de aquí… me los prestes para pasar el verano conmigo. Sólo a Darinka y Aiden.
—Por supuesto, yo digo que es mejor ponernos de acuerdo nosotros dos. No quiero someterme a las decisiones de un juez, espero y quieras que estén conmigo los fines de semana —la vi apretar sus labios.
—Edward, no quiero que vivan conmigo cuando salga de aquí —sus lágrimas empezaron a descender por sus mejillas— No tiene caso obligarlos, cuando es un hecho que ellos desean vivir contigo y Bella… la aman como si fuera su madre —su voz se quebró— ella también es su mamá.
—Tú eres su mamá, no puedes renunciar a ellos. Trata de ganar su cariño nuevamente, estoy seguro que te adoran solo dales un poco más de tiempo —rogué, era injusto que se alejará cuando ella los necesitaba.
—April nunca me va a querer —dijo entre sollozos— Y me duele cuando todo el tiempo se refiere a Bella como su mamá y a mi como señora, es horrible sentir ese sentimiento de rabia y envidia por tu mujer. Porque se que ella no tiene la culpa y mucho menos mi hija, pero duele mi corazón que he sentido unas ganas inmensas de zarandear a mi hija y obligarla a que la deje de querer o he estado tentada tantas veces llamar a Bella y exigirle o más bien decirle todo el mal que nos ha hecho. Quería reclamarle a Aiden cuando lo escuchaba hablando por teléfono con ella narrando animado su día en el colegio, siendo que yo estaba ahí a unos pasos de él y mi hijo la prefería a ella. O que tal cuando Darinka hacia facetime con ella y duraba horas contándole sobre su vida romántica con su novio y yo tras de la puerta escuchando la conversación, muchas veces quise intervenir arrebatarle el maldito celular, quería gritarle que me viera a mi que yo soy su mamá. —Me miró con reproche— Tu mujer me ha quitado todo lo que era mío.
—Bella no tiene la culpa de nada —casi grité al escuchar sus excusas— mucho menos mis hijos.
—Lo sé. Por eso quise internarme, porque yo nunca he sentido esos sentimientos por nadie. No estoy bien, tengo pesadillas todas las noches y no quiere hacer nada de lo que tenga que arrepentirme.
—Jamás te pediría que quisieras a Bella pero debes saber que ella ha sido de mucha ayuda para nuestros hijos. Los ama sinceramente y se que cuidará de ellos como una verdadera madre, puedes estar tranquila que están seguros con ella.
—Reconozco que nunca será mi mejor amiga y que no deseo ni siquiera verla —suspiró resignada e hizo mohín— pero es una buena chica, no cualquiera se gana el corazón de los hijos de su pareja.
—¿Estás lista? —llegó Jasper hasta nosotros. Nos pusimos de pie, era el momento de la despedida— Cuando estés lista para recibir visitas Alice y yo vendremos a verte.
Brigitte solo le sonrió a modo respuesta y se encaminó hasta el pasillo que era exclusivo para pacientes, antes de cruzar el umbral se giró a vernos y batió su mano. Segundos después una enfermera la ayudó con el pequeño equipaje que llevaba en sus manos y la puerta se cerró.
Jasper me dio un suave golpe sobre el hombro para darme ánimos, no era necesario hablar con ningún médico porque ella había ingresado por voluntad propia y al estar en sus cinco sentidos ella era responsable de su propia salud, sólo deseaba que los meses que estuviera internada le ayudarán a sanar su lastimado corazón y su atormentada alma.
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No podía creer que después de todo lo que Esme nos hizo yo estaba sentado esperando por ella un cristal dividía nuestro momento de vernos las caras nuevamente, entonces como en cámara lenta la vi entrar con su uniforme anaranjado caminando a paso lento apoyada por un bastón que era necesario llevar por no tener una pierna, su rostro libre de maquillaje visiblemente marchito, su cabello sin teñir recogido en una despeinada coleta, el entrecejo marcado quizás por el dolor que le provocaba que la viera débil, se sentó de forma inmediata sin fijar su vista en mi.
—¿Qué quieres? Acaso no te bastó saber que no tengo una pierna —escupió con amargura sin fijar su vista en mi.
—Necesito que me digas porque nos hiciste tanto daño ¿Que te orillo a hacerlo? —dije tras el grueso cristal que contaba con unos pequeños orificios para poder hablar.
—Qué más da, porque lo hice —encogió sus hombros con desdén— tu padre siempre fue la persona más aburrida que he conocido tal vez solo quise dar acción a su vida.
—Yo te quería en realidad siempre te defendí de quién se atreviera hablar mal de ti.
—Hubo un tiempo que yo también los quise —hablaba con su cabeza agachada pellizcando los pellejitos de sus dedos— Siempre fuiste el más temeroso. Pero no se un día me cayeron gordo porque ustedes eran hijos de Carlisle y no míos. Fue el mismo día que descubrí que era infértil —guardó silencio por largo rato— Ese día, se festejaba a las madres y Emmett hizo su primer dibujo para mi —rió con amargura— Ese simple dibujo fue capaz de liberar toda mi frustración, desde entonces me permití no sentir cariño por nadie, empecé a alejarme cada vez más de los dos y muchas veces pensé en irme. Más no lo hice y nunca voy a entender el porqué.
—Tu comportamiento frío y distante no me hizo dejar de quererte. Al contrario algo me decía que debía quererte mucho más. Pero eso ya no importa, porque tu misma terminaste con ese cariño.
—Edward —dijo mi nombre casi en una súplica pero sin mirarme— Nunca me ha importado que me quieran, estoy podrida por dentro… esa es la verdad.
—Qué pena me das, Esme. No puedo entender como tu amargura te ha traído hasta aquí.
Dio un cansado suspiro y contempló el lugar con resignación se fijó en un punto de aquel grande cristal.
—Te voy a confesar algo, que te hará no volver jamás —de pronto me miró fijamente sin ninguna muestra de arrepentimiento— Era divertido cuando me dejabas a tus hijos y yo alimentaba su baja autoestima, fue cómico atemorizar a unos niños —soltó una escalofriante carcajada— sin embargo no duró mucho porque intervino Isabella Swan no se que les dio que ya ninguno de mis comentarios les afectaba, los enseño a ignorarme.
—¡Maldita! —me incorporé de mi lugar dando un golpe seco en el vidrio— Cómo te atreviste a dañar a mis hijos.
—Es que era divertido ver sus rostros tristes, igual a su mamá. Es que Brigitte era tan bruta que hasta daba pena —contuvo la risa— Sin embargo Bella esa mujer es insoportablemente odiosa que te juro que hubiera sido capaz de sacarle a su hijo con mis propias manos, nunca me voy a terminar de alegrar de que lo haya abortado, a ella si que ni su propio hijo la quiso.
No podía ni quería seguir escuchando cuan ruin puede llegar a ser una persona.
—No creo que odies a Bella —le hable con el mismo tono de desprecio que ella usó— Lo que sientes por ella es envidia, porque mi Bella es todo lo que tú hubieras querido ser —me miró con tanta furia y supe que había acertado— Isabella se ganó la admiración de mi padre, algo que tu no conseguiste. Mis hijos la aman, respetan y la llaman mamá, cuando a ti ni siquiera te dijeron abuela. Mi Bella pronto tendrá la dicha de concebir un hijo, algo que tu ni en sueños pudiste lograr. —mire una lágrima rodar por su mejilla no supe identificar si fue coraje o arrepentimiento, tampoco tenía ganas de averiguar, di media vuelta y salí de ahí sintiendo sobre mi espalda su mirada.
Al salir de la prisión mire al cielo estaba despejado sin ninguna nube, respire profundo y supe que este ciclo estaba cerrado, camine hacia el aparcadero con la mejor sonrisa porque iba al encuentro de mi familia y un nuevo comienzo...
Una disculpa por las errores ortográficos hago mi mejor esfuerzo, lo prometo
también olvide agradecer a todos los que me ayudaron con mi duda acerca de los nombres para los fanfic, ya que resuelto Gracias.
En este capítulo dejo claro que Esme no tuvo nada que ver con el aborto de Bella, también opte porque se lleven la relación más lento aunque Bella no está muy contenta con la decisión.
Muchas gracias por sus alertas, favoritos y por cada comentario. Sólo quedan 3 capítulos espero y me sigan leyendo hasta el final. Un gran beso con mucho cariño y saludos.
