Disclaimers: La historia me pertenece… en casi su totalidad, los personajes son propiedad de J.K. Rowling y son utilizados sin intención de lucro alguno. Las personalidades de algunos de los personajes así como su edad no corresponden a lo que la magnífica Rowling estipuló dentro de la saga de Harry Potter.
¡Hola! Bueno, como es costumbre, y como quedé, es jueves y paso a dejar otro capítulo, espero que siga siendo de su agrado el capítulo, no sé si les había comentado que la historia sólo cuenta con cuarenta y cuatro capítulos más el epílogo, así que bueno, cada vez estamos más cerca del final, muchas gracias por sus reviews, significan mucho, por sus follows y sus favs, en serio, muchas gracias.
Theo observó a Draco correr, después de un mes desde la ceremonia en memoria de Ginevra habían pasado muchas cosas, Riddle había tenido que darle órdenes a él para que se limitará a hacer ciertas cosas, y ese tipo de control le había funcionado para traer de vuelta al viejo Draco, el fuerte y tranquilo, aquel que había sido antes y después de conocer a Ginny, el que protegía a los suyos, buscando un bien común, no corriendo a la batalla buscando que lo mataran, y no había nada que lo hiciera más feliz a él y a los demás que querían a Draco.
El rubio de ojos grises le sonrió, lo palmeo en el hombro felicitándolo por la batalla que había dado esa noche, tal y como Tom lo había predicho en cada uno de los ataques, habían ganado, una victoria fácil si cada hombre tiene su propio objetivo.
—Quiero que te encargues de llevar a nuestro prisionero al campamento, regresaras con los demás, los soldados deben estar ocupados, pensando que los atacaremos cualquier momento, tenemos una ventaja de 13 horas para que avancen más rápido, Tom y yo nos quedaremos, hemos escuchado rumores de algunas armas que La Orden mantiene aquí, buscaremos y cuando sepamos de qué tratan las cosas, regresaremos, seremos dos, no llamaremos tanta atención.
—Bien, los veré en el campamento, ten cuidado, hermano –pidió Theo.
—Lo tendré –sonrío.
oOo
Quirrell caminó rápidamente y con paso decidido, todos los hombres que estaban alistándose para otro ataque lo observaron, para nadie era un secreto que Quirinus Quirrell era el más grande error que le había pasado a La Orden en el puesto de Jefe del Departamento de Defensa, de seguir siendo Ginevra la jefa, nada de esto les estaría pasando, esa era la opinión compartida de gobierno y gobernados, cosa que lo tenía de peor humor.
Se detuvo ante la mujer con cabello esponjado, le dedicó una mirada fastidiada, pero la mujer no se inmutó, ella lo había contactado recientemente, no tenía idea de porqué o para qué, pero había visto una buena oportunidad de tener más aliados, porque sabía que Dolohov terminaría quitándole el cargo, tarde o temprano, se quedaría en la nada.
—Me alegra que decidieras venir –sonrió la mujer.
—No tengo nada mejor que hacer, pronto el Dirigente Principal me quitará el cargo, y eso, que la elección más obvia está muerta –bufó.
—Opción más obvia ¿quién sería? –se encogió de hombros.
—Los imbéciles del consejo creen que Ginevra Weasley es un maldito tipo de mesías que les ayudaría a ganar la guerra, pero su mesías está en una mejor vida.
—Las noticias vuelan, al parecer –murmuró Sybil.
—Pues sí, hace un mes nos dijeron eso.
—Sus últimos días como una persona normal no fueron del todo buenos, creo que la muerte fue piadosa –admitió la mujer con una sonrisa de orgullo, avanzó y lo guio hasta una pequeña cabaña.
Quirrell se removió incómodo cuando escuchó el ruido de cadenas arrastrándose por el piso de arriba, observó a Sybil que no pareció inmutarse, o era un sonido muy normal, o sólo él lo escuchaba.
—No tienes de qué preocuparte –lo tranquilizó –es sólo un adefesio encerrado.
—Adefesio –frunció el ceño.
—Ven –lo animó y comenzó a subir las escaleras.
Los dos se detuvieron ante el hombre que se golpeaba la frente contra la pared, cuando se giró hasta ellos, Quirrell retrocedió un poco asustado, su cara de asco le divirtió a Sybil.
— ¿Qué demonios le pasó? –soltó asqueado.
—Que no pueda verte, hablarte o tocarte, no significa que no te escuche –suspiró la mujer –tuvo una pelea en un bar, en la frontera Sur, con unos tipos que le cortaron el pene, los dedos de la mano, la lengua y le sacaron los ojos –sonrió –todos dicen que las peleas en los bares son lo peor, pero nadie cree eso ¿cierto?
—Sólo un maldito loco haría algo así, me agrada –admitió con una sonrisa.
—A él no tanto, los hombres lo llamaron la maldición escarlata, quienes lo vieron, dijeron que su sangre formó un pequeño río escarlata, por fortuna Flitwick le salvó la vida, creo que él preferiría la muerte.
—Cualquier persona normal preferiría la muerte, a ser un… desperdicio, aunque no imagino que clase de pelea en un bar tuvo que ser, para que lo dejaran así.
—Ya lo dije, en la frontera sur, es como si no fueran parte de éste país, son unos salvajes.
—Volvamos al asunto principal, el hecho de que me mandaste llamar.
—Quiero decirte que la resistencia está ganándoles cada vez más territorio, pero, que justo cuando se tenga que reclamar el poder, seré yo, con los míos los que estemos ahí para tomarlo –sonrió –pero necesito saber si estarás de mi lado, y si lo estás, cuando La Orden termine de derrumbarse, tendrás el mismo puesto que ahora tienes miedo de perder.
—Si Dolohov me quita el puesto, no podré ser de mucha ayuda para ti, lo sabes ¿cierto?
—No es necesario tener un puesto tan enorme, sólo necesito que los soldados dejen entrar a mis hombres sin problema alguno, haremos que el plan del Gran Canciller sea su caída más grande.
—Son ustedes los otros que han estado atacando ¿no es así? –sonrió.
—Por supuesto, ellos piensan que somos la resistencia, así que bueno, los atacan a ellos mientras nosotros avanzamos más.
—Ellos están peligrosamente sobre nosotros también –admitió –y si ustedes siguen atacándonos…
—Los atacaremos a ellos, eso sin duda no lo verán venir, acabaremos con unos cuantos, dejándolos sin sus mejores hombres, no te preocupes, si puedes hacer que tu jefe se haga hacia nuestro lado, te lo agradecería mucho más.
—Intentaré convencerlo, no me será muy difícil, Dolohov quiere más poder del que tiene, está esperando con ansias el lugar de Severus.
—Bueno, ese lugar será mío, pero puedo compartir mi poder con él.
oOo
Draco se sentó junto a Katie, concentrado en su comida, todo el mundo seguía su plática sin prestar mucha atención de él, últimamente comía más de lo normal, y se ejercitaba más de lo normal.
—Imagino que las horas extras de ejercicio es porque estás comiendo como cerdo ¿no es así? –se burló Luna.
—No es mi culpa que Tom me haga pensar más –se encogió de hombros –además, cada pelea me causa más hambre y emoción, así que como más, y sí, para mantener todo esto –se señaló –necesito seguir haciendo ejercicio.
—Como ya no tiene sexo, ya tiene que correr cinco kilómetros extras –se burló Theo haciendo que Draco negara divertido.
—Una cosa suple a otra, aunque el sexo, joder, el sexo, lo extraño –hizo puchero.
—De que sirve tan buenos abdominales –comentó Luna tocando el estómago de Draco, y subiendo su playera –si nadie puede verlos y disfrutarlos.
—Puedes mirar, pero no tocar, bueno tú sí, eres mi hermana –sonrió.
—Aun así, no estás mejor que Neville –le guiñó un ojo a su marido que jugaba con Frank.
—No importa ¿vas a comerte eso? No verdad –se estiró hasta la comida de Theo y le quitó lo que le quedaba de porción.
—No, adelante –negó –creo que te has dado cuenta que al único que le robas la comida es a mí.
—Si le quito su comida a Luna posiblemente termine muerto en el río –se encogió de hombros.
—Draco –le habló Tom –es hora de entrenar.
—Riddle es tan apuesto –musitó Luna haciendo que Draco frunciera el ceño –no me mires así, sólo ve esos bíceps –gruñó –esos abdominales y ese cabello tan… joder, si Neville no fuera tan guapo y atractivo, lo cambiaría por Riddle.
—Es bueno saberlo –bromeó Neville.
—Iré con él, a decirle los sueños pervertidos que tiene Luna con él –le quitó el pedazo de pan y se fue corriendo.
—Al menos ya no está histérico todo el tiempo –argumentó Katie.
—Así es, vuelve a ser mi hermano, el mismo de siempre.
—Ginevra estaría feliz de verlo ser el mismo del que se enamoró –admitió Katie.
—Joder, la vida sí que se empeña en deshacer la felicidad de algunos –musitó Neville –jamás la tuvieron fácil, y ahora…
—Es mejor que dejemos de hablar así, no creo que le guste, por mucho que esté intentando superarlo, no creo que la herida esté al cien por ciento cerrada.
—Han pasado dos meses desde la ceremonia en su memoria, tres desde que ella… bueno, ya saben, no creo que por mucho que sea Draco lo superara tan a superarlo por completo, al menos comenzó a ver la vida alegre de nuevo.
—Así es, roguemos porque no sea sólo una maldita pantalla, de esas a las que él le encanta, ama mantenernos alejados de su sufrimiento, con tal de no preocuparnos más, y lo odio cuando hace eso, porque es como si no nos quisiera para nada.
—Sólo intenta protegerlos –coincidió Katie.
oOo
Tom empujó a Draco y se alejó burlándose de él, esta vez se había pasado con la comida que había robado, así que era un poco más lento y pesado de lo normal, así que estaba pateándole el trasero con mucha gran facilidad, y la burla era lo que estaba matando a Draco, ya que siempre había estado acostumbrado a ser el mejor, a ser quien pateara traseros.
—No te enojes, niño bonito, que aunque no puedas patearme el trasero de vuelta, esos músculos te ayudarán a conquistar chicas, porque lo haces por las chicas ¿no es así? –se burló.
—Sólo una –gruñó y le aventó un golpe –pero está muerta –gruñó cuando Tom lo golpeó en la espalda y lo hizo caer de bruces.
—Qué bien, porque qué pena le daría verte perder peleas falsas.
—Idiota –se burló Draco y pudo golpearlo un poco en el hombro.
—Sigue intentándolo –le animó.
—Draco –el rubio se distrajo cuando escuchó la voz de Astoria y Tom lo aprovechó para poder derribarlo todavía más fácil.
La mueca de dolor y molestia de Draco hizo que la chica dejara de reír, observó a Riddle, que al igual que Draco estaba un poco sudado, salvo que completamente limpio, contrario al rubio, que tenía la playera blanca sucia.
—Sigo esperando saber porque interrumpes –bramó.
—Ahora entiendo porque me rechazaste –soltó con su gran epifanía –ahora tienes sexo gay, con él –señaló a Tom.
— ¿Qué? –frunció el ceño Riddle.
—Soy consciente de lo irresistible que soy, Astoria, pero el hecho de que no te quiera follar, no significa que prefiera a los hombres ahora, posiblemente, con el tiempo considere rehacer mi vida, pero procuraré, que sea cuando esto –señaló su miembro –no vuelva a levantarse, y esto –señaló su cabeza –olvide que un día, conoció a una hermosa chica pelirroja.
—Ella no era hermosa –soltó furiosa –era una como cualquiera, con muchos defectos...
—Ella era hermosa, sí, tenía defectos, pero lo que hace hermosa a una mujer no es que sea perfecta, si su piel es suave y tersa, si es delgada o rellena, eso es algo que al menos yo, no me fijo –se encogió de hombros –Ginevra era la mujer más hermosa ante mis ojos, no me importaba que le encantará meter sus pies entre mis piernas porque tenía frío, que recitaba dormida los pasos para armar una pistola, ni que en sus pesadillas suplicaba que le perdonaran –sonrío –la forma en que caminaba con el cabello alborotado sin darle mucha importancia, o la constelación que formaban sus pecas, o cuando ponía los ojos en blanco porque no entendía sus referencias, la manera en la que me amaba, como estaba para mí cuando la necesitaba, eso, me hace amarla, eso, la hacía ser la mujer más hermosa para mí.
—Draco –soltó Sirius –tenemos diez minutos esperándolos para la junta, al parecer es una mala mensajera, señorita Greengrass.
—Nunca dijo a qué venía –soltó Tom y comenzó a avanzar.
Los tres hombres se sentaron, Draco asintió y Theo comenzó a hablar, para informar que habían tenido unos cuantos problemas con algunas de las cosas que Riddle había instalado.
—Al menos lo que la muerta instaló no nos ha fallado, de fallar, dudo que este lo solucione –argumento Sirius.
—La muerta tiene un nombre, y es Ginevra –soltó Draco.
—Bien, ella hizo un mejor trabajo para nosotros que éste, no puedo creerlo, y era una chiquilla en comparación.
—Ginevra tenía sus habilidades en desarrollo de tecnología, yo en desarrollo de estrategia, así que... Eso explica un poco las cosas a mi parecer.
—Como sea –lo ignoró Black.
—Iré a solucionar los problemas.
La puerta del lugar se abrió de golpe, Katie entró un poco apresurada, haciendo que Theo se levantara apresurado y fuera hasta ella, que lo alejó un poco.
—Katie –la llamó Draco.
—Lo siento, pero es que los sensores que instaló Ginevra se activaron, todos ellos se activaron, pero el que está un poco más allá del complejo es el que ha demostrado más actividad, tal vez la Orden está moviendo armas más avanzadas.
—Tal vez el sensor se descompuso, los aerodeslizadores de factor sorpresa hacen eso, con los campos magnéticos que los hacen funcionar alteran los sensores, aun así, iré a revisarlos, para descartar las armas avanzadas.
—Bien, me retiro.
oOo
Tom Riddle arregló el sensor, tal y como lo había dicho, un aerodeslizador había pasado cerca del lugar, le costó arreglarlo, los protocolos eran bastante complejos incluso para él, se notaba que ella había convivido más tiempo con Dumbledore de lo que él, y la compadecía por completo.
—Sé que no te agradará, pero el sensor se activó –informó Tom.
— ¿Estás seguro de que lo arreglarte bien? Porque... –Draco se quedó callado, se llevó la mano hasta su arma y la sacó, había percibido un movimiento, posiblemente un hombre de esos seguía ahí atascado –ya te creo.
Los dos hombres corrieron detrás de la persona que se echó a correr, era ágil y veloz, porque no le alcanzaron, le vieron decirles adiós, mientras escapaba en el aerodeslizador, era la primera vez que Draco veía uno, era parecido a la moto de Sirius, salvo que carecía de llantas, era de color blanco, y tenía forma de elipse, cubierta de una especie de cristal transparente.
—No sé porque quiso que lo viéramos y siguiéramos –admitió Tom.
—Por qué olvidó a alguien –Draco guardó su arma, haciendo que Tom le dedicará un ademán de incredulidad ante eso.
Observó la figura blanca, les daba la espalda, pero por la figura, no era rival para ninguno de los dos, así que no necesitarían sus armas, con un combate cuerpo a cuerpo, podrían matar a quien fuera esa persona.
—Así que... ¿Por qué no te giras lentamente? –sugirió Tom.
La persona se tensó al escucharlo, y un segundo después echo a correr, fuera quien fuera esa persona, la del aerodeslizador lo había olvidado con un propósito claro, que le encontrarán y le matarán.
Draco fue el primero en reaccionar, corrió detrás de la figura, la capa blanca se atoró en un tronco y haciendo que terminara de bruces, pero aun así no dejó de huir, se arrastró y corrió en una dirección completamente contraria, fuera quien fuera, Draco supo que no estaba muy bien orientado.
Sujetó el hombro huesudo de la persona y lo giró apresuradamente estrellando la espalda débil contra el árbol más cercano, su antebrazo lo colocó en el cuello de la persona, topándose con un par de ojos asustados.
—Lo detuviste –lo felicitó Tom agitado.
El rubio se quedó idiotizado, se alejó un par de pasos, los ojos chocolate que le miraban asustados estaban vacíos y un tanto perdidos, la cara la tenía completamente sucia, podría, pero no estaba seguro de que realmente era ella, y no su imaginación.
La chica se descubrió la cabeza para dejar a la vista un intenso rojo, el corazón de Draco comenzó a golpear contra su pecho fuertemente, lo único que podía escuchar era el boom de su corazón bombeando sangre de manera frenética, como si pidiese salir de su cavidad torácica para ir con la pelirroja frente a él, observó los labios agrietados de Ginevra, todos los fragmentos de su vida destruida volvieron a pegarse de manera inmediata con tan solo tenerla frente a él, y a ella pareció ocurrirle algo similar, porque sus ojos se iluminaron, él sonrió idiotizado.
Fue hasta ella y la sujetó de las mejillas, se veía de todas formas, aturdida y no le agradaba eso, le hervía la sangre de tan sólo imaginar todo lo que pudieron hacerle mientras la tenían aturdida.
—Te pedí que no volvieras a irte de esa forma –la reprendió.
—No querías escucharme, ese hombre es nuestra...
—Ya lo sé, ha estado con nosotros desde hace algunas semanas, lo encontré mientras te buscaba, he estado a punto de perder la maldita razón por no saber nada de ti, Ginevra, jamás, escúchalo bien, jamás vuelvas a...
La sujetó contra su cuerpo, la tomó en brazos y avanzó hasta la camioneta con su desmayada pelirroja.
— ¿Qué ocurrió? ¿Tuviste que dejarla inconsciente acaso? –se burló Tom.
—Cállate –soltó en un bufido –la encontré desorientada y completamente aturdida, termino desvaneciéndose en mis brazos.
—Menos mal que la encontraste, de haber sido alguien de La Orden... Bien dicen, que para encontrar a alguien, tienes que dejar de buscar, hablando de su aturdimiento, he escuchado de esa clase de drogas, son para mantener sedado al prisionero, nunca lo han usado con conocido a alguien conocido, o no he conocido a quien lo han drogado o ha drogado.
—Sólo espero que no le hicieran daño.
—Es mejor que volvamos a la resistencia –asintió Tom.
Puso la camioneta en marcha, Ginevra reaccionó unos minutos después, alterada y queriendo saltar del vehículo, la voz de Draco no la tranquilizo en primera, sólo hasta que se brincó a la parte de atrás para sujetarla.
—Tranquila –pidió acariciando sus mejillas –tranquila, pelirroja, tranquila.
—Draco –murmuró –eres tú –lo abrazó.
—Claro que soy yo –la estrujó aún más.
—Qué bien que ya despertó, pensé que llegaría desmayada –la voz de Tom hizo que se tensara.
—Él es Tom –le dijo Draco –el hombre al que ibas a buscar.
—Te llamas Tom –sonrío –le dije a Barty que Voldemort no era un nombre, y menos Lord Voldemort –se burló.
—Es un anagrama, y es un apodo –contestó ofendido.
—Lo siento –se disculpó.
—No te preocupes –sonrío –encantado de conocerte, pelirroja, he escuchado mucho de ti del idiota a tu lado.
—Han tenido tiempo para conocerse –los observó.
—Sí, un poco, digamos que ocupo un lugar importante ahora en su resistencia.
—Me alegro de escuchar eso, así que se han dado cuenta de que tenía razón sobre ti.
—No mucha, accedí a ayudarlos en la guerra, al terminar, me iré, y por favor, olvídense de mencionarme en algo.
—Ya lo entiendo –sonrío.
Lo observó atenta, así que a eso se refería siempre Barty, con darle el poder a alguien que no lo quisiera, sonrío.
La camioneta frenó de golpe, ocasionando que ella se estrellara contra el asiento delantero.
—Perdón, pero tenemos visitas –contestó Tom observando al frente.
—Son los hombres de Quirrell –habló Draco.
—Ya veo, así que ese idiota es el que ha buscado problemas todo este tiempo.
—Bajen del auto, niñitas –se burló el hombre y disparó a los faros.
Los tres bajaron de la camioneta, Draco cubriéndola de cualquier cosa.
—Vas a correr y no te vas a detener hasta que estés segura de que nadie te sigue ¿te queda claro?
—No voy a dejarte aquí ¿me escuchas? –se negó.
—Por favor –suplicó –no estás en tus cinco sentidos, es mejor que corras y no te detengas.
—Te amo –lo besó y se echó a correr.
Tom aprovechó la distracción que ocasionó la huida de Ginevra para disparar y matar a tres de ellos, los hombres se escondieron detrás de la camioneta cuando los cinco restantes abrieron fuego contra ellos en respuesta al ataque, Draco se aseguró de las ubicaciones y le dio a uno en la frente.
—Buen tino, tomando en cuenta que sólo te quedan tres balas –se burló Riddle.
—Ya, ya, nenitas, bajen sus armas.
—Lo haré en cuanto te mate... –Tom se asomó cuando Draco se quedó quieto.
—No creo que quieran darle ¿o sí? No los culparía por ello.
—Te dije que corrieras –soltó enfadado.
—Estarías orgulloso si la hubieses visto correr, me costó un poco alcanzarla, pero lo hice al final –la jaló del cabello.
La furia de los dos hombres se incrementó cuando vieron la sangre de su nariz y de sus labios, su ojo estaba rojo, así como otras partes del rostro.
—Quiero sus armas –colocó su arma en la nuca de Ginevra –la mataré si hacen algo tonto.
—Disparen –ordenó ella, y se quedó muda al ver que el primero en aventar su arma era Tom.
—Sólo Draco está armado, y no bajará el arma si no la sueltas.
—No confío en él, ni siquiera confío en ti.
—Es un riesgo que correr –se encogió de hombros Tom y Quirrell dudó, cuando se distrajo, Draco le disparó a matar a otro de sus hombres de Quirrell.
—Eres un imbécil –soltó Tom enfurecido.
—No me gustan las trampas, así que quiero el arma si no quieren que la mate –jaló más la cabellera pelirroja, Tom despojó a Draco de su arma con una mirada severa y la arrojó a los pies de uno de los hombres de Quirrell.
—Tu novio mató a mi hombre –murmuró en su oído pero aun así Tom y Draco escucharon –y no me gusta que maten a mis hombres cuando estamos negociando.
Alejó el arma de la nuca de Ginevra y la agitó, negando, golpeo a la chica en la espalda con la culata de su arma y cuando cayó de rodillas la pateo en la espalda, en el costado y pateó con furia el estómago un par de veces, levantó la vista cuando escuchó una detonación, Ginevra chillo y observó hacia Draco y Tom, pero el hombre de Quirrell disparó al suelo, para advertirles que no se acercaran.
—Quédate donde estas, si lo hubieses escuchado –le señaló a Tom –tu novia –pateó a Ginny de nuevo –estaría contigo, no aquí, sufriendo por tus idioteces.
—Deberías golpearme a mí, no a ella –soltó furioso.
—No me da la gana –sonrío.
Draco volvió a retroceder cuando la bala impactó más cerca de sus pies, observó al chico que le temblaban las manos, y su vista fue hasta Quirrell, que había levantado a la chica y arrojado contra el árbol más cercano, la había arrojado de nuevo contra el suelo y contra lo que le asegurará un daño físico considerable.
—Si no hacemos algo, realmente va a matarla –gruñó Tom.
Draco se aventó contra Quirrell, el hombre le disparó en el hombro a causa de que Ginny le aventó la mano, haciéndole fallar.
Tom había desarmado al hombre y disparado a la cabeza, mientras que Quirrell aventó a Ginevra a los brazos de Draco, sabiendo que él no lo perseguiría.
— ¿Estás bien? –le preguntó asustado –Ginny...
—Tenemos que llegar al campamento lo más rápido posible, antes de que más soldados lleguen.
—Los neumáticos están pinchados –soltó.
—A la mierda, podemos avanzar con los pinchos.
Volvió a tomarla en brazos y subió a la camioneta, Tom condujo tan rápido como los neumáticos pinchados le permitieron, por fortuna no estaban tan lejos del campamento, quien fuera quien había tenido a Ginevra la había dejado bastante cerca.
—Necesito ayuda –gritó Draco –necesito ayuda ahora mismo.
Los gritos de Draco llamaron la atención de todos en la fogata, la mirada de los pelirrojos se volvió una máscara de terror, mientras veían al rubio llevar a una pelirroja desmayada en brazos, que al parecer estaba herida de gravedad a causa de la sangre.
Draco la dejó sobre el pequeño catre en el lugar donde atendían a los enfermos, y Katie hizo que lo sacaron de ahí.
—También necesitas ayuda –informó el hombre.
—Atiéndela a ella –bramó.
—Bien.
Theo llegó hasta ellos corriendo, lo sujetó del hombro haciéndolo sacarse a causa del dolor.
—Ven, sacaré la bala mientras ellos se encargan de atender a Ginny.
—Me voy a quedar aquí.
—No, no lo harás, ella va a matarme por no sacar la bala.
—Theodore tiene razón –lo convenció Tom –Esperare aquí.
Le dedico una mirada a Theo que asintió.
Tom se quedó fuera, esperando a que alguien le informara, pero habían pasado tres horas y nadie había salido, no fue hasta que había anochecido que la mujer había salido, tenía su ropa manchada de sangre.
— ¿Qué fue lo que le ocurrió? No soy doctor, pero sangrar así, no es normal...
—Por supuesto que es normal –soltó la chica enfadada –tuvimos que practicar un legrado –bajó la vista apenada –el feto intentó aferrarse a la vida, pero el saco amniótico se había desprendido por completo del útero, además de que en realidad perdió la sangre suficiente como para no asegurar nada, ella no estaba en condiciones para esto, al final tuvimos que salvar a uno y ella era la opción más viable.
— ¿Ella sabía que lo estaba? ¿Draco lo sabía? –la chica negó.
—Tenía tres meses de embarazo –negó –no creo que alguno lo supiera, pero puede ser posible.
— ¿Va a estar bien? –se llevó la mano a la nuca.
—Sí, en unos días estará bien.
—Gracias.
Tom fue hasta la fogata, no vio a Draco, así que supuso que Nott le había entendido y lo había mandado a dormir a fuerza.
— ¿Cómo está ella? –soltó Nott poniéndose de pie.
—Bien –frunció el ceño.
—Ese gesto me hace dudarlo, estuvieron atendiéndola.
—Estaba embarazada –le informó a todos, Luna se cubrió la boca ahogando un grito.
—Pero...
—Tenía tres meses, dijo Katie que bueno... Duda que alguno de los dos lo supiera.
— ¿Quiénes dos? ¿Saber qué? –Tom se giró hasta Draco –eres un bastardo, Nott, te dije que...
—Yo le pedí que lo hiciera –contestó Tom –admito las culpas.
—Iré a verla –se alejó de todos.
— ¿Quién va a decirle? –preguntó Neville.
—Es obligación de la doctora.
—Va a mandarla a la horca si ella le dice –soltó Theo –le diré yo.
Nott se puso de pie, avanzó hasta el cuarto, Draco estaba sentado junto al catre, sosteniendo su pálida mano.
—Esto me trae tan malos recuerdos –comentó Draco.
—Lo sé, la última vez que pasaron por algo así fue duro, pero –Draco levantó la vista hasta su amigo.
—Perdiste la apuesta ¿no es así? ¿Qué es lo que tienes que decirme?
—Katie le dijo a Tom que hicieron todo lo posible por salvarlo, pero no pudieron, que intentó, con todas sus fuerzas, hubiese sido muy valiente.
—No te entiendo nada –contestó.
—No sé cómo decirlo, eso es todo.
—Vaya, el todo palabras, el diplomático y correcto Theo se ha quedado sin palabras.
—No es tan sencillo.
—Has dicho cosas difíciles, ¿qué quieres decirme? ¿Qué tengo que alejarme de aquí e ir a planear otro ataque?
—Ojalá fuera eso –cerró los ojos apretándolos —Ginevra estaba embarazada –soltó, el silencio lo hizo abrir los ojos –Katie dijo que tu hijo intentó aferrarse a la vida, pero que el saco amniótico se desprendió, y Ginny había perdido...
— ¿Embarazada? –la voz de Draco fue un susurro casi inaudible.
—Tenía tres meses de embarazo.
Tres meses de embarazo. El mismo tiempo que ella había desaparecido, eso significaba que aquella vez, la última vez que Draco y ella habían estado juntos, hacía tres meses que habían estado alejados, unidos por algo que ninguno sabía que existía. Theo observó a su amigo cubrirse el rostro, sus hombros se sacudieron a causa del llanto, jamás había visto a Draco perder la calma y la compostura, sin importar lo que pasara, así fueran las cosas más difíciles, ni siquiera en la ceremonia en memoria de Ginevra lo había visto tan perdido, él siempre había estado seguro de que las cosas saldrían bien, pero ahora estaba ese lado que todos pensaban que no existía, un desconsolado Draco, que lo único que le había quedado era romperse a llorar.
Ginny siempre había dicho que no quería hijos, y que se lo había dicho cuando comenzaron a salir la primera vez, pero antes de irse a buscar a Tom Riddle, le había dicho que no impediría nada, que si las cosas sucedían, lo aceptaría, que quería intentarlo, arriesgarse como nunca y hacer una familia con él, tener hijos con él, que lo único que pedía era un poco de estabilidad, se había asegurado de inyectarse para evitar terminar embarazada, y ahora esto, la vida les había dado la oportunidad y se las arrebató de las manos.
—Es mi culpa –soltó –sino hubiese disparado a ese hombre, es mi culpa.
—Y si ella no se hubiese ido, las cosas ocurren por algo, Draco.
—Un hijo –susurró él –un hijo y le perdimos.
—Lo siento tanto hermano –musitó Theo y lo sujetó del hombro.
—Sé que lo sientes, pero no como yo –se talló el rostro y después observó a la pelirroja.
Se veía pálida y un poco amarilla, sus labios seguían resecos, sus pómulos resaltaban más de lo que recordaba, incluso se veía más delgada, no era nada de la Ginevra Weasley que había escapado en busca de Voldemort.
—Te juro que mataré a quien sea que la tuviera –musitó.
—Katie quiere hacerle un par de estudios, saber si sólo es...
—Que haga lo que crea conveniente siempre y cuando, ella esté mejor.
—Lo va a estar, Draco, por fin está de vuelta, están juntos, es lo que importa.
—Sí, ya lo sé.
Draco observó a la rubia, no supo en qué momento se había quedado dormido, pero despertaba a media mañana, por la postura del sol, Katie estaba ocupada, pero aun así le sonrió.
—No quería despertarte, lo siento –se disculpó.
—El que debería disculparse soy yo, por mantenerte ocupada, pudiendo estar con Theo, tienes que venir aquí, sólo porque es Ginevra.
—C-como es que... Él te dijo.
—No soy estúpido, Katie, puedo tener la cara, pero no lo soy ¿sabes? Sé que Theo está loco por ti, se le nota, verlos juntos es increíble.
—Gracias –sonrío y observó a la pelirroja.
—Ginny estuvo intentando convencerlo de que tú eras la chica para él, ella no está intentando arrebatarlo de tu lado, y él, sobretodo él, no querrá que lo alejen de ti por ningún motivo, por eso no te preocupes.
—Tengo los resultados –la voz de Katie fue un suave susurro.
—Quiero saberlo –aseguró él.
—Fue drogada, no del tipo que crea una adición, pero la mantenían confundida, nunca he visto esta clase de drogas, no es de La Orden –aseguró –el uso constante puede ser distinto a lo que yo puedo pensar...
—Draco –interrumpió Charlie –Ron ha capturado a alguien, al parecer es de esos hombres de blanco.
—En seguida iré –se detuvo en seco.
—Yo cuidaré de ella –informó Charlie –ustedes vayan.
—Gracias, Charlie.
Los dos se detuvieron cuando vieron a una mujer atada y sobre el suelo, la cara de Bill Weasley era molesta, pero no entendió la razón.
— ¿Qué es lo que ocurre? –pidió una explicación completamente confundido.
—La encontré merodeando por aquí, es la mujer de la que Bill y yo te hablamos hace tiempo.
—Claro, ¿qué haces aquí? Supongo que sabías qué pasaría algo así.
—Quería saber cómo sigue ella –habló, Draco se removió incómodo, sabía que hablaba de Ginevra, pero su preocupación era algo nuevo.
—Tú eras quien la tenía –sacó su arma y le apuntó a la cabeza.
—Nada de armas aquí, Draco, lo sabes mejor que nadie –bramó la profesora.
—Yo no la tenía, era parte del grupo, hasta que decidí liberarla –se defendió en ese extraño acento.
—Tienes que convencerme ¿por qué la liberarías?
—Lo único que hacía era nombrarte –contestó –lo único que no balbuceaba era tu nombre, además, corría el riesgo de terminar con un daño en el tallo cerebral si le seguían administrando el amortentia –se encogió de hombros –lo diseñamos para mantener a los enfermos que padecen de Dolores graves al margen de eso, pero sirve para mantener indefenso a alguien, ya no soportaba ver lo que hacían con ella, por eso decidí liberarla.
— ¿Qué hacían con ella? –interrogó.
—No es algo que quieras saber, en serio.
—Quiero saberlo, para no dejar con vida al hijo de puta que se atrevió a lastimarla.
—La llaman la maldición escarlata, el hombre que la atacó sexualmente fue torturado en un bar, sólo le dejaron las orejas.
Theo se tensó de inmediato, al igual que Draco, la rubia siguió hablando, diciéndoles como una tal Sybil había usado un trozo de metal que había estado previamente en el fuego para torturarla, sólo quería el paradero de ese tal Dumbledore, Draco no lo conocía, pero ahora tenía una buena razón para encontrarlo y matarlo.
—Fue una muy mala idea decir eso –comentó McGonagall.
— ¿Tuviste alguna razón para creer que estaba embarazada? –preguntó Katie.
—No, no –negó la chica –inyecté a Ginevra para evitar eso.
—No hubiese pasado nada de cualquier modo –negó Draco con una mueca distorsionada que se suponía tenía que ser una sonrisa –ella ya estaba embarazada.
Fue lo último que dijo y desapareció del lugar, nadie se atrevió a moverse del lugar para seguirlo, ni siquiera Theo, todos se miraron unos a otros y después observaron a la chica incrédula.
oOo
Draco sonrío al verla, su cabello cubría casi toda su cara, sus brazos estaban estirados paralelamente, Charlie había salido a su encuentro y después de una mirada de Draco, se había alejado.
—Voy a protegerte de ahora en adelante, no dejaré que nada te pase, te lo prometo.
Katie entró al lugar después de unas horas, después de todo, había sedado a Ginny, duraría unos días dormida, para ayudarla a sanar, lo que tampoco le sorprendió fue el hecho de que Draco estuviese acostado junto a ella, cubriéndola casi en su totalidad con su cuerpo, ambos estaban dormidos, así que Katie sólo se dedicó a trabajar, no había nadie mejor que el chico junto a la pelirroja para protegerla, lo que Fleur les había dicho había afectado a todos, y no quería imaginar la forma en que el saber de todas las formas que había sido ultrajada, lo había afectado a él.
—Lucen perfectos ¿no es así? –sonrío Tom.
—Lo cierto es que sí, no conozco a otro par que parezcan ni de cerca tan enamorados como Draco y Ginny.
—Van a superarlo, pronto estarán intentando reproducirse como conejos, lo presiento.
—Lo más seguro.
oOo
Tom informó el próximo ataque de forma sencilla para Draco, y éste lo agradeció, porque no tenía mucha cabeza para pensar a fondo.
—Tengo una duda –soltó Sirius –ya que la muerta no lo está ¿volverá al consejo?
—Ella nunca ha perdido su lugar en él –todos observaron sorprendidos a la profesora McGonagall –fueron medidas rudas, para algo que al final, pudo haberse evitado, y me culpo por ello.
—Eso no le devolverá la vida a mi hijo –soltó fríamente Draco –si no hay nada más que tratar, me retiraré, tengo una novia un poco delicada aún.
Nadie lo detuvo, avanzó un poco lento, necesitaba un poco de tiempo para poder adoptar esa cara esperanzada y feliz, por supuesto que estaba feliz por recuperar a Ginevra, pero no estaba nada feliz de haber perdido a su hijo.
Sus ojos se posaron en la mejilla roja de Katie, y después en la pelirroja que yacía en la cama, la rubia sólo se encogió de hombros en disculpa a lo que fuera que hubiese hecho.
—Supongo que eso lo hizo Ginevra ¿no es cierto? –soltó en un tono tranquilo.
—Para estar en esas condiciones, sigue teniendo un poco de fuerza, tengo que admitir –se burló –no supe en qué momento el sedante perdió efecto, intentó huir, creo que su cerebro sigue estando un tanto confundido, me atacó, y tuve que someterla para sedarla, se quedó dormida, pero está un poco más tranquila ahora.
—Pasó bastante tiempo siendo torturada, espero que puedas disculparla por atacarte, creo que cuando…
—Draco, la que tiene que disculparse soy yo, estaba hablando con Demelza sobre lo ocurrido, sé que querías ser tú quien le diera la noticia, pero… nos escuchó, me atacó culpándome por matar a su hijo.
— ¿Crees que ella lo sabía? –susurró.
—Tal vez al inicio no, pero los síntomas tal vez se presentaron en el cautiverio.
—Draco –el hombre volteó a verla, pero seguía dormida, eso lo hizo sonreír un poco.
—Yo cuidaré de ella –sonrió –puedes irte a descansar, y dile a Theo que… siento que mi chica te golpeara.
—Él comprenderá –lo sujetó del hombro y salió después de unas pequeñas indicaciones.
—Todo estará bien, Ginny –besó la frente de la chica.
