Capítulo 36

¿Luna o sangre sucia?

Después de haber almorzado con la familia Malfoy, tomar un merecido baño y un cambio de ropa, Hermione ya se encontraba, nuevamente, en el despacho del profesor Dumbledore.

Minerva, la había recibido como Albus, previamente, le había mencionado, y ahora, las dos estaban sentadas, una frente al a otra, esperando noticias.

¿Cuánto demorarían en hacerlo? ¿Bella, se opondría? ¿Reconocería a Dumbledore?, se preguntó mentalmente, extremadamente preocupada y nerviosa.

Se estrujó las manos, sudorosas y se levantó del asiento para servirse un vaso con agua, ya no podía seguir sentada sin hacer nada.

La puerta sonó, y ambas, giraron sus rostros interrogantes.

¿Quién sería?, ¿acaso esperaban a alguien más?, se preguntó Hermione.

Minerva, de inmediato se aproximó y la abrió.

—¿Qué haces aquí?, ¿ocurrió algo?, ¿algo salió mal?—lo atosigó a preguntas, apenas ingresó.

—Tranquilicémonos, por favor, que ya bastante tengo para que en cualquier momento me de un infarto—dijo Igor, blanco como un pergamino en desuso y arrojando el tapado de piel, en la primer silla que sus ojos vieron.

—Hermione, sírvele un vaso con agua, por favor—pidió la profesora, ofreciéndole que se sentara, a su vez que corría la silla.

Hermione, volvió en dirección a donde se encontraba la bandeja y así lo hizo, con rapidez.

¿Qué le había ocurrido a ese hombre?, ¿Por qué se le veía tan nervioso?

—Aquí tiene—le dijo, colocando el vaso, sobre el escritorio.

—Gracias—habló él, fijando sus ojos en ella, por unos segundos.

Todos en esa habitación, tenían más información que ella. Eran esos pequeños gestos los que corroboraban sus sospechas…era frustrante.

Volvió a su asiento y en silencio, esperó a lo que tuviera que decir.

—Habla, ¿Qué ha pasado?—inquirió la profesora.

Igor miró en dirección a Hermione y luego volvió su vista a Minerva.

—Descuida, habla de todas maneras—animó, sin dudas.

Por fin, dijo Hermione, pero sin emitir sonido. Hubiera sido el colmo, tener que salir del despacho.

—De acuerdo…—aceptó, bebiéndose el agua—. Con Antoine fuimos a comunicarle que debía abandonar la casa. No es necesario que lo diga…se puso como loca, exigiendo explicaciones. Tuvimos que desmemorizar a varios vecinos—contó, haciendo una pausa.

—Era de prever que no sería fácil—acotó Minerva, levantando sus cejas.

—Por supuesto…inicialmente habíamos pensado en desmayarla y trasladarla, sin que se enterara de nada, pero algo sucedió…

—¿Qué?—preguntó Hermione, sin poderse contener.

—Fue extraño, los hechizos simplemente revotaban…no lo sé, fue como si invocara un escudo, pero sin varita…y ahí fue que recordó lo que era capaz de hacer. Si Dumbledore no hubiera aparecido, estoy seguro que se que en este momento estaría contando otra historia.

—¿Pero lograron trasladarla?—quiso cerciorarse McGonagall, sosteniendo el aliento.

—Creo que sí—contestó inseguro.

—¿Cómo qué creo que sí?—chilló Hermione.

—Bueno, Albus me pidió que saliera de la casa para encargarme de los vecinos. El punto de encuentro, es aquí, en el despacho. Por lo tanto, después de realizar lo que me había encomendado, me vine directo. No tengo más información que ustedes—se disculpó.

De repente, la puerta se abrió, nuevamente y de ella, apareció Antoine y Dumbledore, detrás de él.

—¡Por Merlín!—exclamó Minerva—. ¿Cómo les fue?—casi gritó la profesora.

Hermione se adelantó unos pasos. Quería escuchar cada detalle.

—Excelente. Pudimos trasladarla, sin mayores inconvenientes.

—Menos mal—suspiró Minerva, volviendo para sentarse en la silla. Era demasiado estrés para los años que tenía, concluyó.

—No es un buen momento para que vaya a verla, señorita Granger—dijo Dumbledore, acercándose a ella.

—Iré de todas formas—zanjó, importándole un soberano pepino.

Ya estaba harta de que le dijeran un día una cosa y al otro, algo completamente distinto. Había sido él, el que le había propuesto, después del traslado, poder ir a verla…ahora que cumpliera con su palabra.

—¿Quiere que la acompañe?—propuso Antoine.

—No, gracias. Me sé el camino—dijo cortante, casi sin mirarlo.

—Si surge algún problema, recuerde que está autorizada para desaparecer desde cualquier parte de la casa—le recordó Dumbledore, resignado.

La castaña asintió. Y sin más nada por decir, salió de la oficina, cerrando la puerta.


No eran más de las cinco de la tarde, pero ahí dentro, parecía que el sol no se había asomado en años. El olor a humedad y hongos, era penetrante.

—¿Lisette?—llamó, caminando con cuidado por el oscuro pasillo.

Esto era lo más tétrico que su memoria recordaba haber hecho. Esa casa era escalofriante, oscura y olía asqueroso.

Gritó, nuevamente, pero no hubo respuesta.

Avanzó hasta llegar a la sala y se detuvo.

A su izquierda, se encontraba la cocina; a su derecha había otra habitación cerrada y frente a ella, las escaleras, las cuales llevaban a las habitaciones superiores.

Se tomó unos segundos para pensar y decidió subir.

Los escalones rechinaban, debajo de sus pies.

No se sentía cómoda. Se podía palpar una energía densa, rodeando cada parte de la casa. Por inercia, llevó su mano al bolsillo de su chaqueta y tomó su varita, estrujándola entre sus dedos.

Empujó suavemente la puerta de la primera habitación y observó, estrechando los ojos…nada.

Caminó un poco más y divisó una entrada digna de un demente en tratamiento. La madera parecía rasguñada, podrida y para su suerte, se encontraba entre abierta.

—¿Lisette?—llamó, obligando a sus ojos a adaptarse a la oscuridad de la alcoba.

Acurrucada, en la esquina más alejada de la habitación, la vio.

—¡Vete!—murmuró, pero lo suficientemente alto para que la escuchara.

—No lo haré—le contestó Hermione, adelantándose unos pasos e ingresando en el deplorable cuarto.

—¡Dime! ¿Cómo debo llamarte?, ¿Luna o asquerosa sangre sucia?—preguntó de repente, alzando su rostro para mirarla. Se abrazó con fuerza las piernas y ladeó la cabeza, esperando una repuesta.

Su rostro blanco y sus ojos negros como la noche jugaban como imanes, haciendo imposible despegar la vista.

Hermione se paralizó. Bellatrix Lestrange, había vuelto.

—Tal vez…sí…es mejor que me vaya—tartamudeó, tropezando con una madera suelta, a la vez que caminaba hacia atrás, tratando de salir de ahí, lo más pronto posible.

—Descuida, no es necesario que lo hagas—atajó—. No recuerdo quien eres, aun…—aclaró, con un amago de sonrisa—. Aunque, sí tengo claro, que no somos de la misma clase.

—¿De la misma clase?—explotó Hermione, deteniendo su huida—. ¿Y cómo sería eso?—preguntó asqueada.

Su valentía salió de su pecho, sin detenerse a pensar las consecuencias.

—Bueno, no me malentiendas…me agrada tu compañía, pero a medida que mi cerebro comienza a despertar…no lo sé…—negó.

—No lo expliques—suplicó, cerrando los ojos, y alzando su mano para que no siguiera hablando—. Así qué ya sabes que eres bruja—quiso estar segura.

—Sí, y también que mi nombre no es Lisette, sino Bellatrix—informó, con seriedad.

Sus gestos, su voz…ya no era la misma. Lisette, lentamente, iba desapareciendo.

Hermione la observó, con detenimiento.

¿Qué hacía ahí? ¿Por qué no era capaz de largarse de ese sitio y ya?

No podía simplemente escapar… la amaba. Y por una loca y estúpida razón, cada noche se repetía lo mismo: La ayudaré a cambiar. Pero ya no se trataba de Lisette, con quien podía hablar civilizadamente. Bellatrix, no demoraba en salir del todo, para recordarle que sólo era una sangre sucia, la cual debía morir, bajo su tortura.

—Me han confinado en este lugar—habló Bella, extendiendo sus brazos, y mirando hacia ambos lados, con gesto de asco—. No sé por qué motivo, pero puedo deducir que ha sido por algo suficientemente grave para que me trajeran aquí, prácticamente encadenada—explicó, mostrándole, a lo lejos, las marcas en sus finas muñecas.

Hermione no sabía que decirle, ni qué hacer. Ya había comprobado, con sus propios ojos, que el traslado había salido bien…ahora debía obligar a su cerebro a que funcionara y que la dejara salir de esa casa.

—No te exigiré que me digas nada, pero yo lo sé….lo veo en tu mirada… tú sabes que ocurre—siguió Bella, estudiándola.

¿Y si se lo decía? Tal vez era la hora. Antes de que Lisette, desapareciera del todo. No podía perder más de lo que ya había perdido.

Llenó sus pulmones de aire y sin moverse de su sitio, lo soltó:

—Me violaste, hasta casi matarme—dijo, mirándola fijamente y sin retroceder. El nervio que le recorrió la boca del estomago, no se comparaba con nada, pero una parte de ella, inconscientemente, comenzó alivianarse.

Bella, estrechó sus cejas, incrédula.

—No puedes estar hablando en serio o , ¿sí?—preguntó, con la garganta reseca. ¿De qué demonios estaba hablando?, ¿sería cierto?

—Tan en serio, como lo son mis cicatrices—no dudó en decir.

—Yo…yo—nada salía de su boca. Estaba anonadada. Había pensado en mil situaciones posibles, tras darse cuenta cual era su verdadera esencia, pero esto…esto que estaba planteando…jamás se le había cruzado por la mente pensar en algo así, y mucho menos tratándose de ella.

Hermione, le había dejado entrever, en varias oportunidades que algo había sucedido entre las dos, pero, ¿una violación? ¿Ella violando a una mujer? No podía, ni imaginarlo.

La azabache, se apoyó en el borde de la ventana cerrada y se levantó para acercarse.

—No, por favor, detente—rogó, derramando un par de lágrimas.

No quería que la viera llorar…quería mostrarse fuerte. No era su intención, generar lastima o pero, rechazo.

Necesitaba tener esta conversación, antes de que Lisette despareciera de su vida, pero sin reproches….sólo dejar salir todo el dolor acumulado por meses.

—No lo entiendo…¿qué haces aquí, si es que te he lastimado a tal grado?—inquirió, sin creerlo aún.

—Porque a pesar de que me destrozaste la vida….no pude evitarlo…me enamoré de ti.


Aquí estoy, actualizando relativamente en fecha :) Para los que no se dieron cuenta, subí una historia nueva "El resplandor de las flores". Ya lo sé, estoy loca…tres fics en proceso, me encanta complicarme, jaja.

Abrazo y comenten.


Cousin96: Claramente, Hermione está enojada con todos…Dumbledore, Antoine, de revote, Igor, también. Pero creo que ese sentimiento la ayudó a decirle la verdad a Bella.

Karla: Ya la llamó sangre sucia. De apoco sus cinco sentidos se van despertando. A pesar de sentir la adrenalina, Hermione no se fue, le plantó cara como buena leona.

Lizi: Sí, pobre, pasa de viaje en viaje. Y para el próximo capítulo, también tendrá la posibilidad de cambiar de sitio (un poco de intriga, jeje)

Dios17: Bellatrix, quedó de una pieza, no pude entender como fue capaz de algo semejante. Pero hay que considerar que Lisette, aun no se ha ido del todo, y es esta última la que siente una extraña atracción por la que ella cree que es "Luna"

Steph: Dumbledore, está tratando de llevarlo lo más lento posible. Cualquier error y se iría todo al hueco. No puede revelar quién es Antoine, ni tampoco un montón de detalles. Dejará que Hermione lo descubra a su debido tiempo.