Ron y Hermione cruzan una mirada divertida ante un Harry que engulle el almuerzo sin disimulo, empezando a toser cuando un bocado demasiado grande se atora en su garganta.

-¡con calma!-suelta Ron dándole unos suaves golpes en la espalda-sigue así y terminarás volviendo la comida.

-¿tienes prisa Harry?-pregunta Hermione en tono socarrón

-algo-admite después de tomar un poco de agua-tengo un día pesado y además estoy nervioso porque Gin llega en un rato.

-¡por favor, Harry!-sigue Ron embromándolo-cualquiera diría que tienen meses sin verse.

-en cierto modo, así es-habla pícaro viendo que Ron pone mala cara-pero también me emociona que estaremos por nuestra cuenta, sin servicio permanente, ni otras personas moviéndose a nuestro alrededor.

-cuídate de lo que dices cuando estemos con la familia Weasley-advierte Hermione-por nuestra parte no hemos soltado que cuando Ginny viniera a la ciudad llegaría contigo, y si bien no son de entendimiento cerrado, puede ser que no les agrade que ustedes estén solos.

-no te preocupes-Harry se acomoda en la silla y cheque la hora en su reloj-en este momento, Gin debe estar hablando con Molly.

-Obvio que nosotros aceptamos tu noviazgo con mi hermana-Ron habla con un toque de disgusto-pero creo que debieron esperar mínimo al fin de semana para que ella se instalara contigo, ¿Qué tanto era que pasara esos días con nosotros?

-No, Ron-habla categórico-a pesar de lo joven del noviazgo y de que ustedes apenas me conocen, sin pretender ventilar nuestra intimidad, te reitero que Gin se queda conmigo porque tenemos ese tipo de relación y no vamos a disimularlo y mucho menos a esconderlo-hace un gesto con la mano cuando intenta interrumpirlo- De hecho, tenía que ser yo quien lo hablara con tus padres, pero el viaje nos tomó por sorpresa; yo estoy en medio de negociaciones que me obligan a estar en la oficina y Gin tampoco quiere esperar, por lo que decidió hablarlo con Molly.

-es lo justo-sigue ante el silencio de Ron, tratando de suavizar el tono de su voz-no quiere que su madre la crea con ustedes estando conmigo. Igual yo lo trataré el fin de semana-suelta una risita-pero estoy seguro que para entonces toda la familia lo sabrá.

-Todos lo sabemos-asegura Ron aceptando que su hermana ya es mayor y deben respetar sus decisiones. Además, en verdad Harry le simpatiza, lo considera gente de bien y le gusta la amistad que está creciendo entre ellos-imposible no hacerlo después de ver la despedida que Ginny te dio aquel domingo.

-me alegra que lo entiendas-Harry dibuja una sonrisa ante ese recuerdo, mientras Hermione suelta un suspiro enamorado-¿estamos bien?, sentiría que nuestra amistad se viera truncada.

-claro que sí-Ron sonríe como siempre-es solo que antes Ginny se la llevaba tranquila en lo que se refiere al amor, pero te conoce y es otra-echa a reír abiertamente-¡Dios, ese beso! y ahora diciéndole a mamá que estará contigo.

Hablan un poco más, Harry está apurado así que se despide. Ginny llegará al caer la tarde, será la primera ocasión que estén completamente solos por lo que, entre una cosa y otra, se las arregla para organizar un recibimiento especial.

Más tarde, casi enfermo de anticipación, se pasea por el departamento. Acaba de hablar con Ginny, está demorada por el tráfico pero no falta mucho para que llegue. Se va a la cocina donde la cena que ordenó en uno de los mejores restaurantes, se mantiene caliente en el horno. Descorcha el vino y lo lleva a una mesita cuidadosamente puesta junto a un ventanal que les obsequia una bella vista de la ciudad. La revisa una vez más con ojo crítico, todo está en orden, sonríe al ver las flores frescas que compró para Ginny y que ahora hacen de centro de mesa, nada ostentoso; sencillamente hermoso. Observa ahora las velas preguntándose si es hora de encenderlas, saca aire frustrado, nunca antes ha ofrecido una velada en su casa, menos para una chica, así que ignora el momento adecuado para cada paso; suspira una vez más, mueve la cabeza de un lado a otro tratando de aliviar la tensión y finalmente decide dejarse llevar por su sentir.

Se sobresalta cuando escucha que llaman a la puerta, suelta una risita y se abalanza, ahí está ella.

-Hola, Gin-murmura regalándole una sonrisa

-Hola, Harry-responde igual

Sin perder la sonrisa, Harry la recorre de arriba abajo como si tuviera largo tiempo sin verla, no ha cambiado, pequeña, vestida con jeans y una blusita sencilla, calzando zapato deportivo y con la mochila al hombro. Suelta una risita ante su estupidez, ¿Cómo puede haber cambiado si se vieron hace unos días?

Por su parte, Ginny aguanta la revisión cuestionándose si se perdió de algo; Harry lleva ropa de vestir y a leguas se nota que no es lo que uso ese día, pasa saliva nerviosa recordando lo informal de su facha.

-¿entonces qué?-pregunta tratando de verse segura-¿me dejarás pasar?

-¡pero que idiota!-Harry se altera, la toma de la mano y tira de ella un tanto brusco llevándola al interior-¡perdona, Gin! Mira que dejarte en la puerta.

-tranquilo-suelta una risita al notarlo nervioso-si no fue nada.

-empecemos de nuevo-propone tratando de borrar lo que supone fue una grosería-Hola, Gin

-Hola, Harry

-bienvenida-sonríe ampliamente para luego buscar sus labios y ella le corresponde.

-Dame acá-toma su mochila, la deja en un rincón y le muestra el departamento de diseño moderno, con el tamaño ideal para que dos o tres personas vivan cómodamente.

-le faltan detalles personales, pero mis cosas están en la hacienda, he comprado una cosa o dos para darle algo de calidez-le muestra unos libros y discos de música

-pues el espacio de la mesa está muy lindo

-ah-Harry sonríe y la guía hasta el ventanal-quería ofrecerte algo especial, que marcara la diferencia entre la hacienda y este sitio… y es todo lo que pude lograr.

-te quedó muy bello, Harry-habla complacida-gracias por recibirme así-se pone de puntillas y le regala un pequeño beso-solo que desentono.

-¿a qué te refieres?

-mírate, mírame y ve esto-se gira suavemente señalando el ambiente; la mesa, la habitación a media luz y el aparato de sonido del que salen baladas románticas.

-no digas eso-habla amoroso haciéndole un cariño-si esto es para ti, ¿Cómo vas a desentonar?

-desearía estar mejor vestida-hace un gesto de frustración-pero solo traigo jeans.

-así estás bien-la aprieta en un abrazo-luces hermosa, como siempre. Anda siéntate, traeré la cena.

-dame cinco minutos-ruega chiqueona-deja me doy mínimo una ducha.

-pero no tardes o se arruinará la cena-Ella asiente, toma su mochila y se encamina a la habitación de huéspedes.

-Gin,-la voz calmada de Harry la detiene, cuando se gira, él niega con un gesto y enseguida señala su recamara-a partir de hoy, se acabaron las habitaciones separadas, acomoda tus cosas donde gustes.

Ginny se ruboriza, la actitud de Harry es normal pero a ella le cuesta tomar con naturalidad un cambio tras otro. Rápidamente vacía la mochila y se mete bajo la regadera, sonríe alagada por tantos detalles que tiene Harry con ella, el corazón le da un vuelco al recordar que por fin, volverán a compartir la cama, siente un estremecimiento que la hace soltar una risita nerviosa.

La cena transcurre en amena charla, salpicada con algunas bromas y risitas divertidas, así como cariñitos de ambas partes, cuando terminan se sientan en la salita y siguen charlando mientras toman café, de pronto Harry se tensa y guarda silencio, Ginny lo observa segura de lo que vendrá.

-basta ya-suelta Harry en un gruñido-no aguanto más.

La toma entre sus brazos y atrapa su boca con besos demandantes y posesivos que le dicen cuanto la ha extrañado. Sus manos no esperan invitación, se deslizan seguras por debajo de la blusa y exploran reconociendo su territorio. Ginny corresponde igual y se aprieta más a él, con movimientos que no tienen nada que ver con la calma, le saca la camisa y la camiseta interior, sabe que se muestra ansiosa pero no le importa; lo ama y la forzada abstinencia ha sido un suplicio, necesita sentir el calor de su cuerpo, que esa boca la cubra con la miel de sus besos, quiere escuchar su voz murmurándole al oído esas cosas que la hacen estremecer.

Ambos están excitados, se controlan un minuto tratando de tomar aire para de inmediato lanzarse de nuevo uno contra el otro: La ropa cae en cualquier parte, Ginny lo empuja sobre el sofá, se trepa en él y lo recorre cubriéndolo de besos, dejando su humedad por todas partes, marcándolo como su propiedad.

Harry se crece ante ese reclamo, la separación obligada fue difícil pero el reencuentro es maravilloso. Le encanta su Gin, que se entrega sin reservas y ahora le exige que haga lo mismo, y él se entrega dejándola hacer, disfrutando de cada toque o roce por pequeño que sea, hace ruidos de placer que la complacen, lo sabe por la manera en que se tensa sobre él.

Harry detiene suavemente el avance de Ginny, le regala besos pequeños una y otra vez, para luego moverse y tomándola en sus brazos, llevarla a la habitación.

Algo hay diferente esa noche, ambos lo saben, quizá el saber que están solos o que ese espacio es únicamente para ellos, es lo que hace que el placer se desborde, que la necesidad de pertenecerse sea tan intensa que está a nada de echar abajo cualquier barrera que pudiera quedar.

Se mueven en la cama, ya se conocen lo suficiente así que saben cómo amarse, que puntos tocar para disparar el placer. Harry la aprieta tan fuerte que la deja sin aliento, entre besos y caricias de pronto se miran como tratando de reconocerse, para de inmediato juntar sus bocas y cuerpos más y más.

Con apenas un rasgo de conciencia, Harry se detiene para colocarse la protección, entra de inmediato en ella y la embiste con fuerza, Ginny no tarda en acomodarse a ese ritmo y lo acepta con la misma intensidad que él la toma.

El golpe de la pasión los azota sin piedad, Ginny suelta un pequeño grito mientras se aferra desesperada a él y Harry se hunde en ella con una última estocada tan fuerte que le toca el alma.

-joder, Gin-murmura Harry tiempo después mientras sale de ella suavemente-lo siento.

-no te disculpes-Ginny lo detiene poniendo la mano sobre su boca-lo sé.

Harry se sienta, se mueve un poco y le muestra la mano abierta con el preservativo roto.