No sabía cómo habían sucedido las cosas. Pero se hallaba de pie, dentro del departamento de Ulquiorra, el cual, era más sencillo que el anterior en el que ella había estado, pocos muebles, pero aún tenía un toque sofisticado.
Ulquiorra se puso detrás de ella, y apartando su cabello, le besó el cuello, a lo cual ella, sintió como su cuerpo se estremecía a su toque. Lentamente, bajó el zipper de su vestido y dejó que la tela rozara su piel, mientras caía al suelo. Besó su hombro descubierto y ella comenzó a llorar.
Su cuerpo extrañaba el toque de Ulquiorra, y le dolía el corazón, las lágrimas caían lentamente, su alma suspiraba, el toque de su piel le ardía; él la seducía, ella claramente podía sentirse amada, no como la última vez, sino como algo más sublime.
Ulquiorra pudo ver que la segunda capa de ropa era negra, cuando ella era más de blanco y rosa, al tratar de besar su boca, se percató, que sus labios temblaban, y sus ojos lo miraban con un brillo diferente. Sintió lo húmedo de sus mejillas.
La besó, como se besa algo sagrado, algo delicado. Besó sus mejillas, sus ojos y su frente. Deslizó sus manos por su cintura, apoyándose en sus caderas. La pegó hacia él. Hizo una pausa y la beso lentamente. Con cuidado, la tomó en sus brazos y la llevó a su cama.
La puso con cuidado, y ella se cubrió el rostro pues no podía dejar de llorar. Él, delicadamente hizo que ella, le viese la cara, y se besaran. Las caricias iban y venían, pero él no despegaba su boca de ella.
Se tomó un momento para desvestirse, y con cuidado, la hizo suya una vez más.
Esta ocasión, era más que el sexo pasional de la última vez, esta vez, se sentía como la primera vez, como una ver hermosa y perfecta.
Ella era tan suya, tan familiar, pero al mismo tiempo, se sentía tan diferente. Él, tan apasionado y romántico, quien la guiaba a una danza rítmica, lenta y rápida a la vez, con las manos entrelazadas, boca a boca, sellaron de manera física, lo que era su ardiente amor. Sin palabras mal interpretadas, solo el lenguaje corporal y la sincronía perfecta de sus cuerpos.
Habiendo terminado. Orihime acariciaba el rostro de Ulquiorra, quien descansaba a su lado, y daba besos fugases en su cuerpo. Su celular comenzó a sonar, y ella escondió su celular como si el pudiera verla, y rápidamente se metió al baño.
Ulquiorra, quien parecía que dormía, se dio cuenta de ello, e imaginó que su amada, tenía a alguien más en su vida. Orihime regresó a su lado, y puso su celular con la pantalla hacia abajo. Ulquiorra permaneció atento, y fue cuando ella finalmente se durmió, él se levantó y tomó el celular en sus manos.
Oprimiendo un botón, vio el fondo de bloqueo.
Era Orihime, junto a una niña del color de su piel, con cabellos negros y ojos verdes como los suyos. Y tenía un marco y unas letras que claramente decían "Mami y yo". Dejó el celular en su lugar, y volvió a la cama. Esperaba el amanecer y que Orihime le aclarara una duda.
A la mañana siguiente, se despertó, dándose cuenta de que Orihime se había ido de su lado. Mantuvo la calma, ya que sabía que ella tenía que trabajar, y haciendo planes de antemano, dejo la tarde libre para hablar con ella.
Contaba los minutos con ansía, se encontraba esperando el despegue del avión, después de enterarse que Orihime había dejado el hotel en la mañana. La inquietud y curiosidad de apoderaron de él, y sentía la amenaza de perderla de nuevo.
Llegando a Japón, volvió al lugar donde era su departamento, para hallar a una joven pareja que se había mudado ahí, indicando que la dueña anterior se había marchado a un pequeño suburbio residencial.
Se tomó su tiempo, hasta llegar a una casa blanca, y se atrevió a tocar el timbre. Rápidamente una joven de cabellos castaños le abrió la puerta.
— ¡Bienvenida!—le dijo con una sonrisa, pero se apagó tan pronto vio que no era Orihime. La joven frunció el ceño al ver que se trataba de un extraño a la puerta, lo miró con desconfianza. — ¿Necesita algo? — le preguntó con renuencia, y mientras se tomó un instante en verlo detalladamente.
Los ojos del hombre bien parecido, que se hallaba frente a ella, se le hacían muy familiares, y de repente, se sintió incómoda al ser examinada por él.
— ¿Se encuentra Orihime?— La chica negó con su cabeza y el solo asintió. — Gracias. — Tan solo dijo eso y se marchó, Mari, se asomó y vio como el extraño hombre se perdía en la lejanía.
Horas más tarde, Orihime se hallaba abriendo la puerta de su casa, y entró lentamente se encontró con una escena familiar.
Mari-chan tenía en sus brazos a Kiora, mientras que la alfombra tenía una sospechosa mancha morada, y su hija tenia ropa mojada por el jugo de uva que bebía.
—Alguien vino a visitarte… —Horas después, comentó la chica de cabello castaño, mientras Orihime le daba de comer a la pequeña Kiora.
—Dijo su nombre, ¿dejó algún recado? — su amiga solo movió la cabeza, y tomó un trago de agua.
Orihime la miró solo esperaba que dijera algo más, y volvió a centrar su atención en su pequeña.
—Sus ojos son como los de Kiora… — dicho esto, Orihime le miró con pavor y continuó hablando. — Digo, no quiero sonar como una entrometida, pero ¿estas segura de que el padre de Kiki (Kiora) murió?
—El, yo…
— ¿Será qué es casado? ¿Por eso dejaste tu casa? — Orihime negó al escuchar tales palabras — entonces, ¿te maltrataba? — Negó una vez más y decidió hablar con ella y contarle la verdad.
—Y eso fue lo que pasó.
— ¿Le dirás que es suya? — Orihime se levantó, abrazándose a sí misma, ya que Kiki jugaba en el suelo.
—No lo sé.
—Si está aquí es por algo, quizás él ya lo sospecha…
Siguió la semana tranquilamente, no había rastro de Ulquiorra, así que ella se relajó e hizo su trabajo correspondiente, continuó con su rutina, como si lo de Londres no hubiera pasado.
— Inoue.
— Hime, ven rápido, estamos en el hospital.
La sangre se le heló al escuchar la voz de Mari entre sollozos. Rápidamente abandono la oficina, para dirigirse al hospital, entró llamando la atención de todos los presentes ahí.
Su rostro mostraba la angustia y desesperación que le daban un vuelco a su corazón, vestida completamente de blanco, su cabello naranja se hallaba revuelto por el viento, y por la carrera maratónica que había dado ya que el tráfico de la hora pico había detenido su taxi.
Se encontraba ahí, buscando a su amiga con la mirada, hasta que vio a la joven con curitas en su cara.
— ¿Dónde está? — gritó, perdiendo los estribos.
—En quirófano, no sé, no me dejan verla, la están atendiendo, dicen que es de urgencia— entre lágrimas y sollozos Mari pudo hablar; se hallaba aterrada que la pequeña Kiora pudiera fallecer, se lamentaba por lo sucedido…
—Mari, dime ¿qué pasó?— la tomó de los brazos tratando de sacar más palabras de la asustada chica.
—Íbamos al zoológico, tomamos un taxi, pasamos una intersección y después se oyó un golpe, no sé ya no supe, hasta que desperté aquí.
Hablando con el médico, se dio cuenta de la situación de su pequeña. Estaba siendo intervenida por tener una hemorragia interna, todos hacían lo posible para salvarla, y ver que no tuviera más daño. Orihime no pudo dejar de llorar cuando se le dijo lo que tenía su pequeña, jamás imaginó que su pequeña niña sería víctima de un accidente.
— Señora, ahora nuestro problema es, que su niña tiene un tipo de sangre exclusivo, y muy pocas personas lo tienen, y le dimos todo lo que hay en nuestro banco, pero es probable que necesite más. — El doctor limpió el sudor de su frente con un pañuelo. — Quizás su padre, podría ser compatible con la niña.
Orihime tragó duro, en realidad no pensó en Ulquiorra, haciendo memoria, recordó que una vez, vio su resumen médico y el tipo de sangre era el mismo que el de Kiora.
—Él no vive — su voz se hizo un hilo, — él no vive aquí, está en Londres.
—Ya veo, entonces haremos lo posible. — El doctor, se separó de ella y caminó hacia la sala de urgencia, por su parte; Orihime sentía que el corazón se le desgarraba, cubrió su boca para ahogar el grito de su dolor. Ahora que haría…
¿Tendría que morir su hija ahora que sabía que Ulquiorra vivía?
No. Ella no podría perder a uno de sus amores en la vida. Llegaría hasta las últimas consecuencias, incluso si Ulquiorra la rechazaba y la negaba, ella lo acosaría hasta que ayudara a su pequeña.
Salió del hospital, Mari iba corriendo detrás de ella, y solo le dijo, que estuviera pendiente de Kiora, ella necesitaba arreglar un asunto de vida o muerte.
Determinada, llegó a lo que era el departamento de Ulquiorra y tocó la puerta.
—Orihime. — Ulquiorra se sorprendió al verla en su puerta, con la ropa un poco fuera de lugar, el cabello alborotado y en sus ojos, un fuego interminable.
—Ulquiorra, necesitamos hablar.
La enfermera le extraía la sangre con sumo cuidado, se sintió por primera vez, intimidado por una mujer, y más porque no conocía ese lado salvaje de Orihime, quien se hallaba vigilante de que, el líquido vital fuera extraído.
No podía creerlo, siempre en su vida antes del accidente, todo había sido tan monótono hasta ahora…
—Necesitamos hablar. — Sin titubeos sostuvo su mirada, sin miedo, parecía otra mujer frente de él.
— ¿De qué quieres hablar?— le preguntó, cuestionándose a sí mismo, si sería de aquella foto que él vio.
—Tenemos una hija, Kiora, y necesito que me des de tu sangre para mantenerla viva.— Decidió ser directa, no irse por las ramas ni por la tangente; necesitaba ser valiente y hablar con la verdad antes de que se retractara y dejara que su cobardía le ganara y así perdiera a su hija.
— ¿Disculpa? — No pensaba que eso lo dijera tan abruptamente. Las dudas de que ella tenía una familia con otro hombre habían sido disipadas, pero ¿su hija? Él siempre procuró cuidarse de esa manera, como es posible que… La última vez, esa vez en la que salió despavorido, como alma que se la lleva el diablo, esa vez, podía ser la vez en la que no recordaba haberse protegido, y si a ella le falló su método.
A juzgar por la foto, la niña en cuestión tenía el color de sus ojos, pero, cualquiera podría tener los ojos de ese color.
—Probablemente estés dudando de la paternidad de ella, pero te lo juro, en este tiempo, no ha existido otro hombre en mi vida más que tú. Puedes requerir una prueba, no me opondré a ello, solo quiero, primero, que le salves la vida, ella necesita de tu sangre, y yo la necesito para vivir; sin ti, ella es lo que me mantiene con vida. Yo te amo, pero a ella también, y si tú me amaste alguna vez, por favor, te lo suplico, salva la vida de nuestra hija, de mi hija. — Ella acarició su rostro, sus labios y al final cayó de rodillas, siendo vencida por los sentimientos que la aquejaban y atormentaban.
Ulquiorra le ayudó a levantarse, seco sus lágrimas y la besó. Sin decir alguna palabra asintió, y tomándola de la mano, se dirigió al hospital donde la pequeña estaba, luchando entre la vida y la muerte.
Ambos se hallaban en las afueras de la habitación donde su hija estaba siendo evaluada. El la miraba con atención, viendo como ella veía a través del vidrio. Sus ojos brillaban, y las lágrimas de ella caían silenciosamente. Sorprendido por sus impulsos, la tomó en sus brazos y dejó que ella llorara y se consolara en sus brazos, siendo interrumpidos más tarde por la joven que le abrió la puerta.
Orihime se separó de él, para despedir a la chica. Regresando a su lado, se mantuvo en silencio.
— Deberías ir a descansar también, yo me quedaré con ella. — Ella miró a Ulquiorra con desacierto. — Yo velaré por ella, te lo prometo. — Le dio un beso en la frente y la instó a marcharse.
Cuando le permitieron pasar, se mantuvo al lado de la niña, miraba su rostro, y con delicadeza tomó una de sus manitas, y la sostuvo en su mano. Podía ver los finos trazos de ella, tenía la nariz de su madre, y también sus pestañas, el color de sus cabellos, que era el mismo que el suyo.
Recordó el momento en el que había perdido las esperanzas de convertirse en padre y tener una familia. Quien diría que de la persona que menos lo esperaría, le devolvería la esperanza, algo que en su interior, secretamente anhelaba.
La mañana siguiente había llegado. Orihime con una caricia lo había despertado, su pequeña Kiora estaba más estable, después de la revisión de los médicos, ellos entraron y miraban a la niña, sin decir alguna palabra.
—Quiero tomar completa responsabilidad por ella. — Orihime lo vio a los ojos fijamente. — Lamento haberte dejado sola, lamento que pasaras el embarazo y el parto sola; permíteme compensarte todo el tiempo que se perdió. Permíteme estar a tu lado, y ser el padre de nuestra hija. Ven conmigo a Londres, dejémoslo todo atrás y comencemos de nuevo.
—Kiora, su nombre es Kiora. — Orihime le sonrió y entrelazó su mano con la de él, recargó su cabeza en el hombro de Ulquiorra mientras veían la suave respiración de la niña.
Fin.
Muchas gracias por leer.
Ya llegamos al final de la historia, espero no decepcionarlas ya que los finales felices no son lo mio, pero creo salio bien, comencé a escribirlo y el final cambio solo, el borrador de mi mente, fue descartado por las letras que leyeron, dentro de una semana, sigue el epilogo.
Tambien probablemente algun capitulo extra para aclarar cosas. Si tienen dudas, no duden y haganme saber, y yo les aclararé lo que sea.
Gracias especiales a:
Iris
Hinata Ciffer
Yatzura
Misato Nara
Antonia Cifer
Y a todos los guest y demás lectores.
Gracias por todo.
