Capítulo 35

POV Anastasia.

Me volteo rápidamente solo para darme cuenta que tal vez mi cabeza solo está jugando conmigo. Miro hacia cada esquina de la calle, pero no veo a nadie observándome… Parte mí sabe que no puede ser, es imposible… El lleva muerto casi dos años. Me dice mi subconsciente, tratando de que entre en razón, pero mi corazón, ese al que creía marchitándose lentamente dentro de mí, ha despertado vertiginosamente, haciendo que una emoción que creía perdida, reaparezca en mí, Esperanza. Pero rápidamente surge otro sentimiento… Angustia.

— ¡Era él, Yo lo vi! — Me digo.

— No seas tonta, era producto de tu imaginación… ¡Él está muerto! — Me recuerda mi subconsciente. — ¡Tal vez es alguien que se le parece! — Me dice.

Tal vez tiene razón, pero mi corazón no para de latir frenéticamente y la emoción y angustia que siento no me dejan meditar con claridad. Si en realidad es alguien que se le parece, quiero verle. Quiero volver a ver esos hermosos ojos Grises, volver a oler su perfume y volver a sentir su piel cerca de la mía. ¡Quiero que vuelva! Me diga a mí misma mientras mis lágrimas fluyen sin cesar por toda la avenida, mientras camino por las calles, sin rastro de lo él.

Me encuentro frente a frente ante la impotencia y la desolación mientras recorro sin cesar las calles de Portland.

— ¿Le pasa algo, Señorita Steele? — Pregunta Sawyer una vez que me localiza, de seguro rastreo mi teléfono para encontrarme, ya que decidí salir sola sin ni siquiera decirle. Lo miro y se ve preocupado cuando se detiene a mirarme. No lo puedo culpar, sé que estoy angustiada, y llorando a mas no poder, sin poder articular ninguna palabra — ¡Sera mejor que regresemos al hotel! — Me dice.

Pero antes que tome su mano, miro por ultima vez para todos lados, buscando algo, algún vestigio o rastro de que me diga que no me estoy volviendo loca, que el reflejo de lo que siente mi corazón no es solo producto de mi imaginación, si no que podría ser real. Pero las calles comienzan a vaciarse y enseguida Sawyer preocupado, me dirige silenciosamente hacia el auto, y en cuanto estoy en él comienzo a ser una sombra, la sombra de lo que fui antes de él.

— ¡No quiero ver a nadie! — Le digo cuando llegamos a mi suite. La misma que una noche compartí con Christian… nuestra primera noche durmiendo juntos. — Puedes retirarte. — Le digo.

— ¿Desea algo de comer? —Pregunta Sawyer con un poco de preocupación en su voz.

— ¡No! — Digo rápidamente, pero me doy cuenta que he sido muy brusca con él. — Gracias, Sawyer. Si me da hambre yo misma llamaré a recepción. — Le digo intentando suavizar las cosas.

El sale algo receloso de la habitación, cerrándola al salir. En cuanto lo hace comienzo a llorar y comienzo nuevamente hacerme las preguntas que sé no tienen respuestas. ¿Qué hubiese pasado si le hubiese dicho sí de una vez? ¿Amaría a mi bebé? ¿Sería un gran padre, como siempre imagino cada vez que lo veo en el rostro de mi hijo?

Trato de calmarme y luego tomo el teléfono para hablar con Grace.

— Hola Grace, solo llamaba para saber cómo está mi bebé. — Le digo cuando toma la llamada.

— ¡Todo está bien Ana! — Dice pasándome a Teddy para que lo escuche. — Teddy, es mamá. — La escucho decirle en el auricular.

— ¡Ma-ma! —Dice mi niño. Hoy más que nunca deseo tenerlo entre mis brazos abrazando y besando su linda cabecita. Mamá, es la única palabra que ha dicho desde que empezó a animarse a hablar, como desearía que su padre estuviese aquí para oírlo junto conmigo.

— ¿Todo está bien, Ana? —Pregunta Grace cuando me escucha gimotear al teléfono.

— Sí. es solo que lo extraño mucho, Grace. —Es una verdad a medias, pero parece aceptar mi respuesta.

Una vez que cuelgo, vuelvo a quedarme nuevamente sola en la habitación del hotel. Pensé que había aprendido a vivir sin Christian, enfocándome en mi trabajo y en mi hijo para poder avanzar, seguir adelante con mi vida sin él. Pero justo ahora… justo hoy… justo aquí… vuelven a acosarme el fantasma del pasado, de lo que podría haber sido…

Siento una melancolía que aun después de todo este tiempo, me asalta, me lastima. Tuve que enfrentarme a un mundo totalmente nuevo para mí, a una vida que no soñé ni que imagine que existía, enfrentándome a un camino sin el amor de mi vida. Mi primer amor, el único hombre de mi vida.

Suena mi teléfono para un mensaje, es de Meg.

*Será una reunión privada. Te espero en los apartamentos de la calle Cook a las 3:00 pm. El edificio se llama Cook Suite. Se puntual. -Megan O 'Brian.

* De acuerdo, Meg. Estaré allí. ¿A qué piso me debo dirigir? - Ana Steele.

*El portero te dirigirá al apartamento. Te espero. - Megan O 'Brian.

Eso quiere decir que su primo no asistirá a la reunión, me estoy empezado a formar una idea de quién es este tipo y por lo momentos puedo decir que es un patán.

Intento, recuperarme de todos los pensamientos que he tenido el día de hoy, recuerdo aunque hermosos en mi corazón, por algún motivo son recuerdos que aún me hacen daño. Es lo que pasa cuando me encuentro sola en El escala. Ese lugar donde me poseyó por primera vez y a partir de ahí innumerables veces, ese espacio solo de él que aun con el tiempo y con lo sobrio que es, puedo sentirlo en cada rincón. El cuarto de juegos, ahora desmantelado, todavía tiene ese olor a piel y cera, y ese aroma a limón aunque ahora mucho más tenue aún se encuentra en ese cuarto rojo del dolor… ¡Claro! Ahora ya no es rojo, Taylor saco todo lo que se encontraba en ese lugar y se pintaron las paredes de gris… ahora es un cuarto de almacenamiento, donde Gail guarda los juguetes de Teddy que eran muy grande para su habitación de juegos… rio al pensarlo, hasta en eso Teddy se parece a su padre, ambos tienen su cuarto de juegos.

Pero un momento de razonamiento, me doy valor a mí misma para dejar de auto compadecerme, mi dolor no me ayuda ni ayuda a mi hijo a seguir adelante. Ahora las cosas cambiaron, soy madre. Tengo un pequeño que depende de mí, y soy socia de uno de las empresas de publicidad que aunque ahora no sea de gran importancia, sé que se convertirá en una de las mejores del país. Para eso debo empezar a trabajar.

Me voy a la sala de la suite donde se encuentra un escritorio y comienzo a desempacar todo el papeleo que llevo conmigo, para la junta de mañana, que aunque sé que será solo con Meg, también sé que será muy ardua. Ella tuvo tiempo para analizar esta documentación, pero mi deber es prepararme para cualquier pregunta que pueda surgir de ella al respecto.

Mientras me sumerjo en el papeleo, indagando cual podría ser el punto débil de la negociación, suena mi teléfono nuevamente.

— ¡Ana! — Escucho la preocupante voz de Kate.

— Hola, Kate. ¿Cómo vas con los planes de la boda? — Pregunto.

— Los planes de la boda van muy bien, excepto por la dama de honor, la cual escuche que estaba llorando por teléfono cuando llamo a casa de mis suegros… — Dice Kate con su Inquisidora voz. Ella quiere saber lo que ocurre y no me dejará en paz si no lo hago.

— Tu dama de honor está bien. — Le digo. — Solo con mucha nostalgia.

— Oye, Ana. Sé que no soy madre ni nada aun, pero te puedo asegurar que Teddy está bien cuidado, es más creo que ya se durmió, aunque Mia dice que le costó por que no fuiste tú quien lo hizo. Pero igual está bien, no será la última vez que tengas que dejarlo por trabajo. — Dice.

— Lo se Kate, pero no es solo eso. — Explico tratando de desahogarme. —Es solo que estoy aquí sola… en el Heathman... En la suite presidencial…

— ¡Ohhh! — Dice ella al fin, haciéndome entender que sabe perfectamente de lo que hablo. — Pues, Ana. ¡Lo lamento, Amiga! No me puedo imaginar lo que estas sintiendo en estos momentos. — Dice tratando de consolarme.

— Lo sé, Kate. Gracias por comprenderme. —Le digo. — Pero en este momento todo debe tratarse de ti y no de mí, así que como van las cosas con los preparativos. — Le digo para cambiar la conversación.

— ¡Es increíble que dentro de un mes, seré la señora de Elliot Grey! — Dice emocionada. — Jamás me hubiese imaginada que sería tan feliz en mi vida…

— Me alegro mucho por ti, Kate. — Alcanzo a decir. — Oye me estaba preparando para la junta de mañana, y necesito estudiarla con detenimiento, hablaremos cuando regrese. — Le digo para salir del paso y colgar la llamada.

En realidad siempre que ambas encontraríamos la felicidad, y en realidad me alegro por la suya… Suspiro en un intento por no empezar a llorar nuevamente, y me concentro en a lo que vine a hacer a esta ciudad.

Me despierto lentamente, no tenía idea de que me había quedado dormida en el escritorio de la Suite. Creo que inconscientemente me negué a acostarme en esa cama donde Christian y yo dormimos juntos por primera vez. En realidad no creo que pudiese concebir el sueño si lo hacía. Lentamente me levanto del escritorio y comienzo a arreglar todos los papeles. Reviso un mensaje de Sawyer diciéndome que estaba listo para llevarme a la junta. Le devuelvo el mensaje diciéndole que partiríamos a las 2:00 pm por ahora podría considerarse libre, ya que no pienso salir de la habitación hasta esa hora.

Pido el desayuno en recepción, y mientras lo tomo trato de concentrarme en todo lo que he preparado para el día de hoy, tratando que mis sentimientos y melancolía sean reprimidos por mi profesionalismo y fuerza de voluntad. A la una de la tarde me doy un baño y me visto rápidamente, con un traje de trabajo que encontré en la ropa que Christian había comprado para mí.

Mientras me visto, recuerdo nuestro primer encuentro, yo vestida con ropa de Costco, y peinada con una sencilla cola de caballo. Eso también ha cambiado en mi vida… pero ¿Que carajos estoy acordándome de esas cosas en este momento?... no sé por qué todo lo que hago desde que regresé a esta ciudad, me lo recuerda con ímpetu.

Luego del almuerzo, cerca de las 2 Sawyer toca la puerta para hacerme saber que todo está listo y salimos del Hotel rumbo a los apartamentos de la calle Cook.

Cuando entro en el edificio el portero me espera indicándole a Sawyer que solo yo tengo permiso de subir. Sawyer retrocede cautelosamente, una vez que le indico que no hay ningún problema con eso y que puede esperar en el coche. El asiente y enseguida subo a donde me espera Meg.

En el apartamento todo se ve muy sobrio, aunque en algunos sitios hay destellos de color, como los cojines naranjas que están sobre el largo y solitario sofá blanco de la sala. Meg llega a saludarme cortésmente diciéndome.

—Lamento que las cosas hayan sido así Ana. Pero Lucy y yo no encontrábamos la manera de decirlo. —Dice en una actitud que inicialmente me parece incoherente. — Este ha sido nuestro modo de hacerlo… Angel te espera en su oficina. — Dice al fin, haciendo que me entre un frio por mi columna vertebral. Es como si estuviese hablando de un titán, o de un ogro que en cuanto me vea querrá destruirme y hacerme picadillo para devorarme. —Por favor, no le hagas saber que vienes de parte de GEH, ni siquiera menciones el nombre de Grey. — Me dice sin miramientos, aunque yo sigo sin entender. — Sé que lo vas a entender todo, y luego podremos hablarlo y decirte todo lo que necesites… Él te está esperando, es una persona muy impaciente, por favor no lo hagas enojar.

— Suena como si fuese un monstruo. —Le digo. Ella sonríe dulcemente.

— Pronto lo sabrás. Pasa por favor. No es necesario que llames. Entra directamente. — Me dice sonriendo.

— ¿No vas a entrar? —Pregunto con timidez

— No. — Me dice. — Después tú y yo hablaremos, y te aclararé todas tus dudas, Lucy y yo te lo contaremos todo… Pero ahora, tú debes enfrentarte a él. Por favor sé cautelosa… — Y me insta a pasar al despacho de su primo.

Con todas las advertencias que Meg me acaba de dar, no sé lo que esperar, camino tambaleándome un poco y empujo la puerta para pasar, tropezándome con mi propio pie.

Mierda, Mierda. No puedo dejar de notar la sensación de dejavú que hay en toda esta escena. Estoy de rodillas, con las manos apoyadas en el suelo y una mano amable me es tendida mientras que la otra sostiene un bastón para apoyarse. ¡Qué vergüenza siento en estos momentos! Intento incorporarme, armándome de valor para mirar levantar la vista. Y veo que mi cabeza otra vez me está jugando una mala pasada. Se ve cambiado. Muy cambiado. Lleva una espesa barba y puedo ver grandes rizos en su cabello, como el color del de mi bebé, y sus ojos, esos grandes y hermosos ojos que durante todo este tiempo he soñado en volver a ver. Pude que mi conciencia me diga que no, pero en mi corazón lo siento… es él… es Christian.