Un poco más tarde creo, XDD tenía el otro horario de verano, nsc XDD,
Que lo disfruten
Capítulo XXXV
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Un nuevo día había llegado a las islas estacionales; en cierta isla solitaria, a unos kilómetros de Hosten, precisamente en una cueva detrás de una cascada, un joven cabello castaño miraba deslumbrado a la chica que yacía profundamente dormida boca abajo sobre las pieles.
Hiccup, de pie, la miraba embelesado al mismo tiempo que evocaba los recuerdos de las horas pasadas; haber hecho el amor con su esposa era una de las cosas más excitantes que había experimentado en su vida; tanto, que lo comparó con la sensación de volar por el extenso cielo, la única diferencia es que en lo alto el ambiente era frio como la nieve, y con su esposa era ardiente como el fuego.
Como ella seguía dormida, salió para atender a los dragones, que juguetones entre las hierbas se peleaban por un pedazo de tronco, pero que al verlo salir lo dejaron para acudir con él y reclamar su alimento. Hiccup los atendió con la misma dedicación de siempre, después se puso a preparar su propia comida, pasaba de medio día y tenía mucha hambre y de seguro su esposa también lo estaría una vez que despertara.
Aprovechando la somnolencia de Astrid, preparó una exquisita comida, al igual que preparó el regalo de la mañana, aquel abrigo de piel que había guardado cuidadosamente en una caja de madera. Cuando tuvo todo listo, lo llevó a la cueva y esperaría a que su lady se despertara.
El olor de la comida recién hecha llegó a las fosas nasales de la rubia, quien perezosa empezó a despertar lentamente, aunque al darse cuenta que estaba sola se levantó de golpe viendo hacia ambos lados.
—Hey, tranquila estoy aquí.
Astrid vio a su marido de pie a unos centímetros de ella y se tranquilizó echándose sobre las pieles, cobijándose hasta media espalda.
—Buenas tardes. —saludó Hiccup con una risita.
—Buenas tardes.
—Preparé la comida.
—Sí, huele delicioso, muchas gracias.
Astrid se sentó, cubriendo su pecho con las pieles, no tanto por timidez, su marido ya había visto y tocado prácticamente todo, pero la cueva estaba demasiado fría.
—Por cierto, quiero darte algo.
Frunció el ceño, al mismo tiempo que vio que Hiccup cargaba una caja de madera y la puso con timidez a un lado de ella.
—Mi regalo de la mañana.
Sin decir nada, Astrid sonrió enamorada, y con emoción sacó la hermosa capucha de piel.
— ¡Oh, Hiccup! Es muy hermosa. —admiró sintiendo la suavidad de la piel y comprobó lo cálida que era al probársela.
El aludido sonrió embelesado; así era como debió ser desde un principio y ahora cumpliría con la tradición del regalo de la mañana todos los días de su vida, aunque fuera con pequeño detalles.
—Muchas gracias Hiccup. —dijo de nuevo Astrid regresando el abrigo a la caja, la cual movió después al otro lado de su costado. —Ven aquí.
El muchacho aceptó gustoso su invitación y se acostó junto con ella abrazándola fuertemente; Astrid lo empezó a besar lentamente por todo el rostro en forma de agradecimiento por sus atenciones.
—Mi lady, la comida se va a enfriar. —avisó entre risas, pues Astrid le empezó a hacer cosquillas, después de haber hecho el amor, sabía cuáles eran sus puntos sensibles.
—Sólo un ratito, hace mucho que no dormía tan bien. —paró si jugueteo y acurrucó en su pecho.
—Lo mismo. —concordó él atrayéndola en un abrazo más fuerte.
—Ayer… o más bien hace unas horas,… estuviste muy bien. —confesó ella con una risita. —Me gustó mucho.
Hiccup enrojeció de la pena, no estaba acostumbrado a esa clase de halagos, pero podría acostumbrarse.
—Tú también,… es decir… sí,… tú sabes… eh…
La rubia volvió a reír, Hiccup aún era muy tímido para hablar sobre el tema.
—Y somos un poco ruidositos ¿no lo crees? —preguntó sólo para verlo enrojecer, y lo consiguió, pues el castaño no sólo enrojeció sino que ardió de la vergüenza.
—Sí… algo. —confesó apenado.
— ¿Sabes? Por un momento pensé que tendrías problemas para decirme por mi nombre, pero veo que no es así.
—Bueno, es que tu nombre es más hermoso que el otro, además que es sencillo de pronunciar y mucho más fácil de recordar, además, siempre he pensado que si tuviera una hija la nombraría Astrid.
—Mentiroso.
—Está bien, no es verdad, pero era algo similar.
— ¿Cómo cuáles?
—Mmmm… como Aslaug o Asturias.
—Que nombres tan feos.
—Sí, ahora que lo pienso… sí lo son, pero esos no eran mis favoritos, sino Asdis. ¿Qué te parece ese?
—Ese me gusta, suena bonito.
—Y si tuviera un hijo… le pondría… —susurró Hiccup pensativo viendo hacia el techo de la cueva.
— ¿Qué tal como tu padre?
—Mmmm… no lo creo, y no es por deshonrarlo, pero siendo sinceros los nombres que se ponen en Berk son horribles; créeme que hasta yo mismo me sorprendí al pensar en un lindo nombre para una futura hija, pero para un hijo… creo que dejaré a tu responsabilidad ponerle nombre a nuestro hijo.
Aquel comentario sobresaltó a ambos, cayeron en cuenta de lo que estaban hablando y ya casi planeando, en el caso de Hiccup; sin embargo, que fue incómodo para la rubia ya que recordó cierto detalle que ocurría con ella.
—Creo que me estoy apresurando. —escuchó decir a su esposo.
—Hiccup…—se estremeció entre sus brazos.
— ¿Qué pasa?
—Yo no sé si pueda tener hijos.
La revelación hizo que el corazón de Hiccup saltara precipitadamente que incluso Astrid, que estaba recargada en su pecho pudo sentirlo. De nuevo temió por su relación; sin embargo el castaño recordó el problema que tenía su esposa y en aquella probabilidad.
—Entonces no has…
—No.
— ¿Desde cuándo?
—Ya no he sangrado desde aquella vez que me desmayé, ¿lo recuerdas?
—Sí.
—Lo siento.
Hiccup apretó más su abrazó y recostó su cabeza sobre la suya, sonrió.
—No te disculpes, no es tu culpa… yo te seguiré amando con o sin hijos.
Las palabras de su marido le devolvieron a Astrid la tranquilidad que necesitaba, y se dejó mecer por él en aquel abrazo que la cobijaba.
— ¡Ja! Recuerdo aquella vez, Eero me sugirió conseguirme otra esposa. —recordó Hiccup con una risita.
— ¡¿Qué cosa?! —sin embargo Astrid no le había encontrado la gracia y se puso celosa, tanto, que se separó de él esperando una explicación.
—Por supuesto que le dije que ¡no! —aclaró Hiccup aun riendo al ver a su preocupada esposa. —Sabes que soy fiel a ti.
Astrid refunfuñó y se echó de nuevo en su pecho, en sí el comentario del viejo ese había sido muy molesto.
—Pero… ¿lo harías si no te quedara de otra para que pudieras tener un hijo?
—No, ¡jamás lo haría! No te pongas celosa. —rio nuevamente el castaño al verla refunfuñona. —Además recuerda lo que dijo Gothi, que tu problema tal vez era temporal y que siempre podíamos seguir intentándolo, no hay que apresurarnos.
—Tienes razón, y que mejor que hacer muchos intentos… ¿no lo crees? —respondió Astrid con una risita.
—Uy, eso me encantaría. —concordó el risueño Hiccup, más desenvuelto en la conversación
Y el estar hablando de esas cosas y ver a su esposa celosa, lo hizo recordar algo que quería preguntarle.
— ¿Astrid?
— ¿Mmmm?
—Te quería preguntar… hipotéticamente hablando… si yo me hubiera decidido por Heather, y ella me hubiera correspondido, sé que te ibas a ir, pero a ¿dónde?
El entumecimiento por parte de Astrid se hizo notar, le hacía falta contarle esa parte de la historia.
—Me iba a ir con el rey Harald…
—¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! —Ahora fue él quien se reincorporó totalmente confundido.
—Bueno… es que…—titubeó nerviosamente. —No te vayas a enojar…
—Astrid…
—Verás, el día que nos besamos en tu habitación, él me estaba buscando… ¿recuerdas?
—Sí.
—Cuando fui a hablar con él… me ofreció la oportunidad de divorciarme de ti y darme "mi libertad". —recordó con sarcasmo. —Ofreciéndome desposarlo a cambio de dejarte todo el dote de Camicazi y el silencio de mi secreto.
—¡¿Qué?!¡¿Ese tipo está enamorado de ti?! —exclamó Hiccup furioso y muy celoso.
— ¡No! o ¡no sé! Eso parecía… yo más bien pienso que era un capricho, así se lo hice saber aquel día, y creo que lo comprendió ya que al día siguiente se marchó sin decirme algo más.
—¡Entonces! ¿Por qué te ibas a ir con él? ¿Para aceptar su propuesta?
—Sé que parece un acto de desesperación o algunos incluso un acto con interés monetario, pero ¡sí!, iba a ir a desposarlo para que a ti no te quitara la Orilla del dragón.
Hiccup bajó un poco su nivel de histeria al entender la verdadera razón de los posibles actos de su esposa, pero aun así era demasiado.
—¡No, Astrid! Sé que la Orilla del dragón es un buen lugar y oculta un gran secreto, pero no es motivo para que te sacrifiques, no a costa de tu propia libertad.
—Sé que puede ser exagerado, pero lo quería hacer por ti, porque sé que eres el único que puede proteger a todos los dragones y evitar que caigan en manos de malvados; o tipos deshonestos como Camicazi y Harald.
—Y lo entiendo, ¡lo aprecio! Pero se me hace demasiado, deberías pensar más en ti también; y ahora con esto que me cuentas más razón me das para exponer a Camicazi y al rey Harald como los mentirosos que son, no me importa el dote ni la isla, ¡me importas tú!
—¡No Hiccup, por favor no lo hagas! —pidió Astrid tomando sus manos.
—Lo siento, no está en discusión.
—Hiccup, te lo pido por favor… lo que te dije fue hipotéticamente hablando; ahora estamos juntos y creo que deberíamos conservar el dote y te diré mis motivos.
—Te escucho. —prestó atención seriamente.
—En primer lugar, ¡ellos! me quitaron lo que más quería en el mundo, la isla sólo es un precio menor a comparación de lo que perdí; en segundo lugar, porque creo que ahora ellos se lo merecen, merecen ser los engañados está vez.
— ¿Quieres decir que es una especie de venganza personal?
—Sinceramente sí, compréndeme Hiccup.
Hiccup negó con su cabeza, comprendía los puntos de su esposa, pero no podía aceptarlos; lo mejor para él era desenmascarar a todos aquellos mentirosos.
—Si no lo haces por el dote, hazlo por mi. —Pidió Astrid cabizbaja. —Los conozco más que tú, sé de lo que son capaces de hacer; y si se revela mi identidad, creo que incluso una desgracia podría pasar.
— ¿A qué te refieres? —preguntó preocupado.
—A pesar de tener tu apoyo, sé que se las ingeniarían para acabar conmigo, yo sigo siendo una esclava después de todo.
—No lo eres Astrid, no para mí. —Hiccup cambió de posición sus manos, envolviendo las suyas con las de él.
—Pero ellos no lo ven así, créeme, no les importa nada, e incluso temo por ti; Camicazi o Harald serían capaces de pedirte algo a cambio de mi libertad, te querrán destruir si te aferras; no seré realmente libre hasta que ella me libere, porque incluso para validar nuestro matrimonio necesitamos confrontarla. ¿no es así? ¿Entiendes porque no quiero que reveles a los demás la verdad?
—Entiendo el punto; y tienes razón en ciertos aspectos
Hiccup pensó detenidamente, la situación era más complicada de lo que pensaba, y pensó en su propio pueblo, en especial en Eero, sería el primero en respingar si se enterara de que su esposa era una esclava, sería incluso capaz de matarla, ella no estaba a salvo de todo en Berk.
—Está bien. —dijo en un resoplido. — mantendremos el secreto hasta que pensemos en algo mejor, ya que de cualquier manera no quiero vivir en una mentira.
Astrid suspiró con alivio y estuvo de acuerdo con el plan.
—Gracias,… por último hay algo que quiero pedirte.
— ¡¿Qué?! —el jefe frunció el ceño
—En dado caso de que la verdad salga a la luz, no por nosotros, sino por alguien más, prométeme que fingirás que no sabías nada.
—¡¿Qué? ¡NO! ¡Por supuesto que no!
—Hiccup, ¡entiende!, cualquier cosa puede pasar, me ayudarás más si finges que no sabías la verdad sobre mí.
El castaño torció su boca con molestia, su esposa tenía razón, pero negarla era algo muy nefasto para él. Tenía que pensar en algo rápido para poder asegurar su bienestar, así fuera lo último que hiciera.
—¿Hiccup?
Despertó de sus pensamientos, cabizbajo acarició las blancas manos de su esposa, mientras que el asunto rondaba y daba muchas vueltas por su cabeza.
—Está bien. Haremos por lo pronto lo que tú digas, tú eres quien conoce más a esos dos.
—Gracias de nuevo.
Astrid soltó sus manos para abrazarlo del cuello, al hacerlo, la cobija que la tapaba se resbaló, y Hiccup aprovechó para acariciar toda su desnuda espalda, viendo aquella casi imperceptibles manchas oscuras, símbolo de la tortura que sufrió su esposa, luego llevó una de sus manos hasta su cuello, donde sus dedos podían leer a la perfección la palabra esclava; aquello lo frustró, caía en cuenta de que no sabía con qué clase de personas estaba tratando, pero firme en su decisión de mantenerla a salvo.
—Creo que ahora si hay que comer. —dijo Astrid con una risita. —Antes de que se enfríe y nuestra temperatura aumente.
—Yo tengo un remedio para eso.
Hiccup sonrió con malicia, y con un movimiento rápido se levantó cargando a su esposa.
— ¡¿Qué haces?! —Astrid empezó a patalear entre risas, hasta el último momento se había logrado aferrar a una cobija, pero que soltó al ver hacia donde Hiccup la dirigía.
—Tomaremos un baño, mi lady. —avisó el muy gracioso, aventurándose junto con ella a la regadera que formaba la cascada, Astrid se aferró a su camisa, pues esa agua se veía muy pero muy "refrescante".
— ¡ ¡ ¡ ESTÁÁÁÁ FRIAAAAAA ! ! !
OOOOOOOOO
Los demás jinetes de dragones, después de ponerse de acuerdo, decidieron visitar primero la isla Var; todos estaban entusiasmados, excepto los gemelos que no conocían más que de nombre a la famosa berserker.
Al sobrevolar la isla, Fishlegs tomó el mando, ya que era el único que había captado las indicaciones que Hiccup les había dado.
—Debemos volar hacía allá. —Señaló hacia la blanquecina playa y bajaron en picada.
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Mientras tanto, en un casita escondida entre las hierbas; Heather se acababa de levantar, era el segundo día de reconciliación continua con su marido y estaba agotada, además que ambos habían descuidado sus tareas. Era tiempo de volver a la realidad.
—Deberíamos pelear más seguido. —dijo Spinel tomando el tarro con una bebida caliente que su esposa le ofreció.
—Que gracioso. —Golpeó Heather su cabeza, luego se sentó en sus piernas. — ¿Qué tenemos pendiente?
—Pues me gustaría seguir acostado contigo, pero me preocupó aquello que me dijiste de esa mujer que drogaba dragones, me interesa saber qué utilizaba para buscar un antídoto.
—¡Excelente! Entonces preparé todo para incursionar en el bosque.
Heather se levantó y empezó a guardar muchos utensilios para su investigación en una bolsa; sin embargo los ladridos de Kaiser la alertaron al igual que a Spinel. Escucharon ruidos extraños y pensaron en algún enemigo, amigos de aquella mujer. La berserker tomó su hacha, mientras que el médico la ballesta y fue por enfrente para disparar primero si era necesario.
Abrió la puerta de golpe apuntando con la ballesta hacia el frente, pero lo que se encontró fue únicamente con su perro que le ladraba a un grupo de extraños, mientras que Windshear jugueteaba con otros dragones.
Heather se asomó por encima de su hombro, y sus ojos brillaron al ver de quienes se trataba.
— ¡Amigos!
— ¡Oh, mira es Heather! —dijo el nervioso Snotlout, el blanco principal de Kaiser. — ¡Sálvanos!
—Kaiser, déjalos. —ordenó Spinel al ver que eran conocidos de su esposa, el perro obedeció y corrió a su lado sin bajar la guardia.
Heather dio un paso hacia adelante, aun con una incrédula sonrisa al ver a todos sus amigos frente a ella.
— ¡Heather! —la primera en saltar fue Odalys que se adelantó para abrazarla con fuerza. — ¡Me alegra que estés bien!
—Me alegra mucho verte de nuevo Odalys. —Saludó Heather apretándola con la misma fuerza.
Pronto Fishlegs y Snotlout se adelantaron para saludarla con el mismo aprecio; el segundo con mucho respeto, pues pudo apreciar claramente al varón por la que la berserker lo había reemplazado y a su primo.
Mientras tanto, los gemelos permanecieron distantes del reencuentro.
— ¿Así que ella es la que buscábamos? —Apreció Ruffnut viéndola de pies a cabeza. —Pues si está algo bonita.
— ¿Algo? ¡Está preciosa! —admiró Tuffnut encantado. —Ese Hiccup sí que tiene buenos gustos.
—Hombres…—rodó la rubia sus ojos con fastidio.
— ¿Quiénes son ellos? —escucharon decir a Heather.
Pronto la atención se enfocó en ambos gemelos.
—Te presento. —Odalys la tomó de la mano y condujo a su amiga hasta donde estaban los hermanos. —Ella es Ruffnut y el es Tuffnut… mi novio. —le susurró en secreto.
Heather sonrió ampliamente y extendió su mano primeramente al chico rubio.
—Un placer conocerlos.
—Él placer es todo mío mi lady… —saludó Tuffnut como todo un caballero. — ¡Y qué increíble dragón tienes!
—Se llama Windshear. —presentó la berserker, luego extendió su mano hacia la gemela, quien la tomó sólo por cortesía.
— ¿Aun no puedo creer que tú seas la persona que estábamos buscando?
Heather no respondió ya que la chica la veía con cierto recelo, aunque no entendía del todo, supuso que era porque no la conocía y la habían embarcado en una travesía para buscar a una desconocida.
—Tuffnut y Ruffnut llegaron junto con la princesa… Camicazi. —contó Odalys precavidamente.
Fue entonces que Heather entendió más la situación, era amigos de aquella chica que la había salvado, era más que obvio aquel recelo.
—Bueno, parecen cansados… ¿Por qué no pasan? Prepararé algo de comer.
— ¡Comida! Que bien. —dijo Tuffnut entusiasmado.
—Hace mucho que no comemos tu deliciosa comida. —dijo encantado Snotlout, logrando que Ruffnut se molestara y se mostrara celosa ante lo que parecía la chica perfecta.
—Heather, ¿y no nos presentarás?…—insinuó Odalys señalando al atractivo chico que aun veía el recuentro desde el umbral de la puerta.
—Por supuesto. —la berserker camino hasta llegar a un lado de él y tomó su mano. —Él es mi esposo Spinel Vulkan, la persona con la que he estado todo este tiempo.
—¡Vaya! —admiró Ruffnut en voz bajita. —Hasta yo abandonaría a Hiccup por alguien como él.
Snotlout carraspeó ante su susurrante comentario, se puso celoso, aunque no tenía porque, si él era más apuesto que Hiccup y Spinel juntos.
—Pero para eso me tienes a mí…—dijo vanidosamente.
—También a ti te cambiaría por él. —contestó la gemela para su venganza personal, se cruzó de brazos y le dio la espalda, aun molesta con los halagos que le había dado a la chica perfecta.
—Oh, pues yo también te dejaría por Heather o por As-Camicazi. —imitó Snotlout aquella absurda posición.
Mientras tanto, los demás eran espectadores de aquella dramática y cómica discusión.
— ¿Aquellos dos se gustan? —preguntó Heather confundida.
—Sí, tiene una rara forma de expresarlo. —admiró Tuffnut con una risita. — ¡ahhh, ignóralos!
—Sí, mejor vamos a comer… muero de hambre. — Concordó Fishlegs.
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Entre graciosas discusiones, y divertidas anécdotas pasó la comida, cuando llegó el momento de reposar, todos se sentaron en la mesa para degustar un tarro de hidromiel, para ese entonces Ruffnut y Snotlout habían hecho las paces, y la primera pudo confiar un poco más en la berserker.
—Por cierto… ¿dónde está su jefe? —se atrevió a preguntar Spinel.
Hasta ese entonces habían evitado hablar de la otra pareja para evitar incomodidades a Heather; sin embargo esta lució todo el tiempo tranquila, incluso tenía curiosidad de lo que le había pasado a su amigo y nueva amiga.
—Ah… bueno él… y As… Camicazi. —dijo Odalys con cuidado, ya que la verdad de la esclava sólo quedaría entre el grupo de jinetes. —Ellos… se casaron y se fueron lejos para estar un tiempo a solas.
—Pensé que ya estaban casados. —Comentó Spinel confundido.
—Sí, ¡fue más una renovación de votos! —se adelantó Fishlegs a responder.
Heather sonrió levemente. —Me alegra por ellos, se lo merecen, se ve que realmente se quieren.
—Esto es algo incómodo. —Opinó Ruffnut como no queriendo.
—No es incómodo, las cosas son como deben de ser. —dijo Heather. —Les deseo a todos la felicidad del mundo, y me gustaría que le hicieran saber a ella que le estoy muy agradecida por haber salvado mi vida, por idear este loco plan de buscarme y también que me encantaría seguir siendo su amiga.
—Se lo haremos saber. —dijo Fishlegs contento de la nobleza de la chica.
—Heather, yo también te deseo toda la felicidad del mundo, aunque no sea conmigo. —dijo Snotlout dramáticamente, ganándose un golpe por parte de la sutil rubia.
—Tú no cambias Snotlout. —rio la berserker. —Cuida y protege lo que ya tienes.
— ¡Claro, claro! Ella es mi princesa. —aduló este a la molesta rubia que se sonrojó, como odiaba que le dijera princesa, pero a la vez era encantador.
—Bueno, entonces creo que ya todo está bien... —concluyó Spinel al ver que todos, incluso el no presente matrimonio, estaban felices.
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Pasada la tarde, los jinetes se retiraron en sus dragones, aún tenían otra parada que realizar; se despidieron de Heather con la promesa de volverse a ver otra vez, aunque les fuera difícil; pero siempre estarían ahí aunque fuera sólo en sus corazones.
—Heather…—habló Spinel una vez que los jinetes se perdieron entre los colores del atardecer.
—¿Sí?
—Nosotros también debemos seguir adelante, cuando termine mi investigación viajaremos a un nuevo lugar ¿estás de acuerdo?
—Sabes que iré a donde quiera que vayas.
Heather, con una sonrisa, tomó la mano de su marido y lo encaminó a su temporal hogar, pues como le había dicho su marido, pronto se irían para descubrir nuevos lugares.
OOOOOOOOOO
Hiccup y Astrid seguían disfrutando de su tiempo a solas; se entretenían fácilmente con cualquier cosa y obviamente con el tiempo que pasaba muy a solas; el castaño empezó a trabajar nuevamente en el prototipo del dragón volador, para disgusto de su esposa y Toothless, que ya lo había tenido que salvar en múltiples ocasiones.
—Hiccup, ¿otra vez con esa cosa? —Regañó Astrid al verlo entretenido cosiendo unas telas que parecía ser una alas nuevas.
—Funcionará Mi Lady… confía en mí.
—Claro, como en el prototipo 1, 2,3…—empezó a enumerar en los dedos hasta llegar al número 15.
—Pruebas experimentales. —justificó.
— ¿Qué no ves que Toothless ni yo estamos de acuerdo?
El mencionado dragón se acercó y asintió en total de acuerdo con la rubia, ese traje que su amigo fabricaba lo ponía muy celoso.
—Lo sé, lo sé… pero pronto verán los beneficios, confíen en mí.
—Oh Hiccup, ¿qué no ves que lastimas los sentimientos de Toothless? —dijo Astrid dramáticamente, y Toothless la apoyó al momento que gruñó con tristeza y se apoyó entristecido en su pecho.
—¡Qué buenos actores son ustedes dos! —se burló.
—¡Argggg... está bien! —gruñó Astrid al igual que Toothless. —Sólo prométeme que tendrás cuidado y no harás tonterías.
—Lo prometo Mi lady. —dijo Hiccup sin prestarles mucha atención ya que había terminado de coser y dar los últimos retoques a su extraña ala.
— ¿Le crees? —preguntó Astrid con sarcasmo al dragón.
Este indiferente negó con su cabeza, y mejor se adelantó a lo alto de la cascada de donde su amigo probablemente se arrojaría… otra vez.
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Los días seguían pasando rápidamente, pronto Astrid se vio cooperando en el diseño de traje de Hiccup, aconsejándole si se veía bien o no, ya que ella, según Hiccup, tenía la palabra final con respecto al diseño; el botón que le había dato lo uso como un adorno que sería parte de una nueva y perfeccionada armadura.
—Bien, pondré agua para hacer la cena…—Avisó Hiccup cuando le dio los últimos toques a un casco que tenía unas pequeñas escamitas como las de un dragón.
— ¿Qué harás hoy? —preguntó Astrid también terminando de arreglar lo que sería su nueva ropa.
—Estaba pensando en pescado con hongos y verduras sazonadas con hierbas.
—Suena delicioso. —saboreó Astrid. — ¿Te puedo pedir un favor?
— ¿Qué?
— ¿Me puedes enseñar a cocinar? —pidió apenada, pues en las últimas semanas Hiccup era el que cocinaba, ella sólo cortaba los ingredientes y lavaba las vasijas.
El muchacho soltó una risita, ocasionando que Astrid frunciera su ceño con molestia.
— ¿Y yo qué gano si te enseño a cocinar? —preguntó coquetamente.
Astrid al notar su juego, sonrió y se le acercó también con coquetería, se puso de puntitas y se apoyó en su hombro para decirle un secretito. Hiccup esperaba que le dijera algo que fuera muy excitante pero gran sorpresa se llevó cuando su esposa le metió el pie para hacerlo caer, después lo tumbó junto con ella y lo hizo rodar de tal manera que ella quedara encima de él.
—Te ayudaré a mejorar tu defensa. —ofertó divertida, atrapando sus brazos y subiéndolos por encima de su cabeza.
—Elemento sorpresa. —dijo el adolorido chico. —Me gusta… aceptó.
—Trato hecho. —aceptó Astrid dándole un besito y se levantó para darle la oportunidad de levantarse y tronarse unos cuantos huesos.
La comida no se aparecía sola, tenían que pescar primeramente, por lo que ambos arrojaron una red al lago y esperaron un tiempo hasta asegurarse que habían atrapado; cuando la trampa pareció revolotear por debajo del agua, ambos se apresuraron para sacarla; mano con mano se apoyaron hasta ver que lo que habían pescado era un enorme pez y otros más pequeños con la que los dragones y ellos se darían un buen festín.
OOOOOOOO
— ¡Listo! ¡Saquémoslo! —ordenó Eret tomando con fuerza junto con su padre aquella red donde varios peces revoloteaban.
Camicazi y Erat veían maravilladas la labor de los hombres, y dieron un grito escandalizado cuando los peces cayeron en el gran depósito que tenían en cubierta y les mojó los pies.
Después de semanas de habérselo pedido, la pequeña niña había logrado que su padre y hermano la llevaran a pasear, y por supuesto invitó a Camicazi, quien también ignoraba como se realizaba toda aquella labor de pescar. El viaje era cansado e incluso oloroso y sucio, pero fueron aspectos que poca importancia le tomó la ya no tan vanidosa princesa.
— ¿Ahora qué sigue? —preguntó acercándose a la gran caja donde los peces daban sus últimos brincoteos de vida.
—Limpiarlos. —dijo Eret pasándole una navaja.
—¿Quieres que lo haga? —preguntó Camicazi confundida.
—No es difícil, anda se hace así.
Eret tomó sus manos, un acto que sólo podía hacer él, ya que la chica le había dado su confianza. Le pasó un moribundo pez a la nerviosa Camicazi, pero a esta se le resbaló pues el animal estaba todo baboso y se movía con frenesí. La torpeza de la princesa siempre hacía reír a los Erets, pero estos admiraban su fuerza de voluntad y su capacidad de lograr las cosas que se proponía en tan poco tiempo.
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Para Camicazi era un placer vivir con aquella familia, sus problemas y pesadillas las dejaba simplemente atrás, esa era la vida que siempre había añorado, sólo sentía que algo le faltaba, pero no estaba seguro de cómo abordarlo, estaba experimentado algo nuevo y que jamás había sentido con otra persona.
—Hey, Camicazi. —llamó Eret, el joven la había estado buscando hasta que dio con ella en la playa. —La cena está lista.
Camicazi, quien estaba sentada en la arena, sintió su corazón palpitar con fuerza con sólo escuchar su voz, lo admitía, estaba enamorada de Eret hijo de Eret; pero querer a alguien le daba miedo, en especial porque no creía poder corresponderle a alguien después de lo que Arie le había hecho.
—¿Camicazi?
Eret se acercó y le tendió su mano para ayudarla a levantarse; Camicazi la tomó con delicadeza, le gustaba el hecho de que él tuviera manos grandes y fuertes a comparación de las suyas que eran pequeñas, y fácilmente quedaban envueltas entre las de él.
— ¿Estás bien? Tienes las mejillas rojas. —observó Eret con cuidado.
Se sintió tonta, pero más tonto lo consideró a él, en el buen sentido, ya que no se daba cuenta de lo que le provocaba.
—No pasa nada. —tranquilizó a su corazón para no verse tan obvia.
— ¿Segura?… porque sabes que siempre puedes confiar en ti, siempre estaré para ti.
— ¿en serio? —preguntó con melancolía y su sonrojo se intensificó. — ¿Por qué?
—Sí, porque bueno… creí ser obvio… estoy… estoy enamorado de ti.
La sincera confesión hizo que el corazón de Camicazi revoloteara de alegría y emoción, llevó sus manos a su pecho en un intento porque este no se le saliera del pecho ante lo que también tenía que confesar.
—Yo también… estoy… enamorada de ti.
Eret suspiró con alivio, muy dentro de él creía que ella merecía algo mejor por el simple hecho de ser una princesa, pero estaba equivocado, ella le correspondía y al parecer con la misma devoción con la que él la quería. Se acercó a ella y con delicadeza alzó su barbilla, ya que había algo que deseaba hacer desde que supo que la amaba.
— ¿Puedo? —pidió con respeto.
Camicazi asintió ya que ella también quería eso; Erete lentamente se empezó a acercar su rostro, la princesa casi podía sentir la cercanía de sus labios con los de él; sin embargo, de repente las imágenes de Arie besándola con rudeza bajo la noche de tormenta llegaron a ella como un rayo y se separó de él antes de que hiciera contacto con sus labios. Empezó a respirar agitadamente y se reprochó el no poder olvidar aquella noche infernal.
—Lo siento. —chilló apenada.
—Tranquila. —confortó Eret comprendiéndola. —Trabajaremos en eso. No te preocupes, como dije: yo siempre estaré para ti, esperaré lo que sea hasta que estés lista.
Camicazi asintió con los ojos empapados por las lágrimas, sonrió levemente, le encantaba todo lo de aquel hombre y por su compresión se había enamorado de él. Se acercó lentamente y lo abrazó con añoranza y amor, al menos eso podía hacer sin las que imágenes de Arie llegaran a su mente. Y trabajaría duro para olvidar el pasado, para ser la mujer que Eret merecía que fuera.
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Las semanas habían pasado rápidamente; Hiccup había pasado los días más maravillosos de su vida; sin embargo tampoco podía dejar de pensar en lo que pasaba en Berk, aún tenía una obligación para con su pueblo, quién sólo los dioses sabían qué estaba pasando en este momento con su ambicioso abuelo al mando; pero también tenía una obligación para aquella mujer que yacía dormida abrigada entre las pieles. ¿Cómo podía mantenerla a salvo y a la vez a su pueblo?
La mentira y aquella marca en el cuello de su esposa eran un gran peligro; la segunda consideró borrarla mediante otra marca con hierro ardiendo, pero no se atrevía, nunca dañaría a su esposa de esa manera, de sólo pensar que quemarla le causaría gran dolor hacía que los vellos del brazo se le erizaran. Sin embargo para el principal problema de la mentira encontró una alocada solución, algo con la que tanto su pueblo como ella no sufrirían, o al menos eso creía.
— ¿Hiccup? —se levantó Astrid adormilada. — ¿Qué estás haciendo? Ven a dormir.
—Sí, es sólo que estaba pensando… creo que ya encontré una solución para el problema de tu identidad.
Astrid despertó en un parpadeo y observó que Hiccup estaba ansioso por decir lo que se le acababa de ocurrir.
— ¿Cuál?
—Astrid… para mantenerte a salvo y a la vez a las personas de Berk de Eero…—hizo una pausa. — ¡Creo que debemos formar nuestra propia tribu!
Fin de la segunda temporada: "Búsqueda"
Comienzo de la última temporada "Libertad"
Y he aquí el final, y sí le di el típico cortón y fue algo de relleno, creo que dejé algunas cosas al a aire, pero bueno espero se esclarezca con el paso del fic XD, que por cierto, no sé cuántos capítulos abarcará la siguiente temporada.
Por cierto, de la opinión de Astrid para con el traje de Hiccup, es debido a que en el artbook de HTTD Dean Deblois, dijo que el diseño del Hiccup debía tener una buena perspectiva para su novia XD.
Violeta: jajaja en sí, nunca he visto ciudades de papel y supongo que algún día la veré XD, así que ni idea con los personajes y con respecto al broche, ni me acordé del sinsajo XD, ya sé que mala fan, más bien es por esa imagen que circula que dicen que Hiccup tiene en su traje de vuelo el símbolo del nadder, aunque unos dicen que es un pesadilla monstruosa, en fin, yo aquí pongo que es un nadder.
Sakura Yellow: XD bueno en este no hubo mucha, pero esos dos seguirán intentándolo, sí claro XDD, espero te haya gustado. Saludos.
Astrid Pizarro: Gracias, espero te haya gustado este capítulo, muchas gracias de nuevo. Saludos.
Flopi: espero te haya gustado el capítulo. Saludos.
Alexandra: sí, es hora del puro Hiccstrid sin restricciones. Saludos.
Melody: pues por el momento serán felices y mantendrán todo oculto, pues a pesar de que Camicazi sea feliz por otro lado, aun tiene a merced a Astrid, pero podrá está chica cambiar del todo y darle su libertad? ;) será lo que pase en la siguiente temporada. Saludos.
Nube: espero tener más momentos con miel, aunque no tan intensos XD, me salí de mi zona de confort. Saludos.
Jessy Brown: me alegra que te haya gustado todo XD, ese Tuffnut es todo un loquillo, pero sus consejos son buenos. Saludos.
Vivi: bueno, creo que para el próximo capítulo ya se sabrá de la reacción de Bork ;). Saludos.
Maylu: XDDD toda la indirecta XD, pero sí, bueno me salí de mi zona de confort para la escena de Hotcake. Saludos.
Mad Lady: Bueno en sí, Snotloiut y Ruffnut son una pareja, pero extraoficial, pero será como digamos una relación libre, creo que va con su estilo y personalidades, y pues la nueva pareja es Camicazi y Eret, que tendrá que ir poco a poco. Saludos.
Sigrir: XD, sí me salí de zona de confort con lo que escribí y pues en cuanto a Camicazi, supongo que tomará más fuerza su papel en la siguiente temporada. Saludos.
Steffani: bueno como se pudo apreciar, la verdad se aplazará un poco más para los demás y realmente porque puede que el presentimiento de Astrid se haga realidad. Saludos.
Nina: XD si creo que me pasé de la mano, como he dicho anteriormente me salí de mi zona de confort, supongo que los demás serán leves, eso quiero creer XD, será difícil. Saludos.
Pony Salvaje: gracias por tu apoyo, y bueno ya se fue así que ni para que molestarse en escribirle a quien sea que sea, a seguir disfrutando del fic, espero te haya gustado. Saludos.
Dragon viking: XD, y pues si que les gustó a esos dos, hubo fuertes declaraciones XDD y bueno ahora Camicazi y Eero tendrán fuerza en sus papeles en el siguiente capítulo. Saludos.
Dark Hime: jajaj bueno seguirán los momentos Hiccstrid… por el momento XD, porque si se encontrarán con uno que otro problemilla y nuevos personajes aparecerán. Pero el hiccstrid prevalecerá. Saludos.
Diane: XDjajaj muchas gracias, pero sí creo que me pasé un poquito está vez, me sentí medio pervertida XDDD, pero bueno las cosas como son y esos dos no tendrán llenadera. Saludos.
Jessi: Prometo que sí, pero lo releo y creeme que no los veo hasta que los veo publicados XD, raro. Saludos.
Codry XDDDDDD, sí hiccstrid ¡!. Saludos
Amaido: muchas gracias, XD de verdad ha sido un gran reto y gran placer escribirlo. Saludos.
A los seguidores, favoritos y lectores anónimos, hasta la próxima. Saludos.
30 oct. 16
