.
Cambiare o moriré en el intento ...
Capítulo 36 - ¡Guarda silencio!
.
Después de recoger a Karen del teatro. Sam y la muchacha se fueron. Caminaban por las calles oscuras. Que eran alumbradas por los faroles.
-Sonríe, Karen. ¡Jajajaja! Sonríe mientras puedas, Kleis…- decía Susanna, mirándolos de lejos.-Primero debo encargarme de Candy, después de ti. Muero de la impaciencia...
.
.
.
-¡Vaya! Te tomas en serio tu trabajo, ¿Eh?-decía Karen. Mientras veía los detalles del departamento de Sam. Luego de entrar.
Observo los libros apilados al lado de la mesa. Y observo varios papeles arrugados en su papelera. Miro los pequeños pomos de tinta al lado de los libros que tenia. La mayoría eran de la Biblioteca. Sonrió al ver el orden meticuloso de todo. Como si el mínimo cambio de orden de esas cosas fuera fácil de detectar.
-Necesitas un librero.-decía Karen.
-¿Tu crees?-pregunto Sam, observando todo de reojo, sin preocuparse mucho.-Parece que si. Y eso que tengo mis lienzos y pinceles en una caja bajo mi cama.
-Creo que ni un acomodador hubiera hecho mejor trabajo organizando todo.-decía Karen, de manera graciosa al ver que en efecto habían varias cajas bajo la cama del joven.
.
.
-¿Sabes cocinar, Sam?-pregunto Karen, observando al muchacho picar unas verduras sin dificultad.
-Sí, algunas comidas. Te acostumbras después de unas cuantas veces de quemarte o cortarte…
-¡Jajajaja! Suena a que eras muy descuidado, Sam.-menciono Karen, mientras se fijaba de la olla que estaba hirviendo.
-Tal vez, Karen, pero créeme mejore bastante.
-Si, más te vale.-dijo Karen, apuntándolo con su dedo índice sonriendo.
"Podría ser menos agradable, pero es así… Sam, me sorprendes. No por cocinar, sino por ser así." Pensó Karen, mirando a Sam.
-Le falta sal.-decía Sam, tras probar un poco de lo que estaba preparando.
-Yo le agrego, Sam. Si no nos sabrá desabrido.-Karen, le echo un poco de sal. Tomo un poco con la cuchara tras aplicar la sal y se la acerco a Sam para que lo probara.- ¿Esta mejor así?
-¿Eh? Sí, esta mejor…-decía Sam, después de probar la cuchara que le acerco la muchacha. No pudo evitar sonrojarse por ese detalle.
-¿Si? Es verdad.-dijo Karen, después de probar un poco ella también.
"¿Acaso esto es una cita?" Pensó Karen, tocando su barbilla. Se acaloro de solo pensar en esa posibilidad.
"¡Cielos! Si parece. Estoy sola con Sam en su departamento. Es tan… Tan romántico…" Pensaba Karen, quien salió de sus pensamientos. Al sentir que Sam le toco el hombro.
-¿Te sientes bien, Karen?
-¡Ah! Claro que si, Sam. ¿Por qué estaría mal?-dijo Karen, entrecerrando los ojos.
"No es una cita, ¿O si?" Se pregunto Karen dentro de si.
.
.
.
-Esta tan…-iba a decir Karen.
-¿Feo?-pregunto Sam, antes de probar su plato.
-¿Qué? Iba a decir delicioso, Sam.-decía Karen, antes de meter una cuchara en su boca.- ¡Benditas sean tus manos, Sam!
-¿En serio? Es que a veces no sale como me gustaría…-comentaba Sam, antes de probar su plato.
-En ese caso eres muy exigente con la comida, o contigo mismo, Sam.-decía la castaña.
-Me recuerda a cuando era niño, ¿Sabes?
-¿La comida?
-No, bueno si. Es que mi madre me decía que la ayudara, cuando ella preparaba la comida. Me pedía que lavara las verduras. Siempre andaba diciendo que se debía comer bien, tanto que ella misma cocinaba.
-¿Ella te enseño a cocinar?
-No, pero recuerdo como lo hacia. Como era hijo único me pedía que le ayudara, según decía porque no quería que hiciera travesuras…
-Debió decirte eso porque seguro que eras muy travieso.-decía Karen.
-Era un niño, los niños son así.
-Si es cierto. Yo quería saber si…-decía Karen, pero se detuvo. "¿Qué estoy haciendo? Seria extraño preguntarle eso." Pensó la castaña.
-¿Qué? ¿Qué quieres saber, Karen?-pregunto Sam, mirando a la muchacha. "Seguro me dirá que le agrado esto, pero que solo me ve como su amigo. En tal caso me lo merezco. Pero… Pero al menos le diré algo. Luego no me quedare en el limbo. Es mejor que me diga si no me podrá ver de otra forma después. Si es lo mejor." Pensó Sam.
-Olvídalo, Sam. No es nada.-Karen volvió a mirar su plato.
-¿Te gusta?-pregunto Sam. "¡Así no! Se mas especifico. ¿Por qué haces preguntas que no van al caso? Hasta Ame estaría mas serena en una situación así. ¡Ya ni se que cosas digo!" Pensó Sam. Acomodando sus verduras con su tenedor. Las aplastaba una a una.
-¿Qué cosa, Sam?-pregunto Karen. Mirando al muchacho.-Si te refieres a la comida. No exageraba. ¡Esta delicioso! No juegues con tus verduras. Ya veo porque tu madre te mandaba estar quieto.-sonrió Karen.
"Hasta ella diría que me deje de juegos." Pensó Sam. Quien no se refería a las verduras.
-Quisiera saber tu opinión sobre algo que quiero preguntarte, Karen.-decía Sam.-Escucha, no me debes de responder de inmediato si sientes que no tienes una respuesta. Por lo que…
-¿Quieres que te ayude con algo? Solo dime y te ayudare, Sam.
-No es eso. Veras tu…Tu… Creo que eres muy simpática.
-¿Qué?-se sorprendió Karen, dejando su cubierto suspendido en el aire.
-Quiero decir que me pareces una muchacha preciosa, y no solo lo digo en sentido físico. Sino también por dentro. Tienes esa belleza que no tienes todas las personas…
-Sam…-Karen tenia las mejillas sonrojadas.
-Se que no nos conocemos demasiado, pero en este poco tiempo ha sido suficiente para darme cuenta que eres una persona especial, Karen. Tú me gustas. Me gustas mucho. Y se que podre quererte con todo mi ser. Si me das la oportunidad de hacerlo. -decía Sam, cerro los ojos como esperando que la castaña se echara a reír o que le dijera que estaba loco. Era la primera vez que se declaraba a una muchacha. No había pensado demasiado en lo que diría, solo dijo lo que le salió del corazón.
Karen estaba sorprendida por lo que había dicho Sam. Tomo la mano del muchacho. Haciendo que este le mirara atentamente. Podía verse reflejado en los ojos de la castaña. Quien abrió un poco los labios.
-Sam, tu también me gustas…-dijo Karen, sostuvo la mirada del joven.-Incluso quería preguntarte si esto era una cita…-Karen sonrió.-Parece que acerté, Sam.
-¿Lo dices en serio?-pregunto Sam, mirando con asombro a Karen.
-Claro que si. No podría jugar contigo.-decía Karen, fingiendo enojo.-No seria capaz. Y se que tu tampoco.-dijo la muchacha, antes de sentir que Sam cerraba su mano en la de ella.
-¿Quieres ser mi novia, Karen?-pregunto Sam.
-Sí, si quiero, Sam. –decía la castaña, antes de acercarse a Sam para abrazarlo. Quien la recibió con los brazos abiertos. Sintiendo como el latido de sus corazones se acompasaba. No había necesidad decir con palabras lo que se leía en sus ojos. La castaña alzo la vista para ver a Sam.
-Te quiero, Karen.-dijo Sam, acariciando una mejilla de la muchacha. Quien se acerco más a su rostro. Buscaron sus labios antes de fundirse en ellos. Quitando así cualquier recuerdo agridulce de cualquier amor pasado. Que otros no los hubieran sabido valorar era cosa de ellos. No les importaba nada que no fuera esa sensación cálida de saberse correspondido.
Flotaba ese ambiente acogedor. Tras separarse juntaron sus frentes. Sam no podía definir lo que esa caricia había despertado en él. En definitiva era un sentimiento nuevo, uno que pensó nunca tener. Había dejado el recuerdo de Helena en el pasado. La recordaba con afecto, mas no con el mismo sentimiento que guardaba por la castaña.
Se prometió a si mismo siempre cuidar de esa muchacha. Aquella que también lo quería. ¿Podía estar más feliz? Después acompaño a Karen a donde estaba viviendo ella. Claro tampoco deseaba que algo le fuera a pasar en el camino. Una muchacha sola por la noche podía ser blanco de cualquier inescrupuloso. La acompaño hasta la puerta de entrada.
-Adiós, Sam.-se despedía Karen.- Deberíamos hacerlo otro día. ¿No crees?
-¿Qué? ¿A que te refieres, Karen?-pregunto Sam, sin entender.
-Cenar juntos, Sam.-decía Karen.
-Claro. No será la ultima vez, Karen.
-¿Lo prometes, Sam?
-Sí, siempre veré que tengamos momentos como esos. Sin importar que tan ocupado pueda estar alguna vez. Es una promesa. ¡Adiós, Karen! Te veré mañana.-dijo Sam, antes de alejarse.
-Hasta mañana, Sam.-decía Karen. Estaba sonriendo. Recordando cada beso que se dieron. Incluso pudo haber llegado a más, de no ser porque Sam pudo detenerse antes de dejarse arrastrar por esa pasión que tenia guardada. Sentía que debía respetar a su novia.
Apenas y se lo creía, no cabía de tanta dicha en su pecho. Caminaba por las calles oscuras, solo le seguía su sombra. No sentía el frio del viento. Tenia caliente el corazón. Tenia esa calidez de saberse querido.
"¡Bien hecho, Sam!" Le pareció escuchar al joven.
.
-¡Ah! Es mi conciencia.-se decía Sam.- ¿Dónde se supone que estabas antes?
.
"¡Que antes no me escucharas era tu asunto, niño!" Movió la cabeza Sam como negando.
.
-Es que a veces puedo ser terco.-dijo Sam, caminando.
.
.
.
.
.
Esa misma noche…
En otra parte de la ciudad de New York una muchacha rubia lacia entraba a un establecimiento donde se reunían personas de mal vivir. Había ido solo con un propósito. Quería que la ayudaran con un asuntillo. Un asunto que tenía pecas y unos hermosos ojos esmeraldas.
Susanna estaba en ese lugar poco recomendable para una señorita solo para llevar a cabo su siniestro plan. Sonrió al ver a unos jóvenes que jugaban cartas en una mesa alejada. Se acerco a ellos de manera casual.
.
-Hola, caballeros. Necesito pedirles un favor.-dijo Susanna. Cuando estuvo frente a la mesa de esos jóvenes con pinta de maleantes. Estaban tres jóvenes sentados.
Uno de ellos soplo el humo de su cigarrillo, haciendo que la rubia lacia tosiera.
.
-¡Vaya! Parece que una señorita de sociedad se perdió y busca a su madre…-decía un joven, con mofa. El mismo que había arrojado el humo. Miro con interés a Susanna. La encontró bonita.
-Solo es una muchacha mimada, jefe.-dijo otro joven, que en ese momento echaba una carta a la mesa.
-¡Maldición! Eso es trampa.-decía el joven, que tenia el cigarrillo en mano. Mirando las cartas sobre la mesa.-¡Has estado mirando mis cartas! ¿Qué clase de favor desea, señorita?-miro a Susanna.
-Jefe, no parece confiable esa chica.
-Tú no te metas y reparte otra vez las cartas. ¿Qué se le ofrece a una joven tan bonita como usted?
-Verán quiero que ayuden a desaparecer a alguien.-decía Susanna.
-¿Así? Suena interesante. ¿Quién es esa persona? ¿Algo personal?
-¡Oh, si! Debe de desaparecer si o si.-decía Susanna.
-Toma asiento, linda. Y cuéntanos más sobre esa persona que quieres desaparecer.
-¡Espere, jefe! ¿Y como nos va a pagar esa chica? Se ve que no tiene ni un quinto.
-No tiene ni una mosca. (Moneda o dinero)
-¡Cállense! Ya sabré yo como cobrarle después. ¡Mathew, reparte las cartas!-grito el joven, antes de apagar su cigarrillo en el cenicero.
-Si, jefe.-decía otro joven, barajeando las cartas.-Estoy en eso. No se desespere. Quien diría que nos reencontraríamos aquí. En América. Después de haber estado en el colegio…
-¡Cállate tu! Deja de hablar de ese maldito colegio. Solo reparte esas malditas cartas. Y usted, señorita, síganos diciendo a quien debemos desaparecer.
-¿Me ayudaran entonces? ¡Se los agradezco!
-Nada de eso, señorita. Ya sabrá como agradecer después. ¡Jajajaja!
-¿Y nosotros que, jefe?
-Si me sigues interrumpiendo te dejare encerrado así como a la mocosa americana.
-Bien, me callo. Me callo, jefe.
-Esa persona que quiero que desaparezcan se llama Candice Graham.
-¿Dijiste Candice? ¿Sera la misma rubia idiota?
-Sí, exacto. No podrías tener una mejor definición de ella.-decía Susanna.
-¿Tiene ojos verdes y unas pecas?
-Sí. Así es ella…-decía Susanna, con desagrado.
-Su novio se llama Terrence Graham Gran…-iba a seguir diciendo el joven, pero Susanna le interrumpió.
-¡Sí!-decía Susanna. -¡Ella es la persona que quiero que desaparezcan! A Candice…
-Entonces pasamos.-dijo el joven, antes de encender otro cigarrillo.
-Pero… ¿Por qué?-pregunto Susanna.
-Conocemos a su novio. Créeme después de la última que lo vimos… Pues no queremos problemas.
-Menos con la influencia que tiene el principito…-decía joven otro con burla.
-¡Estúpido! Es duquecito, no principito.
-¿Duquecito? ¿De que hablan?-pregunto Susanna, sin entender.
-¡Como diantres fuera! Ese sujeto es lo último que quisieras ver. Lo siento, señorita, pero no queremos ver con ese sujeto. Otra persona estaríamos encantados… Aunque claro que nos gustaría molestar a Candice, pero… Pero no queremos nada que ver con Terrence…
-Pero…Pero…-decía Susanna.
-Entienda. ¡No haremos eso! Seria firmar nuestra condena a una muerte segura… El estúpido noviecito de Candice tiene influencia. Es de una familia importante. Nadie en su sano juicio se atrevería a atentar contra ellos. Estaríamos atentando contra un miembro de… ¿Para que pierdo mi tiempo explicando estas cosas a una chabacana muchacha? ¡Olvídalo! No te podemos ayudar. Busca a alguien mas, señorita. Si no desea algo mas vallase.
-Entonces lo hare yo misma.-decía Susanna, levantándose y yéndose de ese lugar con mirada siniestra.-Solo son un grupito de cobardes…
-¡Y tu una insensata! ¿Quién en su sano juicio molesta a la novia de un noble?-decía el joven, antes de volver a prestar atención a su cigarrillo y a sus cartas en sus manos. Solo observaron como la rubia lacia salía como desquiciada.
.
.
.
.
Al día siguiente en New York…
Terry había ido al teatro como siempre. Candy le despidió con una sonrisa. Deseándole un buen día. Observo como su esposo se iba. Se sonrojaba recordando sus besos y caricias sobre su cuerpo. Sentía que no le cabía tanto amor en el pecho. Con ese pensamiento en mente se dispuso a hacer sus quehaceres.
Decidió ir a enviar la carta que había escrito para Amelia. Se coloco un abrigo, porque la mañana estaba fría.
-¡Buen día, Candy!
-¡Buenos días, señora Deisy!-saludo la Pecosa a la casera.
-Se le ve contenta, Candy. Ve con cuidado.
-Si, señora Deysi. Gracias.-decía Candy, caminando hacia afuera del edificio.
.
Iba algo distraída que se sorprendió cuando alguien la saludo.
-Hola, Candy.
-¡Ah! Hola, Sam. Solo eras tú.-decía Candy.
-Si, primita. Soy yo. ¿Quién mas podría ser?-pregunto Sam, tranquilamente.
-Es que me distraje, y me sorprendí, Sam. Justo iba a dejar en el servicio del correo una carta que le escribí a Amelia.-decía Candy, antes de caminar por la vereda. Sam se dirigía a su trabajo en ese momento. Pero recordó que pasaba cerca de la oficina de correo. Por lo que camino cerca de Candy. Era temprano, de mañana. Se veía a otras personas caminando por las calles, no muchas pero si había actividad matutina.
-¿En serio? Se pondrá contenta Ame. Le gusta recibir cartas. Sobretodo de sus amigas. Aun no entiendo como se conocieron ustedes dos. Según recuerdo se conocieron por correspondencia.-decía Sam.
-Si, algo así dijo Terry. Porque llamaba a Amelia como "mi amiga por cartas". Te veo contento, Sam. Mas contento que de costumbre. Estoy segura que tienes buenas noticias. –decía la Pecosa.
-Sí, es que anoche le dije a Karen que quería que fuera mi novia y ella me dijo que si. Es verdad. No conoces a Karen. Es compañera de Terry, trabaja en la misma compañía de teatro donde esta Terry. Estoy segura que se llevarían bien ustedes dos.
-Suena como alguien agradable, Sam. ¡Felicidades, Sam! Ahora entiendo porque te ves así de alegre. Es bueno que te des la oportunidad de ser feliz.
.
.
-¿Quién lo diría? Parece que esos dos se conocen….-decía una joven rubia lacia, mirando escondida.-Interesante… Interesante…-se frotaba las manos con gesto de satisfacción.-Así mato dos pájaros de un tiro. ¿Qué mejor que eso? No podía pedir algo mejor… Candy…Candy… Así tenga que desaparecerte yo misma tu no te quedaras con mi amado Terry… No será así, Candy.
.
.
.
Candy dejo la carta como había dicho. No sabía que una muchacha la miraba atenta a cada cosa que hacia, cada gesto. Sintió que alguien la empujo contra la pared. Empujándola a un callejón solitario.
-¡No se quien se cree que es para tratarme así!-grito Candy. Escucho una risa siniestra.
-¡Jajajaja! Hola, Candy…-decía una voz melosa. Tan odiosa como su nombre mismo.-Así que al fin nos conocemos…
-No se quien eres, pero…
-¡Oh, se verdad! Perdone mi falta de modales, Candice… Eres más patética de cerca… ¡No puedo creer que a Terry le guste chicas como tu!
-¿Terry? Tú debes ser…
-Susanna Marlowe, para servirle a usted.-decía la rubia lacia, con burla.
-¡Susanna! ¿Qué es lo que quieres?
-¡Que te apartes de Terry! Solo esta contigo por lastima. Solo por eso… ¿Cómo pensaste que una chica tan simple como tu estaría al lado de alguien deslumbrante como Terry?
-¿Y tu cuando entenderás que no puedes forzar a las personas a amarte, Susanna?
-¿Sabes? Tú y yo tenemos cuentas pendientes que ver… Que son muy urgentes… ¡Jajajaja! ¡¿Qué esperan?! ¡¿Qué les de dinero si no hacen primero su parte?!-gritaba Susanna molesta. Antes de sonreír al ver a unos dos jóvenes que aparecían detrás de ella.- ¡A ella! La quiero en un instante. ¡Jajajaja! ¿No se que es lo mejor, Candy? ¿Si capturarte o hacerlo ver como abandono? Tú dirás…
-¡Eres una cobarde, Susanna! ¿No puedes resolver tus cosas sola? Necesitas de más personas para lidiar conmigo.
-Lidiar no, Candy. Deshacerme de ti. Eso quiero hacer.-decía Susanna. Sonriendo al ver que la muchacha oji-verde estaba furiosa y a la vez sorprendida. –Y no te preocupes, Candy. Yo cuidare bien de Terry…
-¡Que muchacha! Si te resistes será peor. Así que coopera, ricitos de oro.-dijo uno de esos jóvenes.
-¡Suélteme! ¡No me toquen!-gritaba Candy, apartando al joven que se le acercaba de manera amenazante.
.
Susanna solo sonreía con malicia. Al ver que tenían sometida a la muchacha oji-verde. Quien aun se resistía.
-Eres fuerte, ¿Eh?-decía Susanna, con mofa.- ¡Vámonos! Aun debemos hacer otro par de cosas con nuestra invitada…-sujeto un rizo de Candy. Quien quería gritar, pero sintió algo que la dejo helada.
-Solo grita y te iras al cielo.-le dijo Susanna, al ver que le apuntaron con una navaja en el abdomen.-Y si sobrevives te quedaras sin poder dar hijos… Así esta mejor, Candy. ¡Jajajaja! Calladita te ves más bonita.
.
-¿Acaso es… ¡Oh, cielos! Pero si es…-decía una joven que veía eso desde otro lado. Logro reconocer a Susanna.-Esa muchacha que tienen sujetada debe ser Candy. La esposa de Terry… Susanna esta demente… Debo pedir ayuda.
.
.
.
.
.
James no había podido conciliar sueño tras toda esa extensa conversación. Después de estar seguro que la fiebre le había bajado a Emma. La encargo al cuidado de la señora Mery, por si la fiebre persistía.
Se fue sin hacer ruido a su estudio. Tenia tantas cosas en que pensar. No encendió la luz aun. Extrajo unos papeles y los tendió sobre su escritorio con rapidez. Encendió una lámpara que estaba sobre su escritorio. Examino con detalle cada documento. Con mucho rigor. Detalle por detalle, punto por punto.
-Es cierto.-dijo James, tras revisar esos documentos. No era abogado, pero todo en lo que leía era sospechoso.
"No es lo que parece, James. ¡No lo es!" Había dicho Emily con lágrimas en los ojos. Se sintió mal de solo recordar ello.
Nunca pensó llegar a despreciar tanto a alguien como en ese momento sentía que despreciaba a Frank. Crispaba los puños con lo que recordaba que le había contado su prima.
Alzo la vista y se encontró con la imagen del cuadro que estaba colgado en esa habitación.
.
.
-Christine.-James miro el cuadro, observo su verde mirada serena y dulce.
-Desearía que todo solo fuera una pesadilla. Que solo fue un mal sueño, uno del que tú me despiertas, de un almohadazo.-sonrió ante esa ocurrencia.-Pero no lo es, Christine. Por desgracia todo es real. Hay asuntos que me urge resolver. El hecho que tú no estas con nosotros. Aun recuerdo cuando te pedí que el día que yo muriera que me enterraras junto a mis padres… ¡Pero no fue así!
Tú te fuiste. ¿Sabes? Aun duele. Duele porque ya tenía la idea de que envejeceríamos juntos. Que te daría una vida cómoda. Que veríamos crecer a nuestra hija o los hijos, que hubiéramos tenido. De haberse dado el caso.
Porque recuerdo que tú querías que cuando llegara a casa me recibieran muchos niños pequeños. Luego tú deseabas regañarles con cariño por no dejarme respirar, porque estoy seguro no dejarían de decir que les cargara primero… Pero no debes de estar triste por eso, Christine.
Amo la hija que me diste. Ella me es mejor que siete hijos. Y hubiera querido mucho también a la hija que se fue contigo. Están juntas... Las extraño. Se que nuestra otra pequeña hubiera sido buena amiga de Amelie...Habrían sido unidas… Lo se… Hubiera sido algo hermoso. Pero no se dio eso tampoco.
Encontré a Emily, mejor dicho ella me encontró. Me advirtió sobre Frank. Lo que no entiendo es porque no supe que Frank estaba interesado en ti… Te digo la verdad jamás me había dado cuenta de eso. ¿Acaso tú tampoco sospechaste nada? ¿Tan buen actor es Frank? No desconfió de ti, Christine. Jamás podría… Tú siempre estuviste a mi lado cuando mas te necesite… Fue por ti que no deje que nadie volviera a hacerme sentir menos… Fuiste tu quien me apoyo siempre. Estuviste cuando mi padre estaba enfermo, cuando después murió… ¡Nunca te lo pude agradecer! ¿Verdad?
Cuando Emily se fue jamás te burlaste por eso. Me tuviste paciencia… Tú tenías varios pretendientes, pero los rechazaste a todos… Pudiste haber hecho lo contrario desde un principio…Pero eras fiel a tus sentimientos… Lo eras… Todo porque me querías… Aun recuerdo que yo te decía que consideraras salir con otros muchachos, cuando aun estaba comprometido… Te decía eso, pero… En el fondo no quería eso… Más me decía que si te pedía algo en ese entonces solo terminarías perjudicada…Jamás te habría podido volver "la otra mujer"…
Merecías más… Por eso me portaba distante contigo, no por otra cosa… Aun recuerdo a esa niña pequeña de cabellos rizados que me dijo que volviera a casa, que no huyera de mis problemas… Que si lo hacia estos siempre me seguirían… ¡Debí preguntarte tu nombre! No lo hice, pensaba que te estaba imaginando. Así como cuando soñaba con mi madre…
¿Sabes? Me gustaste cuando eras pequeña... Aunque me di cuenta de eso tiempo después… Siempre recordaba a la niña del puente… De quien no sabía el nombre. Eras para mi "La niña de los ojos alegres"…
Años después lejos de encontrar un tesoro solo pescamos un resfriado por nadar en el río y por permanecer con la ropa mojada. ¡Jajajaja! Incluso mi padre se extraño porque a pesar del sermón que me dio, no me importo… Aun sonreía. Pensó que eso era rebeldía… Aun recuerdo que me dijiste temblando que de seguro ya nos habían robado el tesoro… No aceptabas que simplemente podías haberte equivocado de lugar… El tesoro eras tú… Solo tu…
.
.
.
.
.
A la mañana siguiente despertó temprano. Termino de alistar unos documentos. Había estado haciendo unas llamadas desde muy temprano. Tenía una lista de contactos en su agenda… Iba tachando nombres. Solo le faltaban unas dos personas a las que llamar.
.
"Lo bueno de una empresa tan grande, es que siempre hay quien este atento a ese tipo de cosas. Ya sospechaban que alguien dentro de la misma empresa era quien podía tener accedo a ese tipo de información confidencial. Lo arreglaste bien, Frank. Pero no lo suficiente. Lo más curioso es que has estado utilizando a tu hijo para tus propósitos… ¡Eres despreciable! Ni a tu propio hijo quieres. Mmm, bien. No te saldrás con la tuya. Me hare cargo de mi prima y de mis sobrinos… ¡No están solos! No dejaré que logres tu propósito… Es como si mi familia te hubiera hecho algo malo… Pero no te hicimos nada. " Pensó James.
.
-¡Buenos días, papá!-saludo Amelia, que estaba vestida elegantemente.
-¡Buen día, princesa!-saludo James, elevando la vista a su hija.
-¿Cómo amaneciste hoy? Luces cansado, papá… ¿Te quedaras a desayunar? No acepto un "no" por respuesta. Te espero en la mesa.-Amelia iba a retirarse, pero en eso.
-Amelia, espera. Hay algo que quería decirte…
-¿Así? ¿Y que será?-pregunto Amelia, tocando su barbilla como pensando.-Tal vez, ¿Quién es esa señora? ¿He acertado?
-Es mi prima Emily. Tiene un problema que debo resolver.
-¿Tu prima? ¿Bromeas?-pregunto Amelia, sorprendida.
-Amelia, no bromeo. Emily era hija del hermano de mi padre. Es decir tu tía. Debo de ir lo más pronto posible a la empresa. Tu te tomaras un descanso, de tu viaje, y…
-Desde luego que no, papá… Ya había quedado en ir hoy contigo…-decía Amelia.- Por lo que soy más útil contigo. Quiero ayudarte con tus asuntos… ¿Por qué no me dices que pasa? Y no digas que nada. Porque te conozco, y a ti evidentemente te molesta algo… No tengo cinco años, puedo ayudarte mucho, en verdad…
-Amelia.
-No. Iré contigo.-dijo la muchacha seria.-Te espero abajo para desayunar…
-Es… Es bastante extenso si te explicara todo. Algún día lo hare con detalle, pero ahora no sirve que te diga eso. Solo debes saber que en efecto la empresa esta atravesando problemas, pero ya identifique el problema. Tía Emily me ayudo.
-¿Ella que… No comprendo, papá.
-Te diré todo…
-¿Todo?
-Si, pero ahora no. No hay mucho tiempo. Estoy contra el reloj…
-Aun es temprano, papá.-dijo Amelia, mirando el reloj de la pared.
-No ese reloj… Solo te diré que es confidencial… Alguien dentro de la misma empresa esta intentando hundirla desde adentro…
-¿Pero quien? ¿Quién es el traidor?
-Lo sabrás, pero aun no…Te conozco, si te lo digo ahora podrías hacer algo, sin querer claro, que pudiera poner por sobre aviso a esa persona…
-Puedo ser muy discreta. ¡Y lo sabes, papá!
-No solo esta en fuego la empresa. Si fuera así, créeme que estaría menos preocupado. De ser así solo perdería dinero, algo que puede ser recuperado después con ingenio… Las personas no… Nunca se pueden recuperar… Si a estas les pasa algo malo, no se las puede recuperar después…-James se levanto de su asiento.-Vamos, Amelia. Sera un largo día…
-Si, papá…-dijo Amelia, no volvió a insistir.
.
.
.
.
-Así que tu eres Amelie… ¡Eres un encanto! Eres tan bonita como tu madre.-decía Emma, quien estaba sentada en la misma mesa que James y Amelia. La última no dejaba de ver a Emma.
-Sí, soy yo, tía Emily.-decía Amelia, de manera amable. Quiso hacerle muchas preguntas, pero se contuvo.
.
"Te lo diré todo." Le había dicho su padre antes. Amelia pensó que lo más sensato era ser paciente.
.
"¿Ella sabrá quien era la prometida de mi padre? Pero no puedo preguntarle a ella. Seria como traicionar la confianza de mi padre… No puedo. Mi papá dijo que me contaría todo. No se si eso también incluye su pasado, pero solo esperare….Solo eso… " Pensó Amelia.
.
Ese desayuno transcurrió rápido. Para alivio de los presentes. Pues Amelia no dejaba de observar a Emma. Y la última no dejaba de observarla con ternura. Las dos mujeres no se conocían en lo mas mínimo por lo que no sabían como iniciar conversación. James era quien hacia algunos comentarios.
.
"¿A quien engaño? Eso de romper el hielo en este tipo de casos era Christine... Debe estar riéndose de ver esto… " Pensó James, sonriendo por lo bajo.
.
"Amelie…Tiene la misma pureza que Christine… Se nota por su mirada… "Pensó Emma.
.
"Voy a enloquecer si vuelve a mencionar que me parezco a mi padre… ¡Claro que me parezco a él! ¡Soy su hija! ¡Cielos santos! ¿Por qué le habla con soltura a mi padre? Pareciera que lo conoce de tiempo… No parece un familiar lejano… Es como si hubiera vivido cerca de mi padre, desde antes… ¡Que extraño! Estoy mas que segura que ella sabe quien es la prometida…" Pensó Amelia.
.
.
.
.
.
-Buenos días, señor Beckett.-saludo la secretaria, al ver a su jefe. -¡Buenos días, señorita Beckett!-sonrió al ver a Amelia.
-Buenos días, Gabrielle.-saludo James.
-Buen día, señorita Gabrielle.-saludo Amelia. Antes de seguir avanzando.
Gabrielle al ver que se alejaba la muchacha rubia, hizo una seña a James. Quien se acerco.
.
-Tengo los informes que pidió, señor Beckett.-susurro Gabrielle.
Miro a todos lados, al ver que nadie les veía. Le entrego a James unos documentos que estaban organizados con todo lo que le había pedido investigar y recolectar.
-Es toda la información que pude recolectar. Esta con las fechas, reportes, y demás papeles que solicito. Y no se preocupe, señor. Entiendo lo que significa confidencial.-decía seria la mujer, hablaba en voz baja.
-Se lo agradezco, Gabrielle. Y lamento haberle llamado tan tarde, pero…-iba diciendo James.
-No se preocupe, señor Beckett. Es parte del trabajo.-decía Gabrielle, en voz neutral.-No tenga compasión con el responsable.-dijo susurrando, pero sonó firme.
James iba a decir algo mas, pero en eso observo que apareció entrando Frank. No dijo nada, y Gabrielle volvió a revisar unos papeles que tenia antes.
.
-Buenos días, señor Anderson.-saludo Gabrielle, en tono serio. Alzando la vista, pero sin mirar a nadie. Retomo su trabajo como siempre. Sin distracciones.
-Gabrielle… Buen día, James.-saludo Frank.-Es bueno ver que estas aquí.
-Buen día, Frank.-saludo James, sonó lo mas tranquilo que pudo. Pero no sonrió con amabilidad. Se contuvo de gritarle como deseaba.
.
"Tranquilo, o lo vas arruinar. Y se dará cuenta que se todo su plan." Pensó James. No era bueno fingiendo, pero debía de parecer que desconocía todo. Apretó con disimulo los nudillos. Estrujó un poco los papeles que tenia en mano.
.
-Señor Beckett…-decía Gabrielle, en voz baja. Al advertir ese gesto.
-Debemos de revisar las opciones que tenemos, James…-decía Frank.
-En efecto, Frank. Quiero que sepas que ya me decante por una opción benéfica. Y creo que lo que propones es más que factible.-decía James, pero evito mirarlo. No podía mentir mirando a los ojos a nadie. Aunque esta vez se olvidaría de ese detalle.
-¿Lo dices en serio, James?-pregunto Frank, sonriendo con disimulo.
-Sí, lo considere y creo que es la única solución.-decía James, sonaba convencido.
-¿Lo ves? Te dije que era lo mejor…
-Te veo en mi oficina en quince minutos, Frank.-dijo James, dirigiéndose a su oficina. No espero respuesta.-Y me dirás mas detalles.
"Bien, todo esta acorde con lo planeado. El muy estúpido no tiene ni idea…" Pensó Frank. Sonriendo con malicia. Gabrielle negó con la cabeza.
"Estas atrapado, Frank. Yo que tu no estaría tan sereno. " Pensó Gabrielle, mirando en silencio a Frank.
.
.
.
.
.
-¿Amelia? Estas aquí. ¡Bien!
-Hola, Rodrigo.-saludo Amelia, al ver al joven.-Tu estas…
-¿Tienes unos minutos?
-No lo creo, Rodrigo. ¿De que quieres hablar?
-De la empresa.
-No esta bien por el momento, pero se que mi padre, y los demás socios sabrán como manejarlo. A nosotros solo nos queda seguir sus indicaciones en estos casos y…-iba decir Amelia, sonaba tranquila. No quería decir más información de la que consideraba prudente.
-Oye espera.-dijo Amelia, al sentir que Rodrigo jalo su brazo, con firmeza.- ¡No soy tu muñeca! Al menos explícame que ocurre. No puedes solo jalar a las personas y esperar que no te digan nada.
-Amelie.-dijo Rodrigo, al soltar su brazo. Estaban en una oficina vacía.-No debes confiar en nadie. ¿Me escuchas?
-¿Por qué me dices eso? ¿Tienes idea de que pasa con certeza con la empresa?-Pregunto Amelia, aunque mas se escuchaba como una pregunta capciosa.
-Sí, sea lo que sea que diga mi padre…
-¿Qué dices?
-Sea lo que sea que proponga no debe de ser tomado en cuenta…
-¿No se supone que deberías apoyarlo en su propuesta? Claro si esta es en beneficio de la empresa.
-No se trata de eso.
-¿Entonces que? ¿Por qué dices que no debe ser tomada en cuenta la aportación de tu padre, Rodrigo?
-Eres lista, se que sabrás lo que trato de decirte. Mi padre planea hundir esta empresa.
-¿Qué? Pero…Pero… ¡Jajajaja! Él es amigo de mi padre. Estas jugando.-decía Amelia, tapando su boca cuando reía.
-Ya veo si a ti esto te parece broma, como lo tomaría tu padre si le dejara que Frank estaba obsesionado con tu madre…
-¿Ahora de que demonios estas hablando, Rodrigo?-pregunto Amelia, mirándolo con seriedad.-No me digas que estas ebrio y que por eso dices puras incoherencias. ¿Bebiste ayer o que?
-¡Claro que no! Soy serio con mi trabajo, Amelie. No bebí nada. ¿Quieres que te lo diga en francés o que? No confíes en Frank.
-Estas hablando en serio…-decía la rubia, tapando su boca.-Tu…
-Solo te advierto. Convence a tu padre. Frank no es de fiar.
-¿Qué es lo que trata de hacer con exactitud?-pregunto Amelia.
Rodrigo iba a decirle algo más, pero escucho unos pasos. Pensó que era Frank. No se desespero, no podía. La puerta se abrió.
-También me gustas, Amelia.-decía Rodrigo, diciendo lo primero que se le vino a la mente. Tocando los hombros de la rubia. Quien se aparto dando unos pasos atrás.
-¿Qué?-se sorprendió la rubia, mejor dicho se desconcertó.- ¿De que estas hablando?
-Lamento interrumpir. Joven Anderson, solo quería decirle que ya revise las observaciones que hizo. Y solo tiene una falla, que debe corregir. En un tecnicismo, pero igual debe ser revisado por usted.-decía la secretaria. Quien miro de reojo a los jóvenes.
-Gracias, señorita Gabrielle. Le entregar la debida corrección lo más pronto posible. Me iré poniendo al corriente-decía Rodrigo. Aliviado de ver que no era Frank.
-Eso era todo. Permiso.-dijo Gabrielle, antes de salir de esa oficina.
-¿Qué era todo eso?-pregunto Amelia irritada.
-¿Eh? ¡Ah, eso! Solo dije lo primero que se me ocurrió. No era en serio.-decía Rodrigo.-Pensé que era mi padre. En verdad no lo decía en serio.-toco su cabeza como pensativo.-Se que estas en una relación… Además no me gustas.
-Deja de desviarte de la tangente del asunto.-dijo la rubia, a punto de perder la paciencia.- Eso quedo claro, quiero que me expliques, ¿Por qué tu padre quiere hacer eso?
-Por cosas del pasado de nuestros respectivos padres.-decía Rodrigo. Antes de mostrarle un documento.-Esta seria una prueba. Léelo, pero procede con precaución. Ve con tu padre después.
.
.
.
.
.
-Toma asiento, Frank.-dijo James, quien estaba mirando por la ventana que estaba cerrada, había corrido la cortinas para tener iluminada la oficina.
-Me alegra que consideraras la estrategia. Créeme no te vas a decepcionar.-dijo Frank. Quien se sentó tranquilamente en el asiento al frente de la mesa. Noto el cuadro pequeño que estaba en una pared iluminada. En el aparecía una joven castaña clara de ojos verdes que estaba sonriendo y sosteniendo un ramo grande de flores. Se veía tan pura. Era Christine.
-Ya lo creo.-dijo James, antes de girarse a observar a Frank. Tenía la mirada seria.-Escucha, Frank.
-Se que tienes tus reservas, pero…
-No me interrumpas.-decía James, quien extrajo unos documentos. Sus ojos estaban en una lucha. Nadie puede mentir con los ojos. Lo sabía. Se abstuvo de mirarlo en ese momento.
.
-Como te dije. Leí tu propuesta y creo que es interesante.-decía James, no supo como pudo decir eso con tranquilidad. Se sorprendió de lo sencillo que al parecer era mentir.
"Después de esto no tendré que volver a fingir nada." Pensó James, observo el cuadro de su esposa. Recién ahí se dio cuenta que Frank miraba ese cuadro, hasta con cierta veneración. Esa sola apreciación lo asqueo. Pero no perdería los papeles.
-Entonces no perdamos tiempo y mostremos esa propuesta ante los demás socios. ¿No te parece, James? La solución que tenemos es perfecta.
-Es muy buena, demasiado.-dijo James, lo ultimo entre dientes.- ¿Sabes? Cuando una oferta es demasiado buena, o estas de suerte o simplemente es falsa. Solo te digo lo que me decía mi padre siempre en este tipo de casos.
-¿Tu padre? ¿Ahora de que hablas, James?-cuestiono Frank.-Seria incapaz de fallarte, amigo.
-Solo te decía un consejo de mi padre, no es para que te alarmes. ¿O acaso deberías?-James lo miro con interrogante. Sus ojos azules brillaban, lo miro fijamente.
-No.
-Bien. A lo que quería decirte antes de mencionar mis ejemplos paternos.
-¿Estas bien, James? No me digas que has estado trasnochando.-dijo Frank, sonando preocupado.
-No, solo estaba cazando una plaga anoche.-dijo James, mirando a Frank.-Pero ya la atrape.
-Que bueno. Espero que eso no afecte tu desempeño de hoy.
-No podría. Como diría mi esposa, que en paz descanse. "Cuando debes terminar algo solo debes hacerlo cuanto antes." Estoy lucido. Pero hay algo que no comprendo. Según tu propuesta debemos de seguir invirtiendo en algunas empresas, que según dices serán para nuestro favor. Pero haciendo unas cuantas averiguaciones estas no serian de apoyo. Pues están peor que nosotros. Y solo haríamos malos manejos de nuestros recursos si seguimos esa recomendación que planteas. Pero se que no debiste ver eso así en el momento. Claro que no. ¿Cómo podrías? Has estado en esto casi tanto tiempo como yo…Casi…
-Eso… Pues veras…-iba a explicar Frank, pero no pudo decir mas porque James le interrumpió.
-No descuida, se que no lo notaste antes. Ni que pensaras en hundirnos, ¿Verdad?-pregunto James, sonriendo con ironía.-Desde luego que no. ¿Cómo podrías?
-¡Jajajaja! Si, ¿Cómo podría? Ni que deseara hacerte pedazos.-dijo Frank, sin evitar mirarlo de manera sombría al decirlo.
-¿Tendrías motivos para hacer algo así?-pregunto James, tratando de que sonara como una pregunta hipotética.
-No. Ni que me hubieses robado algo.-decía Frank. Haciendo énfasis en la palabra "algo", sin notarlo.
-¿Robarte algo? Déjame pensar. Algo como "el primer puesto de la clase" en la universidad el último año. ¿Tal vez algo como eso?
-¿Te refieres a ser el primero de la clase? Eso no me importo en lo más minino. Además paso hace años.-dijo Frank. "Idiota, ¿Ahora me restriegas eso? ¡Ese estúpido puesto no me importaba!" Pensó Frank.
-Pues no se me ocurre nada, hablando de manera hipotética claro. ¿Sabes? Hasta parece divertido. Entonces, ¿Qué? Ni que te hubiera robado a tu novia.
-¿Mi novia? Sabes que no tenía novia, James.
-No, no tenías una novia. Pero si un buen numero de chicas que eran tu interés.
-Nada serio. Solo era un juego de chiquillo. Seguro tú también jugabas de muchacho.
-No jugaba con ninguna muchacha. Las relaciones que tuve eran serias.
-¿Así que te veías con otras muchacha en el tiempo en que salías con Christine? ¡Vaya! Sabía que no eras un santo.
-Te equivocas.-dijo James.-Pero no voy a ponerme a contarte toda mi vida, nos faltaría tiempo.
-Ni que hubieras tenido muchas relaciones. ¿Sabes? Algunos antiguos compañeros decían que te quedarías solo…
-Pues no se equivocaron. Lo estoy.
-Sí, fue una desgracia lo que le paso a Christine. Fue una lastima que no estuvieras cuando tuvo ese accidente. Una lastima…Que no hubieras sido tú en lugar de ella. Pues seguro deseaste estar en su lugar… ¿No es cierto?
-Ahora que lo dices. Hay algo que no me cuadraba. ¿Sabes?
-¿Y que es eso?
-El hecho que yo había tenido una reunión de emergencia en ese momento que pasó ese accidente. Claro tú no estuviste notificado. Por eso no estabas presente ese día en la reunión.
-No, no estaba. No pudieron notificarme.
-Te enteraste de los hechos después.-dijo James, como recordando esa ocasión.
-Créeme de haberlo sabido o tenido un mínimo presentimiento te hubiera advertido algo. Pero yo no estaba ahí. También estimaba a Christine.
-Claro.-dijo James.-La estimabas. La estimabas tanto que hubieras matado por ella. ¿No?-lo decía de manera casual. Haciendo alusión de una exageración.
-¿Matar? No creo que hubiera llegado a tanto. Solo si ella hubiera estado en peligro. Pero tú siempre la habrías cuidado. Sigo pensando que no debió morir ella. "Sino tu." Pensó Frank.
James se sorprendió por lo que decía.
"¿Por qué suena como si supiera más de lo que parece?" Pensó James, mirándolo con atención. Tenía unas piezas del rompecabezas que no encajaban.
.
-También lamente su muerte. Lo lamente. Christine tenía un alma pura.-decía Frank.-Era tan inocente… Tan única.-James lo miro con desagrado. Pero no dijo nada, quería escucharlo.-Tan especial. Te habías ganado una buena mujer. En serio dabas envidia. ¿Quién conoce a una mujer con esas características que te corresponda? Estoy mas seguro que nadie. Que nadie hubiera tenido mas suerte que tu.
-Tuviste "suerte" también. ¿O me dirás que tus hijos te los trajo la cigüeña? Es una lastima que tu también seas viudo.-decía James, crispando los puños cuando dijo "viudo".
-¿Te refieres a la madre de Rodrigo y Benjamín?
-A menos que tengas más hijos de los que no sepas...-dijo James.
Frank quiso reírse. "Tu eres quien tiene una hija de la que no sabes nada." Pensó Frank.
-No, solo los tuve a ellos. Aunque te confesare que siempre me hubiera gustado tener una hija… Ya sabes, una hija así como tú tienes a Amelie. Se ve que son más atentas las niñas… Es una lastima que tuviera crecer sola ella… Habiendo tenido ella una hermana que…
-¿Qué? ¿Qué has dicho? ¿Una hermana? ¿Y tu como sabes eso?-pregunto James, mirándolo con desconcierto.-Eso no se lo dije a nadie. A nadie. Nadie sabia eso, y yo jamás te dije eso. ¿Hay algo de lo que no este enterado? ¿Cómo es que sabes de la hermana de Amelie? ¡Responde!
-Me la debiste haber mencionado y no lo recuerdas, James.
-No. Se que no. No hable de eso nunca. Me negaba a creerlo. Por eso jamás se lo dije a nadie. Los únicos enterados eran los padres de Christine. Solo ellos. A decir verdad fueron ellos quienes me recomendaron no decir eso nunca. Por una creencia de que así protegía a Amelie. Porque eran gemelas. Por la creencia de que si un gemelo muere el que sobrevive le sigue. Así que insisto, ¿Cómo sabias eso?
-¿Vas a insistir con eso? Estabas muy alterado en ese tiempo.
-Quizá, pero era lo suficientemente lucido como para acordarme de cada cosa que hice y dije.
-Estas exagerando en esos detalles, James.
-No. Ahora me dieces como es que sabias de…
-¡Papá!-grito Amelia, entrando sin tocar. Los dos hombres la miraron sorprendidos al escucharla.
"¡Que oportuno! La niña de James es buena distracción." Pensó Frank, al sonreír al ver a Amelia.
-¿Amelia? ¿Qué te dije de tocar la puerta antes de entrar?-pregunto James, mirando a su hija.
"Que no crea que olvide lo que preguntaba." Pensó James, mirando después a Frank.
-Estoy ocupado en este momento. Por lo que cualquier cosas deberá esperar, Amelie.-decía James.
-No entiendes, papá.-decía Amelia, acercándose a su padre.-Si entre aquí sin siquiera tocar es porque...
-Amelie, en este momento estoy en una conversación importante.-decía James.-Conversamos después.
-Después será tarde.-dijo la muchacha rubia.-Solo me tomara un instante. Se quien esta detrás de...-iba a decir, justo cuando iba a levantar su mano para señalar a Frank.
-Amelie, ahora no es el momento.-dijo James, interrumpiendo esa intención de su hija al advertirla.-Espérame.
-Pero…-decía Amelia.-Pero solo quiero…
-Solo has eso.-dijo James. Tomo la mano de Amelia y la llevo hasta la puerta. Aprovecho un descuido de Frank. Para susurrarle a su hija.-Papá dice silencio. Lo se todo.-le guiño un ojo.-Amelie, te ganaras un regaño por ser descortés.-dijo en tono de voz moderado fingiendo enojo.
-¡Ah! Es decir… Lo lamento mucho, papá…-decía Amelia, bajando la cabeza.-No volverá a pasar. Estoy muy avergonzada por interrumpirlos.-le guiño el ojo.- ¡Permiso, papá, señor Anderson!-dijo Amelia, antes de retirarse. Cerró la puerta cuando salía.
.
.
.
.
.
-¡¿Se lo dijiste a Amelia?!-dijo Benjamín. Había llamado a su hermano.
-Sí, Benjamín. Si sigo callado seré culpable de lo que pase después.-dijo Rodrigo.-Llevare sangre en mis manos… No quiero cargar con eso en mi conciencia.
-¿Sabes lo peligroso que es?
-Estoy consciente de eso, pero no me importa ser juzgado también. No si con eso detienen a nuestro padre.
-Pero…
-No te pidas que lo entiendas, ni que me tengas una pizca de empatía. Ódiame si lo deseas, pero….Papá hizo cosas terribles. Mas terribles que lo que se ve en la superficie. Es... Es culpable de tantas cosas que… ¡Que no puede quedar así! ¡No puede!
-¿Estas… ¿Estas alterado? Tranquilízate, hermano.
-No entiendes, Benja. No lo entiendes.
-Te llamaba porque… Porque…
-¿Sabes algo de la señora Emma?
-No, aun no se nada de ella. ¿Sabes? Es extraño. No hay nadie registrado con ese nombre… No aparece nadie como "Emma Price"…
-¿Qué? Debe de haber un error. Pregunta bien, Benjamín.
-Eso hice, hermano. ¡Y nada! ¿No sabes si tenía otro nombre aparte?
-No, ese es su nombre.
-¿Seguro? ¿No te dijo nada más cuando la conociste?
-¿Cuándo la conocí? Solo me dijo que esa era su nombre. Fue extraño cuando la vi.
-¿Por qué?
-Sentía que me daba confianza, pero o lo demostré. Me llamo la atención sus ojos oscuros. Era como si ya la hubiera visto antes, pero no recordaba donde. No lo recordaba.
-¿Es importante eso para ti?
-No, pero… Pero fue extraño.
-¿Has estado bebiendo, Rodrigo?
-¿Con papá planeando desaparecer a los Beckett? ¡¿Cómo crees?! Ni que fuera un estúpido. Ya va la segunda vez que alguien me pregunta eso en este día, así que no hagas que me desquite contigo.
-¡Maldición, Rodrigo!
-¿Y ahora a ti que te pasa? Es muy temprano para andar maldiciendo, ¿Sabes?
-Vas a ser arrestado. ¡Arrestado!
-Mira si fuera así te pido desde ya que no vayas a verme. No deseo que tengas que ver con tristeza nada, nada de lo que fuera a pasar.
-No tienes que pedirme eso…
-No, no te lo pido. Te lo ordeno. ¡Jajajaja! Eres el mejor hermano que pude haber tenido, Benjamín. Siempre has estado a mi lado a pesar de no saber a ciencia cierta si yo era tu hermano, antes. Pero…
-No sigas…
-Pero quiero que si algún día encontraras a mamá no le digas nada de lo que paso… No quiero que ella me vea con decepción. No lo soportaría. Puedo soportar la burla ajena. Pero no soportaría ver a mi madre decepcionada de mí. ¡No podría! ¿Me comprendes?
-Rodrigo… ¡No dejare que eso pase! ¡Me echare la culpa por ti!
-Hazlo y yo diré que perdiste el juicio, y te volviste loco.
-No tiene que ser así, hermano.
-Creo que ya es tarde para esas reflexiones…
-¡Deja de decir eso!
-Adiós, Benjamín. Si me preguntan si tuve que ver con todo esto pues no me eludiré.
-Pero tu no planeaste nada de eso… ¡Nada! ¡Eres inocente!
-Ni tanto, Benja. Debes saber que siempre estuve orgulloso de ti. Se que podrás lograr lo que te propongas. Se fuerte, Benjamín. ¡Adiós, cadete!-decía Rodrigo, antes de colgar.
.
.
.
.
Continuará ...
Hola a todas.
.
Espero su opinión. :)
Escribir este cap me dejo asustada.
¡Ay, estoy ansiosa!
Gracias por seguirme en este fic.
Como ven aun sigue.
¿Qué pasara después?
¡Estoy nerviosa!
Nos vemos después, :)
¡saludos!
.
Selenityneza
.
.
