Capítulo 37: Sorpresivos encuentros
Lo desmedida furia del tirano de las sombras, se aplacó rápidamente debido al llegado joven que le presentó el consejero del palacio. En ese momento, se puso a analizar detenidamente sus características y pudo descubrir en él uno sus azulados ojos, pues el otro estaba cubierto por un largo mechón cobrizo; su contextura era delgada, aunque eso no era un impedimento para mostrar sus bien trabajados brazos; y su estatura era casi como la de su persona, superior a la de la mayoría de los twili.
El joven, notando que Zant no le quitaba la mirada de encima, se hincó ante él en señal de respeto.
- Mi nombre es Nadir, es un honor estar ante la presencia de usted, mi venerable señor.
- Mi rey, él es el joven del que le hablé hace un momento. Está completamente capacitado para cumplir con su requerimiento. – mencionó el consejero.
- Así es, majestad, cumpliré cualquiera de sus deseos, sin importar que sea lo que me pida.
Zant seguía enmudecido ante la presencia del recién llegado, por alguna extraña razón, no le daba buena espina, sin embargo, decidió restarle importancia a sus pensamientos y dirigirse a él.
- ¿De dónde saliste? ¿Cómo es que conoces a Yair? – preguntó serio.
- Digamos que… es un familiar muy lejano. Me conoció de niño, pero yo tomé mi propio camino y encontré mi vocación.
- ¿Vocación?
- Soy un mercenario, mi señor, por dinero soy capaz de cualquier cosa.
- No me digas…
Justamente lo Zant necesitaba, se encontraba a su merced; un hombre decidido y sin sangre en las venas, capaz de vender su alma al diablo por unas cuantas rupias.
- ¿Así que eres capaz de lo que sea?
- Lo que sea, mi rey. No hay limitaciones en mis servicios.
- Entonces, ¿no te tocas el corazón con tus víctimas?
- ¿Corazón? ¡Ja! ¡Desconozco ese significado desde hace tiempo! Yo no discrimino en nada, fulmino lo que tengo que fulminar. – respondió con sorna.
- ¡Perfecto! Entonces, quiero que busques al hijo de la desterrada princesa Midna y lo mates. ¡Tráeme una prueba de su muerte!
El joven se quedó en silencio analizando la petición de su amo, luego, con una maliciosa sonrisa, respondió.
- ¿Un niño? Es la tarea más fácil que se me ha encomendado. Tenga por seguro que le traeré al mocoso muerto en el menor tiempo posible.
La euforia de Zant no tardó en hacerse presente ante la afirmación del mercenario, empezó a correr emocionado por todos lados al saberse complacido en lo pedido. Fue tanta la alegría que lo invadía, que se le ocurrió una brillante idea para "celebrarlo".
- Tus palabras me alegran enormemente, es tanta la emoción que me embarga que creo que le enviaré un pequeño regalo a Midna.
- ¿Regalo? ¿Qué planea hacer, señor? – preguntó Nadir, serio.
- Creo que unos olvidados seres podrían ir a hacerle compañía ahora que se encuentra camino a la tercera llama sagrada. Como le prometí a mi dios, lo ayudaría con las criaturas de mi mundo…así que ha llegado el momento de hacerle el favor.
- Ya veo… - comentó el mercenario.
- Por lo pronto, vete con Yair para que te muestre la que será tu habitación, mientras tanto, yo acumularé todas las energías posibles para lograr invocar a mis leales criaturas.
Nadir se levantó del suelo, y junto con el consejero salieron de la sala del trono, mientras que Zant, alzó sus manos y entre estas se formó una esfera de oscuridad perpetua…
El viaje camino a la región de Lanayru resultó más largo de lo esperado. Al llegar las noches, se detenían en algunas cuevas formadas por las mismas montañas para descansar; causando que el príncipe y sus acompañantes se sientan verdaderamente incomodos debido a la dureza de la superficie.
Dormir en el suave pasto de la región de Farone, no afectó al joven en lo absoluto, al contrario, era reconfortante y agradable. En la región de Eldin sucedió lo mismo, sobre todo porque en la villa Kakariko, dormían en la casa del investigador.
Lamentablemente, el panorama actual era completamente distinto, pues el suelo estaba formado por puras piedras, que a duras penas las mantas podían camuflar.
La razón de su tardanza para llegar a la destinada región, se debía a que desde hace unos días, notaron que el suelo estaba lleno de grietas y algunas partes de las montañas adyacentes mostraban pequeños derrumbes, lo cuales tenían poco tiempo de haber ocurrido.
Esa mañana, durante el trayecto que parecía eterno, notaron todo esos detalles de manera más frecuente, provocando que se desesperen debido a la ansiedad por llegar.
- ¡Debimos llegar hace dos días a la región de Lanayru! Por culpa de estas grietas en el suelo y los derrumbes no hemos podido llegar. – bufó la princesa.
- Nos hemos tardado mucho levantado las piedras. – mencionó Navi.
- Levantando suena a manada. Link y yo hemos sido los únicos que hemos despejado el camino, pues tú, ni manos tienes, hada holgazana.
- ¡Eres una grosera! ¡Yo no tengo la culpa de no tener manos!
- Por favor, Navi, no prestes atención a esas palabras. Y en cuanto a ti, Midna, ahórrate tus ofensas. – reclamó Link.
El regaño del príncipe causó un silencio perpetuo entre sus acompañantes, pero lo más estremecedor del asunto, es que él mismo se trasladó al ambiente; causando que finalmente, todos se alarmen.
- Este silencio me incomoda, siento que estamos siendo observados. – mencionó el príncipe.
- Yo también siento lo mismo, es una sensación sumamente aterradora, y…muy familiar. – afirmó la twili.
Continuaron en silencio con su camino, hasta que se escuchó un desgarrador grito que los estremeció a todos.
- ¿¡Qué es eso!? – gritó el hada, espantada.
Una gran esfera oscura se formó sin razón alguna en el cielo, la cual empezó a cambiar de forma paulatinamente, hasta que en el centro de la misma, apareció un agujero negro que arrojó tres enormes masas de desconocida procedencia.
A algunos metros de donde se encontraba Link, los tres desconocidos cuerpos empezaron a aproximarse hacia él, estos poseían una coloración negruzca, mientras que sus brazos y piernas se arrastraban por el suelo; otro rasgo característico en ellos, era que sus rostros estaban cubiertos por extrañas máscaras.
Link se estremeció en sobremanera al ver tan aterradoras criaturas aproximarse, pero la voz de Midna, quien estaba completamente impactada, se escuchó en el lugar.
- ¡Seres de las sombras!
- ¿Qué cosa?
- Son twilis corrompidos, esto debe ser obra de Zant, el maldito que invadió mi pueblo.
- ¡Se están aproximando, debo vencerlos cuanto antes!
Armándose de valor, el héroe elegido se aproximó a las bestias para enfrentarlas. No pudo evitar estremecerse del terror al analizar su anatomía ahora que se encontraba más cerca de ellas, pues ni en la peor de sus pesadillas, había visto a seres tan aterradores.
Desvainó su espada y aceleró el paso a medida que se iba acercando, y de un solo saltó clavó el arma en el pecho de una de las bestias, provocando que la sombría criatura lance un intenso alarido de dolor. El príncipe se sintió triunfante al haber impactado a una de ellas, pero no se esperaba que detrás de él, apareciera otros de los oponentes, hiriéndole la espalda con sus afiladas uñas.
- ¡No, Link! – gritó la twili.
Quejándose por el inmisericorde dolor que provocó las garras de la sombra, el héroe se dio la vuelta para devolverle la agresión, haciendo un mejor trabajo que con la anterior criatura y aniquilándola por completo.
Satisfecho de haber acabado con dos de las tres bestias, se disponía acabar con la restante, pero se estremeció en sobremanera al escuchar como esta produjo, desde sus fauces, un sonoro alarido. El ruido fue tan ensordecedor, que se quedó unos minutos inmovilizado, sin embargo, sus ojos se aterraron a lo que vieron previo a eso; los seres a los que había aniquilado anteriormente, renacían sin rasgo alguno de agresión.
- ¡Maldición! ¡Han revivido! – exclamó espantado.
Completamente estupefacto, el joven observó impotente como las tres criaturas se unían para atacarlo en grupo, haciendo que su mente trabaje aceleradamente, pensando en alguna estrategia para acabar con ellos.
Midna observaba la situación a lo lejos completamente espantada, tenía que buscar la manera de poder derrotar a las sombrías bestias antes de que se devoren a su amigo…y fue entonces, que sus recuerdos pasados regresaron a su mente, y en estos encontró la respuesta que tanto necesitaba.
- ¡Link! ¡Debes eliminar a los tres al mismo tiempo!
- ¿Al mismo tiempo? ¡Eso es imposible!
- ¡Esa es la única manera, debes pensar una forma de hacerlo!
Completamente confundido, observando como las sombras se acercaban hacia él, pensó ansiosamente en alguna táctica para poder salir victorioso…hasta que a su mente llegó una de las técnicas que su maestro le había enseñado.
La técnica secreta que vino a su mente, fue el gran ataque circular, pues recordó cuando su mentor se dividía en varias copias de sí mismo, y él debía vencer a todas al mismo tiempo de manera inmediata.
La técnica que Link iba a realizar era peligrosa, pues ponerse en medio de las bestias, lo ponían a merced de sufrir una agresión, pero tenía que arriesgarse sino quería que las bestias terminen por aniquilarlos a todos.
Rápidamente tomó la decisión, así que se puso en medio de las bestias, las cuales rugieron de éxtasis al ver a su presa en medio de ellos.
Ya se disponían en abalanzarse encima del joven para devorarlo, pero sus deseos fueron reemplazados por un punzante dolor en el centro de sus cuerpos, pues el príncipe los había herido de manera inexplicable, gracias a su ataque circular.
- ¡Bien hecho, Link! ¡Sabía que podías! – alabó el hada.
Los sombríos seres cayeron al suelo sin vida y sus cuerpos empezaron a desfragmentarse lentamente, pero antes, uno de ellos se dirigió a Midna, pues tenía unas importantes palabras que decirle.
- Nuestro rey envía sus más sentidas condolencias a la viuda soberana...
Luego de la cruda frase, los fragmentos regresaron al agujero oscuro, el cual se desvaneció de la misma forma en la que apareció.
Midna se quedó enmudecida ante las últimas palabras del ser de las sombras, estaba tan impactada que ni si quiera pudo articular palabra.
Link, quien notó la reacción de su compañera, se acercó hasta ella igual de impresionado.
- Midna…
- ¿Escuchaste lo que dijo esa bestia? – preguntó entrecortada.
- Si lo escuché…
- Dijo que mi esposo está muerto…
El príncipe se preocupó en sobremanera al notar lo impactada que se encontraba la twili, pero en seguida se dedicó a animarla.
- No creas en las palabras de esa bestia, estoy seguro que lo dijo para mortificarte.
- Es cierto, princesa, no le prestes atención a esas horribles cosas, todo lo que dijeron fue para molestarte. – dijo el hada, quien había dejado de lado las diferencia para animar a Midna.
Unas cuantas lágrimas salieron de los ojos de la princesa, el dolor de haberse enterado de tan desgarradora noticia, le hizo sentir ganas de derrumbarse y dejarse consumir por el tormento…pero en seguida, llenándose de fortaleza se limpió la humedad de sus ojos y se dirigió a hablar a sus compañeros.
- No tienen por qué decirme eso, por supuesto que no le creí a esas escorias, pues estoy segura que tanto Orión, como mi pequeño están con vida…estoy segura de eso. – afirmó con devoción.
- Yo también estoy seguro, Midna. Tu familia está con vida.
- No quiero que volvamos a hablar de este asunto, por favor. – pidió con seriedad.
- Tranquila, será como tú digas…
Por más que se esforzara por demostrarlo, la princesa crepuscular no estaba tranquila. Desde hace tiempo sentía en el fondo de su corazón que algo malo estaba ocurriendo con los suyos, pero decidió no dejarse vencer por sus inseguridades, ya que mientras ella no compruebe por sus propios ojos que su esposo estaba muerto, no creería absolutamente nada.
Luego de dar un hondo respiro para tranquilizarse a sí misma, decidió cambiar de tema y centrarse en la profunda herida que las bestias causaron en la piel de su amigo.
- Niño, estás sangrando mucho.
- ¡Es cierto, Link! ¡Esas horrorosas bestias te lastimaron la espalda! – exclamó el hada.
- No se preocupen, ya no me duele tanto. Beberé la poción de salud para recuperarme.
De su alforja mágica, sacó la botella con la sustancia rojiza, bebió una pequeña cantidad de esta, y automáticamente dejó e sangrar y el dolor empezó a desvanecerse lentamente.
- Ya me siento mejor, no tienen de que preocuparse. Sigamos con nuestro camino, por favor.
Dejando de lado la tristeza y la incertidumbre, el héroe junto a sus compañeras siguieron por el rocoso camino, pidiéndole a las Diosas que llegue el momento en el que este llegue a su fin…
Una vez más, sentado en su majestuosos trono, el tirano de las sombras, se sintió sumamente enojado al ver que el héroe elegido había derrotado a sus seres de las sombras, pues esta vez, estuvo convencido de salir triunfante en aniquilarlo.
- Que ni crea que porque salió vencedor, las cosas le serán fáciles de ahora en adelante. Por lo menos, antes de morir, uno de ellos le dijo a Midna sobre la muerte de su "amorcito". Hubiera querido ver la cara de estúpida que puso al haberse enterado de semejante noticia.
El mercenario y Yair, quienes también se encontraban en el sitio, lo escuchaban vociferar sin atreverse a interrumpirlo, poniendo mucho interés a cada una de sus palabras.
- ¿Sorprendido, muchacho? Gracias a mis poderes pude enviar a esas criaturas de las sombras hasta Midna. No tienes idea como es mi odio hacia ella, pero quiera o no, una vez que venga al crepúsculo a tratar de "vencerme", la haré mi reina le guste o no.
- Pero, si tanto la odia, ¿por qué desea convertirla en su reina? Es algo muy contradictorio. – preguntó el mercenario, extrañado.
- ¡Eso no te importa, impertinente! ¡Yo hago lo que se me da la gana! ¡Si yo deseo convertirla en mi reina, lo haré!
- Entiendo, señor. Lamento mi indiscreción.
- Bueno, basta de charla. ¿Cuánto tardarás en aniquilar al mocoso?
- Deme unos días, es tiempo suficiente para lograrlo.
- Bueno, he esperado un mes por culpa de Yair, unos cuantos días más no serán nada. Si te atreves a no cumplir con tu pacto, prepárate, pues tanto tu como el viejo, pasarán a la siguiente vida por mis propias manos. - amenazó enfurecido.
- Pierda cuidado, su requerimiento será cumplido.
Luego que Nadir dijo la última palabra, se retiró de la sala del trono, mientras que Yair, rápidamente lo siguió en su caminata…
Una vez que la noche cubrió los cielos de la región de Lanayru, el héroe elegido por las Diosas y sus compañeras, se encontraban en una cueva rodeada por un pequeño bosque.
La princesa crepuscular y el hada de los legendarios bosques perdidos, se encontraban dormidas en las improvisadas camas que el héroe había formado para ellas; la fiel Epona, por otro lado, también se encontraba descansando, pues aparte de Link, era una de las que más había agotado sus fuerzas…sin embargo, el príncipe no podía dormir, pues en ese momento, las penas estaban consumiendo su alma.
La majestuosidad de las torres más altas del palacio, se visualizaban a lo lejos, mientras el manto oscuro las cubría. Las luz emanada por las lámparas encendidas de las habitaciones, desbordaban por las ventanas, demostrando que aun habían personas despiertas realizando alguna actividad; se preguntó si sus suegros estarían en la misma situación.
Ver su hogar alzándose a la distancia, lo llenó de profunda melancolía, a su mente llegaron los recuerdos en los que llegó por primera vez al palacio hace ya muchos años. En ese entonces, era un niño al que le presentaron a una tierna bebé como su prometida; obviamente, no tomó con gracia la noticia, pues saber a esa edad que se casaría con una criatura tan pequeña, no le llamaba la atención en lo absoluto.
Sin embargo, luego de muchos años en los que regresó al mismo sitio para consumar el compromiso adquirido, sus fijas ideas se tambalearon un poco, pues primero se dejó cautivar por la belleza de su prometida, para luego, enamorarse de ella enloquecidamente en el transcurso de su matrimonio.
Definitivamente, no tenía duda de que amaba su tierra natal Ordon, pero a Hyrule, le tenía un cariño sumamente especial, pues algo en el fondo de su alma le indicaba que desde siempre había pertenecido ahí, y que por esa razón debía defenderlo a como dé lugar. A estas alturas, si tenía que regresar a vivir de donde vino, ya no estaba seguro si deseaba hacerlo…
- Porque esos días tuvieron que terminar… - pensó entristecido.
Varias emociones contradictorias empezaron a invadirlo, se sentía bien pudiendo ayudar a los demás, pero al mismo tiempo, se preguntó porque no nació con una vida normal. ¿Acaso la maldición, a la que el alma podrida que portaba Ganondorf lo había condenado, duraría para toda la eternidad? ¿Nunca podría renacer para ser completamente feliz junto al amor de su vida, sin tener que vivir bajo la sombra de la oscuridad? Por primera vez, desde que inició su viaje, se sintió un poco resentido con las Diosas por haberlo elegido, o lo que era peor para él, haber escogido a su amada a que lo acompañe en el inmerecido karma. Con él podía meterse el mundo entero, pero con ella, con su princesa, no. Tocar a la mujer de su vida era algo definitivamente inaceptable para él.
El cansancio llegó paulatinamente a su cuerpo, haciendo que su tristeza e intriga se vayan al olvido por el momento, así que se levantó de donde se encontraba sentado y se fue a cubrir con las mantas del implacable frio de la noche…
Link, junto con sus acompañantes, se levantaron temprano para seguir con su camino. Ya habían atravesado la zona montañosa y ahora se encontraban en recorriendo la gran pradera de la región de Lanayru.
El palacio se encontraba mucho más cerca de lo que el príncipe lo había visualizado en la noche, pero para su beneficio, estaba lo suficientemente lejos para impedir quien alguien lo vea.
- ¿Ese es el palacio de Hyrule?
- Si, Midna, ese es…
- Vaya, Link, así que ahí es donde vives, es enorme, más grande que el que existía anteriormente. – mencionó Navi.
El joven no respondió, simplemente se dedicó a observar el palacio lleno de melancolía, pues aún seguía entristecido debido a los recuerdos de los pasados días felices que lo embargaban.
- No estés triste, Link, sé que piensas en tu princesa al ver al palacio. – animó el hada.
- Pienso en ella, en mis suegros, en el pueblo…ser príncipe no es nada fácil, llega un punto en que es hartante tener tantas tareas y presiones, pero al menos, ahí Zelda estaba conmigo, no vivía con el temor que tengo ahora, pensando que algo malo pueda pasarle.
- Tranquilo, tú sabes que ella está bien.
- Lo sé, pero de todas formas, todo esto es difícil, aun me cuesta asimilar que mi vida ha cambiado.
- No eres el único que se siente así. Créeme, al menos a ti te consta que tu esposa está viva, no como yo que acaban de llenarme de dudas referente a Orión y…no tienes un hijo por el que velar, atormentándote sin saber si se encuentra bien o no. – dijo Midna, llena de consternación.
- Un hijo…no sabría qué hacer si tuviera un hijo con Zelda en estos momentos. Creo que me volvería loco del dolor al saber que tengo que dejarlo abandonado por mi periplo, o en el peor de los casos, que esté secuestrado por Ganondorf. – respondió, imaginando con pavor la dolorosa escena.
- ¿Te das cuenta? Cuando eres padre, tu vida es completamente distinta.
- Perdóname, Midna, estoy que me lamento sin pensar que tú estás pasando cosas peores.
- No te disculpes, cada uno tiene sus tristezas, ninguna tiene menos peso que la otra.
- Mejor olvidemos eso, sigamos con nuestro camino. El lago Hylia, donde se encuentra el siguiente espíritu, está a unas horas de camino.
Terminando su frase, el joven animó a Epona a continuar con su camino, sin imaginarse que justamente en la búsqueda de la siguiente llama sagrada, lo esperarían impactantes situaciones…
Luego de algunas horas de trayecto, Link y compañía llegaron al majestuoso lago Hylia.
El sitio se caracterizaba por poseer una gran tranquilidad en el ambiente, a pesar que habían algunas personas habitando el mismo. Algunas familias se encontraban disfrutando de la frescura del agua, jugando con sus pequeños niños quienes reían divertidos ante la agradable y divertida sensación.
Después de maravillarse con la vista, hizo continuar a Epona con el camino, hasta que se adentraron a una zona más apartada. En ese sitio, se encontraba una lujosa cabaña, un lugar que tenía un significado muy especial para el príncipe, pues fue precisamente ahí, donde fue destinada su noche de bodas con su esposa.
Completamente ensimismado, observó el lugar recordando un evento en especial; la noche en la que entró a su habitación, completamente preparada, para recibirlos a él y a su esposa para la consumación de su unión. En ese momento, no permitió que nada ocurra por respeto a ella, pues verla tan sumisa y vulnerable cual delicada rosa, lo compadeció. En esa época, jamás se hubiera imaginado que eso cambiaria con los meses, pues ahora, juntos daban rienda suelta a sus pasiones sin atadura alguna.
- Así que ahí fue donde pasaste tu luna de miel, ¿eh?
La pregunta de la twili lo sacó de sus cavilaciones, para luego torcer los ojos y responderle de manera seca.
- ¿Por qué siempre lees mi mente? ¡Debes respetar mi privacidad! – reclamó indignado.
- Me imagino lo que debes estar pensando. ¡Pervertido!
- ¡No he pensado en nada, pues en esa época entre Zelda y yo no había ocurrido nada todavía!
El joven quiso golpear su cabeza contra el primer árbol que se encontraba cerca, pues se maldijo a si mismo por haber cometido semejante indiscreción. Sabía perfectamente, que sus palabras lo harían esclavo de las burlas de la caprichosa princesa.
- ¿¡Q…!? ¿¡Qué!? ¿O sea que llegaste virgen al matrimonio? ¿A tu edad? – preguntó incrédula.
- Si... ¿qué tiene eso de malo? – preguntó, fingiendo seguridad.
- Me sorprende que no hayas estado con otras mujeres antes, ya tienes veintiséis años.
- Bueno...digamos que mis padres y mi...conciencia no me permitieron hacer eso. – respondió recordando inmediatamente a su mentor, quien lo tenía amenazado si se atrevía a cortejar a otras mujeres.
- Par de santurrones, llegar vírgenes al matrimonio como niños buenos. – se burló sonoramente.
- ¡Princesa, ya no molestes a Link! ¡Lo estás incomodando! – reclamó Navi.
- ¿Santurrones? ¡Estás equivocada! Es cierto, eso nos ocurrió a Zelda y a mí, pero no tiene nada de malo. Pienso que cada pareja es libre de elegir si quieren iniciar su intimidad dentro o fuera del matrimonio, es algo por convicción, no por creencias religiosas. Es una decisión personal que no determina el fracaso o triunfo de una relación.
- Vaya…Tus palabras me han convencido, muchacho. Viendo que te has sincerado conmigo, yo también compartiré contigo mis vivencias. Cuando éramos novios, Orión y yo nos escondíamos en los rincones más oscuros del palacio para estar…solos. ¡Ja! Recuerdo como el consejero, Yair, se enloquecía buscándonos, sin imaginarse lo que nos encontrábamos haciendo. ¡Ay, tiempos aquellos! – recordó la princesa, maravillada.
- ¡Bueno, ya! Dejemos a un lado este tipo de temas. Sigamos con nuestro camino.
Después de terminar la bochornosa charla, siguieron su caminata buscando la fuente sagrada. Continuaron por un sendero rodeado de árboles, adentrándose más entre ellos.
Link estaba muy concentrado en su actividad, que no notó que más adelante se encontraba una persona montada en un caballo, pero sus compañeras, si se dieron cuenta de aquello y enseguida se escondieron.
El príncipe se extrañó por tal situación, así que en el momento que puso atención a quien se encontraba cerca, se sorprendió enormemente, pues era una persona a la que conocía muy bien.
- ¿Príncipe Link?
- Señor Auru, que sorpresa verlo por aquí. – contestó sorprendido.
- El honor es mío, príncipe. Recuerde que el día que nos conocimos, le indiqué que me compré una casa junto con mi esposa en este lago.
- Es cierto, usted mencionó eso.
- Me enorgullece y tranquiliza verlo cumpliendo con su destino...héroe elegido por las Diosas.
- ¿Cómo usted sabe que...? – preguntó impresionado.
- Me lo contó el rey el día de nuestro encuentro, por esa razón no muestro ápice de sorpresa al verlo así, además, en una visita que le hice hace poco, me comentó la tragedia por la que estaban pasado. Mi apreciada pupila, secuestrada por ese villano, y usted arriesgando su vida en este peligroso periplo para salvarla.
- Ya no tiene nada de qué preocuparse, Zelda ya no está en las manos de Ganondorf.
- ¿De verdad? Entonces, debería decirle a sus padres, no tiene idea lo desesperados que han estado.
- Puedo imaginármelo, pero prefiero no decirles nada, pues ni yo mismo se dónde se encuentra.
- Pero, ¿cómo…?
- Es una larga historia que se la contaría si tuviera tiempo, necesito urgentemente llegar a la fuente de Lanayru, debo despertar al espíritu que se encuentra dormido para que me indique que camino debo tomar.
- El espíritu Lanayru, según la leyenda, se encuentra dormido y nadie ha podido hablar con él, pero tengo entendido que usted tiene la capacidad de hacerlo. Sígame, lo llevaré directo a la fuente, pero he de indicarle que tendrá que ir nadando para llegar hasta allí, pues el puente que conecta hacia allá, se encuentra en reparación.
- Eso no es problema, si tengo que nadar lo haré, mojarme es lo que menos me importa.
- Muy bien, vamos allá inmediatamente.
Link, siguiendo al corcel del mentor de la princesa, se dirigió junto con él al sitio en donde descansada, desde tiempos inmemoriales, el espíritu de Lanayru…
El príncipe y el jubilado mentor, tuvieron que seguir un largo recorrido para llegar hasta la orilla que conducía a la fuente, era una zona que el joven no conocía, pues esta estaba ubicada lejos en donde se encontraban la cabaña.
Una vez que llegó a su destino, se bajó de su yegua para ponerse al filo de las cristalinas aguas, completamente listo para entrar a la cueva en donde dormía el espíritu.
- ¿Puede ver esa casa, con esa gran torre que se encuentra a lo lejos? Es ahí en donde vivo.
- Vaya, se ve que es muy grande y acogedora. – manifestó admirado.
- Era la única casa que estaba ubicada en este sector, me gustó por ser la zona más tranquila, aparte de la que se encuentra su cabaña, claro está.
- También recuerdo que usted dijo que le gustó por tener vista al desierto.
- Por supuesto, es uno de los paisajes más enriquecedores de este mundo, al menos para mí es así. – contestó el letrado, maravillado.
- Entonces, usted debe saber cómo llegar hasta ahí.
- Si lo sé, ¿por qué?
- Porque ahí se encuentra Ganondorf…
El hombre se sorprendió en sobremanera ante la afirmación del príncipe, no creyó que el Rey del mal se encontraría escondido.
- No debería sorprenderme que él se encuentre ahí, pues es obvio que eligió un sitio tan apartado como ese para realizar sus fechorías. Además, según la leyenda, él siempre perteneció a la árida zona.
- Por eso necesito que usted me ayude a llegar ahí.
- Para abrir el camino al desierto debo hacer algunos trámites, pero los realizaré mientras usted va a su siguiente misión.
- Yo esperaré lo que sea necesario con tal de llegar hacia donde se encuentra ese tipo.
- Prometo hacer todo lo posible para poder ayudarlo.
- Gracias por su gentileza…Bueno, ha llegado el momento de irme.
- Que las Diosas lo acompañen en esta nueva misión, héroe elegido por las Diosas…
Luego de despedirse de Auru, el príncipe se sumergió en las purificadas aguas del lago, direccionándose a la cueva en donde se encontraba el espíritu en su eterno letargo.
Ya dentro de la cueva, Link se extrañó al ver que la fuente era distinta a las demás, pues esta se encontraba muy por debajo de su alcance, y para poder tocar sus aguas, tenía que bajar por una pequeña pendiente.
Luego de dejar de analizar el lugar en el que se encontraba, decidió no perder más tiempo y llamar al espíritu de Lanayru; estaba ansioso por saber cómo conseguir la última llama sagrada.
- Yo Link, el héroe elegido por las Diosas, pido que tú, espíritu de Lanayru, guardián y protector de esta región, te muestres ante mí, pues necesito que acudas a mis más grandes inquietudes…
Una luz empezó a resplandecer sobre de las cristalinas y profundas aguas de la fuente, y lentamente, el brillo tomó la forma de una gran serpiente marina, la cual portaba un orbe dorado entre sus enormes fauces; de esa manera, se mostró a la guardiana deidad, el espíritu de Lanayru.
- Soy Lanayru, el espíritu que protege las tierras y purificadas aguas de esta tierra. Bienvenido seas, héroe elegido, es un honor tenerte en mi presencia.
- Un gusto conocerlo, Lanayru, he venido aquí para que me guie en encontrar la última llama sagrada que me hace falta para fortalecer mi espada. Estoy dispuesto a sacrificar todas mis fuerzas con tal de conseguirla y cumplir con mi destino.
- Admiro tu entusiasmo y valor, héroe elegido, con eso me demuestras que eres digno a ser llamado como tal. La llama sagrada de Lanayru, se encuentra escondida en un antiguo barco, que en antaño sirvió como medio de transporte para unas no convencionales criaturas; el sitio del que te habló, se llama el Galeón de las Arenas.
- El Galeón de las arenas…
- El contenedor de la dormida llama está en el interior del galeón, el cual se encuentra hundido en las profundidades de las aguas más heladas, en la zona del pico nevado.
- Me parece contradictorio que un Galeón de las arenas esté en un lugar tan helado. – afirmó confundido.
- Esto se debe a que hace millones de años, la región de Lanayru fue un árido desierto, pero con el paso de los siglos, este empezó a congelarse y se formó lo que ahora conocemos como el pico nevado.
- Lo que no entiendo, es como me sumergiré a las aguas, me preocupa tanto la temperatura, como el hecho que no podré mantener la respiración por tanto tiempo.
- De eso no tienes que preocuparte, pues en el dominio de los zoras, encontrarás quienes pueden ayudarte.
- ¿¡Los zoras!? – preguntó espantado.
El príncipe se impactó en sobremanera al escuchar la revelación de la sagrada deidad, pues al igual que le ocurrió con los gorons, se sorprendió al saber que unas criaturas a las que creía extintas, estuvieran vivas.
- Veo que estás sorprendido por mi revelación, pero al igual que los gorons, ellos están esperando tu llegada desde hace tiempo, por esa razón no se han mostrado a la luz.
- Definitivamente, todo este viaje me ha traído más de una sorpresa, no creí que seres que creía no existían desde hace mucho, se encontraran escondidos.
- Pronto su claustro será finalizado con tu llegada.
- ¿Cómo puedo llegar a los zoras?
- Para poder llegar ante ellos, tendrás que pasar por una prueba. En el fondo de estas profunda aguas, se encuentra un pasadizo secreto, lo abriré para ti y tendrás que sumergiste dentro de él, pues este lleva hacia donde se encuentra el dominio de los zoras.
Al principio, el príncipe se preocupó por la prueba a la que tenía que pasar, pero luego reflexionó el actuar de la deidad, pues esta no le pondría una prueba a la cual no lo cree capaz de superar.
- Lo haré…si eso sirve para llegar hasta el dominio de los zoras, estoy dispuesto a enfrentar la prueba. – afirmó con devoción.
- Una vez más, me has cautivado con tu valor. En estos momentos abriré el pasadizo para ti. Que las Diosas te acompañen, héroe elegido…
El espíritu, luego de su despedida, se desvaneció del lugar desfragmentándose en varios destellos dorados, dejando al héroe, completamente solo para que cumpla con su desafío.
Una vez todo rasgo de la deidad desapareció, la tierra adyacente a la fuente empezó a temblar ligeramente. El joven observó como en el fondo de las aguas se abría un gran pasadizo, demostrando de esa manera, la afirmación de las palabras de Lanayru.
Navi y Midna, quienes se encontraron escondidas para no intervenir en el dialogo del héroe y el espíritu, salieron a observar el pasadizo, completamente sorprendidas.
- Vaya, no puedo creer que ese espíritu te haya puesto semejante prueba. – dijo la princesa.
- Es verdad, Link. ¿Cómo podrás nadar todo ese trayecto sin ahogarte? – preguntó Navi.
- Tendré que arriesgarme, no puedo quedarme aquí con los brazos cruzados. Voy a sumergirme en este momento.
- Espera, yo puedo esconderme en tu sombra…pero y el hada, ¿piensas dejarla aquí abandonada?
- ¡Es cierto! ¿Dónde podré resguardar a Navi? – preguntó preocupado.
- No te preocupes, amigo, puedes guardarme en una botella vacía. Las hadas de curación, que alguna vez han sido capturadas, las guardan ahí.
- ¿Estás segura?
- Completamente, confía en mí.
Link sacó una botella vacía y la destapó para permitir que Navi entre. Se sintió tranquilo al ver que esta entró a la perfección y no se sintió apretada.
- Si ves, Link, estaré bien aquí.
- Bueno, ya el hada está encarcelada, así que ahora sumérgete en el agua.
Midna se escondió en la sombra del joven, mientras que este guardó la botella en su alforja mágica, luego, se posicionó en la punta de la fuente y saltó directo a las aguas, sumergiéndose hasta las profundidades de la misma.
Ya habían pasado unos minutos desde que Link había pasado la entrada secreta, hasta el momento se sentía capaz de contener la respiración, pero al mismo tiempo, se empezaba a preocupar al ver que el camino no parecía demostrar nada distinto y se hacía cada vez más eterno.
- Link, ¿te sientes bien? – preguntó Midna.
El joven solo respondió hacienda con su cabeza un gesto de afirmación, pero la twili se dio cuenta que sus mejillas empezaron a tornarse un poco azuladas, cosa que la preocupó enormemente.
- ¡Nada más rápido, por favor, esfuérzate un poco más!
Haciendo caso de la petición de la princesa, Link aceleró la velocidad de su nado, a pesar que esto podría afectarlo a lo largo del camino por el esfuerzo físico empeñado.
- Solo un poco más, siento que estamos cerca de la orilla…
Efectivamente, la orilla ya se encontraba próxima, pero el joven ya estaba entrando en un estado de ansiedad enorme debido a la falta de oxígeno, así que sin poder soportarlo más, sus labios se abrieron dando entrada al agua, provocando que poco a poco se ahogue.
- ¡Link! ¡Resiste, por favor!
La princesa empezó a desesperarse al ver que su amigo empezaba a ahogarse, así que para salvarlo, se valió de algo arriesgado; materializó su oscuro cuerpo para poder tomarlo por los brazos y con todas sus fuerzas lo ayudó a nadar hasta el final del túnel.
Completamente agotado, se arrastró por la orilla aspirando el aire que el ambiente le estaba regalando. El joven por un momento creyó que moriría sin siquiera poner un pie en tierra firme, pero gracias a su fortaleza y la ayuda de su compañera, pudo lograrlo.
Midna, quien no había pasado tanto tiempo sin respirar como el príncipe, se sintió sumamente aliviada al aspirar el apreciado elemento hacia el interior de sus pulmones, y al mismo tiempo, estaba feliz de ver que pudo ayudar a su amigo a llegar a la orilla.
- Gra…gracias por haberme ayudado, Midna. – agradeció, respirando con dificultad.
- No es… nada, creí que ibas a ahogarte, por eso tuve que ayudarte.
- ¡Hey, escuchen! ¡Sáquenme de aquí!
Link sacó la botella que contenía a Navi de su alforja, la destapó con sumo cuidado y la dejó salir del encierro.
- ¡Pude escuchar que estabas ahogante! ¡Qué desesperación, no puedo creer que el espíritu te haya puesto un desafío tan horrible! – se quejó Navi, espantada.
- No te preocupes, gracias a Midna puse salvarme.
- Al menos, algo hizo bien la princesita. – lanzó con sorna.
- ¡Antes de sacar a Link, debí dejarte con todo y botella en el agua! ¡A ver qué hubieras hecho ahí! – reclamó enfurecida.
- Ya, por favor, no discutan de nuevo. Solo miren a que hermoso lugar hemos llegado.
Una vez que la situación se tornó más calmada, Link y sus acompañantes empezaron a observar el lugar en el que se encontraban.
Una hermosa y frondosa cascada alimentaba con sus cristalinas aguas a un gran lago. La gran superficie acuosa se encontraba rodeada de un esplendoroso jardín cubierto por pequeñas flores de varios colores, mostrando a los ojos de los espectadores, un paisaje nunca antes contemplado.
- ¡Qué hermoso lugar! ¡Las flores huelen delicioso y el agua se ve tan pura! – vociferó el hada.
- La verdad estoy maravillado, este es un verdadero paraíso. – dijo el príncipe, igual de anonadado.
- Yo no soy de las que se sorprende, pero debo reconocer que este lugar no está nada mal.
El príncipe sintió una paz infinita al verse rodeado de tal espectáculo, inmediatamente, la melancolía empezó a invadirlo, pues en esos momentos deseaba tener a su amada a su lado, disfrutando junto con él de las bondades de la naturaleza.
- ¡Mira, Link! ¡Al parecer no estamos solos en este sitio!
El joven observó a la dirección que el hada le estaba indicando, y se sorprendió al ver a lo lejos lo que parecía una mujer, jugando con un niño…
Dejándose llevar por las maravillas que les brindaba su hogar, se encontraba una mujer poco común. Brillantes escamas tornasol se encontraban formando la totalidad de su piel; cabellos fuertes y relucientes cual conchas de nácar, rodeaban su delicado rostro en elegantes ondas. Su cuerpo estaba cubierto por una fina seda que se acoplaba al camino de sus curvas, y como muestra de su finura, portaba un majestuoso collar adornado por minúsculos zafiros.
Pero la majestuosa dama, no estaba sola en esos momentos. Ella, completamente embelesada, se encontraba observando a un pequeño con su parecido; un niño cuyos elegantes ropajes indicaban que formaba parte de su entorno, y de la misma manera, su cuello decorado por finos diamantes azulados semejantes.
Link observó a lo lejos como el pequeño salía de las aguas para ir a abrazar cariñosamente a la mujer, infiriendo en ese momento, que la imagen mostraba a una madre y su hijo.
Sin decir palabra alguna, Link se acercó hacia donde se encontraban las criaturas para poder comunicarse con ellas; como siempre, su amiga el hada iba a su lado, mientras que la caprichosa princesa, se escondió entre las sombras.
El pequeño niño aún seguía abrazando a su progenitora, pero al sentir que una sombra extraña se acercaba, sacó de su alforja una pequeña daga y la apuntó al invasor de su espacio.
- ¡Alto ahí! – amenazó con furia.
- Yo… - dijo Link, entrecortado.
- ¿Qué clase de criatura eres? No eres un zora ¡Debes ser un monstruo!
- ¡Déjame explicarte, yo te juro que no…!
- Detente, Ralis. Guarda tu arma y deja en paz a este joven.
La fina dama, completamente calmada, se levantó a analizar detenidamente al príncipe. Observó nobleza en sus zarcas pupilas; fuerza y protección en sus bien formados brazos; pero sobre todo, percibió valor intenso latiendo con fervor en su purificado corazón…en ese momento, no tuvo duda de quien se trababa.
- Héroe elegido por las Diosas…valiente Link. – afirmó, sonriendo con calidez.
- ¿Usted…me conoce? – preguntó Link, sorprendido.
- Mi raza ha esperado tu llegada desde tiempos inmemoriales. Es un honor tener a tan valeroso hombre en nuestros escondidos terrenos. Me presento ante ti como Rutela, la reina de este dominio.
La reina hizo una reverencia al tener frente a ella al héroe elegido por las Diosas. Link, al ser honrado de esa manera, le devolvió el gesto con la misma cordialidad.
- Para mi también es un gran honor estar ante una reina. Le presento a mi hada compañera, Navi.
- Mucho gusto, reina.
- Mucho gusto, pequeña criatura.
El príncipe notó que el pequeño zora se encontraba detrás de su madre, observándolo con sumo recelo. Esa situación no fue evadida por la reina, quien en ese momento dio una explicación.
- Te presento a mi hijo Ralis, el príncipe de estas tierras. Lamento mucho su comportamiento, pero desde que enviudé hace pocos años, se ha propuesto protegerme de cualquier cosa, y al no conocer físicamente a la raza hylian, provocó que reaccione de esa manera.
La madre impulsó a su hijo para que se acerque hasta el príncipe, y cuando el niño percibió confianza, le estrechó la mano.
- Mucho gusto, Link. Lamento el recibimiento que te di, pero como dijo mi madre, nunca había visto a alguien como tú. – explicó el niño, avergonzado.
- No te preocupes, para mi también es una sorpresa verlos, pues creí que su raza se había extinguido hace miles de años.
- Eso es lo que cree la gente común, pero nosotros hemos seguido vivos de generación en generación esperando tu regreso, cosa que nos llena de inmensa dicha, pues eso quiere decir que pronto podremos salir de nuestro encierro. – mencionó la reina.
- Los gorons lograron adaptarse a los humanos, ustedes podrán hacer lo mismo.
- De eso no tengo duda, pues como su reina estoy dispuesta a defender e integrar a mi pueblo.
- Con sumo respeto, demuestro mi admiración hacia usted, pues siento una madre sola y manejando un dominio entero, las cosas han de ser sumamente difíciles. Además, al igual que Darunia, debe ser la reencarnación de la antigua sabia de agua.
La reina Rutela se quedó en silencio analizando la última frase del joven, para luego lanzar una pequeña carcajada.
- Sé que te sonará extraña la noticia que te daré, pero la reencarnación de la sabia del agua, no soy yo.
- ¿En serio?
- No lo es, la representante es la fastidiosa de mi hermana. – mencionó el niño.
- Ralis, no hables así de tu hermana.
- Lo siento, mamá, pero solo digo la verdad. Es una engreída.
- ¿Tiene una hija? – preguntó el príncipe.
- Si, Link, mi hija mayor. Ella es la reencarnación de la sabia del agua. A pesar de su juventud y poca experiencia, las Diosas lo destinaron así y he aprendido a lidiar con eso. Ella, a diferencia de mi hijo, si sabe algunas cosas sobre ti y tu llegada, así que no creo que se sorprenda mucho al verte.
- Si ella es la sabia del agua, me gustaría hablar con ella, pues estoy segura que podrá…
- ¡Mamá! ¡Te he buscado por todas partes!
Las palabras del príncipe fueron interrumpidas por una estruendosa y sonora voz, poco a poco, la desconocida silueta se fue aproximando, hasta que esta se puso cerca de la reina.
- No tienes por qué escandalizar, hija, he estado en mi jardín con tu hermano todo este tiempo. – respondió la reina, con seriedad.
- De todas formas, te busqué por todo el palacio y no te encontré.
- Antes de renegar, se educada y saluda al recién llegado.
La reina tomó del brazo a su hija y la posicionó para que se ponga de frente a Link, luego, la presentó.
- Link, te presento a mi hija, la princesa Ruto.
Los ojos de la joven princesa, se desorbitaron en sobremanera ante el ser que se encontraba frente a ella. Fue tal el impacto que Link causó en su interior, que en ese momento se puso a observarlo de pies a cabeza completamente ruborizada y deleitada, provocando que el príncipe, se sienta sumamente incómodo con la situación…
Comentarios finales:
Al parecer, al pobre Link le cayó encima otra admiradora, y por la actitud de esta, difícilmente podrá librarse de ella XD.
Quiero agradecer a todas las personas que están comentando, leyendo y siguiendo mi historia, valoro enormemente que lo hagan, pues eso es una motivación para mí para seguir escribiendo.
Quiero enviar un saludo especial a Dark Cat, Yahab,Jessique V-Kei,Pirata Eli-Sama Nohansen Hyrul,Fox McCloude,lobatri, Niakuru, Gisel Cl, y a todas las personas que me dejan reviews, me siento muy contenta al saber que mi historia es de su agrado ^^.
Desde hace tiempo, deseo responderle los reviews a las personas que son anónimas, por esa razón, me cree un correo electrónico para poder comunicarme con ustedes y contestarles sus comentarios, dudas sobre la historia o cualquier novedad.
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Espero hayan disfrutado de lo leído. Hasta la próxima ^^.
