Capítulo XXXVI
Peldaños del pecado: No siempre se queda en Las Vegas
Consensus facit nuptias (el consenso hace las nupcias)
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Living las Vegas - Elvis Presley
Renegades - X Ambassadors
I Feel Free - Cream
Born to be Wild - Steppenwolf
Wild Thing - The Troggs
You Really Got Me - The Kinks
Sympathy for the Devil - The Rolling Stones
We Still Got the Taste in our Tongues - Wild Beasts
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La ausencia de luces se hace extraña. La ciudad se presenta con tráfico y turistas en busca de prostitutas legales. Los edificios majestuosos no destacan sin gente que los admire. Las Vegas...La ciudad en medio del desierto, el purgatorio y la vía de escape, la fiesta interminable, las amnesias temporales y el cofre de secretos y pecados.
"Lo que pasa aquí se queda aquí" rezaba el lema de una campaña publicitaria que trascendió. Locura y desmadre es eso que pasa. Drogas, alcohol, dinero, putas, música y juego.
Y todo queda ahí.
-¿En cuál quieres alojarte?
Tienen un listado de los hoteles. Todos son temáticos y relacionados con alguna civilización. Bella quiere estar en todos, pero debe elegir.
-¿Cuál es el más caro?
-Creo que el Caesars Palace.
-Pues ese.
-¿Ya me quieres arruinar y todavía no nos hemos casado?
-Veo que lo pillas. Oh, y quiero la maldita suite. Si hay una nupcial, pues esa, con todos los accesorios y tonterías costosas- pide con soberbia poniéndose sus gafas de sol.
-Eres tan modesta, cielo- aprecia irónico siguiendo su juego y dejando colgar su mano por su hombro más alejado.
-Lo sé, pero ahora en serio, quiero alojarme en la suite de ese.
-¿Sabes qué cuesta varios miles de dólares la noche?
-¿Y?
Edward no tiene claro si arrepentirse de ese viaje y de su proposición cuando entrega su tarjeta en el mostrador del hotel. Bella mira el lujo y el derroche masticando un chicle con exageración, como adoptando la superficialidad y la hipocresía necesaria para no desentonar en ese vestíbulo.
La suite es un espacio enorme y opulento cuyas vistas permiten apreciar la ciudad como en pocos lugares se puede. El botones deja las maletas, pero Bella hace de las suyas y le cierra la puerta en las narices sin nada de propina. Tiene esa actitud de que le importa una mierda lo que digan. Ya ha pagado de sobras. Ríe y se tira con fuerza en el colchón de agua en el que está tirado Edward.
-¿Y qué se supone que se hace en la ciudad del pecado cuando es de día?
-¿Ir a algún club de sreaptease?
-¿Quieres ir a uno? Vayamos- dice caminando sin problema.
-¿Qué? Isabella…¿Cómo vas a…?
-¿Qué? Seré la única con tetas naturales y pelo púbico ahí dentro. ¿Quieres que te haga pole dance de ese? Yo te lo hago.
Él niega la cabeza sonriendo.
-¿No prefieres ir a ver la fuente de agua?
-¿Es que te da cosa entrar conmigo ahí?- provoca ella.
-Estamos en América.
-Lo sé.
-Esto no es como Inglaterra.
-Soy consciente, acabas de decir que es América. ¿Y bien?
-Pues...Tengo que ir con el doble de cuidado.
Pone la mano sobre la puerta y no la deja ir tan fácil. Es su manera de decir que eso tiene importancia.
-¿Ya empezamos con esa mierda?
-Oye, intento decírtelo antes de nada. América es como una mina. Y los paparazzis no se conforman con echarte unas fotos e irse. Te siguen hasta dónde haga falta. Sólo digo que hay que ir con más cuidado.
-Es nuestra boda. Y esto es la ciudad del pecado. Y tu futura esposa está loca y por eso se va a casar contigo. ¿Qué pretendes? ¿Adoptar una actitud de cura, santo o algo así en las putas Vegas? Siendo o no famoso, eres joven para pensar así.
-No empieces con eso…
-No, no empieces tú con eso.
-¿Por qué discutimos todo el rato como un maldito matrimonio?
-Porque es en lo que estamos a punto de convertirnos. ¿Qué pasa ahora? ¿Tienes pensado dejarme plantada en el altar?
-Dejar a cualquier mujer plantada en el altar es una crueldad imposible para mí.
Ella suspira mirándolo. Tiene razón. ¿En qué mundo Edward Cullen dejaría plantada a cualquier mujer en su día más especial?
-Vayamos a ver lo de la fuente- su resentimiento es palpable mientras comienza a andar.
Él la detiene, la gira para mirarla a los ojos y hablarle en el tono serio que utiliza para querer ser comprendido.
-Yo solo quiero que entiendas...Que lo que pasa en Las Vegas, no se queda en las Vegas. Para mí, se quedaría en cualquier rincón del mundo. Y ni tan solo se quedaría, sino que siempre estará a un click.
Ella suspira cansada.
-Tengo tantas ganas de que acabe del todo Time Owners y veas las cosas diferentes, Edward...Ya es hora de que vayas rompiendo las reglas y seas un poco rebelde. ¿Alguna vez lo has sido?
No contesta. Cuando Bella le dice las cosas así de claras siente que su vida es miserable desde incluso antes de que él tuviera la percepción. Y a pesar de escucharlas y de que le duelan, las verdades, simplemente hay algo que le impide cambiarlas. Le gustaría romper las reglas, le gustaría ser díscolo, por supuesto. Ni tan solo tiene treinta años, pero hay un muro que no es tiempo de romper y está únicamente en su cabeza.
Sin embargo, eso es su cabeza. La de Bella tiene 24 y funciona como tal. Aprovecha cada esquina para atacarlo con la boca, mordisquearlo, besarlo, meterle mano por todos lados y luego escabullirse mientras ríe jovial y maliciosamente. Hace decenas de fotos a todo pero sobretodo a él porque es el muso inspirador que cualquier marca querría a todas horas. Lo lleva de arriba a abajo agarrando su mano y prácticamente arrastrándolo mientras habla e insulta y hace lo que más les gusta hacer a los americanos, alzar el dedo del medio a todos los conductores mientras ella cruza la carretera por donde no hay semáforos. Cuando encuentran uno de esos, Edward le obliga a esperar y ella le bailotea mientras. Entra en los supermercados, la lía y sale corriendo. Piden hot dogs para comer y salen huyendo sin pagarlos. Luego Edward vuelve arrepentido y le da un billete de 50 por las molestias mientras ella expresa su desacuerdo.
-¿Estás haciendo todo esto a propósito para que no me case contigo o qué? Estáte quieta- le regaña.
Su respuesta es vaciarle la botella de agua por todo el cuerpo.
-No te vayas a deshidratar, querido.
-Suficiente.
De vuelta al hotel. Ella se desnuda aunque no esté mojada y lo lanza al colchón para beneficios corporales propios.
-¿Qué es esto?- se extraña él.
Tiene dentro de las bragas paquetes de caramelos y snacks. Se encoge de hombros sin darle importancia.
-Lo he robado.
¿Cómo lo ha hecho si él estaba a su lado y no lo ha visto? Edward le da una lección para que no vuelva a hacerlo.
-Wow...Si vas a hacer eso cada vez que robe algo te aseguro que esta noche arraso el casino- declara peinando el alboroto que ha hecho en su cabeza las manos de él.
Edward se limita a abrocharse su camisa con elegancia y parsimonia. De puertas hacia dentro se deja llevar con efecto doble por no hacerlo de puertas hacia fuera.
El sexo parece ser que lo deja un poco más atrevido y ahora él va susurrando eróticamente en su oído las cosas que quiere hacerle. Y que piensa hacerle. Ahora él anda a su lado mientras le agarra el culo sin importarle si alguien está al tanto.
-¡Bella!- baja enseguida su voz a un susurro- ¿Pero qué haces?
-Hasta que no pares de calentarme no salgo.
Se ha metido en el enorme refrigerador del supermercado en cuanto él se ha dado la vuelta un segundo.
-Sal de ahí. Ya.
-¿Vas a parar con tus provocaciones? Me duelen los pezones.
Una mujer mayor pasa por ahí. No le da mucha importancia, lleva años viviendo en Las Vegas. Cosas de esas pasan cada día, todos están locos.
-¿Me puedes pasar una bolsa de guisantes, chica?
-¿Esta?
-Sí, y la pizza de allá.
-Tenga, pero que sepa que las pizzas congeladas son un delito.
Edward niega la cabeza exasperado. Se está poniendo nervioso. El dependiente se está acercando.
-¡Bella, ya! No voy a seguir diciéndote cosas escandalosas, no vamos a tener sexo ¿está bien? Vamos.
-¿No sexo? Estás loco. Si no voy a tener sexo no pienso salir.
-Mira, aquí te quedas- le dice yéndose de ahí.
No piensa aguantar una reprimenda porque a ella se le vaya la cabeza.
Cuando salta sobre su espalda y ríe en su oído sabe que ella no se ha quedado para aguantar la reprimenda tampoco.
Entre otras gamberradas el sol cae y el cielo se tiñe de un anaranjado melancólico precioso. Las luces empiezan a caracterizar la ciudad como se le conoce.
-Vamos al hotel de dios.
-¿El hotel de dios? ¿Cuál es?
-Nena, es el paraíso y tú todas mis huríes que hay en él. Cuando me haces el amor me llevas directamente a la suite que hay en la azotea.
-¿Crees en el paraíso?
Edward se encoge de hombros.
-Soy agnóstico, Isabella.
-Los agnósticos son para ateos inseguros o creyentes indecisos...Ah, eso te pega bastante- deduce haciéndole reír.
-Solo creo en el karma...Es lo que tengo claro. Eso y que vamos a echar el último antes de convertirnos en marido y mujer.
Y suben. Suben a la azotea, superan a las nubes, saludan lo que sea que hay arriba y vuelven a descender con el oxígeno intentando entrar en sus cuerpos de la velocidad vertiginosa con la que han llegado al paraíso. Bella busca hielo y los deja en la cubitera. Si Edward pensaba que era para seguir jugando sexualmente o para refrescar champagne se equivoca. Se alarma cuando la observa desinfectando una aguja con un mechero.
-¿Qué...Qué haces?
-Me dijiste que pagarías tu apuesta cuando terminaras de rodar. Así que preparo la instrumentaria.
-Espera. Espera. ¿Por qué lo grabas?
-Alex me ha pedido que lo haga. Quiere ver cómo chillas. Bah, no le creas. Si es un pinchacito. Lo voy a hacer rápido.
Él pensaba que el hielo le había dormido la oreja. Y exactamente. No siente el pinchazo sino el dolor extendido por todo el lóbulo después de 5 minutos. Espera que no se le infecte, pero asume su culpa. No debe aceptar apuestas con Bella.
-Y el próximo ya sabes dónde…
Le ignora mientras se pone hielo sobre su nuevo pendiente para mitigar el dolor.
-¿Qué te parece si vamos yendo a la primera capilla que se tope en nuestro destino?
-Me parece que quiero emborracharme antes.
-¿Qué pasa? ¿No quieres recordar lo guapo que estaba de Elvis?
-¿Te has comprado un traje de Elvis?- pregunta sorprendida.
Se dirigen al casino con mucho dinero y poco miedo a lo que pase con él.
-¿Sabes qué casino es italiano?
-¿Sí? No me extraña, invadistéis esto como nadie.
-Un casino es una villa lujosa apartada de la ciudad, donde paradójicamente se va a descansar. Su única relación con el juego es una sala para jugar a las cartas.
-Curioso- aprecia con un gesto divertido- ahora vayamos a ganar dinero.
-Seguro que sales multitrillonario después de haber leído ese libro en el avión y actuando normalidad por tus dotes actorales- dice con retintín.
-¿De verdad pensaste que podría haber otra?
-Aún quiero pegarte por eso, así que no me tientes.
-No he entendido una mierda del libro. Es más complicado de lo que parece, así que solo voy a arruinarme.
-Te arruinarás tú, querido. Yo voy a robar unos cuantos dólares a estos mafiosos.
No le espera. Se va directa a las mesas de póker. Él quiere probar suerte en el black jack. Cuando pierde 500 dólares acepta su mala racha y se va a la ruleta. En esta recupera los 500 dólares por un golpe de suerte. Ese es el enganche, cuando se recupera sigue jugando y entonces pierde 200 dólares. Luego va a buscar a Bella, quien sigue en la misma mesa.
-Hola, cariño- saluda feliz.
Tiene esa sonrisa de haber bebido varios vasos de whisky.
-Así que es verdad- murmura un jugador de la mesa con unas ridículas y desfasadas gafas de sol.
-Claro que es verdad. En cuanto vuelva a ganarte nos iremos a la capilla y nos casaremos con todo el dinero que he ganado- anuncia al resto de los hombres que están en la mesa.
-¿Cuánto has ganado?- pregunta Edward observando todas sus fichas.
-Unos 1.200 dólares. Con esto nos compramos el maldito lote, Edu. Pondremos la foto de nuestra boda en la vajilla completa.
Los 1.200 dólares se convierten en 1.500 cuando termina la partida. Ella lo cambia por dinero real y después de un par de copas están en una capilla.
Ha llegado el momento. Se cambian de ropa y salen sorprendiéndose. De manera extraña es Bella quién se sonroja cuando Edward se la come con los ojos en ese vestido blanco que lleva. No se ha puesto peluca rubia, pero si se ha hecho la peca en la boca. Ella no para de reír del traje blanco y dorado de Edward. No se ha puesto tupé, pero no lo necesita porque su vestuario es divino.
-¿Sabes que me acosté con la nieta de Elvis?
-¡¿Qué?!
-Supongo que lo querrías saber antes de casarnos. No fue la gran cosa.
-No puedo creer que vayamos a hacer esto- dice entre dientes acercándose dónde espera el cura.
-Ssshh- la hace silenciar Edward ayudándola a llegar, ya que ambos están con un serio problema de alcohol en sus sistemas.
Se tragan el discurso del cura entre risas ocultas y un desequilibrio chisposo. El cura no les da importancia a su estado. La costumbre lo ha hecho inmune.
-Edward, los anillos- le advierte ella.
-Oh sí.
Los novios se ponen los anillos que entraban en el lote.
-Yo les declaro marido y mujer. Puedes besar a la novia.
La lengua de Edward se vuelve loca dentro de la boca de Isabella. Después de eso corren hacia la siguiente capilla y vuelven a hacer lo mismo.
Y después otra y después otra.
Hacen de testigos de las bodas de los demás, no hacen de protagonistas de la suya propia. Se ofrecen voluntarios y a medida que pasa la noche han ido a 5 bodas. Ninguna suya.
-No pares...Joder, no pares.
-Están a punto de casarse.
-Que les den. Vamos, métemela. Ahora. ¿Por qué no me follaste en Chicago?
-Yo no fue quien dijo que no.
-Y en Cuba. Oooh sí.
-Calla- le tapa la boca con su mano cuando la penetra.
-¡Hijo de puta! ¡Hijo de puta! ¡Qué bueno!
Él ha flexionado las rodillas y ha llegado más allá. No sabe si le insulta a él o simplemente maldice de esa manera tan camionera dado el placer. Es asombroso cuando consigue tenerla tan ida.
-Jesucristo, jódete. Mira esto. Oh mierda.
-Bella…
Parece estar poseída, pero es que él no está muy cuerdo en ese momento mientras siente las contracciones de su peristaltismo sexual. Están pecando en el pequeño cuarto del cura, ante los ojos de un Elvis crucificado en una guitarra eléctrica en la pared. Están tan concentrados que no se dan cuenta que la puerta se abre por el hombre que lleva toda la noche casando beodos.
-¡En nombre de Elvis!- exclama sorprendido.
-¿Qué pasa? ¿Nunca has visto a gente follando, cura? Jajaja.
-¡Váyanse inmediatamente o llamaré a la policía!
A Edward se le baja la erección de golpe. Se sube la cremallera y sale de ahí a toda prisa con Bella brincando y canturreando simplemente tras sus pasos. Parece que nació en esa ciudad de pecados dado su comportamiento impasible e impertérrito mientras los lleva a cabo durante el resto de la noche.
Fueron de fiesta en fiesta y de copa en copa. Son las 11 de la mañana cuando pisan el hotel. Se han sabido adecuar bien al estilo de turismo y lo que hacen es acostarse en la cama sin desvestirse ni abrirla. El colchón es enorme pero duermen entrelazados y borrachos.
Despiertan al atardecer. Lo primero que ven los ojos de Edward es Edward.
-Bella…-arrastra con voz pastosa.
-Mmm…
-¿Qué hace ese póster de mi gigante?
-Mmm...Lo robé rompiendo el cristal de una marquesina en una parada de autobús.
-Ah...Vale.
-Edward es que realmente lo quería y…¿Cómo?
Le mira porque se le hace raro que él acepte sin echarle la bronca, pero sí, un Edward resacoso no es tan moralmente coñazo.
-Necesito una ducha.
Ella le acompaña al rato. El agua les convierte en personas de nuevo. Están exhaustos. Se enjabonan mutuamente, pero Bella sigue en Las Vegas y su locura sigue atentando contra Edward. Está sobándolo por todas partes justificándose que es para dejarlo bien limpio. En una de esas se agacha y se concentra en su culo durillo. Sin pensarlo mucho pasa su lengua entre sus nalgas.
-¡¿Bella?!
Su sorpresa es alarmada e incluso de disgusto.
-¿Qué?
-Es asqueroso.
-Está limpio- justifica con sencillez.
-No...Me da igual.
-Es un compromiso- dice mordiendo su nalga.
-¿Compromiso de qué?
Se gira pero ella sigue en el suelo de la enorme bañera y aprovecha el giro para llevárselo a la boca. Cuando juguetea con esa parte de su cuerpo, él no la rechaza. Se siente bien y normal el sentirse bien.
-Mierda, Bella…
Suspira, se recuesta en la cerámica blanca y cerrando los ojos lleva sus manos a su pelo. Ella le mira, lo necesita relajado porque va a romper un tabú y nunca es fácil hacerlo.
Le fascina sentir como se endurece en su boca. Acaricia con dedos dóciles sus piernas, de arriba a abajo antes de llevarlos a sus testículos. Ese es su punto fuerte y el punto débil de Edward. Jugar con esa zona sensible es un atajo. Se entretiene porque le fascina su expresión, pero quiere indagar cosas nuevas. Como le ha dicho quiere su compromiso.
Le insta a separar las piernas aprovechando su distracción placentera. Contiene su sonrisa orgullosa con el cambio inmediato de expresión. Su rostro muestra pavor y temor por igual. Con la mano contraria a la que separa sus nalgas hace equilibrio en su cintura. Parece un animal a punto de huir al oír una rama quebrarse en un silencioso bosque.
-Bella…-advierte inseguro.
-Shh, está bien...Avísame si no se siente bien.
-No se siente bien.
-Avísame cuando lo haga- no se rinde con ese dedo explorador.
-Creo...Creo que no es buena idea- insiste azogado.
-Relájate- susurra besándole la ingle- No seas carca…- intenta convencerle ante el miedo de lo desconocido.
-Mierda...
Continúa distrayéndole con la boca pero sin detener el movimiento de atrás.
-Quiero compromiso- repite sobre la parte inferior de su muslo.
-Ya…
Ahora lo entiende. Iguales. Eso dice siempre él. Ahora es consciente de la plenitud que alcanza la palabra en todos sus contextos. Son iguales, análogos, congéneres incluso en lo más crudo de la sexualidad. Intenta coger aire cuando ella encuentra un punto concreto.
-Mierda, Bella. Mierda, joder...Mierda, Bella.
Esta se levanta y masturba su culo desde esa posición. Realmente no lo mueve, solo lo deja inmóvil para mantener una presión suave en la famosa nuez. Está emocionada con la respuesta, Edward maldice con poca frecuencia y ahora es lo único que hace. Su emoción incrementa cuando él solo jadea y emite sonidos poco masculinos y nuevos. Suenan como mendigos pidiendo clemencia ante un éxtasis nuevo y raruno.
La mente de Edward se convierte en algo confuso, y de esa misma confusión no sabe cómo actuar. Por ello, con su instinto más animal al acecho, interpretando físicamente como un ataque ese intruso y la rapidez en la que está siendo estimulado, ataca de la misma manera, ataca con la imitación, porque es así cómo aprende el humano, a partir de la imitación. Pero la queja rápida de ella le pone en otro tipo de alerta.
-¿Te he hecho d…¡Aaah!
-Sólo...Sé suave.
Intentan hacer algo recíproco, pero Edward pierde. Se detiene a los pocos segundos porque lo que siente es demasiado acuciante. Siente su excitación forzada y la evidencia de su orgasmo en el vientre de ella.
De lo siguiente que es consciente es del excesivo agarre que tiene en su pelo y hombro. Relaja las manos cuando se da cuenta de su fuerza descontrolada.
-Lo...Siento.
Bella sonríe.
-No pasa nada- contesta.
-Joder.
No. No está bien. Le va a dejar una marca, quiere contestar, pero no es capaz de pronunciar sonido, mucho menos algo coherente. Se deja caer sobre la bañera. Las piernas le tiemblan ligeramente y no le sostienen.
-Lo disfrutaste.
-Joder- repite desorientado.
Ella se limita a sentarse a su lado y dejar su mano sobre su rodilla mientras el agua les salpica desde ahí abajo. Le gusta dejarse fascinar por su pecho recuperándose con ritmos rápidos y agitados.
En cierta manera, conseguir el placer del otro es lo más cercano a jugar a ser dios. Edward acaba de vivir los preparativos de su boda en su propia piel y carne.
-¿Estás bien?
-Mmm…-ella le pregunta algo más pero no puede entenderla y calla.
Empieza a avergonzarse por sus impulsos incontrolados. Debe haberse visto ridícula esa reacción. Parecía sobreactuada de lo ridícula que ha sido. Un hombre chillando como chica porque le están violando su masculinidad. Pero se sintió tan bien como renacer en medio de un Big Ben de placer distorsionado, como explotar en un origen universal.
Ella misma le coge su mano y se la pasa por sus hombros abrazándose. Recuesta su cabeza esperando su recuperación.
-Dime que no has leído esto en algún fanfic de esos.
-No…¿Pero te imaginas? No leí ninguno de masturbación anal sincronizada. Yo seré la pionera.
-¿Sincronizada? Me he quedado en shock- justifica su retirada temprana.
-Es lo que tiene no tener el punto g en el culo. No es mi culpa que los hombres tengáis la próstata dentro de vuestra sensibilidad de machos.
Murmura algo que no entiende ni él y vuelve a apoyar su cuello en las racholas mirando el techo.
-¿Le has hecho eso a alguien antes?
-No, Edu. No voy metiendo el dedo en el ano por ahí a capullos.
-¿Al menos podrías…?
-¿Qué?
-No decirlo tan…
-¿Tan qué Edward? Ano, ano, ano- contesta riendo como una niña.
Su ausencia de tapujos le incomoda. Ella es tan escandalosa.
Vuelven al casino antes de despedir la ciudad. Juegan sus últimas partidas entre el pandemónium de las máquinas. Los ludópatas se reparten estratégicamente y cada uno tiene su propia tragaperra asignada y su vaso malgastado con monedas.
-El timo americano. Digo...Sueño americano- suspira detestando esa filosofía.
-¿Qué?- se siente observado.
-Estoy recordando tu cara cuando...ya sabes.
Dirige de nuevo su mirada a la máquina abochornado.
-¿Por qué te gusta hacerme pasar vergüenza?
-¿Lo hago?
-Me has violado y estás tan contenta.
-No digas eso. No te he violado.
-Me siento...Humillado.
-¿Se sintió mal?
-No tiene sentido negarlo. Está claro que no.
-Entonces no hay nada de lo que avergonzarse o sentirse humillado.
-No eres hombre para entenderlo.
-Ah...Estigmas sociales de siempre. No me seas decimonónico mental. Te corriste como un loco, ¿por qué sentirse mal después?
-No lo entiendes- insiste con sus mejillas rojizas.
-Me estaba preguntando…¿Quién te desvirgó?
-¿Para qué quieres saberlo? ¿Acaso me lo dirías tú?
-Si me contestas antes, sí. Es lo justo.
Siete. Campana. Bar. Combinación desastrosa. Vuelve a perder, vuelve a meter centavos.
-Se llamaba Anne. Era más grande que yo. La conocí en el teatro, salimos un par de veces y bueno, un día lo hicimos.
-¿Años?
-Dieciocho.
-¿Qué más?
-¿Cómo que qué más? Fuimos a su casa, tuvimos sexo y ya está.
-¿Te dolió?- pregunta con humor.
-No seas maldita. No duré ni tres minutos. ¿Eso querías escuchar? Parece que no has terminado de humillarme.
Ella ríe y le abraza por detrás. Le besa y se sienta sobre su pierna con los pies apoyados en el suelo para no recargar su peso. Juegan un par de tiradas más. Siguen perdiendo dinero.
-¿Y tú?
-¿No te lo imaginas?
-Tengo mi sospecha, estoy esperando para confirmarla.
Bella sonríe y acaricia su cara.
-Heikki me trató bien. Fue en nuestro baile de fin de curso. Yo tenía catorce.
-¿¡Catorce?!- dice alarmado.
-Sí, bueno...A pocos meses de los quince.
-Es ridículo, no tenías ni el cuerpo desarrollado.
-¿Vas a juzgarme?- se siente atacada.
-No, cariño, no. Es solo que me he sorprendido...Quiero decir...Eras una niña. ¿Es que era el baile de segundo curso o qué?
-No, era de cuarto, pero me adelantaron un año en la primaria y además soy de las pequeñas, de septiembre, así que…
-Tan inteligente y promiscua…
-Idiota.
-¿Y qué más? No me lo digas, fuiste tú la que echaste alcohol al ponche.
-¿Soy tan obvia?- pregunta con real preocupación.
Edward suelta la carcajada inevitable.
-Lo obvio es tu belleza.
Y no solo habla de la que se expone en las revistas de artículos superficiales.
-Heikki no quiso comprarlo así que convencí a otro compañero de clase para que lo hiciera. Él es tan estúpidamente responsable.
-Uy si, estúpidamente responsable para acostarse con una niña.
-No lo digas así- amonesta duramente- él tenía dieciséis, era otro crío. No fue como si no lo quisiéramos hacer.
-¿Dolió?- repite con el mismo tono que ella le ha preguntado.
-Pues claro. Y casi mancho los asientos del coche patrulla.
-¿¡El coche patrulla?!
-Sí, bueno...Tenía el fetiche de hacerlo ahí. Pero Heikki me trató muy bien, yo le quería. Fue paciente y cariñoso por lo poco que recuerdo.
-¿Lo poco que recuerdas? Ibas como una cuba y encima te detuvieron.
-No es por eso…Y claro que no me detuvieron, el coche era de mi padre.
-¿Entonces Heikki fue tu primer amor?
-Claro que no. Ese eres tú y lo sabes.
-Pero has dicho que le querías.
-Le quería, pero...Bueno, no sé, es un amor diferente...Era. Tenía catorce y pasábamos tiempo juntos y…
-Él te amaba y te sigue amando- interrumpe.
Bella tarda un rato en contestar. Tiene razón.
-Sí, lo sé...Pero...No sé, no era recíproco, quiero decir, le quería y probablemente si me hubiera quedado en Finlandia hubiésemos sido novios formales, pero todo cambió y mis sentimientos también.
-¿Por qué?
-Porque mientras aún estábamos dentro del coche el walkie talkie policial estaba activado. Pidieron refuerzos para un accidente. Nosotros lo ignoramos hasta que Akseli, que es el mejor amigo de mi padre, notificó que era su compañero…Luego...Todo lo que recuerdo se vuelve borroso. Sólo lo recuerdo con nitidez en mis sueños...Pesadillas, supongo- intenta reír pero sale algo macabro- Oye, ¿no tienes más monedas? En algún momento tienen que salir los 3 sietes.
Como siempre cambia de tema. La sonrisa triste deja helada la sangre de Edward. Se encuentra en ligero shock. El anécdota de su virginidad y la confirmación de su sospecha que fue con Heikki quedan como algo sin importancia ante la siguiente información.
Es en ese momento en que va un poco más allá e intenta penetrar la mente de Bella, la mente de una mujer que va a casarse y cuyos padres no van a estar en primera fila. Piensa que su padre no se la entregará porque está muerto. Piensa que no tiene hermanas que puedan ser damas de honor como las tiene él. Piensa que su madre no puede entregarle el anillo que su madre le dio siguiendo la tradición porque su madre no está. Piensa que si tiene hijos con Isabella, estos no tendrán abuelos maternos. Si tiene hijos con ella no podrán tener padrinos maternos. Piensa en todo eso y sobretodo piensa cómo se sentirá Isabella al respecto. Le mira fijamente y es de esos momentos en que el sentimiento es tal que las palabras no salen.
-Deja de mirarme así- murmura cohibida- Ni intentes decir que ojalá me hubieras desvirgado tú o algo parecido porque es super hortera, Edward- avisa rodando los ojos.
¿Cómo lo hace para hacerle sonreír a él si tendría que ser al revés?
-No pensaba decir nada de eso, boba. Ese capítulo de tu vida no me pertenece...Pero tu otra virginidad si, ¿no es así?
Se lleva su dedo a la boca para morderse la uña pero Edward se lo impide con el rollo de proteger sus dientes.
-Solo si aceptas y juras que el resto de capítulos de ahí en adelante serán compartidos contigo.
-Tú no juras.
-Pero tú sí.
-¿También querrás hacerlo en un coche patrulla o algún otro sitio loco?
Ella ríe llevando sus manos tras su cuello.
-Creo que una cama será suficiente. Quiero la ceremonia clásica y tradicional. He madurado y mi imaginación se ha ido al caño.
Edward piensa en cómo sería su imaginación si supuestamente ha madurado y sigue siendo la loca que tiene ideas que ni a yonkies esporádicos se les hubiera ocurrido.
No tiene que pensarlo mucho cuando le propone alquilar un coche y atravesar el desierto en dirección contraria. Entonces sigue pensando, no en ella, sino en él mismo. Se pregunta cuan loco le vuelve esa mujer cuando se ve aceptando. Se pregunta cómo configura y manipula su carácter mientras conduce por la carretera desierta. No se acuerda dónde lo leyó o quién lo dijo, pero recuerda esa comparación la cual reza que el amor es como colocarse en la barra del trapecio sin red. Él es el equilibrista al borde del abismo.
Solo ellos.
Ellos, la arena, el asfalto, el motor y el salvajismo de la naturaleza a sus lados.
Existe algo poderoso durante los viajes en descapotable. El viento les remueve el pelo. Los altavoces vibran debido al elevado volumen. Son hermosos, son jóvenes, salvajes. Son el tópico moderno pero la verdad contemporánea. La vida les sonríe, la luna les guiña el ojo y ellos observan sus máculas a través de sus gafas oscuras. Están locos, eso justifica las gafas de sol a las 2 de la mañana y el porro que comparten con la marihuana que consiguieron ayer.
El cielo despejado y el asfalto vacío, todo un camino a sus pies, viviendo la aventura. Emprendiéndola juntos. Ella conduce y él la observa cantar como una adolescente llena de vida. Es tan preciosa y jovial que su corazón late al son del suyo. Lo siente, están coordinados y puede reconocer sus latidos como señales de biosonar. Él la respira, la toca con sus ojos sin necesidad de utilizar sus manos. Son ellos contra el mundo, contra las personas, contra la naturaleza, contra todo. Se enfrentan al futuro misterioso, solo que para ellos no es futuro, eso es el presente y lo dotan del valor de su otra forma temporal.
La rareza bella desértica y su libertad rodeándoles, la dimensión de respirar aire puro y la adrenalina recorriendo las venas, se concentran en ese paisaje. Las llantas del Chevrolet negro giran sobre ellas mismas besando el cemento. Los asientos son de cuero, un color rojo intenso, glamuroso, un tono pasión, como la que sienten el uno por el otro, como la lujuria que siente Edward mientras mira sus piernas desnudas.
El paisaje pasa a gran velocidad, pedir a Bella que no pise tan a fondo el acelerador es sinónimo de decirle que reviente el motor, y si emplea la psicología inversa y le dice que acelere a fondo, acelerará a fondo. ¿Conclusión? Bella no posee el término de la baja velocidad en su diccionario. Ella canta y desafina por igual y Edward se ríe por sus exagerados movimientos de cadera y la forma de abrir su boca tan ampliamente. Ella se da cuenta y sonríe porque él sonríe, porque su felicidad es la suya propia. Por eso y porque la marihuana ayuda a reír de todo y por todo.
La canción termina y el locutor de radio anuncia la siguiente.
Wild thing
You make my heart sing...
You make everything groovy
Oh si, ella hacía gritar su corazón. Latir, bombear, explosionar y cantar como si fuera a reventar de un momento a otro. Corazón joven, fuerte y predilecto. Bella lo hacía todo maravilloso con sus gestos. Ahora Edward acompaña sus desafines con sus propios gallos.
-Ey, acércate.
En cuanto Edward se arrima ella le agarra y le morrea, como si un beso pudiera contener la historia en él.
-¿Estás mirando la carretera, no?
-Mmmhm- contesta volviendo a penetrar su boca.
-Bella…- le cuesta despegarse de la sensualidad que le provoca -¿Somos libres, nena?
Al final ella le transmite sus ganas por encontrar la libertad, le transmite esa eleuteromania.
-Somos libres, rakkaani. No hay cámaras en el desierto... No hay nada al horizonte. Solo nosotros…Brindemos- dice alzando su vaso de café enorme.
-Por tí- simplifica.
-Por que te dejes llevar más a menudo, rompas las reglas, no pienses tanto las cosas, por que enloquezcas y por tí también- detalla ella.
El momento karaoke en zenit. Edward alza los brazos y el viento lo arrastra hacia atrás. Se quita el cinturón y se levanta del asiento, apoya su torso contra el filo del parabrisas y chilla liberando toda su emoción, todo su estrés, todo su cuidado en ocultarse, todo su silencio y todo su daño en ese grito salvaje, liberador. Se despide de la ciudad, de la aglomeración, del fanatismo enfermo. Se ríe y se vuelve a sentar mientras se abrocha el cinturón y Bella sonríe orgullosa por su acción. Ahora palpa la libertad en todas sus células y tejidos, es libre. Es libre porque la libertad es ella, es preso de ella, preso de su libertad y la emoción le embarga todo su ser ante ese hecho.
¿Puede ser preso de su libertad? Él es esclavo, está atado a ella y el mundo podría podrirse. Está enamorado, lo sabe, lo siente y rompe las cadenas de su esclavitud al mundo para atarse firmemente a otras cadenas, las del amor, las del mundo de Isabella Swan. Las más crueles y devotas, las que enloquecen y una vez puestas el preso jamás se desprende de ellas. Nadie huye del sentimiento, todo aquel que no esté atado a las cadenas del amor no puede entender la felicidad del esclavo enamorado.
No aguanta más ver sus piernas enfundadas en un short vaquero y desgastado sin poder meterle mano. La apoya en el interior de su muslo y va subiendo hasta que llega a su botón. A su paso deja la piel de gallina, le encanta ver el efecto que le produce su toque.
-¿Vas a masturbarme?- pregunta sin créerselo.
-¿No quieres?
-Estás putamente tardando.
La osadía de Bella no tarda en aparecer, coge su mano y se la lleva a la boca. Él gime por su absorción y la forma en que sus mejillas se contraen hacia dentro, recordándole así cuando lo tiene en su boca. Lentamente llega a la punta, gira la lengua en su uña y le da un mordisco antes de retirarlo. Edward tiene la intención de ser suave. O al menos tenía, pero su juego lo ha puesto a la misma velocidad que el coche. Se siente poderoso y maligno por verla en sus manos, sin poder de control, retorciéndose dentro del limitado espacio. Sonríe y se acerca a su oído para cantarle al mismo tiempo que vuelve a penetrarla. Las muecas no cesan a cada empuje, está rendida por él. Es así de sencillo, es arcilla en sus manos.
Las caderas se mueven involuntariamente, lo necesita más rápido pero a Edward ya le va bien hacerla sufrir de esta manera, que agonice por la lentitud, porque de esa manera se está asegurando su venganza. La tienta para luego pagar con creces, porque ella es vengativa con esos temas.
-Ed...ward.
La velocidad ha aumentado aún más si se podía, el chevrolet se abre paso en el camino velozmente, ella tiene sus nudillos blancos por la presión y el acelerador pisado a fondo. Edward se excita con la vista y la situación. La ve entregada y suplicante por él.
-¿Si cariño?
-¿Te fías de mí?- pregunta ella.
-Tú solo mira la carretera.
-Estoy muy caliente.
-Isabella…-advierte ante su mirada llena de concupiscencia.
-Chúpamelo.
-¡¿Qué?!
-Controlo el volante.
-No es eso...Es que es técnicamente imposible hacer nada desde aquí.
-Claro que no lo es. Agarra.
Se quita el short y luego sus bragas, quedando desnuda al completo de cintura para abajo.
-¿Qué haces?
-He soñado que lo hacías…
-¿Cuándo? Apenas hemos dormido.
-Veinte minutos dan para mucho en mi subconsciente. Acércate. Agáchate.
Ella alza su pierna derecha y apoya su sandalia en el salpicadero, abriéndose ampliamente de esa manera.
-No nos mates- es lo único que pide él entre sus piernas.
La cuesta mantener los ojos, pero lo consigue. El hirsuto toque de su barba en sus muslos le excita fácilmente. Poco a poco se desquicia, dicta órdenes, gime sin vergüenza alguna y estira del pelo de Edward con fuerza.
El volante se le va un par de veces, nada grave. De hecho el toque de esos giros son un aliciente. Aún con el viento soplándole ella se siente arder por dentro, la sangre bombea su corazón de manera acelerada.
-Ed...ward joder...¡EDWARD!
Adrenalina, éxtasis, explosión. Retar a la pétite mort a gran velocidad.
No, la muerte no les espera. Bella levanta la palanca del freno de mano y el coche frena bruscamente haciendo piruetas incontroladas en el asfalto.
Cuando se corre chilla contra el viento y su placer es como si se extendiera a la nada o el todo, dando giros de 360 grados.
Después de cuatro círculos, la goma de las ruedas en el asfalto y las placas de freno jodidas, el viejo Chevrolet se detiene. Sus torsos se mueven agitadamente al son de sus respiraciones. La incredulidad permanece en sus pupilas. Las yucas no se mueven, las líneas de la carretera son nítidas y la velocidad es inexistente. Se miran conmocionados. Ella con sus mejillas tintadas de un rosa chillón y él con sus pupilas dilatadas al máximo del miedo. Se limpia la excitación que hay en sus comisuras con su muñeca. Ella traga pesadamente.
Y entonces empiezan a partirse el culo. Se carcajean de lo ocurrido, cada vez más fuerte, cada vez más alto. Se inclinan hacia delante sujetándose el estómago. Están así varios minutos, con el Mojave alimentándose del sonido de sus risas.
-Estás loco- consigue decir Bella momentos después, recuperados del ataque de risa producido por la adrenalina- ¡ya era puta hora, perkele! Estás mucho más guapo cuando haces cosas locas.
Él sonríe y canturrea en su oído una canción de un histórico grupo londinense. Cuando hace eso, parece otro hombre.
-Encantado de conocerte. Espero que sepas mi nombre. Pero lo que te desconcierta es la naturaleza de mi juego.
Y siguen su camino, desafiando a la felicidad a ser más fuerte que su unión.
-He perdido la foto.
-¿Qué foto?
Rebusca en su mochila mientras esperan. Empieza a ser tedioso lo de los aeropuertos.
-La que nos hicimos en el cartel de bienvenida a Las Vegas.
-No te preocupes. Ya nos pondrás con photoshop.
-Va enserio. Era preciosa la imagen...Y la he perdido- menciona triste.
-Yo también hablo en serio, nena. Ya volveremos. Voy a sacar los billetes de la máquina.
Su móvil suena y es un número privado. Nunca le gustó no saber quién hay detrás de esas llamadas.
-¿Sí?
-¡Prima! ¡Hola! ¿Cómo estás?
-¿Ornella?- pregunta extrañada.
Hace una década que perdió el contacto con ella.
Se queda mirando al vacío por la sorpresa. No sabe qué contestar, no sale su voz. Pero no es necesario forzarla, su prima lo hace todo por ella.
-Sí, soy yo. Cuanto tiempo. Es que estaba viendo las noticias por Internet y en el apartado de Gente estabas tú por todas partes. ¡¿Te has casado en La Vegas!? ¿Cómo no has podido invitarme ni decírmelo? Estás más gordita desde la última vez que nos vimos. El vestido te quedaba bien, pero ya sabes...Algo ceñido en las caderas. La foto es bonita, pero, quiero decir, ¿en serio? ¿Las Vegas? ¿No estarás embarazada? Algo he leído sobre eso también. ¿De cuántos meses estás? Y Edward Cullen...Es guapísimo pero siempre he pensado que era un mezzo finocchio. No te ofendas claro, lógicamente no lo es, pero no sería tampoco el primer hombre en casarse como tapadera. Oye, sé que las cosas quedaron un poco extrañas por aquí, pero nunca es tarde. Puedes volver y pedir disculpas.
-¿Que yo pida disculpas?
-¡Claro! Fuiste una sinvergüenza yéndote sin más. No es nuestra culpa que tus padres murieran. No los matamos nosotros. Son cosas que pasan. Y ahora nonno está muriendo...Oh, Bella- llora dramáticamente su prima- no es el que era. Está tan débil y delgado. Me destroza verle así. Por eso tienes que venir a verle. No sé cuanto aguantará. Quiere despedirse de todos y aún espera por ti. Vuelve, pídele perdón por todo y permite que descanse en paz. No puedes hacerle esto, no puedes hacernos esto. Somos tu familia. Hemos estado contigo siempre, aunque tú no nos lo permitiste. Podemos cambiar eso. No lo rompas todo por tu carácter y tu adolescencia. Ya han pasado años. Nanna es reacia a perdonarte, pero seguro que cuando vengas y pidas disculpas te perdonará porque eres su nieta, somos familia- insiste de nuevo con la palabra clave- Y claramente ahora ha aumentado la familia con el hijo que viene en camino y tu marido. Tienes que venir y presentárnoslo. No luce muy masculino, pero bueno, siempre fuiste de gustos raritos, ¿qué de malo tiene? Peor sería si fueras lesbiana, gracias a Dios y Madonna que no. Y una vez se arregle todo podemos quedar nosotras, podemos retomar contacto, incluso podemos estar un tiempo juntas. Quiero ir a América- continúa con un tono soñador- Podríamos arrasar las tiendas, comprarnos cientos de vestidos. Seguro que estás a reventar de dinero, aquí seguimos igual...Y ya que tu marido es actor me podrías presentar a todas mis estrellas favoritas. Quizás yo también ate a alguno y me caso con él. ¿Te imaginas? Yo casada con una super estrella de Hollywood, Isabella. Podríamos pasear juntas por la alfombra roja mientras nos admiran. También podríamos pasear junto a nuestros hijos y comprarles de todo en el Boulevard. No quiero sonar como interesada porque no es interés, aunque esté sonando de esa manera, tú lo sabes, prima. Vamos, di que vendrás a ver al nonno y solucionarás todo. ¿Qué contestas?
¿Qué contesta? No ha podido retener dos lágrimas cuando la emoción de su prima en realidad era interés. Puro interés. 10 años sin hablarse y solo la llama porque se ha enterado que se ha casado con un actor. 10 años y solo le dice eso. Las lágrimas también han sido de pena en pensar en su abuelo. Él se portó mal con ella, su abuela se portó mal con ella. Dijeron e hicieron cosas horribles ¿y ahora ella debe pedir perdón?
Ella, quien se vio sola siendo una niña, una adolescente que no entendía porque le sucedían esas cosas. Ella, que se escapaba de servicios sociales, que se puso de mierda hasta el cuello por poder mantener su casa, para que no acabara en una subasta en manos del banco. Ella, que le rechazaron el apoyo incondicional y solo repudiaron que llevara su apellido y su sangre porque estaba mezclada con un hombre de neutralidad sentimental aparente y un fuerte ateísmo. Ella, que escuchó como insultaban y despreciaban a su madre por no tener unas mismas creencias, unas mismas ideas y elegir unas costumbres diferentes a las de casa, la madre que renunció por luchar y hacer su vida lejos de ellos por haberse enamorado y creer en crear su propia familia. Una niña cuya madre era rechazada en ambos lugares y se sintió perdida en los momentos en que la niña se ausentaba en la escuela o en la calle.
¿Que qué contesta? ¿Qué puede contestar? Está sin aliento y sigue sin poder pronunciar nada de la enorme decepción y el dolor que siente. Su familia con el orgullo intacto al pendiente de una disculpa.
Se imagina una escena. Una en la que están todos sus tíos, sus primos y sus abuelos en una enorme mesa comiendo. Y es una escena perfecta, es un ideal que ha estado en su mente cada día antes de dormir. Es un amor platónico que duele porque podría dejar de ser platónico.
Pero el dolor ha sido demasiado. La humillación y el trato obtenido no solo a ella, sino a sus padres y sus abuelos ha sido demasiado. Y ahora todos ellos están muertos y ella respeta y mantiene el dolor vivo porque no puede ni quiere curarlo. Le duele también que su abuelo esté en su lecho de muerte y no vaya a verla ni tocarla. Ella quiere hacerlo. Quiere recostarse en su pecho con el aroma de su fuerte colonia y escuchar como él habla de sus temas bucólicos y le acaricia el pelo mientras llora. Mientras deja derramar lágrimas amargas y su nonno le dice que está bien, que se desahogue, que se arrepiente de haberse portado así con su hija, que su esposa lo manipuló porque siempre fue el débil aunque aparentaba ser lo contrario. Puede imaginarse el momento, puede olvidar lo abyecto que fue. Puede verse a ella hablando del tiempo perdido y que nunca van a recuperar, puede darle el último aliento con la conciencia tranquila de que su abuelo se vaya con su último deseo.
-¿Bella, estás ahí? ¿Qué dices?
Cuelga rápidamente con la mirada en el vacío. Le duele, pero su conciencia va a seguir intranquila aunque pida o reciba una disculpa. No va a cumplir el deseo de su abuelo. Y eso le carcome. Rechazar la exoneración que podría liberar uno de sus tantos demonios es un acto de auto crueldad. Corre hacia el lavabo a encerrarse y ahí intenta calmarse. Pero el teléfono insiste y el número privado está de nuevo en la pantalla.
-Bella, se ha cortado creo.
-¿Está ahí el nonno?
Toma esa segunda oportunidad forzada como una señal en la que se fuerza a ella misma de ser la mala persona que siempre supo que es.
-Sí.
-Dile que se ponga.
-Creo que es mejor que lo veas en persona y…
-Dile que se ponga.
Transcurre un silencio quiebra almas. Escucha una tos y el sonido de la respiración intranquila de un hombre tras la línea.
-¿Nonno?
-Isabella.
Su cuerpo entra en una espasticidad repentina. Escuchar su nombre completo con esa desesperación, ese cariño, esa sorpresa en su voz le provocan dos nuevas lágrimas. Y esas dos lágrimas en un sollozo. Y el sollozo en una epífora. Conoce los sentimientos feos, pero ese es nuevo y como siempre, le cuesta reconocerlo, darle nombre y relacionarlo con el resto de sensaciones asociadas.
-¿Vas a venir a verme?
La pregunta parece lanzada por ser meramente lanzada. Él conoce la respuesta y la intenta asimilar, pero la esperanza y la fe es lo último que se pierde. Y le sobra fe. Mientras él siga vivo, va a seguir respirando por ver a su última nieta, pero duda que pueda hacerlo. Su nieta no cree en la fe.
-¿Te acuerdas…Te acuerdas lo último...?
Intenta hablar pero el llanto la interrumpe. No lo puede controlar.
-Isabella, escúchame.
-¿Te acuerdas, nonno, lo último que dijiste a tu hija?
-Isabella…No lo hagas.
-¿Te acuerdas lo último que le dijiste a mamma? ¿Te acuerdas lo último que le dijiste antes de que muriera?
-Isabella…
-¡Contesta!- chilla furiosa- ¿Recuerdas cuando le negaste el cielo? ¿Recuerdas cómo le negaste el descanso en ese cielo solo porque ella creía que era uno diferente al tuyo? ¿Lo recuerdas?
-Sí.
-Yo también, Andrea.
-Nonno- corrige desesperado.
-Yo también, Andrea. Cada noche, cuando pienso en ella, no puedo evitar recordar lo último que le dijiste. Tanto que se nos llena la boca hablando de familia. Tú estás muerta para mi. ¿Qué padre puede decirle eso a su hija?- pregunta llorando más fuerte.
-Cometí un error. Yo pienso en eso cada noche también. Ruego que me perdone desde el cielo.
-¿El cielo que le negaste? ¡¿Ese?!
-¡El que sea! Perdóname, Isabella. Perdóname, piccolina.
La edad, el tiempo y su muerte cercana le ha mostrado los errores que cometió en su vida. Y el más enorme e irreparable es ese. El orgullo se tambalea sobre la cuerda floja y la conciencia cae. El anciano pide perdón con lágrimas en sus mejillas, sin importarle la debilidad mostrada.
-Quien te tiene que perdonar es mamma. Y ella está muerta. Por mucho que ruegues perdón no vas a poder obtenerlo.
-Perdóname. Perdóname.
-¿Por qué? ¿Qué hiciste para que me pidas perdón? No creo en él.
-Perdón por abandonarte. Debí estar ahí contigo, mi niña. Mi pequeña y hermosa nieta.
-¿Perdón por haberme dejado sola en un crematorio mientras incineraban a mis padres? ¿Por no haberme abrazado cuando vi cómo metían sus ataúdes para convertirse en ceniza? ¿Perdón por eso o por todo lo que pasó después?- susurra entrecortado con sollozos.
-Isabella, por dios santo. Perdón. Perdón. ¿Y tu clemencia por tu nonno? ¿No vas a dejarme descansar en paz?
Los sollozos desesperados de Andrea se mezclan con los de su pequeña nieta que ya creció e hizo su vida a trompicones. Él sabe que no va a recibir perdón y es irreversible, pero quiere quedarse enganchado a ese aparato electrónico que le permite escuchar a Isabella. Su voz es el respirador automático y la anestesia asistida que alarga su existencia. Quiere permanecer al teléfono hasta que dé su último aliento y dedicárselo a ella.
Isabella llora porque no es capaz de aceptar perdón. Y le encantaría hacerlo, pero es demasiado. Demasiadas lágrimas, demasiado luto, silencio, abandono y rechazo en una retahíla que aún persiste.
El adiós definitivo es inminente y es pronunciado con la frialdad con la que ofendieron.
-Escucha atento mi némesis, Andrea. Tú no puedes pedirme perdón. No me importa tu descanso. Tú estás muerto para mi.
Cuelga.
Llora y ya no puede detenerlo. Larga y amargamente las lágrimas se deslizan hasta la barbilla y se precipitan. Se sube sobre la taza del inodoro y abraza las rodillas con la cabeza escondida. Le duele el pecho, el estómago y el alma. Es una mala persona y siempre se lo demuestra.
Está largos minutos así, hasta que Edward la llama. En cuanto aterricen en casa su representante le volverá a llamar y volverán a tener las conversaciones de siempre. Y ella volverá a sentirse culpable porque la foto que ha perdido accidentalmente parecerá una estrategia para llamar la atención y provocar al mundo.
"Lo que pasa aquí se queda aquí" rezaba el lema de una campaña publicitaria que trascendió. Locura y desmadre es eso que pasa. Drogas, alcohol, dinero, putas, música y juego. Y todo queda ahí.
Pero no siempre es verdad. No siempre se queda en Las Vegas. Con Edward, tal como dijo, no se queda, sino que está a un simple click. Y todo por su culpa.
-Nena, ¿dónde estás? Están comenzando los avisos para embarcar.
-En el lavabo...Había cola.
-Mujeres- contesta él por ella.
Es raro no escuchar la carcajada.
-¿Estás bien?
-Sí. Ya voy. Ya voy.
.
-¿Chicos, dónde estáis? La clausura es en unas horas. ¿No vas a venir a ver tus Spice Girls, Edward?
-Nos pillas un poco mal ahora mismo. Estamos en Las Vegas.
-¡¿Qué?! ¡¿Qué?! Oh, dios mío...No me digas que…¡Oh, dios mío! ¿Qué habéis hecho? ¡Edward! Exijo explicación.
-¿Explicación?- sonríe a su chica a medida que se acerca.
Tiene un tono rojizo extraño en la cara. Supone que debe ser el cansancio o el calor que hace en la terminal. No le da importancia cuando ella sonríe y se sienta a su lado.
-¿Seguro que estás bien?- susurra muy flojo apartando el móvil.
-Sí. Solo tengo el estómago un poco revuelto del alcohol y la maria- contesta de la misma manera- abrázame fuerte, gordo.
-Te amo.
Vuelva a acercarse el móvil después de besarle la frente.
-¿Qué quieres que diga?
-¿Qué quieres que diga? Yo tengo que ser la dama de honor. Es...Sabes que tenía que ser la de honor, Bella dijo que lo sería y os habéis fugado como delincuentes, robándome mi momento. Estoy...
-Alice…- intenta advertirle pero no le permite hacerlo su hermana.
-Os casáis como dos malditos fugitivos, con prisas, sin preparar nada. Es un momento importante, ¿cómo habéis hecho eso? Os odio. No, en serio, lo hago ahora mismo. No creáis que no había pensado en mi vestido. Iba a hacer todos los preparativos yo. ¿Y sabes cómo está mamá? Noo, no lo sabes, te lo aseguro.
-¿Alice? ¿Qué dice?- pregunta Isabella mirándole.
-Me acaba de colgar. No hay manera de hablar con ella.
-¿No le has podido decir que no nos hemos casado? ¿Que no has tenido huevos suficientes para casarte conmigo?- dice con la verdad en la boca- Te dije que estabas llevando tu broma muy lejos. Ahora tienes que arrepentirte de ser un mentiroso que ha ido muy lejos.
-No miento. Lo iba a hacer, pero Bella, soy europeo como tú. No podía casarme en América. No sería nosotros.
Aunque esté vestida normal, aún la recuerda con el vestido blanco de Marilyn que se ha puesto horas antes. Ella le dijo "voy a ser tuya, haz conmigo lo que quieras, soy tuya para celebrarme como desees, ¿pero de veras quieres hacerlo de esta manera?
Él no tardó ni un minuto en llevarla fuera de ahí. Ella será suya, pero no así. Ella es demasiado para esa anécdota absurda.
-Será nosotros sea dónde sea. Así que solo di la verdad. Embustero.
-Tú eres demasiado para esto, por muy loca que estés, mereces más.
-¿Qué merezco, Edu?
Ella quiere reír internamente ante la pregunta. El hombre que merece todo le dice a la mujer que no merece nada que merece más. Contradictorio. Cruelmente contradictorio. Justo en ese momento. Justo en el momento en que ha matado a su abuelo antes de que lo hiciera de manera natural. Antes de negarle un perdón que ha suplicado y que ha pedido día a día arrepentido a dios. Justo ahora, que ella no lo sabe, pero su abuelo ha dado su última inspiración y estaba dedicada a su pequeña y hermosa nieta.
-Quiero una ceremonia real.
-¿Y eso es…?
-La ceremonia clásica. No me quites eso, Isabella. Soy un romántico, es un sueño casarme a lo tradicional. Así soy yo.
Él saca una caja de terciopelo de su bolsillo. Ella la mira conmovida.
-¿Qué..?
-El día que estuvimos rodando juntos. cariño. Lo vi todo tan claro. Te vi atenta, profesional, en el lugar en el que trabajo. Te observé y como un relámpago impactando en mi lo supe.
Se arrodilla en el suelo delante de aquellos pocos que pasan por ese rincón apartado.
-¡Edward!- exclama alarmada- te va a ver gente.
-Me importa un pito.
Ella está a punto de reír por su respuesta. Le mata cuando dice esas cosas que rompen la seriedad con la que está hablando. Le hace olvidar todos sus problemas y sus mierdas.
-Te están grabando miles de cámaras, Edward- ríe mirando a todas partes- no hagas esto.
Parece tripolar. Ella le anima a que haga ese tipo de cosas, esas cosas de sentirse libre y salvaje, esas que le hagan sentirse normal y no le importe lo que suceda después. Pero luego le dice que no haga ese tipo de cosas. ¿Quién la entiende?
-Isabella Swan, ¿Quieres casarte conmigo?
Ahí lo dice, ahi se declara y así lo pide. Formal, directo, seguro. Adjetivos que poco le pegan. Sereno pero hecho un manojo de nervios por dentro. Su rodilla hincada no tiembla y su voz no ha titubeado mientras abría la caja que contiene la sortija. Un anillo precioso con un diseño que aparenta ser único por su forma. Los zafiros y diamantes brillan con ímpetu. A ella no se le puede comprar con joyas, pero esa es preciosa. Se refleja en sus pupilas dilatadas y expectantes. No es un simple anillo, es la sortija con la que Edward le está pidiendo que sea su esposa. Eso es diferente a todos los abalorios regalados con anterioridad. Se fija un poco más y el anillo es demasiado pequeño.
Entonces Edward le quita su sandalia.
-¿Qué…?
-Antes de que vayas a montar un drama, Isabella...Esto no es porque quiera ocultarlo ante nadie. Si aceptas ser mi esposa voy a ser el hombre más orgulloso del planeta. Pero tú eres tan especial, cariño...Eres especial de verdad, no el típico especial que en realidad es igual al resto. Y yo no podía darte algo igual que el resto. Por eso tengo esto- dice alzando el anillo- es para el pie. Voy a volver a preguntártelo. O quizás deba hacerlo, no de otra manera, sino en otro idioma para que me entiendas. ¿Te vai...vaimokseni?...Rakkaani- añade apresuradamente.
Saca un papelito de su bolsillo y lo lee antes de guardarlo y decir en voz baja si, lo he dicho bien.
A ella se le han aflojado un poco las piernas, pero se recompone, finge que eso no es la gran cosa, que el anillo de compromiso para su pie no es algo que le haya dejado absolutamente flipada y fuera de combate, al igual que la pedida en su idioma paterno, y se hace la dura.
-Debería rechazarte unas…-mira sus dedos pensativamente.
Edward traga saliva. ¿Va a rechazarle de verdad? Está poniendo su corazón en ello.
-¿Nunca te has enfrentado a algo que asustara tanto, no?
Ella también puso su corazón en ello cuando se lo pidió. Percibe el mismo miedo en él y lo reconoce inmediatamente.
-Isabella…
-En la noria lo sentí…Parece que el aire no llena los pulmones y que te vas a ahogar.
-Bella…-cuando abrevia su nombre apenas tiene miligramos de aire en su cuerpo.
Su alrededor está lleno de oxígeno, pero él no puede meterlo en su cuerpo. Su tráquea se comprime, su respiración falla y cuerpo se mantiene en tensión.
Bella tararea un rato. Sonríe enigmáticamente y el enigmatismo revela cierta crueldad, es entonces cuando lo sabe. Ella lo va a hacer, se lo dijo y en parte es justo, le va a hacer pasar por más de una pedida porque ella le va a decir que no.
Isabella sonríe porque tiene la negación merecida y el futuro rechazo justificado a favor y lo va a utilizar.
El no empieza a ser doloroso para Edward. No puede evitar sentirse decepcionado. Una parte de él sabía que iba a ser rechazado.
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¡Hija puta la Bella esta, por dior! (Hablando de dior, vieron las nuevas fotos? oh please) Y hablando de las fotos, vieron que se hizo un agujero? Esto me mosquea porque escribo algo y él lo hace, a mi que no me joda, el borrador de escalera lleva mucho tiempo escrito, voy a exigirle copyright.
Creo que debo disculparme por la anterior nota de autor. La filosófica idea del si o el no. Para todas aquellas que pidieron aclararlo, Edward NO NO NO fue infiel. Él sigue siendo él mismo, no me gusta que distorsionen su visión de él por mi culpa, así que confirmo el NO.
Bella rompe un poco las bolas porque da el coñazo con sus pedidas de matrimonio y ahora que se lo piden, qué hace? Romper las bolas. Bueno, solo la perdono por lo que le sucedió en el lavabo.
Y los 29 de febrero son especiales, por eso quería actualizar y recordar que hace 4 años Bella le pidió matrimonio en London Eye a su rakkaani, así que es una linda coincidencia.
¡Gracias por leer, muchas muchísimas gracias por los hermosos huesitos!
