Nexus
Draco debería aprender a pensar las cosas antes de realizarlas porque, de coger esa costumbre, se evitaría muchas situaciones difíciles y, sobre todo, muchos problemas. Claro que, por ahora, y en este mismo momento, no se daba ese caso y por ello mismo esta situación iba a acabar como únicamente podía hacerlo.
Tal vez sino estuviera sonriendo de esa manera.
Principalmente porque resultaba demasiado opuesto al gesto que tenía el rostro de Hermione que, a diferencia del de Slytherin, era de sorpresa, totalmente inesperada, y que se iba tornando en irritación y llegó hasta la…
Venganza.
Uno podía leer las intenciones de Hermione, incluso en braille y sin saber dicho método de lectura, con tal claridad que si logró su objetivo, el cual fue recompensado con una amplia sonrisa por su parte, tal vez en parte victoriosa y vengativa, fue porque esa acción le daba carta blanca para devolvérsela igualmente. Incluso si ya se encontraban empatados.
Ciertamente no es lo que uno habría esperado para tomar de postre o, más bien, como tomar el postre.
Se quejaba y pedía que parase pero, al mismo tiempo, ella hacía caso omiso de dichas peticiones cuando también debería seguirlas al pie de la letra puesto que ella también estaba dando lo mismo que recibía.
Tal vez por ello sus protestas sonaban tan débiles a oídos de cualquiera.
O puede que no de cualquiera.
—¡Hermione!
—¡Aguanta que ya llegamos!
Conocía aquellas voces. ¿Cómo no conocerlas? Se había pasado más años escuchándolas que no haciéndolo. Siempre estaban ahí para ella. Bueno, más o menos era cierto puesto que dependía de muchos factores. Unos que, obviamente, no se daban en estos momentos.
Podía decirse, sin ningún problema o miedo a equivocarse, cuando fue que entraron en el despacho puesto que la tensión se hizo tan palpable que llegaba a impedir el poder moverse. Lo que, contando la situación en la que se encontraban, no resultaba algo agradecido.
—¿Qué… está pasando aquí?
Por lo menos era sincero dejando ver la confusión que le provocaba lo que tenía ante sus ojos. Claro que también ocurría lo mismo con su otro amigo pero, a diferencia de él, su sinceridad se traducía en un rostro de enfado. Cualquiera habría dicho que luego de tantos años habría cambiado, más bien madurado, pero también era cierto que algunas cosas nunca cambian.
—Por lo menos podríais separaros— el afilado tono del pelirrojo cortó la tensión presente con una facilidad asombrosa y logró lo que sus palabras exigían.
A.M. se separó de A.G. pero, casi al instante, se vio atrapada contra su escritorio. ¿Desde cuándo se encontraba en el lado opuesto de la mesa junto a Draco? Por lo menos esperaba que no hubiera saltado por encima de la misma. Eso habría sido algo de lo más… Cierto, y tal vez por ello tenía la sensación de que, justamente, eso era lo que había sucedido.
—¿Y bien?— por el tono de Ron estaba claro que esas no eran las palabras que habría elegido sino fuera porque estaba haciendo progresos en el control de sus emociones. Algo que le había metido en demasiados problemas y que acabó por aceptar la realidad de su fuerte temperamento. Además de que allí había logrado hacer realidad una de las, extensas, fantasías masculinas.
Enamorarse de su enfermera aunque, en su caso, de su medimago. Solamente por estar ante la presencia de una belleza semejante había dejado de quejarse por tener que realizar ese curso de autocontrol. Claro que, cuando George descubrió el motivo por el que Ron había dejado de quejarse, y se lo contó a Ginny, pronto tuvo a toda su familia, y amigos, provocándole de tal manera que siempre acababa por abandonar el lugar en el que se encontraba o, directamente, perdiendo la consciencia por el extremo rubor que se le subía al rostro.
Pero, a pesar de todo esto, se le seguía permitiendo actuar sobreprotectoramente hacia Hermione. ¿Y no sería esto una de las causas por las que le podía costar el encontrar citas con las que salir a Hermione?
—No está pasando nada— se defendió Hermione incapaz de tener contacto visual con sus dos mejores amigos. De manera que se perdía las miradas de absoluta incredulidad, y confusión, sin olvidar cierta cautela, que le dedicaban a Draco.
—Pues para no ser nada se podía escuchar desde el ascensor— le dijo Harry con un tono que, claramente, buscaba provocar a Hermione. Al ver como se acentuó el rubor en las mejillas de su amiga supo que lo había logrado—. ¿Es eso pudín?
Si Hermione pensaba que no podía sentirse más mortificada se había equivocado de pleno porque las palabras de Harry le hicieron recordar el que llevaba el rostro salpicado por pudín.
—Es el postre— no la mejor defensa posible puesto que no hacía sino que aumentasen las preguntas en la mente de aquellos dos—. Es pudín de tapioca.
¿Pero por qué seguía hablando de esta manera? Si cada vez que habría la boca parecía estar cavando más y más hondo su tumba.
—Recuerdo todas esas veces que me decía que me comportara en la mesa y que masticase con la boca cerrada. Sí, que tenía una falta de modales. Hace tanto tiempo que… ¡espera! Si eso fue el otro día.
Vale que Ron se encontrara en su derecho pero tampoco tenía que resarcirse a las primeras de cambio.
—Pues si lo de Hermione sorprende, lo tuyo, Malfoy, tampoco se queda atrás.
El rubio le dedicó una ceja enarcada, y esa media sonrisa, a Harry encogiéndose de hombros sin importarle lo más mínimo el tener salpicado el rostro de pudín.
—Solamente es el postre— antes de que nadie pudiera moverse, o reaccionar, Draco llevó un dedo al rostro de Hermione y se llevó un poco de aquel pudín que estaba en la frontera de sus labios—. Hacía años que no tomaba pudín y este sabe delicioso— dijo llevándose el dedo a la boca.
Hermione batió el record de intensidad al ruborizarse que, hasta ahora, ostentaba Ron Weasley. Sobre todo porque este, en esta ocasión, fue en dirección contraria y palideció superando la falta de color natural de Draco.
—Muy bien. Estoy seguro de que entenderás muy bien el motivo de la pregunta y por ello mismo te la hago con toda la contención posible— logró articular palabra Harry aunque empezaron a brotar con facilidad una tras la otra—. ¿Qué es lo que está sucediendo aquí, con vosotros dos, Hermione?
¿Es qué no podía tener un encuentro inocente, aunque con la última acción por parte de Draco anulase semejante defensa; algo que también había hecho el ser encontrados luego de haberse lanzada pudín al rostro del otro; sin que sus amigos la sometieran al tercer grado? Era una mujer adulta, por Merlín.
Y debería asumir sus acciones como tal.
—Una cita…
Empezó a decir la joven Gryffindor antes de ser secundada por el Slytherin.
—… para com…
Hermione silenció a Draco imponiéndole dos dedos sobre sus labios, y con un intenso rubor, que resplandecía, en sus mejillas. Como no podía ser de otra manera, ella también acabó por llevarse algo de aquel pudín con el que le había atacado el rostro.
—Una cita— reafirmó Hermione antes de que, no tan inconscientemente, se llevó aquellos dedos a su boca disfrutando del sabor de pudín de tapioca y Draco.
Una dulce sonrisa se vislumbró en sus labios mientras disfrutaba de aquel pequeño placer.
Delicioso.
— — — — —
No es que su intervención pretendiera lograr imposibles, sobre todo porque no incidieron mucho más allá de, simplemente, una ligera revelación por parte de sí mismos. Pero el que A.M. se hubiera atrevido a semejante acción ante sus dos mejores amigos decía mucho de sus intenciones y la certeza que tenía en ellas.
Y el valor para llevarlas a cabo.
—Está claro que ese sombrero roído sabía muy bien lo que se hacía— dijo Draco que tenía sus manos alrededor de la cintura de Hermione.
Una verdadera Gryffindor.
—No es nada, solamente que tengo cierto gusto por el dulce— confesó Hermione quitándole importancia aunque la reacción obtenido por parte de Draco fue una ligera negación—. ¿Qué?
—Si de algo puedo estar completamente seguro es que tú no eres de esas personas que se vician por el dulce, Hermione. En cambio, ¿yo? Sí que lo soy.
El rostro de Hermione se acercó de tal manera que apoyó su frente con la del Slytherin, todo sin perder esa sonrisa en sus labios que provocaba tanto como sus movimientos de cabeza y que lograban que sus narices se rozasen acercando sus labios pero manteniéndose a una distancia que les impedía entrar en contacto.
Provocadora.
—Ah, pero en eso te equivocas, Draco. Aunque sea algo a lo que uno debería haberse acostumbrado después de tantos años— añadió con un deje burlón que la hizo soltar un ligero grito de sorpresa, ahogado en parte debido a su autocontrol, cuando sintió aquel agarre sobre su trasero y que la apretó contra esa parte de la anatomía de Draco que ya no resultaba ningún misterio para ella.
—Sé que lo estás deseando, Hermione— como le gustaba, de igual manera que la sorprendía por superar sus defensas, el escuchar aquel tono de voz que lograba derretirla de necesidad y ansias por sentirle—. Así que explícate.
Cierto. Si había algo que le gustaba a Hermione Jane Granger era el ofrecer explicaciones a los demás. No por demostrar lo inteligente que es, a estas alturas su foto ya debería encontrarse al lado de esa palabra en todos los diccionarios, sino porque conoce la respuesta.
—Yo no diría que no a un dulce— Hermione acarició la oreja del Slytherin con la punta de su lengua hasta descender al lóbulo el cual atrapó, inmisericorde, entre sus labios. Sabía cuanto le gustaba, y la manera en que se agravaba su respiración, más la excitaba a ella— si está relleno de algo que me vuelve loca.
Podía sentir aquella erección presionándola como una verdadera provocación pero, a pesar de las ganas que tenía de tenerla dentro de ella, Hermione sabía que lograría agobiar a Draco y, de los dos, a ella se le notarían mucho menos las ganas que la desbordaban por un poco de contacto íntimo.
Intimísimo, diría yo.
—Será mejor que nos marchemos antes de que acabe por suceder algo que lamentemos— Hermione rodó los ojos, mientras se ponía en pie, ante el rostro de incredulidad por parte de Draco que, incluso con otro rostro, seguía mostrando sus gestos característicos—. El ser descubierta en pleno ministerio haciéndolo no es algo que entre en mis prioridades.
Aunque antes no parecía que le importara mucho el que así fuera pero, como pasa siempre, la segunda vez siempre se piensa todo con más detenimiento que con el hecho de dejarse llevar por las sensaciones. Por muy agradables que estas fueran.
—¿No se dice que siempre hay una primera vez?— le dijo Draco con cierto humor.
—Siempre, pero otra cosa es tener interés en que ocurran algunas de ellas. Y, por cierto, deberías hacer algo con eso— le señaló al bulto de la entrepierna.
Sí, se lo vio, luego de sentirlo cómo no hacerlo. Además lo conocía tan bien que resultaba irrelevante cuanta ropa pudiera estar cubriéndolo.
—¿Me harías el favor, Hermione?
Y no diría que no si se paraba a pensar que sería la manera más rápida para encargarse de dicho problema.
—No has dicho por favor— le recordó dulcemente condescendiente.
—Por favor, Hermione.
Solamente dio un paso en su dirección para recuperarlo, junto a unos cuantos más, y poner distancia entre los dos.
—Así está bien… pero ya es demasiado tarde para arreglarlo, Draco. Aunque veo que no era tan necesario— añadió al ver, o no ver, la, necesita de atención, erección.
Draco se puso en pie con una cara que se movía entre la resignación, por haber perdido la posibilidad de algo más que simples palabras con Hermione, y la irritación sin ningún tipo de gracia.
—Siempre tienen que meterse en donde nadie les llama y abrir la boca para decir las cosas más… inapropiadas.
Hermione le dedicó una mirada con la que le instaba a continuar pero, dejando a un lado el presente, centrándose en lo que le estaba ocurriendo a Hermione A.M. o, más bien, en lo que esta escuchaba, quedaba claro el estado de Draco.
No se la podía culpar por encontrarlo divertido. Sobre todo porque no le había sucedido a ella.
— — — — —
Había quedado claro, ya hace sus años, que Hermione era una mujer adulta capaz de saber que es lo que quiere para su vida, y como controlarla, pero eso no quita el que sigan preocupándose por ella, aunque realmente fuera la misma Hermione quien acabase ayudándoles a ellos dos.
Pero esto de estar tomando el postre del rostro de Draco Malfoy era demasiado para poder asimilarlo así de primeras. Y eso que se trataba de un Draco bien considerado que nada, salvo ser él, tenía que ver con el déspota y creído que era en Hogwarts.
—¿Qué hay que entender? He dicho que estábamos juntos— se repitió Harry con cierta molestia por el hecho de tener que hacerlo.
—Eso es lo que ocurre cuando nos emparejan— aclaró, o eso pretendía, Ron.
Draco enarcó una ceja mientras, tanto para mortificación, como excitación de Hermione, le seguía quitando pudín del rostro con un dedo. Para luego ser bien degustado por el Slytherin.
—Para una misión…— se dijo Draco.
Así es como uno trataba de aclarar las cosas.
—Claro que para una misión— soltó Ron todo molesto al no entender las vueltas que se daban con todo esto—. Y podíais dejar de hacer eso. Hay hechizos para hacerlo.
—O servilletas— intervino Harry con menos obviedad en su molestia de ver a su amiga en semejante actitud con Draco Malfoy.
—Cierto, pero no está nada bien el desperdiciar la comida— esto, aunque no lo dijo a ninguno en especial, le llegó más a Ron por su afán con la comida—. Además de que no nos esperábamos el tener público. Por lo menos no yo— añadió con cierta duda volviéndose hacia Hermione.
La insinuación estaba del todo clara. ¿La aparición de aquellos dos había sido por casualidad o fue algo premeditado por Hermione para terminar con la cita… para comer, si esta se le pudiera escapar de las manos?
Claro que, si esto fuera así, ¿por qué el aclarar que estaban en una cita y uno en una cita… para comer?
—Nunca avisan— le aclaró Hermione. Ella, por lo menos, antes de ir a una comida con sus amigos siempre les envía una nota—. Siempre ha sido así.
—Pero no veníamos a comer, sobre todo porque apenas quedan unos minutos para que termine el descanso para ello— dejando claro por las palabras de Ron que, si hubieran llegado antes, sí que habrían exigido, una manera de decirlo, el que les pusiera un plato para cada uno de ellos—. Sino que queríamos ver como te iban las cosas, Hermione.
Algo más había pero Hermione no tenía tiempo para indagar en ello ahora.
—Pues, como lo podéis ver, me encuentro muy bien— y se sorprendió de lo cierto que eso era—. Y, si nos disculpáis, me gustaría despedirme de Malfoy.
—Por nosotros no te detengas— dijo Ron cruzado de brazos, y con el ceño fruncido de obvia molestia por la actitud de se amiga con Draco.
—A solas— le siseó entre dientes la castaña clavándole la mirada de manera inmisericorde.
—¿Por qué?— continuó Ron todo tozudo—. Solamente es una despedida, ¿no? Es decir adiós y listo.
Hermione le lanzó una mirada asesina al pelirrojo para luego dedicarle una de súplica a Harry que le respondió con su obvia confusión con respecto a todo esto que estaba presenciando. La muchacha no pudo evitar el rodar los ojos ante la falta de tacto de sus dos amigos.
¿Cuál era su problema? Cierto que se trataba de Draco Malfoy pero ninguno de ellos era la misma persona que eran en Hogwarts. Eso era el pasado y todos habían madurado desde entonces. ¿Realmente iban a permitir que hechos ocurridos en ese tiempo fueran a dictar el rumbo de sus vidas actuales?
No la vida de ella. De eso estaba segura.
Hermione volvió su mirada hacia Draco para encontrárselo con la suya mirando para ella. ¿Había estado todo este tiempo mirándola? Ese pensamiento lograba que se le subieran los colores, aún peor que con todo el asunto del pudín. Además estaba esa incipiente sonrisa que, estaba segura, se debía a los problemas en los que se encontraba por culpa de la aparición de sus dos amigos que parecían querer actuar de niñera con ella, a pesar de ser toda una mujer.
Luego que no digan que no les avisé.
—Lo he pasado muy bien— puesto que no solamente Draco comió todo lo que Hermione había traído, y en parte cocinado por ella, vale que su madre le había echado una mano, aunque sin saber para que era la comida, pero era la primera vez que cocinaba para alguien que no fuera de su familia; sino que habían mantenido conversaciones de lo más interesantes y estimulantes, en unos cuantos sentidos.
—Y seguro que pensaste que iba a ser un desastre e incómodo, ¿verdad? Yo, por lo menos, temía acerca de varios asuntos delicados que podrían haber afectado al transcurso de la comida.
¿Desastre e incómodo? Eran dos de las posibilidades más inocentes de las que poblaron la mente de Hermione agobiándola con saña desde que tomaron la decisión de comer juntos.
Pero todo fue fantástico.
Hasta que llegaron estos dos, pensó Hermione mientras les lanzaba, de reojo, otra mirada asesina.
—Cierto pero, afortunadamente, lo único que explotó fue el pudín— y eso porque fue una acción incontrolable pero que acabó en buen término.
Hermione sentía como su cuerpo era recorrido por incontables escalofríos y no podía recordar un momento en el que estuviera más nerviosa que en estos momentos. Lo gracioso es que estaba más nerviosa ahora que cuando tomaron la decisión de esta cita. ¿Sería porque le gustaría, y no se imaginaba que tanto, por la secuela? Tal vez la primera elección de Draco.
—Pues yo creo que fuera para bien— dijo Draco para confusión de Hermione—. Te sentaba muy bien decorando tu rostro, y hacía un buen contraste con el rubor de tus mejillas— esto no hizo sino que dicho rubor regresara a sus mejillas para disfrute de Draco—. Ese mismo— indicó Draco acariciando una de las mejillas con el dorso de su dedo índice y que le provocó que un temblor recorriese el cuerpo de Hermione.
—No digas eso— logró farfullar mientras le palmeaba la mano para que dejase de provocarla—. Me da vergüenza.
Claro que mucha más le daría en el momento en que se diera de cuenta de que no se encontraban solos sino que Harry y Ron aún seguían ahí sin poder creer lo que estaban presenciando.
¿Realmente estaba Hermione Granger flirteando? Y además de quien era el destinatario de tan insólita acción por parte de su amiga.
—Lo secundo— soltó Ron de improviso.
Hermione giró la cabeza bruscamente hacia el origen de aquella interrupción y sintió como toda, y toda quería decir pues eso, toda, la sangre se le subía al rostro al ver a sus dos amigos allí de pie presenciando un momento que le hubiera gustado que permaneciese en privado.
Por eso el rubor no era de vergüenza sino de molestia y verdadera furia.
—¿No tenéis trabajo que hacer, lejos de aquí?— les preguntó Hermione con una voz tan fría que casi provocaba que se viera el aliento de los presentes.
—Pues no— Ron había reconocido el peligroso tono de voz de Hermione pero la verdad es que no tenían nada que hacer por ahora. Era la pura verdad—. Por eso habíamos pasado a saludarte— esto, si cabe, irritó aún más a Hermione. ¿Es qué no podían visitarla salvo cuando no tuvieran nada mejor que hacer, y resaltando lo de nada?—. Y lo último que nos habríamos esperado era encontrarte en plan chica con Malfoy.
¿Plan chica? ¿Plan CHICA? Nunca supo cuando cerrar la boca. Y parecía ser que no lo haría en un futuro cercano.
—Ron, será mejor que nos marchemos. Ya hemos interrumpido de más— por lo menos Harry tenía un poco de sentido común. Tal vez también tenía el que le faltaba a Ron porque este no se daba por aludido.
—Pues yo diría que hemos hecho bien en interrumpir porque no quiero saber a dónde habría llegado todo con ese asunto del pudín.
Si uno no conociera a Ron diría que estaba tratando de dirigir la vida de Hermione claro que, si uno le conociese, sabría que siempre había sido así desde que se hicieron amigos. Su faceta caprichosa no había variado desde entonces. Eso unido a todos los sucesos que vivieron durante sus años en Hogwarts los llegó a confundir de manera que pensaban que se trataba de algo más profundo.
Lo único más profundo que tenía Ron era su estómago.
—Fuera de aquí, Ronald Bilius Weasley— el peligro palpable en la voz de Hermione.
Ciertamente había indicaciones menos obvias para indicar que se está de más en un lugar. Harry alzó las manos en señal de rendición mientras, sin apartar la vista de Hermione, siempre hay que tener a la vista el peligro que te acecha, fue retrocediendo hasta llegar al pasillo fuera del despacho, o cubículo de gran tamaño, de Hermione.
—¿Pero qué he hecho ahora para que te pongas así, Hermione?— y el que tuviera que preguntarlo no hacía sino que aumentara el enfado de Hermione.
—¡Eres incorregible! Estaba pasando un buen rato con Malfoy y…
—¿Con Malfoy? Yo diría que "buen rato" y "Malfoy" no pueden ir juntos en una misma frase— le interrumpió Ron sin tener ningún tipo de sentido de autoconservación.
Por muy poco no le soltó un gruñido pero muy lejos no se encontraba.
—Come pretendía decir— Hermione se volvió hacia Draco—, me lo he pasado mucho mejor de lo que había dado por supuesto, Malfoy. Y, bueno, si te parece bien— las palabras, como en contadas ocasiones, con una mano sobrarían dedos, se le atragantaban— podríamos tener esa cena que me habías pedido.
Ahora sí que el rubor estaba justificado. Por nervios más que vergüenza puesto que no sentía nada de lo que avergonzarse. Suerte de estar dándole la espalda a Ron porque no tenía ganas de tener una excelente visión de sus amígdalas por la manera en que tenía abierta la boca. Pero sí que sentía ciertas dudas, y nervios de diferente índole, al ver el gesto de pena, o molestia, que mostraba el rostro de Draco.
—¿Ocurre algo?— ¿es qué él no se lo había pasado igual de bien? o solamente se trataba de una única salida puesto que no tenía por qué repetirse. Y mucho menos con ella—. No pasa nada si no quieres…
Aunque se veía a leguas que sí que pasaba algo, por lo menos para ella.
—Por supuesto que te quiero… llevar a cenar— añadió para evitar mostrar lo que, ya no tan en el fondo se encontraba, desde su anterior encuentro, sentía realmente, y sinceramente, por Hermione.
—Veo aparecer un "pero"— Hermione no pudo evitar decir con cierta rudeza.
—¿Adivinación, Granger? Creía que no eras una seguidora de dicha asignatura— por lo menos podía aligerar un poco el ambiente.
—Sí, bueno, no quería pretender mostrarme tan agresiva pero…
El momento perfecto para que Draco la interrumpiera. Si es que se lo ponía demasiado fácil.
—Fuiste tú quien decidió tener una comida… en lugar de una cena y por ello moví para la cena una comida que tenía. ¿Y ahora tendría que moverla nuevamente a otro día?— Hermione no se esperaba esto. Por supuesto que Draco tenía su vida propia pero el que su decisión de cambiar una cena, propuesta por Draco, por una comida pudiera afectarle de esta manera—. No estoy seguro de si soy lo suficientemente atractivo para evitar que se lo tomen como una falta de respeto por mi parte. Y eso, en el mundo de los negocios, puede llevarte por muy mal camino.
Ahora si que se sentía mal y toda la rudeza provocaba por la actitud de Ron se esfumó de la misma manera en que exhaló el aliento que no se dio cuenta que estaba reteniendo según avanzaba la explicación de Draco.
¿Podía haberle costado un negocio por culpa de haber cambiado la cena por una comida? Esto solamente podía llevarla a decir una única pregunta.
—¿Es qué estás imbécil, Malfoy?— pero seguro que esta no era la que muchos tendrían en mente aunque Ron soltó un "para empezar" al que nadie hizo el menor caso. Draco enarcó una ceja ante semejante pregunta—. Si ya tenías un compromiso habérmelo explicado y habríamos buscado otra fecha. Por Merlín. Lo nuestro solamente era una cena de reencuentro entre dos antiguos conocidos. Nada comparable con una cena de negocios.
En eso Draco podría diferir durante el resto de su vida.
—Todo en este mundo es susceptible de verse desde ángulos totalmente opuestos. Pero si cambié esa comida de negocios por comer contigo es porque prefería comer contigo, Granger. Incluso podría tratar de cambiar la cena o, directamente, pasar del negocio si es necesario.
Hermione no podía creerse lo que estaba escuchando. ¿Es qué pretendía que se sintiera fatal por estropearle el negocio? Realmente no era algo que se correspondía con el trato que le había dado hasta ahora.
—Podemos cenar otro día. A mí mañana me viene bien— propuso Hermione de lo más relajada casi sin darse cuenta de lo que estaba diciendo. Porque, en cierto sentido, le estaba pidiendo una cita delante de sus dos amigos. O, en estos momentos, un amigo que estaba acompañado por un irritante bocazas.
—No hay ningún problema.
La sonrisa de Draco era demasiado contagiosa para que no brotara una en los labios de Hermione que volvió a sentir como la timidez regresaba a ella. En verdad todo esto del flirteo, a pesar de sus años, aún le era totalmente novedoso.
—Muy bien. Entonces quedamos mañana para cenar. Te recojo en tu casa— aquí Ron balbuceaba incapaz de vocalizar palabras con sentido—, ¿o me recoges tú en la mía?
Ante esto Hermione no pudo evitar el reírse dejando a sus dos amigos totalmente sorprendidos por el tono que poseían ya que nunca antes la habían escuchado reírse de esta manera. Ciertamente como una chica en pleno flirteo, nerviosa y con un deje de diversión.
—Quedamos mañana en mi casa.
—Perfecto. Ah, se me olvidaba— la expectativas de la cena de mañana ya daban vueltas en la cabeza de Hermione y casi no se había enterado de esto último—. ¿No te importaría ser mi pareja esta noche?
—¿QUÉ?
El grito que pegó casi resultó ensordecedor y Hermione tuvo suficiente. Volviéndose hacia Ron, con la varita en la mano, le volvió a clavar su letal mirada.
—Deja de gritar, Ronald. Y compórtate. No, más bien, vuelve al trabajo. Por favor, Harry— le pidió Hermione a su amigo un poco de ayuda y apoyo.
—Hermione tiene razón, ya deberías saberlo a estas alturas, Ron.
Pero el pelirrojo no estaba dispuesto a claudicar.
—No siempre. Y estamos hablando de Malfoy— Ron no paraba de mover los brazos gesticulando con cada palabra—. ¿Desde cuándo ha empezado todo esto? Es como si estuviera en un mundo diferente en donde nada tiene sentido.
—¿Te refieres a tu propio mundo, Weasley?
Harry detuvo a Ron, no por miedo de lo que pudiera suceder con Draco sino porque temía que Hermione le fuera a lanzar un conjuro de dar un paso adelante.
—No ayudas, Malfoy— le reprendió Hermione en su perfecto tono de autoridad.
Le encantaba ese tono de voz y no le importaría, para nada, el escucharlo en una situación de más dominación por parte de la joven Gryffindor.
—Es que no lo pretendía, Granger. Cuando lo haga lo sabrás al momento.
¿Y por qué esas palabras no le sonaban como si estuviera hablando del tema en el que se encontraban en estos instantes? Por lo menos tenía tantas cosas de las que preocuparse que no tuvo tiempo ni de ruborizarse ante sus sospechas.
—No le hables en ese tono, Malfoy. No sé como has podido hacer esto, Hermione.
Y por esto tenía para elegir bastantes posibilidades pero si colocabas cualquiera que estuviera junto al nombre de Draco seguro que acertarías sin problema.
—Muy sencillo, Ron. Eres mi amigo y puedes dar tu opinión pero es mi vida y soy yo quien elige como vivirla. Eso nunca lo olvides— la seriedad del rostro de Hermione, por alguna razón, a Draco le recordaba el rostro esculpido de Atenea y, como no se iba a cambiar de nombre, no le iría nada mal para una hija—. Y, hablando de olvidar, deberías hacerle ver a Lavender que estás de regreso porque la cabrearás como se entere del tiempo que has pasado de vuelta sin avisarla.
Con esto Hermione alzó su varita y el umbral de su despacho se cerró como si nunca hubiera existido ese espacio y siempre hubiera habido una pared en su lugar.
—Una interesante manera para dar por concluida una conversación, Granger.
Hermione se volvió para encontrarse a Draco apoyado, con una seguridad aplastante, contra su escritorio. Las manos colocadas justo en el borde del mismo.
—Tú tampoco te libras, Malfoy. Puesto que también te has olvidado de que ninguno sabe la dirección del otro— le dijo parándose ante el escritorio, al lado de Draco, y cogiendo una tarjeta en blanco. A propósito, pero de una manera casual, Hermione se había estirado sobre el mueble de manera que le dio, de reojo para Draco, una buena perspectiva de su trasero. ¿O fue de manera inconsciente?—. Aquí tienes la mía. Doy por supuesto que sabes cómo funcionan.
—No tienes de qué preocuparte, Granger— Hermione alzó la mano ante Draco—. ¿Sí?
—Necesito tu dirección, Malfoy— le dijo rodando los ojos desesperada por la lentitud de pensamiento por parte del Slytherin.
—No te hará falta ninguna tarjeta, Granger. Solamente necesitarías aceptar mi invitación a una última copa en mi casa— esto último, susurrado con voz grave, logró erizarle el cabello en su nuca, como en otros lugares.
Hermione estaba segura de que el rubor había anexionado su cuello pero lo peor de todo era estar bajo aquella plateada mirada que, desde las alturas, parecía a punto de devorarla por completo.
—Si es una cena de negocios no es necesario algo demasiado formal— trató de cambiar de tema Hermione.
—Mientras no lleves unos jeans aunque, si fuera por mí, con lo bien que se te asientan— una manera de halagar su prieto trasero. Al momento Hermione llevó sus manos para cubrírselo a pesar de estar encarando a Draco—. Ya has tenido unas cuantas cenas de este tipo así que no te hagas la inocente.
—Son buenos modales, Draco. Esperaba que supieras lo que son— le replicó disfrutando más de este intercambio pues se sentía más tranquila en un ambiente más conocido con respecto a Draco. Discutir o enfrentarse dialécticamente.
—Oh, claro que sé lo que son. Lo que le falta, entre tantas otras muchas cosas, a Weasley.
Esto le hizo ganarse un puñetazo en el brazo y una condescendiente negación por parte de Hermione que solamente logró que Draco sonriera.
—Muy bien. ¿A las seis en mi casa?— sugirió Hermione sin poder dejar de relamerse por culpa de la rapidez en que se le secaban los labios.
—Es una cita— respondió Draco con naturalidad.
—Sí… una cita.
—Por cierto— Hermione de pronto se vio acorralada ante su escritorio cuando Draco apoyó sus manos a ambos lados de su cuerpo cercándola—. Debo decir que he disfrutado mucho con nuestra comida, Granger.
Durante unos instantes Hermione tuvo la absurdez de que sus pechos se estaban bamboleando por culpa de la fuerza con que su corazón latía amenazando con salírsele del cuerpo. Luego eso se esfumó de su mente al notar, y ver, como Draco se inclinaba sobre ella y los ojos castaños de la Gryffindor se dirigieron a los cristalinos de Draco antes de caer a sus labios.
¡Merlín bendito! ¿Draco Malfoy iba a besarla? ¿Y por qué se le tenían que secar los labios con tanta rapidez en estos precisos momentos? ¿Y por qué tenía ganas de que la besase y ganas de besarle? Aparte de que era un hombre inteligente, guapo, divertido y con una seguridad en sí mismo que, sino fuera porque en estos momentos sentía como sus piernas parecían estar a punto de ceder, sería la misma que ella poseía.
Sus párpados cubrieron sus ojos castaños y Hermione alzó su rostro en busca de aquellos labios porque su recuerdo, a pesar de que habían pasado menos de 24 horas desde que los había saboreado, se había convertido en su utopía. Solamente había sido un beso rápido pero quedó grabado a fuego en sus labios de tal manera que se había formado la, absurda, idea de que ningún otro par de labios podría besar lo suyos sin adecuarse a sus formas de la misma manera en que lo hicieron los de Draco.
¿?
¿Cómo era que aún no la había besado? En todo este tiempo transcurrido desde que cerró sus ojos habría podido vivir miles de las fantasías que poblaban su mente protagonizadas por su serpiente con ella de única coprotagonista.
Hermione abrió los ojos totalmente confusa, y algo decepcionada por no haber podido besar nuevamente a Draco. O, más bien, de haber sido besada por Draco ya que, la vez anterior, había sido ella quien le robó aquel beso.
Ante ella se encontró el rostro de Draco que le ofreció, en el momento justo de abrir los ojos, una amplia, y maliciosamente divertida, sonrisa. Eso nunca es buena señal, por lo menos para ella.
Incluso Hermione Granger llega a equivocarse en algún momento. Y este ha sido el suyo.
Sin poder evitarlo vio, y sintió, como Draco le tocó la punta de la nariz con la yema de su dedo índice. Claro que llevaba algo que quedó sobre su nariz. Escuchó una risa ahogada por parte del Slytherin cuando bizqueó para verse la punta de la nariz y saber que era lo que le había dejado.
Pudín de tapioca.
—Siempre me termino el postre, Granger.
Hermione sintió los labios de Draco besándola en la mejilla, deslizándose por ella, y no pudo reprimir el ladear su rostro de manera que los terminó por dirigir hacia los suyos. El contacto provocó un eléctrico estremecimiento en el cuerpo de la castaña que la hacía desear más y buscó continuar con aquel beso sin intención de que se terminase.
Ciertamente eran unos labios suaves y sabrosos. Cálidos y de lo más placenteros que no le extrañó el que lograra arrancarle un gemido ahogado por el propio beso antes de que lo hubiera sido por aquella lengua que se deslizó furtivamente en su boca. Le dio la bienvenida con la suya propia y se acariciaron mutuamente como si de serpientes se tratasen.
Hermione erguía su rostro y alzaba su cuerpo de manera que acabó por sentarse en el borde de su escritorio. Era un beso pero estaba llevándoles a mucho más y por eso no fue una gran sorpresa que, cuando apartaron sus labios para recuperar el aliento robado, Hermione se encontró con que Draco estaba colocado entre sus piernas. Las cuales ella había apartado para dejarle espacio. Si esto continuaba estaba más que segura de que aventaría todo lo que estaba sobre el escritorio y le exigiría que la tomase allí mismo.
¡Por Merlín, Hermione! No puedes estar tan necesitada, y ciertamente no lo estaba. No era simple y pura lujuria por su parte porque, de ser así, ya lo habría podido solucionar de alguna manera. No, era algo más. Mucho más profundo. Es por él. No puedo creerme que aún tenga tan intensos sentimientos por él si ya han pasado unos once años desde que decidí enterrarlos en lo más hondo de mi ser. Algo que no resultó sencillo debido a que su recuerdo podía regresar al pensar en aquella bofetada que le arreé en tercer año.
Algo tenía que decir pero temía lo que pudiera surgir de su boca de ponerse a hablar. Por suerte eran dos los que estaban aquí y fue Draco quien tomó la palabra o, más en concreto, la acción.
Sintió, una vez más y ya iban demasiadas, sus mejillas ruborizarse cuando Draco atrapó el pudín que había dejado sobre la nariz de la Gryffindor con sus labios.
Y todo esto con una simple comida. ¡En su lugar de trabajo! No quería ni imaginarse lo que podría suceder entre ellos, no ya en la cena de mañana, sino en la de esta noche. Porque, por muy de negocios que fuera, estaba segura de que esa excusa no les detendría de encontrarse en esta misma situación pero sobre una cama o cualquier mueble en la casa de cualquiera de los dos.
Estas sensaciones eran tan intensas y disfrutaba tanto de ellas que no podía evitar el culparse por haber permanecido en las trincheras en vez de haber actuado como la valiente Gryffindor que se supone que es y haber buscado a Draco para que pudieran haber tenido esto años antes.
Eso de que todo llegaba, y llevaba, su tiempo era una terrible verdad que se tenía que asumir dada las circunstancias.
—Hasta las seis entonces, Granger— Draco la sacó de sus cavilaciones con su voz y al alejar su cuerpo y, con él, aquella calidez que emanaba del mismo.
—Sí, muy bien— Hermione se mordió el labio al ver como al alzar su varita, para abrir el umbral de su despacho, esta le temblaba. ¿De deseo, nervios, necesidad…? Puedes elegir la que más te apetezca—. Hasta entonces, Malfoy.
Draco le ofreció una ligera inclinación de cabeza antes de abandonar el despacho y llevarse consigo la tentación lejos de Hermione que se quedó allí sentada sobre su escritorio mientras balanceaba las piernas.
Es mi vida y soy yo quien elige como vivirla.
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Continuará
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Mejor no decir nada porque cualquier cosa que escriba de seguro acabará por estropear este capítulo. Y no me gustaría hacer el Weasel y quedar en muy mal lugar ;P
REVIEWS.
REVIEWS.
A todos los que se molestan a dejarme sus pensamientos y palabras, muchas gracias por vuestro apoyo con esta historia que, sí, está llegando a su final -.-U Lo digo en serio…
GabeLogan.
Sailor Mercuri o Neptune.
Adriana Potter Weasley.
Alee Malfoy Cullen.
Malfoy19dani.
Sakuri9.
Herms-G59.
Story Alert:
Herms-G59.
Favoritos:
Herms-G59.
Nos leemos.^^
