Advertencias: Ninguna

Nota de Autor: Bueno, aquí lo tenéis! Después de 10 largos meses, al fin hemos llegado al final de esta pequeña aventura :) Espero que no os decepcione y nos vemos en el Epílogo con las últimas líneas del fanfic! Jejejeje! No me olvido de agradecer a todos los que me han leído durante todo este tiempo, a Lor-mats, rakel89 y Zarland-black93 por sus comentarios en el capítulo anterior y a Stefy Abbott por su mensaje privado! :) Muchas gracias a todos por hacer esto posible!


Capítulo 36: La Variable III


Un leve zumbido llenaba el silencio del ambiente, haciendo que fuese imposible escuchar nada más. Todo era oscuro, estéril, extremadamente solitario y hostil.

Con el paso de los segundos, Juliet pudo darse cuenta de que el zumbido provenía exclusivamente de sus oídos, del interior de su propia cabeza, y no del exterior, como había pensado en un primer momento. Aún así, seguía sin poder escuchar nada, sin saber lo que pasaba a su alrededor, pero al mismo tiempo estaba demasiado cansada como para poder abrir los ojos para echar aunque fuese un pequeño vistazo, ya que con el sentido del oído anulado, la vista era su mejor opción. Sin embargo, por más que trataba de esforzarse, seguía sumida en la oscuridad.

Entonces algo la despertó de su estado de trance, privada de cualquiera de los cinco sentidos. Un pequeño contacto en la mejilla. Una caricia, por la delicadeza y la suavidad con la que los dedos se deslizaron por la piel de la rubia.

El zumbido comenzó a disminuir de intensidad a medida que la caricia se iba sintiendo más real y más cercana. Sin embargo, los párpados aún eran demasiado pesados como para poder moverlos. Juliet soltó un gemido de frustración, aunque no era del todo consciente si de verdad habían sido sus cuerdas vocales las que habían emitido el sonido o si todo había sido producto de su imaginación.

Entonces, pudo escucharla con claridad. Una voz. James. Y todos sus sentidos despertaron por completo, como si alguien hubiese encendido una vela y hubiese disipado todas las tinieblas.

—Juliet…—el sureño volvió a llamarla por enésima vez. La rubia comenzó a parpadear pesadamente, dando alguna señal de consciencia por primera vez—Eso es, abre los ojos…

— ¿Ja-James?—susurró con voz áspera.

—Hola.

— ¿Q-que ha…? ¿Dónde?—balbuceó, completamente desorientada.

—Tranquila, rubia—pero entonces Juliet se incorporó bruscamente del suelo hasta una posición sentada.

— ¿Dónde está Rachel?—exclamó. Rápidamente se llevó las manos a la cabeza, ya que debido al movimiento, una fuerte jaqueca se hizo dueña de su cuerpo, de manera similar a como si le hubiesen clavado una aguja en mitad de la sien.

—Ella está perfectamente. Tómate tu tiempo, ¿vale?

Juliet cerró los ojos nuevamente durante unos segundos, tomando un par de respiraciones profundas mientras que sentía la mano de James firmemente colocada sobre la parta baja de su espalda.

Tomándoselo con más calma, volvió a abrirlos, echando un vistazo rápido a su alrededor. La rubia no pudo evitar poner una mueca de sorpresa al percatarse de que estaban en un… ¿desierto? O al menos parecía la opción más probable, teniendo en cuenta el calor sofocante y que lo único que se podía ver en kilómetros a la redonda era arena y más arena.

— ¿Qué ha pasado?—preguntó Juliet.

—No tengo ni idea. Lo único que se es que ya no estamos allí—respondió el sureño, ayudándole a que poco a poco volviera a ponerse en pie.

— ¿No estamos allí?

—No. La isla se acabó para siempre, rubia.

Juliet dejó escapar una sonrisa ahogada, que perfectamente podría haberse confundido con un sollozo, mientras que pasaba sus brazos alrededor del cuerpo de Sawyer, abrazándole con fuerza y depositando un casto beso sobre la piel de su cuello. No quería hacerse demasiadas ilusiones, ya que así evitaría el dolor cuando estas se rompieran, pero la simple idea de no estar nunca más en ese lugar hacía que su corazón se pusiera a latir a mil por hora.

—Lamento romper vuestro momento de azúcar y piruletas, ¿pero dónde o cuando diablos estamos?—interrumpió Miles, que estaba de pie sobre la arena junto a los demás supervivientes, a unos metros de distancia.

— ¿De verdad crees que si lo supiera estaría guardando el secreto, Sherlock?—replicó Sawyer con tono irónico mientras que tanto él como Juliet se acercaban de nuevo a los demás.

Inmediatamente la rubia recogió a su hija de los brazos de Sun, sintiendo un alivio instantáneo al comprobar por ella misma que el bebé estaba en perfecto estado y de vuelta con ella después de tantas y tantas horas de tensión y peligro.

—Sawyer…—le llamó Jin, señalando con el dedo al horizonte.

Todos los presentes se giraron automáticamente en dirección al punto que había señalado en asiático, pudiendo ver con total claridad como una persona a lomos de un camello se dirigía hacía ellos a toda velocidad.

—Parece que tenemos compañía…—murmuró Sayid.

—Cerrad la boca y dejadme hablar a mi, ¿entendido?—ordenó James, frunciendo el ceño.

Nadie hizo el menor movimiento, simplemente se quedaron esperando hasta que el hombre llegó hasta ellos, deteniendo con bastante soltura al camello y bajándose del animal. Con un movimiento rápido se quitó la tela que le cubría la nariz y la boca, dejando su rostro al descubierto.

— ¡Tú!—exclamó Jack.

—Me alegro de volver a verte, colega.

— ¿Desmond? ¿Qué estás haciendo aquí?—preguntó el médico, ignorando las órdenes de Sawyer al ver que el "intruso" era un conocido más.

—Os estaba esperando. Llegáis con cuatro horas de retraso, ¿sabéis?

— ¿Y cómo sabías tú que íbamos a aparecer aquí?—inquirió James con cierto recelo.

—Tenemos un campamento no muy lejos de donde estamos ahora mismo—informó el escocés—Supongo que estaréis cansados y hambrientos, así que estaré encantado de responder a todas vuestras preguntas cuando estemos allí—sugirió, a lo que nadie estuvo en desacuerdo.

El campamento en cuestión consistía en una gran furgoneta con una especie de antena parabólica en el techo, situada frente a dos tiendas de campañas enormes. En apariencia, el aspecto del complejo era similar al podría tener una expedición arqueológica, porque aunque era algo improbable, tenían que estar seguros de no llamar la atención de alguna de las personas que pudiesen habitar ese desierto.

El camino no fue demasiado largo, y para cuando quisieron llegar, una embarazadísima Penelope Widmore les esperaba ansiosa, de pie frente a una de las tiendas. A pesar de que ella no conocía directamente a todos los supervivientes, todos la habían visto en la foto que había traído consigo Naomi Dorrit el día que había aterrizado sobre la isla, más de un año atrás, por lo que no fueron necesarias las presentaciones.

—Me alegra ver que todos estáis bien—saludó la mujer con una sonrisa dibujaba en su rostro mientras que se acercaba a Desmond.

—Ya vemos que tú también estas de maravilla—comentó Jack, haciendo una pequeña señal con la cabeza en dirección al vientre hinchado de la mujer— ¿Para cuando te toca entregar el paquete?

—Técnicamente… ayer.

—Traté de convencerla para que no viajara hasta aquí pero…—dijo Desmond, rodando los ojos levemente hacia un lado.

—No quería perderme la oportunidad de visitar Túnez—se justifico Penny, acariciando suavemente su vientre de manera automática.

—Tío, ¿estamos en Túnez?—preguntó Hurley con sorpresa.

—Así es. Eloise puedo predecir que la ventana con la isla se abriría en algún lugar de este desierto, así que llevamos una semana rastreando cualquier rastro de energía electromagnética por la zona—explicó Desmond, sin perder ni por un solo instante la expresión contenta de su rostro.

Poco a poco los supervivientes también fueron alegrando las caras, percatándose a medida que iban pasando los minutos de que la pesadilla de la isla realmente había terminado por fin.

—No es por ser aguafiestas pero… ¿y ahora qué?—interrumpió Miles.

—Ahora estamos a salvo, colega—contestó Desmond.

—Me refiero a qué va a pasar con nosotros—explicó el asiático, frunciendo el ceño levemente—Porque hasta donde yo se, LaFleur, Jin y Claire han sido dados por muertos, Kate ha violado su libertad vigilada al venir aquí y la cara de Juliet lleva más de cuatro años en las listas de desaparecidos.

—S-si se dan cuenta de que no estoy en Los Angeles iré a la cárcel antes de que se llegue a celebrar el juicio…—murmuró la pecosa, dándole la razón a Miles.

—Ya habíamos pensado en esa posibilidad—contestó simplemente Desmond, sin borrar la sonrisa de su cara, lo que desconcertó a todos los demás.

Y a pesar de que en un principio los supervivientes no estuvieron demasiado convencidos de sus palabras, cambiaron rápidamente de opinión al comprobar que, efectivamente, los empleados de Penelope Widmore lo tenían todo perfectamente controlado.

Esa misma noche Jack, Kate, Sayid, Hugo y Aaron viajaron de regreso a Los Angeles a bordo de uno de los aviones privados de la corporación Widmore, aterrizando de manera clandestina en un aeropuerto privado situado a las afueras de la ciudad. Desde allí, fueron trasladados hasta la residencia Austen sin levantar sospechas, como si verdaderamente en los últimos días nunca hubieran dejado la casa y mucho menos el país.

Sun, por otro lado, voló en solitario de vuelta a Corea, con la intención de recoger a la pequeña Ji Yeon y volver a Los Angeles para reunirse con los demás. Mientras tanto, el resto de los supervivientes se mantuvieron completamente ocultos, a la espera del siguiente paso en el plan de Desmond.

Una semana después, la noticia de que tres pasajeros más del vuelo 815 de Oceanic Air Lines habían sobrevivido al fatal accidente dio la vuelta al mundo.

Según se difundió en los medios de comunicación globales, James Ford, Jin-Soo Know y Claire Littleton habían sido localizados con vida después de pasar más de un año varados en un islote desierto de uno de los cientos de archipiélagos de Indonesia. Un auténtico e inexplicable milagro. Pero lo más sorprendente del famoso rescate fue que, junto a los tres náufragos, también había sido encontrada con vida la doctora Juliet Burke, desaparecida en misteriosas circunstancias cuatro años atrás.

Según ella misma había contado al mundo, el barco en el que viajaba para ser trasladada a un centro de investigación secreto en la isla de Sumba, Indonesia, había naufragado, dejándola como única superviviente del accidente. Sola y sin posibilidades de pedir ayuda o dar la voz de alarma, la doctora se había visto obligada a sobrevivir durante tres años en un islote deshabitado, hasta el momento en el que los supervivientes del accidente aéreo habían terminado en el mismo lugar que ella. Coincidencias del destino, había dicho la rubia. Por supuesto, y dejando a parte la increíble hazaña de supervivencia, la historia de amor y posterior paternidad entre la especialista en fertilidad y el ex–estafador no había pasado desapercibida para nadie, ocupando cientos de portadas de periódicos y revistas de todo el mundo.

Cuando los cuatros supervivientes llegaron al aeropuerto internacional de Los Angeles, más de una centena de periodistas se amontonaban en las puertas de embarque, tratando de capturar una buena imagen, y con mucha suerte, algunas palabras de los protagonistas. James y los demás fueron abriéndose paso por el pasillo de flashes, micrófonos y periodistas gracias a la intervención del personal de seguridad del aeropuerto, que lograron escoltarles hasta una habitación enorme donde les esperaban sus familias y los antiguos Seis de Oceanic para el reencuentro.

Jin fue el primero en abandonar el grupo, corriendo hacia donde estaba Sun y abrazando a su hija por primera vez, bajo la atenta mirada de todos los demás. Hugo fue el siguiente en moverse, acercándose para saludar calurosamente a los demás y hacerle unas cuantas carantoñas a Rachel, que en ese momento se encontraba en brazos de su padre. Por otro lado, Claire comenzó a llorar y corrió a abrazar a su madre, que también rompió en llanto al ver a su hija.

Sawyer giró la cabeza, dándose cuenta de que Juliet seguía con la mirada fija en la dirección a donde Jin seguía abrazando a su hija. Pero después de unos segundos, el sureño se percató de que los ojos de la rubia no estaban centrados en esa escena. Y es que al fondo de la habitación, justo detrás de los coreanos, se encontraba una mujer alta, morena, con un niño rubio de unos tres o cuatro años a su lado.

—Oh Dios… oh Dios mío…—murmuró Juliet con un hilo de voz emocionado mientras que empezaba a avanzar hacia la mujer.

Al principio, fueron unos pasos débiles y vacilantes, pero finalmente la rubia acabó corriendo hasta lanzarse a los brazos de su hermana. Ambas rompieron a llorar en ese instante, aunque por primera vez en cuatro años, las lágrimas volvían a ser de alegría. En su estado más puro.

—Sabía que estabas viva, sabía que lo estabas—susurró la mujer más mayor, hablando a través de los sollozos.

—Rachel yo, yo…

—Te quiero mucho, Julie—interrumpió, con una gran sonrisa dibujada en su rostro, aún sin acabar de creerse por completo que su hermana pequeña estuviese sana y salva frente a ella.

La rubia asintió suavemente con la cabeza, y unos instantes más tarde, ambas hermanas comenzaron a reír, limpiándose las lágrimas que habían rodado por sus mejillas con el dorso de la mano. Entonces Juliet reparó en el niño rubio que no se había movido del lado de Rachel, mirando a ambas adultas con gesto curioso y desconcertado.

— ¿Es él?—preguntó la rubia, aunque estaba bastante segura de la respuesta a esa pregunta.

—Sí.

—Es precioso.

—Es hijo mío—replicó Rachel, inflando el pecho con gesto orgulloso—Además, se parece a su tía—añadió, sonriendo de manera radiante de nuevo.

Ambas bajaron la mirada y entonces Juliet se agachó para ponerse a la misma altura que el niño, que seguía mirándola fijamente.

—Hola, Julian. Me alegro mucho de conocerte—le saludó. Pero entonces el pequeño se sonrojó ligeramente, retrocediendo para esconderse entre las piernas de su madre. Juliet dejó escapar una carcajada suave mientras que volvía a ponerse en pie—Sí, definitivamente se parece a mí.

La rubia giró levemente la cabeza, viendo de reojo como James comenzaba a caminar hacia a ellas de manera vacilante, como esperando a que Juliet le diese el visto bueno para poder acercarse del todo. Ambos tenían más o menos claro que Rachel estaría al tanto de lo ocurrido entre ellos, ya que las noticias de medio mundo se habían encargado de difundirlo.

—Rach, yo…

—Ya me lo contarás todo con detalles en otro momento—interrumpió la morena—Ahora quiero conocer como es debido al famoso James Ford y a mi sobrina.

Con un leve gesto de cabeza por parte de Juliet, Sawyer acortó la distancia que le separaba de las dos hermanas. El resto de los supervivientes no tardaron demasiado en unirse a ellos, intercambiando sonrisas, saludos y presentaciones entre familiares y amigos. Y es que por fin estaban de regreso en el mundo real, lejos de la isla. Por fin habían podido reunirse con los suyos.

Por fin, la pesadilla había terminado para siempre.


Continuará...