—Creo que he sido un poco egoísta con mi madre —farfulló Draco delineando suavemente los labios de Hermione con su dedo pulgar.

—¿Un poco? ¡Draco, te has comportado como un crío celoso! Ella es una mujer joven, tiene todo el derecho a rehacer su vida. Primero fue con ella y ahora conmigo… Que te quede claro y, te lo repito una vez más, el profesor Snape es simplemente un buen amigo. Ahora lo conozco en otra faceta, no es mi profesor y por mismo tratamos de entablar una amistad sana. No entiendo por qué tú te pones celoso.

—Ya te dije, me molesta que sea él.

—Porque osó fijarse en tu madre… Amor, Narcisa tiene todo el derecho del mundo a rehacer su vida.

—Pero no con él —sentenció Draco mirándola algo serio. Ella lo observó sonriente y notó un cierto dejo de rabia en su rostro y deslizó su dedo por medio de las cejas de él. Amaba cuando se formaba esa arruga, pues era evidente que estaba celoso, esta vez era por su madre.

Se hallaban aún a la orilla de río con la fogata encendida y con una temperatura bastante agradable, al interior del domo invisible que los protegía del frío real. Afuera nevaba copiosamente. Era día de navidad y como si se tratase de una película de época, los pinos del bosque se veían brillantes, cual si fuesen iluminados árboles navideños dispuestos para una postal.

—No entiendo cómo te puedes poner celoso. Él es un gran hombre, lo sabes —continuó hablando ella tratando de no sonar tan intensa y porque no quería entrar en una discusión con él. Entendía que podía ponerse celoso con ella, pero con Narcisa, ¡eso sí era una estupidez!

—Nunca he dicho lo contrario, es solo que… —intentó responder pero debía ser minucioso para escoger las palabras precisas. No quería sonar como un niño malcriado. Aunque a esas alturas era evidente que eso era lo que Hermione pensaba.

—Es tu padrino, lo sé —agregó ella—, pero cuando él aceptó serlo, tu madre no era más que la esposa de Lucius Malfoy. Ahora ella no está con tu padre y es mejor así, Draco. Él no la merecía y si Snape y tu madre se quieren, ¿por qué tendrías que ser tú quien los separe? Además, amor, no estamos en el siglo pasado. Si su primera relación fracasó, ¿por qué motivo tendría que estar rindiendo pleitesía a quien nunca la amó?

—No lo sé, Hermione. Tal vez nunca he imaginado a mi madre con otro hombre. Sí, quizá sea eso… no lo tengo claro…

—¿La querrías ver siempre sola? —Draco la miró triste. No, claro no querría eso. Lo que más deseaba en el mundo era ver feliz a su madre—. Eso no es lo que ella quiere, ¿no es así? Ella y Snape, si tuvieron algo… y si ahora están separados, pues entonces ambos han de estar sufriendo.

Draco la miró unos segundos y asintió. Recordó cómo él se sentía cuando estuvo separado de Hermione esos tres años antes de recuperarla justo el día de su matrimonio.

—Está ahora sola porque a mí no me gustaba Snape para ella, se lo dije una vez. Hice mal, lo reconozco… por eso nunca más los vi juntos o hablando a solas —confesó mientras arrojaba una piedrecilla al río.

—Y, ¿te hizo caso? Es decir, ¿se alejó de él? —preguntó Hermione suspicaz.

—Yo creo que sí —respondió Draco encogiéndose de hombros.

—¡Ja, ja, ja! —Hermione rió sonoramente, buscando su sostén que estaba a un costado, para luego intentar colocárselo.

—¿De qué te ríes? —Draco giró y tomó el brassier abrochándolo él. Luego besó el hombro de ella. Hermione no respondió pero lo miró divertida—. Esa risa es porque me han visto la cara, ¿no?

—Yo creo que tu madre y Severus han de dormir muy abrigaditos estos días de invierno —Draco rió y le dio un pequeño mordisco en el hombro a Hermione—. Amor, tú madre es bastante mayorcita, no le vayas a estar haciendo otra escena.

—No, no haré nada de eso. Solo tendré que acostumbrarme a la idea que Snape tiene sentimientos… cosa que nunca imaginé.

—Deja que ella decida su vida y con quiera estar. Y si le gusta Snape, ya sabes, en gustos no hay nada escrito. Y sí, Snape tiene sentimientos.

—¿Y eso? ¿Cómo lo sabes?

—Ay, Draco, la gente muestra una cara pero en realidad tiene otra. Snape es un gran hombre y creo que Narcisa será feliz con él.

—Pero mi padre…. No sé.

—Tu padre ya es historia, no lo veas como el hombre para tu madre. Además él ya ha hecho bastante daño, ¿no? No entiendo cómo puedes pensar en él —Hermione se puso de pie algo enfadada para terminar de vestirse.

—No, no me entiendes —Draco le tomó la mano, mientras él también se puso de pie—. Lo que quiero decir es cómo mi padre pudo desperdiciar un amor tan verdadero como el de mi madre. Jamás sería tan estúpido como para pretender que Lucius esté con ella.

—Tal vez tu padre nunca haya amado.

—Es lo más lógico.

—Ven andando, Malfoy. Tengo hambre y ya nos han de estar buscando —Hermione le dio una camisa a Draco para que también comenzara a vestirse.

—Diremos que estábamos tratando temas muy profundos —respondió haciendo su típico e insinuante movimiento de cejas. Hermione sonrió y negó con la cabeza—. Muy, muy profundos.

—Y duro… ¡Y lo digo por el piso! Para la próxima usamos un colchón, ¿entendido?

—O tú arriba y yo abajo —respondió vivaz, guiñando un ojo.

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Narcisa se encontraba en su habitación sentada al lado de la ventana y leyendo un libro de pociones que Severus le había prestado hacía unos días. Advirtió que él se había asomado a los vidrios de su torre mirando hacia el bosque, luego de unos segundos cerró la cortina en forma rápida. Eso la sorprendió porque generalmente él acostumbraba a saludarla o hacer algún gesto. Algo le ocurría, tal vez más tarde fuera a verlo para saber qué pasaba. Dio un fuerte suspiro y se echó atrás en la silla. Sintió un poco de frío en las piernas y atrajo con su varita una manta de lana que se hallaba sobre la cama y las puso sobre sí.

Dejó encima de la mesa la varita y cerró los ojos unos instantes. Estaba cansada y le dolía un poco la espalda. El trabajo de los últimos días había sido arduo y, sin contar con que esa noche era Navidad. Esperaba que Wilva tuviera todo listo para la cena. Era una sorpresa para el resto. Nadie había hablado de celebrar esa fecha, mas ella entendía que no había motivos, pero la unión familiar, esa que ahora tenía, era la que había que proteger y como fuera, ayudaría a que se mantuvieran unidos por todo el tiempo que fuese necesario.

Volvió a inspirar con fuerza y, sin querer, otra vez sus ojos se fijaron en la ventana y en la torre que desde allí podía ver.

Nada.

Su inquilino preferido tenía las cortinas oscuras cubriendo el vitral y no se veía luz alguna. Tal vez estuviese descansando o hablando con alguien… o pensando en ella…

¡Qué tonta! Por un momento, hacía varios meses atrás, llegó a creer que lo de lo de ellos podría convertirse en algo serio, pero no fue así. Fue solo su imaginación y algo de deseo por parte suya, solo una idea tonta que llegó a cruzar por su mente con solo un par de palabras y caricias de él. Tan tonta había sido, que hasta Draco había dado por hecho que eso no significaba nada.

Diáfanas luces cubren el cielo esta noche, Narcisa —le había dicho esa vez Severus mientras ambos se encontraban en uno de los balcones del castillo compartiendo el dulzor de la horchata en aquella noche de verano.

Es hermoso ver un cielo estrellado. Deberías salir más a menudo de tu habitación, Severus. Te pierdes de este hermoso paisaje.

Salgo de continuo, Cissy. Mmm, esta horchata está exquisita —agregó alzando levemente la copa.

Un regalo de Erwan. Un turista español le regaló varias cajas —respondió sincera.

Veo que ese alcalde te cae muy bien.

Es un hombre agradable.

Notó que las cejas de él se curvaban, cual si estuviese disgustado. Conocía ese gesto, típico de cuando escuchaba algo que no le caía bien. Pero había intentado disimular, mirando al cielo.

Salud Narcisa, has sido una excelente anfitriona.

Salud —respondió ella, pero en el momento en que habían juntado sus copas, Draco había llegado al lugar, haciéndose notar con un sonoro carraspeo.

Hijo… —dijo ella sonriente pero de inmediato notó una mueca en el rostro de Draco

Veo que ambos se llevan muy bien… —había dicho cruzándose de brazos.

Lo que ocurrió después no lo quería recordar… pero sin embargo, ahí estaba patente en su memoria el rostro desencajado de Draco, como si ella estuviese cometiendo adulterio o algún otro pecado mortal. Intentó defenderse, de decir que no era lo que él se estaba imaginando. Pero su hijo solo hablaba de que Snape no le tenía respeto y que ella, a pesar de no estar con Lucius, debía cuidarse y hacerse respetar.

Fue un día para el olvido… Se sintió mal, incluso sucia… sucia por algo que no había cometido…

Enojada con ella misma por haberse dejado manipular por su hijo, ya que durante los días siguientes optó por alejarse del profesor y encerrarse en su cuarto, tratando de ocultar su vergüenza. Hasta que una noche, un poco antes de que Hermione fuese llevada por Draco al Castillo de los Cristales, se dio el valor necesario y subió a la torre de Snape. Debía hablar con él. Explicarle y tratar de decirle que Draco era solo un joven celoso de su madre y que en ningún momento guardaba resentimiento en contra de él. Aunque verdaderamente lo que quería era verlo y terminar esa conversación que habían dejado incompleta.

Cada peldaño que subía hacia la habitación de él era una especie de cacofonía horrible que retumbaba en sus oídos. El sonido de la lluvia que arreciaba el lugar y el rechinar de la añeja madera, lograba que su corazón brincara de nervios. No sabía cómo lo iba a enfrentar, ni qué palabras debía utilizar, pero ahí estaba a punto de golpear la puerta y de verlo.

Lo había extrañado, incluso soñado con él. ¡Tonta! A su edad y pensando en esas niñerías. Snape era un hombre solo, siempre lo había conocido así. Nunca supo de novias o alguien que alguien fuese dueña de su corazón y ella ahí, sintiendo mariposas en el estómago, cual si se tratase de una adolescente.

No logró rozar con sus nudillos contra la puerta, cuando esta se abrió de repente y se vio envuelta por unos fuertes brazos y una boca que había apresado a la suya…

Dijo un respingo, pues la varita había caído al piso.

Narcisa se puso de pie, cubriendo sus hombros con la manta que había tomado de la cama y dio otro suspiro, deslizando su mano por el cuello hasta el pecho.

Aquella tarde… aquella inolvidable tarde…

Mujer, sí así se había sentido, luego de tanto años…

Sonrió y volvió a mirar hacia la ventana, ahora solo se divisaba una tenue luz. Él estaba allí, como siempre, como cada noche…