Cuentos de Ichiraku

Parte II

La voluntad de fuego

No solo los ninjas habitan la aldea oculta de la hoja; el amar, creer, proteger y luchar por el bien del pueblo y de lo que cree se ancla en el corazón de todas las personas, las batallas que no se libran con shuriken, aún en las que no lucha el protagonista, forma parte del día a día en Konoha.


Advertencias:

Un poco de violencia implícita, espero no tener que recurrir a la explícita. Sería el mismo aumento de matiz entre "Naruto" y "Naruto Shippuden"

Notas introductorias:

No hay vuelta atrás, para bien o para mal, queda formalmente inaugurada la parte dos de este querido fic. Espero le sigan encontrando entretenido.


Shiitake Ramen

De cómo Naruto se marcha con Jiraiya

Agachó la cabeza girando la llave de paso del gas hasta asegurarse de que estaba completamente cerrada, revisó que los pasadores de las alacenas estuvieran colocados, y los platos en su sitio con varias barras de metal colocadas para evitar su caída con algún fuerte movimiento, aunque claramente si se sacaban con la mano y se arrojaban al suelo, poco podía hacer.

— ¡Date prisa, papá! ¡Ya somos los últimos!

Teuchi se relamió los labios resecos por el nerviosismo, inspeccionando todo, a última hora decidió dejar la puerta de la bodega abierta para dejar expuesto el interior, de manera tal que no patearan o explotaran la puerta si querían cerciorares de que no hubiera gente escondida dentro.

— ¡Papá!

—Ya voy, ya voy, solo un momento…

¡La caja!

El hombre corrió a la caja sacando la llave de su delantal y abriendo rápidamente para sacar las ganancias obtenidas hasta el medio día.

— ¡Papá!

A los gritos de Ayame se habían unido las voces de los ninjas encargados de la evacuación, no había más tiempo que perder, finalmente y antes de que su hija lo tomara por el brazo arrastrándolo afuera, tuvo tiempo de hacer una última reverencia de despedida.

— ¡Por todos los cielos, papá! ¡Casi nos dejan!

—Es qué no sé si lo voy a volver a ver…— dijo el viejo finalmente uniéndose a los últimos comerciantes que restaban por evacuar, sin duda alguna, retrasados por las mismas razones que él, pues en pequeñas bolsas adivinaba, todos llevaban las posesiones más valiosas y el dinero.

—No se preocupen, estamos en tiempo.— decía uno de los ninjas sonando completamente convencido de sus palabras.

—Pero tampoco se rezaguen mucho, sigan el señalamiento y llegaran con bien al refugio.

El cocinero asintió aferrando a su hija a su brazo y apretando el paso tan silenciosamente como le fue posible.

"Qué diferencia" pensó para sí mismo recordando con poca gratitud la turba de hacía unos años ocacionada también por una evacuación. Se encontraba más tranquilo, ciertamente, pero no por eso pensaba dejar el brazo de su pequeña en ningún momento ni porque se quejara sobre la fuerza que ejercía.

—Nunca será demasiada, Ayame-chan, nunca.

La ya no tan niña y más señorita, rodó los ojos, pero convencida de que no había crimen ni falta en las acciones de su padre, le siguió el paso.

—No se detengan por favor…

—Parece ser que no habrá pérdidas en esta ocasión.— comentó el hombre empezando a sentir una vaga tranquilidad al ver las puertas del refugio, aunque su corazón aún latía furioso en su pecho. Ayame sonrió.

—Pero te quejabas del impuesto añadido ¿No?

Su padre se coloró completamente.

—Bueno Ayame, yo siempre he mantenido mi situación fiscal en perfecto orden ¡Ni siquiera genero recargos por retraso!

—El que los pagues y que te gusten son dos cosas diferentes, pero puedes ver que ha valido la pena.

—Eso ni que lo digas.

— ¡Ya son todos! ¡Sellen la puerta!— dijo uno. Apenas terminó de hablar el crujir de la madera y la oscuridad fue lo que se escuchó. Solo fueron unos segundos en que incluso el silencio se hizo presente, pero las luces se encendieron, pudieron reconocer a algunos ninjas que encendieron las antorchas y procedían al pase de lista.

—Sin duda, una gran diferencia.— volvió a exclamar el cocinero.

—Vamos, hija. Hay que buscar un sitio para sentarnos, presiento que esto no será cuestión de minutos.

—Eh… ve tú papá, yo… buscaré los servicios ¿Si?

—Bien, Ayame-chan. Solo no te alejes ¿Si?

— ¿Y a dónde iría?

Ayame levantó la mano para despedirse, y pronto se perdió entre la multitud que aunque parecía estar en calma, mantenía la tensión de estar bajo ataque. La joven camarera se desató el delantal y lo dobló para guardarlo entre la ropa, pese a que era algo que usaba diariamente, no se sentía completamente cómoda o más concretamente "feliz" con esa ropa, recayendo el sentimiento casi totalmente en que no podía usar mucha de la ropa bonita que veía en aparadores, tampoco accesorios más allá de la liga que sujetaba su cabello, por cuestiones de higiene.

Demasiado triste para una chica de su edad.

Realmente tampoco necesitaba los servicios, pero quería curiosear. Sentía su corazón latir fuertemente, apenas podía recordar lo sucedido ¿Cuántos años tenía? Enlazó sus manos a la espalda y siguió caminando, había mucha gente asustada, pero la histeria estaba muy lejos de aparecer.

Tranquilo, demasiado tranquilo.

Se detuvo un momento recargándose contra un muro de piedra, bajó la mirada hasta el piso. Esa noche acababa de terminar sus deberes de la escuela, ayudaba a su madre con un trabajo de costura, la yukata para el festival de invierno… Shisui había entrado por la ventana rompiendo el cristal…

Shisui…

¿Quiénes iban a morir esa noche?

Cerró los ojos con fuerza y pensó en todos los ninjas que conocía: Naruto, Iruka, el hermanito de Hana, Hana… el robusto amigo de Naruto; Chōji, el hijo del tercer maestro Hokage, su bonita novia… todos eran tan jóvenes, Shisui mismo jamás siquiera pintó bigote aunque sobrevivió ese día. Al final se suicidó, pudo más la presión de la responsabilidad ¿Habría fallado en alguna misión? No sería el primero en acabar con su vida por ello.

—La vida de un ninja es tan corta…— dijo en un suspiro.

—Pero es nuestro camino ninja.

Ayame se sobresaltó, pero la familiaridad de la voz la tranquilizó, era Iruka.

—Es un honor servir a la aldea, aunque sea con nuestras vidas. Protegemos lo que amamos.

— ¡Iruka-sensei! ¿Qué haces aquí? Creí que…

—Solo traje a los estudiantes, saldré en un momento.

La joven quiso decir algo, pero las palabras se esfumaron de su boca.

—Cuídate…— murmuró al final volviendo a bajar la vista.

—Cla… claro, y… gracias…

Nuevamente el silencio incómodo, pero Iruka reaccionó rápidamente, se despidió, desapareció.

—Lo que amamos…— repitió quedamente sin poder evitar dibujar una triste sonrisa. Tal vez en algún momento Shisui si la amó. Una lágrima se escapó. Quería creer que por esa razón la buscó esa noche, aunque después desapareció por días completos, y la apartó de su vida ¿Se dio cuenta de lo inútil que sería como esposa de un ninja?

Se enjuagó los ojos con el dorso de la mano. Hacía mucho tiempo que se quería obligar a dejar de pensar en él. Tras un rato volvió a caminar, buscando la puerta.

—Por favor, señorita, no se separe del grupo.

Ayame asintió, aunque estaba segura de que si pasaban las defensas -que era muy improbable porque todo el cuerpo militar estaba en la aldea debido a los exámenes de promoción-, había todo un complejo de túneles con más puertas y según informaron en algún momento, ya que todos estaban dentro, las trampas se activarían.

Recargó la cabeza contra la piedra entendiendo al instante la imposibilidad total para escuchar, se limitó a imaginar, sin gente a la que proteger, todos podían concentrarse completamente en luchar. Aún con el ánimo frío se imaginó a si misma afuera, ya debería de estar graduada pero la imagen se le hizo tan increíble que no la pudo sostener mucho tiempo. Lo único que realmente podía hacer, era esperar.

.

— ¡Naruto-kun!— exclamó apenas la cabeza rubia se apareció por entre la cortina de papel.

— ¡Ayame-neechan! ¡Un ramen especial de la casa! ¡Pero rápido que me muero de hambre!

— ¡Claro!— enseguida la muchacha notó al otro invitado y apresuradamente se inclinó al frente en una reverencia.

—Bienvenido, Jiraiya-sama.

Había mucha gente, pero la camarera no tubo problema para encontrarles un sitio.

— ¡Hacía tanto tiempo que no probaba un buen ramen!¡Dattebayo!— se quejó el chico cruzándose de brazos.

—Descuida Naruto-kun, en un momento te atiendo…

— ¡Hey! ¡Chica, sírveme otros dos, pero sin picante!

— ¡Yo quiero uno con carne doble!

— ¡Uno de puerco especial!

— ¡Acá se nos ha terminado la bebida!

Naruto frunció el ceño.

—Hay mucha gente.

Jiraiya aprovechó que estaban cerca de la ventana para sacar su pipa y fumar un rato resignado que tendría que beber un rato antes de comer aunque tenía igual de hambre, Naruto lo había arrastrado derecho y sin escalas. Lo que había que agradecer fue que a toda velocidad la chica le había traído el sake, justo al punto en que le gustaba y no tenía que compartirlo con nadie.

—Solo dame un momento, Naruto-kun, papá está trabajando tan rápido como puede.

—No te preocupes, Ayame-neechan.— pero un gruñido de su estómago contradijo lo dicho.

—Bueno, Naruto.— dijo Jiraiya con su vozarrón una vez que la joven se hubo retirado pasando entre la barra y las mesas con bandejas, limpiando mesas, cambiando platos.

—Hay un par de cosas que tengo que explicarte si pretendes ir en serio con…

— ¡Claro que voy en serio!

— ¡Pues cállate y déjame hablar!

—Ayame-chan, pásame más hongos, se ha terminado el caldo especial del día.— pidió Teuchi en cuanto su hija volvió a aparecer en la cocina.

—Ya preparé más, está junto a la sartén de las chuletas.

— ¿Ya?

—Calculé que no alcanzaría desde hace una media hora.

—Yo pensé que sería suficiente, estábamos vendiendo más Miso de puerco.

Ayame le guiñó un ojo.

—Pero es el más económico, papá, de qué te sirve tener mucha gente si no van a consumir como se debe.

Teuchi movió la cabeza de un lado a otro.

—Un cliente no es un saco de dinero, Ayame-chan.

— ¡Señorita! ¡Una orden más de naruto!

— ¡Enseguida!

—Ya terminé las órdenes de carne doble.

— ¡Oh, no! ¡Papá! Solo era una, pero eran dos sin picante, me falta una de pollo con huevo, acaban de pedirme la especial de ternera, y una orden de gambas. Voy por la bebida de la mesa dos, mientras, puedes ir sirviéndome los cuatro aka-miso y el Shiitake ramen de Naruto-kun…

—Calma, calma Ayame-chan ¿No me lo puedes anotar?

Ayame resopló y sacó de su delantal el block de papel para anotar las órdenes que realmente casi no usaba.

—Papá, perdemos mucho tiempo así…

—Pero por todos los cielos, Ayame-chan, no tengo tan buena memoria, a mi edad…

—A tu edad nada, papá, solo pon atención, y ve preparando el miso especial, creo que se lo puedo vender al cliente que acaba de entrar, tiene pinta de poder gastar mucho en una cena.

— ¡Ayame-chan!

—Anda papá, tenemos que sacar suficiente para la casa nueva ¿No?

— ¡Hey, niña! Traeme uno grande de Ozouni…

— ¡En un momento, señor! Vamos papá, cóbrale una botella de sake, también se la acaba, estoy segura.

Sin prestar atención a las exclamaciones de su padre, tomó la charola, acomodó rápidamente los platos y empezó a repartir, cambiando los vacíos por las nuevas órdenes.

—O… oye…

La joven se dio un momento para prestar atención al tímido muchacho que solo había estado tomando agua y tonteando con el mismo plato. Las cejas de Ayame se arquearon pensando lo peor: no tenía dinero.

—Puedo… ¿Puedo pedirte un favor?

Asintió con resignación, tenía que hacer que los cuatro de contabilidad consumieran más botanas, su venta era más redituable.

—Hay… hay una chica en la barra, ella viene con su padre…— empezó tartamudeando y bajando la voz, de manera que la camarera debió inclinarse para oírle entre tanto barbullo.

—Bueno… es que… ellos son comerciantes y mañana parten al país de los pájaros… y yo… yo quisiera…

El muchacho empezaba a ponerse más colorado, pero sacó de su chaqueta lo que evidentemente era una carta.

—A su padre no le agrado, pero yo realmente quisiera… despedir… me.

Ayame sonrió y tomó el papel.

—No te preocupes.— le dijo completamente segura de que podía hacerlo a discreción, aunque eso no cambiaba su sospecha inicial cuando volvió a pedirle agua. Guardó el papel doblándolo con cuidado, y regresó a la cocina para dejar los platos sucios y tomar las órdenes nuevas.

—Disculpen la espera, aquí tienen.— dijo sirviendo a Naruto y Jiraiya, inclinándose nuevamente ante el último.

—Esta es una cortesía.— agregó guiñando un ojo al rubio al tiempo en que le dejaba una orden de Naruto condimentado, que aunque pudiera ser una broma sobre "canibalismo", era una botana recurrente en el chico.

— ¡Gracias, Ayame-neechan!

Jiraiya clavó sus ojos en la jovencita mirándola a detalle aprovechando que estaba cerca.

—El tiempo hace maravillas con las niñas.— comentó soltando el humo de su pipa y recibiendo casi instantáneamente una patada por parte de Naruto.

— ¡Viejo pervertido!

.

Ayame respiró tranquila, cerrarían en unos minutos pero finalmente la gente se había marchado casi totalmente. Había sido un día muy ocupado, con muy buen resultado monetario, e incluso sus sospechas sobre el muchacho habían sido falsas, de hecho le había dejado una generosa propina. Si, definitivamente un muy buen día.

Le daba un poco de curiosidad saber la cara de la chica cuando leyera la carta. Rió por eso, nadie se había dado cuenta y de verdad que estaba agradecida por ello, de haberse enterado el padre quién sabe que hubiera hecho hasta con ella que solo era la mensajera.

Se balanceaba sobre un banquillo cuando las cortinas de papel volvieron a moverse, tan buen día había sido que no se molestó ni aunque estaban a un cuarto de hora de cerrar.

—Buenas noches, bienvenido…— saludó con ánimo pese a su cansancio.

Se sorprendió mucho al ver que era Jiraiya, repasó rápidamente en su memoria la mesa cuando la limpió al marcharse ellos, no había nada más que los platos y ceniza ¿Qué habría olvidado?

—Buenas noches.— respondió el otro acercándose más.

Teuchi en ese momento salía con dos cajas de órdenes.

—Ayame-chan, solo entrego estos pedidos a unas calles de aquí y regreso para cerrar ¡Oh! ¡Jiraiya-sama!

El sannin chasqueó la lengua, tenía un lado vanidoso, pero tanta reverencia llegaba a ser agobiante.

—Vaya tranquilo, yo cuido a la niña.— dijo agitando la mano.

Aparte de él, solo había un hombre más que seguía bebiendo y comiendo con un provecho que era imposible comentarle que estaban por cerrar. Ayame sentó a la mesa al recién llegado, a petición del cliente volvió a sacar una botella de sake y sirvió.

—Al fin solos.

Ayame se sobresaltó cuando el cliente que seguía cenando no muy lejos de donde se encontraban, se esfumó en un "poff" dejando solo humo en su lugar, luego volvió a arquear las cejas con desilusión.

—Mira pequeña, y presta atención que no tengo este gesto todos los días.— agregó sacando su cartera para pagar el importe del cliente falso.

—Ahora sí, a lo que vine. Naruto y su bocota debió ya de soltarle a media aldea que viene conmigo a un viaje de entrenamiento.

—Sí… sí señor…

La voz de Ayame se volvió torpe y ella se percató de eso aunque no pudo hacer mucho al respecto. No sabía a que venía en específico el hombre, sus nervios se dispararon.

—Cómo pasa el tiempo, recuerdo cuando llegabas a mi rodilla…

Ella no respondió y cerró los puños apretando la tela del delantal al sentir que sus palmas trasudaban.

—Vivimos un tiempo extraño, el preludio de tiempos difíciles, muchos ninjas han muerto bajo el servicio a su aldea, y cada vez se vuelve más difícil conseguir información, los ninjas se detectan con mayor facilidad de la que me gustaría, y no hay nada como la información, querida.

Ayame asintió aún muy lejos de adivinar las intenciones del viejo ninja o de siquiera comprender realmente la importancia de dicha información.

—Minato siempre dijo que tenías talento, coincido con él y por eso mismo necesito a alguien que pueda moverse con un perfil bajo.

—Pe… perdón pero yo no… no completé el entrenamiento.

—No solo los ninjas protegen a su país, Ayame-chan.


Comentarios y aclaraciones:

Ehh ok más saltos abruptos en el tiempo… ¿Decepcionados? u.u Lo siento, traté pero no quedaba postergar más el asunto, incluso traté de desarrollar el cap donde ven el rostro de Kakashi… pero no quedó más que media cuartilla y eso casi repitiendo lo mismo que se vio.

Este cap es el nuevo inicio, y de hecho contiene a partir de ahora la idea original que tenía cuando decidí escribir sobre la gente del ramen, solo que a fines de empatía, necesitaba que se familiarizaran con los antecedentes, que no se viera sacada de la nada esta extraña propuesta...

¡Gracias por leer