DAENERYS
Cuando Daenerys vio abrirse las puertas sintió como se le aceleraba el corazón. Había querido ponerse al frente del ataque, montada sobre Drogon, pero sus capitanes le dijeron al unísono que era una locura, y eso que nunca se ponían de acuerdo en nada. Recordad lo que dijo Oberyn- le decían. Asì que ella tuvo que quedarse en la retaguardia, montada sobre su yegua, esperando a escuchar el sonido de las campanas. Daenerys había prohibído expresamente el saqueo de la ciudad. No permitiré que se maltrate al pueblo que he venido a liberar- Dijo. Escuchó desde la lejanía como los gritos amenazadores de los defensores se convertían en alaridos de miedo. Pocos minutos después oyó el tañir de cientos de campanas. La ciudad había caído.
Daenerys picó espuelas y se dirigió al galope hacia las puertas- Puede que la ciudad haya caído, pero si le había pasado algo a Jaime nada habría merecido la pena- Daenerys entró en Desembarco del Rey escoltada por Ser Barristan, Ser Jorah. Jon los esperaba en la puerta, liderando al ejército de norteños. Cuando la vieron entrar los conquistadores estallaron en vítores. Dany no pudo evitar sonréir, a pesar de la incertidumbre que tenía por su prometido. Cabalgó al paso entre cadáveres de dornienses. A su paso, miles de ciudadanos observaban nerviosos desde las ventanas de sus hogares. No saben que pensar de mí, el recuerdo de mi padre está muy presente- Pensó.
Alteza- Gusano Gris, el comandante de los inmaculados, se acercó a ella- ¿Qué deber hacer con los rendidos?-
Encadenadlos y llevarlos al patio de la fortaleza- Dijo Dany- Decidiré entonces qué hacer-
Tras subir por calles empedradas llenas de sangre alcanzó al fin la Fortaleza Roja. Cruzó el puente con el corazón en un puño, escoltada por Ser Barristan y Ser Jorah. Todo era muy distinto a como lo había imaginado. La Puerta del Rey, con sus grandes puertas de bronce... Las grandes Torres que rodeaban el patio... Ese debe ser el Torreón de Maegor, y esa la Torre de la Espada Blanca... Esa es la Torre de la Mano- Tantas historias escuchadas sobre aquel lugar, toda una vida imaginando como se sentiría la primera vez que lo viese... Pero todo eso le daba igual, sólo quería ver a Jaime. Entró dentro del edificio principal. Miro a todas partes, tratando de ver a Jaime.
Alteza- Dijo Ser Barristan- Seguidme, es por aquí-
Siguió a Ser Barristan por un largo pasillo, lleno de ventanas y grándes bóvedas. El corazón se le iba a salir del pecho... Al doblar una esquina vieron a Tywin Lannister escoltado por dos Capas Doradas. Ser Barristan y Ser Jorah desenvainaron sus espadas.
Aguarde mi señor- Dijo entonces uno de ellos- Nos llevamos a Lord Tywin a las celdas de la Torre de la Mano-
Puede que lo detengan por haber mandado asesinar a...- Dany no quiso ni pensarlo. Siguió avanzando, con el corazón cada vez más acelerado. Al fin, al final del pasillo, alcanzó a ver las grandes puertas de roble oscuro que guardaban el Salón del Trono. Una de ellas estaba entreabierta. A través de ella Dany alcanzó a ver un cadáver cubierto de sangre. Sintió que se quedaba sin aliento. Aceleró el paso y entró en el salón. Y allí la esperaba Jaime, en pie, con su armadura dorada. El suelo estaba cubierto de sangre, con los cadáveres de varios hombres aún allí. Varios Guardias Reales, dos Capas Doradas y un hombre de tamaño colosal. La Montaña que cabalga- Pensó Dany.
Jaime se acercó hacia ella y alargó su mano para coger la suya. Al coger la mano de su amado al fin sintió que recuperaba la respiración y se le calmaba el corazón. Daenerys se giró hacia Ser Barristan y Ser Jorah, que asintieron sonriendo. Se giró entonces hacia Jaime, que la miró a los ojos.
Es tuyo- Dijo el Lannister.
Daenerys pusó primero un pie, luego el otro, y muy despacio fue acercándose al trono. Para ella se había detenido el tiempo. No escuchaba nada, no sentía nada, solo estaba ella, sola en el Gran Salón. Subió los peldaños de piedra, uno a uno, sintiendo cada paso. Y al fin estuvo ante él. Se alzaba imponente, con sus mil espadas fundidas por el fuego de dragón. Extendió su mano para tocarlo- Está frío- Pensó. Se le vinieron mil imágenes a la cabeza... Viserys golpeándola, la casa de la puerta roja, Illyrio Mopatis, Khal Drogo, el Mar Dothraki, Mirri Maz Dhur, Astapor, Yunkai, Meereen, Roca Dragón, el Rey de la Noche, Jon arrodillándose, Sansa... Y Jaime, sobre todo Jaime... Respiró hondo y se sentó. Dany no sabría describir la sensación que la asaltó cuando al fin estuvo allí, descansando sobre el Trono de Hierro. No era cómodo, Aegon el Conquistador ya dijo que no debía serlo... Allí se habían sentado todos, Aegon, Aerys, Jaheaerys, Maegor... También el Usurpador y el niño rey... Y ahora ella- Lo he conseguido... Al fin lo he hecho- Pensó.
Daenerys al fin alzó la mirada. Lo primero que vio es a Jaime, mirándola orgulloso. Tras él estaban Jorah y Barristan, sonriendo. La puerta del salón se abrió y por ella entraron Tyrion, Jon, Missandei, Varys y Davos. Los cinco se detuvieron al ver a Daenerys, la Reina Daenerys, sentada en el Trono. Dany sintió como la emoción se apoderaba de ella. Tanto tiempo soñando con esto, todo lo que había sufrido... Y al fin estaba allí, junto a sus consejeros, junto a Jaime y esperando un hijo suyo...-
Daenerys decidió perdonar a todos los enemigos que se arrodillasen ante ella, sin ningún tipo de condena por haber luchado contra ella . Muchos dornienses decidieron hincar la rodilla al ver que la reina sabía ser clemente. Si no perdono a aquellos que se arrodillan nunca nadie volverá a arrodillarse ante mí- Pensó Dany. Por su parte,Tywin y Oberyn fueron encarcelados, ambos a la espera de juicio. Hasta que no solucionasen ese problema, Daenerys y Jaime no podrían casarse ni ser nombrados reyes de Los Siete Reinos. Tanto ella como sus consejeros coincidieron que lo mejor sería juzgarlos esa misma tarde. Tywin no tenía a nadie para defenderlo, estaba totalmente solo, mientras que Oberyn estaba muy lejos de su hermano Doran.
Organizaron el juicio en el Salón del Trono. Daenerys mandó descolgar la mitad de los pendones Lannister que había colgando en las paredes y los sustituyó por el Dragón de tres cabezas Targaryen. No quiso sustituir todos, porque al fin y al cabo Jaime era un Lannister e iba a ser rey. En el centro de la sala dispusieron un altillo, en el que se situarían los acusados, que serían juzgados por cuatro personas. Jaime Lannister, como señor de Roca Casterly, Jon Nieve, como señor de Invernalia, Olenna Tyrell, señora de Altojardín y Daenerys Targaryen, señora de Roca Dragón.
Los acusados se presentaron ante ellos. Tywin Lannister no aparentaba estar nervioso, tenía el mismo rostro serio y acusador de siempre, mientras que la Víbora Roja tenía una sonrisa dibujada en su rostro- Saben que no van a ser condenados a muerte- Daenerys ya tenía decidido que no le interesaba matar a ninguno de los dos, porque si lo hiciese todo sería mucho más complicado. Lo más fácil para todos sería despojarlos de posesiones y títulos y desterrarlos.
Daenerys tomó asiento en el Trono de Hierro, mientras que el resto de jueces se situaron entorno a ella. Respiró hondo antes de comenzar a hablar.
Mis Señores ¡- Pronunció- Se os acusa de rebelión, así como de conspirar para asesinar a la legítima reina de los Siete Reinos. ¿Qué tenéis que alegar en vuestra defensa?-
Actuaba defendiendo los intereses de mi casa- Dijo Oberyn sin perder su sonrisa- Estoy seguro de que cualquiera habría hecho lo mismo-
Creo que no fue así- Respondió Jaime- Actuábais con el único objetivo de vengaros-
Esto es un juicio mi señor- Oberyn hablaba como considerándose por encima de los demás- Deberíais basaros en hechos y no en conjeturas-
Tenéis razón- Dijo Daenerys- Y puede que no podamos probar que queríais asesinarme, pero si podemos probar que ambos os alzásteis en armas contra mí, y ese crimen no puede quedar impune-
Si me permitis opinar, mi señora- Tywin Lannister se puso en pie- Considero que este juicio es una farsa. Antes de comenzar a juzgarnos estoy seguro de que ya habéis decidido la sentencia. Así que, visto que no obtendré justicia de este tribunal, dejaré que los dioses decidan mi suerte. Reclamo un juicio por combate-
Las palabras del Viejo León dejaron helada toda la sala. ¿Juicio por combate?- Pensó- Si ganan no podremos arrebatar Roca Casterly a Tywin-
Alteza- Dijo Tyrion en voz baja- Podéis negaros. Nada os obliga a aceptar el desafío-
Era cierto, no estaba obligada a aceptar, pero Dany sabía que era necesario hacerlo. Si lo rechazaba a los ojos del pueblo Tywin y Oberyn serían inocentes.
Muy bien- Dijo Daenerys, que tuvo que aceptar- ¿Puedo preguntar quien será vuestro campeón?-
Seré yo- Dijo Oberyn Martell con confianza- ¿A quien tengo que matar?-
Tendréis que matarme a mí- Dijo Jaime Lannister dando un paso adelante.
No...- Dijo Daenerys casi sin fuerza.
Por todos es sabido que un familiar no puede pelear para demostrar la culpabilidad de otro- La voz de Tywin resonó en el salón, aliviando en cierto modo a Daenerys- Podríais rendiros al comienzo del combate y adulterarlo de este modo-
Bien, vuelvo a preguntar- Dijo Oberyn gritando- ¿A QUIÉN TENGO QUE MATAR?-
No es necesario exaltarse- Ser Barristan Selmy dio un paso adelante- Lucharéis contra mí-
Dany miró a Barristan con sorpresa. Su nombre era respetado en todo Poniente. El veterano caballero era un guerrero legendario. Pero a pesar de que temía por la vida de Jaime, sabía que él no perdería, nunca perdía y a Barristan sin embargo nunca lo había visto batirse en duelo.
Ser Barristan el Bravo- Dijo Oberyn- Será un duelo legendario-
El anciano caballero inclinó la cabeza ante la Víbora Roja en señal de respeto.
Si nadie tiene nada más que decir...- Dijo Daenerys- Podéis retiraros a descansar, el juicio por combate tendrá lugar mañana-
Y con estas palabras Daenerys dio por terminada la sesión. Dos capas Doradas entraron para llevarse a Tywin y Oberyn, mientras que ella se retiró a sus dependencias, ubicadas en el torreón de Maegor.
La habitación destinada al Rey era amplia, con varios ventanales que la convertían en una habitación muy luminosa. En uno de los extremos había una gran chimenea, que mantenia la habitación cálida incluso en invierno. Daenerys se dejó caer sobre la cama. Tywin Lannister se resiste a ser derrotado- Pensó- Si Barristan pierde la guerra no habrá terminado-
La puerta de la habitación se abrió y por ella entró Jaime Lannister, que se sentó junto a ella en la cama.
Sé lo que estás pensando- Dijo Jaime- Pero no tienes que preocuparte, Ser Barristan ganará, es uno de los mejores guerreros que he visto-
Lo sé- Dijo Dany- Pero no puedo evitar lo que pasará si no lo hace... Si Oberyn gana la guerra no habrá terminado, y yo perderé a uno de mis mejores consejeros y amigos...-
Dany- Jaime pasó una mano sobre sus hombros y la acercó hacia él- No perderá, y si lo hace podrás con ello, como has podido con todo-
Daenerys miró a Jaime. Siempre lograba reconfortarla, a veces era el único que podía hacerlo.
Iré a ver a Ser Barristan- Dijo Dany- Tengo algo para él-
Hazlo- Dijo Jaime- Le vendrá bien tu apoyo-
Daenerys salió de sus dependencias para dirigirse a la Torre de la Espada Blanca. Sabía que encontraria allí al caballero. Dany entró en la Torre, y subió las escaleras buscando la habitación del Lord Comandante. Quedó impresionada por la multitud de cuadros y estandartes de los antiguos miembros de la Guardia Real... Ser Duncan el Alto, Ser Arthur Dayne, Ser Ryam Redwyne... Todos guerreros legendarios. Al fin, mirando a través de una puerta entreabierta, encontró a Ser Barristan. Tras pedir permiso entró en la habitación. El anciano caballero estaba sentado frente al Libro Blanco, leyendo su pasaje.
Disculpadme alteza- Dijo Ser Barristan con apuro- Sé que no debería estar aquí pero...-
¿Y por qué no deberíais estar aquí?- Dijo Dany- Sois el Lord Comandante de mi Guardia Real-
Alteza yo...- El anciano parecía emocionado.
Vos sois el más digno caballero que he conocido- Dijo Daenerys- Y sería para mí un honor que me representáseis mañana vistiendo la armadura de Lord Comandante-
Lo haré alteza- Respondió el caballero- Os representaré lo mejor que pueda-
Os deseo mucha suerte mañana, sé que ganaréis-
Daenerys se levantó con una sonrisa. Confiaba en Ser Barristan, él sería capaz de derrotar a la Víbora Roja y de poner fin a la guerra.
EL GUARDIA DE LA REINA
Ser Barristan despertó con las primeras luces del alba. Por primera vez desde que dejó Desembarco del Rey aquel día, se sentía en casa. La habitación de Lord Comandante era su hogar, allí era donde debía estar, sirviendo a su reina- Hoy será mi último duelo, ganar o perder, pero será el último-
El anciano caballero se puso en pie. Se puso las prendas propias de la Guardia Real, medias, pantalones y jubón, todas de color blanco. Sobre esto se puso la armadura de Lord Comandante. Echaba de menos esa armadura, era la única armadura con la que se sentía cómodo. Se colgó la espada larga y el puñal en el cinturón de hebilla blanca y se puso la Capa de la Guardia Real. Cogió el casco y salió de la habitación, listo para su último duelo.
El lugar elegido para el combate era el patio exterior. El Sol luchaba por ganarse su sitio en el cielo. La luz del amanecer iluminaba el patio de la Fortaleza. Ser Barristan se fijó en las gradas rudimentarias que habían montado para que se sentasen Daenerys y los demás. En cuanto le vieron llegar, Jaime y Tyrion salieron a su encuentro.
Buenos días mis señores- Dijo Barristan.
Disculpadme si se me traba la lengua- Dijo Tyrion- Pero estoy demasiado nervioso como para no beber-
Suerte que no sois vos el que lucháis- Dijo Selmy- Ser Jaime, ¿algún consejo?-
Nunca he visto luchar al Príncipe Oberyn- Dijo Jaime- Pero según cuentan su arma predilecta es una lanza larga Dorniense-
Justo cuando Jaime dijo eso el príncipe Oberyn y Lord Tywin Lannister llegaron al patio. Tal y como Jaime había dicho, portaba una larga lanza. Llevaba una armadura muy ligera, de cuero. Llevaba un escudo redondo pequeño y ningún tipo de protección en la cabeza. ¿De veras va a luchar así?- Pensó Ser Barristan. Puede que Selmy hubiese dejado la juventud muy atrás y que con la edad su legendaria habilidad se hubiese oxidado, pero el príncipe dorniense cometía un error muy grave si se confiaba. El anciano caballero cogió el casco, y ser Jaime le entregó el escudo blanco de la Guardia Real.
Suerte amigo- Dijo Jaime- Hablaremos cuando hayas matado a esa Víbora-
Ser Barristan asintió y se dirigió hacia su enemigo a grandes zancadas. Tenía ganas de empezar. El príncipe Oberyn caminó también hacia él. Se detuvieron cuando se encontraron a diez metros de distancia.
Sabed que os guardo un profundo respeto- Dijo Oberyn- Pero tengo que mataros-
Venid, pues- Le invitó Ser Barristan. La Víbora obedeció.
Corrió hacia el caballero y soltó un golpe rápido sobre Selmy, que este desvió con su escudo. Recogió la lanza y la volvió a lanzar una y otra vez. Selmy bloqueaba con dificultad los golpes. En poco tiempo el escudo de roble, antes blanco, se había convertido en un amasijo de astillas. El dorniense era rápido como el rayo, más rápido que nadie a quien se hubiera enfrentado nunca. El anciano respiró hondo y recobró la calma. Fallará, seguro- Pensó. Oberyn volvió a atacar, esta vez hacia el hombro del anciano. Ser Barristan desvió la lanza con su espada, pero el príncipe la recuperó rápido y la volvió a disparar como un aguijonazo. La punta de la lanza se deslizó por la blanca armadura, dejando una mella desigual en esta. Así no podrá matarme- Pensó Selmy.
La lucha siguió igual durante un rato. El príncipe atacaba y Ser Barristan bloqueaba sus golpes con la espada, el escudo y la propia armadura. En uno de sus intentos, Oberyn resbaló. ¡AHORA!- Ser Barristan empujó al príncipe con su escudo y lanzó un golpe brutal con su espada, que Oberyn bloqueó con su escudo.
La pelea había cambiado, ahora era Selmy el que perseguía a Oberyn. La Víbora retrocedía, esquivando algunos golpes y bloqueando otros. La espada del caballero se movía en el aire como una mancha acerada. Aprovechando un instante en el que se detuvo para coger aire, Oberyn arrojó su escudo al suelo, destrozado por los golpes.
Os defendéis bien para la edad que tenéis- Dijo Oberyn.
Ser Barristan no respondió. Estaba concentrado en matar a su oponente. Oberyn volvió a tomar la iniciativa, un lanzazo, otro. El anciano caballero cada vez estaba más cómodo. De repente, Oberyn recogió su lanza y trató de atacar sobre el agujero del visor. Ser Barristan lo esquivó a la vez que soltaba el escudo y, blandiendo su hoja con las dos manos, partió la lanza por la mitad. Ya es mío- Lanzó un segundo golpe, con el que logró arañar el pecho de la Víbora, que de pronto perdió la sonrisa. La espada volvió a dibujar un arco en el aire y volvió a caer sobre Oberyn. El dorniense lo esquivó, y sacó un puñal de su guante, con el que logró arañar a Ser Barristan en un brazo. Un simpre corte- Pensó.
Pero después de recibir ese corte, Ser Barristan sintió que comenzaba a perder fuerzas. De pronto, le pesaba mucho el brazo herido. Un latigazo de dolor le recorrió todo el cuerpo, haciendo que cayese al suelo.
¿Qué me has hecho?- Dijo Selmy.
Veneno de mantícora- Dijo Oberyn- En cuanto alcance vuestro corazón habréis muerto-
Vos no... No lucháis con honor-
Cierto- Oberyn recogió la lanza del suelo-Vos sí, y por eso moriréis-
Ser Barristan miró a Daenerys, que observaba con los ojos llorosos. Yo... La he fallado...-
Vamos mi señor- Dijo Oberyn- No puedo permitir que un guerrero como vos muera de ese modo, ponéos de rodillas-
El caballero se puso de rodillas con dificultad. Un simple corte le estaba haciendo toser sangre.
Ha sido un honor luchar con vos- Dijo Oberyn.
El dorniense cogió impulso y atravesó al caballero con su lanza. Ser Barristan sintió como si recuperase las fuerzas. Yo no... No puedo fallar... No puedo fallar- Se repitió una y otra vez. El caballero sujetó el brazo del dorniense con su mano derecha y se puso en pie. Se tambaleaba a uno y otro lado. Oberyn trató de soltarse enérgicamente, pero Selmy no le soltaba. Con la mano izquierda cogió el puñal que llevaba en el cinturón y, con un grito de rabia, lo clavó en el corazón del dorniense. Ser Barristan miró como la vida se esfumaba de los ojos de la Víbora Roja. Lo he hecho... - Pensó mientras sintió como las fuerzas volvían a abandonarle y caía al suelo de nuevo.
El anciano caballero miró hacia. Las nubes estaban tapando el Sol que antes reinaba en el cielo. El Sol de Dorne... - Se dijo con una sonrisa. Entonces pudo ver los rostros de Jaime, Tyrion y... de Daenerys.
Aguanta- Dijo Daenerys, con los ojos llenos de lagrimas- Un maestre está viniendo... Ya viene...-
Ha sido... Ha sido un honor servir con vosostros- Dijo Barristan mirando a Jaime y Tyrion- Alteza... Largo... Largo sea vuestro reinado...-
Y Barristan el Bravo cerró definitivamente los ojos.
