Holaaaaa! ^,^ Espero que todos/as se encuentren bien. He aquí dejándoles el último capítulo de ésta larga historia, esperando que haya sido de agrado y nos seguiremos leyendo en otra oportunidad! Gracias por leer! ^,^
~ Narración de escritora
~ Diálogos
~ Narración de un personaje
~ Pensamientos
Le Début d' une Nouvelle Vie
XXXVII
En la inmensa oscuridad donde la nada prevalece como un todo, la mujer desnuda, mantiene sus ojos cerrados y su frente apoyada en el pecho de ese hombre arrodillado a pocos centímetros de ella, sintiendo esa agradable calidez que emana del cuerpo de él. Tenerlo cerca, le recuerda a alguien especial, a alguien importante en su vida, a alguien por el que daría su insignificante vida. Pero... ¿De cuál vida ella se refiere? Lo único que rememora es estar atrapada, sola, en aquel denso lugar por tanto tiempo que no recuerda cuántos años han transcurrido desde entonces, y ese hombre allí no pertenece a ese mundo, por tanto, él necesita regresar, pero ella no se atreve a dejarlo ir porque volvería a estar sola. ¿Sola? El corazón le palpita fuerte.
Cierto, hubo un mundo, una dimensión en la que no estaba sola, alguien la amaba con intensidad. ¿Amor? ¿Es posible que ella llegue a amar en ese lugar? ¿Alguien como ella puede darse ese privilegio? Cierto, sí, hubo un mundo, una dimensión en donde el amor era importante, ella puede amar pero a la persona correcta. Aún así, ¿Quién era esa persona? ¿Por quién estaría dispuesta a dar la vida? ¿Quién es tan importante para ella como para arriesgarlo todo? Su corazón late más rápido, éste le indicará la identidad de ese alguien especial. Cierto, existe alguien capaz de provocar fuertes emociones más allá de su comprensión.
Siente una indescriptible calidez que la envuelve, una tibieza tan candente que emana del cuerpo de ese hombre, tanta calidez que le es familiar. El rubor de sus mejillas aumenta con intensidad mientras las cadenas que le rodean el cuerpo siguen rompiéndose. La sensación de dolor que comprimía su pecho, desaparece y ese vacío se va llenando poco a poco con otras emociones diferentes a las deprimentes, emociones positivas. Ese hombre es especial, pues un sentimiento desconocido para ella empieza a emerger desde su interior, una pasión que le recorre el cuerpo y éste se siente a gusto, como si conociera el calor y sensación del momento con otro anterior y similar vivido en otro tiempo.
Las emociones que siente por ese hombre crecen inexplicablemente, brotan desde su interior. Le recuerda. Las cadenas que rodean su cuerpo, se rompen en pedazos y un vestido blanco con finos tirantes aparece cubriéndola. Le recuerda. Ligero viento que sopla, se torna más firme. Le recuerda. No puede deducir desde cuándo no sentía en su interior esa tibieza, han pasado años desde que ve todo en penumbras que se acostumbró a permanecer quieta y en reposo. Le recuerda. Entreabre sus opacos ojos marrones claros, los cuales vuelven a adquirir su brillo característico y cambian de color, se tornan ambarinos con cortes en sus pupilas y unas marcas de color púrpura alrededor de éstos. Le recuerda. Aparta la frente del pecho de ese hombre y levanta la mirada, centrando sus ojos en los negros de él.
– Te recuerdo.
Lágrimas escapan de sus ojos, las cuales acarician sus mejillas hasta acumularse en la barbilla, que luego caen gota a gota al abismo. Cejas levemente fruncidas. Deshace la unión de su mano derecha con la izquierda de él, la extiende hacia el rostro de ese hombre, quien le observa directo a los ojos, y coloca la palma en su mejilla izquierda, la cual acaricia sintiendo su tibieza.
– ¿Cómo pude olvidar al único hombre que amo? Tú… Kakashi.
Kakashi cierra sus ojos y le regala una cálida sonrisa mientras lucecitas empiezan a rodearlo ante la desconcertante mirada de ella, quien se da cuenta de la verdadera situación. Si él desaparece, todo será el final. Si él desaparece, nunca más volverá a estar con él. ¡No! Desesperada, extiende los brazos hacia el Hatake intentando abrazarlo, pero él se desvanece junto a las lucecillas, sin dejar de sonreírle con esa sonrisa despreocupada. Lágrimas desbordan de sus ojos sin pedirle tregua. Otra vez, le pierde. Solloza. Otra vez, está sin él. Agacha la cabeza, ocultando sus ojos bajo la sombra de los flequillos de su cabello. ¿Por qué? ¿Por qué la vida se ha empeñado, en arrebatarle lo más preciado para ella? Se muerde el labio inferior, lágrimas saladas acarician sus sonrosadas mejillas. ¿Por qué él? ¿Por qué? Grita con desesperación, impotencia y dolor en su corazón.
Derrotada, derribada, sintiéndose impotente y furiosamente dolida, se cubre el rostro con ambas manos. Solloza, sin embargo, se puede escuchar el sonido de un ligero golpeteo, el cual se hace cada vez más evidente la distinción de ser el latir de un corazón. Éste palpita más, más y más fuerte, y cuyo corazón disminuye la velocidad de sus palpitaciones. De repente, siente un fuego interno quemándole en el interior de su cuerpo, por lo que desliza las manos del rostro y observa que de su vientre se extrae una poderosa energía, la cual se moldea formando una esfera de energía pura concentrada en un pequeño espacio. Por tanto, tiene un significado profundo: el núcleo, la energía acumulada dentro de su cuerpo, ha armonizado con sus sentimientos y solo puede simbolizar que su amado está… ¿?
Una entidad hace presencia en aquel lúgubre y oscuro lugar, de pie frente a ella y le extiende amigablemente una mano. Los labios de Anko curvan hacia arriba, vislumbrando una sonrisa. "Kakashi". Con sus ojos irritados por las lágrimas derramadas, alza la cabeza para ver su rostro despreocupado sonriéndole una vez más. Abre sus ojos estupefactos. La figura ante ella, se trata de una mujer, inclinada hacia el frente con la mano derecha extendida hacia ella, vestida con una ajustada mini-falda anaranjada, camiseta blanca, chaqueta negra desabrochada y botas blancas en material sintético decorado con un correaje en el empeine con hebilla, de tacón fino y elegante. El pelo de esa mujer es del mismo color que el de ella, violeta, el cual cae como cascada. Pero lo desconcertante, son sus ojos, de un matiz carmesí brillante, similar a la sangre. Sus ojos ambarinos contrarrestan los ojos carmesí de ella. Y, a pesar de su negación, ella es idéntica a esa mujer, a excepción de los ojos.
– ¿Quién…? Tú eres… ¿Yo?
– Un fragmento del núcleo y tus recuerdos.
– ¿Fragmento?
– He permanecido a tu lado, zutto, zutto. Aunque no notabas mi presencia, te observaba.
– Yo no...
La recién llegada cierra sus ojos y le sonríe, demostrándole que no debe luchar más contra sí misma y dejarse llevar. Pues, no sirve de mucho pelear internamente cuando no sabes qué hacer, lo factible es aceptar la realidad; pero las cosas no son como son, hay que cambiarlas uno mismo para mejorar. Ella necesita hacer la diferencia y allí sentada, esperando que algo pase, no cambiará nada. No cambiará, si ella no decide cambiar y luchar por lo que es importante; pero sin él, las ganas de pelear han desvanecido, por lo que, permanecer en ese oscuro lugar le importa poco. Permanecer allí o no, es irrelevante. Lo mejor es desaparecer al igual que él. Sin él... Lágrimas continúan escapando de sus ambarinos ojos y acariciando sus sonrojadas y frías mejillas hasta acumularse en la barbilla, las cuales caen gota a gota al abismo.
El dolor acrecienta, no puede evitarlo. Kakashi se ha ido para siempre, no volverá. No volverá a ver su despreocupada sonrisa ni sus gestos disimulados y elegantes, tampoco podrá escuchar su firme y encantadora voz ni sentir esa exquisita calidez. Nada será lo mismo, la nada ha acabado con todo su ser. Nada le queda. Agacha la cabeza sin poder retener las lágrimas y el llanto, sin embargo, de pronto escucha la voz de la mujer, encorvada frente a ella con la cual comparte parentesco físico.
– ¿Tanto deseas verle?
Anko, sin dejar de llorar, levanta la cabeza y asiente. – Hai! ¡Con todas mis fuerzas!
– Si deseas tanto estar a su lado, entonces… no dudes y deséalo con el corazón.
La mujer frente a ella, le incita a tomar su mano derecha la cual mantiene extendida hacia la Mitarashi. Anko extiende su mano hacia ella sin siquiera pensárselo unos segundos, obteniendo una sonrisa cálida de la chica de ojos carmesí. Pero al tocarla, una corriente eléctrica recorre todo su cuerpo mientras la esfera de energía pura concentrada moldeada en un pequeño espacio vuelve a su vientre, sintiendo a la vez el mismo fuego interno quemándole en el interior de su cuerpo, pero la sensación no es incómoda, al contrario, gratificante. En ese preciso momento, se da cuenta que pequeñas lucecitas hacen aparición alrededor de la mujer de ojos carmesí y ella poco a poco se desvanece, aturdiendo a la Mitarashi.
– Deséalo con el corazón y podrás verle una vez más.
Le dijo antes de desaparecer. Anko observa su mano derecha la cual permanece extendida, ésta empieza a desaparecer, así como su cuerpo convirtiéndose en pequeñas lucecitas; sin embargo, no siente angustia, tampoco incomodidad, sino una extraña calidez que la envuelve con dulzura, como si alguien la rodeara y abrazara con amor mientras toda su visión se torna borrosa hasta no ver nada más. Es así, su cuerpo cae en el abismo rodeándose de la completa negrura de ese espacio sombrío.
. .. . .. . .. Penumbras…
. .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. Nada es evidente.
. .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. Nada es percibido.
. .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. Solo oscuridad.
. .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. . .. Calidez…
Puede sentir una calidez en su mejilla izquierda. Puede escuchar el canto alegre de los pajarillos, quienes revolotean dulcemente en la fuente de agua. Puede sentir el viento chocando contra su rostro. Puede sentir una ligera incomodidad en su mejilla derecha. Algo incómoda, pero no desagradable. También, puede olfatear un ligero y rico perfume entre jazmín y maracuyá inundando sus fosas nasales. ¿Una colonia de hombre, tal vez? ¿Hombre? ¿Cómo puede llegar a esa conclusión tan precipitada? Sin embargo, ese aroma la cautiva cada vez más atrayéndola hacia él. Exquisito.
Poco a poco abre sus ojos, entonces percibe un hermoso pasto verdoso delante de sus ojos, pero extrañamente el ángulo de visión no es la esperada, todo se observa inclinado. ¿Inclinado? Abre sus ojos de golpe dándose cuenta que ella es la que se encuentra de costado, pero un rayo de sol golpea contra su ojo izquierdo, obligándole a cerrar ambos ojos. Se remueve evitando la luz solar y en ese instante nota una suavidad donde mantiene su mejilla derecha. Parpadea, de inmediato se apoya del codo derecho y levanta la cabeza lo suficiente para descubrir una pierna masculina doblada, por lo que, de acuerdo a la posición de la misma se deduce que ella tenía la cabeza acomodada en el muslo de la persona dueña de ésta.
Su corazón le empieza a latir descontrolado y los nervios se apoderan de ella sin consentimiento, provocando no más suspenso; por tanto, alza la cabeza en dirección a la persona dueña de la "almohada" ocupada descaradamente por ella y sus ojos se abren abiertamente, pasmados por la visión ante éstos. Porque, sentado con la espalda apoyada contra el tronco de un frondoso árbol de cerezos, vistiendo pantalón azul marino, zapatos pulcramente negros, camisa blanca, corbata roja un tanto floja mostrando la clavícula del cuello, y por encima una chaqueta azul marina, se encuentra un dormido Kakashi mostrando un rostro sereno, libre de preocupaciones.
Incrédula, lágrimas escapan de sus ojos y acarician sus mejillas silenciosamente sin poder evitarlo. Ella extiende su mano derecha hacia el rostro del Hatake, quien parece ajeno a su alrededor estando en su profundo sueño. O eso creyó. Antes de siquiera rozarle, Kakashi abre sus ojos posándolos fijos y directo hacia los de ella, sorprendiéndola y ocasionando que ella regresara su mano. Pero para su completo desconcierto, él coloca ambas manos en las mejillas de la Mitarashi. – ¿Por qué lloras? – interroga, divertido.
Anko también coloca ambas manos en las mejillas del Hatake, su amado. Le hala las mejillas y empieza a contemplarle el rostro como inspeccionando sus facciones y tratando de obtener respuestas ella misma. – ¿Eres tú, verdad?
Una gota de sudor desliza por la frente de Kakashi. – Eh... ¿Sí? Eso... creo. – responde, dudoso por la reacción y acciones de la chica, a quien las lágrimas continúan acariciando sus mejillas. – ¿Qué...? – la interrogante queda en el aire, Anko se abraza a él escondiendo el rostro entre su fornido pecho y de inmediato empieza a sentir los temblores provenientes del cuerpo de la fémina. – A-Anko...– en respuesta, ella intensifica el abrazo tratando de ocultar que él perciba que en ese momento sus emociones la han traicionado y sus ojos no dejan de llorar. Kakashi, quien desde el abrazo notó la situación, levanta la cabeza hacia el cielo y deja escapar un sonoro suspiro. – ¿Podrías soltarme un momento? – sin apartarse, niega la cabeza. – No iré a ningún lado. – vuelve a obtener una negación. Otro suspiro, preciso momento para escuchar un murmullo distinguible: Si te suelto, desaparecerás y no quiero eso". Resignado y atónito, coloca una mano sobre la cabeza de la Mitarashi y le acaricia el cabello, ya que ella puede llegar a ser una niña caprichosa y a veces mimada. – ¿Tuviste una pesadilla? – obtiene un asentimiento, entonces rodea los brazos alrededor de Anko correspondiendo el abrazo, atrayéndola hacia él y apegándola a su cuerpo. – Tranquila, ¿sí? ¿Por qué no me cuentas sobre lo que soñaste? – deposita un tierno beso sobre la coronilla de la cabeza de su amada. – Te sentirás mejor.
– Soñé…– Anko aparta el rostro del pecho de su amado y le mira directamente a los ojos con sus ojos irritados. – Soñé que desvanecías y me dejabas sola.
El miedo que transmiten los ojos de Anko, le alerta a ser cuidadoso con sus palabras, por lo que, entrecierra sus ojos mostrando una mirada cálida y apacible. – No debes preocuparte, no estás sola. – ella afirma con la cabeza, dándole la razón. – Solo era un sueño. – los ojos de la chica parecen inquietos y un extraño dolor en el pecho le provoca una sensación de protegerla del dolor o cualquier sentimiento negativo. – Cuéntame un poco de ese sueño que ha alterado tu estado.
– Pero…– iba a replicar, pero la mirada pacífica y serena del Hatake le hizo cambiar de opinión. Un intenso rubor cubre sus mejillas e inclina la cabeza hacia el costado izquierdo evitando la mirada de él. – E-En mi sueño, teníamos c-cuatro h-hijos, gemelos, y problemas maritales. – expresión triste. – También, me habías engañado con Nohara-san, que atentó contra nuestras vidas y...– Kakashi abre sus ojos como platos, desconcertado por el relato de ella y en cada palabra que pronunciaba narrando lo "soñado" él sentía un vacío en su estómago. Anko contaba la historia, algunas partes con amargura, otras con tristeza y en pocas ocasiones se le veía sonreír; pero al fin y al cabo, era un relato incómodo y sombrío. Sin embargo, al término de éste o cuando pensaba que todo había concluido, ella aparta la mirada avergonzada.
Una sonrisa satisfecha surca los labios de Kakashi y cierra sus ojos, aliviado por la última reacción de la Mitarashi, al haberse ruborizado demostrando un posible final positivo. – ¿Se reencontraron? – le interroga mientras abre los ojos centrando al instante la vista en ella, quien frunce las cejas no comprendiendo a lo que él se refería. – Nosotros...– se da cuenta de su error. – Quiero decir, ¿Ellos se reencontraron?
– ¡Oigan, ustedes dos! – vocifera una masculina voz y familiar para ambos, interrumpiendo un importante momento. Esa personificación, se trata de Genma quien se encuentra en la lejanía con las manos deslizadas en los bolsillos del pantalón y sonriéndoles con picardía acompañado de Yugao y Kurenai. La primera agita el brazo en el aire llamando la atención de ambos y la segunda, con una mano posada en la cintura, les mira taladrándolos con sus intensos y brillantes ojos rubíes. – ¿Piensan quedarse allí? ¡Los invitados esperan impacientes!
– ¡Y Hatake-sama está furioso! – les advierte Yugao, refiriéndose al mayor y líder de la familia, Sakumo Hatake.
Una nerviosa sonrisa surca los labios de Anko. – Regresemos. – dice Kakashi mientras se pone en pie y enseguida extiende una mano hacia ella, quien la toma sin titubeos y hala de ella ayudándola a levantarse de sobre la verdosa hierba. Ambos, tomados de las manos, se dirigen en dirección a sus leales amigos, quienes esperan su llegada con impaciencia.
De repente, Anko siente que Kakashi intensifica el agarre de manos y entrelaza los dedos con los suyos causando un rubor en sus mejillas. Mientras caminan, la atmósfera que los rodea es amena y ligera. Mientras caminan uno al lado del otro, observa de soslayo el rostro serio, firme y varonil de aquel hombre que la vuelve loca. Mientras caminan hacia sus amigos, el corazón palpita con alegría y la mano atrapada por la de él, empieza a sudar olvidando un poco la obviedad de que es notable su nerviosismo. Todo de él es asombroso, todo de él es fascinante y maravilloso. Todavía queda un largo camino por recorrer. Sí, un largo camino... De inmediato, se da cuenta de una situación que había olvidado al momento de la interrupción de sus amigos, por lo que, es una buena ocasión decirlo, ya que quizás por la conmoción de los invitados no le sea posible hacerlo y puede que se olvide para un después. – Kakashi. – detienen el caminar. Kakashi le mira ansioso y Anko alza la cabeza en dirección hacia él y ante la intensa de su varonil mirada el rubor de las mejillas de ella intensifica con fuerza. Desvía la mirada, tratando de no ponerse más nerviosa de lo que por sí ya se encuentra. – Se reencontraron y ahora viven felices. – en un movimiento sorpresivo para el Hatake, ella se suelta del enlace de manos y corre hacia Kurenai y demás.
– ¿Un sueño, eh? – Kakashi desliza ambas manos en los bolsillos del pantalón, centra la mirada específicamente en ella. – Ay Anko, si supieras. – alza la vista en dirección al cielo mientras una leve sonrisa surca en sus labios. – Nuestro vínculo no será roto mientras pueda evitarlo. – dice para sí mismo. Emprende el camino hacia su amada y amigos, pero de repente sopla un fuerte viento. Los pétalos de las flores de cerezos se desprenden de éstas y se dejan guiar por el agresivo viento, las cuales pasan meciéndose a través de los presentes. Él se detiene con brusquedad y gira sobre sus talones, entonces sitúa la vista al árbol de sakura en el que estaba descansando con Anko. Éste le transmite una sensación de nostalgia y felicidad, emociones que despiertan en él melancolía. – Sōka.
Anko posiciona sus manos cerca de su boca, inhala. – ¡Kakashi! ¡Hayaku! ¡Hayaku! – vocifera, empezando a enfadarse por el retardo del Hakate.
Kakashi gira sobre sus talones. – Hai! Hai! – responde desganado. Echa un vistazo de soslayo en dirección al árbol de cerezo por última ocasión, es entonces que la visualización de él y ella, pero vestidos diferentes con ropajes de la era victoriana, sentados bajo la sombra del árbol en la misma posición que ellos se encontraron antes de Anko despertar, se hace presente ante sus ojos. Su otro él le miraba con satisfacción reflejada en el rostro, enseguida le asiente con la cabeza y cierra sus ojos para disfrutar del momento para luego desvanecer. Kakashi retoma el camino y cierra sus ojos, sonriente. – El destino nos ha dado una nueva oportunidad que no desperdiciaré. Crearé hermosos recuerdos para ella y prometo hacerle inmensamente feliz. – al llegar junto a Anko, rodea el cuello de ella con su brazo derecho y, sorprendiéndola, le besa la mejilla provocando un rubor escarlata por todo el rostro de la chica que siente sus mejillas tan calientes y se lleva ambas manos a éstas intentando en vano ocultar lo visible.
Kurenai entrecierra sus ojos, mostrando una mirada pícara. – Ohhh, estás afectivo el día de hoy. – golpea con el codo la costilla izquierda del Hatake. – ¿Qué mosca te ha picado?
En respuesta, Kakashi apega a la Mitarashi un poco más hacia él. – ¿Está prohibido demostrar mis emociones a la mujer que amo? – sorprendida y sonrojada, Anko vuelve la cabeza en dirección a él y aprovechando la guardia baja de la chica, le roba un beso de los labios. Genma, Yugao y Kurenai parpadean confundidos por el cambio de actitud de su amigo, pero felices porque la relación entre ambos se ha fortalecido. – Si te descuidas, podría atacarte y tal vez devorarte como mi aperitivo. – le susurra. Los colores subieron hasta el rostro de Anko, quien se marea y desmaya en los brazos de su amado, quien preocupado por la reacción de ella y su semblante pálido pero a la vez completamente rojo, incluyendo las orejas, intenta hacerla reaccionar con el nerviosismo asumiendo el control de sus propias emociones mientras sus amigos tan solo se reían de su brillante e inocente estupidez.
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En otro lugar, tiempo y espacio.
Ojos profundamente negros observan curiosos a sus alrededores innumerosos vampiros aristocráticos reunidos en grupos de tres, cuatro y hasta de cinco miembros conversando tranquilamente de temas que le son irrelevantes para su interés. Sin embargo, lo esencial en ese momento es saber dónde se encuentra, por lo que, es entonces que desciende la vista hacia sí mismo y la sorpresa fue evidente al verse vistiendo un elegante traje de pantalón y camisa negra, a juego con su chaqueta y chaleco blanco pastel con bordes de color negro y la corbata blanca de seda resaltaba entre todo ese conjunto, dándole esa apariencia única, varonil y tan perfecta que enloquece a las mujeres, cuyas miradas de éstas están centradas sobre él. Pero no le incumbe, lo importante es reconocer el lugar dónde se ubica y por qué sostiene una copa con un líquido rojizo que aseguró era vino a medio beber.
Más adelante y charlando con algunos invitados de alto prestigio, ubica a su padre Sakumo Hatake; en otro ángulo, a las jóvenes Kurenai y Yugao, la segunda sonrojada mientras observaba de soslayo al joven Hayate, de quien se supone había muerto muchos años atrás; en el centro, ubica a Hanare sosteniendo una copa y bebiendo vino. No obstante, percibe una suave melodía de trasfondo la cual es amena, agradable, la misma la ha escuchado antes en algún momento, tan solo en una ocasión y esa oportunidad, si mal no recuerda, ha sido la noche que su padre manifestó públicamente su compromiso con la Mitarashi.
Abre sus ojos como platos. Si su hipótesis es correcta, esa noche conocerá a su prometida y si es así volverá a verla. Mueve levemente la copa, haciendo que el líquido haga un pequeño remolino. La acerca a su nariz, olfatea y da un pequeño sorbo entretanto procura descifrar qué está pasando en realidad. Estar ahí y sentir que ha vivido ese momento, deja vu, le provoca escalofríos. Mueve los ojos hacia un costado donde las constantes miradas de ciertas jóvenes con las hormonas alborotadas le incomoda; aquella vez, les dedicó una sonrisa seductora que las derritió tan sólo con esa dulce y atrevida sonrisa, pero ahora no se atreve por respeto a ellas y a él mismo. Si bien era sabido él llegó a ser un casanova, sin embargo, la llegada de Anko le cambió la vida, puso su mundo alrevez.
Entrecierra sus ojos. – ¿Regresamos al pasado? – susurra, más para sí mismo.
– No cambias. – le dice alguien a su espalda. Reconocería esa voz donde sea, vuelve la cabeza hacia atrás. Rin Nohara cruza los brazos, disgustada. – Deberías pensar en los corazones de esas pobres ilusas. – le lanza una mirada firme.
Kakashi parpadea, sorprendido. – Rin. – sisea, asombrado de verla viva y sonriente. Una sonrisa de plena inocencia. La observa ruborizarse, sacudir la cabeza haciendo desaparecer el sonrojo de las mejillas y resoplar con cansancio. Al verla, entiende la cruda realidad, todo lo negativo pasó por no haber sido sincero con ella esa noche cuando todo empezó. Ella no merecía ser tirada a un lado, debió haber respetado los sentimientos de ella hacia él, los cuales eran verdaderos en aquel entonces, no obsesivos. Asimismo, Anko tampoco merecía ser ignorada en la forma que la ignoró. Ambas lo amaban y él, inseguro, creó una situación incómoda. Pero no repetirá el mismo error.
Rin entristece durante unos segundos, acción percibida por el Hatake sin ella darse cuenta. – Necesitas ser más consciente de algunas situaciones a tu alrededor. – murmura para sí misma, enseguida le arrebata la copa de la mano del Hatake. – En ocasiones, siento que no me prestas la debida atención que merezco. – susurra.
– Créeme, lo hago. – le responde Kakashi, dejando en shock a la Nohara. Desliza las manos en los bolsillos del pantalón. – Puede que haya sido insensible contigo y no mereces ser tratada así. – ella abre sus ojos desmesuradamente, atónita por las palabras de él al reconocer sus fallas. – Perdóname por lo que diré, seré honesto. – ella separa los labios dispuesta a preguntarle, pero calla, en espera de que él continúe. – Eres bella, encantadora e importante en mi vida. Te quiero y, porque te aprecio, no puedo hacerte esto.
– ¿D-De qué estás hablando? – interroga ella, sin comprender.
Kakashi extrae las manos de los bolsillos del pantalón y agarra las manos de ella tomándola por sorpresa. – Creí amarte, me equivoqué. – Rin desliza sus manos alejándolas de las de él. – Los dos nos equivocamos. Tú no me amas realmente, tampoco lo habías notado.
Rin cierra sus ojos unos instantes reflexionando las palabras de él, los abre y desvía la mirada sintiéndose avergonzada. – Tal vez compartir tantos momentos a tu lado me confundió y olvidé lo más importante. – vuelve la vista y centra sus ojos en los negros del Hatake. – Intenté aferrarme a ti, así no me abandonarías porque tenía miedo de quedar sola.
Kakashi coloca una mano sobre la cabeza de la chica. – Jamás abandonaría a alguien importante para mí. – un leve sonrojo aparece en las mejillas de ella. – No cambiaría nuestra amistad. – le alborota el cabello, aparta la mano de su cabeza. – Ahora, ve a por él. – le indica cierta dirección donde se ubica un joven charlando con otros invitados.
Rin echa un vistazo a la dirección posteriormente indicada, entonces abre sus ojos como platos asombrada. – ¿Cómo...? – vuelve la cabeza hacia Kakashi, quien sonríe satisfecho.
– Puedo ver a través de ti. – responde el Hatake, sin dejar de observar a Obito Uchiha, quien al sentir una intensa mirada taladrando su espalda vuelve la cabeza hacia atrás encontrándose con los profundos ojos negros de Kakashi y el avergonzado rostro de la Nohara. – Uchiha Obito, a pesar de que me odia lo considero un buen tipo. – gira sobre sus talones con intención de tomar distancia prudente, pero...
Nohara le agarra una esquina de la chaqueta, deteniendo su avance. – ¿Por qué has esperado este momento para decírmelo? – firmeza en su mirar. – Podíamos haberlo conversado en otro lugar, otro tiempo. ¿Por qué ahora? – las facciones del rostro del Hatake entristecen. – ¿Kakashi?
En otro tiempo, Kakashi permanecería neutro no deseando responder a la interrogante, menos ante tantas miradas puestas sobre él, atentas a cualquier contestación. Antes, no expresaría sus emociones porque desde niño le enseñaron a ser cauteloso, decidir cuestiones relevantes en los momentos oportunos, no a expresar o andar gritando a los cuatro vientos sus sentimientos. Pues, ellos esperaban que quizás se equivocara u otros que sentara cabeza y casara con una mujer digna de él, preferiblemente una de sus hijas. Antes, seguiría las reglas sin contradecirlas y habría elegido atarse a una vida sin amor con una vampiresa de sangre pura. Ahora no, algunas reglas han sido creadas para romperse. Ahora no es el hombre de aquel entonces, su vida dio un giro de 360 grados gracias a una mujer que no creía capaz de amar.
Iba a responder, pero Kurenai y Yugao aparecen a su lado. – Kakashi, ¿La has invitado? – interroga la mujer de ojos rubíes, meramente curiosa mientras Yugao asiente la interrogante.
Los profundos ojos negros de Kakashi se dirigieron hacia la puerta principal y no parpadearon durante unos minutos, estaban completamente perdidos en aquella resplandeciente mujer que acababa de arribar a la mansión Hatake, vistiendo un hermoso y largo vestido estilo strapless, color ocre, algo ondulado en la forma del pecho, ajustado en la parte superior tallando su esbelta y curvilínea cintura, y desahogado en la inferior; el vestido tiene una cinta lila alrededor de la cintura, la misma lleva un bonito nudo en forma de lazo, el cual cae como cascada en el costado derecho. Por encima, lleva puesto un blazer color ocre a juego con el vestido, mangas cortas y abultadas, procurando mantener sus hombros protegidos. Ella usa unos guantes color lila que le llegan a las muñecas y una gargantilla del mismo tono. Sus lacios cabellos violetas llegan a la cintura, los flequillos bonitamente peinados y aprensados hacia el lado derecho.
Era ella. – Anko. – susurra contemplándola mientras ve su lento parpadear visualizando sus ojos castaños claros, y deleita sus ojos al verla sonreír como siempre. Una sonrisa resplandeciente que le fascina. Kakashi vuelve sus ojos hacia Rin, le dedica una sonrisa cálida. – Esta noche cambiaré nuestros destinos y no retrocederé ante mi realidad. – dicho aquello, empieza a caminar directamente en la dirección donde se encuentra ella, su amada, necesita abrazarla, desea escuchar su voz, besarla. Desea tanto nunca más separarse de ella. No le importó que Orochimaru aproximara los labios a su oído derecho y susurrarle algo sólo a ella, para luego soltarle la mano. No le importó el cuchicheo de las señoras solteronas que escuchó aquella vez, pues ya sabe de qué se trata. No le importa nada más que no sea ella. No más chismes, no más protocolos, no más restricciones, no más negaciones. No más.
Anko siente una imponente presencia acercándose, por lo que mueve el rostro al costado derecho. Para su desconcierto, Kakashi se aproxima a ella con el rostro serio a pasos deprisa y, sin darle tiempo a reaccionar, él le agarra la muñeca izquierda con su derecha y repentinamente hala de ella hacia su persona provocando que Anko cayera en su regazo y sus labios tocaran los suyos, pasmando a todos los invitados incluso a sus amigos, algunos quedando en shock. Pero a él no le importan los terceros, solo su amor por ella. Por tanto, aprovechando el desconcierto de Anko, Kakashi cierra los ojos, lleva su mano izquierda detrás de la nuca de la Mitarashi y con voracidad mueve los labios degustando los labios de ella, atrapándolos y apretándolos constantemente.
Por su parte, las mejillas de Anko toman un vivo tono rojizo al tenerlo calurosamente cerca ardiendo como nunca antes y poco a poco su cuerpo empieza a reaccionar y, así, se deja llevar plenamente separando los labios y permitiendo el acceso de la lengua de Kakashi penetrar a su boca. Sentir los cálidos y húmedos labios del Hatake sobre los suyos y su lengua teniendo contacto con la suya, acariciando e intentando dominarla, es excitante. Lo desea, no desearía apartarlo de su cuerpo y, así, alza las manos deslizándolas ascendentemente hasta posarla en su varonil espalda y allí reposan. Kakashi siente sus ropajes ser apretujadas a su espalda, lo acepta como una invitación y deslizando el brazo derecho alrededor de esa esbelta y bien proporcionada cintura, la apega más contra su cuerpo ante las expectantes miradas de los invitados mientras su húmeda lengua juguetea con la de ella deleitándose con la suavidad de sus carnosos y jugosos labios. Bastante jugosos. Se besan suave, devorándose los labios como si sus vidas dependieran de ello, apretando y succionando sus labios.
Kakashi libera su boca dejando a la apreciación de los presentes, un hilo delicado e "invisible" de saliva que aún les unía, acción que no les gustó a los invitados, ya que la escena presenciada de por sí fue desagradable para algunos indeseables. Pero a ellos no les importa nada de eso, se miran con ojos desbordantes de ternura, pasión y amor. Él apoya su frente contra la frente de ella sin dejar de mirarla, pues Anko se veía indefensa con las mejillas rojísima y los rosados labios entreabiertos. Esta vez, no la dejará ir, ya no más. Deposita un casto beso en los labios de Anko, recibido con gusto y la abraza fuertemente. – Pienso nunca dejarte, ¿de acuerdo? – se aferra a ella con firmeza, Anko asiente. – No importarán las veces que me pidas soltarte, no te soltaré, ¿entiendes? – obtiene otro asentimiento. Él esconde el rostro entre el cuello de su amada. – No te irás de mi lado, ¿comprendes? – Anko vuelve a asentir. – Eres mía, solo mía y solo yo puedo tenerte, nadie más. – Anko esconde su ruborizado y feliz rostro en el pecho del Hatake, enseguida afirma con la cabeza. – Solo yo, ¿bien? – para sorpresa de los presentes, las mejillas de Kakashi ruborizan y su rostro avergonzado les parece encantador. – Te amo.
– También te amo, Kakashi. – responde Anko, avergonzada por decir aquellas palabras ante la presencia de chismosos.
Kakashi aprieta los brazos alrededor de ella. – ¿Por siempre? – interroga con la voz un poco trémula, pero feliz de tenerla entre sus brazos.
Ella aparta el rostro del pecho del Hatake y le observa. Él siente su intensa mirada, entonces le corresponde con la misma intensidad. De inmediato, Anko cierra sus ojos feliz y una alegre sonrisa atraviesa sus labios. – Por siempre. – responde sin dejar de sonreír. Una sonrisa que mostraba sus colmillos. Una sonrisa sincera, cálida y de amor. Una sonrisa de felicidad. La sonrisa que él siempre amó, al fin ha podido verla y, esta vez, él es el causante de esa hermosa y resplandeciente sonrisa.
THIS IS THE END!
