Declaimer: Los nombres de los siguientes personajes son propiedad de JK Rowling y la W•B. Nombres que no aparecieron en Harry Potter, son propiedad MIA (EmmaPotter15) y de nadie más, si alguno se parece a la realidad es pura coincidencia.

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36

Negaciones

"Una mujer la esperaba sentada en una piedra. Su hermoso cabello rojizo danzaba al son del viento, y las puntas tocaban el pequeño riachuelo que discurría a su alrededor.
- Llegaste – dijo una dulce voz, al parecer proveniente de la mujer

– Justo a tiempo.
Hermione enarcó una ceja, y acercándose a la mujer (la cual no había dado el rostro) se poso al frente.
- ¿Lily? – preguntó con voz sorprendida.
Lily Evans le sonreía desde la altura de aquella piedra, con esos ojos verdes esmeraldas que él había heredado.
- Hola, Hermione –La saludo con voz aterciopelada y una amplia sonrisa - ¿Cómo estás?
Hermione se quedo perpleja. Acaso estaba…
- Estoy…- balbuceó con los ojos tan abiertos como platos. Lily se rió y negó.
- No tontica, estas soñando – le ratifico con una sonrisa. Hermione enarcó una ceja.
- ¿Pero cómo es posible que yo este soñando contigo? Si ni Harry…
- Mi hijo ya ha soñado conmigo muchas veces – le aseguro la pelirroja –Y puede estar cansado de ello. Ya era hora de que le tocara a su novia, ¿no?
- Yo no soy…

Lo sé – admitió Lily – Pero sería lindo, ¿no? – Hermione se quedo callada, pues no sabía que responder aquello.
- Pero… ¿Por qué estoy aquí? – preguntó la castaña luego de varios minutos en silencio. Lily suspiro.
- Porque necesitamos hablar contigo – le respondió a lo bajo mirando hacia su derecha.

Hermione siguió la mirada de Lily y tuvo que entornar un poco los ojos. A lo lejos venían corriendo dos personas, o bueno, era un hombre junto a un…perro.
- ¿Sirius? – indagó Hermione a lo bajo con el ceño fruncido.
En aquellos momentos James llego junto a Lily, le dio un corto beso en los labios y luego acarició la cabeza del gran perro que se encontraba a su lado.
- Hola, Hermione – la saludo el hombre de cabello azabache y ojos avellana.
Hermione le sonrió. Se encontraba demasiado aturdida en aquel…mundo, y quería volver a la realidad ahora mismo.
- ¡Hermione! – exclamó Sirius una vez se hubo transformado. La castaña pego un respingo al escuchar su gruesa voz, pero el pelinegro solo se limito a reírse.
- Te he dicho mil veces, Sirius Black, que no hagas eso – lo reprendió Lily yendo abrazar a Hermione – Mira, asustaste más a la pobre.
La castaña solo se limito a suspirar y cerrar los ojos.
- ¿Cómo te encuentras, cariño? – la voz de la joven madre de Harry sonó lejana para los aturdidos oídos de la mujer. Esta asintió y dejándose guiar por aquella mujer, se sentó sobre la misma piedra que minutos atrás la ocupaba Lily.
- Y ahora, hablemos del pequeño problema que tiene Hermione – dijo Sirius sentándose al lado de la ex Gryffindor.
- ¿Que problema? – preguntó la joven asustada.
- ¡Calla, Sirius! – le espetó la pelirroja lanzándole una severa mirada.
- Sabes perfectamente que nosotros no podemos inmiscuirnos en cosas del futuro – le recordó con severidad. Sirius bufó exasperado.
- Sí, pero ese problema lo tiene ella desde hace meses, mucho antes de que…
-¡Cállate!
- Pero Lily, so le decimos será más fácil. Tanto para ella como para Harry.
- Sí, lo sé – admitió la mujer - Pero no podemos meternos en esto, Sirius. Las reglas son muy estrictas, y tenemos que cumplirlas.
El hombre de abundante cabellera suspiro, y recostándose sobe la gran piedra, miro hacia el cielo.
- Entonces, ¿de que sirve traerla aquí si no le vamos a decir nada? – preguntó exasperado.
Lily movió la cabeza de un lado a otro, con irritación.
- No le diremos nada concreto – especifico – Pero si…más o menos.
- ¿Eso se puede? – esta vez fue James quien intervino. Evans se encogió de hombros.
- Pues…eso espero.

Hermione no entendía un severendo rábano, y carraspeó con molestia al notar que hablaban entre ellos, ignorándola.
- Disculpen, pero… ¿serían tan amables de explicarme que es lo que no me pueden decir? Porque estoy muy confundida.
Lily asintió, y quitando a Sirius de la piedra, miro a Hermione.
- Cariño, nosotros queremos decirte muchas cosas, pero no podemos – comenzó la joven, pero Sirius la interrumpió.
- ¡Podríamos si no fueras una seguidora de reglas!
- ¡Las reglas se hicieron para cumplirlas!
- ¡No, la hicieron para violarlas! – la pelirroja suspiro, e ignorando a su compañero, continuo.
- Hay algunas…personas, que quieren hacerte daño.
- ¡Esa palabra es muy pequeña! – exclamó Sirius.
- ¿Me vas a dejar hablar? – el pelinegro asintió, y cruzándose de brazos comenzó a seguir a una mariposa con la mirada.
- ¿Qué personas? – preguntó a Hermione, viendo a Sirius.
- Eso lo tendrás que averiguar tú, cariño – le comentó su futura suegra – Lo único que te digo es que no te fíes mucho de…
- Draco Malfoy y Cho Chang – exclamó Sirius, y luego agacho la cabeza tras la severa mirada de Lily.
- ¿Por qué no me tendría que fiar de Draco? – Hermione no entendía nada, además, ¿Qué hacían tres muertos diciéndole en quien podía confiar y en quien no?
- Porque él no es lo que aparta ser – esta vez fue una voz seria y sabia la que hablo. Hermione se dio la vuelta y se encontró con la majestuosa figura de Albus Dumbledore.
- ¡Profesor Dumbledore! – exclamó, saltando de la piedra y yendo abrazar a aquel anciano bondadoso.

- A mí también me alegra verte, señorita Granger.
Su voz seguía siendo la misma, al igual que su mirada, tan azul como el océano.

Tras ver el sereno rostro de su ex director, una confianza inmensa inundo el corazón de la castaña. Y es que a pesar de los años, Albus Dumbledore seguía mostrando tanta tranquilidad y confianza, que contagiaban.
- Hermione, escúchame – esta vez el viejo director hablo muy serio, lo que asusto un poco a la castaña.
- Draco Malfoy no es de fiar, el es igual o peor que su padre. Sé que estoy violando muchos decretos de aquí arriba, luego tendré que rendirle cuantas al poderoso – comentó a lo bajo, luego continuo – Pero quiero que estés advertida, Hermione. No confíes tanto en él, y habla con Harry.
- ¿Para que?
- Porque…él es muy buena persona, además tendrás que decirle algo a él tarde o temprano.
- ¿Pero que le diré? – para ser Albus Dumbledore no se explicaba muy bien que digamos.
- No puedo decirte Hermione, pero sé que lo averiguaras, eres una bruja muy inteligente.
- ¿Pero que hizo Draco para no poder confiar en él? – preguntó de repente mirando a Sirius.
El hombre se tuvo que morder la lengua para no soltar toda la sopa, luego miro a Lily.
- No te podemos decir, cariño – en la voz de Lily se reflejaba un tono de angustia, de ansiedad. Hermione se mordió el labio.
- ¿Pero como podré averiguarlo?
- Tu eres muy inteligente, Hermione – le aseguro Dumbledore – Y se que vas a lograrlo."

En aquellos momentos todo se convirtió en un desfile de colores, y aquellas imágenes fueron desapareciendo.
- ¡Esta abriendo los ojos! – exclamó Luna muy cerca del oído de su compañera.
- ¿Hermione? – la voz de Harry sonó lejana, como si no estuviese en esa misma habitación.
Al abrir los parpados, con lo primero que se encontró fue los fervientes ojos verdes que había visto en una mujer de cabellera de fuego.
- ¿Harry? – indagó a lo bajo buscando su mano. Harry asintió y acariciando su rostro, sonrió.
- Me alegro que estés bien, Hermione. Nos diste un gran susto.
La mujer se mordió el labio y noto que la habitación estaba abarrotada de gente.
Detrás de Harry se encontraba Luna, con un vaso de agua en mano, y a su lado estaba Ron, con Dulce en manos.

Más allá estaba Ginny, la cual hablaba con Parvati en cuchicheos y miraban de reojo a la aludida. Cerca de las chicas se encontraban los gemelos Weasley, que al parecer habían hecho una apuesta con respecto a Harry y Hermione.

Y en la puerta estaban el señor y la señora Weasley conversando con Dean y Lavender.
- ¿Ya estas mejor, Herms? – la voz de Luna la saco de su observación, provocando un respingo.
- Sí Luna, ya me encuentro bien – le aseguro, con una medio sonrisa.
La rubia asintió, y entregándole un vaso con agua de canela, sonrió.
- ¿Te vas a quedar con ella, Harry? – el moreno agacho la cabeza y miro de reojo a Hermione.
- Sí, quédate – le pidió en un susurro. Harry asintió y luego, de uno en uno, fueron abandonando la habitación.
- Me asuste mucho cuando te desmayaste – le confesó el ojiverde con bochorno. Hermione se mordió el labio y sonrió.
- Cuando…estaba inconsciente…he…soñé con…tus padres – aquel comentario provoco que el moreno enarcara una ceja.
- ¿Con mis padres? – repitió incrédulo. La castaña asintió.
- Sí, y la verdad estuvo medio raro – comentó, ladeando la cabeza hacia un lado y perdiéndose en algún punto lejano.
- Y… ¿Qué te dijeron? – quiso saber el ojiverde un poco curioso. La ojimarron levanto los hombros y se mordió el labio.
- Pues…me advirtieron que me alejara de Malfoy – contestó, luego de varios minutos en silencio.
Harry arqueó las cejas, y desviando su vista al suelo, preguntó:
- ¿Por qué?
Hermione se encogió de hombros, y desviando su vista al rostro de Harry, dijo:
- Pensé que tú tendrías alguna respuesta – el moreno negó, y luego la miro a los ojos.
- No, no la tengo, pero…me alegro que estés bien – y luego le dio un beso en la frente.

OoOoOoOo

- ¡Hermione, por favor cálmate! – le pedía una irritada Lovegood a una insoportable castaña.
La mujer bufo con exasperación, y yendo a la cocina se perdió de vista.
- Hermione está muy irritada - comentó Ginny, la cual había presenciado como simple observadora la discusión entre la rubia y la castaña.
- ¡Y es irritante! – Exclamó la mujer exasperada – Y esta así después de la cena con Lavender y Dean.
- ¿Será que pasó algo con Harry allá arriba? – la rubia negó, y adoptando una expresión seria y meditabunda, dijo:
- Para mí que es otra cosa – la pelirroja arqueó una ceja, y desviando su vista hacia la cocina, preguntó:
- ¿Qué cosa? – Luna se mordió el labio, y sentándose en el sofá, comentó:
- Últimamente Hermione ha tenido repentinos cambios de ánimo – comenzó a explicar, al tiempo que jugaba con su taza de Té – Algunos días se encuentra de buen genio, pero a veces, como hoy, es tan irritante.

- ¿En toda una semana? – preguntó la Weasley, contando desde el momento en que se realizo la cena en casa de Dean y Lavender – Pero…ha sido muy poco tiempo para que tenga esos cambios tan repentinos.

Luna asintió.

Sí, lo sé. Y de ahí mi teoría.
Hubo un breve silencio, y en ese momento el bombillo se le enciendo a la joven Weasley.
- ¿Crees que…?
- No, no lo creo, Ginny – negó Luna – Estoy segura.

La pelirroja abrió los ojos como platos, y mirando de nuevo hacia la puerta cocina, preguntó nerviosa:
- ¿Tú crees? Pero…seguramente esos cambios de ánimo son el estrés, ¿no? – tras aquella suposición, la rubia se rió en silencio.
- Ginny, yo tengo una hija, se de estas cosas – le aseguro con firmeza.
- Pero… ¿Cómo? ¿Cuándo?
- Pues…el cómo, sería un poco bochornoso explicártelo – dijo la rubia riéndose por la expresión de su amiga – Y el cuándo, pues…a mi me late que fue en la cita que esos tuvieron.
- ¿Tú crees que…?
- Ginny, se necesita un escuadrón de bomberos para apagar el fuego que Harry siente por Hermione – comentó, sin un hito de vergüenza. La pelirroja abrió los ojos platos, y después se unió a la risa silenciosa de su amiga.
- Creo que se lo deberíamos decir, ¿no? – Luna se mordió el labio, y poniendo los ojos en blanco, negó.
- Yo creo que Hermione ya lo sospecha, solo que es tan terca para hacerse tomar un examen – y suspirando, bebió de su taza de Té - ¿Te acuerdas la otra vez que se desmayo de nuevo luego de beber ese Té de vainilla? – La joven asintió – Ella se encerró en su habitación luego de que despertase, y si mis oídos no me fallaron en ese momento, creí oír perfectamente esta frase: "Es imposible, yo no podría estar embarazada"

Ginny se mordió el labio, he iba a comentar algo al respecto, pero Hermione salio de la cocina un poco más relajada.
- ¿Y cómo te encuentras? – le preguntó Luna con su voz soñolienta.
La castaña levantó los hombros y se fue a sentar al lado de la pelirroja.
- Lamento haberte gritado de ese modo, Luna – se disculpo en un hilo de voz, mirando el suelo.
La rubia sonrió – No importa, se que el estrés del trabajo provoca cambios de ánimo – le aseguro, mirando de reojo a Ginny – Yo te comprendo.
Hermione la observó por el rabillo del ojo, y chasqueando la legua se quedo ensimismada.
Sabía que esa última frase, tenía más de un significado.

OoOoOoOo

Sabía que lo que estaba haciendo iba contra sus principios, es más, dudaba que eso estuviese ocurriendo. Pero tenía tanta incertidumbre por lo que le estaba pasando, que decidió irse por el camino más corto.
Se detuvo frente a la droguería de aquel lujoso Centro Comercial, y miro su fachada con ensimismamiento.
"¿Y que pasara si fuera positivo?" se preguntó en su fuero interno, hecha un manojo de nervios.
"¡Pues claro que no será positivo!" le espetó su vocecilla interna con irritación "Así que déjate ya de estupideces y regresa a la casa. ¡Tú no estás embarazada!"
La castaña suspiro.

¿Será que aquella vocecilla tenía razón? ¿Será que se encontraba paranoíca? ¿Será que aquellos repentinos desmayos y mareos eran producto de una semana de estrés?
"¡Tu sabes que no!" se espetó a sí misma, cruzada de brazos "Hermione, tu eres una mujer inteligente, sabes muy bien que esos no son síntomas de estrés"
Tras aquel comentario aquella vocecilla se difumino, y suspirando, entro a la droguería.

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Tenía que aceptarlo, estaba derrotada.

No podía luchar contra un eclipse, y sería innecesario que peleara por un trofeo que no era suyo, que nunca le perteneció…

Flash Back

Cuando había regresado a la mesa con el trapo en mano, noto que él ya no estaba ahí. Se preguntó, ¿Qué habrá pasado para que la dejara sola? Pero no tuvo que esperar por una respuesta, pues ella llego sola cuando él bajo corriendo las escaleras atropelladamente.

- ¡Hermione se desmayo! – había exclamado con desesperación mirando a todos los presentes.

Luna fue la primera en ponerse en pie, luego le siguió Ron Ginny y todos los demás enmarcando la caravana.

Se cruzo de brazos, mientras veía como todos sus amigos subían atropelladamente las escaleras. Noto que solo los del equipo de quidditch se habían quedado en el comedor, pero con aire preocupado.

Sonriendo con amargura acepto su derrota, y agarrando su bolso se dirigió a la puerta.
- ¿Te vas tan pronto? – le pregunto Catherine Valmont en tono burlón. La oriental apretó los puños y suspiro.
- Me saludas a Harry de mi parte, por favor – le pidió dándole una media sonrisa. Catherine levantó la mano, y volviendo a su conversación con Kelly, la ignoro.

Cho, suspiro, y cerrando la puerta salió de aquella casa.

Fin Flash Back

Ya había llegado su momento de rendirse, tenía que aceptarlo.
Ella no podía compararse con la única mujer que lo había acompañado por siete años. Con la única mujer que era capaz de arriesgar su vida por la de él, de hacer hasta lo imposible por su propio bienestar, de jugarse hasta su vida, por la propia paz de él.
Ella nunca le llegaría a los pies a la mejor amiga de Harry Potter, a su confidente, a su acompañante, a quien lo conocía como a nadie. Ella nunca podría entrometerse en una relación donde las palabras pasaban a segundo plano, donde las acciones valían más que nada, y donde la protección mutua se respiraba por los aires.

Era el momento de rendirse, y lo sabía, pero dudaba que él también se rindiera.
Mientras cavilaba en cómo decirle que ya no se prestaría para sus juegos macabros, la vio entrar a una droguería, y sintió curiosidad.
Mordiéndose el labio y reprimiéndose por dentro que eso no era de su incumbencia, entro detrás de ella y se sentó en una silla. La vio parar a unos cuantos palmos del mostrador, y mirar con rostro lívido las estanterías llenas de droga. Se preguntó porque le aterraba tanto acercarse, y comenzó hacer sus propias conjeturas.
Mientras buscaba millones de razones para que ella se encontrara tan nerviosa, la vio dar un paso al frente y esperar a que la atendieran.
Una mujer, de cabellera pintada y ojos negros, la atendió con amabilidad.
Quería acercarse un poco para saber que era lo que pedía, pero se contuvo al pensar, que si era algo malo ella no lo compraría en su presencia, así que espero.
La de cabellera pintada asintió, y yendo hacia la tercera estantería del lado izquierdo, comenzó a buscar algo.
Cho arqueó una ceja, y levantándose del asiento se dirigió a donde Hermione…

ººººººººººººººººº

Entré a la droguería, temblaba de pies a cabeza.
No podía creer que estuviese haciendo aquello, era una completa locura, pero me tenía que cerciorar de mis sospechas.
Me detuve a unos cuantos palmos del mostrador, y mire con nerviosismo las estanterías y cada uno de sus anaqueles.
Estaba hecha un manojo de nerviosos, y me comencé a preguntar en mi fuero interno como dirigirme a la que me atendiera para pedir…eso.
Me sentía como un adolescente cuando va a tener su primera relación sexual y le toca comprar un condón, aquella ansiedad y nervios que te llenan por dentro.
Suspirando, me reprimí a mi misma por ser tan estúpida, y dando cuatro pasos más, me acerque al mostrador.
Una mujer esbelta y de cabellera pintada me miro con unos profundos ojos negros, que me intimidaron.
- ¿En que puedo ayudarte, cariño? – me preguntó con amabilidad observando mi rostro lívido de la vergüenza.
- Eh…- balbuceé, mordiéndome el labio. ¿Cómo empezar? Si me encontraba tan nerviosa como en mi primer día en Hogwarts. Vi sus ojos y sonríe con cautela. Luego, pase la mirada por los anaqueles y comencé a leer cada uno de las etiquetas de diferentes drogas, dándome algún nombre conocido.

Cuando había comenzado con mis sospechas luego de que el segundo desmayo ocurriera en un día laboral, llame a mi madre, la cual se encontraba en Francia, y le comenté mí…pequeña sospecha, y esta, como buena madre, me comentó complacida, pero sorprendida:
- Cariño, existen muchas formas para cerciorarse si estas embarazada o no – me comentó en forma dulce, y me había sentido culpable por llamarla – Una de ellas es la clásica muggle, por medio de la orina. En la droguería puedes llegar y preguntar por una prueba llamada "predictor" aunque yo te recomiendo que hagas la prueba del EPF, es mucho más efectiva y te dan resultados como mínimo en un día.
- La prueba de… ¿qué? – me repugnaba sentirme tan ignorante sobre un tema, pero es que…era primeriza en eso.

Escuche como mi madre se burlaba a lo bajo, y luego adoptaba un tono mucho más dulce y comprensivo.
- La del EPF, o también llamada "La prueba de sangre", se realiza mediante una aguja – me comenzó a explicar – Extraes sangre hacia un tubo y luego lo llevas a un laboratorio. La mayor parte de las pruebas químicas buscan la presencia de la subunidad beta de la GCH – guarde silencio, pues no sabía muy bien que demonios era eso de la GCH.

Mi madre volvió a reír, era como si estuviese viéndome el rostro de desconcierto.
- Hermy, la hormona gonadotropina coriónica humana, o comúnmente llamada GCH, es una hormona que se presenta de seis a doce días después de la fertilización - me explico – Y las pruebas de orina como las de sangre detectan este tipo de cosas. Pero es más efectiva la del EPF, pues puede distinguir hasta 1 mIU/mL de GCH – guarde de nuevo silencio. Me sorprendía lo mucho que mi madre sabía sobre el tema.
- Esa fue la que utilice cuando tu padre y yo sospechamos de tu nacimiento – me comentó como quien no quiere la cosa.
¡Bravo! Lo que faltaba, una prueba de que aquello era efectivo.
- ¿Hermy? – me llamo mi madre luego de varios minutos en silencio. Desperté un poco atontada.
- Sí mamá, estoy aquí – dije – Eh…muchas gracias por todo mamá, te llamó luego.
- ¡Pues claro que me tienes que llamar! – me espetó mi madre en tono divertido – Porque con esta incertidumbre no me dejas. Y dime, ¿Quién es el padre? – me mordí el labio. Sabía muy bien quien podría ser el padre en el caso de estar embarazada, pero no lo quería aceptar.
Así que tomando una bolsita de dulce vacía, la apoye contra la bocina. Sabía que lo que estaba haciendo era una estupidez, pero me aterraba pronunciar el nombre.
- Mamá, creo que se está cortando la comunicación – le comenté, utilizando el viejo truco de la bolsa frente al teléfono – Eh…hablamos después.
- ¡Hermione Jane Granger no me vayas a colgar, o si no…! – pero no tuve tiempo de escuchar la amenaza, pues el auricular ya se encontraba en su posición.

Pero el nombre de la prueba de orina que mi madre me había dado no se encontraba por ninguna lado, así que desviando mi vista hacia la mujer que me estaba atendiendo, pregunté en voz baja.

- Eh…pru-prue… ¿Pruebas de embarazo, tienen? – aquello lo pregunté tan rápido que me sorprendí cuando la mujer sonrió. ¡Me había entendido!
- Claro, cariño, pero solo las del EPF – me comentó. Suspire y asentí con nerviosismo.
- ¿Buscas una en especial? – mire hacia la cantidad de estanterías, y dude encontrar donde guardaban las pruebas de ese estilo.
- Eh…no, solo dame la más eficaz – le pedí nerviosa. La mujer sonrió, y yendo hasta la tercera estantería del lado izquierdo, comenzó a buscar la prueba.

Comencé a sobarme las manos con impaciencia. Si por mi fuera haría esto de la forma mágica y ya, pero para estas cosas lo más eficiente era al estilo muggle.

Mientras esperaba alguien se poso a mi lado. No alce la vista y rogué para que no fuera nadie conocido.
Pero mis ruegos de mierda no sirvieron para nada, pues la vocecilla de Cho Chang retumbo en mis oídos como frenéticos martillos.
- ¡Hermione, que gusto verte de nuevo! – exclamó con un tono muy afable para mi gusto. Levante la vista y le mostré una medio sonrisa, la cual Cho devolvió.
- ¿Cómo te encuentras? No tuve oportunidad de saber nada de ti desde la vez en que te desmayaste en esa cena. ¿Estás bien? – asentí con torpeza y mire con nerviosismo hacia la mujer que me atendía.

¿Y si Cho miraba el nombre? ¿Y si ella no era una bruta ignorante como yo en aquellas cosas? Suspire guardando la calma.
- Sí, Cho, estoy bien – le asegure con una sonrisa.
Vi como asentía y desviaba su mirada a la mujer que me estaba atendiendo. Me mordí el labio.
- ¿Y que haces aquí? – resople. Había llegado la pregunta del millón.
- Ah…- balbuceé sin saber muy bien mi respuesta – Eh…vengo, vengo porque…eh…por un dolor de piernas horrible que tengo desde el lunes, ¡No te imaginas lo insoportable que es! – Chang sonrió, y suspire aliviada.
- Ah bueno, pero tienes que cuidarte con eso, pueden ser las varices – me previno con una sonrisa. Asentí.

En aquellos momentos la mujer llego hasta donde mi y me mostró la caja. Mire de reojo a Cho, horrorizada.
- ¡Sí, sí, esa esta perfecta!- exclame con exasperación y nerviosismo. La mujer asintió y yendo hacia la caja registradora me cobró 45 libras.
- ¿Tanto por unas simples pastillas? – me preguntó Cho a lo bajo. Asentí con torpeza, y tomando la bolsa que me entregaba la mujer, le di las gracias y me despedí fugazmente de Cho, sin esperar si quiera el recibo de compra.

oOoOoOoO

La oriental vio con sospecha como la joven castaña se alejaba corriendo de la droguería, y se preguntó que le abría pasado para salir de ese modo.

- ¡Señorita! – Exclamó la mujer que la había atendido con un papel blanco en la mano – Rayos, se el olvido el recibo.
Cho, al escuchar aquello, se le abrieron los ojos como platos.
- Ah, puede entregármelo si quiere, yo soy amiga de ella y se lo puedo dar cuando vaya a su casa – comentó la oriental con una sonrisa.
La mujer dudo en dárselo, pues había algo en la mirada de esa joven que la hacía desconfiar; pero dejando las patrañas a un lado se lo entrego, pues no había nada que temer, ¿o sí?
- Gracias – dijo Cho, y guardando el recibo en el bolsillo de su chaqueta, salió de la droguería.

oOoOoOoOo

El vuelo con destino a Inglaterra había arribado a las 5:50pm, dos horas más tarde de lo que la aerolínea British Airways había prometido.

Luego de explicarle a su esposo el "verdadero" motivo por el que tenía que viajar a Londres, este la dejo libre, pero con la condición de que lo telefoneara cuando se encontrara en casa.

Jane Granger era una mujer disciplinada, ordenada e inteligente, al igual que su hija, y también destacaba por tener un corazón de oro.

Una vez que su Hermione la había llamado para comentarle sus ligeras sospechas, se vio en la necesidad de acompañarla en aquel proceso, y más aún cuando había utilizado el viejo truco de la bolsa de papel contra la bocina del teléfono, solamente para no comentarle quien era el padre.
Por supuesto que no le había dicho a Stephen que iría a Inglaterra por ese motivo, pues sabía lo paranoico que era su esposo, y quería ahorrarse trabajo antes de tiempo.
Simplemente le había comentado que Hermione se encontraba un poco indispuesta y por ello la había llamado a las 5 de la mañana, pues la diferencia horaria entre Inglaterra y Francia era de una hora.
- Y quiero acompañar a Hermy – era la razón por la que su esposo la había dejado ir.

El vuelo tardaría unas tres horas en llegar, por lo cual Jane calculaba que más o menos llegaría a las cinco de la tarde, hora Francesa, y a las cuatro, hora Inglesa.

Se acomodo en su sillón después de que las azafatas dieran todas las indicaciones necesarias para algún desastre, y espero a que el vuelo diera su arribo.

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Encerrada en el cuarto de baño, Hermione se encontraba con la caja de EPF entre sus manos. No la había abierto desde hace media hora cuando se encerró en el baño, y en realidad, no la quería abrir.
Su cuerpo le temblaba de pies a cabeza, y se sorprendía por lo nerviosa que se podía colocar en momentos de tensión, y admiro a su madre por ser tan valiente.
- Es porque seguramente sí deseaba que fuera positivo - dijo a lo bajo en un hilo de voz – En cambio yo…- claro que la idea de ser madre la llenaba de grandes expectativas, pero…nunca se imagino ser madre tan pronto, ni mucho menos así.
Necesitaba el apoyo del padre, pero tan solo pensar en el padre le hacía revolver las tripas. ¡No podía creer lo descuidaba que había sido aquella noche!
Si tan solo hubiera tenido más cuidado, si tan solo no hubiera aceptado la invitación de Harry.
Bufó con exasperación.

Tenía que ser fuerte, no necesitaba de ningún hombre para ayudarla, ella podía hacerlo sola.

Así que respirando, abrió la caja y extrajo de ella un tubo mediano y una jeringa con la aguja a un lado.
Trago saliva al ver severendo tamaño de aquella aguja, y todas las fuerzas que había reunido segundos antes, se había esfumado.
Moviendo la cabeza de un lado a otro, salió del cuarto de baño y se mordió el labio.
- No puedo hacerlo – dijo a lo bajo con decepción – ¡No soy capaz!

Cuando la brisa inglesa de primavera entró por sus fosas nasales, se sintió de nuevo como en casa.

Hacía cinco años que no pisaba suelo Ingles, y volver a ver la fachada del aeropuerto Heathrow la llenabade una alegría indescriptible, pero se iba a llenar más cuando viera el rostro de su pequeña "castañuela"

Arrastrando su equipaje se dirigió hasta el puerto, después fue hasta las salidas corredizas del aeropuerto en la terminal 1.
En aquella época del año aún era difícil conseguir un taxi, pero estuvo de de suerte cuando un latinoamericano le parqueó cinco minutos después.
- Al barrio Likentoon, por favor – le pidió, luego de que el motor encendiera.
- Con gusto – y se dispuso a observar el paisaje por la ventana en todo el trayecto.

El timbre retumbo en los tímpanos de la joven castaña, y un poco irritada bajo al recibidor.
- ¡Ya voy! – Exclamó exasperada yendo hacia la puerta - ¿Diga? ¡¿Mamá?

OoOoOOo

La sorpresa al ver al otro lado de la puerta a la joven Chang, se hizo notar en su rostro. Cho sonrió al ver que sorprendió a su compañero, y paso por delante de Malfoy, entrando al apartamento sin ser invitada.
- ¿Qué haces aquí? – le preguntó el blondo un poco molesto, pues le había interrumpido un sueño erótico con una hermosa castaña.
- Traigo malas nuevas – comentó, como quien no quiere la cosa. Draco levanto una ceja, e indicándole uno de los sofases, le ofreció una copa.
- ¡Un Martín estaría bien, por favor! – el blondo asintió.

Luego le entrego una copa llena del licor favorito de la oriental. Sentándose frente a ella, la miro expectante.
- Y bien… ¿Qué noticias me traes hoy? – Cho saboreo con embriagues el sabor del Martini, luego, miro a Malfoy.

- Creo que no te va a gustar lo que traigo – comentó en un susurro. Malfoy pasó su lengua por sus labios y miro su rostro con sutileza.
- No creo que nada sea tan malo como para quitarme la dicha de que Hermione ya no tiene nada con San Potter – dijo Malfoy en un peculiar tono de arrastrar las palabras.

Cho desvió su vista al suelo, y levantando la ceja, suspiro.
- Bueno…lo que pasa es que hoy me encontré a Hermione en la droguería – comenzó con un tono muy tranquilizador.
Malfoy enarco las cejas - ¿Una droguería?
- Sí.
- ¿Y que hacía ella ahí? – preguntó desconcertado desconociendo el motivo.
Cho dio otro trago de su Martini, y continúo.
- Espere a que pidiera lo que fuese que iba a comprar, y me acerque.
- ¿Qué te dijo?
- Nada, me comentó que supuestamente le dolían las piernas y por ello iba a comprar unas pastillas – se detuvo en su relato y observó el rostro de Malfoy, luego, continuó – No le creí, por supuesto. Pues se encontraba muy nerviosa para pedir simples pastillas – suspiro – Así que espere y luego llego la mujer que la atendió. Le mostró una coja mediana y Hermione asintió un poco torpe, luego se fue y me dejo con la incertidumbre.

Draco torció la boca, sin entender – Y… ¿Cuál es la mala noticia?
- Que a Hermione se le olvido el recibo de pago – comentó con sorna – Y mira lo que compro – y extendiendo el brazo con el recibo en mano, miro a Malfoy.
El blondo observo el trozo de papel con desconfianza, pero luego lo mato la curiosidad, y lo tomo.
Tuvo que encender la luz para leerlo, pues la poca luz solar ya no servía.
Enarco una ceja, era obvio que no entendía un carajo de lo que el papel mostraba.
- ¡¿Que diablos es un EPF?! – preguntó con alteración sin comprender ni una sola silaba de la compra.
Cho movió la cabeza de un lado a otro y suspiro. ¡Cuán ignorantes podían ser los hombres!
Bebiendo su último trago del Martini, dijo:

- Un EPF es…una prueba de sangre – explico, pero Malfoy torció el gesto.
- ¿Hermione está enferma?
- ¡¿Y me dices a mi lenta?! – Exclamó la ex Ravenclaw con exasperación – La EPF es una prueba que trata de encontrar cuanta GCH hay en el ducto sanguíneo de una paciente. La GCH es una hormona que se encuentra en el aparato reproductor masculino y femenino, pero esta se desarrolla más en el momento de la fertilización.
- ¿Fertilización? – repitió el blondo sin comprender.
La Ravenclaw suspiro, y poniendo los ojos en blanco, dijo:
- En palabras castizas… ¡Hermione puede estar embarazada!

ººººººººººº

La amplia sonrisa de Jane Granger invadió de una alegría inexplicable a Hermione, la cual se balanceó sobre ella y la abrazó con todas sus fuerzas.
- ¡Mamá! ¿Por qué estás aquí? – la mujer, de ojos miel, cabello castaño y tez nívea, le sonrió con unos magníficos dientes.
- ¿No es obvio? Vengo a verte.
- Lo sé – admitió Hermione haciéndola entrar – Solo que…me sorprende verte, yo te veía en Francia en el consultorio que tú y papá montaron.
Jane asintió, y luego acarició el rostro de su hija.

- Lo sé, mi castañuelita, pero bueno…es que me dejo tan preocupada la otra vez que me colgaste que pues…tenía que venir a verte.
Hermione se ruborizo como un tomate, ¡La había descubierto! Pero aún así siguió en su mentira.
- No mamá, la comunicación se corto – le aseguro con rudeza. Pero lo vivaz que era Hermione la había heredado precisamente de ella.
- A mi no me engañas, mi castañuela. Yo soy tan vivaz como tu – Hermione se sintió como una tonta. ¿Pero de donde podía haber sacado que podría engañar a Jane Granger, la reina de la intuición y lo vivaz?
- Lo siento, mamá – se disculpo con las mejillas coloradas – Solo que…me asuste un poco.
Jane sonrió, y acariciando el rostro de su consentida, la miro.
- ¿Por qué te asustaste? – le preguntó con seriedad arqueando las cejas - ¿Acaso fue por la pregunta que te hice?
Hermione suspiro. Sabía que a pesar de que la engañase, su madre vería la mentira en sus ojos marrones, pues ella como Harry la conocían demasiado bien, mucho, para su gusto.
- Sí – admitió con voz ronca. Jane levantó una ceja, y acariciando su enmarañado pelo castaño, preguntó:
- ¿Y se podría saber, porque? ¿Quién es el padre de esa posible criatura que tienes tanto miedo a decir? – Hermione se mordió el labio, y tratando de reprimir un sollozo, miro a su madre.
- Eh…te acuerdas de…Harry Potter, ¿Verdad? – preguntó con nerviosismo cruzando los dedos para que no se acordara. Pero su madre asintió. Tenía tan buena memoria como ella.
- Bueno…el…yo te conté que no está muerto, ¿verdad? – Jane volvió a sentir.
- Sí, me dijiste que había pasado algo con un pase de almas o algo así – Hermione enarco una ceja. Nunca recordaba haberle comentado eso, pero al caso.
- Bueno…eh…lo que pasa es que…últimamente me he sentido algo atraída por el…
- ¿Algo? – repitió su madre, incrédula - ¡Pero cariño, si fuiste su novia en séptimo y cuando te enteraste de que estaba vivo, regresaron!
- ¿A si? – el tono de sorpresa en la voz de Hermione alerto a Jane de que a su hija le pasaba algo.

- ¿Estás bien? – Le preguntó preocupada – Pensé que Harry era el amor de tu vida, he ibas a recordar lo que vivieron juntos a la perfección.

La castaña enarco una ceja.

- ¿Vivieron juntos? – Repitió sin comprender – Pero mamá, creo que te equivocas…yo, cuando estuve en Hogwarts Harry Potter me caía al hígado, no soportaba verlo. Sabía de el porqué era muy famoso, al igual que conocía a sus padres y a su padrino, pero…yo nunca tuve nada con él.

Jane arrugo el rostro, ¿pero que demonios le había ocurrido a su hija en esos últimos meses que dejo de telefonearla?

- Cariño, creo que estas un poco…desubicada – le comentó su madre, e indicándole que se sentara en el sofá, continuo – Tu no te despegabas de Harry desde el primer día que pisaste Hogwarts. Cuando el año termino y te encontrabas en la casa, nos comentaste que eras la mejor amiga del mago más famoso de todos los tiempos, y no solo eso, si no que me contaste que te habías arriesgado por él para que siguiera el camino que lo conduciría a una piedra del hechicero o algo así.
- ¿Piedra del hechicero? – Repitió la ojimarron, sin comprender – Pero mamá, ¿de que hablas?
- De la aventura en primer año, con la piedra del hechicero, ¿acaso no lo recuerdas? – Hermione se quedo pensativa, divagando en sus recuerdos, al tiempo que se perdía entre el color de los ojos miel de su madre…

"Hermione dejó escapar un gran suspiro y Harry, sor-prendido, vio que sonreía, lo último que había esperado que hiciera.

—Muy bueno —dijo Hermione—. Esto no es magia... es lógica... es un acertijo. Muchos de los más grandes magos no han tenido una gota de lógica y se quedarían aquí para siempre
—Pero nosotros también, ¿no?
—Por supuesto que no —dijo Hermione—. Lo único que necesitamos está en este papel. Siete botellas: tres con veneno, dos con vino, una nos llevará a salvo a través del fuego negro y la otra hacia atrás, por el fuego púrpura.
—Pero ¿cómo sabremos cuál beber? «f I
—Dame un minuto.

Hermione leyó el papel varias veces. Luego paseó de un lado al otro de la fila de botellas, murmurando y señalándolas. Al fin, se golpeó las manos.
í —Lo tengo —dijo—. La más pequeña nos llevará por el fuego negro, hacia la Piedra.
Harry miró a la diminuta botella.
—Aquí hay sólo para uno de nosotros —dijo—. No hay más que un trago.
Se miraron.
— ¿Cuál nos hará volver por entre las llamas púrpura? Hermione señaló una botella redonda del extremo derecho de la fila.

—Tú bebe de ésa —dijo Harry—. No: vuelve, busca á Ron y coge las escobas del cuarto de las llaves voladoras. Con ellas podrán salir por la trampilla sin que los vea Fluffy.

Vayan directamente a la lechucearía y envíen a Hedwig a Dumbledore, lo necesitamos. Puede ser que yo detenga un poco a Snape, pero la verdad es que no puedo igualarlo.
—Pero Harry... ¿y si Quien-tú-sabes está con él?
—Bueno, ya tuve suerte una vez, ¿no? —Dijo Harry, señalando su cicatriz—. Puede ser que la tenga de nuevo. Los labios de Hermione temblaron, y de pronto se lanzó sobre Harry y lo abrazó. -
— ¡Hermione!
—Harry... Eres un gran mago, ya lo sabes.
—No soy tan bueno como tú —contestó muy incómodo, mientras ella lo soltaba.
- ¡Yo! –Exclamó Hermione - ¡Libros! ¡Inteligencia! Hay cosas mucho más importantes, amistad y valentía y…¡Oh, Harry, ten cuidado!..."

Luego de aquel inesperado, ¿recuerdo? Saltó otro, igual de viejo que el anterior.

"Después de bajar del Expreso de Hogwarts y despedirse de sus nuevos amigos Harry Potter y Ronald Weasley (esté último sin caerle muy bien del todo) se acercó a sus padres, los cuales la esperaban con una sonrisa.
- ¿Cómo te fue, cariño? – le preguntó su madre acariciándole su mata de pelo.
La pequeña de once años exhibió una amplia sonrisa, y luego miro hacia atrás justo para ver como Harry se reunía con sus petulantes tíos.
- ¡A sido genial! Me hice amiga de Harry Potter, y lo ayude para recuperar la Piedra Filosofal – comentó casi sin respirar.
- ¿La que? – preguntaron sus padres al unísono. Hermione bufo con exasperación.
- La piedra filosofal, la piedra del hechicero – comentó – Verán, la piedra del hechicero fue creada hace siglos por Nicolás Flamel, un alquimista. Dicha piedra contenía un elixir, y ese elixir a quien lo bebe concede la inmortalidad, y resulta que el-que-no-debe-ser-nombrado la quería poseer, y utilizo al profesor Quirrell, el profesor de Defensa para las Artes Oscuras. Quirrell era como su cuerpo, ya que después de que Harry lo derrotase cuando solo era un bebé en Godric's Valley, el-que-no-debe-ser-nombrado quedo sin cuerpo, y vagaba como un espíritu. Así que necesitaba la piedra para ser inmortal, para poder destruir a Harry.

Así que nos aventuramos en una tremenda, ¡ni se imaginan! Yo comencé averiguar sobre Nicolás Flamel, y luego supimos que la piedra la escondían en Hogwarts, así que…- pareciera como si la niña hubiese olvidado respirar, pues mientras contaba toda la historia a unos padres algo consternados, agitaba sus manos y abría los ojos como platos, al tiempo que su cabellera se revolcaba más a causa del viento.

Sí Ronald Weasley la hubiese visto, le diría que parecía una loca, pero gracias a dios que ya se encontraban en el auto.
- Entonces supimos que la piedra la protegía Fluffy, un perro gigante de tres cabezas. Se encontraba en el ala este en el tercer piso y se podía domar con música, así que…
- Cariño, cuéntanos la historia más despacio, que tu padre y yo no entendemos nada – le comentó su madre con voz dulce.
- Sí, ¿y cómo es eso de un perro de tres cabezas? ¿Es que acaso en esa escuela no hay seguridad? – preguntó su padre un poco enojado.
Hermione negó con la cabeza.
- No, no es eso. Es solo que cuando andas con Harry Potter los problemas te persiguen…"

Ese recuerdo la dejo un poco grogui, y moviendo la cabeza de un lado a otro, miro a su madre.
- ¿Estás bien? – le preguntó Jane luego de varios minutos en silencio.
Hermione asintió, pero después, viendo de nuevo aquellos ojos miel, otro recuerdo, mucho más reciente, azoto su mente.

"No podía creer que Harry estuviese vivo, es que…era increíble.
Cuando la reconoció en aquel hospital fue como volver a nacer, fue…algo…sin palabras.
- ¿Mamá? – exclamó cuando el auricular fue levantado.

Oyó la voz de su madre decir su nombre, y se mordió el labio.
- ¡Mamá, Harry está vivo! ¿Lo puedes creer? ¡Está vivo!"

Jane, al ver lo lívida que se había tornado su hija, se dirigió a la cocina y le trajo un vaso con agua.
- ¿Hermione? – la castaña la observo algo confusa, y tomando el vaso, se bebió de un sorbo el agua.
Aquellos recuerdos le habían hecho doler la cabeza, y más aún porque no sabía de donde provenían.
- ¿Ya recuerdas quien es Harry? – aún aquel abrazo hace tantos años ya, la azotaba la mente.
¿Será posible que pudiera olvidar esos recuerdos? ¿Será correcto pensar que Harry Potter nunca fue su amigo?

Se quedo absorta en sus cavilaciones, pensando.

OoOoOoO

- ¿Embarazada? – repitió un incrédulo Malfoy, luego de que Cho le comentara sus sospechas.
- ¿Pero cómo que embarazada?
- ¡Yo que sé! – Espetó la oriental exasperada – Solo cumplo en comentarte las noticias.
El blondo se dejó caer en el sofá, y cubriendo su rostro con las manos, resoplo.
- ¡Cuando pienso que todo está solucionado, siempre llega un maldito inconveniente y lo atrasa todo! – exclamó con furia arrojando las copas vacías al suelo.

Cho se encogió de hombros al ver salir en varias direcciones las esquirlas. Se había enfadado.
- ¡Cálmate, Draco! – Lo trato de tranquilizar con las manos en alto – No es para tanto – pero aquel comentario había sido la gota que derramo el vaso.
- ¿No es para tanto? – repitió sin dar crédito a sus palabras.

- ¡Hermione podría estar embarazada, imbécil! – le informó con furia – Y ahora

Sí podría perderla para siempre.
Chang giro los ojos y desvió su vista al suelo.
- Pues creo que ya la perdiste desde el momento en que te fijaste en ella – dijo a lo bajo con el labio inferior mordido.

Draco la observó con furia, y balanceándose sobre ella, le agarro el rostro.
- ¡Nunca…digas…que…Hermione…no…es…para…mi! – exclamó con exasperación apretando con fuerza el rostro de la oriental.
Chang abofeteó con todas sus fuerzas el lívido rostro del blando, y tocándose sus mejillas, lo miro con odio.
- ¡Nunca me vuelvas a tocar, imbécil! – la sonrisa de Malfoy se extendió tras la amenaza de su compañera, pero no dijo nada más.

Se formo un tempano de silencio, en el que Cho seguía con detenimiento cada movimiento del blondo para poder así sacar su varita, que la tenía firmemente apretada entre su bolsillo, y atacarlo.
Pero el Slytherin se encontraba tan absorto en sus pensamiento, que Chang dudo que le hiciese daño.

En esos momentos su raciocinio le pidió a gritos que saliera de ese apartamento, que no escuchara sus macabros planes, pero su curiosidad pudo más que la razón.
- ¡Debemos destruir a esa criatura! – espetó con júbilo con un brillo de locura en sus ojos.
Cho, abrió los ojos como platos, y sacudió la cabeza.
- ¿Debemos? – repitió incrédula, sabiendo de ante mano el significado de aquella palabra.
Ella podría ser ciega, obsesiva, pero no tonta.

Había ayudado a Malfoy en su intento de borrarle los recuerdos a Hermione, había aceptado colocar ese artefacto de mierda en el Hilton, pero no destruiría una criatura por una simple obsesión.
- Sí, debemos – le ratifico su compañero con una macabra sonrisa - ¿O que? ¿Te estás echando para atrás? – la oriental agarró su bolso y apretó con más fuerza su varita.
- ¡Esto es ir demasiado lejos, Malfoy! – Espetó, tratando de que su voz sonara fuerte – No sé tú, pero yo sé hasta que punto detenerme.

El blondo la miro de arriba abajo, como sin darle crédito a sus palabras.
- Dices que… ¿no quieres hacerlo? – Chang asintió, y Malfoy soltó una tétrica carcajada.
- ¿Qué es lo gracioso, estúpido? – preguntó con altivez.
Malfoy negó.
- Nada, solo que me sorprende lo débil que eres.
- ¡No soy débil! – Le espetó la Ravenclaw – Solo que sé hasta dónde puede llegar mi ceguera. Yo si pienso Malfoy, y no pretendo pasar el resto de mis días confinada en una cárcel por asesinato.
Pero el Slytherin se mofo.

- No es cuestión de ceguera Chang, es cuestión de triunfo – dijo en un seseo peculiar.

La joven levantó el entrecejo.
- ¿Triunfo? – Repitió incrédula – ¿Hermione para ti es un triunfo? – el blondo aplaudió, sorprendido por su inteligencia.
- Pensé que ya lo sabías – dijo, mirándola de arriba abajo.
Chang trago saliva, ¿pero hasta donde iba la obsesión de este hombre?
- Malfoy, tú sientes una obsesión muy grande por Hermione. ¡Tienes que parar ya antes de que sea demasiado tarde!
- ¡Pero mira quien me lo dice! ¡La reina de la obsesión!
- ¡Yo sé hasta dónde detenerme! – le aseguro con rudeza. Tenía los labios apretados y el rostro lívido.
- Entiéndeme Chang, yo haré lo que sea por quedarme con Hermione. ¡No permitiré que Potter me gane la partida!
- ¡Pero Hermione no te ama, Malfoy! – Le espetó con desesperación yendo hacia la puerta – A pesar de todo lo que has hecho ella sigue amando a Harry. Aunque no lo recuerde, sigue sintiendo un gran afecto por él.
- ¿A sí? ¿Y cómo lo sabes?
- Porque la vez que estuve en esa ridícula cena en la casa de Dean Thomas, note como ella lo miraba, y también vi lo desdichado que era Harry lejos de ella.
- ¡Blasfemias! – Exclamó el Slytherin poniendo los ojos en blanco - ¡Hermione no siente nada por Harry, lo demostró la otra vez que lo hecho de su vida!
- Lo puedo haber echado de su vida – admitió la pelinegra – Pero no de su corazón.
- ¿Y que pretendes hacer entonces? – le preguntó el blondo luego de varios minutos en silencio – Si se supone que no me vas ayudar.
- Pues eso. No pienso ser cómplice de un asesinato. ¡No voy a matar a la criatura que posiblemente esté creciendo en el vientre de Hermione! – le aseguro con toda la acritud que pudo adoptar.

Pero Draco se mofo de su "valentía" y suspiro.
- ¡No te vengas hacer la hermanita de la caridad después de todo lo que has hecho! – Exclamó con ira – ¡Destruiste todo un maldito hotel con tal de que Hermione no terminara con Potter!
- ¡Y fui una estúpida! – Admitió con bochorno - ¡Nunca debí unirme a ti, todo esto ha sido un maldito desastre!
- ¡No hables mierda, Chang, que sabes tan bien como yo que disfrutaste hacerlo!
Cho movió la cabeza de un lado a otro.
- ¡Pero no más, hasta aquí llego la tonta de Cho Chang! – espetó con toda la rudeza que pudo.
Luego agarró la perilla de la puerta y la comenzó a girar.

- ¿A dónde crees que vas? – le preguntó con voz cetrina, Draco Malfoy – Sí no me ayudas, de aquí no saldrás con vida...

ººººººººººººººº

LUMOS!!

Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas

Hola, hola!
Bien, los 3 chaps estan UP, espero que los disfruten.
Nos leemos pronto

bye!

R/ Rews:

zoe love potter
Hola!
buee ps muy buena desición la tuya jeje...si, si poqyue potterfics cada rato se esta muriendo:S
ok, besitos bye!

Ok, eso era todo...

saludos,

emma!