La mirada divertida de ambos hombres mientras la observaban caminar en círculos en el interior de la oficina era que algo que no muchas veces se podía ver, pero que sin duda era algo que Nathalie muy fondo disfrutaba de cierta forma, pues era una señal de que las cosas entre ellos habían cambiado para bien y que a pesar de todo lo que habían atravesado eran felices.

Se había tomado tan solo unos instantes para pensar en aquello mientras sonreía, para después de manera automática rodar los ojos ante los comentarios de la persona al otro lado del teléfono que, en su opinión, eran realmente molestos.

― Los diseños que quiera o no vender la señorita Dupain-Cheng es algo que sólo ella puede decidir, así como a que casa de moda lo hará ― soltó con algo de desgano, llevando su mano hasta su cabeza.

Se sentía feliz de ser capaz de ayudar, pues realmente no entendía como Marinette había sobrellevado todo aquello durante varios meses por si sola. No es que dudara de ella, pero normalmente los ejecutivos tienden a ser los peores depredadores de la industria.

Mientras ella se comenzó a desesperar aún más cuando escucho la respuesta del hombre, no se dio cuenta que al momento que una maldición soltada por ella antes de continuar con la llamada, los hombres que le hacían compañía en la estancia comenzaron a hablar un poco más bajo con el temor de que al escucharlos, fuesen arrasados por la aparente furia que comenzaba a reinar en la mujer de carácter aparentemente imperturbable.

― Estoy seguro de que si ese hombre estuviese en París, Nathalie sería capaz de darle caza a su cabeza ― se atrevió a susurrar Adrien, sin saber si sentirse divertido al ver de nuevo esa actitud tan a la defensiva de Nathalie en el pasado o simplemente temer como cuando era adolescente.

Gabriel carraspeó por lo bajo intentando no reír ante el comentario de su hijo, también con algo de temor de que Nathalie le escuchara.

Pues si bien ella le tenía un gran respeto y estima, cuando era necesario Nathalie lo había enfrentado sin temor a nada, cosa que muy pocas personas eran capaces de hacer más aun tratándose de temas laborales.

― Creeme, quizás está pensando como localizarlo en Alemania ― atinó a decir Gabriel por lo bajo a la vez que colocaba una pastilla de color rosado sobre su boca, para después tomar el vaso de agua que se encontraba sobre su escritorio y tomar un tragó para pasar el medicamento ― No está muy feliz con lo insistentes que son, así como tampoco lo está por la situación en la que pusieron a Marinette hace unos meses ― agregó con un semblante de seriedad, observando de reojo a su hijo.

Adrien se limitó a suspirar mientras asentía con su cabeza. La verdad que era realmente confuso el cómo sentirse al respecto de ese día, pues habían ocurrido tantas cosas que tanto podían alterarlo al recordarlas, así como hacerle poner una sonrisa boba en su rostro.

Pero como su propio padre le habia dicho al final del día; las cosas habían terminado bien, por más extraño que hubiese sido el camino para ello, lo importante era eso.

Que Marinette y su pequeña bebé estaban bien.

Y que, aunque nadie más lo supiese por palabras de ambos, su elección estaba más que hablada.

Con una extraña pero adorable metáfora incluida.

Que a pesar de que sus miradas expresaban aquello cada vez que se veían a los ojos; era algo que en algun momento ambos desearían oír.

― Tampoco yo lo estoy, y lo sabes ― una media sonrisa apareció en sus labios cuando sintió la mano de su padre sobre su hombro en una clara señal de apoyo.

En los ojos de su progenitor realmente podía ver la emoción plasmada cuando aquel tema salía ligeramente a colación, y era algo que hacia realmente feliz a Adrien.

No todos los días puedes ver a Gabriel Agreste emocionado ante la idea de ser abuelo, habían sido las palabras de Nino cuando el habia hablado abiertamente con su amigo sobre el comportamiento de su padre ante la llegada de su hija.

Y era cierto.

El hecho de que el tiempo le permitiera ver aquello en su mente sonaba como un precioso regalo pues realmente pensaba que quizás nunca ocurriría. Pero, como en muchas otras cosas él se había equivocado y no podía negar que estaba feliz de ello.

Ambos hombres se encogieron de hombros al escuchar la puerta del despacho cerrarse con fuerza, probablemente con una muy molesta Nathalie alejándose de ahí por algun motivo.

― No sabes lo feliz que soy de no ser la persona detrás de esa llamada ― soltó Adrien con un tonó burlón, logrando que su padre sonriera ante el comentario.

― Si no guardas silencio podrías recibir un trato igual, y creeme que no quiero que mi nieta crezca sin su padre así que será mejor no hablar al respecto ― y aunque aquello hubiese escuchado como una broma, ambos hombres sabían que existía un poco de verdad en esas palabras.

― Nathalie no sería capaz de hacer algo así ― refutó, sin poder observar como una sonrisa de melancolía se formaba en el rostro de su padre.

― Si tu madre estuviese aquí ten por seguro que me daría la razón, ella estuvo presente después de todo ― no pudo evitar reír por lo bajo al recordar esa peculiar situación; la primera vez que Nathalie le habia alzado la voz demostrando un gran descontento ante sus acciones.

Siendo apoyada por Emilie, claramente, se dijo mentalmente para después dirigir su mirada hacia el cajón principal de su escritorio observándolo con la mirada levemente perdida.

― No solía darte la razón muy a menudo, así que eso sería realmente interesante ― comentó Adrien en un tono apacible al percibir la melancolía instalarse en su padre.

Gabriel asintió con su cabeza, para después soltar una desagradable tos seca haciendo que se descolocara un poco.

En ese instante para los ojos de Gabriel fue imposible no ver la preocupación que Adrien exteriorizo gracias a sus expresiones, algo que, según palabras de su propio hijo, era inevitable.

― Adrien, una pequeña tos no me matará ― anuncio el mayor para después volver a tomar otro sorbo del vaso de agua que llevaba sosteniendo en su mano. Ante ese comentario, Adrien no pudo evitar fruncir el ceño ― Mejor cuéntame un poco más sobre cómo van las cosas.

― Antes, esos comentarios no son divertidos ¿Lo sabes verdad? ― ante aquel regaño Gabriel no pudo evitar rodar los ojos, algo divertido de la situación ― Es enserio, padre. Ahora entiendo un poco de donde saque mi lado exasperante ― comentó mientras en su mente pasaban ciertos recuerdos donde, al igual que su padre, había soltado comentarios burlescos fuera de lugar y de momento ― Y creo que ya te he contado todo sobre la revisión de Marinette esta semana, Rose nos dice que será una niña muy sana y es lo que nos tiene tranquilos a ambos.

Con sus últimas palabras un ligero sonrojo apareció sobre sus mejillas mientras desviaba su mirada. Gabriel atribuyo eso a un buen recuerdo que seguramente habia tenido acerca de Marinette, y por la reacción de su hijo intuyó que no era algo estrictamente relacionado al embarazo.

― Realmente no me refería a eso, si no por cómo van las cosas entre ustedes ― hizo una pausa, llevando una de sus manos hasta el puente de su nariz, recordándose a sí mismo que debía ser más claro con su hijo en ocasiones ― Entre tú y Marinette, diciéndolo más concreto.

Oh, eso, fue lo que pudo pensar Adrien antes de verse balbuceando levemente palabras que ni él mismo podía entender justo antes de poder hilar algo coherente para tratar de explicarse.

― No esperaba esa pregunta tan repente para ser sincero ― la verdad es que no. Pues, realmente esperaba que en realidad no fuese algo que su padre fuese a decirle y que después del nacimiento de su bebé él asumiría la elección tomada por ambos referente a su situación por lo que pudiese ver, ya que habia aprendido muchas veces que una imagen vale más que mil palabras.

― Bueno, ya la he hecho ― atinó a decir su padre, arqueando una ceja para evitar con toda la fuerza de voluntad mostrar algo de diversión. Ya que de cierto modo ver a Adrien así de nervioso le recordaba en gran medida a su madre ― Y creo que era de esperarse, después de todo, Marinette acaba de entrar en la semana treintaicuatro de gestación, pocas semanas de que mi nieta nazca, pensé que para este punto ambos habrían hablado algo ― comentó con tranquilidad, dejando el vaso de agua sobre el escritorio sin perder de vista a su hijo.

Quien tragó saliva ante la intensa mirada de su padre.

― En realidad, es la semana treintaicinco y son aproximadamente entre tres y cinco semanas antes de que Emma nazca, eso no lo confirmara Rose la próxima cita ― corrigió en voz baja Adrien ― Así como lo has dicho, ya hemos hablado las cosas, así como ya hemos hecho nuestra elección. Sólo que para ser sincero esperaba que nuestras acciones hablaran por nosotros ― acotó a decir, rascando su mejilla de forma nerviosa.

Gabriel ante la reacción de Adrien no pudo evitar sonreír, adivinando que, como todo lo que rodaba a ambos en cuanto a sentimientos, seguramente sería difícil de explicar.

No necesitó nada más para saber la elección que habían tomado, y aunque no fuese algo completamente normal ¿Qué lo era con ese par?

― Entiendo ― se limitó a decir, palmeando la espalda de Adrien quien lucía bastante confundido ante su respuesta ― Estoy feliz de que ambos hayan hecho su elección ― y con esas palabras, Adrien no pudo evitar abrir sus ojos con sorpresa.

No había un sermón sobre hacer las cosas de la forma correcta y apropiada, así como tampoco una presión de su parte. Había entendido con un par de palabras el deseo de ambos de compartir su vida lado a lado con todos esos sentimientos de por medio, sabiendo que con aquello era más que suficiente para sus corazones.

Después de todo, solo necesitaban de una mirada para ver a través de sus pensamientos.

Y aunque en más de una vez estuvieron a punto de darle un nombre a todo aquello que sentían el uno por el otro, realmente sentían que esa palabra de cuatro letras se quedaba realmente pequeña ante todo lo que sentían el uno por el otro.

Respeto, cariño, confianza, pasión, entrega y muchas palabras más que eran difícil de enlistar. La palabra amor quedaba muy corta ante todo aquello que experimentaban lado a lado y entre ellos.

No era amor, de eso estaban seguros. Era mucho más.

Algo tan grande que quizás habia pasado desapercibido por sus ojos gracias a su inmensidad, que quizás no siempre estuvo ahí, pero que fácilmente se hubiese podido construir si bien lo hubieran querido.

Pero, fuese con ese fin o no, ya se encontraba ahí. Y Adrien estaba seguro de ello, así como sabía que Marinette pensaba lo mismo.

― Yo también estoy feliz ― se atrevió a hablar después de unos segundos en silencio ― Gracias por entender.

Gabriel Agreste no pudo evitar sentir como las palabras se atoraban en su garganta, pues era algo que no había esperado escuchar en ese instante.

Porque en el pasado no había podido entender a su hijo como él hubiese deseado, así como las elecciones de este sobre su vida la mayor parte del tiempo. Por eso, él no esperaba que alguna vez aquellas palabras salieran de la boca de Adrien.

― Quizás debí hacerlo antes ― murmuró con una sonrisa algo torcida, observando a su hijo negar con la cabeza. Este iba a comentar algo, pero el sonido de su teléfono móvil logró que diera un pequeño brinco sobre su asiento para tomarlo entre sus manos, era una alarma que ambos conocían bien ― Creo que ya es hora de que pases por Marinette donde hace sus ejercicios de natación ¿O me equivoco? ― preguntó en un tono algo condescendiente, logrando que Adrien contuviera una carcajada.

Pues era más que bien sabido que a Gabriel Agreste no le había agradado para nada el que Marinette tomará aquella hora de ejercicio en la nueva piscina del gimnasio de Kagami Tsurugi, aunque ella no fuese la que le impartiera las lecciones.

No por que pensara que la historia se repetiría, pues él tenía el concepto de Marinette realmente claro. Si no más bien que en realidad se le hacía difícil aceptar el hecho de que alguien que en el pasado hiciese parte del dolor de su hijo formara también parte de su presente.

― Sí, está a punto de terminar, así que debo ir por ella ― mencionó levantándose de la silla en la que se encontraba.

― Bien, por favor no olvides mantenerme al tanto de cualquier detalle ― se limitó a decir, acomodándose el cuello de su camisa con elegancia.

Adrien sonrió para su padre, enternecido ante su preocupación.

― Lo mismo digo. Si sientes algun malestar no dudes en llamarme, estaremos aquí no importa la hora ¿De acuerdo?

Y con aquello dicho, Adrien se retiró del lugar sin dejar su sonrisa de lado, dejando a Gabriel del mismo modo.

En cuanto su hijo cerró la puerta de la oficina tras él, Gabriel abrió el cajón principal de su escritorio encontrándose con el único objeto que habia colocado en este.

Una pequeña cajita de terciopelo.

En cuanto la tuvo entre sus manos no tardó en abrirla, sintiéndose realmente dichoso al ver el contenido que guardaba con tanto recelo durante tantos años.

Recelo que poco a poco comenzó a desvanecerse ante la oportunidad de poder entregar aquello como Emilie hubiese deseado. Y aunque ella ya no estuviese presente, pareciera que el destino quería hacer la voluntad de su amada esposa.

Cuando tenga una nieta, le daré este dije como regalo. Aunque no tenga nada que ver con su nombre, se acordará de su abuela cada vez que lo use ― habían sido sus palabras una vez mientras veía jugar a su hijo a lo lejos con Chloé cuando apenas eran unos pequeños.

Él se había atrevido a cuestionar el cómo se encontraba tan segura de que en algun momento tendrían una nieta, recordándole como habia fallado al intentar adivinar el sexo de su bebé cuando se encontraba embarazada.

Aunque de cierta manera años atrás habia visto de forma bizarra lo que hubiese sido si Emilie tuviese razón en cuanto al sexo de su bebé en aquel entonces, en una presentación escolar donde Adrien había subido para presentarse junto con Nino, algo realmente extraño si se lo preguntaban.

Es una corazonada, además ¡No arruines mi ilusión por favor! Déjame pensar que será así ― fueron sus palabras mientras lo miraba inflando sus mejillas, como si de un berrinche se tratará.

Gabriel sonrió con melancolía. Poco a poco se acercaba el momento en el que cumpliría con ese deseo de su amada Emilie. Uno que pensó durante mucho tiempo que no podría hacer por diferentes motivos; desde sentir que el tiempo comenzaba a acabarse, hasta todo lo que involucraba a su hijo.

― En esta ocasión acertaste ― comentó al aire, observando el gran retrato que tenia de su esposa en el recinto ― Aunque en realidad este dije sí que tendrá que ver con su nombre, después de todo su nombre inicia con la misma letra que el tuyo.

[…]

A pesar de todo lo que había pasado ya entre ellos le era aún imposible no sentir su cuerpo temblar al sentir las manos sobre su piel desnuda a pesar de que la mirada que él le dirigía estaba completamente cargada de ternura.

Con el tiempo, Adrien poco a poco aprendió a tomarse ciertas libertades con ella debido a todo lo que se habia desarrollado entre ellos. La recorría con la mirada antes de entregarse mutuamente, le susurraba suaves palabras a su oído; todo esto sabiendo lo que provocaba en ella, haciendo todo aquello a propósito.

Y lejos de molestarle realmente le gustaba. No había dejado de ser un caballero, pero simplemente entendía que para ciertas cosas ya no era necesario una petición silenciosa.

El agua caliente que caía sobre su espalda pronto comenzó a parecerle realmente fría en comparación de su cuerpo.

Se encontraba debajo de la regadera, sentada en una silla especial que Adrien habia comprado para que no pasara más tiempo de lo necesario parada mientras se duchaba, actividad que cada vez más él insistía en acompañarla.

No simplemente por el mero hecho de tener un momento extra donde la pudiese ver al desnudo o sentir su piel contra la suya, sino porque también lo hacía por ayudarle para que no se esforzara de más.

El tiempo no habia pasado en vano, entrando prácticamente a los ocho meses de embarazo y el crecimiento de la vida en el interior de Marinette habían logrado que su abdomen se expandiera lo suficiente para que sus movimientos fuesen ligeramente limitados.

Y aquello no los podía hacer más felices. Pues, para Adrien, estar durante todo aquel periodo de cambio a su lado habia sido toda una experiencia que atesoraría en su mente así como en algunos videos que habia grabado con su teléfono móvil, para poder recordar aquellos momentos.

Para Marinette era una experiencia increíble el sentir como la vida se comenzaba a desarrollar en su interior, sintiendo los movimientos de su bebé así como disfrutando los malos ratos que le provocaba al intentar dormir de cierto lado, comprendiendo en cierto modo que su pequeña quizás heredaría esa mala manía de moverse demasiado al dormir, sintiéndose un poco culpable con Adrien.

Pero sólo un poco.

― Puedes bajar esta pierna ya Marinette ― le dijo con una voz suave, dejando la esponja que tenía entre manos en uno de los estantes que tenían dentro de la ducha donde se encontraban los diferentes shampoos que ambos ocupaban.

Ella asintió, bajando su pierna con cuidado de la rodilla de Adrien, quien se encontraba de cuclillas mientras ayudaba a tallar sus pies y piernas, pues a esa altura del embarazo ya le era realmente difícil y complicado.

― Gracias, realmente no podría hacer esto sin irme de frente ― atinó a decir sintiendo el color rojizo de sus mejillas aumentar ante una sonrisa burlona de Adrien, quien se acercó a ella para darle un par de besos sobre la última pierna que habia ayudado a lavar.

― Sabes que me gusta ayudarte en lo que me sea posible, además de que quiera o no esto viene con un plus para mí ― atinó a decir para después tragar saliva.

Le encantaba verla, de eso no había duda. La ternura lo invadía por completo, pero eso no quería decir que la pasión no existiera para él en esos momentos tan íntimos que compartían, más cuando la reacción de Marinette ante el tacto de sus manos en su cuerpo le daba a entender que en realidad ocurría lo mismo con ella. Después de todo, conocía a la perfección aquel olor que desprendía cuando el deseo comenzaba a invadirla, además se habia aprendido de memoria aquella acción de entrecerrar sus piernas con algo de fuerza de forma involuntaria.

Adrien se levantó de su posición, colocándose a un costado de ella para asegurarse de que ya no habia shampoo sobre la cabeza de Marinette, besando la coronilla de su cabeza mientras el agua caliente lo empapaba.

Si bien no era gran fan de esa temperatura a la larga habia terminado por acoplarse un poco, pero solamente un poco.

― Vamos a secarnos, seguro estas cansada ― le dijo mientras comenzaba a cerrar ambas llaves de la regadera.

Cuando el agua dejo de caer, Adrien tomó la toalla rosa pastel que habia colgado sobre la cortina del baño, comenzando a secar con cuidado el cabello de Marinette.

Habia adquirido un particular gusto por ayudarle en esas simples cosas, que aunque ella clamaba poder hacer sola todavía, a él le encantaba secar con delicadeza su espalda para después comenzar a bajar de forma lenta por todo su cuerpo.

No era la situación levemente erótica a la cual ello se podía prestar, sino a todo lo íntimo que conllevaban las acciones. Habían pasado por tantos cambios durante esos meses, que esas acciones se sentían realmente correctas así como algo que en realidad no se veían haciendo con ninguna persona más.

Algo que, en más de una ocasión habían dejado ellos en claro.

Cuando Marinette por fin estuvo seca, Adrien tomó su propia toalla de color azul marino para hacer lo mismo. Pero Marinette ya de pie, le habia arrebatado la toalla de la mano, sacándole la lengua de manera infantil para comenzar a secar su pecho y cuello.

Adrien interrumpió sus acciones con un beso sobre los labios, sonriendo ante la necesidad que con un simple beso ambos podían captar del otro.

Aun así, él tomó su toalla entre manos, logrando que ella hiciera un puchero realmente dramático.

― Vamos, que esto puedo hacerlo por mí mismo ― atinó a decir, intentando no reír al ver a Marinette cruzarse de brazos ― Pero, sí realmente quieres ayudarme hay algo que podemos hacer, pero tenemos que estar secos y en la cama, Nette ― agregó juguetón, recibiendo un golpe en su hombro de ella mientras fruncía el ceño, para después reír un poco, dándole de cierta manera la razón.

Además de que sabía que él no le permitiría encontrarse mucho tiempo parada, o que su actividad recreativa fuese en una posición poco cómoda o segura para ella.

Cosa que entendía, su embarazo debía ser tratado con cuidado.

Pero eso no le quitaba lo frustrante que podía ser en ocasiones el tener que encontrarse la mayor parte de su día sentada o acostada. Al ser una mujer realmente activa, aquello realmente lograba ponerla de nervios al menos una vez a la semana; según Alya y su madre tampoco es que las hormonas ayudaran mucho a tener un buen humor.

Deseaba con todo su ser tener ya a su bebé en brazos, para poder conocerla y llenarla de amor, si también para ser capaz de volver a realizar sus actividades del día a día.

Claro, durmiendo menos de lo necesario.

Se dejó caer sobre la cama, envuelta solamente con una bata color melón, esperando que Adrien saliera del baño, mientras acariciaba su vientre con delicadeza.

― ¿Crees que me despertaré al escucharte llorar por las madrugadas, Emma? ¿O tu papá tendrá que despertarme? ― preguntó en voz alta.

Si bien, antes cuando se encontraba sola tenía la manía de hablar consigo misma, conforme el embarazo comenzaba a progresar comprendió que su bebé escucharía todo lo que ella dijera, y aunque no comprendiera las cosas, era una forma de que comenzara a relacionar su voz.

Por aquella razón, dejo de sentirse sola incluso cuando no habia nadie a su alrededor. Técnicamente ya no estaba hablando sola, si lo pensaba bien.

― Creo que Emma tendría que tener unos pulmones muy fuertes para un bebé para que te despiertes, así que creo que será la segunda opción ― Marinette sonrió ante el comentario de Adrien, girando su vista hacia la puerta de baño de donde él habia salido, siendo cubierto de la cintura para abajo con su toalla.

Es de mala educación espiar conversaciones privadas ― le dijo ella con una sonrisa, logrando que Adrien suspirara derrotado.

― Mis disculpas por interrumpir una conversación de señoritas ― una mueca de lamento se formó en su rostro, claramente fingida mientras se acercaba hasta la cama, dejándose caer a un costado de Marinette, cosa que la hizo brincar un poco debido al movimiento del colchón ― Entonces ¿Estas cansada por nadar? ― preguntó con algo de inocencia fingida, haciendo soltar una risa a Marinette.

― Un poco, sí ― admitió con pena ― Pero prometí ayudarte con algo, y yo no retrocedo a mi palabra ― ese fue el turno de Adrien de reír ante las palabras citadas por ella con algo de irreverencia, acercándose un poco más a ella para plantarle un beso en la frente.

― Marinette Dupain-Cheng citando una frase de Naruto, ¿Acaso es este el fin del mundo? ― preguntó de forma retórica.

Ante ello, Marinette rodó los ojos.

― Si no puedes contra ellos, úneteles ― se limitó a decir, colocándose de lado para apegarse un poco más al cuerpo de él, sintiendo como una protuberancia rosaba con la parte baja de su abdomen, haciéndola cerrar los ojos.

Adrien maldijo levemente por lo bajo, realmente el embarazo no había bajado el libido que ambos podían tener juntos cuando las cosas iniciaban entre ellos, pero era especialmente cuidadoso para no lastimar a Marinette.

No es que en el pasado hubiese actuado de forma salvaje con ella, cada uno de sus intentos los guardaba en su memoria debido a lo dulces que eran sin dejar de lado la sensualidad.

Ambos realmente se acoplaban bien al otro sin necesidad de ser frenéticos; se dejaban llevar, disfrutando cada caricia dada.

― Si estas cansada, por más que lo desee, sabes que no es necesario Nette ― soltó con ternura, observando sus mejillas sonrosadas ― Ondine le comentó a Kagami que hoy te notó más cansada de lo usual.

― Es porque he dormido poco, se los explique, así como también aclare que no es del todo tu culpa, pero las cosas están bien ― antes de que pudiera continuar, Marinette soltó un bostezo que logró que un par de lágrimas se colocaran en sus ojos debido a lo agotada que se encontraba.

Por su parte, Adrien no pudo evitar sonreír enternecido ante el gesto de ella. Sabía que no estaba pasando por sus mejores noches, lo sabía al sentirla moverse más de lo normal en una noche cualquiera.

― ¿No suena más tentador para ti, quedarnos así abrazados y dormir sin preocuparnos ponernos la pijama? ― preguntó él, dedicándose a acomodar con cuidado una almohada debajo de la cabeza de ella ― Mañana es mi día de descanso, podemos levantarnos hasta tarde y hacer todo lo que nos plazca antes de que Mireille venga para la revisión de los patrones de la que me hablabas hace rato.

Muy en el fondo, Marinette deseaba golpearlo por ser tan increíblemente comprensivo, así como un verdadero idiota, sintiéndose confundida. Pues, sí, se sentía lo suficientemente cansada como para dormir después de aquella relajante ducha, pero también sentía dentro de sí el deseo de perderse entre sus caricias y escucharlo murmurar su nombre entre suspiros.

Sus ojos no se habían abierto, considerando sus opciones. Pero en cuanto sintió como los dedos de Adrien se comenzaban a perder en su cabello, realmente lo maldijo por lo bajo haciéndolo soltar una risa.

― Bien, concuerdo contigo sólo si continuas peinando mi cabello así ― se limitó a decir en un murmullo, sintiendo como su cuerpo se comenzaba a relajar.

Adrien depositó un suave beso en los labios de Marinette como una respuesta afirmativa, limitándose a observar su rostro mientras ella poco a poco caía dormida.

Era increíble como un momento dulce con ella podía tornarse completamente erótico y de repente volver a ser algo increíblemente tierno.

Así que, acomodándola entre sus brazos (posición que sabía que duraría solo un momento, pues Marinette no podía mantenerse quieta al dormir y mucho menos a esa altura del embarazo) se permitió cerrar los ojos disfrutando de la acompasada respiración de ella.

― Adrien ― le llamó Marinette, con la voz levemente adormilada.

― ¿Qué ocurre, Nette? ― preguntó sin abrir sus ojos, sintiendo como las manos de ella se colocaban sobre su pecho desnudo.

El silencio volvió a la recamara durante unos segundos, cosa que le hizo pensar que ella ya habia terminado por caer rendida ante el sueño.

Pero al sentir la suavidad de sus labios presionarse sobre los suyos de forma fugaz, para después separarse y acunar su cabeza debajo de su mentón supo que aquello no habia ocurrido aun.

― Te quiero, Adrien ― le escuchó decir con suavidad, logrando que su corazón se acelerara con fuerza.

No era la primera vez que la escuchaba decirle eso, pero cada vez que aquello ocurría sí que sentía en su corazón como si en efecto fuese la primera vez que lo escuchaba.

― Yo también te quiero, Marinette ― respondió con parsimonia, sintiéndose completo al pronunciar aquellas palabras.

Para ambos era más que obvio que esas palabras se habían quedado bastante pequeñas ante sus sentimientos. Aun así, escucharlas era el intentar englobar todo lo que ocurría entre sus corazones, siendo más que suficiente.

Permitiéndose dejar llevar por la corriente mientras sus ojos continuaban cerrados, para alcanzar el sueño por fin.

Perdiéndose en los recuerdos de cómo habían llegado hasta ese punto mientras sentían la calidez del otro, escuchando la respiración armoniosa de quien habían elegido para dejar que sus sentimientos se dedicaran a crecer, pues era lo único que necesitaban.

Risas compartidas durante su primer charla civilizada frente a las puertas del instituto, siempre metiéndose en problemas continuamente el uno por el otro así como miradas cómplices para cumplir sus objetivos; todo aquello resumido en poco más de la mitad de su vida.

Cometiendo errores a la par así como levantándose al mismo tiempo. Persiguiendo sus metas que por más distantes que podían parecer nunca habían marcado una brecha entre ambos.

Compartiendo más que gustos o sueños, compartiendo secretos y melancolías así como los momentos más increíbles de su vida.

Empujándose mutuamente para ser capaces de superarse a sí mismos, así como las cargas del pasado.

Quizás solo necesitaban un poco más de tiempo para poder encontrarse de esa forma y poder sentirse plenos con un sentimiento que difícilmente podían poner en palabras, pues era más de lo que ambos habían vivido anteriormente, sintiéndose dichosos por admitirlo para sí, al igual que poder ver el mismo pensar en los ojos del otro.

Sintiéndose orgullosos de su elección aquella noche en ese mismo departamento; pues si algo habían aprendido era que las cosas extrañas eran mucho mejor cuando ambos estaban lado a lado, y aquel plan no fue la excepción.

― Hey ― Adrien frunció el ceño al sentir una repentina humedad, abriendo poco a poco los ojos a pesar de encontrarse completamente dormido. Confundido, poco a poco los fue abriendo, observando simplemente a Marinette a un costado suyo. No se habia movido durante parte de la noche, cosa que le sorprendió en cuanto cayó en cuenta de ello.

Se sintió confundido al sentir parte de las sabanas de la cama humedecidas, preguntándose si alguno de los dos habia tenido algun accidente.

Con somnolencia aun, acercó su rostro hasta la parte que sus manos tanteaban como parte de la camada cubierta de líquido, esperando encontrarse con un olor desagradable propio del orina. Pero esto no fue así.

De hecho, olía extrañamente dulce si se lo preguntaban.

― Marinette, despierta ― le llamó Adrien, moviendo levemente el hombro de ella, por lo cual recibió un mohín por respuesta. Se inclinó levemente a la mesita de noche, prendiendo la pequeña lámpara ― Marinette ¿Te levantaste y derramaste agua de sandía sobre las sabanas? ― preguntó tallando sus ojos con una mano, mientras que con la otra continuaba moviéndola con delicadeza.

Un suspiro pesado salió de los labios de Marinette, mientras poco a poco comenzaba a abrir los ojos.

― ¿Agua de sandía? ― preguntó aun con la boca entumecida ― Adrien, no he preparado agua de sandía ― contestó levemente irritada, para después caer en cuenta de lo extraña que se sentía la cama ― Dime por favor que ninguno de los dos tuvo un accidente ― pidió levemente angustiada, llevándose una mano hasta su rostro para cubrir sus ojos de la luz.

― No, no huele a un accidente de ese tipo ― comentó con algo de ironia, para después observar el final de la bata de Marinette.

Si bien, gran parte de la cama mostraba una gran mancha de humedad, ahí era justamente donde se podía apreciar aún más. Así que sin miramientos dirigió su mano hasta ahí para comprobar si aquello provenía de Marinette.

― ¿Adrien? ― lo llamó ante la extraña acción de él, pues de repente pareció palidecer al caer en cuenta de algo.

Aquel líquido que había terminado por humedecer la cama mientras dormían provenía de Marinette, y en definitiva no era orina.

― Has roto fuente ― susurró por lo bajo con un toque de temor en su voz.

Ella abrió los ojos por la impresión, reincorporándose de la cama para observarlo.

― No, hey, es imposible, faltan semanas, además no he sentido dolor alguno ― intentó calmarlo, tomándolo del rostro ― Quizás es la incontinencia urinaria, tener un bebé que aplane tu vejiga provoca eso y ― pero vio negar a Adrien, guardando silencio.

― Marinette, no todas las mujeres inician con contracciones, y estoy seguro que esto no es un accidente de incontinencia ― le explicó, tomando su rostro entre sus manos ― Ahora lo que tenemos que hacer es estar tranquilos, llamarle a Rose e ir al hospital. Si me equivoco, lo sabremos, pero debemos movernos ahora ― pidió en un hilo de voz, observando la preocupación en los ojos de Marinette.

― ¿Y si no te equivocas? ― preguntó ella en un susurro, sintiendo como de pronto su mandíbula comenzaba a temblar.

El dudó durante unos segundos.

Marinette estaba en su semana treintaicinco apenas. Varias semanas antes del aproximado que Rose le habia dado para comenzar con lo que sería su parto.

Meditó sus palabras pues si bien se encontraba siendo presa del pánico debido al posible nacimiento prematuro de su hija, Marinette seguramente la estaría pasando peor que él. En esos momentos, debía permanecer en una pieza por ella.

― Si no me equivoco, tendremos a Emma con nosotros pronto.

[…]

.

.

Y con este capítulo, comenzamos con la cuenta regresiva hacia el final. La semana pasada comenté que, el final estaría entre "3 o 4 capítulos" y después de hacer la revisión a los borradores, en realidad serán tres con un breve epilogo, este siendo el primero de estos, quedando dos por venir, cosa que la verdad me ha dado mucha nostalgia y que hizo que alguien que sigue la historia me enviara un mensaje súper especial que me conmovió bastante.

Siempre les agradezco por todo, por seguir aquí y por apreciar los pequeños detalles que le pongo capitulo con capitulo. Es realmente impresionante todo el cariño que esta historia recibe, y eso me llena porque todo lo plasmado aquí es bastante personal. Y que se lleven bonitas reflexiones me hace el día por completo. Realmente, agradezco todo lo que me dan por estos escritos imperfectos pero llenos de mi amor.

Ahora bien, ya sin lloriqueos y al capítulo.

Al principio podemos ver como Nathalie está empeñada a tragarse vivos a los ejecutivos de otras compañías que no entienden un no por respuesta mientras es observada por Gabriel y Adrien. Nathalie está verdaderamente comprometida a ayudar a Marinette, y sí, durante el tiempo que trascurre del ultimo capitulo a este (Que son un aproximado de cuatro meses) ella logró resolver el asunto de la exclusividad que tanto tenia estresada a Marinette, por eso ahora se le puede ver más relajada y a Adrien cumpliéndole el asunto de ayudarle a lavarse las piernas (¡Admito que moría por escribir esa parte!) Pero aun así, los ejecutivos son insistentes y quieren llevarse lo mejor antes que sus competencias, por eso el comentario de Nathalie acerca de que Marinette es quien decide a quien le vende, además de que obvio deja los mejores diseños para ella, ¡la Marinette tiene que crecer con su boutique! (De hecho, como Gabriel menciona algo de ir a buscarlos hasta Alemania es porque la cede de Hugo Boss está allá jajaja)

También podemos ver que Gabriel entiende en el punto en el que se encuentran Adrien y Marinette, entendiéndolo perfectamente. Adrien, por su parte tenía el temor a la típica presión de "Si han decidido estar juntos, cásense", cosa que realmente no le dan tanta importancia o lo ven como una necesidad. Además de que tienen un lindo momento padre e hijo siendo "chismisillos", incluyendo el hecho que el dije que en vaaaarios capítulos anteriores Gabriel habia estado admirando era un dije de Emilie ¡Uno que ella deseaba regalarle a su hipotética nieta! Pues, como Gabriel recuerda, su esposa pensó que tendrían una niña según sus instintos "maternales" que al final de cuenta le fallaron, y a pesar de amar con todo su corazón a su hijo, el deseo de tener una nena a quien consentir quedó ahí.

Aunque, como bien recuerda Gabriel, aquel "espectáculo" de su hijo como Christina Aguilera quizás le habia dado la razón a su esposa por unos minutos (Quedo algo traumadito, déjenlo). Así que está por demás decir que el abuelo Gabriel está feliz de que el bebé sea niña, y de cierta culpa piensa que alguna divinidad le cumple el capricho a su esposa.

Y bien, realmente necesitaba poner ya algo más fluff de nuestra pareja central. Siendo tontos juntos, haciendo conexión en todo aspecto y como se menciona; pasando de lo "erótico a lo dulce" sin miramientos. Lamento a aquellos que pensaban que pasaría algo más, debido al deseo inminente de ambos, pero en ocasiones a una mujer embarazada le gana más el cansancio que el libido, y por más que Adrien deseaba que algo ocurriera, comprende que Marinette se encuentra agotada (Si, se agota sin hacer mucho mi niña)

Y ahora, confirmando la parte final del capítulo; Sí, Marinette ha roto fuente, y como Adrien menciona (Que, es el que más se ha informado del embarazo) no siempre el parto empieza con "contracciones", en este caso al ser esto a las 35 semanas es un nacimiento prematuro, pues lo normal radica aproximadamente entre las 38 y 40 semanas de embarazo (El límite de un embarazo es de 42, pero ahí es donde se considera peligroso).

No, no hago de Emma un bebé prematuro para hacerlos sufrir, sino más bien por qué tiene sentido con el asunto de la endometriosis de Marinette. Las mujeres que tienen estos problemas tienen altos riesgos de partos prematuros, muy altos.

Podemos ver que Adrien aprendió algo, esto es debido a la actitud que tomó Kagami con él cuando lo llevó al hospital. Sabe que si entra en pánico y se pone como un gato asustado no servirá de nada, más cuando Marinette necesita que él se mantenga fuerte en esta ocasión y él no le va a fallar.

Viene un nacimiento bastante esperado.

Y es curioso, porque al final los tiempos me dieron como quería. El nacimiento de Emma se efectúa en la semana 35 de gestación de Marinette, y esto lo cubriremos durante el capítulo 35 ¡Yay!

Ahora, enlisten sus pijamas quirúrgicas para el próximo capítulo, donde, probablemente, las enfermeras terminen atendiendo a dos personas a la vez si Adrien termina en el suelo.

¡Esto ha sido un gran recorrido, pero me pone feliz de haberlo hecho a su lado!

Un gran beso y, lamenten actualizar hasta esta hora. Era mi única hr disponible para hacerlo, pues tenía tarea que hacer (Oh boy final de semestre).

Hasta la siguiente semana, mis chiquitos puerquitos.

Fun fact: El líquido amniótico (que es lo que sale cuando la "fuente se rompe" no huele feo, en ocasiones no huele pero su olor característico es algo dulce debido a todos los nutrientes que carga)