Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.
La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.
Capítulo 34
-Esto se está convirtiendo en una escena excesivamente habitual -rugió Edward enfadado, al enfrentarse a Bella en el momento en que cruzó el umbral de la habitación de Nessie-. Llevo horas paseando por la habitación sin saber dónde demonios estás.
Sin aliento, Bella cruzó rápidamente el dormitorio y, cautelosamente, se sentó en el borde de la cama. Nessie estaba durmiendo, pero se veían huellas de lágrimas en sus mejillas.
-Lo siento. Esme me ha dicho que tuvo otra pesadilla.
La madre de Edward la estaba esperando en la entrada cuando llegó.
Edward parecía encontrarse mucho más agitado que Esme. Su rostro mostraba preocupación y cansancio, y tenía el cabello despeinado. -Ocurrió hace más o menos una hora, poco después de dormirse.
-¿Recordó algo?
-No -contestó con voz entrecortada-. Sus propios gritos la despertaron.
Bella acarició el cabello de la niña y murmuró: -Debería haber estado aquí.
-Y tanto que sí. Te llamaba a gritos. ¿Dónde estabas?
-Tenía recados que hacer. -El tono de voz imperativo de Edward la irritaba, pero en aquel momento le interesaba más la niña que discutir con él-. Me quedaré con ella ahora.
-No puedes. Los hombres de Wakely and Foster están aquí.
-¿Quién?
-Los consejeros que hemos contratado para llevar la campaña. Nuestra reunión quedó interrumpida por la pesadilla de Nessie, y el tiempo de esta gente es caro. Les hemos hecho esperar más que suficiente.
La condujo a través de la habitación hacia una de las puertas que daban al patio central. Bella se detuvo en seco.
-¿Qué es lo que más te irrita, Edward, la pesadilla de tu hija, o hacer esperar a esta gente tan importante?
-Por favor no empeores mi mal humor, Jessica -le susurró con los dientes entrecerrados-. Yo estaba aquí para tranquilizarla, tú no.
Le dio la razón mirando culpablemente a otro lado.
-Pensé que te oponías a utilizar consejeros profesionales en la campaña.
-Cambié de idea.
-Te la cambiaron Jasper y Emmett.
-Ellos dan sus opiniones, pero yo tomo las decisiones finales. En cualquier caso, están aquí, esperando para discutir las estrategias con nosotros.
-Edward, aguarda un momento -dijo, y le colocó como freno una mano en el pecho cuando él hizo el ademán de seguir adelante-. Si no te sientes cómodo, sólo tienes que decir que no. Hasta ahora, tu campaña se ha basado en ti; en lo que eres y en lo que defiendes. ¿Qué pasa si esos llamados expertos intentan cambiarte? ¿No te sentirás diluido, homogeneizado? Incluso los mejores consejeros pueden equivocarse. Por favor, no te dejes presionar para hacer algo que no deseas.
Edward le retiró la mano de la camisa.
-Si pudieran presionarme para hacer algo, Jessica, me hubiera divorciado de ti hace mucho tiempo. Eso fue lo que me aconsejaron qué hiciera.
A la mañana siguiente, salió de la bañera y se cubrió descuidadamente con una toalla de baño. Mientras estaba delante del espejo, secándose el pelo con la toalla, le pareció ver un movimiento en la habitación a través de la puerta parcialmente abierta. Lo primero que se le ocurrió fue que era Alice. Abrió la puerta de golpe, pero retrocedió de inmediato.
-¡Emmett!
-Lo siento, Jessica. Pensé que me habías oído llamar.
Estaba bastante apartado de la puerta del dormitorio. Si hubiera llamado, ella no le hubiera dado permiso para entrar. Mentía. No había llamado. Más enfadada que avergonzada, se volvió a cubrir con la toalla.
-¿Qué quieres Emmett?
-Bueno..., los chicos dejaron esto para ti.
Sin dejar de mirarla, lanzó una carpeta de plástico sobre la cama. Su mirada intensa hacía que Bella se sintiera incómoda. Era una mirada lasciva y, al mismo tiempo, incisiva. La toalla de baño le dejaba los brazos y las piernas al desnudo. ¿Detectaba la diferencia entre su cuerpo y el de Jessica? ¿Sabía qué aspecto tenía el cuerpo de Jessica?
-¿Qué chicos? -preguntó, intentando por todos los medios no mostrar su desasosiego.
-Los de Wakely and Foster. No tuvieron oportunidad de entregártelo anoche antes de que salieras de la habitación dando un portazo.
-No salí de la reunión dando un portazo. Me marché para vigilar a Nessie.
-Y no volviste hasta que se hubieron marchado. -Ella no le ofreció ni una disculpa ni una negativa-. No te cayeron bien, ¿verdad?
-Ya que lo preguntas, te diré sinceramente que no. Me sorprende que a ti sí.
-¿Por qué?
-Porque te están usurpando el puesto.
-Ellos trabajan para nosotros, y no al revés.
-Eso no es lo que me pareció a mí. Eran déspotas y mandones. Yo no respondo a ese tipo de comportamiento, y me sorprenderá mucho si Edward llega a tolerarlo durante mucho tiempo.
Emmett se echó a reír.
-Dados los sentimientos que tienes hacia ellos y hacia sus dominantes consejos, te va a resultar difícil tragarte esto.
Señaló los papeles. Curiosa, Bella se acercó a la cama y recogió la carpeta. La abrió y hojeó las primeras páginas.
-Una lista de consejos para la esposa del candidato.
-Exactamente, señora Cullen.
Bella dio un carpetazo y volvió a lanzar los papeles sobre la cama. Emmett volvió a reírse.
-Me alegro de ser sólo el chico de los recados. Jasper se enfadará mucho si no lees y digieres todo lo que ahí se dice.
-Jasper puede irse al infierno. Y tú también. Y todos los que quieren convertir a Edward en un besaniños, en un autómata de plástico que tiene mucha labia, sí, péro que no dice nada que valga la pena escuchar.
-Te has convertido en una verdadera defensora de Edward, ¿eh? De repente eres su aliada más fiel.
-Exactamente.
-¿A quién demonios crees que estás engañando, Jessica? -Soy su esposa. Y la próxima vez que quieras verme, Emmett, llama un poco más fuerte.
Dio un paso hacia ella, agresivo y con el rostro congestionado por la ira.
-Puedes fingir todo lo que te dé la gana delante de los demás, pero cuando estemos solos...
-Mamá, te he hecho un dibujo.
Nessie entró dando saltos y agitando una hoja de papel. Emmett le lanzó a Bella una mirada furiosa, dio media vuelta y salió de la habitación a grandes zancadas. Ella se felicitó por lo bien que había aguantado la situación, pero sus débiles rodillas se combaron y se dejó caer sobre el borde de la cama, sosteniendo con fuerza a Nessie contra su pecho. Presionó los labios contra la frente de la niña. Hubiera resultado difícil dilucidar quién estaba reconfortando a quién.
-Mamá.
-¿Qué has dibujado? Déjamelo ver. -La soltó y examinó los trazos llenos de colorido que Nessie había dibujado-. ¡Es estupendo! -exclamó, con una sonrisa temblorosa.
A lo largo de las semanas posteriores a la visita con el doctor Webster, Nessie había hecho grandes progresos. Poco a poco estaba saliendo del cascarón en el que se había refugiado. Su mente era fértil. Su pequeño y robusto cuerpo parecía imbuido de energía. Aunque la confianza en sí misma seguía siendo frágil, no parecía tan quebradiza como antes.
-Es papá. Y aquí está Shep -explicó, señalando una mancha azul oscura sobre el papel.
-Ya lo veo.
-¿Puedo tomar un chicle? Mona me dijo que te lo preguntara a ti.
-Sólo un trozo. No te lo tragues. Tráemelo cuando ya no quieras más.
Nessie le dio un beso sonoro.
-Te quiero, mamá.
-Yo también te quiero.
Volvió a darle un fuerte abrazo, y lo mantuvo hasta que la niña se desembarazó de ella y salió corriendo en busca de su chicle. Bella la siguió hasta la puerta y la cerró. Consideró la idea de cerrar con llave. Había ciertas personas en la casa de las que preferiría mantenerse alejada.
Pero estaban aquellos otros que esperaban encontrarla puerta abierta. Nessie, uno de ellos. Y Edward.
Marco abrió una lata de atún y se la llevó a la consola de los vídeos. Por fin su estómago le había comunicado a su cerebro que uno necesitaba alimentarse para permanecer con vida. De otro modo, hubiera permanecido tan absorto en lo que estaba haciendo que no se habría acordado nunca de comer. Se llevó trozos de pescado aceitoso a la boca mediante el uso de una cuchara razonablemente limpia.
Sujetó la cuchara con la boca y utilizó ambas manos para, a un mismo tiempo, expeler una cinta de uno de los aparatos e insertar una cinta nueva en otro. En esa materia funcionaba como un pulpo bien coordinado.
Colocó la primera cinta en su caja etiquetada y concentró toda la atención en la que empezaba. Las barras de colores aparecieron en la pantalla y, a continuación, la cuenta atrás.
Se tragó el bocado que había mantenido en la boca, le dio una chupada al cigarrillo, tomó un trago de whisky, se sirvió otro bocado de atún, se reclinó en su silla de despacho y apoyó los pies en el borde de la consola.
Estaba mirando un documental que había grabado unos años atrás para una cadena de Des Moines. El tema era la pornografía infantil. La suya no era la versión suavizada y ya editada que se emitió para los telespectadores, sino su copia personal, la que contenía todas las imágenes grabadas a lo largo de doce semanas de ir detrás de un productor, un periodista y un técnico de sonido. Era tan sólo una más entre los centenares de cintas que conformaban su archivo personal.
Hasta ese momento, ninguna de las que ya había pasado justificaba la inquietante idea de que había visto anteriormente a alguien del séquito de Cullen, y no precisamente al hombre canoso que tanto preocupaba a Bella. Marco ni siquiera estaba seguro de qué era lo que buscaba, pero tenía que empezar por algún sitio. No desistiría hasta encontrarlo, fuera lo que fuese. Mientras no tuviera que reincorporarse a la campaña de Cullen, no tenía nada mejor que hacer, excepto perder el tiempo.
Y eso podía hacerlo más adelante.
-¿Dónde está Jasper? -preguntó Carlisle desde donde presidía la mesa. .,
-Tuvo que quedarse trabajando -contestó Edward-. Me dijo que no lo esperáramos para cenar.
-Parece que nunca estarnos todos juntos, al menos a la hora de cenar -comentó Carlisle frunciendo el ceño-. Rosalie, ¿dónde está Alice?
-Está..., está...
Rosalie no encontraba palabras nunca cuando se trataba del paradero de su hija.
-Seguía en la sede de la campaña cuando yo me marché -dijo Edward, intentando socorrer a su cuñada.
Emmett les dedicó una sonrisa a sus padres.
-Está trabajando muchas horas allí, ¿verdad, mamá? Esme le devolvió una sonrisa tímida.
-Le dedica más tiempo del que me esperaba.
-El trabajo le ha ido bien.
-Es un principio -gruñó Carlisle.
Bella, sentada enfrente de Emmett, guardó silencio. Dudaba mucho de que Alice estuviera trabajando todas las horas que se pasaba en la sede. Parecía ser la única que daba importancia al hecho de que muy frecuentemente Alice y Jasper llegaran tarde juntos.
Nessie pidió que le ayudaran a ponerse mantequilla en el pan. Cuando Bella hubo terminado y levantó la cabeza, sorprendió a Emmett observándola. Él sonrió, como si los dos compartieran un secreto. Bella apartó rápidamente la vista y se dedicó a su comida, mientras la conversación continuaba alrededor.
Alice llegó pocos minutos después y se dejó caer en la silla, con una disposición de ánimo tan amargada como la expresión de su rostro.
-¿No tienes una palabra educada para nadie? -preguntó Carlisle severamente.
-Dios, coliflor -farfulló, empujando la bandeja hacia el otro extremo de la mesa.
-No permitiré esa clase de lenguaje -rugió Carlisle.
-Lo había olvidado -contestó con aspereza.
El rostro de Carlisle se encendió.
-Ni tampoco voy a aguantar tu insolencia. -Le dirigió una mirada significativa a Emmett, que bajó la cabeza, y a Rosalie, que extendió el brazo para tomar su copa de vino-. Compórtate como una persona educada. Siéntate bien y cómete la cena.
-Nunca hay nada decente para comer en esta casa -se quejó Alice.
-Deberías avergonzarte, Alice.
-Lo sé, lo sé, abuelo; todos esos niños hambrientos en África. Ahórrate el sermón, ¿de acuerdo? Me voy a mi habitación.
-¡Te quedarás donde estás! -bramó-. ¡Eres un miembro de la familia y, en esta familia, todos cenan juntos!
-No hace falta que chilles, Carlisle -dijo Esme-, tocándole la manga de la camisa.
El rostro de Alice se hinchó. Miró a su abuelo con rebeldía y a sus padres con odio, pero permaneció sentada.
Como si nada hubiera ocurrido, Carlisle retomó la conversación donde la había dejado al comparecer Alice.
-El equipo de Wakely and Foster está preparando otro viaje para Edward.
Impartía la información en beneficio de las mujeres, que no lo sabían aún. Bella miró a Edward.
-Acabo de enterarme esta tarde -se defendió él- y no tuve tiempo de comunicártelo antes de cenar. Ya te darán los horarios. ¿Adónde vamos?
-Prácticamente a cada rincón del Estado.
Esme se pasó la servilleta por la boca y preguntó: -¿Cuánto tiempo estaréis fuera?
-Poco más de una semana.
-No te preocupes por la niña, Jessica -dijo Carlisle-. El abuelo se ocupará de ella. ¿No es así, Nessie?
Ella le sonrió y asintió con la cabeza, pues nunca le importaba quedarse con ellos. Normalmente, a Bella no le hubiera preocupado dejarla, pero Nessie había tenido otra pesadilla la noche anterior, la segunda en una misma semana. Si estaba a punto de hacer algún progreso, no quería encontrarse lejos de ella. Quizá pudieran llevársela de viaje. Era algo que tenía que discutir con Edward antes de ultimar los planes.
Jasper apareció de pronto bajo el arco de la entrada del comedor. Mona, que estaba recogiendo los platos, le dijo que le había guardado la cena caliente.
-La traeré enseguida.
-No te preocupes. -Recorrió la mesa con la mirada, tomando buena nota de los allí presentes-. Tendré que cenar mas tarde. El humor de Alice mejoró considerablemente. Una luz se encendió en sus apagados ojos y la mueca de disgusto se convirtió en una sonrisa. Se sentó erguida y lo miró con admiración y deseo. Jasper empezó a decir-: No me gusta tener que estropearos la cena a todos...
Con la mano, Carlisle restó importancia a sus palabras. -Pareces preocupado.
-Eso sí que era un eufemismo, pensó Bella, pues Jasper estaba rebosante de ira.
-¿Qué ha ocurrido? ¿Hemos descendido estrepitosamente en los sondeos de opinión?
-¿Pasa algo malo?
-Me temo que sí -contestó Jasper, eligiendo responder a la pregunta de Esme-. Ralph y Dirk están conmigo, pero les he pedido que esperasen en el salón hasta que tuviera la oportunidad de hablar con la familia en privado.
Ralph y Dirk eran los dos hombres de Wakely and Foster que se estaban ocupando de la campaña de Edward. Sus nombres se mencionaban a menudo en las conversaciones. A Bella le aterrorizaba oír hablar de ellos, porque normalmente respondía de un modo negativo a cualquier cosa que se dijera a continuación.
-¿Y bien? -preguntó Carlisle, impacienté-. Mejor será enfrentarse a las malas noticias.
-Se trata de Jessica. -Todas las miradas se centraron en ella, en el lugar que ocupaba entre Edward y Nessie-. Su médico abortista está a punto de contarlo todo.
Pobre Bella, sera que en algún momento no tendrá que lidiar con los líos que hizo Jessica?
凸(^_^)凸
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Actualizo el miercoles 13 o jueves 14!
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#Andre!#
