Capítulo 20 tercera parte: Más noches de locura y otro divertido final.
Previamente, en el anterior:
… —Vegeta dio varios pasos atrás para apartarse de Bulma, sintiendo en el estómago un leve calorcito que no tenía nada que ver con el hambre… ¿qué le estaba pasando?—. ¡Aléjate de mí! —espetó levemente asustado y, antes de otra cosa, salió corriendo con rumbo al hotel como alma que lleva el diablo.
Trunks se quedó estático por una fracción de segundo, considerando si sería adecuado seguir a su padre. Pero, pensándolo mejor, tal vez él quisiera estar solo, así que se acercó a Pikoro soltando un leve suspiro de pesadez. El namek ya no pudo ocultar la sonrisa que se le había dibujado en el rostro, animado por la presencia del adolescente.
Falta muy poco para que seas concebido en este tiempo, Trunks, máximo unos tres meses si mis cálculos son precisos —detalló en voz baja sin que el joven se lo pidiera.
¿Usted lo cree así? —le cuestionó el muchacho con gesto de duda—. A mí me parece increíble el pensar que terminaron juntos, e incluso puedo afirmar que mi padre no tiene la menor intención de estar cerca de mi madre.
Eso nos quieren hacer creer a todos, pero es más que evidente que no tardan en dar el mal paso —respondió Pikoro con una sonrisita socarrona.
El mozo no dijo nada más y miró hacia donde su progenitora, tratando de imaginar que nuevo proyecto se le ocurriría ahora; estaba casi seguro de que Bulma ya no se animaría a nadar sin Vegeta presente, y menos porque éste se atrevió a criticar negativamente su sugerente bikini.
En tanto la mencionada dama se había quedado con un gesto de incomprensión en el rostro, sin saber qué hacer. Y ni qué decir de Yamcha, Milk y Gohan, los cuales también parecían sorprendidos por lo acontecido.
Menos mal que ya se fue —dijo Milk después de medio minuto de azoramiento, recuperando el gesto de enojo al mirar una vez más a su amiga—. Bulma, deberías hacerle caso al gorila ese y ponerte algo más decente encima —le indicó firmemente, tapándole los ojos a su hijo una vez más.
Mamá… —Gohan se sintió un poco abrumado por eso… caramba, no era un sinvergüenza como el maestro Rōshi ni mucho menos. Aun no alcanza la edad de la punzada.
Pero ella no le hizo caso y se dirigió hacia su amigo de alborotada cabellera en picos, el cual continuaba con la mirada perdida en la redondez de la luna.
Dime una cosa, Gokú, ¿tú crees que…? —le preguntó, más, en vista de que el despistado Saiyajin no parecía querer volver a Tierra, desistió de saber su opinión. Además…
¡Bulma, deja a MI Gokú en paz! —le espetó una enfurecida Milk y, olvidándose de Gohan, se colgó por enésima ocasión del brazo de su consorte sacudiéndolo intempestivamente, pero ni así consiguió hacerlo reaccionar.
Vamos, Milk, no tienes por qué enojarte —le dijo la científica con calma aguantando las ganas de poner los ojos en blanco. Al momento se volvió hacia donde Pikoro y Trunks se hallaban, preguntándole al namek con cortesía—. ¡Oye, Pikoro!, ¿tú podrías darme tu opinión sobre…?
¡A mí no me metas en tus asuntos, no me interesa! —antes de dejarle terminar el verde alienígena le espetó su negativa… le desagradaba en sobremanera que lo tomaran por un vulgar asesor de moda.
Pero que genio tan feo… —obvio que a la dama tampoco le agradó que le contestaran de esa forma.
Oye, Bulma, ¿por qué no me preguntas a mí? —Yamcha se sintió ofendido de ser ignorado, así que le hizo el cuestionamiento a su ex sin disimular su desilusión. Más la joven genio prefirió encaminarse hacia la alberca, donde Krilin, Oolong, Puar, Ten Shin Han y Chaozu hacía todo lo posible por reanimar a Kame Sen'nin una vez más.
¡Yujú!, oye, Ten Shin Han, me gustaría tanto escuchar tu opinión sobre mi bikini nuevo —le dijo al guerrero de los tres ojos sonriéndole abiertamente. Por lo menos deseaba escuchar una apreciación masculina más formal.
De verdad lo lamento, Bulma, pero… no me gusta hablar de las mujeres —le respondió él escuetamente después de enrojecer levemente por un segundo, desviando la vista al instante. Definitivamente no había nada como permanecer soltero para evitarse cuestionamientos de ese tipo.
¿Y tú qué me dices, Chaozu?, ¿crees que mi bikini es lindo? —la testaruda científica no se sentiría conforme hasta conseguir una segunda opinión favorable a su causa.
Pues… —los colorados pómulos del pequeño guerrero adquirieron un tono más encendido ante la pregunta—… si, es lindo —respondió más que avergonzado, desviando también la vista.
¿Y se me ve bien? —pero la dama no pareció conformarse con una respuesta tan simple y le volvió a interrogar después de hacerle ojitos, casi poniéndose a su altura.
Este… yo digo que… en verdad yo… —el pobre Chaozu no quería comprometerse ni pasar por depravado.
¿Yo puedo darte mi opinión, Bulma? —dijo Oolong con un gesto de morboso placer reflejado en su rostro al mirar los senos de la chica, ya que ella había tenido que agacharse frente al guerrero de rojas mejillas para mirarlo fijamente a los ojos.
No, gracias, la opinión de un cerdo cochambroso como tú no le interesa a nadie —al darse cuenta de lo que el metamorfo pensaba, Bulma se enderezó y le respondió con irritación—. Tienes toda la escuela del maestro Rōshi, el hombre más pervertido que he conocido en mi vida —aclaró, cruzando sus brazos sobre el pecho.
Oye, espero que eso de cerdo sea porque soy un puerquito lindo y no por otra cosa — indudablemente que el cochinillo se mostró ofendido ante tan dura comparación, así que no titubeó al dar su sentir—. Yo no soy cualquier cerdo.
En eso estamos de acuerdo —la joven genio le contestó empleando ese despectivo tono de sabihonda que fastidiaba a todos—. Si fueras un cerdito como cualquier otro serías completamente adorable y encantador —detalló.
Bueno, pues tú no eres la dama dulce y delicada que quieres aparentar, así que no me critiques —el puerquito le reviró en tono levemente burlón.
¿¡Cómo te atreves!? —pero a una mujer como Bulma no se le pueden señalar sus defectos sin que ella se moleste, así que le metió un buen zape al metamorfo en lo alto de su cráneo ocasionándole un chichón bastante grande y doloroso—. ¡Eres un verdadero idiota! —le espetó con ferocidad.
¡Ay, ay, ay, ay!... —y claro, Oolong sollozó adolorido sobándose la cabeza—… ¿lo ves?, ¡tú misma me das la razón con ese comportamiento tan violento!
¡Ush, ya cierra la boca! —la científica tenía ganas de estrangularlo por insolente.
Oigan, Bulma, Oolong, no hay razón para discutir —Krilin intentó suavizar la discusión entre sus amigos hablándoles con tranquilidad—. Déjame decirte que el bikini es fabuloso, Bulma —agregó al mirar a la señorita Briefs en tanto enrojecía momentáneamente de las orejas, ya que sus pensamientos le hicieron imaginar a la androide 18 luciendo un modelito similar… seguramente se vería maravillosa, y lo haría tan feliz.
¿Y se puede saber porque pones esa cara de tonto, Krilin? —a la joven no le hizo mucha gracia ver el gesto de su pelón amigo, así que le hizo el cuestionamiento con irritación—. De seguro has de estar pensando en cosas indecentes como este puerco —puntualizó con disgusto.
¿Quién, yo? —el joven guerrero reaccionó y se ruborizó un poco más al sentirse descubierto—. No, Bulma, ¿cómo crees que yo voy a estar pensado…? —dijo empleando un tono de voz levemente avergonzado, intentando explicarse.
A todo esto Kame Sen'nin ya se había puesto en pie y consideró mejor ir a entretenerse a otro lado para no desperdiciar la oportunidad que se le presentaba, aprovechando que ya nadie le prestaba atención. Muy sigilosamente se acercó a donde la familia Son se encontraba, ya que Milk intentaba "traer de vuelta" a Gokú y no se daría cuenta de nada más.
Gokú, Gokú… ¿qué te pasa, qué tienes? —decía la morena con algo de preocupación, sacudiéndolo en repetidas ocasiones—. Oh, Gohan, ¿qué le pasa a tu padre? —le interrogó a su hijo con verdadera angustia.
Papá se quedó así desde que volvió a fijar la vista en la luna… creo que tiene algo que ver con la transformación de los Saiyajins en monos gigantes —explicó el chicuelo con algo de desazón, ya que no se podía hacer nada contra eso.
¿La transformación…? —por un par de minutos Milk se mostró desconcertada, observando fijamente a su esposo—. Bueno, creo que tendremos que llevarlo a la habitación —respondió al final soltando un suspiro de resignación. Adiós a sus baños de luna.
Está bien, mamá —Gohan también suspiró y se dispuso a cargar en hombros a su progenitor.
Milk, muchacha, tienes unas lindas y firmes caderas —sólo que no contaban con el maestro Rōshi y sus malos hábitos, quien muy quitado de la pena manoseó con descaro a la morena.
¡Oiga, no me toque así! —el gesto angustiado de la mencionada cambió en un santiamén a uno de horror, y ya se disponía a defender su integridad profanada de esa manera cuando sobre la cabeza del anciano cayó un puño bien grande.
Maestro, deje en paz a Milk —la voz de Gokú se escuchó grave y molesta al golpear a su querido maestro.
Los otros se dieron cuenta de lo sucedido en cuanto escucharon el grito de la señora Son, y se admiraron más al ver a Gokú reaccionar como nunca antes, noqueando al hombre que lo había entrenado en su cercana juventud. Era la tercera vez en esa noche que lo agredían de esa forma.
¿Vieron eso? —dijo Krilin con los ojos abiertos como platos, sin dar crédito a la escena.
… —y Milk también se quedó pasmada por el atípico actuar de su cónyuge, porque nunca la había defendido de esa manera. De Gohan ni se diga, ya que también se mostró estupefacto.
¿Estás bien? —por su parte el Saiyajin miró a su mujer sin cambiar el gesto serio, a lo que ella afirmó con la cabeza para inmediatamente abalanzarse a sus brazos.
¡Gokú, eres mi héroe! —le dijo más que feliz, dándole un beso tronado en los labios.
Qué bueno, porque me gustaría mucho hablar a solas contigo sobre la educación de Gohan —y éste la levantó con delicadeza, dedicándole una leve sonrisa—. Gohan, ¿podrías quedarte a dormir con Bulma? —posteriormente se dirigió a su hijo con amabilidad y su acostumbrada sonrisa desfachatada, como si no hubiera hecho nada fuera de lo normal.
Este… sí, papá, como tú digas —el chicuelo aún se mostraba anonadado por lo ocurrido, pero no quiso decir nada del asunto… ahora resulta que su padre quería hablar de su educación cuando casi nunca se había mostrado interesado en el tema. Bien, por lo menos su madre se veía muy contenta, así que eso era bueno.
¡Oye, Bulma, necesito que cuides a Gohan por esta noche! —entonces Gokú se dirigió a su amiga la científica con esa sonrisa tan característica dibujada en su rostro, seguro de que recibiría una respuesta positiva.
¡Descuida, no hay ningún problema! —le indicó la aludida saludándolo con la mano, sin ninguna intención de cuestionarle nada.
¡Gracias, que gran amiga eres! —Milk fue la que agradeció sin disimular su felicidad. Hace días que esperaba por un momento a solas con su compañero, así que lo aprovecharía al máximo—. Bueno, Gohan, pórtate bien con Bulma —le dijo a su hijo en dulce tono maternal, para después abrazarse más a su marido.
Ya con todo solucionado la pareja se retiró a su habitación como si fuera su noche de bodas, y su hijo permaneció allí parado, pensando en muchas cosas. A lo lejos, recostado aún en la poltrona, Pikoro reía muy bajito, ya que sus suposiciones habían resultado ciertas. Y Trunks, al igual que los demás, todavía tenía un gesto de sorpresa en su rostro.
Bueno, creo que mejor me voy de aquí —el entretenimiento para Bulma ya no tenía sentido en la alberca, por lo que decidió aproximarse a Gohan—. ¿Ustedes van a quedarse? —les preguntó a los otros con cortesía.
Nosotros aprovecharemos el tiempo que queda para entrenar —respondió Ten Shin Han escuetamente, siendo secundado por Chaozu.
Claro, no siempre tienes toda una alberca a tu disposición —Yamcha decidió quedarse también, motivado más que nada por el hecho de que su ex estaría ocupada cuidando al hijo de Gokú.
Además, tenemos que despertar al maestro Rōshi —señaló Krilin con algo de preocupación.
Bien, entonces nos vemos mañana —entonces la científica se despidió y caminó hasta donde estaba el jovencito, sin percatarse que el cerdito metamorfo la siguió a una prudente distancia.
Oye, Bulma, ¿tú sabes qué le pasa a mi papá? —cuando la científica llegó a su lado, Gohan le interrogó con un gesto de verdadera inquietud dibujado en su rostro infantil.
No tienes de qué preocuparte, Gohan, es bueno que tu padre y tu madre tengan sus momentos de matrimonio para hablar como personas civilizadas y responsables —le dijo la señorita Briefs con calma empleando un tono levemente maternal, recogiendo del suelo su bata de baño y colocándosela con cuidado—. Y no siempre es conveniente que los hijos se enteren de todas las cosas de los adultos —añadió guiñándole un ojo travieso, esperando que entendiera la indirecta.
Ah, ya veo… —bueno, aunque eso no le explicaba todo era reconfortante saber que, de vez en cuando, su progenitor tomara los asuntos familiares con la seriedad requerida de un hombre de su edad.
Mejor tengamos una pijamada en mi habitación, ¿te parece? —Bulma consideró que lo adecuado era retirarse y divertirse en otro lugar, así que le hizo la sugerencia al niño con toda su amabilidad, sonriéndole más ampliamente.
¿Yo también puedo ir? —le preguntó Oolong esperanzado, aunque sospechaba cual sería la respuesta.
¡No! —y, como era de esperarse, la dama le gritó la negativa con irritación.
Al fin que ni quería —respondió el cerdito sin disimular su molestia, regresando a donde los demás.
¿Qué es una pijamada? —preguntó Gohan mostrando su incomprensión. Claro, un chico de campo que no ha ido a una escuela formal desconoce sobre esos términos tan citadinos.
Nos desvelaremos viendo películas o contando historias interesantes, y también podrás comer algunos dulces —se explicó la joven genio volviendo a sonreír.
Entonces está bien —el muchachito también sonrió, complacido ante la perspectiva de ver la televisión hasta tarde y tomar alguna botanita nocturna—. ¿Y no invitarás a alguien más? —más al momento volvió a mostrarse dudoso, así que le cuestionó a su interlocutora con curiosidad. La idea de pasar la noche únicamente en compañía de la señorita Briefs no sonaba a mucha diversión, y ni pensar en invitar al señor Pikoro a no dormir con ellos… ya parece que el namek se mostraría encantado.
Por supuesto que sí —fue la amable respuesta de Bulma comprendiendo su inquietud. Por supuesto que ella tampoco pensaba en desvelarse sola con el niño—. ¡Yujú, mi querido muchacho!, ¿por qué no vienes con Gohan y conmigo a mi habitación? Vamos a pasarlo en grande teniendo una pijamada —así que, con dulce y melodiosa voz, llamó a su desconocido y futuro hijo haciéndole la amable invitación.
Este… sí, señorita Bulma, los acompañaré con todo gusto —respondió el adolescente enrojeciendo un instante, pensando en lo que su padre diría ante esa invitación. La breve charla que sostuvo con Pikoro había sido bastante reveladora, especialmente si consideramos el actuar de Gokú en el contexto.
Bien, entonces vámonos —dicho esto la científica tomó camino hacia el interior del hotel, seguida muy de cerca por los jóvenes.
Hasta luego, señor Pikoro —Trunks se despidió cortésmente del namek antes de retirarse.
Buenas noches, señor Pikoro, nos vemos mañana —y Gohan hizo lo propio, ya que no quería ser un maleducado con su maestro.
Adiós, Gohan —a lo que éste no dudó en corresponder el gesto dedicándole una sonrisa más grande, para después salir volando con rumbo al techo del hotel, imaginando que tal vez Vegeta ya habría puesto la habitación de cabeza.
Mientras los otros "Z" sopesaron la situación y consideraron que, ya que no podían desatender al desvalido maestro Rōshi, lo mejor era retirarse de igual manera. ¿Y por qué Gokú había actuado de esa manera con su mentor?, esa duda les daba vueltas en la cabeza.
Oiga, maestro, maestro Rōshi… ¿se encuentra bien, maestro Rōshi? —Krilin le hablaba muy suavemente sacudiéndolo con delicadeza.
Todavía está vivo —dijo Chaozu con alivio a continuación de tomarle sus signos vitales, específicamente el pulso.
Este maestro es un hueso duro de roer… mira que no morir después de tanto golpe —añadió Oolong con algo de respeto.
¿Qué vamos a hacer, Yamcha? —le preguntó Puar a su amigo con su aguda voz.
Pues ni hablar, tendremos que llevarlo así —opinó el joven del desierto soltando un suspiro de abatimiento. Ni pensar en abandonar a su ilustre guía.
Si me permiten… —Ten Shin Han tomó la iniciativa y levantó el desmadejado cuerpo del anciano con sumo cuidado para no tirarlo. Pero…
¡Ese Gokú es un bruto, mira que tratarme así a mí, que soy su maestro! —súbitamente el viejecillo se irguió soltando una exclamación, y fue tan inesperado que el de los tres ojos lo dejó caer cómo fardo—. ¡Ay, ay, ay, ay, eso duele! ¿Por qué me tiraron?, ¡soy un hombre mayor y merezco respeto! — chilló adolorido y molesto, mirando con enfado al osado que lo había zarandeado de esa forma.
Maestro, por favor, cálmese… —Krilin, muy solícito, le ayudó a ponerse en pie.
Todos ustedes son unos desconsiderados, deberían ayudarme cuando de verdad lo necesito y no permitir que se me de ese trato tan bajo —les reprochó al momento de enderezarse, mirándolos seriamente tras sus gafas oscuras.
De verdad lo lamento mucho, maestro, no era mi intención lastimarlo —se excusó el guerrero dedicándole una respetuosa reverencia.
¿Y Bulma? —fue la pregunta del pervertido maestro al percatarse de que la joven científica ya no estaba allí.
Pues como el engreído de Vegeta la despreció de esa forma ella decidió hacer una pijamada con Gohan y el muchacho del futuro… lo malo es que no nos invitó —respondió Oolong antes que nadie, sin disimular una entonación de ofendido.
¿Con Gohan?... ¿y… y Milk lo dejó ir? —volvió a cuestionar el decano con algo de asombro, fijándose también en que el matrimonio Son no se encontraba allí —. ¿Pues qué pasó con esos dos? —añadió un tanto incrédulo, ya que la señora Son se había mostrado como una madre sobreprotectora y muy difícilmente dejaría a su hijo dormir fuera de casa, en este caso de la habitación familiar.
Bueno… es que eso es… es un asunto privado de Gokú con su esposa —ahora fue Krilin el que contestó, enrojeciendo un poco de la pena.
Nosotros creemos que… bueno, usted sabe… jejeje… las cosas que se hacen dentro de… jejeje… dentro de un matrimonio son… jejeje… son personales… en fin… —Yamcha complementó la información tartamudeando algo cohibido, y ni qué decir de los demás presentes. Era tan embarazoso imaginar al Saiyajin en un plano romántico y apasionado con su compañera de vida, especialmente porque eso no es lo suyo.
Mmm… ya veo, creo que entiendo… —murmuró Kame Sen'nin en forma dubitativa. Ya más sereno decidió encaminarse a su propia habitación—. Mejor iré a ver la barra nocturna en el canal de adultos… tal vez pasen una buena película —puntualizó como si nada hubiera sucedido, dejándolos anonadados por unos segundos.
¡Oiga, maestro, espéreme, yo voy con usted! —el cerdito metamorfo fue el primero en reaccionar y seguirlo, sin despedirse de nadie.
Eto… ¿y ahora, qué hacemos? —sin borrar el gesto de estupefacción Krilin les interrogó a los demás.
Lo mejor que podemos hacer es aprovechar el tiempo para entrenar… si Bulma apartó la alberca para esta noche debemos utilizarla —externó Ten Shin Han, recuperando la seriedad en su rostro.
Muy bien dicho, Ten Shin Han, hagámoslo —Yamcha no dudó en apoyar la moción.
Y así los "Z" decidieron continuar con lo que ya habían planeado hacer esa noche, evitando mencionar una vez más a Gokú y su extraño comportamiento.
Pero sigamos a Bulma y compañía para terminar esta noche de diversión.
Dime una cosa, guapo, ¿alguna vez disfrutaste de una pijamada en tu época?... me refiero a cuando eras niño —le preguntó Bulma a Trunks antes de llegar al hall del hotel, mirándolo con curiosidad y afecto maternal.
Nada de eso, señorita Bulma, en esos días era muy peligroso salir de noche ya que los androides podrían atacar en cualquier momento y en cualquier lugar… —le respondió el joven sonriendo con algo de pena, e inmediatamente se puso serio—… De hecho sigue siendo un peligro salir a toda hora porque esos malditos matan a cualquiera que se cruce en su camino, y sólo por diversión —agregó sin disimular su irritación—. Es tan frustrante no poder hacer nada para detenerlos… —culminó en un suspiro de pesar.
Oh, lo siento de verdad, no era mi intención hacerte sentir mal —por lo que la científica no dudó en tomarle una mano deteniendo su andar, aguantando sus ganas de abrazarlo para reconfortarlo.
Descuide, yo me dejé llevar por mi enojo —haciendo que el adolescente enrojeciera levemente de los pómulos.
Aunque no deberías decir que no has hecho nada, y la prueba es que has venido a esta época para evitar una tragedia —ella volvió a sonreírle con cariño, intentando animarlo con sus palabras—. Así los muchachos estarán listos para todo, y gracias a tu ayuda podrán derrotarlos.
Bulma tiene razón, joven, tú y tu mamá trabajaron mucho en la máquina del tiempo, y yo creo que al final sí vas a vencer a esos androides malos porque eres muy fuerte —Gohan se unió a la charla sonriéndole también a Trunks, el cual se sintió conmovido por las palabras de su joven maestro. Era una verdadera lástima que no hubiera tenido la oportunidad de vivir más tiempo en ese su tiempo futuro.
Al pasar por el hall con rumbo a la habitación de la señorita Briefs les llegó una vocecita familiar que les hizo volver la vista.
¡Gohan, Gohan! —la pequeña Videl se aproximó a ellos, agitada por la carrera. Se veía tan primorosa con su pijama de flores—. ¡Qué bueno que te veo! —dijo sonriente al llegar junto a ellos, parándose frente al pequeño Saiyajin y dedicándole una sonrisa.
Ho… hola, Videl —éste correspondió al saludo un tanto avergonzado, ya que no se acostumbraba a ser tratado con tanta familiaridad por alguien que no pertenecía a su círculo cercano.
Muy buenas noches, pequeña, dime una cosa, ¿te le escapaste a tu papá? —le preguntó la suspicaz Bulma mirándola con suma atención. Ese Mr. Satán era un padre muy descuidado e irresponsable, no cabía duda.
Bueno… es que… —la niña se mostró afligida al verse descubierta, y agachó la cabeza para explicar su comportamiento—… es que mi papá está muy ocupado grabando unas entrevistas y unos comerciales para el torneo, así que me mandó a dormir… pero no me gusta dormir sola en esa habitación tan grande —dijo en voz muy baja.
Mmm… ya veo —observó la científica con seriedad, y al instante le sonrió otra vez—. Bueno, entonces te vienes con nosotros a la pijamada que prepararemos en mi habitación, de esta forma no estarás sola —le dijo en tono amable y seguro. Los jóvenes no se atrevieron a contradecirla y sólo afirmaron con la cabeza sonriéndole a la niña de la misma manera. Pero claro que no podían decirle que no a una pequeña tan simpática como Videl.
¿De verdad puedo ir con ustedes…? —la chiquilla se mostró emocionada, más al segundo se cuestionó con preocupación—. Pero… ¿cómo le aviso a mi papá?... seguramente me va a buscar por todo el hotel cuando se dé cuenta que me fugué del dormitorio.
No te preocupes por eso, pequeña, le dejaré un recado en la recepción comunicándole que te invité a una pijamada y así no habrá problema —fue el tranquilizante argumento de Bulma sin mudar la sonrisa de confianza total, encaminándose prontamente hacia el mostrador de recepción.
¡Muchas gracias, señorita Bulma, es usted muy buena! —y por ello la infanta tornó a sonreír. Enseguida volvió la vista hacia los jóvenes Saiyajins, mirándolos con alegría—. ¿Tú has ido a una pijamada, Gohan?... a mi papá no le gusta que esté fuera de casa cuando ya se hizo de noche —dirigiéndose específicamente al más niño.
Está también será mi primera pijamada… —le respondió el aludido enrojeciendo nuevamente. Si le contará a Videl el motivo por el cuál iba a terminar en la habitación de Bulma seguramente le avergonzaría, y quien sabe si a su mamá le parecería adecuado que pasara la noche desvelándose con una niña desconocida.
Bueno, bueno, creo que será una gran experiencia para todos ya que yo tampoco he ido a una pijamada… en mi época es más que peligroso andar fuera de casa a horas inadecuadas, y todo por culpa de unos androides asesinos —les dijo Trunks empleando una disimulada entonación de resignación, explicándole a la pequeña Videl sus motivos—. Pero supongo que ha de ser divertido —añadió con aparente convencimiento, tratando de no pensar en lo que hacía su padre en esos momentos.
Y nosotros vamos a averiguarlo siguiéndole los pasos al Príncipe Saiyajin.
Como ya vimos Vegeta huyó de Bulma elevándose hasta su habitación en cuanto pudo hacerlo, sin importarle que algunos huéspedes lo miraran con asombro y algo de miedo. Al llegar a ella se encerró en el cuarto de baño para desahogarse.
¿Pero qué mierda me está pasando?... esto no es normal en mí, el Príncipe Saiyajin —monologó consigo mismo en entonación compungida, mirándose las temblorosas manos. El corazón le palpitaba aprisa y la sensación de vacío en el estómago era muy diferente a la que percibía cuando tenía hambre. Aparte de eso el calor le recorría el cuerpo y su respiración era entrecortada—. No puedo creer que la sola presencia de esa mujer desagradable me afecte de esta manera —agregó ya irritado, y sacudió la cabeza para borrar de sus mente ciertas imágenes subidas de tono como consecuencia del espectáculo que acababa de mostrarse ante sus ojos. Pero le fue inútil.
Ya al borde de la desesperación se dio de cabeza unas diez o quince veces contra las paredes, cuarteando algunos cuantos azulejos, y terminó metiéndose bajo el chorro de agua fría con todo y ropa, sintiendo un escalofrío repentino que pareció calmarlo.
¡Maldita sea la miserable mujer esa por hacerme pensar cosas indebidas!... pero no voy a caer en su tonto juego, no va a conseguir nada de mí —bufó mientras el agua le resbalaba por todo el cuerpo, y resolvió en darse un baño completo botando su vestimenta de lado, esperando tranquilizar su espíritu de esa forma.
Su pensamiento divagó por varios minutos al recordar muchos sucesos vividos al lado de Nappa y Raditz, y todas las enseñanzas aprendidas de ellos en cuanto llegó a la mayoría de edad, una edad en la que un Saiyajin ya podía sacar todos sus instintos primitivos a flote. De hecho Nappa quiso celebrarle por todo lo alto llevándolo a un lugar de mala muerte perdido en algún confín del Universo, uno de esos lugares en donde las mujeres de diversas razas alienígenas ofrecen diversión al mejor postor… afortunadamente él se hallaba a un nivel superior de sus subordinados y no necesitó hacer de eso una costumbre para sentirse realizado. Con eso en mente retornó su seguridad, convencido de que la incómoda sensación que vivió en la alberca no se repetiría nunca más.
Sin embargo su subconsciente, ese simio interior que permanece oculto y en el que reside su otra naturaleza, tenía pensado otra cosa. Y de un momento a otro Vegeta vio una imagen de sí mismo deleitándose en su arrebato salvaje al lado de Bulma… que maravilloso frenesí el acariciar la blanca y suave piel femenina con sus manos, algo tan relajante para su cuerpo. Tan metido estaba en ese gozo hasta que se resbaló con el jabón dándose de espalda en el piso de la bañera, lo que le hizo volver a la realidad de golpe.
¡Carajo, el gran Vegeta no tiene por qué terminar así, prefiero morir nuevamente antes de hacer algo semejante! —gritó ofuscado levantándose de prisa y desintegrando al pobre jabón con un poco de Ki, como si éste tuviera la culpa de sus impropios apetitos.
Sacudiendo la cabeza con violencia para suprimir una vez más las indeseables ideas volvió a dar vueltas en el baño como león enjaulado, bufando de un lado a otro. Encontrándose tan ocupado en su problema no se había percatado de la presencia de alguien más en la habitación.
Hay que ver hasta dónde pueden llegar sus instintos de mono… —se dijo Pikoro en voz muy baja escuchando todo lo que sucedía, procurando no pensar en nada parecido.
Al cabo de lo que consideró un tiempo razonable para que el Saiyajin terminara de descargar su "frustración" llamó suavemente a la puerta del baño.
Oye, Vegeta, ya estuvo bueno, tienes más de media hora ahí… apúrate que necesito usar el sanitario —le habló ocultando muy bien un tono irónico.
El nombrado abrió asomando únicamente la cabeza, barriendo a su interlocutor con la mirada enfadada.
¿Qué, acaso en serio haces…? —observó en voz exasperada.
Eso a ti no te importa —le reviró el namek sin cambiar el gesto insoldable.
… —el hosco hombre se mantuvo impávido unos segundos, como sopesando la forma en la que un habitante de Namekusejin utilizaría un inodoro. Después decidió dejarlo pasar, abriendo la puerta de par en par para salir envuelto en una toalla a la altura de la cintura.
El panorama que se presentó ante los ojos de Pikoro le hizo torcer el rostro en una mueca de asco absoluto. Azulejos rotos, ropa empapada en el suelo, piso anegado, paredes escurriendo agua, y salpicaduras de algo viscoso no identificado adornaban la pequeña pieza.
Pero que marrano eres… —externó con desagrado.
Si no te gusta no entres y asunto arreglado —le respondió el Príncipe soltando una leve risotada burlona, tomando una muda de ropa limpia para vestirse.
Tendré que pedirle al muchacho del futuro que solicite un urgente servicio de limpieza a la habitación —bufó el namek con pesadez, cerrando la puerta del baño para ya no ver más. Inmediatamente se encaminó al balcón para dedicarse a meditar según su costumbre.
¿Y dónde está ese mozalbete perdedor, eh? —claro, era de esperarse que, ante la mención de su desconocido y futuro hijo, Vegeta preguntara por él, respondiéndose a sí mismo con voz socarrona—. Seguramente ha de seguir con esos patéticos intentando entrenar.
Ejem… pues te diré… como tú no quisiste estar con la loca mujer que te acosa él tuvo que sacrificarse —lo que fue aprovechado por Pikoro para picarle la sensibilidad una vez más, carraspeando un poco al utilizar ahora una entonación levemente desfachatada encubriendo sus ganas de reírse, convencido de que el Príncipe reaccionaría con algo de brusquedad—. Así que ahora tendrá que pasar la noche en su habitación.
… ¿qué?... ¿qué él está con…?... ¡exijo una explicación, ahora! —y todo pasó tal y como había pensado, pues el engreído Saiyajin no pudo disimular su cólera ante el hecho de que el joven estuviera a solas con la bella dama, tomándolo con violencia por la capa antes de permitirle alejarse.
Sosiégate… Gohan está con ellos, así que no están solos —por lo que el verde alienígeno tuvo que esforzarse un poco para soltarse sin romper su preciada capa, mirando al hombre de negra cabellera con evidente malestar—. Aunque de verdad no entiendo tu incomodidad, ya que ella no te importa en absoluto, ¿o sí? —le cuestionó en tono mordaz, observándolo con suspicacia.
Claro que no, basura, lo que haga esa tonta mujer no me interesa para nada —respondió Vegeta haciéndose el indiferente. Aun así volvió a preguntar en tono reservado, considerando que así ocultaba su desconcierto—. Pero, ¿por qué el hijo de Kakarotto está con ellos?... no entiendo.
Es que en estos momentos Gokú está… Gokú está haciendo con su mujer aquello que tanto te gustaría hacer con la científica loca —respondió Pikoro algo apurado, ya que no le gustaba hablar de las intimidades de los demás.
¡Bah!, deja de decir estupideces que ni al caso… —obvio que al Príncipe no le agradó nadita la indirecta muy directa.
A mí no me engañas, Vegeta, la reacción de ustedes con la luz de la luna llena ha de sacar algo más que todo su poder Saiyajin… ahora no tiene cola para transformarse en monos gigantes, así que de alguna u otra manera tienen que liberar todos sus instintos naturales —el verde no hizo más que comentarle sus conjeturas.
¡Pamplinas! —bufó su mal encarado interlocutor, y al segundo volvió a preguntarle por algo que le llamó la atención—. ¿Entonces dices que Kakarotto está…?... —y por poco vuelve al baño para vomitar ante la afirmación de Pikoro—… ¡Agh, ese Kakarotto es un verdadero impúdico! —acentuó asqueado.
Por lo menos él tiene con quien entretenerse… no como otros que dejan sus marcas donde caigan —puntualizó el namek retirándose ya al balcón.
¡Imbécil! —masculló Vegeta en voz irritada, tornando a vestirse. Algo tenía que hacer, no podía dejar las cosas así.
Se deslizó sigilosamente por el balcón después de ponerse la ropa, ignorando a Pikoro una vez más, pasando hacia la barandilla del cuarto vecino para escuchar lo que sucedía allá adentro. Ni aguzando el oído lo mejor que podía distinguía los sonidos, por lo que se tomó el atrevimiento de entrar sin ser requerida su presencia, deslizando el cancel de par en par y hablándole a los ahí presentes con disgustada voz:
¿¡A razón de qué hacen tanto escándalo, basuras!? —fue su reclamo sin mirar a nadie en especial.
Y tan repentina fue su aparición que Bulma no pudo evitar soltar un grito de miedo ocultándose prontamente tras su futuro hijo.
¡Aaaayyyy, los androides asesinos nos atacan!... ¡por favor, soy muy joven y bella para morir ahora! —exclamó con el gesto desencajado.
Trunks, Gohan y Videl miraron al recién llegado con algo de asombro e incredulidad, ya que su demanda les pareció bastante exagerada… la verdad no estaban hablando tan alto; aunque la chiquilla sí pareció asustada por un momento, acercándose un poco más a su pequeño compañero Saiyajin.
Este… señorita Bulma, sólo se trata del señor Vegeta, así que no tiene de que asustarse —ante eso el joven del futuro intentó reconfortar a su madre, hablándole con timidez y algo de vergüenza… ella también era una dramática de primera.
¡Uf, menos mal! —la aludida asomó por detrás del hombro del muchacho, suspirando con verdadero alivio.
¡Jah!... mujer tonta, el día que yo quiera matarte no voy a avisarte… eres tan poca cosa para mí —el Príncipe Saiyajin no contuvo su escarnio mirándola con desdén, remarcando sus últimas palabras al cruzarse de brazos.
¿Ah, sí, eso piensas de mí? —y claro que la Briefs no iba a dejar eso sin contestarle como se merecía, levantándose para encararle de frente con las manos en sus caderas, hinchando el pecho para dárselas de valiente—. ¡Anda, atrévete a matarme y vamos a ver quién hace las cosas para ti, ingrato!
No es cuando tú quieras, idiota, es cuando a mí se me pegue la gana —le reviró el hombre desviando la vista al instante, sintiendo nuevamente el calorcito en el bajo vientre ya que la científica lucía una coqueta pijama para presumir sus proporciones.
¿Lo ves?, tú bien sabes que no podrás hacer nada útil en la Tierra sin mi indispensable ayuda… admite que te soy necesaria y tal vez te perdone —por eso la joven genio no disimuló una sonrisita de complacencia, dándose sus aires de importancia.
¡Mph!, sólo por la Cámara de Gravedad y los robots es que no he acabado contigo aún… —respondió Vegeta en un tono de voz más despectivo—… En cuanto terminemos con esos ridículos androides eliminaré a todos los terrícolas y me largaré de aquí —puntualizó.
… ¡Ush, Vegeta, eres un…! —Bulma enrojeció del coraje, ofendida porque el Saiyajin no se dignará en admitir la verdad, sintiendo deseos de soltarle unos buenos zapes para disciplinarlo. Suspirando dos veces procuró serenarse, pero no pudo reservarse el burlón comentario—. Estás muy equivocado si crees que Gokú te va a permitir hacer eso, ya que él sí es un Súper Saiyajin y por mucho es más fuerte que tú —remarcó ofensiva y engreída.
¡Ningún insecto clase baja como Kakarotto va a vencerme! —y era por obvias que la reacción del Príncipe sería de enfado total, y volteó a verla con ganas de apretarle lentamente el cuello—. ¡Él será el primero en morir después de que acabe contigo!
Los tres jóvenes se habían quedado en silencio sin atreverse a interrumpirlos, y Videl le dirigió a Gohan una mirada de duda ya que no entendía lo que sucedía entre esos dos. Pero Trunks consideró que era el momento adecuado de intervenir cuando su padre rechinó los dientes de rabia, evitándoles así que siguieran discutiendo.
Señor Vegeta, le pido de la manera más atenta que se retire porque no le voy a permitir que trate así a la señorita Bulma —le dijo con seriedad interponiéndose entre ambos, cubriendo a su madre detrás de él.
¿Y qué harás si no me voy, eh? ¿Acaso castigarme? —fue la respuesta del Saiyajin adulto con una despectiva mueca burlona, una característica sonrisa de lado.
Oigan, esa es una buena idea… —algo en esas palabras hicieron que Bulma asomara nuevamente detrás de su futuro y desconocido hijo, sonriendo grandemente al mirar a Vegeta sin pizca de enfado ni temor. Claro, una genio como ella solía tener "brillantes" ideas—. Vegeta tiene que ser castigado por interrumpirnos en lo más interesante de tu historia… es una de las normas en una pijamada —añadió con énfasis.
¿Eh? —por lógica que los dos la quedaron viendo con incredulidad… ¿es qué no estaba bien de la cabeza?
¿A qué se refiere usted con eso, señorita Bulma? —le interrogó el muchacho con educación, sin poder disimular su desconcierto. No sabía exactamente qué es lo que pensaba su madre en esos momentos, y eso era para asustarse.
¿De qué diablos estás hablando, mujer estúpida? —es el duro cuestionamiento que el hombre le hizo al mismo tiempo, mirándola está vez con recelo.
Bueno, pues verán, la finalidad de una pijamada es una noche de sano esparcimiento ya sea con juegos divertidos, viendo películas o contando historias extraordinarias, todo ello sin dejar de lado las botanas nocturnas… claro está que para agregarle más entretenimiento a la noche pueden imponerse castigos para todos aquellos que osen interrumpir la pijamada —se explicó la científica sin perder el aplomo y el humor—… y, como Vegeta no fue invitado es lógico que sea él el que tenga que contar una historia interesante…
A todo esto Gohan y Videl se habían alejado a una distancia prudente del centro de reunión, y la niña le preguntó al niño:
Gohan… ¿cuál es exactamente la relación de la señorita Briefs con ese par?
No tengo la menor idea… sólo puedo decirte que Vegeta vive en su casa y ese muchacho es el hijo futuro de alguno de los empleados de su compañía, quien todavía no ha nacido en nuestra época —fue la respuesta de éste con confusión. La verdad se estaba preguntando lo mismo.
¿En serio? —Videl no pareció convencida con esa explicación tan disparatada—. ¿Me estás diciendo que ese joven tan guapo viene del futuro? —le inquirió con insistencia.
Bueno… al menos nos ha contado algunas cosas que todavía no han pasado, pero que ocurrirán tarde o temprano —observó Gohan apenado.
Y, regresando a la explicación de Bulma Briefs…
—… ¿qué te parece si nos cuentas algún pasaje de tu infancia? Será muy interesante el conocer algo de tu pasado —fue la sugerencia que la dama le dio al Príncipe Saiyajin, sonriendo más abiertamente.
¿Qué crees que soy tu juguete para hacer lo que tú digas? —bufó el agresivo hombre mostrándose agraviado por la petición… o sea, su vida es su vida y a nadie le importa.
Anda, Vegeta, no seas así… imagino que pasaste muchas cosas al lado de Freeza, y es bueno que las nuevas generaciones de Saiyajins conozcan cómo es que su Príncipe sobrevivió a la adversidad, mostrando su valentía y fortaleza frente al tirano —le insistió la Briefs mirándolo con leve coquetería al tiempo que en sus manos apareció una bandeja rebosante de sándwiches, los cuales le ofreció de muy buena gana regalándole una sonrisa más que seductora.
Yo… yo no sé de qué hablas… —Vegeta tuvo que hacer un esfuerzo para no mostrar su turbación dándole la espalda con algo de brusquedad… ¡ah, maldita mujer por querer tentarlo con la comida y con la poca ropa que traía puesta!
Señor Vegeta, para mí sería todo un honor el conocer más de su gran valor —Trunks no dudó en alabar a su padre mirándolo con respeto, inclinándose un segundo frente a él. Claro que le gustaría saber sobre el lado oscuro en la vida de su progenitor, y la manera en que había formado su carácter.
Gohan, Videl, ¿les gustaría oír acerca de la vida de Vegeta al lado de Freeza? —por su parte la científica invitó a los chiquillos a acercarse, hablándoles con dulce y emocionada voz.
Eso se oye bien… —respondió el niño llevando a su amiguita de la mano, acomodándose nuevamente en la alfombra y prestándole toda su atención al Príncipe Saiyajin—. Cielos, Vegeta, de seguro Freeza te puso muchos retos cuando eras muy niño… ¿cuántos planetas conquistaste tú solo? —le preguntó con voz maravillada.
¡Mph!, he de asegurarte que ni en tus mejores sueños o en tus peores pesadillas has pasado lo que yo, mocoso idiota —pues ni hablar, eso se sacaba por meterse donde no lo llamaban. Con todo no estaba tan mal el comer bien (ya había tomado los sándwiches y los devoraba de uno en uno), y ser el centro de atención de los insectos, así que se quedaría ahí por el momento.
Después de media hora de un impresionante y desgarrador relato, en el cual apreciamos al Príncipe Saiyajin de escasos diez años ser casi masacrado por los Ginyu como una forma de darle diversión a Freeza cuando celebraban su cumpleaños, ahora lo vemos tratando de librarse del sentido abrazo de Bulma, quien, sollozando como magdalena ante las injusticias padecidas por el pobre hombre, lo estrechó contra su pecho hasta casi asfixiarlo.
¡Oh, Vegeta, ahora comprendo porque eres tan antipático y amargado!... ¡has sufrido tanto en tu vida porque nadie te ha querido! —le dijo con lágrimas en los ojos tomándolo por sorpresa—. ¡Pero ya me tienes a mí para consolarte!
¡Oye… suéltame, déjame en paz! —lo que hizo que el nombrado se debatiera unos segundos intentando liberarse, ya que su yo interior quería sentir más cerca tan deseable anatomía femenina. Haciendo un esfuerzo sobrehumano venció su resistencia y se liberó con contenida brusquedad del sentido apretón, escapando por el sitio por donde había entrado—. ¡Yo no necesitó nada más de ti! —espetó antes de perderse de vista.
Sus acompañantes se mostraron absortos por lo ocurrido, y Gohan murmuró con algo de conmiseración:
— Pobre de Vegeta… debió ser muy feo el que lo maltrataran siendo un niño.
Nota: ¡Al fin pude avanzar con esto!... de hecho tengo todo pensado pero luego es tan complicado escribirlo y describirlo como me dicta mi imaginación, más aparte no puedo pasar por alto mi vida real y mis nuevas responsabilidades como estudiante universitaria. No prometo escribir tan seguido pero sí continuaré con mis historias ya que no pretendo dejarlas a medias como me ocurrió con las historias que escribí para el foro de Inuyasha. Sean pacientes y no dejen de leer lo que sigue, lo cual estoy puliendo para que se continúe con la diversión como hasta ahora. Un saludo y les agradezco de verdad.
P.D. La dramática historia de Vegeta no pienso escribirla porque no soy nada buena para el drama, así que ustedes imaginen lo que le pudo haber sucedido cuando niño viviendo a las órdenes del tirano de Freeza. He leído tantos dramas de eso y algunos sí que son para cortarse las venas con galletas de animalitos… prefiero la comedia y el buen humor, pero no puedo negar que la vida del Príncipe Saiyajin es toda una tragedia.
