*Los personajes pertenecen a S. Meyer. La historia es mía.
No me gustan los guapos
Outtake: Noticias
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—¿Te das cuenta de que una vez más parecemos adolescentes? —preguntó divertida Bella.
—¿Por qué? ¿Porque estamos huyendo de nuestros padres? —siguió el tono de broma.
—Básicamente... sí —confirmó Bella mientras cerraba su pequeña maleta—. Empacando cualquier cosa a media noche, susurrando aun cuando no están en nuestra casa y emocionándonos por escapar como si no estuviéramos casados.
—Es la mejor forma de hacerlo. Si decimos algo, seguramente intentarían convencernos de planearlo más.
—Tienes razón... Aunque sé que Rosalie me matará en cuanto lo sepa. Con Alice cuidando a Joseph y yo fugándome con mi esposo a no sé donde, seguro se pondrá de puntas por encargarse de todo en la oficina.
—Ya les regalaremos a ella y a Emmett un viaje para compensarlos —dijo animado mientras se acercaba a besarla.
En ese momento sonó el teléfono se su apartamento y ambos dieron un brinco por la sorpresa. Sin decir nada miraron el aparato por unos segundos antes de volver a mirarse a los ojos. El timbre de la contestadora comenzó a sonar y ambos se sonrieron.
—Vámos, amor —casi gritó Edward y Bella se apresuró a tomar su maleta, igual que él. Se tomaron de las manos y salieron prácticamente corriendo del lugar sin querer escuchar el mensaje ni saber quién llamaba.
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Bella se encontraba recostada en una toalla frente a la playa. Estaba esperando a Edward que había ido por comida, como habían pedido no ser molestados por nadie, los meseros tampoco se habían atrevido a acercarse, por lo que él mismo tuvo que ir por algo cuando sus estómagos comenzaron a rugir.
Tres semanas lejos de la presión y el acoso de sus padres sobre embarazarse la habían relajado a tal punto de querer disfrutar sus vacaciones como nunca y estaba dispuesta a comer y beber todo lo que se le antojara, pero sobre todo, estaba dispuesta a aprovechar cada minuto con Edward.
De hecho, se lo había estado permitiendo en las últimas semanas y precisamente en esa dinámica es que Edward procuraba consentirle y conseguirle todo lo que quería. Estaba decidido a hacer que Bella disfrutara el viaje y se olvidara de todo lo demás, así que iba dispuesto a concederle todo lo que le pidiera, y por supuesto, a aprovechar los beneficios de sus ganas de estar con él.
Habían optado por un lugar lejano para no toparse con nadie "accidentalmente" así que estaban en Bali. El vuelo había sido bastante largo y con dos escalas para no agotarse tanto, así que aprovecharon para dar una vuelta por Tokio y Taipei antes de llegar a pasar el resto de las semanas tomando sol, nadando, descansando y haciendo el amor en Bali.
Los gustos de Bella eran principalmente de comida o de lugares qué visitar, pero también se habían topado con un par de tiendas de ropa, y Edward se había dado el gusto de comprarle un brazalete en Tiffany cuando hicieron escala en Tokio.
—Servicio a la playa para la señora Cullen —anunció Edward cuando llegó con una gran charola hasta donde estaba ella.
Camarones, ostiones, salmón, ensalada, fruta, agua mineral y jugo fue lo que pudo cargar sin caerse en el camino.
—Mmm... se ve delicioso —reconoció Bella sentándose en la toalla.
—Tú también te ves deliciosa en bikini —le dijo levantando la ceja provocando una gran sonrisa y un sonrojo en su esposa.
—Ven. Vamos a comer —jaló su mano para sentarlo a su lado.
Edward le dio en la boca algunos camarones y ella lo alimentó con ostiones y salmón. Después comenzaron a juguetear con la fruta, las fresas sobre todo, haciendo que ambos terminaran pegajosos y rojos. Por supuesto, no se terminaron todo y un par de personas caminando por la playa les impidió llegar a más que los besos y caricias que se estaban dando.
Terminaron en la bañera lo que habían empezado en la playa, salieron cuando el agua comenzaba a enfriarse y su piel estaba más arrugada que sus codos. Estuvieron haciendo planes mientras estaban recostados escuchando el mar, abrazados, recordando anécdotas con sus amigos, con sus padres y entre ellos.
Habían pensado en organizar aún mejor su trabajo y agendas para que cuando ampliaran la familia pudieran dedicar más tiempo a ellos. Se quedaron dormidos mientras hablaban sobre nombres graciosos con los que harían una broma a sus amigos y padres, diciendo que sería el nombre de su hijo o hija.
Sin embargo, a media noche Bella se había sentido con malestar, pensó que habían sido los mariscos que le habían caído mal y se acomodó un poco mejor en la cama para intentar descansar. Sin embargo, por la madrugada se levantó a vomitar.
—¿Bella? —la voz adormilada de Edward se escuchó del otro lado de la puerta del baño— Amor, ¿estás bien?...
—Sí... ya pasó. Creo que me cayeron mal los mariscos de la tarde.
—Entonces voy por el médico. Es muy delicado que nos dieran comida en mal estado —afirmó preocupado asomándose un poco por la puerta del baño.
—Seguro me veo terrible... y huelo mucho peor —dijo Bella bajando su mirada con cierta pena y colocando una mano sobre su boca.
—Ven —Edward se acercó, le tendió la mano y la ayudó a levantarse pues estaba sentada sobre el excusado. La tomó de la cintura— Mírame —le pidió suavemente y ella lo hizo con cierta duda— No me importa. Estoy aquí para ti y para cuidarte —Se giró para tomar una toalla de mano, apenas se giró para humedecerla y comenzó a limpiar el rostro de Bella con cuidado— Toma —le extendió un vaso con agua para que se enjuagara la boca.
—Gracias —Edward se movió para que ella se acercara al lavamanos. Dio varios tragos para enjuagarse y se volteó hacia Edward que permanecía a su lado— Gracias por cuidarme.
—Amor, estoy para eso —Y una vez más volvió a cargarla en brazos para llevarla a la cama.
—Me mal acostumbras —Recostó su cabeza en el hombro de su esposo—. Siempre me consientes y me es muy fácil dejarme querer por ti —La recostó en la cama y la cubrió con la sábana.
—Así tiene que ser —Tocó su nariz con su índice y besó su frente—. Voy por el médico, amor. Prefiero que te den algún medicamento ahora a que te sientas mal por la mañana, ¿de acuerdo?
—De acuerdo.
Minutos después llegó el médico, le hizo varias preguntas a Bella, tomó su presión, revisó sus síntomas y le pidió hacerse una prueba de embarazo.
—¿Prueba de embarazo? —preguntó Edward sorprendido.
—Así es Señor Cullen —explicaba el médico mientras guardaba su estetoscopio en el maletín—. Al parecer su esposa tiene un malestar estomacal al que le crecerán brazos y piernas en poco tiempo.
—¿Está seguro, doctor? —preguntó Bella ansiosa.
—Bueno, no cien por ciento. Por eso les recomiendo una prueba de embarazo o si es posible, que mañana vayan a la clínica de la isla a hacerse una prueba de sangre. Pero definitivamente no es ninguna indigestión o infección estomacal... Felicidades.
—Muchas gracias, doctor —Edward acompañó al médico a la puerta y regresó hacia donde estaba Bella, aún recostada en la cama.
—Amor... —murmuró Edward en cuanto entró a la habitación. Estaba confundido, por supuesto que estaba feliz por tener un hijo con Bella, pero el viaje había sido para evadir la presión de sus padres al respecto y sabía que la primera opción de Bella era esperar un poco más.
—Ven —Bella estiró su brazo invitándolo a acercarse. Edward caminó un poco nervioso, tomó su mano y se sentó a un lado de ella.
—Amor...
—Edward... —Bella lo interrumpió y lo miró aún con sorpresa en su rostro— Mi amor —Una sonrisa comenzó a dibujarse en su cara— ¡Vamos a tener un hijo! —gritó emocionada y se abalanzó hacia Edward para rodear su cuello.
Edward tardó un par de segundos en reaccionar, y correspondió su abrazo con fuerza, sonreía ampliamente y acariciaba la espalda de Bella que comenzó a sollozar.
—Bella... ¿que pasa, amor? ¿por qué lloras? —Se preocupó al pensar que no era lo que ella quería.
—No lo sé... Deben ser las hormonas —bomeó con él, pero se dio cuenta de que él se encontraba algo confundido—. Edward... estoy feliz.
—Amor... ¿estás... segura? —dijo titubeante.
—Edward... estoy muy segura de que me siento feliz. Es cierto que no habíamos planeado esto, pero es... increíble —aseguró emocionada—. Creo que hay alguien ansioso por conocer a los abuelos —susurró acariciándose su aún plano vientre.
—Bueno, aún hay que hacer la prueba...
—Estoy segura de que será positiva... Puedo sentirlo —sonrió ampliamente mientras miraba a Edward con lágrimas en los ojos—. Para lo único que no estoy preparada, ni ahora ni nunca... es para enfrentar la locura de nuestros padres.
—Todo a su tiempo, amor. Aún nos quedan varias semanas aquí y no pienso desperdiciar ni un sólo segundo.
Desde luego, por la mañana fueron directo a la clínica para hacerse los análisis de sangre y confirmaron el embarazo de Bella. Tenía seis semanas de embarazo lo cual puso mucho más consentidor a Edward y de muy buen humor a Bella, salvo las ocasiones en que sentía náuseas o que se ponía sentimental por ciertas cosas como la puesta de sol, los hijos de los trabajadores en Bali, los paisajes paradisíacos, y por supuesto, las palabras de Edward.
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Un pequeño Outtake sólo para saber cómo se enteraron de que estaban embarazados.
