Capítulo 37

Los mortífagos daban su batalla pero aún no habían podido salir de aquel comedor en donde habían sido encerrados por los malditos elfos domésticos del colegio. Los profesores habían unido fuerzas, y atacaban sin piedad, los miembros de la Orden habían finalmente llegado y ayudaban en lo que podían, principalmente, haciendo que los alumnos pudieran escapar a un lugar seguro, primeramente hacia el caldero chorreante donde Madame Rosmerta los ayudaba al llegar. Bill, Fleur, Charlie y los gemelos eran los encargados de esa tarea, aunque los alumnos de Slytherin se habían visto un poco reacios a cooperar con los Weasley, no tuvieron problemas con los encantos de la francesa que hizo un poco de trampa con sus encantadores dotes de Veela.

Una vez todos los alumnos de Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin habían sido evacuados, los cinco chicos se encaminaron a Gryffindor, donde la dama gorda les dio el permiso de entrada aún sin recibir la contraseña de ellos. El problema comenzó entonces.

"No vamos a irnos, queremos ayudar" – Se quejaba Neville.

"Escuchen, deben irse, esto no es el ED. Es peligroso y…"

"Para estas situaciones nos entrenó Harry" – Se quejó Lavander.

Los chicos de séptimo de Gryffindor, junto con algunos de sexto y como siempre Luna, que había quedado a dormir en la torre de Gryffindor, invitada por Lavander, estaban dispuestos a pelear a favor de Dumbledore, Harry y contra todo loque simbolizaba Voldemort.

"Harry nos necesita y…"

"Harry no esta abajo. Él, ninguno de ellos lo está"

"Charlie¿crees que no aparecerán? No comprendo, qué poca fe le tienes a tu hermano y a los demás"

"No es eso Luna, sabes que confío en ellos pero, no han aparecido, puede que haya pasado cualquier cosa con ellos…"

"No, ellos están bien, y no solo eso, vendrán a enfrentar a los Mortífagos, y yo pienso hacer lo mismo."

"No voy a dejar que…"

"No pueden negarnos esto" – Renegó Seamus.

"Nosotros queremos hacerlo, porque es lo que somos. Gryffindor, y los Gryffindor no temen a nada y se enfrentan al peligro"

"¿Ginny está abajo?"- Preguntó Dean

"Sí, ella lo está"

"Entonces los demás también vendrán. Nunca dejaron que nada le pase a Ginny o nunca se negaron a enfrentarse a los mortífagos. Muchos sabemos eso"

Una fuerte explosión se escuchó a una distancia poco considerable de la sala común. La dama gorda entró por uno de los grandes cuadros paisajistas sobre la chimenea de la sala común, agitada y apresurada.

"¿Qué sucedió?"

"Hay mortífagos que no han sido encerrados en el salón comedor. Están queriendo entrar. Se acercan a un paso espeluznantemente rápido. No les importa nada, están volando los cuadros para que no adviertan a los demás. Hay que sacarlos de aquí a todos." – Había dicho tan rápido que los más pequeños no habían entendido.

"Fleur, Fred y George, ustedes se llevaran a los más pequeños a lo de madame Rosmerta, nosotros intentaremos evitar que los mortífagos ataquen más de lo que necesitan" – Ordenó Bill

"¿Cuántos son?" – Preguntó Charlie a la dama gorda.

"Al menos cinco o seis. No los llegue a ver. Solo un humo y griterío de los cuadros."

"De acuerdo. ¿Qué están esperando?"

Rápidamente los gemelos y la francesa tomaron de sus bolsillos el polvo flu suficiente como para arrastrar a la mayor cantidad de chicos. Al menos cuarenta debían ser trasladado hacia Hogsmead, sería una odisea si además, había mortífagos queriendo entrar.


Ahora las explosiones eran más dramáticas. Los profesores hacían lo posible, incluso los miembros de la Orden parecían desistir contra la gran cantidad de mortífagos que estaban enfrentando y la numerosidad de maldiciones y hechizos que recibían a cada paso. Los Aurors no se hacían presentes, y los mortífagos parecían, de vez en cuando, poder adelantarse hacia sus enemigos.

Fue Tonks, sin embargo, la que se dio cuenta de algo.

"¿Donde esta mi tía?" – dijo entre disparos.

"Es verdad, no lo había notado" – Dijo Sirius mientras se defendía de una maldición. – "Mi prima no está"

"Ahora que lo dicen… faltan unos cuantos…"

"Ginny, ve para atrás"- le exclamó Sirius al ver a su joven esposa exponerse tanto a sus enemigos.

Era demasiado tarde. Los mortífagos habían comenzado a dirigir sus hechizos y maldiciones hacia el techo de la entrada del comedor. Esto tendría solo un final, la caída del techo sobre los miembros de la Orden y los profesores.

Algunos lograron salir del lugar antes de ser arrastrados y cubiertos por los escombros. Pero otros, quedaron debajo o atrapados entre ellos, y no podían hacer otra cosa que enfrentarse cara a cara con las decenas de mortífagos que se acercaban peligrosamente.

"James, Sirius…" – Llamaba Remus del otro lado de los escombros. Al parecer sus instintos de lobo lo habían salvado a él y a Lily de ser víctimas mortales del derrumbe. Pero sus amigos no lo lograron. – "¡Ginny!"

"Remus, sácanos de aquí" – Decía James de manera apagada.

"Por Merlín" – se escuchó decir apenas a Ginny. Lily, sin embargo no pudo escucharla

"Ginny¿Qué es?"

"Es… la profesora Vector… está… muerta" – Dijo ahogadamente Sirius.

"Hay cuerpos por todos lados" – Decía James comenzando a desesperarse.

"Remus, ayúdame con los escombros, hay que sacarlos de aquí" – Dijo Lily mientras que con esfuerzo trataba de levantar una roca de su lugar.

"Lily, vete de aquí" – Gritó James.

"¡No! No quiero hacerlo. ¡No voy a dejar que se repita la historia. La primera vez te escuché esta vez no!"

"Lily por favor. Sálvate tú y protege a Harry…"

"¿Y quien nos va a proteger a nosotros tres?" – Un par de piedras después había un hueco lo suficientemente grande para que James pudiera ver a Lily.

"¿Qué estas diciendo?"

"Harry va a tener un hermano… ¿no quieres ver como será el pequeño?"

"Por las barbas de Merlín Lily" – murmuró James.

"James" – Llamó Sirius. Lily pudo ver que hacía lo imposible para que su voz no temblara frente a Ginny. – "Aquí vienen"

"¡JAMES!"

Las piedras volvieron a derrumbarse.

"Lily vamos…. Hay que salir de aquí"

"¿Vas a dejar que tus amigos se mueran?"

"No, voy a buscar la manera de sacarlos, pero para eso hay que vivir y aquí mismo no se va a poder"

"¿Qué sugieres?" – Remus no respondió. Solo señaló algo sobre sus cabezas.


"Sirius," – Comenzó Ginny con su varita en alto, dispuesta a matar a quien fuera necesario. – "Este no es el fin"

"¿Quieres apostarlo?" – Dijo la voz de Crabbe padre.

"Cuando quieras"- Dijo Ginny.

Blandió la varita con tanta rapidez que se sorprendió a si misma haciéndolo. Cuando pestañó dos veces seguidas se encontró con el mortífago estampado contra la pared.

"Bien hecho Ginny" – Le felicitó James luego de verla actuar.

"James, empieza a trepar la pared de escombros"

"¿Qué estás diciendo? No voy a…"

"¡HAZLO!" – Exclamaron tanto Ginny y Sirius al unísono.

"De… acuerdo" – Respondió dubitativo.

"Luego vas tu" – Volvieron a decir los dos juntos. Mientras, a la par, repelían las maldiciones que les eran enviadas.

"Ginny, tu sigues, no te voy a dejar que…"

"No lo harás." – Respondió confiada. – "Saldremos de esta. Yo soy más liviana que tú, ellos podrán conmigo más fácilmente"

"De que… Expelliarmus… hablas" – Dijo Sirius entrecortadamente

"Remus y Lily planean sacarnos de aquí… fluentum"- Una corriente de agua salió disparada para apagar el fuego de otra de las varitas enemigas. – "Sirius no te olvides que puedo ver más allá de lo normal"

"Eso no quiere decir que… cuidado… vaya a dejarte cometer suicidio"

"Por las barbas de Merlín Sirius" – Ginny le señaló a los dos amigos que estaban atravesando el techo mágico. – "Vete, puedo conjurar un escudo mágico en torno a ti."

"Gin"

"También te amo Sirius" – Le respondió antes que él dijera algo.

El animago comenzó a trepar entre los escombros, un par de lágrimas fluían de sus mejillas pero no quería que su esposa las viera caer. Así que cerró sus ojos para impedir que siguieran saliendo. Volteó al mismo tiempo que una maldición se dirigía a él, no tuvo tiempo de sacar su varita, su cuerpo estaba petrificado y en lo único que podía pensar era en Ginny. Pero algo detuvo el hechizo.

Algo así como un campo de energía alrededor de él hizo que la maldición desapareciera antes de tocarlo.

"Date prisa Sirius. No creo poder soportar mucho mas el campo" – Le gritó Ginny desde abajo. Sirius asintió aun sin saber si Ginny lo veía o no.

"Sirius ¿Dónde está Ginny?" –Le preguntó James cuando el animago cayó del otro lado de los escombros.

"Quedó allá"

"¿De que diablos hablas? No pudiste haber dejado a…"

"Escúchame y hazlo bien" – Sirius tomó a James del cuello de la túnica casi elevándolo lo suficiente como para que no tocara el suelo con sus pies. – "Ginny es lo más importante del mundo para mí, mucho más que otras personas. Pero confío en ella y se que saldrá de esta. No lo hubiera hecho conmigo ahí. Así que no me vuelvas a decir que no pienso lo que hago, porque si realmente no lo hiciera no estaría hablando contigo, sino que estaría dando golpes a diestra y siniestra."

"Lo siento" – Respondió James.

"Ahora vamos a ayudar a Lily y a Remus a rescatar a mi esposa ¿quieres?"

"¿A que te refieres?"

"Pues que ellos están allí…"- Dijo Sirius señalando el hueco en el techo justo sobre Ginny. – "Y pensaban rescatarnos, pero Ginny supo que lo harían y nos hizo salir de allí, pues ella es más liviana. Ahora me cierra todo"

"¿Piensan hacer…lo que creo que van a hacer?"

"Me parece que sí. No veo otra forma. Aunque viéndolo de otro modo, ellos son o fueron los más inteligentes de nuestra generación" – Sirius y James seguían hablando mientras corrían fuera del colegio, entre hechizos, mortífagos y miembros de la Orden, y se dirigían al sitio en donde sus amigos estaban.

"Y de otras generaciones también."

"Tienes razón, pues a lo que iba… petrificus totalium" – Exclamó Sirius al ver a un encapuchado atacarlos. – "supongo que quizá tengan otra idea…"

Sirius y James se subieron a una roca lo bastante grande para que cupieran los dos y James la hizo levitar, hasta llegar a la cima del techo. Allí podían ver a Ginny enfrentarse mordazmente contra los mortífagos que se atrevían a atacarla.

"Accio Ginny" – Gritaron Remus y Lily.

Rápidamente los dos animagos fueron testigos de la idea de Remus, que para la sorpresa de ellos mismos, había sido la única solución que encontraron en aquel momento de contratiempos.

"Gracias chicos" – Dijo Ginny exhausta por los enfrentamientos que había pasado desde que comenzó la alerta.

"¿Sabes si…los que estaban con ustedes?" – Preguntó Lily.

"Lo siento Lily. Pero nadie lo logró. Perdimos a dos miembros de la Orden y la profesora Vector."

"Maldición"

"¡Los mortífagos están escapando!" – Exclamó alguien desde abajo. Efectivamente, los mortífagos atrapados habían comenzado a trepar por la pared de escombros.

Charlie, Bill y los Gryffindor habían aparecido justo a tiempo para impedir que los mortífagos, que habían finalmente salido, pudieran matar a dos miembros de la orden que habían quedado un poco lastimados pero vivos, luego del derrumbe.

Todo era suciedad, gritos y luces. El polvo que levantaban las pisadas y las corridas hacían que la visibilidad, tanto de los buenos como de los malos fuera terrible, algo que evidentemente se podía apreciar.

Así que luego de un largo tiempo de batalla dentro del castillo, una de las paredes se derrumbó para poder escapar hacia el parque del colegio. La noche aún seguía siendo fiel testigo de los acontecimientos. Sin embargo el cielo parecía amanecer con el espectáculo de luces que se producían a cada segundo.

Los Aurors finalmente hicieron su aparición en la escuela, defendiendo las instalaciones, y a los heridos. Redujeron lo más posible a los Mortífagos que se encontraban ya en un estado de cansancio ante el gran ajetreo que realizaron durante al menos tres o cuatro horas.

En cuanto los mortífagos notaron la evidente derrota, intentaron desaparecer por medio de trasladores, que tenían algunos de los miembros del círculo secreto. No obstante algo evitaba la huida. Los miembros de la Orden, así como los chicos de Gryffindor y los profesores aprovecharon esto para atacar aún más con la ayuda de los Aurors que se habían presentado. Pronto los miembros del ministerio controlaron a los atacantes y los habitantes del colegio pudieron relajarse unos momentos. Solo algunos, porque el ministro Frudge, que había venido corriendo desde la entrada del colegio que lindaba con el pueblo mágico, estaba agitado y con su rostro rojo que no se podía descifrar si era por el acaloramiento del trote o por la ira acumulada.

"Albus… ¡ALBUS!" – Gritó el ministro de la magia.

"qué conveniente" – Murmuró Ginny, mientras rengueaba ayudada por Sirius.

"Aquí estoy Cornelius" – La voz de Dumbledore se escuchó fuerte y clara, mientras el anciano caminaba con dificultad hacia el ministro. – "me gustaría estrecharte la mano pero temo que los huesos de ésta se rompan más de lo que ya están"

"¿Qué sucedió aquí?"

"Me alegro que hayan recibido el mensaje urgente de ayuda que enviamos. Pues, los mortífagos atacaron Hogwarts a mitad de la noche."

"¿Dónde están los estudiantes?"

"A salvo, en Hogsmead" – Respondió Fred que tenía un gran tajo en la frente. – "Yo mismo me encargué de eso"

"A mi no me importa si…"

"Señor Ministro, le pido que por favor omita los comentarios que tenga sobre, usted ya sabe" – Dijo Sirius que venía sosteniendo a Ginny.

"Una alumna¡Una alumna en medio de una batalla!"

"Creo que debería volver a la escuela señor ministro, porque la cuenta da mas de uno." – Todos voltearon a ver al grupo de Gryffindor que había aunque un poco, ayudado en la batalla que se había librado.

"Esto es inaudito. ¿Cómo es posible que el director de Hogwarts permita que los alumnos del colegio participen de tal odisea?"

"Si usted, ministro Frudge, y su grupo hubieran aparecido antes, quizá no hubiera sido necesaria la participación de los alumnos." – Ginny no parecía tener miedo a enfrentarse con el ministro y al parecer, los chicos de Gryffindor la seguían sin ningún problema. – "¿Algo para decirnos?"

"Solo una pregunta que hacer. ¿Dónde está el gran héroe y su séquito?" – Dijo con aire de triunfo. Pues ni Harry, ni Hermione, Ron ni siquiera Draco estaban ahí.

"No se a quien se refiere señor" – Fue esta vez Charlie.

"Pues a quien más si al mismísimo niño que vivió" – Dijo con sarcasmo.

"¿Se refiere acaso a Harry Potter, señor?" – Ginny había usado el exacto mismo tono que el hombre, haciendo que Cornelius volteara a verla con odio.

"Claro que me refiero a él. Y a sus amiguitos que no hacen otra cosa que meterse en problema tras problema. El señor Potter, la señorita Granger y el señor Weasley han estado en más aprietos que… que…"

"¿Qué quien?" – Preguntó con paciencia Dumbledore, como si fuera un niño de cuatro años que trataba de explicar algo con palabras rebuscadas.

"Pues… que, usted. Señor Dumbledore."

"¿Qué yo? Déjeme explicarle que lo que yo hago no es crear problemas, sino todo lo contrario, lo que hago o al menos intento hacer es resolver los problemas"

"¡No cambien de tema. Quiero saber donde están, ahora mismo!"

"¿A quien busca exactamente?" – Se escuchó alguien preguntar un poco más alejado.

"¿Acaso hablo en húngaro? Al señor Potter y sus amigos seguidores que…" – Otra vez volvió a quedar en silencio sin terminar la frase. – "Señor, Harry Potter"

"¿A mi me buscaba? Pues aquí estoy, señor ministro. Y mis amigos seguidores conmigo"

"¿Dónde…?"

"Pues si se hubiera fijado al venir corriendo, nos encontrábamos el Hogsmead, verificando que los alumnos estuvieran todos bien. Puede preguntarle a la señorita Fleur De'l Court que estaba con nosotros"

"Cla… claro" – Dijo nervioso.

"Mi consejo señor ministro es que se lleve a estas personas, si es que pueden ser consideradas como tales, y les propine un juicio justo con el fin de condenarlos por las graves faltas hacia la comunidad tanto mágica como muggle"

Hermione había dicho con tanto razonamiento y seguridad que al ministro no le quedó otra opción que hacer caso y dar la orden de retirada, no sin antes echarles una última mirada al cuarteto que estaba frente a ellos. Algo no estaba bien en ese cuadro, pero no quiso pensarlo más. Desapareció un segundo después.

Ninguno quería decir nada. Pero el cambio era notable.

Ron parecía ser otra persona. Ya no era ese muchacho alto pero sin forma que parecía estar entre dos etapas del crecimiento. Había obtenido una musculatura que ni siquiera el quidditch podía haberle formado. Llevaba el cabello largo como Bill hasta los hombros, amarrado con una correa de cuero, sus ropas le sentaban de manera distinta, aunque a penas podía notarse por la túnica que llevaba encima.

Draco, también había cambiado. Su tórax y espalda eran más grandes y su altura era al menos diez centímetros mayor. Su cabello había perdido el color platinado y a pesar de llevarlo aún lo bastante rubio para seguir siendo un Malfoy, era oscuro y reluciente. Lo llevaba largo, quizá no tanto como Ron, pero lo suficiente para que sus ojos se taparan con el flequillo, y había adquirido un tonto tic de llevarse el cabello hacia atrás que lo hacía ver aún más lindo que antes, a pesar de que siempre volvía a su mismo lugar.

Hermione también estaba cambiada. Parecía tener en su rostro el deje de la madurez, aunque siempre había sido visible en ella. Su cabello, con esos deslumbrantes reflejos blancos, estaba ahora largo hasta su cadera o quizá un poco más, pero no llevaba el cabello cubriéndose el rostro como acostumbraba. Tenía unas pequeñas trenzas muy amarradas a su cuero cabelludo pero que a lo largo de su cabello se perdían, dejándolo suelto, y que le daba un toque de rebeldía y a pesar de todo, superioridad. Lo único que podía verse de su vestimenta era su mano vendada con tela blanca. Y su cuerpo, era el de una mujer que había hecho ejercicio toda su vida, esbelta y sin un gramo de más, tal y como Remus la recordaba de sus días de casados.

Harry, por extraño que pareciera, ya no tenía su cabello indomable. Lo poseía muy corto por detrás pero largo en el frente, para que pudiera taparse, como Draco, los ojos con el flequillo, tenía el cabello peinado hacia un costado, con la línea del cabello de un lado y no en el centro, y continuamente movía la cabeza hacia el costado para quitarse el flequillo de los ojos. Su altura era considerable, dado que hacía unos días atrás era diez o doce centímetros más bajo y ahora le llegaba a Ron un poco más arriba de la barbilla. Era solo unos cuantos centímetros más alto que Draco, su cuerpo no había crecido tanto pero parecía, a simple vista, mostrar que tenía sus músculos bien marcados y desarrollados. Su mirada era intensa y juguetona al mismo tiempo, como si pudiera hablar con sus ojos sin la necesidad de hacer o decir nada más.

"¿creen que dejarán de mirarnos y venir a saludarnos en algún momento?" – Ironizó Ron con una sonrisa.

"¿Ronald?" – La voz de la señora Weasley era de entre desesperación y desconcierto.

"Pues sí madre. El mismo que viste y calza"

"Bueno, eso de mismo podríamos dejarlo en la duda" – Bromeó esta vez Bill que fue el primero en acercarse a su hermano.

"Harry¿donde estabas, todos donde estaban?"

"Digamos que… llegamos a tiempo." – respondió el chico. Mientras abrazaba a su madre y sonreía a su padre. El chico, a diferencia de Ron y Hermione, no se movió de su lugar, junto a Draco.

"Hermione" – Dijo en un susurro Remus cuando vio que la chica se acercaba a él con una sonrisa amplia y dispuesta a besarlo con toda la ternura que había guardado. – "Por más que quisiera comerte de un beso la boca, debemos recatarnos frente a los demás"

"¿Eso quieres?" – Dijo ella aún con su sonrisa

"Bien sabes que no" – Respondió él.

"Creímos que estaban, no se donde"

"Pudieron habernos ayudado" – Se quejó Tonks

"Lo hicieron." – Respondió Neville defendiéndolos. – "ellos aparecieron y mandaron volar a los seis mortífagos que se escabulleron por la torre de Gryffindor. Seguramente buscaban a Harry y los demás"

"Y vaya que los encontraron. No pudimos ver bien que fue lo que paso. Pero cuando estábamos listos para atacarlos, ellos ya estaban cargando sus cuerpos hacia fuera del castillo." – Agregó Parvatil.

"¿Es eso cierto Bill?"

"Completamente" - Respondió el colorado

"Pero estaban del otro lado del colegio" – Preguntó confusa Lily

"Nos aparecimos en las afueras del colegio para evitar que los mortífagos se escaparan"

"¿Cómo es eso?"

"Evitamos que los mortífagos usaran los trasladores. Le quitamos el poder a los objetos" – Respondió Draco como si fuera lo más obvio del mundo.

"mi consejo a todos es que vayamos dentro" – Dijo Dumbledore con Madame Pomfrey revisando su mano. – "Popy, aunque no lo parezca sufro internamente el dolor" – Dijo sonriendo el anciano.

"Albus¿Qué haremos con los chicos?" – preguntó McGonagall.

"Bueno, supongo que podremos mandarlos a sus casas por una semana, hasta que esté todo en orden aquí. Se que sus padres podrían sentirse un poco más seguros de esa forma.

"¿También nosotros?" – Preguntó Lavander.

La chica no dejaba de mirar a Harry, indiscriminadamente. No parecía molestarle el hecho que Harry ya la había visto observarlo, ni tampoco que lo hiciera sentir incómodo. No era un secreto que ella aún estaba hasta el piso por Harry Potter, y su nueva imagen no ayudaba en lo absoluto.

"Me temo que también ustedes, señorita Brown. El señor Potter podrá quedarse si es que sus padre se quedan aquí, pero el resto de los Gryffindor y la señorita Lovegood, deberán irse con sus respectivas familias"

"Así que, Madame Pince y yo nos encargaremos que ustedes suban a recoger algo de sus cosas, el resto permanecerá tal y como lo dejaron ustedes. Dense prisa que el tres vendrá en menos de diez minutos."

McGonagall y la bibliotecaria dejaron el lugar. Sin embargo aún quedaban los suficientes miembros de la Orden y profesores como para hacer una fiesta.

"¿Que haremos con las bajas?"

"Lo que se ha hecho siempre. Hablaré con los familiares de los caídos. Por desgracias y aunque quisiera, no podemos hacer mucho mas por ellos."

"Nos encargaremos de ver a los chicos" – Dijo el profesor Fliwick, que medio rengueaba. Sin embargo, luego de atender a los herido de gravedad, Popy se dedicó a hacerles tomara todos una espantosa poción y se retiró. Los demás profesores, salvo por el profesor Snape y los Merodeadores se retiraron con el profesor de Encantamientos hacia Hogsmead.

"Bien, ahora a lo nuestro…" – Comenzó Albus, pero Sirius lo interrumpió.

"¿Dónde estuvieron?"

"Sirius." – Dijo Lily, pero aún así esperaba la respuesta de los chicos.

"No estamos muy seguros de dónde, pero sí cuánto, y haciendo qué"

"¿A que te refieres Ron?" – Preguntó Luna.

"Bueno, hemos estado entrenando y perfeccionando nuestras habilidades para las batallas que vienen con Voldemort…"- Comenzó explicando Hermione para ser terminada la oración por Draco.

"Durante todo un año"

"¿Un año? Solo fueron días chicos" – Rectificó Remus.

"No hagan caso a Ron, sí sabemos donde estuvimos, el es el que no entiende cuando se le explica"

"¡Hey!" – Se quejó el colorado.

"Volvimos al tiempo de Merlín y los cuatro fundadores. Pero era otro sitio, no era Camelot."

"Eso lo explica" – Dijo Dumbledore. – "De haber sido así, lo hubiera sabido con certeza."

"Algo que el profesor Dumbledore no supo, con todo el respeto" – Se corrigió James al ver el rostro de su esposa, sin embargo, Albus sonreía.

"Estuvimos en la Isla de Avalon, la misma sacerdotisa nos ilustró en combates, y nos ayudó a perfeccionar nuestras capacidades especiales"

"Y¿se puede saber cuales son sus calidades especiales?" – Preguntó Severus dudoso.

"Bueno, en realidad no es bueno que lo sepan. Así que no les podemos decir, específicamente"

"no quieren o no pueden" – Volvió a decir el profesor de pociones.

"La verdad es que es más un no queremos a un no podemos." – Respondió Hermione.

"Bien, ya se sabrá a su debido tiempo. Por ahora, será mejor que cada uno vaya a descansar."

"Molly, Arthur, pueden quedarse esta noche si quieren. Todo son bienvenidos a quedarse."

"Te lo agradecemos Albus."


Hermione iba caminando a paso normal hacia su habitación, habría pasado un año desde que había estado allí, pero las cosas podía recordarlas igualmente, y así también el recorrido de a su cuarto.

"Hermione" – Escuchó muy bajito. Casi como un susurro.

Ella se detuvo y volteó hacia atrás, pudo ver entonces que Remus la seguía a una distancia considerable.

"Remus" – dijo ella cuando el licántropo estuvo a, al menos, un par de metros.

"¿Cómo supiste que estaba…?"

"No te preocupes por eso." – Respondió ella. Acercándose lentamente, tanteando el momento. Levantó su mano y la colocó suavemente sobre la mejilla de Remus. Sin embargo, Remus tomó rápidamente la mano de la chica entre las suyas y la observó detenidamente, tenía vendada gran parte de la mano.

"¿Qué te sucedió?"

"¿En la mano?" – Remus asintió. – "Me quemé. Quemadura del tercer grado."

"Por Merlín Hermione¿estas bien?"

"Sí, lo estoy."

"Pero tu eres tan precavida¿Cómo es posible que te hayas…?"

"¿Quemado? Puede pasar en cualquier momento, Remus."- Le explicó con una sonrisa.

"Puede ser pero…"

"Ya Remus" – le dijo ella, besando su mejilla. - "Te extrañe mucho" – Le susurró.

"También yo amor" – Le dijo Remus casi por inercia. Le hacía tan bien escuchar su voz que nada más importaba, como el hecho que ella parecía guardar unos cuantos secretos.

"Estoy muerta del cansancio. ¿Qué dices si nos vamos a dormir, y nos levantamos para el almuerzo mañana?" – Dijo ella.

"Eso nunca había sonado mejor, Mione"

"Genial." –Besó sus labios fugazmente y notó que Remus cerraba sus ojos para disfrutarlos un poco más. – "Remus" – susurró Hermione.

"¿Mmm?"

"Vamos, que tengo sueño"

"Sí" – Remus abrió los ojos para comenzar a caminar hacia su cuarto pero algo lo hizo detener. – "¿Hermione?"

"¿Si?"

"¿Cómo…? Este es mi cuarto ¿verdad?"

"Sí, Remus."

"¿Cómo hiciste para?"

"¿De verdad quieres saberlo?" – Comenzó ella en tono juguetón, mientas se quitaba seductoramente la túnica negra. – "O, prefieres otras cosas, quizá."

Remus observó el ambiente en el que se encontraba y luego volvió a mirar a Hermione que se encontraba ahora mirándolo fijamente mientras que con movimientos lentos y controlados se quitaba la camisa.

No necesito de un genio para que le dijera lo que tenía que hacer. Sonrió malicioso y lujurioso mientras se acercaba a ella. La tomó de la cintura y la alzó, Hermione apenas logró envolver el torso de Remus con sus piernas por la repentina sorpresa. Segundos más tarde, Remus tiró a Hermione sobre la cama y él sobre ella, besando acaloradamente el cuello y hombros de Hermione.

"Te extrañé demasiado" – Le dijo ella entre gemidos ahogados.

"Yo a ti, mi amor"

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Bien. ¿Que les pareció? Espero que bien porque he llegado a los 420 reviews gracias a ustedes eso debe de significar algo ¿no? Jajaja

Pues bien, el capitulo fue corto, lo admito pero quería subir algo rápido y aproveché que tenia un poco de inspiración para escribir y me senté…. Realmente espero que les agrade el capi….

Gracias mil a hermione amamie, Conny-hp, Rory Granger, HoneyBeeM, dan, SandritaGranger, joyce, LadyVega, Y0misma, megumi1909, Gerulita Evans, betthyta Saint, Adrixita, Hermy Evans… realmente si no fuera por ustedes y el constante apoyo que me han dado dejando sus reviews esto hubiera terminado sin acabar o directamente lo borraría del mapa.

Pido disculpas si hay alguna falta grave en el tipeo del texto, es que mi teclado no esta funcionando como debería y ha estado pidiendo cambio desde hace bastante, como verán no he podido corregirlos todos, así que quedan avisados.

Un saludo grande a todos y espero sus reviews….

Ivita Black

M.O.M.