No puedo dejar de pensar en lo que puede ocurrir esta noche, pero intento concentrarme al máximo con los múltiples peinados que mantienen indecisa a Rose. No se me dan muy bien estas cosas, aunque logro poner todo de mi parte.
- Entonces, ¿cuál es tu favorito?- Rose está frente al espejo con varias fotos sobre el tocador. Es rubia, como mi madre, y me sorprendo echándola de menos.
- El ondulado con una trenza delante. Ya sabes que yo soy muy dada a las trenzas.- me siento en su cama, observando su habitación. Tras hacerlo, constato porque la gente no me considera femenina, ya que yo no uso tonos pastel, no tengo tocador y mi vestuario se reduce a varias prendas de ropa monótonas.
- Sí, ese es uno de los que más me convence.- parece satisfecha y eleva la foto del peinado elegido.- ¿Has visto el vestido?
- No, no me lo enseñaste.- me siento rara hablando con ella con tanta familiaridad.
- Ya verás como te gusta, lo eligió la madre de Gale.- se levanta y se interna en su vestidor. Cuando me lo muestra, totalmente blanco y lleno de pedrería, no puedo luchar contra los recuerdos del Vasallaje de los Veinticinco, del asombroso vestido que le costó la vida a Cinna.
- Es muy bonito.
- Me viene un poco grande por detrás…- vuelve a guardarlo.
- Seguro que te queda muy bien.- digo por decir. Ella es de la edad de Gale y está mucho más desarrollada, no creo que tenga problemas.
- ¿Tú no has pensado en casarte?- vuelve a sentarse para probar pintalabios.
- Hoy todo el mundo me habla de lo mismo.- me río.- No, no creo.
- Eso decía yo, pero cuando te enamoras al final acaba sucediendo.- me sonríe.
- A veces no es tan fácil.
- Depende de lo que luches.- me mira con cariño.- ¿Por qué dices eso? Pareces triste por algo.
- No estoy hecha para el matrimonio.- intento responder con diplomacia.
- Eres muy joven aún.- se desmaquilla.- ¿Has hablado con Gale sobre Peeta?
- ¿Sobre Peeta?- ¿por qué está hablando de eso ahora?
- ¿Tú lo quieres, Katniss?- me pregunta de pronto, dejándome en blanco.- No se lo voy a decir a nadie, ni siquiera a Gale.
- ¿Por qué quieres saberlo?- me pongo a la defensiva.
- Porque sé que te estás haciendo mucho daño.- se ha dado la vuelta para mirarme directamente a los ojos.
- El daño me lo hizo él marchándose.
- Pero, si eso fuera cierto, ¿por qué sigues sufriendo entonces? Ya ha vuelto.
- El pasado siempre duele.
- Te duele porque lo quieres.- ¿por qué me está sonriendo?
- Aunque tuvieras razón, es demasiado tarde.
- ¿Demasiado tarde para qué?
- Para nosotros. Nuestro momento ya pasó.
- Nunca es tarde si los sentimientos son verdaderos.
- Eso no es suficiente.
- ¿Y qué sería suficiente?
Me quedo en silencio, reflexionando sobre lo que acaba de decirme. ¿Qué sería suficiente?, ¿es que estoy tan dolida que soy incapaz de actuar con coherencia?
- Él dice que ya no me quiere de la misma forma.
- Te quiere más.
- ¿Cómo lo sabes?
- Soy mujer, lo sé.- se sienta a mi lado en la cama.- ¿Por qué te da miedo que ya no pueda quererte como antes?
- Porque no quiero perderlo.
