Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
***Mis hermosas lectoras, ¿qué les parece? Es un capítulo largo, ya saben cuánto me gustan las bodas a mí.
¡Cada vez más cerca del final! Sólo nos queda un capítulo más antes de que esta historia termine, así que serán 39 capítulos, mi historia más larga hasta el momento y por supuesto no hubiera podido llegar hasta aquí sin ustedes.
Como le prometí a yisicullen25, este capítulo es especialmente dedicado para ti, preciosa.
Espero que les guste a todas, las amo, miles de besos, An-***
Capítulo treinta y siete.
Me observé de nuevo en el espejo, alisé la inexistente arruga en el vuelo de mi vestido y suspiré.
El hermoso vestido azul cobalto, corto hasta la rodilla, con un hermoso vuelo, el escote en "V" cubierto por un fijo encaje y abierto hasta la mitad de la espalda, mi vestido de dama de honor, sin duda Alice se había superado con el modelo, ella vestiría uno parecido, pero sabía de sobra que en ella luciría mucho mejor, y no me equivocaba.
Mi cabello caoba estaba en un moño bajo y desenfadado, con bucles suelto aquí y allá, el maquillaje era muy sencillo y fino, toda una obra maestra, mi querida prima me había dejado observándome mientras ella iba a colocarse su vestido.
— ¡Te ves preciosa! — chilló Angela, entrando a la habitación en la que estábamos arreglándonos, en el jardín donde se realizaría la ceremonia y la recepción.
—Angie, tú eres la que se ve hermosa— sus ojos se aguaron ligeramente, pero Alice interrumpió cualquier llanto.
—Angela Weber, futura señora Cheney, no se atreva ni siquiera a derramar una lágrima— Mi prima se veía magnifica.
Su cabello estaba sujeto en una coleta alta, completamente liso, su vestido era parecido al mío en el escote, pero no tenía vuelo, su maquillaje era un poco más atrevido y sus tacones de infarto estilizaban sus piernas completamente.
Ahora entendía lo que quería hacer, ella quería dar un estilo de chica mala, mientras que yo sería la chica buena, genial, ironicé en mi cabeza.
—Se ven excelentes— les aseguré.
Angela, con su vestido blanco y vaporoso, con dos gruesos tirantes que enmarcaba su fina figura, acentuaba su cintura y todas las capas de tul le daban un efecto que parecía estaba sobre una nube, sus ojos enmarcados en espesas pestañas y el fino peinado que favorecía a su delicado rostro, debajo del velo.
Una princesa en todos los sentidos, pero sobre todo, el brillo exultante de sus ojos, era la personificación de la novia enamorada.
—Chicas, es hora— Para mi sorpresa, Rosalie entró a la sala con un vestido un poco más corto que el mío, con un poco menos de vuelo que el mío, palabra de honor y con una tira que le cruzaba el pecho, al parecer, en los meses de mi ausencia ella y Angela se había hecho realmente buenas amigas, su cabello rubio y brillante estaba sujeto de ambos lados, como una coronilla, dejando libres sus suaves risos.
Nuestra relación no era la mejor, técnicamente ella era Rose, pero aún me sorprendía escucharla maldecir, una rasgo distintivo en su lenguaje.
Salimos, dejando a Angela muriendo de nervios, Alice y Rosalie se adelantaron para que los invitados comenzaran a tomar sus lugares y coordinar al pianista junto con el violinista, que según yo, marcarían la marcha nupcial.
Yo me quedé un poco rezagada, sosteniendo mi pequeño buqué de flores azules, y admirando la decoración del bonito jardín.
Realmente parecía un edén, los arboles estaban completamente tupidos de flores blancas y rosa pálido, algunos arbustos tenían flores rojas y purpuras, que marcaban el camino hacia la pequeña carpa blanca que tenía cortinas blancas ondeando con la ligera briza de la tarde, las sillas del lugar estaban decoradas con pequeñas rosas blancas y flores color durazno.
La alfombra blanca y mullida estaba enmarcada por el verde del pasto, al fondo, un arco repleto de luces—aunque estábamos a medio día— resaltaba entre todo lo demás, y ahí, Ben bromeaba junto a varios hombres, de los cuales pude reconocer a Emmett, se veía muy elegante, llevaba un traje gris claro, camisa negra y corbata azul cobalto, muy parecido al de mi vestido, su cabello estaba pulcramente peinado y su rostro demostraba el orgullo que tenía al ser el padrino de Ben.
—Bella, vamos, date prisa— me apremió Alice, parecía vibrar de toda la energía contenida que llevaba dentro.
La marcha nupcial estaba por comenzar y yo debía ir con el acompañante de Ben, aunque no tenía ni idea de quién era, suponía que era algún chico de su jefatura.
—Bells, te ves preciosa—me alabó mi hermano, mientras se ponía a mí lado.
—Emmett, ¿iré contigo en la marcha? —él me sonrió triunfal.
—Por supuesto, soy el padrino de Ben y tú la dama de honor de Angela, debemos ir juntos— yo me aferré a su brazo mientras Rosalie y Alice se colocaban al frente de nosotros, al parecer ella iban solas.
—Ben es una persona tranquila y sincera, y creo que Angie será muy feliz con él— me susurró Emmett, al entrar al pasillo y ver a Ben al final de éste, también supe que lo sería.
La ceremonia comenzó, Angela y Ben dijeron sus votos, ambos con lágrimas en los ojos e intercambiaron sus promesas de amor.
Me sentía contrariada, a pesar de que me sentía muy feliz por Angela y Ben, no podía dejar de pensar que yo realmente nunca podría tener eso.
Ed se había ido, y con él todo mi amor.
Una sensación de ser observada intensamente me provocó escalofríos, pero no de una manera desagradable…la última vez que había sentido algo así había sido…cuando Edward Cullen me había tocado por primera vez.
Aparté mi visión de la feliz pareja para buscar de dónde provenía aquella mirada, y lo encontré.
Se hallaba al final del pasillo, estaba vestido de etiqueta, el cabello rebelde, pero sin cubrirle el rostro, aunque estaba un poco apartado podía notar que estaba serio, o quizá sorprendido, no podía decirlo con exactitud, pero me observaba, mucho.
—Los declaro, marido y mujer, puede besar a la novia—el jardín prorrumpió en aplausos en ese momento, liberándome del hechizo bajo el que me había puesto los ojos dorados de Edward Cullen.
Todo el mundo comenzó a acercarse para felicitarlos, con lo perturbada que estaba, apenas me había dado cuenta de que Emmett y las chicas se había retirado oportunamente para no quedar atrapados entre el mar de gente que ahora se conglomeraba para poder abrazar a los recién casados.
Observé de nuevo hacía la entrada para ver si él seguía ahí, pero no estaba, ahora se acercaba, casi en cámara lenta, hacia el altar. Se hubiera podido decir que se acercaba hacía Angela y Ben si no hubiera mantenido su vista fija en mí, como si quisiera atravesarme con ella de una sola vez, no sabía si no lo había hecho ya.
Con el pánico creciente en mí, salí huyendo de ahí, es la única manera en la que se le puede llamar a lo que hice. Ni siquiera sabía por qué lo había hecho, por cobarde, seguramente.
Me abrí paso entre las personas que ya se retiraban y salí andando por el pasillo contiguo todo lo rápido que los malditos tacones de Alice me lo permitían.
En la entrada me encontré a Alice y a Emmett que hablaban animadamente con Rosalie y con quien identifique como Jasper Cullen, se veía radiante y rebosante de vida, y quien sostenía férreamente a mi prima.
— ¡Bella! —Me llamó Alice, pero me hice la desentendida y continúe mi camino hacia la pequeña y sofisticada carpa donde se celebraría el banquete.
Muchos ahí parecían conocerse, así que simplemente se sentaban como mejor les parecía, me imaginaba que mis hermanos se sentarían con sus respectivas…lo que fueran los chicos Cullen de ellos, pero definitivamente yo no lo haría, primero me cortaba el dedo y después lo metía en un frasco con limón antes que sentarme ahí.
—Señorita Swan—un joven con traje de camarero me sonrió y me brindó una copa llena de champagne que no dude en aceptar. —Los señores Cheney me pidieron que la escoltara hasta su lugar en la mesa de honor.
Sonreí y dando un sorbo largo a mi copa dejé que el joven me guiara hasta una mesa mucho más grande que las otras, con un arreglo floral precioso que ocupaba la mitad de este y donde dos sillas parecidas a unos tronos se encontraban.
Me senté en la silla que me indicó y el joven se despidió con una inesperada inclinación, me pareció un tanto cómico y me hubiera reído si no hubiera notado los ojos tan brillantes con los que me miró, sin duda no era una buena señal.
Unos minutos después, en la mesa se sentaron los tíos de Angela, sus padres en todos los aspectos después de que ella quedara huérfana a los seis años. Eran hombres dulces, sinceros y afables, igual que Angela, la habían querido como a su propia hija ya que ellos nunca habían podido tener propios. Suponía que por eso Angie y Alice se llevaban tan bien, entendían lo que era crecer sin sus padres pero con personas que las querían tal cual.
Pocos minutos después llegaron los padres de Ben y la hermana de este, una jovencita llamada Sara, muy amable y dicharachera que no dudó en hacerme platica, y aunque realmente intentaba prestarle atención, todos mis sentidos estaban atentos a la aparición de cierto cobrizo en la carpa.
Los novios entraron seguidos por una horda de aplausos nuevamente y detrás de ellos iba todo el clan Cullen junto con mis hermanos.
Edward encontró mi mirada inmediatamente, y tan rápido como él me había visto, yo aparté mi mirada. Me sentía como una tonta colegiala en el baile de graduación, aunque ni siquiera me había comportado así a mis dieciocho años.
Abracé fuertemente a Angela y a Ben una vez estuvieron en la mesa y el banquete comenzó. La velada se desarrollo suavemente, en completa armonía y con mucha alegría, suponía que detrás de la organización se encontraba Alice.
—Oh, Bella, te he echado tanto de menos, tienes que contarme todo sobre Londres, ¿cómo es? ¿Te gustó? ¿Son tan serios como dicen? ¿Llueve más que en Forks? —Definitivamente Angela había pasado tiempo con Alice, sin embargo me reí y contesté a todas sus preguntas.
Le hablé de Sam y Emily, de mi trabajo, del clima, de la cultura, de los lugares hermosos que había encontrado allá, del pequeño lugar al que iba a comer todas las mañanas y era propiedad de una mujer mexicana que se había mudado a sus veinte años a Londres y no había vuelto nunca a su país.
Hablé más de lo que imaginé que podría hablar y todo con tal de no prestar atención a la insistente mirada de Edward Cullen. Estaba sentado a tan solo tres mesas de la mía y justo frente a mí.
—Todo parece tan maravilloso, Bella, ahora entiendo por qué no querías regresar—suspiró mi amiga, yo no quise contradecirla, a pesar de que realmente mi tiempo en Londres no fue malo, la verdadera razón por la que no había vuelto antes estaba frente a mí, a unos tres metros y vestía un traje de etiqueta que le quedaba de muerte.
Después de mucha charla con Angie, fue el momento de cortar el pastel, intercambiaron sendos pedazos entre ellos y se besaron dulcemente, eran una pareja simplemente maravillosa.
El brindis fue precedido por Emmett, quien fue gracioso y hasta un poco irreverente, pero también les deseo mucha felicidad, tanta como la que él había encontrado al lado de su rosa del bosque, habían sido sus palabras. Aunque al parecer a Rosalie no le gustaba mucho la comparación, ya que le dio un sonoro puntapié a mi hermano por ello, lo recompenso con un apasionado beso que hizo sonrojar hasta a la misma Alice, cosa difícil de hacer, aunque cada tanto el mismo Jasper susurraba palabras en su oído que la hacía competir contra mí, la reina del sonrojo.
El primero baile de los novios comenzó y todos se levantaron inmediatamente después para comenzar el baile, esa fue mi señal de retirada.
— ¿Te vas tan pronto? — cuestionó un tanto desilusionada mi amiga, pero argumenté el siempre efectivo cambio de horario que sabía me salvaría en algún momento y me dejó partir.
Salí por un costado de la carpa que no estaba cerrado, pues aunque no había llovido, hacía bastante frío y viento.
Mientras caminaba por el sendero hacia la entrada del bello jardín donde había sido la fiesta, con mis tacones de vértigo en la mano, me preguntaba cómo habría sido para mí.
Era cierto que nunca había pensado en casarme, todo lo que había pedido era poder estar con Ed, para siempre, pero jamás en una boda. No quería la tarta, ni las flores, el primer baile ni el vestido, era algo tan banal al lado de mi ángel guardián, sin embargo…
No, los jóvenes Cullen no era en ningún sentido parecidos a los tres ángeles que yo había conocido, no era tonta y sabía que había algo especial en ellos, se podía sentir a kilómetros, pero no tenía comparación a lo que sentía por los tres ángeles que había llegado a amar.
Seguía caminando hasta el inicio del jardín, donde había un arco lleno de flores y luces que lo hacía parecer la entrada al mismísimo jardín mágico de Alicia.
—No —fue una palabra, simple, concisa y expresada claramente, y reconocía a la perfección la voz de quien provenía, ese mismo "no" fue lo último que escuché de sus labios antes de partir a Londres. —No te vayas.
Tres palabras, un toque, tenía sujeta mi mano en la suya, era una presión suave y firme, delicada. No quería voltear, no sabía qué podría esperarme al hacerlo y sin duda no quería que mi corazón sufriera de nuevo, le había entregado al amor de mi vida, ¿qué más quería de mí Edward Cullen?
— ¿Bella? —La voz de Alice seguida de varios pasos hizo que él se apartara de inmediato y me dejara con un vacío casi asfixiante, la corriente eléctrica se había esfumado y de nuevo sentía que todo estaba mal. — ¿Por qué te vas?
Encaré a mi prima que me veía entre dolida y preocupada, más de seis meses y yo no podía quedarme una noche para pasarla con ellos, pero simplemente me era imposible, no podía ver a Edward sin sentirme miserablemente sola y ver a mis hermanos completamente felices y conformados con las pobres copias que supuestamente eran sus ángeles.
—El cambio de horario me está matando, Alice, quiero descansar, te veré en la mañana, ¿de acuerdo? —Emmett se encontraba detrás de mi prima, un tanto apartado y con la mirada gacha, Rosalie se encontraba frente a él, semi encarada a mí, como si lo estuviera protegiendo de mí, en ese momento me recordó tanto a Rose que casi me desmayo.
—Deja que se vaya, Ally, debe estar completamente agotada—Jasper Cullen se encontraba detrás de mi prima, acariciando suavemente sus hombros descubiertos y posando su cabeza ligeramente contra la de ella. —Podrán verse por la mañana— y como si hubiera dicho las palabras mágicas, Alice asintió y saltó alegre nuevamente.
Este Jasper no me desagradaba, pero simplemente…bueno, había algo, algo semejante a Jazz, pero… ¿sería posible?
—Bells, ¿quieres que te lleve? —preguntó Emmett, Rosalie asintió a lo que había dicho y antes de negarme, observé de nuevo a Edward, así que sólo asentí.
Besó ligeramente a Rosalie y me rodeó con su enorme brazo, antes de que salieran de mi campo de visión volteé a verlos, Jasper tenía una mano en el hombro de Edward y Rosalie lo abrazaba, Alice nos observaba irnos, al igual que Edward.
Mi mirada se cruzó con la suya por un momento nuevamente, y lo que vi me dejó helada.
En su mirada dorada vi un enorme dolor y decepción.
Sin embargo no quise seguir mirando, aparté mi vista y dejé que Emmett me guiará de nuevo, mientras me refugiaba en el cálido y protector abrazo de mi hermano.
¿Qué creen que piensen los Cullen? ¿Qué creen que haga Bella? ¡Lo sabremos pronto!
