Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.

Leer bajo tu responsabilidad.

Gracias a Lily Perozo, la autora por permitirme adaptar su historia, sin ella esto no fuera sido posible.

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Capítulo No. 35

— ¿Qué te pareció Seth? —preguntó Edward asiéndola por la cintura y pegándola a su cuerpo, aprovechando la privacidad que le brindaba el ascensor.

Bella encantada se dejó estrellar contra el cuerpo de Edward, mientras fijaba su atención en una minúscula mota de polvo que danzaba en el aire y terminó sobre el hombro de Edward y resaltó en el suéter negro que llevaba puesto.

—Es adorable, ¿por qué no lo adoptaste tú? —indagó mientras atrapaba con la punta de sus dedos índice y pulgar la motita intrusa que cayó en el hombro de su fiscal.

— ¿Yo? ¡No! Sé que sería un desastre. Además el juez ni loco me cedería la custodia, sólo con mirarme sabría que no estoy capacitado para ser padre. Lo prefiero de amigo que de hijo. No tengo autoridad ni conmigo mismo, mucho menos podré ser ejemplo para un niño.

—No sé por qué piensas que no eres un ejemplo a seguir. Yo admiro la fortaleza que tienes. Sí, algunas veces eres un completo desastre, pero la mayoría del tiempo eres un hombre sumamente ejemplar.

—Lo dices porque estás conmigo y no quieres estar con un… —Edward detuvo sus palabras, porque en ese preciso momento encontró la resolución para confesarle su secreto a Bella.

Ella quería estar con alguien que sencillamente la mereciera y lo que necesitaba era a un hombre que confiara, que se abriera de la misma manera en que ella lo había hecho. Bella le había confiado un pasado del que estaba seguro sólo sabía Charlie y ahora a él la había mostrado sus heridas, esas que por más que intentara curar seguían sangrando y seguían doliendo.

Él sabía que había heridas incurables, pero con las que se podía vivir.

— ¿Me acompañas a otro lugar? —preguntó presionando el botón que marcaba el segundo piso en el panel numérico del ascensor—. Es en éste mismo lugar.

—Sí, por supuesto —contestó mirando a los ojos de Edward que repentinamente se abrillantaron, como si lágrimas estuviesen próximas a inundarlos y él le sonrió intentando convencerla de que todo estaba bien.

El ascensor los dejó en el segundo piso y Edward le tomó la mano guiándola. Percibió un suave aroma a frambuesa que seguramente se debía a algún ambientador.

Edward saludó a una doctora que vestía de celeste y llevaba un gorro quirúrgico con tiernos motivos de dibujos animados, un estetoscopio le colgaba del cuello y aparentaba rondar los cuarenta años, con sonrisa agradable.

Después de una cordial presentación y corta despedida, la mujer siguió su camino y ellos siguieron el suyo.

Unas puertas dobles de cristal talladas con dibujos infantiles se abrieron automáticamente para que ellos entraran. Edward dio un paso dentro de la sala y tiró suavemente del agarre de sus manos instándola a caminar.

Se encontraban en medio de una sala de juegos y aprendizaje para niños, parecía ser el salón de un Kínder Garden. Habían pequeñas mesas con sillas. Bibliotecas repletas con cuentos infantiles. Cajas llenas de juguetes.

Alfombras de varios juegos armables y desarmables como especies grandes rompecabezas. Eran muchos colores, mucha ternura y alegría en un solo lugar. No tenía la mínima idea de por qué Edward la había llevado a ese sitio y sentía el corazón brincarle en la garganta, así como las manos empezaban a sudarles, ante la extraña sensación de encontrar sólo el lugar.

— ¿Qué te parece? —preguntó al ver que ella se mantenía en silencio, admirando completamente desconcertada el sitio.

—Es… es bonito, pero Ed creo que ya somos lo suficientemente grandes como para jugar en este lugar —dijo sonriendo con dulzura.

—Ciertamente —agarró una sillita en color morado—. Toma asiento —le pidió y ella lo hizo, aunque un poco nerviosa temiendo romper la silla.

— ¿Qué hacemos aquí? —preguntó y su desconcierto aumentó al ver a Edward ponerse de rodillas frente a ella y se dejó caer sentado sobre los talones.

—Aquí —empezó él y dejó libre un pesado suspiro ante la presión que empezaba a ahogar su pecho—. Se quedó estancada mi inocencia. —aunque intentaba no podía ocultar la vibración que empezó apoderarse de su voz.

—No entiendo —musitó ella percibiendo dolor en la mirada de Edward.

—Este lugar es mío Bella, este hospital es mío… yo mandé a construirlo hace cuatro años —por fin confesó uno de sus secretos y aunque no había sido tan difícil, se sentía desnudo delante de Bella, no desnudo de cuerpo sino de alma, se sentía, pequeño, indefenso, vulnerable.

Bella miraba a los ojos de Edward sin comprender y dándose cuenta que de él no sabía nada. No tenía la mínima idea del corazón que poseía ese hombre, y entonces empezaba a comprender por qué todos en el hospital lo conocían. Apenas si podía parpadear, mientras el corazón la ahogaba con sus latidos. Edward demostraba que no sólo era hermoso y perfecto físicamente, también poseía un espíritu puro.

—Es hermoso, verdaderamente admiro lo que haces ¿por qué no me lo habías contado antes? Puedo ayudarte con todo esto… podría hacer algunos diseños para los niños —hablaba con voz temblorosa ante la conmoción que la embargaba.

—Creo que con nadie más podría compartir esta misión, me gustaría que me ayudaras.

—Claro, lo haré —dijo con total convicción y asintió para reafirmar sus palabras—. Pero no logro entender por qué dices que aquí se quedó tu inocencia.

— ¿Quieres compartir conmigo algo más que esta misión? —preguntó y sus manos trémulas buscaron las de Bella aferrándose a las de ella.

—Todo lo que quieras —contestó completamente segura, haciendo más fuerte el agarre en las manos de Edward, regalándole seguridad.

— ¿Mi dolor? —preguntó en un hilo de voz y su mirada era la de ese niño que estaba encerrado entre esas paredes.

—Más que eso, cargaré con tu dolor también Edward, así como tú estás cargando con el mío.

Edward asintió en silencio y se incorporó un poco tomándole la cara a Bella entre las manos y le dio varios besos, toques cortos y temblorosos.

—Gracias —musitó mirándola a los ojos y en el roce de sus narices, mientras respiraban el mismo aire, encontraba el valor para confesarse con ella. Una vez más se dejó caer sentado sobre sus talones—. Ves ese librero de allí —le dijo señalando una biblioteca de color amarillo que contenía libros de muchos colores, todos en colores llamativos. Ella asintió en silencio—. Ahí había un armario —no podía controlar el temblor en su barbilla, al traer al presente sus recuerdos más dolorosos—. Y en ese armario mi madre me encerró para que no me hicieran daño, me resguardó en ese lugar, pero ella no pudo evitar que viera su tortura. Esta era mi casa cuando niño y esta era la habitación de mis padres. Por eso te dije que comprendía como te sentías cuando estabas encerrada en el baño, cuando pasó lo de Charlie y no podías hacer nada. Yo tampoco pude hacer nada, no pude —repitió mientras negaba con las cabeza y las lágrimas se le desbordaron.

Se llevó una mano a la boca y se la cubrió para ahogar el sollozo que se le escapaba del pecho. Bella tenía los ojos demasiado abiertos sin poder asimilar lo que Edward acaba de decirle y por instinto le soltó la mano que mantenía sostenida y se la llevó al cuello jalándolo hacia ella y lo abrazó con fuerza.

—A mi mamá le hicieron lo peor que puede pasarle a una mujer Bella. Tres malditos se la violaron sin piedad, la golpearon sin condolerse, sin importarle que fuese una mujer indefensa, me la torturaron de una manera que a la imaginación humana se le haría imposible de concebir, aún después de muchos años me pregunto de dónde sacó tanto valor, cómo pudo soportar tanto —hablaba en medio de sollozos y con sus brazos cerró la cintura de Bella y hundió su rostro en el pecho de la chica—. Pensé que contigo todo se iba a repetir y yo no lo hubiese soportado. No lo hubiese soportado.

—Lo siento Ed, lo siento tanto —murmuró ella con voz temblorosa por las lágrimas que empezaron a bañarle el rostro al sentir el dolor de él.

—Aún algunas veces me despierto y escucho las suplicas de mi madre, su llanto, sus gritos… He intentado superar ese momento pero es algo que no puedo olvidar, me persigue a donde vaya. Me fui a Brasil y seguía escuchándola… viví en Alemania y despertaba y me la encontraba al pie de la cama ensangrentada, aún aquí en Nueva York algunas veces mi tortura se repite y aunque despierte sigo sintiendo dolor y miedo, porque sé que no es algo absurdo de mi subconsciente, sólo son estigmas de un pasado que me marcó… Ellos no se condolieron porque estuviese embarazada.

— ¡Oh Dios! —sollozó Bella en medio del llanto.

—Me hicieron conocer el pánico, vivía con pánico… En cada hombre que se me acercaba los veía a ellos, y te confieso que aún les tengo miedo, pero es más grande el odio y eso me da fuerzas para enfrentarlos. Nos descansé hasta encontrarlos y no voy a descansar hasta que esos malditos, malnacidos vivan triplicado el dolor de mi madre. Ese es el caso tan importante en el que estoy trabajando y más que justo, te juro que quiero ser vengativo. Quiero ser el verdugo que les haga miseria la vida. Muchas veces me he preguntado cómo tuvieron el valor para hacer tal atrocidad ¿acaso no tenían madres? ¿No tenían hijas? No temerían que algo igual les pudiese pasar y muchas veces sentía pena por las mujeres que tal vez tenían la desgracia de vivir a su lado, pero con el tiempo aprendí a odiarlas también, aprendí a odiar a todo lo que esté ligado a ellos, porque si no se condolieron por mi madre, cómo podía hacerlo yo por sus madres, hijas, hermanas o que mierda sean. No me interesa si sufren porque igual voy a encerrarlos de por vida.

Edward no se reprimía en su dolor, ni muchos menos en los sentimientos de odio e ira que poco a poco le habían corroído el alma durante diecinueve años.

— ¿Por qué hicieron algo así? —preguntó Bella como si Edward pudiese darle la respuesta.

—Mi temor al fuego… todos mis miedos se reducen a esa madrugada —prosiguió y evitó dar una respuesta a Bella porque él tampoco sabía el por qué y mucho menos estaba preparado para confesarle que quien ejecutó el macabro plan había sido el hombre que lo había engendrado y al cual su madre amaba.

—Por favor, Edward —suplicó ella porque el dolor de él empezaba a oprimirle demasiado el pecho, le estaba costando respirar, el llanto no la dejaba y verlo tan indefenso, tan perturbado empeoraban el momento—. ¿Cómo has podido guardar tanto dolor?

—Lo alimento con odio, no soy un buen hombre Bella… soy un maldito que sólo busca vengar la muerte de su madre, no tengo buenos sentimientos. Todos me los consume la necesidad de ver sufrir a los que le hicieron daño a mi madre y me formaron como soy.

Bella negaba con la cabeza y sorbía las lágrimas que brotaban sin control de sus ojos. Le llevó las manos al rostro y lo obligó a que la mirara a los ojos y ciertamente vio dolor y odio, pero ella sabía que había muchos más.

—No digas eso, no eres un mal hombre… mira este hermoso lugar, das oportunidades. Sin tu ayuda muchos niños tal vez morirían. Das vida donde se perdió la de tu madre, estoy segura que ella donde se encuentra está orgullosa del hijo que tiene. No es justo lo que le pasó, pero tú haces justicia por ella. Es eso justicia y eso no te convierte en un hombre malo —se acercó a la frente de Edward y le dio un beso y él posó sus manos sobre las de ella—. Sabes muy bien que en ti habitan sentimientos hermosos, lo sabes Edward —murmuró contra la frente del chico.

—Es lo que intento hacer, intento mantener contenta a mi madre, no me perdonaría que se molestara conmigo por las malas acciones que cometo, a ella no le gustaban los malos sentimientos, pero en mí es imposible evitarlo… es imposible no sentir tanta ira en el corazón, Siento que me pesa de tanta rabia.

—De cierta manera sé cómo te sientes, yo también siento mucha rabia en el corazón, siento odio y temor. Odié a mi familia, más que a mi padre, aprendí a odiar a mi madre. Ella no era una víctima, sólo era una cobarde. La hubiese querido si al menos hubiese tenido un poco de valor para defenderse, para defenderme. —quería hacerle entender a Edward que sí él se creía una mala persona por los sentimientos que se le aferraban al corazón, entonces ella también era muy mala.

Edward llevó sus manos y empezó a limpiarle las lágrimas a Bella, sus hermosos ojos habían brotando tantas lágrimas en los últimos días, lágrimas que no merecía derramar. El corazón de la mujer que quería estaba adolorido y de cierta manera él podía comprenderla, pero eso no haría que el sufrimiento en ella mermara y una vez más la impotencia jugaba con él, porque estaría dispuesto a soportar el dolor de Bella hacerlo hasta que el corazón no pudiera con tanto y terminara de explotar, pero que no sufriera ella.

—Nunca se armó de valor, nunca se defendió, ni lo hizo conmigo… me envenenó de tal manera que dejé de creer, de creer en todo lo que me rodeaba, no sabía que era real y que no. Sin embargo después de cada paliza yo solo tenía ganas de huir, de alejarme de ese dolor en el que vivía, salir de ese hueco sin fondo en el que me encontraba y… y cuando por fin encontré a Charlie… —chilló las palabras y rompió en llanto amargo—. Lo extraño.

—Lo sé, sé que lo extrañas… me preguntaste por qué te traje a este lugar. Más que contarte lo que pasó, quiero que veas lo que hice de éste lugar. Así no duele, no duele Bella… solo los recuerdos, pero aquí todo es alegría, mi madre trabajaba en un Kinder Garden a ella le gustaba todo esto y por eso lo hice en honor a ella.

Las manos de Edward no paraban en acariciarle el rostro y con sus pulgares le retiraba las lágrimas. Olvidándose por un momento de sus propios demonios internos y brindándole la fuerza que Bella necesitaba.

—Es necesario que aceptes que remodelen la boutique, no es justo que la dejes perder, no es justo que la vendas, no lo hagas por los recuerdos que tienes de Charlie en ese lugar. Él dio su vida por cuidarte, siempre quiso lo mejor para ti y él estaba seguro que tu felicidad está en ese lugar, tu sueño de diseñar…No lo condenes al olvido Bella, si te desprendes de ese lugar terminarás haciéndolo de él.

—No voy a olvidarlo nunca, no podré hacerlo.

—Entonces hazlo feliz, la felicidad de Charlie era verte a ti feliz en ese lugar.

Bella empezó a asentir y a pesar de todo el dolor que habitaba en Edward tras la confesión a la primera persona de lo que verdaderamente había pasado con su madre no pudo evitar sonreír a través de las lágrimas.

Esa sonrisa de Edward aún con el rostro húmedo por las lágrimas era la mejor manera de mostrarle a ella que después de la tormenta la calma llegaría, que un hermoso arcoíris daría paso a un día radiante.

—Está bien… trataré de retomar la boutique, acepto reconstruirla —le dijo encontrando la fuerza para sonreírle a Edward de la misma manera en que él lo había hecho.

Edward al escuchar las palabras de Bella le llevó las manos al cuello y la acercó a él juntando su boca con la de ella en un beso que les hizo saborear el sabor de las lágrimas de ambos.


Espero que les haya gustado el capítulo.

No creen que merezca Reviews.


Adelanto del próximo capítulo…

Tengo una hora y diez minutos —le comunicó cómplice de los anhelos de su mujer y dejándose llevar por los suyos propios.

Mi departamento queda más cerca —dijo ella poniéndose de pie y agarró su cartera de la mesa.

Si por mi fuera te lo hiciera en esta mesa y me importaría una mierda los fisgones, porque tu robas toda mi atención —mientras buscaba en su billetera dinero para dejar pago los dos cafés y el jugo que habían pedido en el sencillo, pero agradable restaurante—. Pero no voy a arriesgarme a interrupciones de ningún tipo.