"PRIMAVERA OTRA VEZ"
CAPITULO 33 EL SUFRIMIENTO DE CANDY
Candy durmió tranquilamente después de tres meses de agonía. Era el hecho de que se encontraba con sus seres queridos y se sentía protegida.
Por la mañana, Candy despertó al sentir los rayos del sol que se filtraban por su ventana. Se levantó y tomó una ducha en la enorme bañera que había. El agua tibia la hizo sentir relajada. Su mente estaba en calma y eso era algo invaluable para ella.
Media hora después salió de la bañera ya repuesta y se propuso iniciar el día con una nueva actitud. Quería ver a todos y sonreír…. ¡sonreír! Por primera vez en tres meses le apetecía sonreír.
Cuando estaba peinándose, escuchó que tocaban a su puerta.
-soy yo, Candy, ¿Puedo pasar?
-claro, Annie, pasa.
La chica entró.
-¿Cómo amaneciste, Candy? ¿Dormiste bien?
-si, ¡como hacía tiempo no descansaba! me siento como nueva.
-me alegra escuchar eso. ¿Ya estas lista para bajar a desayunar?
-si
-entonces vamos…
-Annie…
-¿si?
-me alegra verte… no sabes lo mucho que agradezco a Dios que me haya permitido recordarte, mi gran amiga…
Candy se acercó a Annie para darle un abrazo. Ella la recibió con mucho amor, amor de hermanas. Se moría de ganas por decirle toda la verdad, quería ya que Candy supiera que eran hermanas gemelas, pero aún no era el momento de revelar ese secreto.
Annie y Candy se miraron sonriéndose una a la otra, tomadas de la mano. Se sentían felices de estar juntas nuevamente.
Bajaron al recibidor y ya todos estaban ahí esperándola. Archie era el mas ansioso por verla, platicar con ella, sin el estorbo que implicaba el tal doctor McDowell.
-¡Buenos días! – saludó Candy con su habitual sonrisa resplandeciente.
Al verla, Lilly sintió un estrujo en su corazón, era como si hubiera viajado a través del tiempo y estuviera frente a frente con su prima Alice. "Son idénticas" pensó. "La misma sonrisa, la misma gracia, la misma vivacidad de su mirada… solo sus ojos verdes la diferencian de su madre…"
-¡Buenos días, querida! ¡Te ves mucho mejor, hoy! ven cariño, siéntate un momento con nosotros…-Lilly estaba muy emocionada y casi a punto de llorar, pero se contuvo para no perturbar a su sobrina.
-hola, Candy – saludó Archie - ¿descansaste bien?
-¡oh, si! como no lo hacía en muchos días…
-la travesía en alta mar fue muy dura para ti, supongo – dijo Albert mirándola a los ojos.
-eh… si…
-y dinos, Candy. ¿Cómo has estado? nosotros nos quedamos muy preocupados por ti desde que te fuiste.
Albert, Lilly, Elisa, Peter, Archie, Annie y la tía abuela estaban ahí, esperando su respuesta.
-oh, les agradezco a todos su cariño. Yo he estado bien… por cierto, me enteré de que contrataste a Jaques para que me vigilara y cuidara, Albert, te lo agradezco mucho.
-es lo menos que podía hacer sabiendo que estabas en gran peligro y yo no podía ir para protegerte… Jaques es un gran muchacho, estoy enterado de que son muy buenos amigos.
-si, Jaques es un buen amigo…
-estoy segura de que has de extrañar a todos tus seres queridos que dejaste allá, ¿verdad? – preguntó Annie.
-si, los extraño a todos… Ronie es otro amigo que me ayudó en el campo de batalla cuando resulté herida, al igual que Hanz, un ex soldado alemán que ahora es novio de Paty…
-¡oh, Paty! que alegría que ya encontró de nuevo el amor – dijo Annie.
- si, son muy felices ahora que él ya vive en Londres…Jaques está muy contento y está poniendo mucho empeño en aprender todo lo relacionado con las comunicaciones por telégrafo, para corresponder a tu gran confianza, Albert…. y Flammy, fue una gran coincidencia de la vida que me la volviera a encontrar después de algunos años, éramos vecinas y también compañeras de trabajo… los extraño a todos…
-¿Y Terry? – preguntó Albert mientras todos voltearon a verlo, por su valentía de preguntar.
Candy se sobresaltó y su semblante cambió al instante. Volteó la cabeza y cerró los ojos para contener las lágrimas. Todos pudieron ver el gran dolor que le provocaba siquiera mencionar ese nombre.
Después de unos segundos Candy se repuso y contestó con firmeza:
-él y yo ya no tenemos nada mas que ver. Les suplico que no vuelvan a mencionar su nombre. Pronto les diré con detalles lo sucedido entre él y yo, pero por ahora quisiera no hablar del asunto…por respeto a Greg, él es mi pareja ahora…
-ya veo… está bien, Candy, no hablaremos mas del asunto…por ahora – respondió Albert.
-se los agradezco.
-ya no mas caras largas, queridos, mejor pasemos al comedor. ¡No sé ustedes pero yo me muero de hambre…! - Lilly dijo esto para romper la tensión que se sentía y liberar a su sobrina de la presión y las miradas interrogantes de todos.
Lilly animó a todos a levantarse e ir al comedor, mientras ella se quedó atrás y fue a donde estaba Candy. La tomó por los hombros cariñosamente y le dijo:
-no te preocupes, querida. Todo estará bien. Ahora ya estás en casa, con tu familia. Espero que no te moleste que te trate tan familiarmente, sé que nos acabamos de conocer pero ya siento que te quiero mucho. Eres una gran chica, lo supe desde el primer momento que te vi.
-gracias, señora. Es usted muy amable…
-oh no, nada de "señora" llámame simplemente Lilly… o tía Lilly, eso es lo que espero ser para ti.
-bueno, no se si pueda llamarla "tía", yo me siento muy avergonzada porque renuncié al apellido Andry y no me parece correcto que…
-ni lo menciones, querida… te entiendo. Está bien, llámame solo Lilly… seremos amigas, ¿Qué dices?
-me parece bien… Lilly.
-gracias por aceptarme. Quiero que sepas que puedes confiar en mí. Puedes contarme tus problemas y tus preocupaciones, yo trataré de ayudarte en lo que pueda. Si quieres un consejo o simplemente platicar, yo siempre estaré disponible para ti, querida, nunca lo dudes.
-oh, gracias, Lilly. Sabes, es extraño, pero ya siento que te tengo mucha confianza, como si nos conociéramos de hace mucho tiempo o como si de verdad fueras mi familia, parece una tontería ¿verdad?
-no, en absoluto, querida…
Lilly abrazó a Candy y ella sintió una cálida sensación en su corazón. Se sintió protegida y querida.
Cuando llegaron al comedor, todos miraron como Candy y Lilly entraron juntas. La tía Elroy sonrió gustosa pues sabía que Lilly se había ganado ya el cariño de su sobrina-nieta y pronto ella se sentiría en confianza con toda la familia, lo cual sería de gran ayuda cuando llegara el momento de enterase de la verdad.
Lilly tomó su lugar junto a Elisa, y Candy junto a Annie y Archie. Si Candy conociera algo sobre protocolos y la etiqueta en la mesa, se hubiera dado cuenta de que cada miembro de la familia tiene su lugar en ella, de acuerdo a su posición o parentesco. De tal modo que el líder (Albert) toma su lugar a la cabeza y los demás toman su puesto a su alrededor de acuerdo a su rango.
Pero para Candy el lugar que cada quien ocupaba en la mesa era de nula importancia, no se dio cuenta que ella estaba en el mismo nivel que Annie y Archie, y Lilly era la cabeza de la familia de Peter y Elisa.
El desayuno se sirvió en seguida y todos degustaron su plato y luego el postre. Albert hizo un anuncio:
-Candy, toda la familia, aquí presente, hemos acordado dar una fiesta en honor a tu regreso a casa. Queremos celebrar este feliz acontecimiento. ¿Qué opinas?
-¡vaya! es demasiado para mi…
-no digas eso, Candy. Tú eres muy especial para nosotros. Te queremos. Es normal que queramos celebrar que has vuelto sana y salva – dijo Archie – Por favor, acepta esta muestra de cariño que tenemos para ti.
-si, Candy. Será divertido y podrás distraerte un poco – añadió Annie.
-y podrás traer al doctor McDowell para que lo conozcamos mas a fondo. ¿No te parece una buena oportunidad? – Albert insistió.
Al ver el entusiasmo y la insistencia de todos, Candy no pudo resistirse, aunque en realidad no estaba de ánimos para fiestas y menos para que Greg conviviera más con la familia. Había pensado que fue un error aceptarlo como su novio y pronto tendría que decirle que debían terminar. Pero por el momento no podía hacer nada.
Ella respondió:
-está bien. Acepto con gusto. Gracias por recibirme tan cálidamente. ¿Y cuando será la fiesta?
-este sábado. .
-¡que bueno que has aceptado, querida! A decir verdad, todos queríamos una fiesta, ya nos hacía falta una celebración…
-¡vaya que si! – dijo Elisa. Recordó lo terrible que había sido el día de su "boda".
-¿Qué dices si esta tarde vamos a comprar un vestido para la fiesta?
-mejor mañana, Annie. Hoy quisiera pasar el día con la señorita Pony y los niños. Por cierto ¿Dónde se encuentran?
-están en la casa de al lado. Te llevaré después que terminemos de desayunar.
-oh, si. Me parece maravilloso que estén aquí. Nunca me hubiera imaginado que la señorita Pony, la hermana María y los niños tuvieran la oportunidad de salir de vacaciones… es gracias a ti, ¿verdad Albert?
-bueno, todos pusieron su granito de arena para que fuera posible. Sabes, la casa Pony ya está muy vieja y tenía muchos desperfectos. Era necesaria una reconstrucción total.
-¿Qué quieres decir? no me digas que…- Candy puso cara de espanto al presentir que su amado hogar había sido derrumbado.
-si, Candy. Fue necesario derribar la vieja casa para construir una nueva. Una casa más grande y mejor equipada para que la señorita Pony y la hermana maría puedan hacer su trabajo de forma más cómoda. Ellas estuvieron de acuerdo.
-¡oh! no puedo creer que ya nunca más veré la casa donde crecí y que tantos recuerdos guardaba de mi infancia… ¿entonces por eso ellos están aquí?
-si. Mientras se lleve a cabo la construcción de la nueva casa ellos estarán aquí. Les ofrecimos la otra casa para que se quedaran porque es más práctica para ellos. Allá tienen sirvientes que ayudan con los niños. Así la señorita Pony y la hermana María descansan un poco más.
-parece que pensaron en todo… es grandioso. Gracias Albert y a todos ustedes, familia Andry, por su generosidad.
-ni lo menciones, Candy. La nueva casa será una sorpresa para todos, ya lo verán. De hecho, en la fiesta del próximo sábado les presentaré al arquitecto a cargo del proyecto. Es brillante.
-¡ya no puedo esperar a ver como queda la nueva casa! – dijo Annie muy emocionada.
-si, Annie, todos estamos ansiosos por ver el resultado. Pero tendremos que esperar. En dos meses quedará concluida la construcción.
-Espero que la señorita Pony y los niños no se impacienten por volver a casa….
-no te preocupes por ellos, Candy. Archie y yo hemos estado organizando paseos para que los niños no se aburran. La señorita Pony y la hermana María vienen todas las tardes a tomar el té con la tía abuela. Además, ellas también han tenido la oportunidad de salir a pasear y cumplir sus sueños… ¿recuerdas que la señorita Pony siempre nos habló de lo mucho que le gustaba el ballet? hace poco fuimos a ver "El lago de los cisnes" y quedó fascinada. ¡Hubieras visto lo emocionada y feliz que estaba!. Dijo que hubiera querido que tú estuvieras ahí para ver la función…algún día lo verás tú también…
Mientras le platicaba, Annie no se dio cuenta como el semblante de Candy iba cambiando poco a poco al escuchar esas palabras "ballet" "Lago de los cisnes". De pronto palideció pues recordó ese día maravilloso en que Terry la llevó al ballet, ese mismo día en que se hicieron novios en una noche tan romántica y ella creyó que sería feliz a su lado el resto de su vida.
Candy dejó caer el vaso que sostenía pues sintió que las fuerzas la abandonaban.
Cuando se escuchó el ruido del cristal hacerse pedazos en el piso, todos miraron a una Candy consternada y con lágrimas en los ojos.
-¡Candy! ¿Qué tienes? ¿Por qué lloras? – preguntó Archie sorprendido y triste de verla llorar.
-yo… lo siento, discúlpenme….
Candy se levantó abruptamente de la mesa y salió corriendo vuelta en llanto.
Todos los demás no supieron que hacer. Estaban intrigados por la escena que acababan de presenciar.
-voy a verla – dijo Annie.
-¡no!... – la detuvo Albert - …dejémosla a solas un momento. Creo que es lo mejor. Seguramente habrá recordado algo relacionado con Terry.
-pobre Candy. Quisiera poder decirle toda la verdad en este momento. No quiero verla sufrir así…Albert ¿no podríamos…?
-no, Archie. Todo se aclarará a su debido tiempo. Y nosotros no somos los indicados para decírselo, sino Greg. Ya pronto sabrá la verdad. Mientras tanto démosle apoyo y amor para que ella pueda sobrellevar su dolor…
Los Andry se quedaron en la mesa con caras tristes y de impotencia mientras Candy se refugió en su habitación para llorar amargamente.
En América, un nuevo día estaba por comenzar para Susana. Lejos estaba de imaginarse que vería a Greg de nuevo en su casa después de varios meses de ausencia.
Esa mañana despertó e hizo lo mismo de siempre: se levantó sin ayuda de nadie, tomó sus muletas y se dirigió al cuarto de baño donde ella misma puso a llenar su bañera y alistó todo.
Se bañó y salió de la bañera sin ayuda. Hacía varias semanas que había aprendido a valerse por sí misma y había desarrollado mucha fuerza en los brazos debido a la gran exigencia física que requería moverse sin ayuda de nadie. Era un gran logro del cual ella misma se sentía orgullosa y su madre también. Aunque ella no se conformaba y quería recuperar su independencia y total movilidad. Quería una prótesis para volver a caminar y hacer más cosas de las que podía hacer ahora.
Media hora después Susana estaba lista y bajó las escaleras con ayuda de sus muletas, requería mucha habilidad y ella ya tenía práctica.
-Buenos días, hija – la saludó su madre cuando llegó a la sala.
-buenos días, mamá. ¿Dormiste bien?
-si, cariño. ¿Y tu?
-también. Ya tengo mucha hambre. ¿Ya esta listo el desayuno?
-si, te estaba esperando para mandar que sirvieran la comida.
-bueno, pues vamos…
Susana y su madre se sentaron a la mesa y disfrutaron su desayuno. Cuando terminaron, fueron a la sala a sentarse para platicar. En eso llegó una sirvienta muy emocionada a comunicarles.
-¡señorita! oh que contenta se va a poner…
-¿Qué pasa, Beth?
-señorita Susana, ¡ha vuelto!
-¿Quién?
-Yo…
Greg hizo su aparición ante la chica que, al verlo, sus ojos se llenaron de agua y su sonrisa fue resplandeciente.
-¡Greg! ¡oh, mi amor, has vuelto! – Susana levantó los brazos para que él llegara a abrazarla.
-si, Susy, he vuelto… - Greg se acercó a ella y la abrazó cariñosamente.
Susana lo besó amorosamente en los labios de forma sorpresiva y Greg no hizo nada para impedirlo. Había decidió fingir, hasta que llegara el momento de decirle la verdad.
-¡Greg! ¡que sorpresa! ¿Cuándo llegaste? – preguntó la señora Marlow.
-apenas ayer por la tarde, Constance. Y no vine solo.
-¿a que te refieres? – preguntó Susana.
-Vine con mi amigo, el doctor Phillipe De Gaulle. Él es el especialista que te ayudará con tu prótesis, Susy, como te lo prometí.
-¡oh, Greg! gracias por recordarlo. ¿Y donde está?
-esta aquí, esperando en el recibidor.
-oh, pero no lo hagamos esperar ahí, dile que pase. Por favor Beth, haz pasar al doctor De Gaulle – dijo a la sirvienta.
-si, señorita.
En breves momentos, Phillipe hizo su aparición.
-Buen día, maidmoiselles – saludó
-ven, Phillipe, te presentaré con las damas. Ella es la señora Constance Marlow.
-mucho gusto, madame. Yo soy el doctor Phillipe de Gaulle.
-encantada de conocerlo, doctor. Greg nos habló mucho de usted.
-…y ella es la hermosa Susana, tu futura paciente.
-encantado de conocerla al fin, maidmoiselle (señorita, en francés).
-el placer es todo mío, doctor.
-por favor, llámeme Phillipe, a secas.
-está bien, Phillipe. Gracias por haber venido a ayudarme.
-Phillipe estará aquí el tiempo que sea necesario hasta que logres una adecuada recuperación, Susy.
-gracias, yo espero que no nos tome mucho tiempo. Sabes, he tenido un gran avance en estos meses. Ya puedo hacer casi todo por mi misma, valiéndome de mis muletas y mis brazos.
-¡eso es maravilloso, Susy! estoy muy orgulloso de ti.
-déjeme decirle, señorita, que es en verdad, un gran avance. Me gustaría poder examinarla para ver el grado de afectación y las posibles soluciones. Cuando usted quiera podemos empezar con la terapia.
-gracias, Phillipe, tu también puedes llamarme simplemente, Susana. Y me gustaría que empezáramos cuanto antes. Así Greg y yo podremos casarnos muy pronto, ¿verdad, mi amor?
Phillipe le dirigió una mirada glacial a Greg en señal de reproche que solo él notó, afortunadamente.
-si… mi amor. Pero luego hablaremos de eso. Ahora lo más importante es que te recuperes.
Decirle "mi amor" en verdad era una tortura, puesto que significaba un engaño, un engaño para Susana y para Candy. Pero no tenía otra opción.
-Vamos a mi recámara para que puedas examinarme ahora mismo, Phillipe. No quiero seguir esperando ni un solo segundo más. ¡Vamos!
Susana tomó sus muletas y se encaminó ella misma hacia las escaleras. Greg y Phillipe miraban asombrados la destreza que ella tenía.
Phillipe, como especialista, vio con mucho optimismo ese logro de Susana, casi podría asegurar que la recuperación de la chica sería mucho más rápida de lo que pensaba.
Cuando llegaron a la habitación, solo Susana, Phillipe y su madre entraron para la revisión. Greg, como todo un caballero, no entró y se quedó esperando afuera.
Susana se recostó en la cama y su madre la ayudó a subirle el vestido para que Phillipe pudiera ver su pierna amputada.
Phillipe vio que la pierna de Susana había sido amputada por debajo de la rodilla y eso facilitaba aun más las cosas. La prótesis que le pondría cubriría la parte de la pantorrilla, tobillo y pie. Su rodilla estaba intacta, lo cual era bueno pues al menos podría flexionar la pierna y caminar con mayor naturalidad.
El paso siguiente de la examinación consistía en hacerle pruebas de sensibilidad y flexión de la rodilla. Resultó que Susana no tenía sensibilidad de la cintura para abajo debido a una lesión en la columna que no pudieron operar los médicos el día del accidente, por miedo a causar un daño irreparable.
Cuando Phillipe terminó de examinarla dio a conocer su diagnóstico.
-bien, tengo buenas y no tan buenas noticias.
-dime todo, Phillipe, sabré enfrentar cualquier cosa que me digas.
-me alegra que tengas una buena actitud, Susana. Te diré lo que pasa. La buena noticia es que la amputación de tu pierna fue por debajo de la rodilla, lo cual es bueno porque así podrás caminar de forma más natural, sin parecer que cojeas.
-¡eso es maravilloso!... ¿pero cuales son las no tan buenas noticias?
-que no tienes sensibilidad de la cintura para abajo debido a que una vertebra está presionando el nervio que lleva la sensibilidad a la parte inferior de tu cuerpo.
- ¿y eso es muy malo? ¿Se puede arreglar?
-se puede arreglar, pero existe un riesgo.
-¿Cuál?
-para corregir ese daño en tu columna tendría que operarte. Yo he hecho este tipo de cirugías antes y la mayoría han sido exitosas. Pero las que no, resultan en daño permanente para el paciente: parálisis total de ambas piernas.
-¡oh!... entiendo. ¿Pero cuales son las probabilidades de éxito?
-yo diría que un 70%.
-¿y si decido no operarme?
-podrías caminar sin problemas con una prótesis. Pero… al no tener sensibilidad de la cintura para abajo, significaría que nunca podrías disfrutar de las relaciones sexuales, tener un orgasmo…
-¡oh!
-bueno, doctor – intervino la señora Marlow - eso no es lo más importante, lo importante es que vuelva a caminar, ¿no es así, Susy?
-mamá…
-ambas cosas son igual de importantes, señora. Las mujeres también tienen derecho a vivir una sexualidad sana, a sentir placer. No es un derecho exclusivo de los hombres como suele pensarse.
-pero las mujeres debemos sentirnos felices si nuestro esposo queda satisfecho, además eso no impide que pueda tener hijos, ¿o si?
-no es un impedimento para tener hijos. Pero pienso que solo a Susana le concierne decidir sobre su cuerpo y las consecuencias de esta operación. ¿Tú que opinas, Susana?
-yo… quisiera tener una vida normal, en todos los sentidos. No quiero vivir sintiéndome incapacitada ni física ni mentalmente… así que correré el riesgo. Quiero que me operes, Phillipe.
-¡pero hija! ¡Puedes quedar totalmente inválida! ... no…. no debes arriesgarte.
-ya estoy decidida, mamá. Quiero ser feliz con Greg, quiero ser una mujer completa, quiero descubrir lo que se siente tener un orgasmo, disfrutar de mi sexualidad.
-¡Susana! que cosas dices…
-no debería ser un tabú hablar de estas cosas, madre. No veo por que te espanta.
-es que una chica decente no debe hablar de eso.
-una chica decente igual puede sentir, igual puede disfrutar del sexo con el hombre que ama.
-estas hablando como una de esas mujeres liberales de hoy en día, una de esas alocadas.
-yo no pienso que sean alocadas.
-yo tampoco – dijo Phillipe – creo que esas mujeres, a las que se les llama "feministas", están en todo su derecho de exigir un trato equitativo para hombres y mujeres en todos los aspectos, incluido el sexual. Las mujeres también tienen derecho a disfrutar del sexo.
-¡pero eso es un pecado!
-no lo creo, mamá. Si Dios lo considerara pecado no nos habría dado un órgano pequeño pero importante, llamado clítoris.
-tienes razón, Susana. En términos médicos, puedo decir que ese órgano no tiene ninguna otra función, excepto el hacer sentir placer a la mujer, ¡son muy afortunadas!
-¡basta! no quiero seguir escuchando mas. Está bien, Susana, has lo que quieras. Solo espero que después no lo lamentes.
-no lo lamentaré, mamá.
-yo haré mi mejor esfuerzo para que la operación sea un éxito, Susana. Te lo prometo.
-gracias, Phillipe. Me da confianza que seas tú el que me opere. Greg me ha dicho que eres el mejor en tu especialidad. Por cierto ¿Dónde me operarías?
-bueno, habría que buscar un buen hospital donde tengan las herramientas quirúrgicas que necesito. Yo traje algunos de mis instrumentos, los más difíciles de conseguir. Además, el hospital debe contar con personal capacitado para asistirme en una operación de este tipo… aunque… creo que eso no será problema. Conozco a una persona de mi entera confianza que ya está totalmente preparada para ser mi asistente en cirugía.
-¡que bien! ¿Y quien es? pensé que no conocías a nadie más aquí en América.
-es una enfermera que viajó con nosotros en el Mauretania. Viene de París. La estuve capacitando durante los tres meses que duró nuestra travesía y ya está lista para ayudarme en una operación así.
-¡tres meses! debió ser un viaje muy pesado.
-si, lo fue. Pero ya Greg te contará sobre eso después. Ahora quiero que te hagas estos análisis clínicos y en cuanto estén los resultados sabremos si puedo operarte a la brevedad.
-está bien.
-después de la operación deberás permanecer en reposo al menos un mes. Y después podrás iniciar una terapia de rehabilitación. Mandaré a hacer una prótesis a tu medida y con la más novedosa tecnología para que puedas volver a caminar con normalidad. Tengo muchas esperanzas en que todo saldrá bien y tu recuperación será exitosa.
-yo también tengo el presentimiento de que todo saldrá bien… ya no puedo esperar a que llegue el día en que pueda volver a caminar y entonces Greg y yo nos casaremos… ¡estoy tan ilusionada!
-bueno, Susana. Primero concéntrate en caminar. Requerirás mucha fuerza de voluntad y esfuerzo físico. Así que aliméntate bien, evita las grasas y come verduras en abundancia. El resto déjamelo a mi.
-lo que tu digas, Phillipe…
Después de que la examinación terminó salieron de la habitación y Greg recibió a una alegre Susana que se lanzó a sus brazos.
-¿Cuál es tu diagnóstico, Phillipe? – le preguntó Greg.
-Susana tiene buenas probabilidades de volver a caminar con normalidad. Solo hay un problema, que no tiene sensibilidad de la cintura para abajo. Por eso debo operarla y ella está de acuerdo.
-¿y hay algún riesgo?
-si. El riesgo es que la operación no salga bien y ella resulte con parálisis total de ambas piernas.
-entiendo… ¿y estás completamente segura de que quieres ser operada, Susy?
-si, estoy completamente segura. Quiero ser una mujer completa para ti en nuestra noche de bodas.
-¡Susana! – se escandalizó su madre - ¡oh, que chica! discúlpala, Greg.
Greg entendió de inmediato a lo que se refería Susana. Sintió admiración por la valentía y optimismo que estaba mostrando esa chica, siendo tan joven, pero no pudo evitar sentirse culpable por ser él quien derrumbara sus sueños de casarse.
Greg permaneció callado un momento pensando en todo lo que estaba por ocasionar, de pronto fue interrumpido en sus pensamientos.
-… ¿verdad, mi amor, que a ti no te molesta que hable con naturalidad sobre eso?
-eh… no, no Susy, es algo muy natural.
-¿lo ves, mamá?, además Greg es médico y no se asusta de hablar de ello con franqueza…. ¡oh! ¡Se me ocurre algo!
-¿Qué cosa, Susy?
-daremos una fiesta este sábado para celebrar que has vuelto y que yo pronto podré volver a caminar. ¿Qué te parece, mi amor?
-¿una fiesta? no lo sé…
-por favor, di que sí. Invitaremos solo a nuestros amigos y familia. Ah, y Phillipe podrá traer a esa enfermera que lo ayudará en mi operación, así podré conocerla…
-¡¿que?! – Greg se quedó frío ante esas palabras – ¿es decir, que enfermera?
-ya sabes, la chica que entrené durante la travesía – dijo Phillipe haciéndole una mueca para que entendiera a quién se refería - Creo que nadie mejor capacitada que ella para asistirme en la operación de Susana, pues será un procedimiento muy delicado y necesitaré a alguien de mi entera confianza. Es por el bien de Susana…
-pero…bueno, si tu lo dices, está bien.
-¿Qué pasa, mi amor? ¿Tú no confías en esa enfermera?
-no… digo, si, es solo que no pensé que en tres meses Phillipe hubiera terminado de capacitarla.
-pero Ca… esa chica es una excelente enfermera, y lo sabes. Incluso podría ser médico si quisiera.
-si, no dudo de sus capacidades. Susy, estarás en las mejores manos. Estoy seguro de que la operación será todo un éxito.
-no sabes como me tranquilizan tus palabras, y me da más confianza. Ahora con más razón quiero conocer a esa enfermera.
-bueno, no sabemos si pueda venir a la fiesta, Susy, ella se fue con su familia y quizás quiera pasar el tiempo con ellos.
-¿entonces es Americana? pensé que venía de París, como me dijiste, Phillipe.
-bueno, es que pasó una temporada en París y luego…
-ya no hablemos más de ella. Mejor vamos a planear la fiesta. Me parece bien que sea el sábado, solo faltan dos días…
-si, y tenemos que apurarnos a planear todo. ¡La pasaremos muy bien!
Susana estaba muy feliz y emocionada, no se imaginaba todo lo que había pasado en los últimos meses con su amado Greg…
Por otro lado, en Londres, los Grandchester estaban sentados en la mesa para comer. Eleanor y Richard estaban radiantes de felicidad ahora que su hijo había vuelto a casa.
-¿y como dormiste, Terry? – preguntó su padre.
-bien, gracias papá. Aunque no he dejado de pensar en Candy ni un segundo. Solo pienso en la forma de ir a América y no encuentro la respuesta. ¡Esta maldita guerra parece no tener fin!
-no te precipites, hijo. Encontraremos una solución. Debes ser paciente – dijo Eleanor.
En ese momento una sirvienta llegó con un sobre para el Duque.
-señor, este telegrama ha llegado para usted…
Terry abrió los ojos y miró a su padre con desesperación.
-¡seguro son noticias de Candy! ¡Que esperas, papá, lee a ver que dice!
-calma hijo… veamos…
El Duque abrió el sobre y leyó en voz alta para que todos escucharan:
"Nueva York, E.U. Octubre, 1916
Estimado Duque de Grandchester, le escribo para notificarle que finalmente Candy ha llegado a América. Se quedará en nuestra casa. Ella está bien físicamente pero me temo que su alma se encuentra sumergida en un profundo dolor y ella se debate entre el amor, la tristeza y la cordura. Se encuentra muy confundida y perturbada.
Además, ha llegado con una sorpresa que nos ha caído como balde de agua fría a todos: ella nos presentó al doctor Gregory McDowell como su novio. Aunque sabemos que sigue amando a Terry, pues aún llora al mencionarse su nombre. Está claro que ella no sabe la verdad y el doctor se está aprovechando de la situación para retenerla a su lado. Pero mi familia y yo acordamos que le daremos la oportunidad al doctor de enmendar su error. Daremos una fiesta este sábado y planeamos que ese día Candy sepa la verdad de boca del mismo Gregory McDowell, de lo contrario, yo mismo le aclararé todo a Candy.
Lo mantendré informado. Reciba saludos de parte de toda mi familia y si sabe algo de Terry por favor avísenos.
Cordialmente,
W. Albert Andry"
Cuando el Duque terminó de leer, las reacciones no se hicieron esperar.
-¡maldita sea! ¡Ese cobarde de Greg se aprovechó de la situación para seducirla! – Terry estaba furioso. Se había levantado de su asiento y de un solo movimiento volcó los platos y cubiertos que tenía frente a si.
-¡Terry! contrólate, hijo – le suplicó su madre.
-¡como quieres que me controle si tú misma has escuchado que Greg logró hacerse novio de Candy! ¡Mi Candy!... ¡ese infeliz!
-¡hijo, puedo entender tu enojo, pero esa no es la manera de hablarle a tu madre. Por favor, siéntate! – le habló duramente su padre.
Terry sentía que le hervía la sangre por el enojo pero comprendió que había hecho mal al gritarle a su madre y que estaba fuera de control.
Cerró los ojos, respiró lenta y profundamente tres veces, como había aprendido con los monjes budistas que debía hacer para controlarse y dejar salir la ira de su mente y corazón. Después de eso ya estaba mas tranquilo.
-perdóname, mamá. No debí haberte hablado de esa manera. No volverá a pasar, te lo prometo – Terry abrazó a su madre y le dio un beso en la frente.
-no te preocupes, hijo. Te entiendo.
-veo que aprendiste a controlarte, Terry, eso me parece muy bien. Pero habrá muchas ocasiones más para poner en práctica lo que has aprendido.
-¿Por qué lo dices, papá?
-es que… al leer lo que dice Albert, me di cuenta de que nuestros mensajes nunca le llegaron a Candy.
-¿Qué mensajes?
-En seguida que partieron, estuvimos mandando mensajes por telégrafo al Mauretania para que Candy se enterara de la verdad sobre las dichosas cartas, pero siempre nos ignoraron y nos decían que no darían ningún mensaje a nadie. Luego Jaques nos sugirió que dijéramos que el mensaje era para uno de los doctores a bordo, quizás así aceptarían recibir el mensaje…
-¿y que pasó?
-bueno, el mismo Jaques nos advirtió que le hiciéramos llegar el mensaje a Phillipe y no a Greg, puesto que no se podría confiar en él… y ya vimos que tenía razón.
-pero ¿entonces? ¿Recibió Phillipe el mensaje?
-el capitán nos dijo que lo recibirían por única ocasión y se lo harían llegar a Phillipe. Fue lo último que supimos. Si Phillipe le dio el mensaje a Candy o no, no lo sabemos.
-pues tal parece que no se lo dijo, seguramente Greg lo habrá persuadido de no hacerlo, ellos son amigos, ¡que más se podría esperar!
-parece que tienes razón, hijo…entonces Candy nunca se enteró de la verdad mientras estaban a bordo del Mauretania.
-y claro, Greg aprovechó para seducirla… nunca pensé que Greg fuera capaz de algo así, es una bajeza y una traición… pensé que éramos amigos… - Terry estaba triste, decepcionado, enojado. Muchas emociones al mismo tiempo.
-bueno hijo – intervino Eleanor – no me lo tomes a mal, no es por defender a Greg, pero pienso que el amor lo cegó. Vio la oportunidad de conquistar a la mujer que ama y la aprovechó. No digo que no esté mal lo que hizo, solo que… cuando uno está enamorado puede ser capaz de cometer cualquier locura. El mismo señor Andry mencionó en su carta que le darán la oportunidad de enmendar su error. Creo que nosotros debemos hacer lo mismo. Él es un buen hombre, solo cometió un error, un error no debe marcar nuestra impresión sobre él. No debemos juzgarlo tan duramente, es todo.
-eres muy buena, mamá…, sabes, cuando estuve aprendiendo meditación con los budistas de la India, aprendí que el rencor, la ira y la envidia son veneno para el alma y no te dejan disfrutar la vida y ser feliz. Creo que tienes razón. Debo perdonar a Greg y darle la oportunidad de enmendar su error…solo espero que él sepa hacer lo correcto.
-lo hará, te lo aseguro, porque, ante todo, Greg ama a Candy, y se dará cuenta de que ella no es ni será feliz a su lado porque te ama a ti, hijo. Ya verás que él hará lo correcto – dijo Eleanor.
-Este sábado Candy sabrá la verdad, ya sea por boca de Greg o por Albert, pero al fin sabrá que tú eres inocente y que nunca le fuiste infiel. Así que Candy volverá a tu lado, hijo. Solo habrá que esperar. ¿Podrás ser paciente? – le preguntó el Duque.
-aprendí muchas cosas en la India, pero creo que la paciencia no es mi fuerte y nunca lo será… ¡tengo que pensar en la manera de volver a América cuanto antes!
-hijo – dijo el Duque - te prometo que te ayudaré a buscar la forma de que puedas volver a América…pero puede ser riesgoso, no olvides que estamos en guerra.
-haré lo que sea con tal de llegar a Candy, ¡incluso cruzar el atlántico volando un avión yo mismo!
Al decir esto, el Duque y Terry se miraron a los ojos con una mirada de complicidad y una sonrisa discreta. Eleanor se dio cuenta de sus reacciones y se horrorizó.
-¡oh! no pensaran en… ¡no! … ¡por favor tienen que pensar en algo más, debe haber otra alternativa!… es muy peligroso que Terry se suba a un avión a tratar de cruzar el Atlántico, nadie ha sido capaz de tal hazaña, eso sin contar con que los alemanes pudieran atacarlo y derribarlo… ¡Por favor Terry, no hagas una locura!
Eleanor corrió a abrazar a su hijo, con lágrimas en los ojos. Temía que su locura terminara en tragedia.
-mamá…. por favor entiéndeme. Tú misma acabas de decir que cuando uno está enamorado es capaz de cometer cualquier locura… Mi felicidad está al lado de Candy, sin ella yo no podría seguir viviendo. Debes dejarme hacer esto… voy a aprender a volar un avión. Mi padre es un excelente piloto, él me enseñará. Te prometo que si la guerra termina antes de que yo emprenda el vuelo, me iré en barco a América.
-Terry… sé que no podré hacer nada para detenerte. Pediré a Dios cada minuto por ti. Espero que hayas heredado la misma habilidad que tu padre para pilotar un avión, o incluso que seas mucho mejor que él. Hijo… ¡Que Dios te proteja y te bendiga! y que te permita cumplir tus sueños… - lo besó en ambas mejillas y lo abrazó fuertemente.
-gracias, mamá. Pase lo que pase quiero que estés tranquila porque yo he conocido el amor y la felicidad, y eso hace que mi vida haya tenido sentido. Si muero…al menos moriré intentando cumplir mi sueño. Pero no tengo intenciones de morir, y lucharé con todas mis fuerzas para cumplir mi objetivo. Así que escúchame bien mamá: llegaré a América a salvo y seré feliz al lado de la mujer que amo y que me ama. Y cuando eso pase, te prometo que te llenaremos de nietos para que seas la abuela más feliz, más adorada, más joven y más hermosa del mundo.
-¡oh, Terry!... eso espero.
Eleanor se sintió más tranquila pues vio en la mirada de su hijo una férrea determinación y sabía que cualquier cosa que se propusiera, lo iba a lograr.
Richard y Eleanor sabían que su hijo ya era un hombre y que solo podían apoyarlo y ayudarlo a cumplir sus sueños. Ya no podrían ni siquiera intentar detenerlo en cualquier cosa que él decidiera.
En casa de los Andry, Candy se había pasado llorando más de una hora. No comprendía porqué seguía amando a Terry si él la había traicionado. Por más dolor y sufrimiento que le había causado, no podía odiarlo. Lo seguía amando como siempre.
Candy escuchó que tocaban a su puerta.
-Candy, soy yo.
-pasa, Annie…
-hola Candy. ¿Cómo te sientes?… ya no sigas guardando solo para ti ese gran dolor. Te conozco bien y sé que estás sufriendo. ¿Por qué no me dices que te pasa? somos amigas ¿no es cierto? yo quiero ayudarte…
-oh, Annie… ya no puedo más… es por Terry…
-si, me lo imaginé. ¿Qué pasó?
-él… me engañó, me traicionó… me fue infiel con no se cuantas mujeres… y yo no puedo dejar de amarlo – Candy volvió a llorar a mares y Annie se acercó para abrazarla.
Annie acarició su pelo y le dijo:
-Candy… Terry te ama más que a su vida, yo te lo puedo asegurar porque fui testigo de como nació su amor y se fue haciendo más fuerte con cada obstáculo que tuvieron que librar. Yo no creo que él te haya sido infiel… ¿porqué tu estás tan segura?
-encontré unas cartas… cartas de mujeres.
- no puedo creer que Terry te haya sido infiel, debe haber algún error. Candy no debiste irte sin antes hablar con él. ¿Que tal si fue un malentendido?
-no es ningún mal entendido, Annie. En una de las cartas una mujer le decía "sexy castaño", en otra decía "espero que vuelvas pronto para repetir lo de esta noche" y en otra, era un telegrama, de una chica llamada Susana y le decía que lo extrañaba, finalizó su mensaje diciéndole "te ama, tu fiel Susana"… ¿eso no te parece suficiente prueba? no hay duda, yo solo fui para él una más de su larga lista de conquistas…
Annie se sorprendió al escuchar el nombre de Susana, no lo podía creer. ¿Susana aún era novia de Terry? ¿Era verdad entonces que le fue infiel? estaba desconcertada y ya no sabía que pensar. Ya no estaba segura de nada.
-No sé que decirte, Candy, todo parece apuntar a que es cierto lo que deduces…pero… no sé, no me parece lógico porque, si de algo estamos seguros todos los que lo conocemos, es que Terry te ama. Podría jurarlo por mi propia vida. No entiendo de dónde salieron esas cartas…
-él es un actor, Annie, nos engañó a todos. El no me ama. Solo me utilizó. Me hizo creer que me amaba para obtener lo que quería y después…
-¡¿Qué estás diciendo, Candy?! ¿Acaso tu y él…? – Annie no pudo terminar la frase. Se llevó las manos a la boca, totalmente escandalizada.
-si, Annie. Fui una tonta al entregarme a un hombre que no valía la pena… pero lo hice por amor… ¡ya no quiero recordar nada que tenga que ver con él! ¡Quisiera dormir por 100 años, despertar y no recordar nada! Es un dolor muy grande el que siento, Annie… ya no puedo más…
Candy se dejó caer en la cama, llorando desconsoladamente.
-¡oh, Candy! …yo… quiero decirte algo…
Al verla en ese estado, tan triste y sin esperanzas, a Annie le dieron ganas de decirle toda la verdad en ese momento.
Candy levantó la mirada para escuchar lo que ella tenía que decir.
-Candy… - Annie lo pensó mejor. Decidió no decírselo, pronto llegaría la hora de liberar a su querida hermana de tan profundo dolor –…te ayudaría mucho si vamos a ver la señorita Pony y los niños. Deben estar esperándote en la casa de al lado. ¿Por qué no vamos? te ayudará a despejar tu mente…
Candy lo pensó un momento, luego se puso de pie. Secó sus lágrimas:
-es una buena idea, Annie. Vamos…
Las dos chicas salieron y caminaron por el hermoso sendero lleno de flores hasta la casa donde se hospedaban los niños del hogar de Pony con las dos tutoras.
-¡buen día, señorita Pony y hermana María!
-¡oh, Candy!... buen día. Que bueno verlas a ambas.
-veo que está de muy buen ánimo hoy, señorita Pony – dijo Candy.
-si, es que los niños te prepararon una sorpresa de bienvenida.
-¿de verdad? ¡Que lindo!
-ellos rezaron todas las noches para que volvieras a salvo, Candy, y ahora quisieron darte un regalo muy especial. Ven, vamos al jardín para que lo veas.
Las damas se encaminaron hacia el jardín posterior y grande fue la sorpresa de Candy al ver lo que los niños habían hecho para ella.
-¡ohhhh! es…
-¡sorpresa, Candy! – gritaron los chicos al unísono.
Frente a Candy se hallaba una carpa enorme. Había mesas y sillas. Era un picnic en grande y Albert había ayudado a organizarlo. Los niños hicieron pastelillos y un enorme pastel con la cara de Candy hecha por los mismos niños. Adornaron el lugar con figurillas de papel con diversas formas y motivos que ellos hicieron. Además, hicieron una gran manta con un dibujo de una enfermera que decía "Bienvenida, Candy".
Para Candy, ese detalle de los pequeños llenó su corazón de gran alegría y sus penas se marcharon. Era muy feliz de estar rodeada de amor.
-¡gracias, chicos! hicieron un gran trabajo. El retrato que me hicieron es idéntico a mí, ¿no creen? – Candy hizo un gesto gracioso y todos empezaron a reír.
La Familia Andry también estaba ahí reunida. Incluso la tía abuela se mostró contenta.
Elisa estaba rodeada de niñas que le hacían trenzas en el pelo y le llevaban muñecas de regalo para su bebé, aunque aún no sabían si era niño o niña.
A Candy le pareció muy tierna la escena y le preguntó a Annie:
-¿Cómo es que Elisa cambió tanto? no parece que fuera ella la misma que me trató tan mal cuando éramos niñas…
-es que tuvo que pasar por una experiencia terrible para tocar fondo y darse cuenta de sus errores.
-¿a que te refieres?
Annie empezó a relatar…
-Elisa estaba próxima a casarse, hace 4 meses. Pero el día de la boda su novio llegó y exhibió todas las cosas vergonzosas que había hecho ella. No sabemos como se enteró pero el caso es que ante toda la alta sociedad, en el atrio de la iglesia, Michael dijo ante todos que Elisa era… "de cascos ligeros", que su madre, o más bien, la que creía su madre, la señora Leegan, le había dicho que dejara su vida de libertinaje o la desheredaría. Por eso ella buscó a un hombre rico y pensó que así se libraría de la ruina. Pero no contó con que su prometido se enteraría de su oscuro pasado y más aún, que ella estaba esperando un hijo de otro hombre.
-¡Dios mío! ¡No lo puedo creer!
-fue un espectáculo espantoso. Elisa quedó exhibida y humillada. Michael incluso llevó y mostró a todos fotografías de ella saliendo de un hotel con un hombre y besándose, ¡un día antes de la boda! Y por si eso fuera poco, también llevó a unos hombres y dijo a todos que eran sus amantes. Ella no lo pudo negar, y así, sus vergonzosas acciones quedaron al descubierto ante todos. Fue horrible, incluso sentimos lástima por ella aunque no nos caía bien. Solo la tía Lilly se apiadó de ella…
-oh, debió haber sido un duro golpe para ella. Que castigo tan duro… pero, dime una cosa: ¿porque dijiste que ella creía que la señora Leegan era su madre?
- es que resulta que la señora Leegan no es la verdadera madre de Elisa sino…Lilly.
-¡¿Queeee?! ¿Pero como?
-es que, cuando murió el marido de Lilly, el capataz que se quedó a cargo de su hacienda abusó de ella, y de esa espantosa acción nació Elisa. La tía Lilly sufrió mucho y no quiso quedársela porque le recordaba esa atroz experiencia… por eso se decidió que la bebé se quedara a cargo de Margaret Leegan, que es prima de Lilly y son muy parecidas físicamente.
-ya veo… ahora entiendo. Pero me da mucho gusto que Elisa haya cambiado y que sea una persona diferente. Su bebé será su mayor motor en su vida… ¿y saben quien es el padre de la criatura?
-no. Tuvo tantos amantes que ni ella sabe quien es el padre. Y mejor no saber…
Después que Annie puso al tanto a Candy sobre el cambio de Elisa, el resto del día lo pasaron en familia y con los niños del hogar. Candy olvidó por esos momentos su dolor.
Cuando la noche empezaba a caer. Un visitante llegó de imprevisto. La sirvienta lo condujo hacia el lugar del picnic.
-señorita Candy. El doctor McDowell vino a verla – le avisó.
-oh… dile que venga, por favor…
Candy no esperaba ver a Greg aún. No se sentía lista para terminar con él.
Greg llegó hasta ella.
-Hola, linda – la besó en los labios.
-me sorprende verte aquí, Greg. ¿Porque no me avisaste que vendrías?
-¿te molesta que haya venido sin avisar?
-no… no es eso. Me alegra que estés aquí.
-gracias, linda. Es que te he extrañado mucho y no pude resistir más tiempo sin verte.
Albert vio a lo lejos que Greg había llegado y se acercó a saludarlo.
-Hola, Greg. Que bueno que viniste. Los niños del hogar de Pony le hicieron este picnic a Candy, fue una sorpresa para ella. Perdón que no te avisamos antes pero no tenía tu dirección para mandarte un recado…
-no se preocupe, señor Andry. Aquí tiene mi tarjeta. Estoy a sus órdenes cuando me necesite.
-gracias. Me alegra que hayas venido porque te queremos invitar a una fiesta, ¿no es así, Candy?
-ehh, si… este sábado los Andry darán una fiesta para mi y… quisiera que vinieras para que conozcas mejor a todos…
-¿este sábado? – Greg no supo que decir. Ya le había dicho a Susana que estaría con ella en su fiesta, el sábado.
-¿Qué pasa Greg? – dijo Albert al notar su desconcierto – espero que no tengas otro compromiso. El sábado debes estar presente en la fiesta que daremos para Candy. Eres su novio y no debes faltar.
-claro… aquí estaré, sin falta….solo que… es probable que llegue un poco tarde. Es que mi amigo Phillipe y yo atenderemos a un paciente con un problema de salud urgente.
-ya veo…pero no importa que llegues tarde. Y puedes traer también al doctor De Gaulle, es amigo de Candy y seguro querrá que venga ¿verdad, Candy?
-si, me gustaría que Phillipe venga.
-Está bien, Candy. En cuanto terminemos con el paciente vendremos a toda prisa a la fiesta.
-Entonces es un compromiso. Y un caballero nunca falta a un compromiso – dijo Albert para asegurarse de que Greg asistiría a la fiesta.
-tenga por seguro que aquí estaré, señor Andry…
El picnic se dio por terminado a eso de las 8 de la noche. Habían pasado todo el día en el jardín y lo disfrutaron mucho.
Al día siguiente, muy temprano por la mañana, Annie fue a ver a Candy a su cuarto para pedirle que la acompañara de compras.
Candy recordó el día de compras que pasó junto a Paty y Flammy y le entusiasmó la idea de volver a repetir la experiencia, pero ahora con Annie.
Las chicas se alistaron. Bajaron a desayunar con toda la familia y luego se fueron a recorrer las mejores tiendas de Nueva York.
Pasaron por varias tiendas y de cada una salían con una bolsa o caja de compras nueva. Candy también estaba comprando algunas cosas para ella pues Albert le dijo que podía comprar todo lo que quisiera. Y aunque Candy al principio no aceptaba el ofrecimiento, entre toda la familia la convencieron de aceptar, y lo hizo.
Pasando el medio día las chicas ya venían cargando tres bolsas cada una. Iban caminando muy contentas por la calle cuando Annie vio en el aparador de una tienda un lindo sombrero.
-¡oh, que hermoso sombrero! luciría muy bien en ti, Candy. Entremos a ver que más hay…
-pero Annie ya compramos demasiadas cosas…
-solo esto y ya. Vamos…
Cuando iban a entrar, por la puerta iba saliendo una joven rubia en muletas. Al toparse de frente con Candy se sorprendió mucho, parecía reconocerla.
-¡Candy! – exclamó con una sonrisa.
-¿eh? – Candy no la reconoció.
Annie la miró con detenimiento y al notar las muletas, supo de inmediato de quien se trataba.
-¿no me reconoces, Candy? soy Susana… espero que no me guardes rencor por lo que pasó con Terry… ustedes deben estar juntos ahora ¿no es así?
-¿Qué? yo… lo siento señorita, no la reconozco… yo perdí la memoria y no recuerdo nada de mi pasado, lo siento. ¿Pero de donde nos conocemos?
-Es una larga historia. Que mal que perdiste la memoria. ¿Pero si viste a Terry?
-si… en París…
-claro. Él se fue a buscarte desesperadamente. Supo que estabas en París y no le importó el peligro de cruzar el atlántico con tal de llegar a ti… nunca dejó de amarte. Eres afortunada de que un hombre te ame tanto como él a ti…
Candy no acababa de entender bien todo lo que esa chica le decía. Pero de pronto hizo hincapié en su nombre: Susana. ¿Sería la misma que le envió el telegrama a Terry? ¿Pero porqué le decía que él la amaba? no entendía.
-… ¿podemos ir a tomar un café el domingo?, me gustaría platicar contigo, Candy. Si no recuerdas nada de tu pasado será mucho más fácil para mí decirte lo que tengo que decir. Por favor, ¿aceptas mi invitación?
Candy no lo pensó dos veces. Estaba dispuesta a averiguar más a fondo sobre Terry y lo que le había dicho Susana hacía unos instantes.
-está bien. ¿Dónde nos vemos?
-en el restaurante del Hotel Waldorff, a las 10 de la mañana, ¿te parece bien?
-mmm es un poco temprano, es que tendré una fiesta mañana por la noche y…
-¡oh, es verdad! se me olvidaba que yo también tengo una fiesta mañana. Mi novio acaba de llegar de Europa y le daré una fiesta de bienvenida… Entonces nos vemos a medio día.
-si, me parece bien.
-entonces nos vemos pasado mañana, Candy. Por cierto, ¿Dónde te estás quedando? ¿Con Terry?
-no… en casa de los Andry.
-¿entonces tu eres una Andry?
-no, yo soy solo una… - Candy se vio interrumpida por una voz varonil que decía:
-ya tengo tus cosas, mi amor. ¿Nos vamos?...
Un hombre llegó por detrás de Susana, venía saliendo de la tienda con muchas bolsas de compras.
Candy se sorprendió al ver y escuchar lo que dijo ese hombre. Ambos se quedaron fríos al toparse cara a cara. Greg se quedó mudo al ver a Candy frente a él, había escuchado decirle "mi amor" a Susana.
Annie estaba impactada ante la revelación.
Las miradas de Greg y Candy se encontraron y se mantuvieron fijamente, ella, buscando una explicación, él una excusa…
