La música resonaba demasiado fuerte en sus oídos y mezclada con el alcohol que había estado bebiendo desde hacía horas le hacía sentirse realmente mareado. El pequeño bar estaba inundado por un fuerte olor a cigarro y otras sustancias que poco ayudaban con su situación actual; pero no se sentía del todo mal, de hecho le ayudaba a relajarse un poco y olvidarse del estrés acumulado durante tantos días de caza.
Una joven mujer se sentó de pronto en la barra, justo al lado del chico de 22 años que bebía lentamente de su copa. Pidió una copa de Whiskey y luego sus grandes ojos rasgados se posaron en los suyos.
- Pareces cansado – comentó la chica - ¿estás bien?
- Sí, ha sido un largo día – respondió con una débil sonrisa que apenas dejaba ver los adorables hoyuelos de sus mejillas.
- Soy Sarah.
- Sam – se presentó estrechando su mano.
- Bueno, Sam ¿puedo saber qué hace un chico tan guapo bebiendo solo en medio de la noche?
- Eso debería preguntártelo yo – respondió con una sonrisa pícara.
- Bien, estoy escapando de mis padres, pueden llegar a ser bastante pesados algunos días. Ahora te toca.
- Igual yo. Bueno, estoy escapando de Papá, "pesado" sería un eufemismo para describirlo.
- Lo supuse, no parecía gustarte mucho este lugar en realidad.
- ¿Tanto se nota?
- Sí – respondió entre risas – miras las luces y la gente como si fueras a vomitar en cualquier momento.
- Tienes razón, tal vez necesite un poco de aire fresco.
- ¿Quieres que vayamos a otro lugar? Tal vez podríamos seguir hablando… claro, sólo si tú quieres.
- Por supuesto que quiero. Será un placer.
Dieron a parar en la habitación de un motel barato, enredados en las sabanas, sudando y luchando por recuperar el aliento. Los brazos de la chica rodearon su torso desnudo y recostó sus sonrojadas mejillas en su pecho. Sam acarició delicadamente su cabello suelto, pero sin emoción alguna en sus caricias. Sus ojos permanecían fijos en el techo. No era la primera chica con la que tenía sexo después de Dean, de hecho, había pasado los últimos seis años revolcándose con cientos de hombres y mujeres, buscando sentir algo mínimamente parecido a lo que sentía cuando estaba con él, pero por supuesto, sin éxito.
- ¿En qué piensas, Sam? – preguntó la chica al ver su expresión abatida.
- No es nada.
- ¿Es una chica, verdad?
- Algo así. Es complicado.
- ¿No eres correspondido?
- Como he dicho, es más complicado que eso.
- No me molestaría escucharlo… si quieres contarlo.
Sam suspiró, al parecer la chica no dejaría de preguntar hasta averiguarlo, pero por otro lado, hacía mucho tiempo que no hablaba con nadie que no fuera su padre, sin mencionar que el hombre era un desastre a la hora de hablar de sentimientos, de hecho lo últimos días sólo era bueno para gritar y discutir; al parecer el hecho de que Sam se hacía mayor y se acercaba cada vez más la hora de que el demonio viniera a reclamarle no estaba haciendo nada bueno con él.
- ¿Crees que se pueda amar para siempre? – preguntó al fin.
- Sinceramente no lo creo. Al principio duele demasiado no poder estar con quien quieres y sientes que nunca podrás superarlo, pero al final terminarás por olvidar, sólo dale tiempo.
- He esperado durante seis años a que este sentimiento se pase y por el contrario conforme pasa el tiempo se vuelve peor. Hace mucho me resigné a que no volvería a verle, pero aun guardo la esperanza de que todo esto termine y poder volver a su lado algún día.
- Oh, Sam lo siento mucho. Tal vez ella aun esté esperándote, quizá no eres el único que piensa de esa manera.
- Estoy seguro que sí. Él hace mucho tiempo perdió la razón…
- ¿Él? – preguntó la chica confundida
- Sí, es un chico ¿algún problema?
- No, para nada, continúa – dijo, sin poder evitar que la decepción se reflejara en su voz.
- Dean… él perdió todo lo que tenía por mi culpa y ahora gracias a eso está en un estado catatónico; aunque regresara no me reconocería, además después de todo lo que le he hecho pasar, siento que no tengo el derecho de ir a buscarlo.
- Lo siento mucho, Sam. No sé qué decir. A algunas personas simplemente les toma más tiempo olvidar. Tal vez tú necesites un par de años más para comenzar a sanar, pero estoy segura de que no sentirás esto por siempre.
- Lo dudo, pero te lo agradezco, Sarah - El Winchester se levantó lentamente de la cama y comenzó a recoger sus prendas en el suelo.
- ¿Te vas tan pronto?
- Así es, de lo contrario papá se volverá loco – respondió mientras se vestía rápidamente.
- Supongo que no volverás a llamarme aunque te lo pida.
- Tienes razón, pero créeme, es mejor así. Adiós, Sarah.
- Adiós, Sam – la chica se despidió con una sonrisa en su rostro.
El frío de la madrugada se colaba a través de su chaqueta de cuero, había tanta neblina que apenas era posible ver, las calles estaban completamente desiertas y oscuras haciéndolo el mejor momento y lugar para que las criaturas que habitaban en la oscuridad atacaran, por no mencionar al demonio de ojos amarillos que había prometido buscarle una vez que se hiciera mayor. Comenzó a pensar que su padre tenía razón, no debió haber salido aquella noche, no hasta que hubiesen atrapado al demonio, pero llevaban seis años sin pistas de él y creyó poco probable que apareciera tan pronto. Habían buscado por todos lados, encontrando casos cada vez más complejos a su paso. Ahora a sus 22 años creía haberse enfrentado a todos los seres sobrenaturales existentes y se había hecho tan fuerte que cualquiera pensaría que podría enfrentarse a toda clase de criaturas con los ojos cerrados. Pero nunca a un demonio como Azazel.
Aun guardaban el Colt con casi todas sus balas intactas, listas para vaciarse en el cuerpo del demonio de ojos amarillos. Sólo deseaba poder hacerlo pronto. Llevaba años sin saber nada acerca de Dean, lo último que escuchó de él había sido tres años atrás; Benny le había asegurado que la condición de Dean no había mejorado, por el contrario, era cada vez peor, no parecía reaccionar al mundo exterior, apenas se movía, se negaba a comer u obtener cualquier clase de líquidos, la única reacción humana que podía distinguirse en el chico era el llanto que era cada vez más frecuente, al igual que los gritos que comenzaban sin razón aparente y era realmente difícil hacerlo callar, lo peor de todo era que debido a la deshidratación y la falta de alimentos había caído gravemente enfermo y en su estado de debilidad podría no ser capaz de sobrevivir. Desde entonces Sam no había vuelto a llamar, temeroso de saber que el chico que tanto amaba había muerto, porque así perdería todas sus esperanzas y todas las ganas de luchar y no podía dejar a su padre solo en medio de la guerra.
Aceleró el paso, sin dejar de pensar en el estado en que Dean se encontraría, si habría muerto, si habría despertado de su estado y ahora era feliz o seguía completamente igual. De pronto desde la esquina de su ojo logró captar la figura de una mujer de piel oscura recostada en las paredes de un oscuro callejón. Inmediatamente su piel se erizó en alerta y mientras se echaba a correr, sacó su teléfono de su chaqueta e intentó llamar a John, pero fue interrumpido por una fría voz que susurró justo detrás de su oreja.
- Sammy, no intentes ignorarme, sé que sabes quién soy – Sam se dio la vuelta para ver directamente el rostro de la morena cuyos ojos eran de un tono opaco de amarillo. Abrió su boca pero de allí no salió más que aire. Justo ahora estaba frente a frente con el demonio que había buscado durante largos seis años y había escogido el momento en que se encontraba más vulnerable y desprotegido – no me mires así. Prometí que vendría a buscarte una vez te hicieras mayor y mucho más fuerte y sabes que ahora es el momento.
- Aún no estoy dispuesto a seguir tus órdenes, nunca lo estaré.
- Lo sé. Te prometí también que destruiría lo poco que te queda y luego de eso te encontrarás rendido a mis pies, ofreciendo tu obediencia a cambio de lo que perdiste.
- Eso no pasará.
- Eso piensas ahora.
Entonces una enorme masa de humo negro escapó de la boca de la mujer, por un momento Sam pensó que huiría, pero se sorprendió cuando aquella masa se abalanzó sobre él y entró por la fuerza en su cuerpo, directamente por su boca, entonces todo se volvió negro.
Cuando recobró la conciencia, era aun de madrugada, pero tenía la certeza de que había permanecido inconsciente durante varias horas. De nuevo había mucho ruido a su alrededor y el olor del alcohol estaba impregnado en sus ropas y su piel. Se dio cuenta de que se encontraba justo afuera del bar donde horas antes había estado con Sarah. No recordaba cómo había llegado hasta allí de nuevo y se preguntó si Sarah había sido sólo un producto del alcohol jugando con su mente, mas descartó la idea cuando intentó ponerse de pie para darse cuenta de que no podía moverse. Entonces recordó el demonio de ojos amarillos y se dio cuenta de lo que había sucedido.
- Por fin despiertas. Pensé que nunca lo harías – escuchó la voz del demonio en su cabeza.
- ¿Qué quieres? ¿por qué estamos aquí?
- Sólo estaba divirtiéndome mientras dormías. Pero ya que has despertado es hora de que comience la acción.
El agudo sonido de su teléfono llegó hasta sus oídos incluso a través del fuerte ruido proveniente del bar y el demonio levantó su mano para contestar, viendo en la pantalla que se trataba de la décimo tercera llamada de su padre en esa noche.
- Mira Sammy, papá está llamándote, seguramente estará preocupado por ti. Le haré saber que estás bien – oprimió el botón antes de volver a hablar – Hola papá.
- ¿"hola, papá"? ¿es en serio? Llevo más de seis horas llamándote y me respondes con un simple hola – respondió la voz enfadada de su padre desde el otro lado de la línea, por supuesto sin darse cuenta de que no era su hijo quien contestaba la llamada.
- Lo sé y lo siento, pero necesitaba salir, ya sabes, despejar mi mente unos minutos, si permanecía un minuto más bajo las cuatro paredes de esa sucia habitación terminaría por enloquecer – replicó el demonio intentando su mejor imitación del menor de los Winchester.
- ¿Y consideras que un ruidoso y sucio bar es el mejor lugar para despejar tu mente? Ni siquiera quiero imaginar cuanto has bebido.
- No entiendo por qué esto te molesta tanto, después de todo tú lo haces todo el tiempo.
- ¿Tienes idea de lo preocupado que estaba? Sabes perfectamente que no deberíamos arriesgarnos de esa manera – se escuchó un suspiro cansado antes de que John volviese a hablar - Escucha, Sam, no quiero discutir contigo ahora mismo, hablaremos cuando llegues a casa.
- Está bien, estoy cansado de todas formas. Te veré allí.
- ¿Cuál es tu plan? – preguntó Sam una vez la llamada finalizó, intentando que el miedo no fuese evidente en su voz.
- Iremos a casa y juntos mataremos a Papá, luego iremos a visitar al frágil e indefenso Dean y le mataremos también junto con todos sus amigos ¿qué te parece?
Sam intentó no sentirse demasiado feliz de saber que Dean se encontraba con vida, pues el plan del demonio sonaba más que aterrador – Papá te matará y lo sabes y yo tampoco permitiré que lastimes a nadie.
- No te sobreestimes tanto, chico. Ya verás cómo terminarán las cosas y pronto te encontrarás suplicando a mis pies.
Después de un par de minutos, Sam se halló de pie en la puerta del motel donde él y su padre se hospedaban. Sacó las llaves del bolsillo de su chaqueta y lentamente abrió la puerta. La luz de la habitación se encontraba encendida y su padre le esperaba recostado en la barra de la cocina con los brazos cruzados y el ceño fruncido en evidente ira.
- Bien, no podemos evitar esto por más tiempo, hijo, tenemos que hablar – dijo John, sin darse cuenta al parecer de que no era Sam quien había entrado a su habitación.
- Mira papá, estoy cansado, ha sido una noche muy larga ¿por qué no simplemente me dejas descansar y hablamos en cuanto amanezca? – intentó caminar hasta su cama, pero John se puso en el camino cortándole el paso.
En su mente Sam gritaba porque se alejara, queriéndole decir a su padre que no era su hijo con quien discutía y era demasiado peligroso acercarse de tal manera.
- Sabes que ya amaneció ¿verdad? Son casi las cinco de la mañana. Si desperdiciaste tu noche de descanso en mujeres y alcohol, no es mi problema. Te dije que hay un caso esperando por nosotros en Baltimore y que saldríamos en la mañana y así lo haremos.
Dios, Sam había olvidado el caso por completo, de todos modos estaba seguro de que sería algo simple como esparcir sal y quemar los restos, algo de lo que cualquier cazador podría hacerse cargo, probablemente ya estaría resuelto en cuanto llegaran allí. Aun así no pudo evitar sentirse culpable por haber escuchado tan poco a su padre en los últimos meses. Había convertido su relación en una guerra constante y había ignorado las sabias palabras de su padre al decirle que no era conveniente salir solo hasta que atraparan al demonio.
- Siéntate - ordenó John - te prepararé un café antes de que todo ese alcohol haga efecto.
El demonio tomo asiento en una silla cercana a la puerta y se cruzó de piernas mientras observaba al cazador mayor preparar el café.
- Tienes razón, Sammy – escuchó de nuevo en su mente – debiste haber hecho caso a las palabras de Papá. Eres un hijo terrible, todo este tiempo tu padre no ha hecho más que protegerte mientras tú te dedicabas a cuestionar todas sus acciones y atacarle en cuanto tenías oportunidad y mira esa terquedad tuya hasta donde te ha traído. No puedo esperar a ver la cara de papá cuando vea a su propio hijo matarle ¿Qué dices, deberíamos torturarlo primero?
- Vete al infierno – respondió el chico lleno de ira, provocando que el demonio se echara a reír ante la ironía.
- ¿Qué es tan gracioso? – preguntó John de vuelta con el café.
- No es nada – dijo el demonio, estirando sus largos brazos para recibir la taza humeante de café.
John permaneció de pie a menos de un metro de distancia, haciendo que Sam se sintiera aterrado de nuevo de que Azazel saltara de pronto de su asiento y le arrancara la cabeza. Sus labios sintieron el calor y su lengua saboreo gustoso el primer sorbo de café, mas al instante sintió como si este bajara en llamas por su garganta y quemara su lengua en el proceso y se preguntó qué demonios estaba sucediendo.
John sonrió al ver el chico maldecir y dejar caer la taza al suelo. Su rostro no se contrajo en el dolor como cualquier otro demonio habría hecho, ni se retorció al sentir el café preparado con agua bendita al hacer su camino hasta su estómago, todo esto indicándole qué demonio era el que poseía a su hijo.
- Hola Azazel, qué agradable sorpresa – dijo el cazador con una sonrisa torcida, haciendo que Sam suspirara aliviado. Había olvidado cuan listo y buen cazador era su padre.
- Hola Johnny, debo reconocer que no esperaba que me descubrieras aún ¿Cuándo te diste cuenta? – se puso de pie, mas no hizo ademán de avanzar hacia él.
- Desde que llamaste. Conozco a mi hijo lo suficiente para saber cuándo es un impostor quien habla a través de sus labios.
- ¿De nuevo con eso? Ha sido sólo cuestión de suerte o quizá tu instinto de cazador, pero déjame decirte que no conoces y nunca has conocido a tu hijo lo suficiente. No te enteraste de que le gustaban los chicos y tardaste demasiado tiempo en descubrir su relación con Dean Singer ¿y aun así dices conocerlo? Lo único que has hecho es provocar que tu propio hijo te mienta y te guarde secretos durante toda su vida.
John no pareció alterarse ante las palabras de Azazel. A lo largo de sus muchos años de experiencia había aprendido a conocer a los demonios y sabía que utilizarían cualquier aspecto doloroso de su vida para indisponerle y hacerle vulnerable.
- Eso fue hace seis años, ahora las cosas han cambiado.
- No tanto como crees. Aun Sammy no es lo suficientemente sincero contigo ¿sabías que aún sigue perdidamente enamorado de Dean? y en el fondo aun te culpa por haberle hecho separase de él y dejarlo desprotegido.
- Nada de lo que digas podrá afectarme, no creo en las palabras de los demonios.
- De acuerdo, entonces dejémonos de discursos y pasemos a la acción. Estoy seguro de que Sammy va a divertirse mucho cuando te corte la garganta.
El demonio se abalanzó sobre John, quien permaneció de pie con una sonrisa marcada en su rostro y entonces supo el porqué de tal confianza, pues en el instante en que intentó avanzar se vio detenido por una fuerza invisible. Miró al techo pero no había nada allí.
- ¿Qué rayos has hecho, Winchester?
John volvió a reír antes de continuar – No eres tan listo como pensé. Cuando supe que venías dibujé una trampa debajo de la alfombra. Admítelo es tu fin.
- No cantes victoria aun. Aunque me envíes de vuelta al infierno, pronto volveré y acabaré contigo y tu precioso chico.
- ¿Quién ha dicho que quiera mandarte al infierno? – entonces de su abrigo extrajo el Colt, cuyo material brillante bastó para intimidar al demonio de ojos amarillos.
- No vas a usarlo, no mientras esté en el cuerpo de tu hijo.
- ¿En serio crees que eso me importa? No te confundas, amo a Sam, más que a nada en el mundo, pero a veces hay que hacer sacrificios y esto no lo hago sólo por venganza; has hecho mucho daño y ni Sam ni yo podemos permitir que eso siga sucediendo. Realmente lo siento Sammy, pero esto es lo correcto y espero que puedas entenderlo.
Una lágrima solitaria rodó por la mejilla del hombre mientras apuntaba con el arma al cuerpo de su propio hijo. Sam sintió el pánico crecer no sólo producto de las emociones del demonio sino las suyas propias. Quería gritar a su padre que no lo hiciera, que esto no era lo que él quería; tenía miedo de morir, no quería hacerlo; quería ver a Dean una última vez, quería besarlo de nuevo, ir juntos a la universidad, conseguir un trabajo como abogado o quizá como doctor, y al final encontrarse con la sonrisa de su padre diciéndole que se encontraba realmente orgulloso de él. Pero las lágrimas en el rostro de John Winchester y sus manos temblorosas le aseguraban que aquello no iba a pasar. Sam había estado aterrado de matar a su padre mientras se encontraba poseído, pero ahora era su padre quien iba a acabar con su vida y no podía hacer nada para impedirlo.
- Realmente lo siento, Sam. Quisiera no tener que hacerlo. Sólo quiero que sepas que nada de esto es tu culpa, lo has hecho muy bien hasta ahora y estoy orgulloso de ti.
Entonces el sonido de un disparo resonó fuertemente en sus oídos y un agudo dolor atravesó su pecho antes de que todo se volviera oscuro y tranquilo.
Muchas gracias a todas por leer y por dejar reviews, les recuerdo que el próximo capítulo será el último. ^^
