ĈâМßïÅńďō ΣĿ ΡΛšΛĐΘ
Nadie se atrevía a pronunciar la palabra temida que acudía a sus mentes en aquel preciso instante.
Sara Toscanini descendió en la escoba con gran agilidad mientras sus amigas la vitoreaban durante la práctica. Miró al cielo y el sol golpeó su rostro con fuerza. Sus ojos verdes brillaron más que nunca ante el gran día que asomaba aquella mañana. Sí, en Bristol no habían días como en los de Londres. Cuando le informaron que iría durante una semana a Hogwarts para un partido de Quittich no pudo evitar sentirse aliviada. Se estaba cansando de las constantes visitas de su madre y aquel fue una espectacular salida al agobiante asunto.
- Sara! Hacemos el giro doble o el triple.
Qué no pueden hacer nada por ellas mismas? pensó mientras entornaba los ojos.
- Si fueran un poco más capaces les diría que intentaran hacer el triple, pero como sé el nivel que todas manejan en este equipo solo les pediré el doble.- dijo hastiada de todas aquellos "inútiles" seres inferiores.
Sí, Sara era una joven engreída y consentida; hija de una embajadora inglesa y un senador italiano. Pertenecía al estrato social superior y por ello, lo había tenido absolutamente todo en la vida. Aquella situación económica en conjunto con su belleza insuperable y su dominante carácter la había convertido en un ser egocéntrico y manipulador. Creía, casi acertadamente, que el mundo giraba alrededor de ella; tal vez así había sido.
Pero aquello cambiaría para siempre durante su estancia en Hogwarts.
Sus ojos verdes recorrieron en campo desde el cielo y se detuvieron sobre la figura de un alto rubio que caminaba por las gradas. Su vestimenta, verde y su aspecto seco y frívolo le indicó de inmediato que se trataba de un Slytherin. Ya había oído hablar sobre las serpientes de Hogwarts. Todos los repudiaban, especialmente los Gryffindors. Durante el desayuno, algunas insignificantes Gryffindorianas habían hablado pestes de la casa verde y ella se había mantenido atenta a cada palabra, mas no se encontró de acuerdo con ellas. En todo Hogwarts, los únicos que parecían tener su mismo nivel social eran los Slytherins, y tal vez por eso se molestó tanto cuando el sombrero seleccionador la colocó en la mesa de los leones. Estúpido e inservible artefacto, pensó. Mas aquel no era momento para enojarse, prefería hundirse en aquellos ojos grises centelleantes que cruzaban el campo. Era perfecto, simplemente ideal. Su belleza era angelical y a la vez demoniaca, insensible y fuerte. Parecía desprender un embriagador aire masculino que la atrajo de inmediato; nunca la había pasado aquello con ningún otro hombre, todos le parecían demasiado poco para ella, seres inferiores. Sin embargo, aquel frío rubio era todo menos inferior. Ahora que lo observaba, podía notar cómo él ni siquiera notaba su presencia. Se sintió insultada¿Cómo podía ser que ella, siendo una veela tan llamativamente hermosa, no cautivara la mirada de aquel Slytherin? Sí, desde su llegada había sido el centro de atención de todos los hombres y hasta de mujeres envidiosas; pero aquel ángel caído la ignoraba descaradamente, como si no fuese nadie importante. Antes de que siquiera lo notara, Sara Toscanini se había encaprichado con quien no debía, y con quien aprendería muchas cosas.
- Sostén la varita con fuerza.- dijo Vicktor mostrándole cómo a Hermione.
La castaña la colocó correctamente en su mano derecha. Sus ojos marrones estaban fijos en cada paso que daba el moreno.
- No.- dijo él.- Es con la mano izquierda.
Hermione lo miró confundida.
- No soy zurda.- afirmó ella.
- Lo sé, pero la marca tenebrosa siempre debe hacerse con la mano izquierda. Es donde reside el mayor poder oscuro de un mago.
La Gryffindoriana tomó aire y trató de concentrar todos sus sentidos en las enseñanzas que Vicktor le impartía. Crear una réplica a la marca tenebrosa sería un trabajo mucho más que difícil, pero era algo que tendría que conseguir. Conocía bien sus limitaciones, todo lo que le impedía tener tal nivel de poder oscuro: su falta de experiencia y su sangre mezclada eran grandes impedimentos. Mas Hermione Granger era una mujer decidida, y una vez que tomaba algo como realizable, persistía en ello hasta conseguirlo. Krum lo sabía, por eso estaba allí, brindándole su tiempo y todos sus conocimientos.
- Escucha Hermione, debes concentrarte, resulta que para crear una imagen tan complicada como la de la marca tenebrosa debes primero visualizarla en tu mente; eso sí, la imagen dentro de tu cabeza debe ser clara y nítida, que ningún otro pensamiento interfiera a la hora de invocarla. Para ello necesitas despejar tu mente, lo cual es muy difícil. Hay personas que no lo consiguen hasta después de años de entrenamiento exhaustivo; el control de la mente humana es algo más que complicado.
- No tengo un año Vicktor.- comentó ella. - Tengo dos semanas a lo mucho para poder manejar esto. Así que nos quedaremos aquí toda la tarde si es necesario, pero no saldré de la torre hasta que al menos haya avanzado un poco.
Krum asintió y le hizo una pequeña demostración.
Hermione empalideció al ver la marca tenebrosa dibujada en la torre, era una réplica casi exacta. Respiró profundamente y cerró los ojos.
No iba a rendirse hasta conseguirlo.
- Llegó! Llegó! Mira Parvati! Llegó!- gritó Lavander con entusiasmo mientras entraba un sirviente con una gran caja en manos.
La rubia se levantó del mueble de la sala común y corrió para abrazar al mayordomo.
- Antoine!- dijo Parvati mientras le daba un beso. - Me trajiste lo que te pedí?
- Claro señorita, su madre lo trajo de Francia esta tarde.
Lavander saltó emocionada.
- Parvati es Francés! Vas a ser la más hermosa del baile!
La rubia rió.
- No va a ser así, las veelas estarán divinas.- dijo ella mientras tomaba la caja y desataba los cordones rojos que la envolvían.
- Pero ellas son bellas por magia en su sangre, tú lo eres naturalmente!- aumentó la morena. - Vamos! Ábrelo! Quiero verlo.
Parvati hizo una mueca y rió. Acto seguido, sacó el vestido de su envoltura.
Era una de las cosas más bellas que ninguna de las dos jamás hubiese visto.
- No puede ser...- dijo Lavander con la boca abierta. - Está divino...
Los ojos de Parvati brillaban.
- Fue Piero quien eligió el vestido no es así?- preguntó a Antoine inmediatamente.
- Claro que fue Piero.- dijo de mala gana. - Ese "loca" siempre tiene buen gusto.
Lavander miraba embelesada el vestido color piel.
- Dale a Piero esto.- dijo Parvati entregándole un sobre. - Ahí están las fotos de mis amigas. Dile que de acuerdo a su apariencia les busque un vestido.; no importa el precio, ni de dónde lo compre. Solo haz que lo haga.
Los ojos de Lavander se fijaron en su amiga sorprendidos.
- No! De ninguna manera Parvati! Sabes lo que cuestan los vestidos que Piero elige? Son precios que nunca podría pagarte!
- Es mi regalo de graduación a todas.- dijo la rubia. - Además, aunque sé que nos hemos separado en estos meses, yo las sigo considerando a todas como mis amigas.
Y esa fue su última palabra.
Lavander no discutió más con ella, pero sintió que Ginny no se merecía lo que Parvati hacía por ella.
- Tú, cómo te llamas...- preguntó con sequedad Draco a una de las veelas que acababa de bajar con su escoba.
La veela sonrió desprendiendo toda su magia, y se sintió ofendida cuando en los ojos grises y frívolos del rubio no se asomó ni una sola gota de deslumbramiento.
- Umma Latelville.- dijo la chica de cabellos verdes.
- Dile a Sara Toscanini que baje.- ordenó él dándole inmediatamente la espalda y caminando fuera del campo.
Qué grosero. pensó Umma mientras subía a cumplir lo encomendado.
Draco subió la mirada para ver cómo Sara fijaba sus ojos verdes en él y descendía sin ninguna prisa. Al bajar tomó la escoba con su mano derecha y soltó su cabello rojo caoba dejándolo caer como un manto reluciente sobre su espalda. Era bellísima. Y sin embargo el rubio permanecía inmutable.
La pelirroja caminó hacia él y al colocarse frente al Slytherin, se apoyó de la escoba mientras una sonrisa seductora se dibujaba en su rostro.
- Me llamaste? Tú eres...-
- Draco Malfoy, y de ahora en adelante seré su guía en el colegio.- completó él fríamente, lo cual solo hacía que la chica lo viera más atractivo. - Mañana por la tarde las llevaré a conocer el castillo, así que sea lo que sea que tengan preparado para la tarde, déjenlo.
El rubio dio media vuelta dispuesto a marcharse, mas la voz de Sara lo obligó a detenerse.
- Quién te crees tu...Malfoy o como te llames, para hablarme de esa forma y ordenarme a mí?- dijo la pelirroja bastante ofendida. Nunca, ningún hombre se había atrevido a tratarla de aquella forma, ni siquiera los profesores de su colegio.
Draco se volteó y fijó peligrosamente sus ojos en ella. Era tal y como en el pasado, bella y superficial; completamente vacía y carente de eso especial que irradiaba en los ojos de Hermione. Era tan insignificante ante su mirada, que hasta se sorprendió del gran cambio que había surgido dentro de él gracias a la castaña. Si bien, seguía siendo el mismo insensible déspota, ahora veía más allá de los que las imágenes mostraban, y sentía algo, al menos hacia la Gryffindoriana.
Era alguien nuevo, algo había nacido en su interior…
Y ese algo estaba a punto de morir gracias a una mentira con causa.
Pero eso él aún no lo sabía; no tenía idea que su amor por Hermione podía transformarse en odio de la noche a la mañana. Así había sido siempre, un amor necesario y doloroso, que había conseguido lastimarlo tanto a él como a ella, y al final, siempre terminaban deseando la muerte de ambos, o el jamás haberse conocido. Él no podía imaginar que iba a relacionarse con Sara, solo para lastimar a Hermione, solo para verla llorar y sufrir tanto hasta agonizar...
Y así, a punto de morir la rescataría,
Porque aún después de todo la seguiría amando,
Y no soportaría vivir sin su existencia.
Draco caminó hacia Sara y fijó sus ojos como lanzas sobre ella.
- Soy el Prefecto de Slytherin, y a quien de ahora en adelante debes respeto. Si no quieres seguir mis órdenes, mejor regresa a Humbolg; porque donde estás parada, es mi espacio, y adivina qué? Yo mando en él.
Con esto el rubio dio media vuelta y se fue, dejándola completamente sin palabras.
Sí, Sara Toscanini se había encaprichado con él.
Y no desistiría en sus deseos.
Hermione bajó las escaleras de la torre acompañada por Krum. Se sentía demasiado mal; las prácticas habían resultado peor de lo que pensaba. Poner su mente en blanco le resultaba imposible, miles de imágenes ensuciaban la de la marca tenebrosa dentro de su cabeza, era como si no pudiera dejar de pensar. Al concentrarse con excesiva dedicación, su magia se alborotó lo que provocó que su energía decreciera. Ahora, veía todo borroso y sentía una presión en el pecho que no la dejaba respirar, mas trataba de mantenerse en pie, y hubiera seguido con las prácticas, de no ser que Vicktor la detuvo al verla en tal estado de desgaste.
La castaña bajó el último escalón y se sostuvo la frente por unos instantes. Krum la observó preocupado; el color rosa de sus mejillas se había desvanecido y ahora se asomaba en ellas un tono pálido que no le agradaba en lo más mínimo. Sus labios, rojos naturalmente, ahora se habían secado y tomado una oscuridad impresionante. La vio ahí, delicada y vulnerable…
Nunca sintió tantas ganas de protegerla.
- No te veo bien, necesitas ir a la enfermería.- dijo Vicktor estirando su mano para quitar los mechones de cabello que ocultaban su rostro. - Yo te acompaño.
- No, no es conveniente.- dijo la Gryffindoriana con una voz débil y agotada. - Ya te dije que no nos pueden ver juntos…si descubren que me estás enseñando esto...podría resultar desastroso.
Vicktor asintió.
- Está bien, lo comprendo. Te dije que no te esforzaras demasiado en la primera práctica; Hermione, esto tomará tiempo.
- No tengo tiempo Vicktor ese es el problema.- argumentó la castaña. - Ya no me queda tiempo...
- Hablas como si de esto dependiera el destino de tu vida o algo así.- señaló el moreno intrigado.
Hermione permaneció en silencio unos breves instantes, los suficientes como para impacientar a cualquiera.
- Así es: de todo esto pende el hilo de mi felicidad.- acabó ella. Y sus ojos se turbaron mientras se sintió desfallecer.
Krum la sostuvo entre sus brazos antes de que cayera. Hermione colocó sus brazos en los hombros del moreno como apoyo firme y unas frías lágrimas corrieron por sus mejillas.
- No me siento bien...- dijo ella mientras sollozaba en silencio.
- Qué te duele! Dime!- dijo él angustiado mientras la sostenía.
- No siento casi mis piernas…y no puedo ver nada con claridad.- aseguró ella temerosa. - No puedes llevarme a la enfermería.; Madame Pomfrey descubriría de inmediato la causa de mi estado.
- No me interesa Hermione! Se trata de tu salud!.- dijo Vicktor.
Lamentablemente, desde la ventana del pasillo de la torre no se podía escuchar absolutamente nada de aquella conversación, y lo único que Draco Malfoy podía ver con profunda ira y dolor, era la escena de Krum tocando lo que le pertenecía y de Hermione aceptando la situación. Cualquiera que hubiese visto aquellos ojos grises se habría petrificado ante el odio puro y nítido que desprendían; era la esencia perfecta de los celos existentes en un ser humano.
De los celos de un Slytherin.
Draco Malfoy nunca odió tanto a Hermione Granger como en aquel instante. Ella era la única que podía hacerlo sufrir de aquella forma, de insertarlo en la agonía absoluta y de provocar que deseara la muerte. Detestaba saber que en sus manos era tan vulnerable; en las manos delicadas e insignificantes de una sangre sucia permanecía su alma, su vida entera¿y qué hacía ella? Lo aplastaba cada vez que podía. Era como si disfrutase de lastimarlo, de herirlo en lo más profundo. Pues él también la haría sufrir; la hundiría en el más grande dolor hasta que se sintiera completamente sin fuerzas para recuperarse ¿Quería jugar? Pues jugarían! Él la amaba tanto como la odiaba, y así como podía entregar su vida por ella, también podía ser su mismo verdugo.
"Enfermizo; es así como muchos describirían el amor entre Draco y Hermione. Un amor dulce pero mortífero, como la manzana del jardín del edén, aquella que siempre estuvo prohibida…mas yo no lo catalogaría de esa forma. Los años que he vivido y los que no, más he visto pasar, me han enseñado que el amor mientras más fuerte es, más dolor y heridas causa. La pasión que envolvía los corazones de ambos jóvenes era demasiado fuerte, demasiado latente y persistente; vibraba en cada centímetro de sus cuerpos y los consumía en una inagotable necesidad del uno por el otro. Un amor de aquella magnitud resultaba enfermizo, sí; porque era capaz de matar a quienes lo sentían. En este caso, Draco y Hermione se encargarían de destruirse mutuamente, y después, de reconstruirse de entre las cenizas como si nada hubiese pasado.
No les quedaba más.
Un amor como aquel estaba condenado al sufrimiento eterno, y a la vez, a la felicidad más completa."
Adriana sonrió orgullosa de haberle dado fin a su poesía. Ginny miraba a la presidenta de la sociedad de poetas de babel fijamente, esperando escuchar su obra final. Ya había leído antes algunos poemas de la chica, y, aunque no eran de los de su gusto, tenían algo que hacía que la pelirroja los reconociera como una obra lírica. Claro está, prefería otra clase de poesía.
- Aquí va...- dijo Adriana extendiendo el papel y aclarando su garganta.
"Merlín, si tan solo te pedí una cosa;
¡Amar¡Amar! Desde una rosa
Amar, amar tan solo yo quería
Y convertí el clamor en poesía...
Llegó el amor, Merlín,
Pero entonces de dolor
Mi alma moría
¡Dolor, dolor, Merlín!
Y convertí el dolor en poesía...
Se fue el dolor, Merlín...
Y me quedó una herida,
Que sangra a veces
Y a veces se me olvida...
Olvido, Merlín…
Y convertí el olvido en poesía.
Pero el ansia, Merlín,
De amar de nuevo
Brótame a veces,
Pidiendo que regrese
Sin dolor,
Sin herida,
Sin olvido.
¡Un amor, Merlín,
Tan solo yo quería,
Y convertí mi ruego
En poesía...!"
(Poesía escrita por un amigo, no es mía debo aclarar)
Ginny sonrió mas en sus ojos la oscuridad no se disipó. Un sabor amargo, un dolor profundo; no había nada en aquel mundo que pudiera separarla de la angustia que sus mismas decisiones le habían acusado.
"Ya falta poco...ya casi es el fin" pensó la pelirroja respirando profundamente. Se sentía, terriblemente tranquila; era aquella resignación de quien conoce su destino infame y no pretende hacer nada por cambiarlo.
La voz de Guillermo, uno de los integrantes de la sociedad la sacó de sus pensamientos.
- Ya vamos a cenar!- dijo él acercándose a las dos chicas que se encontraban bajo el árbol de las afueras de Hogwarts.
- Sí, sí,..Ya vamos.- dijo Adriana levantándose. - Realmente no sé por qué siempre escribo de amor cuando nunca lo he sentido.- le comentó luego a Ginny mientras entraban.
Cruzaron pasillos y atravesaron a Nick casi decapitado hasta llegar al gran comedor. Éste tenía un ambiente bastante cómodo, situación que resultaba sorprendente, especialmente después de lo sucedido con las frases de mortíos. Todos hablaban y sonreían mientras comían, parecían darse un festín insuperable y disfrutar de los pocos días que quedaban en Hogwarts. Los de séptimo estaban más enérgicos que los de otros cursos, pues ya aquel era su último año en Hogwarts, y no querían perderse ni un minuto dentro de aquel paraíso en el cual habían pasado los mejores años de sus vidas.
"El mundo fuera de él los haría, en su mayoría, de piedra y los sometería a sufrimientos indescriptibles. Muchos, estando a punto de dejarse vencer, encontrarían fuerzas en los recuerdos gratos de Hogwarts, cuando la vida aún tenía sentido."
Ginny se sentó, como siempre, lejos de quienes alguna vez fueron sus amigos. Ron la observó, y al sentir el desprecio y el repudio de su hermana, supo por primera vez que nunca había estado tan lejos de su vida como ahora. Era como si una barrera se hubiera puesto entre ambos; una pared indestructible, y que los separaba. Por su parte, Lavander sentía dolor y resentimiento hacia Ginny, quería odiarla por lo que le había hecho a Parvati, pero en el fondo de sí todavía conservaba ese cariño de amistad cálido que se había formado entre ambas, y que por ser tan fuerte, ni la distancia ni la indiferencia eran capaces de destruir.
La pelirroja tomó un poco y jugo y no pasaron más de dos minutos cuando Dumbledore se levantó y pidió la atención del alumnado.
Todos se callaron y el silencio llenó el lugar.
- Queridos estudiantes! Debo informarles que una carta nos ha llegado este mañana llenándonos de alegría y de orgullo a todos los profesores, por lo que creemos también debería ser comunicada esta noticia al alumnado. La Orden de Merlín realiza concursos todos los años y éste ha sido de poesía! No teníamos idea de que una de nuestras alumnas envió un poema a este concurso, pero ahora lo sabemos, ya que ha ganado el primer premio en este concurso internacional!
Todos comentaron entre sí emocionados.
Dumbledore continuó.
- El primer premio de este concurso es grandioso! Reconocido mundialmente! Se publicará esta poesía en la editorial de la Orden y nuestra ganadora recibirá algunas entrevistas ya que desde ahora es la sensación del momento. Nunca antes, una joven de tan poca edad había ganado un concurso que es normalmente, siempre ganado por adultos. Mis felicitaciones sinceras, a Ginny Weasly.
Ginny sintió, al escuchar su nombre, que todo se ponía borroso. Sus sentidos se nublaron, y aunque veía miles de personas aplaudiendo a su alrededor no los escuchaba, solo el latido fuete de su corazón ¿ganar¿Ella¿Un concurso¿Cómo si no había mandado ningún poema a nadie! Sus ojos miel chocaron con los de Paul en la mesa de Ravenclaw, quien sonriendo, hizo un ademán de reverencia. Sí, había sido él; no había otra explicación. Solo él poseía sus poemas. Quería matarlo.
- Ginny! Despierta! Tienes que ir al frente!- dijo Neville dándole empujones.
La pelirroja se levantó aturdida mientras todo el colegio incrementaba sus aplausos y ovaciones. Caminó con paso firme mas lento hacia al frente mientras sus mejillas se encendían.
Desde la mesa Gryffindoriana, Ron, Harry, Parvati y Lavander permanecían estáticos, sin poder comprender lo que sucedía¿desde cuando Ginny escribía¿Por qué si la conocían desde hacía ya tanto tiempo no tenían idea de aquel talento? Nunca antes se sintieron tan fuera de la vida de la pelirroja. Supieron de inmediato, que ya ellos no eran nada para ella…y que Ginny, se había transformado un otra persona; en un ser enigmático que parecía ocultar demasiadas cosas.
Ya no era la misma de antes.
Mientras esto ocurría en el gran comedor, nadie pudo notar la ausencia de Hermione, quien permanecía sentada en una camilla de la enfermería. Tomaba un poco de aquella sustancia extraña que Madame Pomfrey le había proporcionado. La amable enfermera la observó con algo de preocupación maternal en sus ojos cálidos.
- No sé lo que tramas Hermione, pero sea lo que sea que estés haciendo tu poca salud no te lo permite; no tienes la fuerza de una adolescente normal, es que acaso sigues sin alimentarte correctamente?
Hermione se sonrojó y bajó la mirada. Ella era conciente de que no comía lo suficiente¿pero quién tendría hambre con todo el estrés que ella tenía encima? Simplemente no le provocaba. Lo poco que comía era lo que se obligaba a comer, porque sabía que todo resultaría peor si no se alimentaba. Pero aquella situación parecía estar saliéndose de control.
- Mírame Hermione, eres una niña inteligente que sabe muy bien lo que sucede cuando te expones a tanto desgaste de energía sin alimentarte lo suficiente. Tienes una salud tan débil que bien podrías morir con un simple virus! Te daré unas pastillas para que al menos, si no quieres comer, te tomes una diaria y así tengas algo de vitaminas en la sangre.
Hermione asintió y recibió la medicina gustosa. Necesitaba de toda su fuerza para poder realizar la marca tenebrosa, y ahora más que nunca sentía los estragos de sus malos hábitos alimenticios.
Madame Pomfrey salió del lugar apagando las luces y dejándola sola, y ella no pudo hacer más que dejar que algunas lágrimas corrieran por sus mejillas. Todo estaba resultando más difícil de lo que creía; temía con toda su alma que no pudiera ser capaz de hacer lo que tenía que hacer. De que aprendiera a manejar las artes oscuras, al menos un poco, dependía todo su futuro.
Respiró profundamente. La luna penetraba por los cristales de las ventanas magistralmente. Humedeció sus labios y se sorprendió al notar entre la oscuridad, que alguien permanecía arrimado en la pared. Sus ojos marrones se encendieron al notar que unos grises brillantes la observaban de forma frívola del otro lado de la habitación. Su sangre se congeló, y pudo saber en esos breves instantes que algo malo estaba a punto de suceder.
Draco dio dos pasos hacia ella y la castaña se hizo para atrás en la cama, como un animal acorralado. El Slytherin dibujó una media sonrisa en su rostro, lo que solo logró alterar aún más los nervios de la Gryffindoriana.
- Qué, ahora me tienes miedo?- dijo él fríamente volviendo a insensibilizar su rostro pálido.
Hermione levantó su cabeza manteniendo su barbilla bien en alto y se bajó de la camilla.
- Yo no le temo a nada, solo a la ignorancia.- dijo ella firmemente. - Pero tú siempre haces que desconozca todo de ti...y sí, le temo a aquello que no conozco.
Draco caminó hacia ella, dejando tan solo un metro de distancia entre ellos.
- Te equivocas, me conoces más que nadie; tan bien me conoces, que sabes bien que en este preciso instante puedo hacerte daño...y por eso estás tan nerviosa.
La castaña quiso retroceder, mas se mantuvo justo en donde se encontraba. Él tenía razón, muy en el fondo de su ser sabía que aquellos ojos grises estaban llenos de ira hacia ella...y sabía que aquello era peligroso.
- Puede ser.- respondió. - Pero, puedo saber entonces por qué querrías hacerme daño?
Hubo un silencio prologado, mientras tanto, una sonrisa tétrica se formó en el rostro del rubio. Hermione no soportaba más lo incómodo de la situación, miles de argumentos cruzaban por su cabeza en aquel instante, todos ellos justificando la reacción el Slytherin.
"Qué hice que lo tiene así? Qué hice? Qué hice?" pensó.
Draco pretendió dar media vuelta, mas por el contrario de todo lo imaginado, empujó a Hermione haciéndola caer sobre la cama y se lanzó sobre ella; inmovilizándola con una varita clavada amenazadoramente en su delicado cuello femenino.
La castaña soltó un leve gemido de dolor y se quedó quieta; sabía que librarse de él sería imposible. Sus ojos marrones se fijaron ofendidos en los grises llenos de ira contenida del Slytherin, y no pudo evitar sentirse amenazada. Los rubios mechones de Draco caían sobre la frente de Hermione, mientras que sus alientos se mezclaban en una fórmula perfecta.
- Quieres que te explique por qué querría hacerte daño!- exclamó con rabia. - Te mataría en este mismo instante de no ser que...
- De no ser qué! Nunca me harías nada! Por qué no sacas esa estúpida varita de mi garganta? Jamás me lastimarías con eso! Tienes mucha razón! Te conozco perfectamente, y preferirías cortarte ambas manos antes que herirme con ellas!
Draco hundió aún más la varita en el cuello de la castaña, provocando que ésta soltara un gemido aún más fuerte. Con su otra mano sostuvo el cuello de la chica con firmeza, obligándola a mirarlo fijamente.
- No me provoques Hermione...no sabes de lo que soy capaz.- amenazó él mientras lágrimas de dolor corrían por el rostro de la castaña; a él ya no le importaba, ella lo había lastimado mucho más.
- Qué te pasa! Suéltame ya! No te he hecho nada!
- Mientes! Mientes maldita sea! Por qué siempre tienes que mentir!- gritó entrando en histeria. - Déjame perdonarte Hermione! Dime por qué estabas con Krum en la torre! Aunque sea miénteme nuevamente pero hazlo bien!
El rostro de Hermione empalideció en muestra de culpabilidad. Nada, absolutamente nada cruzó por su mente en aquel momento. Quiso morir, sí; nunca tuvo tantas ganas de desaparecer como ahora ¿Cómo le explicaría a Draco aquello? Decirle la verdad? Imposible! No tenía salida...
- Habla maldita sea! Rompiste tu promesa!- exclamó el rubio sintiendo cómo la ira se apoderaba con más fuerza de su ser con cada segundo que pasaba. El silencio de Hermione era respuesta suficiente.
- Confía en mí! Sé lo que estoy haciendo! Puede que parezca algo sin sentido! Que lo veas como una traición! Por favor, créeme, lo hago por los dos...
Pero los celos que Draco sentía y el dolor de pensar que Krum podía tenerla mucho más tiempo de lo que él podía eran suficientes como para romper cualquier tipo de confianza.
- No te creo.- dijo él secamente. - No te quiero cerca de él.
- No puedo.- sollozó Hermione. - Y no voy a hacerlo. Voy a seguir reuniéndome con él y punto.
Draco se levantó de la cama dejándola libre. Sus ojos grises se fijaron llenos de odio y resentimiento en ella.
- Eres mía Hermione, y quieras o no, vas a aprender a obedecerme.
Con éstas últimas palabras se fue, completamente decidido a darle a Hermione justo en donde más le dolía.
Y usaría a Sara para ello.
Pensaba en esto justamente cuando abría la puerta para salir de la enfermería, sin poder siquiera imaginar lo que le esperaba detrás de ella.
Sintió un golpe fuerte sobre su rostro y no pudo evitar caer al suelo sin más remedio. Sangre corría por su perfecta nariz mientras sentía el dolor correr por su rostro. Al volver, sus ojos grises chocaron con unos verdes llenos de ira que ahora lo apuntaban con una varita. Sí, había escuchado todo.
Era Harry.
La ira reflejada en aquellos ojos verde esmeralda era más de lo que Hermione podía soportar. No! No podía ser cierto! Aquella tenía que ser una pesadilla! Harry no podía haber descubierto la verdad! No podía, pensaba alarmada mientras se tapaba la boca con ambas manos. Su corazón latía a ritmos exagerados, y por unos breves instantes creyó que sus piernas no la sostendrían por más tiempo y se desmayaría, mas no sucedió así.
Los ojos grises inexpresivos del rubio respondían la mirada asesina del Gryffindor. Y allí estaban, los dos enemigos a muerte, esos que se repudiaban tanto como para desearse la muerte mutua...y sin embargo, tenían una sola cosa en común que los uniría para siempre: Hermione¿no resultaba irónico? Al Slytherin le pareció la situación más patética y, dibujando una sonrisa venenosa se levantó del suelo. Sí, era él; Draco Malfoy arrastrándose por una sangre sucia. Hasta entonces no había sido capaz de observar su propio reflejo, y tan solo pudo ver la burda sombra de lo que era antes. Ella lo había consumido por completo, y pagaría.
- Potter es un honor poder recibir un golpe tuyo! Hace cuánto que no discutimos eh? Y pensar que lo hacemos por ella...
- Cállate!- gritó Harry histérico mientras apuntaba su varita hacia él con firmeza.
- Harry..!- exclamó Hermione aterrada.
- Tú también cállate!- gritó fijando sus ojos fúricos en ella. - No te atrevas a meterte en esto…porque sino lo lamentarás Hermione lo juro!
Los ojos marrones de la Gryffindoriana se llenaron de lágrimas. El dolor había comenzado a consumirla. Sabía perfectamente que la imagen que Harry tenía de ella se había roto para siempre en aquel preciso instante. Quizás en ahora mismo él estaba pensando cosas terribles de ella. No podía soportarlo...no podía..
- Maldita sea Malfoy! Vas a pagar haberle puesto tus asquerosas manos encima!- exclamó Harry volviendo a fijar sus ojos llameantes en el rubio.
Draco rió secamente.
- No crees que es inútil toda esta escena a estas alturas Potter? Ella ya es mía...llegaste muy tarde para impedirlo. Las cosas, son como son. Acéptalo.
- Nunca será tuya imbécil! Sobre mi cadáver me entendiste? No vas a volver a tocarla!
- Tienes razón Potter, nunca será mía.- dijo Draco mientras estiraba su brazo señalándola. - Tu amiguita es de todos los que se le paran enfrente...no es así Granger? Por qué no le cuentas lo bien que te la pasas conmigo y con Krum a la vez?
Hermione sintió cómo todo en su interior explotaba mientras gruesas lágrimas corrían por sus mejillas.
- Cállate! Cállate por favor! No sigas!- suplicó entre sollozos. Se estaba vengando de ella, lo sabía. Conocía perfectamente que quien estaba hablando por su boca en aquel momento era su ego herido y su orgullo. Sin embargo...aquello no era suficiente como para justificarlo. La estaba hiriendo demasiado...
Y eso que solo había comenzado.
Más Harry tenía prisa por terminar. El que el moreno tirara la varita y se lanzara sobre Draco tomó a todos por sorpresa. Volvió a golpearlo en el rostro e inmediatamente, en las costillas.
- Vas a pagar imbécil!- gritó Harry viéndolo caer al suelo.
Draco sintió la sangre correr por su rostro y lleno de ira fijó sus ojos peligrosos y mortíferos en su peor enemigo. Ahora ya tenía con quién descargar su rabia.
El rubio se levantó del suelo y metiendo la mano en el bolsillo de su túnica sacó su varita, lanzándola al suelo al igual que el Gryffindor había hecho.
- Esto es lo único que me gusta hacer en forma muggle.- dijo Draco, y acto seguido golpeó a Harry en el rostro mandándolo al suelo.
Hermione gritó aterrada. Corrió para intervenir en la pelea mas Draco, estirando su mano derecha hacia ella, ante el asombro de la castaña creó un campo que no la dejó pasar.
Draco sonrió.
- Ventajas de ser mortífago Hermione…recuerda lo que soy.- le dijo y lanzó una patada al estómago de Harry mientras éste se retorcía en el suelo. - Sabes qué Potter? Te mataría en este mismo instante de no ser que a ella le importas...y, lamentablemente, a mí me importa ella. Es patético no crees? Tú y yo la queremos...y soportamos todas las porquerías que nos hace sin poder dejar de quererla; es ese el poder de Hermione Granger, es como una maldita droga no lo crees Potter? Va a terminar matándonos a todos...
Descargó una última patada contra su adversario y bajó la mano que mantenía extendida, permitiendo que Hermione pudiera correr a los brazos de su mejor amigo, que permanecía en el suelo terriblemente lastimado. La castaña sollozaba mientras limpiaba la sangre que corría por la comisura del labio de Harry. Levantó la mirada para fijarla furiosa en el Slytherin.
-Lárgate!- gritó. - Ándate! Te odio!
Draco la miró inexpresivamente.
- Yo también.- dijo y con esto salió.
TARARAN...TANTAN.. Bueno 3 capitulos..pienso ke esta bastante bien no lo creen? bueno esta actualizacion hasta aquí llegó espero no tardarme mucho en volver a actualizar de verdad me voy a esforzar para que el final del fic llegue pronto y a la vez tarde ya veré como le hago no? bueno ejan reviews ok? 300! 300! 300!
